Capítulo 6_Cambio de opinión.

-¿Qué tal?

-... está frío.

-¿Escuece?

-Un poco. Sobreviviré.

-Vale. Sostén esto. Voy a ponerte esparadrapo.

-Oh, vamos, no lo necesita. Apenas es un arañazo. Curará antes si la dejo al aire fresco.

-Si poco más te saca un pedazo. Estate quieto y hazme caso.

-Que no hace falta, plasta.

Se quitó la gasa de la mejilla y se pasó el dedo por el corte.

-Ya ha dejado de sangrar.

-¿Me quieres hacer caso?

-Hay, Yitán, hijo mío, que pesado eres. Haz lo que te dé la gana.

-Muy bien. Ahí quería yo llegar. Ahora, quieto.

Le puso un trozo nuevo de gasa y lo sujetó con una tira de esparadrapo.

-Listo. ¿Tanto te costaba hacerme caso desde el principio, cabezota? Y ahora abre la boca.

Obedeció. Lo tomó por el mentón y se la abrió más. Lo observó un instante desde distintos ángulos.

-Bien, parece que ha dejado de sangrar. Está un poco hinchado, pero no se te ha astillado ningún diente ni nada serio. Solo es un corte en la mejilla interior. Aún tienes algo de sangre seca, pero mejor enjuágate dentro de un rato.

-Es desagradable, me sabe la boca a sangre.

-Pues te aguantas. También tú eres desagradable y no te digo nada. Bueno, listo.

-Gracias.

-Ten, ponte esto.

Le tendió una camisa. Se la puso sobre el torso y los brazos vendados. Se levantó de la camilla en la que estaba sentado.

-Quiero ver cómo está Gabranth.

-¿Y eso?
-Antes éramos amigos. Es normal que me preocupe por él. Además, casi lo parto en dos y me siento un poco culpable. No debí darle tan fuerte, pero es que bajó demasiado la guardia.

-Bien, tú ya estás. Ve si quieres. No ha de estar muy lejos.

-Vale.

Blank salió del cubículo de la enfermería en el que estaban. Un par de cubículos más allá estaba Gabranth.

-Por favor, majestad, espere un momento. Aún no hemos terminado.

-Está bien.

De allí a un rato, el médico salió.

-Ya puede entrar.

-Gracias.

Junto con Gabranth, estaban otros tres soldados. Al verlo entrar, los tres hombres se inclinar y Gabranth se incorporó de la camilla donde estaba tumbado.

-Capitán, no debería levantarse.

-Estoy bien. Dejadnos un momento a solas

Los soldados se mostraron reticentes a marcharse.

-Vamos, fuera. Es una orden.

-Si, Capitán. Llámenos cuando acabe.

Blank acercó un taburete a la camilla de Gabranth.

-¿Qué tal estas?

-Bien, majestad.

-Te has vuelto muy fuerte en estos años.

-No lo suficiente.

-Déjalo estar.

-No me rendiré. Venceré y tendréis que volver a Sarmag.

-Por intentarlo no te voy a culpar. Pero no te lo voy a poner fácil. Por ahora descansa y recupérate. Siento haber sido tan brusco.

-Para nada. Habéis sido justo. Siento haberos herido. No debería haberlo hecho.

-Lo mismo puedo decir yo. Era una pelea justa en igualdad de condiciones. Me hubiera sentido insultado si te hubieses contenido. Ha estado bien. Me recuerda a los viejos tiempos, cuando eras mi guarda personal.

-A mi también. Eran buenos tiempos.

-Ya.

-¿Qué habéis hecho en estos años?

-Muchas cosas. Me lo he pasado bien, la verdad.

-¿Cómo os habéis hecho esas cicatrices?

-Es una larga historia.

-Hay tiempo.

-No ahora. Como has dicho, hay tiempo.

-... ese chico, Yitán. ¿Estáis muy unidos a él?

-Se podría decir que sí. Confío en él. Es un muy buen amigo.

-... ya veo.

-...

-... quería de corazón que volvieseis. Os echaba de menos.

-Y yo a ti. Y a mi familia. Pero no quiero volver. Y ahora tengo derecho a negarme.

-Por mi culpa.

-No es tu culpa. No seas idiota. No tenía intención de perder.

-Yo tampoco. Pero el destino es cruel.

-Ya. Es lo que hay.

-Perdón, su majestad.

Un soldado se asomó a la habitación.

-¿Qué pasa?

-Su Alteza desea verlo.

-Bueno, voy a ver que quiere el viejo. Tú recupérate y descansa, ¿Si?

-Claro.

-Buena lucha, hijo.

-Gracias.

