Capítulo 7_Llegada a Sarmag.
Sarmag era un reino situado al norte del continente de la Niebla, justo al lado de la costa. Tenía una gran tradición náutica, y poseía la mayor flota naval de todo el continente, frente a la mayor flota aérea en posesión del Cid, en Lindblum, así como un gran terrestre.
-Woh... esto no ha cambiado nada en ocho años. Que alucine.
-¿Qué cambios esperabas?- preguntó Galbor.
-No sé, en realidad no lo sé. Pero asusta.
-¡Aniki, vamos a ver a mamá!
-Vale, vamos. Recojamos unos lirios antes, ¿Si? Además, tengo una sorpresa para mamá.
-Sí. Seguro que se pondrá muy contenta.
Lilly Vrecoc Til Sarmageon. Así rezaba la placa dorada que sujetaba el ángel tallado en blanco e impoluto mármol. Blank se arrodilló ante la escultura y depositó con cuidado las flores en un jarrón.
-Cuanto tiempo, ¿Verdad?... lo siento. Pero te he traído lirios. Tus favoritos. Lirios blancos. He viajado mucho, ¿Sabes? Y en uno de mis viajes... encontré esto.
De uno de los bolsillos interiores de su chaleco, sacó un rectángulo de papel. Dentro, disecado, había un hermoso lirio negro y violeta.
-Oh, nunca había visto uno como ese.
-Es un lirio de medianoche. Solo crecen en una ensenada oculta en una de las islas salvajes que rodean Daguerreo. Es muy difícil llegar allí. Me ha costado lo mío. No hay mucha gente que tenga uno de estos. La disequé para que no se estropeara. Aún así, no es como verla recién cortada. O ver la ensenada repleta de lirios como este. Es precioso. Sobre todo a la luz de la luna. Se llaman lirios de medianoche porque cuando les da la luz de la luna, la parte violeta se vuelve azul y brilla en la oscuridad.
-Debe de ser precioso.
-¿Y este lirio brilla, Aniki?
-No. Este ya está seco. Una vez lo cortas, ya no brilla. Es una pena. Pero aún así es bonito ¿No?
-Es muy hermoso.
-Tu madre estaría muy orgullosa de ti- dijo una voz a sus espaldas.
-Yo no estaría tan seguro, padre- dijo sin girarse.
-Bueno, yo si lo estoy. Y estoy seguro de que ella también.
-¿Por qué? ¿Por haberme escapado? ¿Por haber renegado de mí sangre? ¿O por haber rechazado a Garnet?
-Estaría orgullosa de ti, Bassalard, porque eres un buen hombre, un hombre muy fuerte. Porque has viajado, has visto mundo y has crecido como persona. Y además no nos has olvidado. No la has olvidado. Porque ese lirio lo recogiste para ella, ¿Verdad?
-... si. Fui a posta a buscárselo. Me puse muy pesado con los nakama de Tantalus hasta que me llevaron a las islas salvajes para poder llegar a la ensenada de la medianoche.
-¿Fue cuando luchaste contra el dragón?
-No. Eso fue unos años después. Esa vez no tenía idea de que existía la ensenada. Lo encontré por casualidad en un libro. Y no descansé hasta que llegué allí.
-¿Dragón? ¿De qué dragón hablas, hijo? ¿Has matado a un dragón?
-¡Si, Aniki lo hizo! ¡Ayer nos contó la historia!- exclamó Trevize mostrándole el colgante.
-Vaya. ¿En serio lo mataste tú?
-Con ayuda. Es imposible que una sola persona mate un dragón. ¿Cómo crees que me hice las cicatrices?
-¿Luchando contra un dragón? ¿En serio?
-En serio. Son cosas que pasan.
-Admitirás que no le pasan a mucha gente.
-No, eso no. Pero en fin. No podíamos dejar que destruyera Daguerreo.
-¡¿Fuisteis vosotros los que derrotaron al Gran Dragón de Daguerreo?!
-¿Oíste hablar de ello?
-Claro que oímos hablar de ello. No se habló de otra cosa durante meses. Dioses, fuisteis unos héroes, pero os evaporasteis de la noche a la mañana.
-Claro que nos fuimos. Estábamos hechos polvo. Sobre todo yo, que salí peor parado. No sabía que se habría corrido la voz.
