Capítulo 8_Masaje.
-¿Bassalard? ¿Mi señor? ¿Estáis despierto?
-Mn... ¿Qué sucede? ¿Gabranth?
-Sí. Ya es de mañana.
-... son las nueve.
-Ya. ¿No os parece hora de ponerse en pie?
-No. Aún no me apetece. Quiero dormir un poco más. Y con un poco me refiero a un par de horas.
-Vuestro hermano, su majestad el príncipe Trevize lleva levantado desde las siete, aguardando a que os levantéis. Dice que le debéis un montón de historias.
Blank levantó la almohada y observó la habitación.
-¿Qué sucede?
-No hay nadie más. Se supone que debes hablarme de tu.
Gabranth suspiró.
-Está bien, está bien. Bassalard, deberías levantare ya. Tu hermano, su majestad Trevize, desea verte. Lleva toda la mañana de aquí para allá esperándote.
-Está pesado, ¿Eh?
-... bueno... le hace mucha ilusión que hayas vuelto. Y más aún que le cuentes tus historias. ¿A mí... a mí también me las contarás?
-¿En serio quieres saber?
-Claro. Quiero saber qué has hecho estos años.
-Es que he hecho muchas cosas. Demasiadas, tal vez. Bueno, ahora que me he despertado, debería levantarme.
Salió de la cama. Gabranth dio un respingo y se dio la vuelta.
-¿Qué...
Se miró.
-¿Otra vez, Gabranth? Ya me viste así ayer, ¿Qué más te da?
-No empecemos de nuevo. Vístete.
-Vale, vale.
-... ¿Es que siempre duermes así?
-Cuando hace calor sí. Es más cómodo.
-Ya veo.
-Uff, que dolor de espalda.
Blank, ya con unos pantalones, se estiró como un gato. Su espalda y su cuello crujieron ruidosamente.
-¿Eso fue tu espalda?
-Me temo que sí.
-¿Cómo es posible?
-Es que hacía tiempo que no dormía en una cama tan blanda. No estoy acostumbrado. Es como si mis vértebras se hubieran alineado correctamente de nuevo después de ocho años retorcidas.
-Eso no puede ser bueno.
-Y no lo es. Duele que no veas. Necesito un masaje... ¿Me das un masaje?
-¿Yo?
-¿Por qué no? ¿Acaso te da vergüenza? A ver si va a ser verdad que te gusto...
-No empieces de nuevo.
-Pues demuéstralo.
-¿Cómo?
-Dándome un masaje.
-... no.
-Entonces confirmas mis sospechas.
-¿Sólo por eso?
-Sí. Vamos, ¿Qué te cuesta?
-Deberías pedírselo a un médico, no a mí.
-Pero en los médicos no confío. Y en los quiroprácticos menos. Quiero que me relajen la espalda, no que me la desmonten. Anda, se bueno. ¿Qué quieres a cambio?
-... que me dejes volver a tratarte de usted y volver a llamarte majestad.
-De eso nada. Con lo que me ha costado... mn... mira, si me das el masaje, te contaré mis historias. Si no, no pienso decirte media palabra. Es más, no pienso contarle mis historias a nadie, ni siquiera a mis hermanos.
-No vale, no es justo. Dijiste que lo harías. No puedes castigarlos a ellos por mí.
-Pues ahora no quiero. Si se lo cuento a ellos, tal vez te las cuenten luego a ti. Tú mismo. Tú verás si quieres que mis hermanos se enfaden contigo.
Se tumbó boca abajo en la cama, abrazado a una almohada. Gabranth suspiró. Blank notó su peso en el colchón, acercándose a él. Dudó un instante.
-Por lo menos, ponte una camisa o algo.
-¿Cómo pretendes dar un masaje con una camisa?
-Es que...
-Nada. Así no se puede. Apúrate.
-Bueno...
Titubeante, posó las manos sobre la espalda desnuda de Blank.
-Así no. Tienes que sentarte sobre mí para poder hacerlo bien.
-¿Qué? No pienso sentarme sobre ti.
-Tú mismo. Pues no hay trato.
-Dame un respiro, hombre.
-...
-... Sigh ...
Derrotado, se sentó a horcajadas sobre el trasero de Blank. Posó de nuevo las manos sobre su espalda.
-Así me gusta.
-Yo no sé hacer esto.
-Da igual. Tú empieza.
Recorrió con ambas manos la tibia piel de la espalda. Delineó la columna vertebral y recorrió los costados con suavidad.
-Presiona un poco más.
-¿Así?
-Que no soy de cristal, no me voy a romper.
-Bueno, bueno. ¿Qué te parece así?
-Aaaahm, así, así. Un poquito más arriba. Ahí me duele más.
-Lo tienes duro. Tienes como una especie de bola. ¿No deberías ir al quiropráctico?
-No me gusta. Me retuercen mucho y duele. Tú sigue.
-Bueno.
Siguió masajeando y llegó a las cervicales.
-Mnnn... que gustito.
-¿Lo hago bien?
-Sip. Está bastante bien.
Aplicó un poco más de fuerza y el cuello de Blank estraló.
-¡Ah! ¡Ha estralado! ¿Estás bien?
-Uf, me ha sentado de maravilla. Lo tenía rígido.
-¿Seguro?
-Sí, sí. Sigue.
Bajó de nuevo por la columna vertebral hasta el borde del pantalón y subió de nuevo. Así varias veces. Gabranth estaba un poco sonrojado. Estaba sentado sobre Blank, masajeándole la espalda. Y su piel se sentía muy suave y cálida. Había un pequeño desnivel allí donde tenía una gran cicatriz de piel más oscura en la mayor parte del lado izquierdo de la espalda.
-¿Me contarás como te hiciste estas cicatrices?