-Eres muy bueno. Has entrenado mucho, ¿Eh?

-Claro. El estilo de vida que he llevado estos años me obligaba a ello. O eres fuerte o alguien más fuerte que tú acabará contigo. Las cosas son así.

-Ya veo. En fin, soy un monarca de palabra. Has vencido, y por lo tanto, tú eliges qué hacer.

-Eso esperaba. Y no voy a volver. Creo que lo he dejado claro.

-¿Ni siquiera por un tiempo?

-Que pesadez. No. No quiero.

-¿Ni siquiera quieres ver la tumba de tu madre después de tantos años?

-No metas a madre en esto, por favor.

-Bueno. En fin. Eres un muchacho fuerte. No, ya eres todo un hombre. Estoy muy orgulloso de ser tu padre. Siempre podrás volver a casa, cuando quieras hacerlo.

-Es bueno saberlo. Chao.

-Hasta luego, hijo.

Fuera lo esperaban sus hermanos.

-Vaya, Otouto, eres muy fuerte- dijo Galbor.

-Gracias, se hace lo que se puede.

-Creo que has sido muy rudo con Gabranth. Te has pasado.

-Ya, Leene. No estoy orgulloso de ello.

-Entonces, ¿No volverás?

-Que pesados. Que no. Que no vuelvo. He ganado. Tengo derecho.

-Está bien. Te vamos a echar de menos. Encontrarte tras tantos años y perderte de nuevo... se hace duro.

-Yo también os echaré de menos. Tal vez vaya de visita algún día, cuando me apetezca. Solo esperadme.

-Lo haremos.

-Hasta otra.

-Esperamos verte pronto. Y que nos cuentes por fin todas esas historias que tan largas dices que son.

-Ya… son cosas que hay que contar con tiempo-

-¿Y qué cosas has hecho, aniki?

-Uf, he hecho un montón de cosas. He recorrido la caverna del hielo de cabo a rabo. He cazado dragones, mantícoras, gorgonas, tritones, garganes y grifos. Pasé una noche entera en el Bosque Maldito y salí ileso y cuerdo. He domesticado chocobos y amansado Sagnars. Y muchas cosas más.

-Increíble. Has hecho muchas cosas... me gustaría que me contaras todo lo que has hecho... pero no quieres volver. Te voy a echar de menos, Aniki. Querría que me contaras historias que has conocido en tus viajes. Querría que me contases tantas cosas... te quiero mucho, Aniki. Espero que vengas pronto a casa de visita, y así me cuentes todas las cosas increíbles que has hecho.

-... Trevize...

-Madre estaría muy contenta si le contaras esas historias. Y sobre todo estaría contenta de que le llevaras lirios a su tumba. Se ponía muy contenta cuando se los llevabas.

-... maldita sea, Leene... eso es jugar sucio...

Su hermana fue la primera en abrazarlo. Lo estrechó largamente entre sus finos brazos, dejando escapar un par de lágrimas y unos cuantos sollozos.

-Te echaremos tanto de menos… pero ahora, por lo menos, sabemos que estás vivo. Y eso es un consuelo. Solo cuídate mucho.

-Aniki, no te olvidarás de nosotros, ¿Ne? Promete que volveremos a verte…

-Yo… bueno…

Galbor posó una mano sobre su espalda y le sonrió con cariño.

-Eres todo un hombre, hermano. Me da tanta pena haberme perdido tu transformación de niño a adulto…

Los miró a los tres. Los tres con carita de pena. Una llorando, el otro a punto y el otro con una cara de resignada pena

-… Mierda. Maldita sea.

Se desembarazó con delicadeza de los brazos de su hermana sin decir nada y volvió sobre sus pasos, de nuevo a la sala de audiencias donde estaba su padre.

-Muy bien.

-¿Muy bien qué? Pensé que te habías ido.

-Iré a Sarmag. Pero solo por un par de semanas.

-¿Qué? ¿En serio?

-Sí.

-¡Qué alegría me das, hijo mío! ¿Y este repentino cambio?

-... no te importa. Si te pones pesado tal vez vuelva a cambiar de opinión. Tendré que poner un par de cosas en orden. Mañana saldremos para Sarmag. Tengo cosas que hacer antes.

-Qué alegría, hijo mío.

Se acercó y lo abrazó.

-Eh, oye. Oye. Suelta.

Blank se marchó por fin a la guarida, a comunicarles la nueva a sus compañeros y a arreglarlo todo para su marcha. Cuando hubo abandonado el palacio, su familia se reunió.

Su padre, sonrió pícaramente, haciendo el gesto de la victoria. Sus tres hijos sonrieron de igual forma, imitando el gesto.