-¿Bromeas? Fue una gran hazaña. Os buscaron durante meses para cubriros de honores, pero no sabían ni siquiera quienes erais.
-Vaya. Pues no lo sabíamos. Y eso que lo hicimos nosotros. A los demás no les va a hacer ninguna gracia saber que perdimos tamaña oportunidad de echarnos flores. Ya veréis que cara ponen cuando se lo cuente, jejeje.
Un par de gotas cayeron sobre ellos y miraron al cielo. Empezaba a ponerse nublado.
-¿Una tormenta de verano?
-La primera línea de costa en este lado del continente tiene estas cosas. Apuesto a que estando en Lindblum lo echabas de menos.
-Para nada. Vayamos dentro antes de que empiece a llover.
-Su alteza, el primer ministro desea veros.
-Bueno, ya voy. Nos vemos luego, hijos.
Todo el mundo se inclinó cuando el rey dejó la sala. Todos menos uno, que permaneció cruzado de brazos. Los soldados lo miraron de reojo. Vale que era el segundo hijo primogénito del rey, pero...
-Aniki, ¿Nos vas a contar más historias?
-¿Ahora? estoy algo cansado, Trevize. ¿Qué tal mañana? Dentro de nada será noche.
-Joo. Yo quería más historias.
-Mañana te contaré todas las que quieras. Pero hoy ya no me apetece. Además, tengo hambre.
-Deberíamos esperar a padre para cenar- dijo Leene.
-... humpf, pero yo tengo hambre. En fin, siempre puedo darme un baño primero.
-Si su alteza desea darse un baño, prepararemos el agua enseguida.
-También puedo hacerlo yo.
-Su alteza, es nuestro trabajo.
-Mira, me da igual. No tengo ganas de discutir. Haced lo que queráis, pero dejadme bañarme. Y no me llaméis alteza.
-¿Cómo no vamos a hacerlo? Es nuestra obligación.
-Pero me molesta. ¿Y si os pido que no lo hagáis?
-No podemos alteza.
-¡Maldita sea! ¡Estoy arto!
-Nii-chan, relájate. ¿Qué más te da?- trató de apaciguar Leene.
-Me da mucho. Me pone nervioso. En fin, voy a bañarme. A ver si me relajo un poco.
-Seguidme majestad...
-Hmpf...
-... os acompañaré a vuestros aposentos.
-... Ala. No me acordaba que esto era tan grande...- acababa de entrar en una espaciosa habitación decorada en escarlata y negro.
Había un gran ventanal, una suave y lujosa alfombra cubría todo el suelo y una gran cama con dosel. También había un escritorio de elegante madera negra, varias estanterías con libros, una silla de terciopelo negro y un espejo de cuerpo entero. Al fondo había otra puerta. Tenía un baño para él solo.
La abrió y entró. Había una bañera enorme llena de agua caliente, un aseo y un lavabo.
-Esto también es enorme. ¿Siempre ha sido esto tan grande?
Volvió a la habitación y se descalzó las botas. La alfombra era suave y esponjosa bajo sus pies.
-Que gustito.
-¿Qué pasa, Aniki?
-Es que... después de estar ocho años en una habitación de dos cincuenta por cuatro y compartir el mismo baño con otros cuatro tíos, esto se antoja un mundo aparte. No estoy acostumbrado a tanto espacio. A ver qué tal la cama.
Saltó encima del colchón y cayó de espaldas sobre multitud de cojines y sábanas de seda rojas y negras.
-Mn... Es muy blando. Quizá demasiado. Comparado con la tabla que es mi colchón... parece como si flotara.
-¿No te agrada? Podemos traer otro.
-No. Supongo que estará bien. Solo que no tengo la columna acostumbrada a tanta comodidad y suavidad. He dormido muchas noches en el suelo, ¿Sabéis? Ya estoy pulido.
-¿Y eso?
-Pues cuando te pierdes en el bosque o algún similar y no tienes nada a mano, no te queda más remedio. ¿Ya os he contado que pasé una noche en el bosque maldito?
-Aniki lo mencionó, pero no nos contó la historia entera.
-Bueno, lo haré mañana. El caso es que no tengo costumbre de tanto lujo. Bueno, ahora voy a bañarme o se enfriará. Así que ale, hasta la cena.