-Muy bien. Sabía que al final podríais ablandarle el corazón. Al fin y al cabo, no ha cambiado tanto. Sigue siendo débil ante unos cuantos pucheros bien hechos.

-Entonces, ¿Por qué lo hiciste luchar con Gabranth?

-Es que no estaba seguro de que funcionara. Era el as en la manga. Pero ¿Qué más da? Al final ha funcionado. Y aunque sólo sea por unas semanas, podremos estar con él. ¿No es buena noticia acaso?

-Sí. Estoy contento de que Bassalard vuelva… pero me siento como una manipuladora…

-Tonterías, Leene. Ese cabezota necesitaba una buena dosis de sentimentalismo familiar. Y ha funcionado a la perfección.

El rey estalló en carcajadas de júbilo.

-… Vaya un rey que estás hecho, padre…

-... Tío, de verdad que no te entiendo. Tanto no y que no ibas a volver y ahora...

-Yitán, déjame en paz.

Blank estaba recogiendo algunas cosas de su habitación y metiéndolas en una bolsa de viaje. Yitán estaba apoyado en el dintel de la puerta, mirando para él.

-¿Es que no puedo cambiar de opinión?

-¡Claro que no puedes! ¡Eres Blank, el rey de los testarudos! ¡Tú nunca cambias de opinión!

-Sólo voy a estar allí un par de semanas, para limpiar un poco mi conciencia. Luego volveré y me olvidaré de todo el asunto. Aunque no puedo evitar… sentir que he sido manipulado de alguna forma… bah, qué más da.

-Vale, lo que digas. En el fondo no eres tan mal tío.

-Eh, yo no soy un mal tío.

-Sólo cuando quieres. Pórtate bien y sé bueno. Y cuídate. Te vamos a echar de menos.

-Os apañaréis sin mí.

-Claro que nos apañaremos. Pero esto va a ser muy aburrido sin ti.

-Sólo me voy un par de semanas.

-Da igual. ¿Qué voy a hacer yo durante todo ese tiempo?

-Búscate un hobbie. Haz algo de tu vida. Volveré antes incluso de que me echéis en falta.

-Ya. A ver si es verdad.

Blank acabó de recoger lo que tenía que coger y subió al piso de arriba. Allí lo esperaban todos.

-Escuchad, me gustaría que vinieseis unos días allí de visita, cuando esté un poco asentado.

-¿Y eso?

-No sé. Simplemente me apetece. Vamos. Unos días a cuerpo de rey con todos los gastos pagados, como invitados de honor en un castillo. ¿Qué más podéis pedir?

-¡A mí ya me haz convencido!

-Tranquilo, que iremos a aprovecharnos de tu hospitalidad. ¿A tu padre no le importará?

-Si le importa, que se aguante. Siempre puedo amenazarlo con marcharme y no volver más.

-¿No te asusta pensar que podría encerrarte y no dejarte marchar?

-Como si pudiera hacerlo. No hay jaula lo suficientemente recia para encerrarme. Me gustaría ver como lo intenta. Además, no lo haría. En el fondo es un sentimental. En fin, me voy. Mandaré a buscaros cuando quiera que vengáis, ¿Vale?

-¿Qué dices? Vamos a acompañarte al castillo.

-¿Para qué?

-Para despedirte como es debido. Con lagrimitas y todo desde el andén, viendo cómo te pierdes en la lejanía, agitando un pañuelito de seda.

-Claro, claro.

-Por zupuezto.

-A vosotros os falta un tornillo. Haced lo que os dé la gana, pero vámonos ya.

-¡Aniki!- exclamó Trevize lanzándose a los brazos de su hermano- ¡Viniste Aniki!

-Claro que vine. ¿Qué esperabas?

-¿Ya lo tienes todo preparado?

-Sí. Ya nos podemos ir.

Se giró a ver a la gente de Tantalus.

-Bueno, hasta luego. Procurad que no os maten, ¿Vale? Mandaré a buscaros, así que no os vayáis muy lejos. Y portaos bien.

-Lo mismo se te dice. Se bueno.

-Majestad, debemos irnos.

-Ya voy. Bueno, chao.

-Hasta luego.

-Hazta la vizta.

-Por lo que más quieras, no la cagues, che.

Con un último ademán de la mano, se encaminó al barco volador donde su familia lo esperaba.

-¡Aniki! ¡Aniki! ¡Apura Aniki! ¡Tienes muchas historias que contarme!

-Si, Trevize. Ya voy.

-Yitán... ¿Qué te sucede, che?