-Vale. Nos vemos, Aniki.
-Aquí tiene una muda, majestad.
Blank se bajó de la cama y cogió una de las prendas. Era una camisa de seda, negra y roja, de muy buena calidad.
-Te lo puedes llevar. No pienso ponerme eso. Tengo mi propia ropa- dijo señalando su macuto.
-¿Estáis seguro?
-Sí, segurísimo. Ahora todos fuera, que seguro que tenéis cosas que hacer. Ala, ala. Ya os alcanzaré después.
-Vale. Disfruta del baño, hermano.
Se quedó solo. Entró en el baño. Ya tenía toallas limpias y un albornoz. Se desnudó y se metió en el agua tras quitarse con cuidado los vendajes. Aún estaba muy caliente, pero no le importó. Era un tío duro, curtido por infinidad de cosas. No se iba a molestar porque el agua del baño estuviese caliente de más. Se hundió de todo en el agua. Cabía entero cuan largo era y aún sobraba sitio. Cabrían perfectamente cuatro personas en aquella bañera tan grande.
En la bañera de la guarida tenía que encoger las rodillas si quería caber. Y lo de hundir la cabeza ni pensarlo. No cabía ni de coña. La guarida... ¿Qué estaría haciendo en aquel momento?
Estuvo un buen rato a remojo. Decidió salir cuando se le empezaron a arrugar las palmas de las manos. Sí, eso es posible. Cuando llevas mucho tiempo en agua muy caliente. En verdad, le había sentado bien y todo. Se secó bien y se puso una toalla alrededor del cuello, para que no le goteara el pelo sobre la espalda y entró desnudo en la habitación.
Rebuscó en el macuto hasta que encontró unos bóxers, unos pantalones de tela y una camisa negra. Cuando se puso los bóxers, alguien llamó a la puerta. Con un bufido, fue a abrir. Era Gabranth.
-Hola, Gabranth. ¿Qué tal?
-Bien, su alteza.
-¿Qué tal tus heridas?
-Bastante bien. Curan lento pero seguro. ¿Y usted?
-Yo ya ni llevo los vendajes. Pasa.
Gabranth obedeció y cerró la puerta tras él. Entonces se fijó en que Blank iba casi desnudo.
-¡Alteza!- se giró y le dio la espalda.
-¿Qué sucede?
-No... Lleváis ropa...
Blank se miró.
-Sí que llevo. Llevo ropa interior.
-¡No es suficiente! ¡Poneos algo!
-¿Qué te ocurre, Gabranth? ¿Qué tengo yo que no tengas tú? Además, la de veces que nos hemos visto desnudos tú y yo.
-¡Eso era cuando teníamos cinco años!
-Eh, tranquilo.
Le daba la espalda.
-Gabranth...
No le hizo caso. Seguía de espaldas. Giró alrededor de él y se puso delante de él. Aún descalzo era más alto que Gabranth.
-Hey, Gabranth.
-¡Haced el favor de poneros algo encima!- gritó girándose de nuevo.
Si su vista no le engañaba, Gabranth estaba rojo como un tomate, a juego con su uniforme. Blank estalló en carcajadas.
-Por favor, alteza...
-Está bien, está bien.
Pasó por su lado y Gabranth volvió a girarse para darle la espalda. Blank aún iba riendo. Aquello era divertido. Le apetecía molestarlo un poco más. Lo abrazó por la espalda.
-¡ALTEZA!
No podía estar más rojo. Blank echó a reír de nuevo.
-¿Qué pasa?
-... basta, por favor. Haced el favor de vestiros. Vuestro padre y vuestros hermanos os esperan para cenar.
-¿Por qué estás tan rojo, Gabranth? ¿No será... que te pongo cachondo, verdad?
Error. Podía ponerse aún más rojo. Parecía que iba a explotar.
-¡ALTEZA, POR FAVOR! ¡DE NINGÚN MODO! ¡CÓMO PODÉIS PENSAR ESO! ¡NO DIGÁIS COSAS ASÍ!
Blank no paraba de reír. Lo soltó y fue a vestirse.
-Lo siento... lo siento... sólo te tomaba el pelo... que divertido... si hubieras visto tu cara... no pude evitarlo, lo siento.
-¡No tiene gracia!
Se tapó la cara con las manos, rogando porque su rostro dejara de arder.
-No tiene ninguna gracia... es tan inadecuado que os comportéis así... y que gastéis estas bromas de tan mal gusto...
-Perdón, perdón. No lo volveré a hacer. Ya estoy vestido, puedes girarte.
-... ¿Y esa ropa?
-¿? Es mi ropa. ¿Qué tiene de malo?
-Nada. Pero pensé que os pondríais las ropas reales, majestad.
Se sentó en la cama dándole la espalda a Gabranth para calzarse las botas.
-Creí que te había dicho que dejaras de llamarme así. Soy solo Blank.
-Ya os he dicho que no puedo, alteza.
-...
-¿Alteza? ¿Habéis acabado?
-...
-¿Alteza, seríais tan amable de responder?
-...
-¿Alteza? ¿Qué os sucede?
-Que te estoy ignorando. Y lo haré hasta que no dejes de llamarme así.
-Por favor, alteza...
-... te ignoro...
-Alteza.
-... te sigo ignorando...
-Vuestra familia os espera en el comedor.
-...
-Vamos, debéis ir, alteza.
Blank estaba cruzado de brazos, haciendo oídos sordos.
-¿Puedo... al menos llamaros Bassalard?
-... está bien.
-Mi señor Bassalard, vuestra familia os espera en el comedor. ¿Seríais tan amable de acompañarme?
Blank carraspeó. Gabranth suspiró, derrotado.
-Bassalard, te esperan en el comedor. ¿Me acompañas?
-Claro que si, Gabranth. ¿Por qué no lo has dicho antes? Vamos, vamos- dijo mostrando una enorme sonrisa.
-Que conste, no pienso hacerlo cuando haya nadie más presente.
-Bueno, es una pequeña victoria. He ganado esta batalla y ten seguro que ganaré la guerra. Yo no me rindo jamás.
-Ya. Me lo temía.
-... ¿Qué haces así vestido, hijo? Pensé que te había mandado algo de ropa.
-Y dale. ¿Qué tiene de malo? Tengo mi propia ropa.
-Pero al menos te pondrás la ropa real para la recepción, ¿No?
-¿Qué recepción?
-La que vamos a celebrar en honor de tu vuelta. Mi hijo pródigo ha vuelto, ¿Crees que lo voy a dejar pasar así como así?
-De eso nada. Nada de recepciones, ni de bailes, ni de nada por el estilo.
-Pero...
-Nada de peros. Como se te ocurra hacer algo así me largo ipso facto, capisce?
-... No es justo. Con la ilusión que me hacía...
-Me da igual. No es no.
-No seas así, hermano. A padre le hacía ilusión- dijo Leene suavemente.
-Que no. Me da igual. No quiero. Asunto zanjado.
-¡Aniki! ¡Aquí, Aniki! Siéntate conmigo.
-Vale, vale. No hace falta que grites, Trevize, apenas estoy a tres metros de ti, te oigo perfectamente.
-Perdón. ¿Me contarás más historias, Aniki?
-Te dije que mañana.
-Jo.
-A mí también me gustaría oír esas historias.
-Tú estás muy ocupado. Tienes un reino que dirigir, no creo que tengas tiempo de escuchar las correrías de tu hijo.
-¿Qué dices? ¡Yo siempre tengo tiempo para vosotros!
-Bueno, haz lo que te dé la gana. No es momento de discutir, tengo hambre.
La cena transcurrió en silencio. Blank fue el último en acabar de comer.
-Caray, Aniki, cuanto comes.
-¿Mn? No creo que tanto. Es que vosotros coméis muy poco.
-No es verdad. Tú comes muchísimo.
-No lo creo. Tal vez sea costumbre. Cuando estás por ahí nunca sabes cuándo va a ser tu siguiente comida, así que cada vez que pruebas bocado debes llenar el estómago al máximo.
-¿Acaso te mataban de hambre o qué?