-Nada- se quedó callado un rato viendo como Blank se subía al barco-... ¡Eh, imbécil!- le gritó haciendo altavoz con las manos. El pelirrojo se volvió- ¡Ni te imaginas lo bien que me lo voy a pasar sin ti! ¡Lárgate y no vuelvas más!

-¡Jajajaja! ¡Yo también te voy a echar de menos, gilipollas! ¡Cuídate!

-¡¿Quién dijo nada de echarte de menos?!... imbécil...

-¿Ze puede zaber qué te preocupa tanto?

-¿Quién ha dicho que yo esté preocupado?

-Ze te nota, hombre. No zeaz azí. ¿Qué te paza?

-... ¿Y si resulta que se encuentra a gusto viviendo como un príncipe en su flamante castillo, rodeado de siervos y de su familia y no quiere volver?

-Por favor, Yitán. No zeaz tonto. Claro que va a volver. No creo ni que aguante doz zemanaz allí. Eza vida no ez para él.

-Espero que tengas razón.

Se quedaron aún un rato allí, en el embarcadero, viendo como el barco se perdía en la lejanía. Yitán fue el último en apartar la vista y marcharse.

-Nii-chan, ¿Los vas a echar de menos?

-Solo serán dos semanas. Me los sé de memoria. Además, pensaba invitarlos a que viniesen unos días de visita.

-¿Se lo has preguntado a padre?

-Aún no. Pero ¿Qué más da? Vendrán tanto si le gusta como si no.

-Eres retorcido a veces Aniki.

-Un poco, si. No puedo negarlo.

Es que te viene en la sangre pensó Galbor.

-De todos modos, no creo que padre ponga ninguna objeción. Son tus nakama. No creo que te lo niegue, Bassalard- dijo Leene

-Más le vale.

-Aniki, ¿Qué historia me vas a contar primero?

-¿Quieres que te cuente ya una historia?

-¡Si quiero!

-Bueno, te dejo elegir. ¿Cuál te gustaría escuchar hoy?

-¡Quiero saber si mataste a un dragón!

-Uh, esa es una buena elección. Si, maté un dragón. A un Gran Dragón, para ser exactos.

-¿Nos la contarás a nosotros también, Aniki?- preguntó Leene.

-Claro. Es decir, si padre no quiere que vayáis con él.

-Ahora está ocupado. Tenemos tiempo.

-Vale. Está bien. Antes de nada, tal vez debería deciros que fue cazando al Gran Dragón cuando me hice las cicatrices.

-¿En serio? ¿Cómo?

-Bueno, luché contra un dragón, y los dragones escupen fuego, por si no lo sabíais.

-¿Y a los demás no les pasó nada?

-Bueno, salieron bastante mejor parados que yo. Yo fui el que se llevó la peor parte. Pero no me arrepiento. Habré quedado marcado para el resto de mi vida, pero no me importa. Al fin y al cabo, pudo haber sido peor. Tardé tres meses de convalecencia para poder salir siquiera de la cama, pero mereció la pena.

-¿Cómo fue?

-Bueno... tendré que empezar por el principio. Fue hace... unos cinco años o así. Habíamos ido a Daguerreo, la ciudad que se alza en la mayor de las islas salvajes al sur del continente Olvidado. Generalmente, los Gran Dragones no se acercan a Daguerreo, pero algo le sucedió a aquel dragón. Nadie sabe por qué, atacó la ciudad. Realmente, fue solo cuestión de suerte que nos encontrásemos allí. Antes de que nos diésemos cuenta, estábamos haciéndole frente al Gran Dragón, pues nadie más se atrevía a hacerlo. No tuvimos mucho tiempo para urdir un plan, pues el bicho se nos echó encima sin que pudiésemos pensarlo siquiera. El caso es que usamos una vieja táctica que utilizamos en la Gran Cacería de Lindblum para vencer al Sagnar.

-¿Qué táctica?

-Es sencilla, pero efectiva para cazar grandes bestias. Yitán, que es el más ágil, se coloca detrás de la bestia, porque puede saltarle con facilidad al lomo. Marcus y Cinna, que son más lentos pero fuertes como cabestros, se colocan a los flancos y yo... bueno, como soy rápido y fuerte, me coloco delante y hago de cebo.

-¿De cebo? ¡Eso es muy peligroso!

-Ya lo sé. ¿Por qué crees que estoy así? Bueno, el caso es que con los Sagnar teníamos bastante práctica, pero un Gran Dragón es algo bastante distinto, como pudimos comprobar. Algo tarde, por cierto. El caso, fue que cuando Yitán saltó sobre el dragón, este se giró y lo derribó. Lo atrapó entre las garras. ¡Pensamos que lo iba a partir en dos! Pero nos repusimos y reaccionamos a tiempo…