-Tampoco era eso... pero nunca sabes cuándo puede ocurrir algo y vas a tener que salir corriendo a cualquier parte. Una vez, en el continente Exterior, en Conde Petie, llegamos una noche muy tarde, y no comimos nada. Pensamos, "ya lo haremos de mañana". El caso fue que a la mañana siguiente nos despertó un tremendo temblor de tierra. Los habitantes de Conde Petie estaban aterrados. Nos dijeron que el temblor se debía a que el ogro del norte se dirigía al pueblo. No nos quedó otra que ir a por él. Los habitantes de Conde Petie incluso hicieron una excepción y nos dejaron pasar a su tierra sagrada para acabar con él antes de que llegara al pueblo del temor que le tenían, y eso que no dejan pasar a nadie a su tierra sagrada. Solo pueden pasar las parejas de recién casados para hacer una especie de viaje espiritual de novios o algo así.
El caso fue que fuimos a por el ogro. Era un bicho enorme y feo, muy gordo, de por lo menos cinco metros de alto y otros tantos de ancho, y de color verde. Sus pasos provocaban temblores, y cuando saltaba hacía agrietarse el suelo. Abreviando la historia, diré que lo vencimos.
-Jo, Aniki, cuenta bien la historia. Cuéntalo todo, quiero saber cómo se vence un ogro.
-Otro día, Trevize. El caso es que vencimos. Pero volviendo a Conde Petie, nos pasó algo. El suelo, literalmente, se abrió bajo nuestros pies. Nos caímos en una de las grietas que el ogro había abierto. No nos matamos de milagro. Era muy profunda, tanto que ni haciendo una escalera humana pudimos alcanzar el borde superior. Estábamos cercados por paredes prácticamente verticales y no podíamos salir. Estuvimos allí cinco días enteros antes de que fueran a buscarnos. Cinco días sin haber comido absolutamente nada, y el día anterior a que fuéramos a por el ogro tampoco habíamos comido. Desde entonces escarmentamos. Siempre que podemos comer, comemos hasta la saciedad y algo más, porque nunca se sabe qué puede pasar.
-... ¿Cinco días sin comer? ¿En serio?
-Como lo oyes. Cinco días enteritos. Luego fueron a buscarnos y nos sacaron de allí. Les costó lo suyo, porque nosotros apenas podíamos poner de nuestra parte. Estábamos desfallecidos.
-Pero salisteis todos bien, ¿no, Aniki?
-Sí. En el fondo, pudo ser peor. Pensamos que no vendrían nunca a por nosotros y que íbamos a morir allí.
-...así que también fuisteis vosotros los que acabasteis con el Ogro de Conde Petie...
-¿También oíste hablar de eso?
-Caramba, hijo. Era el ogro más grande y poderoso de todo el continente exterior. Claro que oí hablar de ello. ¿Acaso no os enteráis de lo que hacéis o qué?
-Es que... no sé. Tampoco fue la gran cosa.
-¡Salvasteis Conde Petie! ¿Cómo que no fue la gran cosa? Si es que no os enteráis.
-Bueno, es lo que tiene. Hacemos muchas cosas. Basta de cháchara por hoy, estoy cansado. Hablamos mañana. Voy a dormir.
-¡Quiero dormir con Aniki!
-De eso nada. A tu cama.
-Joo, Aniki.
-Que no.
-... pero cuando era pequeño y me asustaba la tormenta, me dejabas dormir contigo, Aniki…
-Con los niños pequeños se hace una excepción. Pero ya no eres un niño pequeño, ¿Verdad? Debes de tener unos... mn... ¿Qué edad tienes, Trevize?
-Tengo quince años, Aniki.
-¿Quince? ¿Bromeas? No los aparentas. Lo cual no me cuadraba, pues cuando me fui tenías unos... seis años. Ya decía yo. ¿Cómo eres tan pequeño?
-¡No soy pequeño!
-Aparentas. Eres bajito, y adorable. Y tienes unos ojos enormes. Pareces un niño. Parece que tengas nueve o diez años.
-¡Tengo quince, Nii-chan!
-Ya sé que tienes quince. Pero no parece. Bueno, da igual. Me voy a dormir.
-Quiero...
-Que no, Trevize.
-... ¿Y un abrazo de hermano de buenas noches?
-... si te hace ilusión...
-¡Yo quiero un abrazo de hijo de buenas noches!
-A ti no te doy nada, que pareces un niño pequeño.
-Bah. ¿Por qué mi hijo no me aprecia?
-Ya estoy cansado. Adiós.