-Matando un dragón.
-¿Un dragón?
-Sí. Verás, todo sucedió en Daguerreo...
-¿Y Aniki? ¡Quiero que me cuente más historias!
-Tranquilo, Trevize. Mandé a Gabranth a buscarlo hace rato. Tarda bastante. Supongo que a Bassalard se le debieron de quedar pegadas las sábanas.
-¡Ve por ellos, Aniki! ¡A ti te hará caso!
-Está bien, está bien. Tú ve en busca de Leene. Nos vemos en la biblioteca, ¿De acuerdo?
-Vale.
-¿Y estuviste tres meses en cama?
-Sip. Es que me dolía todo el cuerpo. Y los injertos de piel tardan un tiempo en amoldarse al cuerpo. Al principio estaban rígidos y apenas me podía mover.
-Caray. Debió ser muy duro.
-De hecho lo fue. Y bastante aburrido. No aguanto mucho tiempo quieto. ¡Ah!
-¿Qué? ¿Te he hecho daño?
-No, es que algo ha estralado y se ha sentido bien. Vuelve a hacerlo.
-¿Dónde? ¿Aquí?
-¡Mnnn! ¡Ahí justo! ¡Dale más fuerte ahí!
-Aquí es donde tienes bola.
-Tú no pares. Se siente bien.
-Bueno. ¿Y cómo sobrellevaste tanto tiempo en cama?
-Porque... mnnn... sube un poco... porque mis nakama estaban conmigo. Siempre había uno de ellos conmigo por lo menos. El que más estaba era Yitán. Apenas se despegaba de mí. Se sentía un poco culpable, aunque en realidad yo nunca le eché la culpa.
-¿Por qué el dragón lo atrapó?
-Sí. Pensaba que si no lo hubiera atrapado y hubiera acabado con él en cuanto se subió a su lomo, no me habría pasado lo que me pasó.
-Vaya.
-Pero ya te he dicho que no le culpo. No fue culpa de nadie... bueno, salvo del dragón. El muy cabrón... en fin. Pero ya está muerto. ¡Mnnn, Gabranth, lo haces fenomenal!
-Gracias.
-Hermano, Gabranth, ¿Qué hacéis?
Estaban tan a lo suyo que no habían oído a Galbor entrar en la habitación. Gabranth pegó un gran respingo y se puso rojo como un tomate. Se escurrió a un lado por el costado de Blank y no vio el borde de la cama, así que se cayó al suelo.
-¿Qué quieres, Galbor? Me estaba dando un masaje.
-Esto... esto... majestad... yo...
-Mn, mira qué... y nosotros esperándote. Cuando entré pensé que estabais haciendo otra cosa...
-Qué mal pensado.
-¡Pero majestad! ¿Cómo podéis pensar algo así?
-Es que lo parecía. Entré justo en la parte de "¡Ahí se siente bien! ¡Dale más fuerte ahí!". Se puede malinterpretar.
-¡Por favor, Galbor! ¿Cómo puedes pensar que yo sería el de abajo? ¿Un semental como yo? Anda ya.
-¡Esa no es la cuestión! Esto... yo...
-Tranquilo, Gabranth, no pasa nada. Ve a ver si mis hermanos están ya en la biblioteca y diles que ya vamos. Yo quiero hablar un segundo con mi hermano.
-Como ordenéis.
-Cierra la puerta cuando salgas.
Cuando se quedaron solos, Galbor se sentó en el borde de la cama donde Bassalard aún seguía tumbado.
-¿De qué quieres hablarme?
-Ahora que estamos entre hombres, entre hermanos, quería hacerte una pregunta...
-¿Es una pregunta verde y entrometida?
-Sí, bastante- dijo con una sonrisa-. Bassalard, ¿Has estado con alguna señorita?
-Bromeas, ¿Verdad? Tengo veintidós años, Galbor. Claro que he estado con señoritas. Con bastantes señoritas.
-¿Y con señoritos?
-¿A qué viene esa pregunta?
-Sólo no me mientas.
-... Si. Con algunos.
-¿Y cuáles te gustan más?
-... No sabría decirte. Me gustan por igual.
-¿Es un secreto?
-No lo es.
-Ya veo.
-¿A qué viene esto?
-¿A ti te gusta Gabranth?
-... no en ese sentido. ¿De dónde sacas algo así?
-Bueno, estaba encima de ti dándote un masaje. No sé yo.
-Era solo un masaje. No tenía nada de raro.
-Si tu lo dices... de todas a todas, yo tendría cuidado de no jugar demasiado con los sentimientos de Gabranth.
-¿Qué sentimientos?
-¿De verdad no te has dado cuenta?
-Estás hablando de que Gabranth...
-Obviamente. ¿Por qué crees que estaba tan desesperado por traerte de vuelta? Lleva ocho años obsesionado con ello.
-¿Y tú como lo sabes?
-Porque no soy tonto. Y porque se le nota. Vamos, Bassalard. No me digas que no te has dado cuenta.
-Pues la verdad es que no lo había pensado. ¿Estás seguro?
-¿No veías lo rojo que estaba? ¡Claro que estoy seguro! Así que, te pido que tengas cuidado. Gabranth probablemente nunca lo admitirá, pero es cierto. Así que, por favor, no le hagas daño. Es un buen hombre. No se merece que juegues con él.
-Yo no quiero hacerle daño. Y tampoco jugar con él. Es que de verdad no lo sabía. Vaya. Por eso se puso así ayer.
-¿Qué pasó ayer?
-Nada, nada. En fin, tendré cuidado. No quiero lastimarlo. Es un amigo, después de todo.
-Así me gusta. Ahora ponte una camisa o algo y vamos donde Trevize y Leene. Seguro que Gabranth está esperando con ellos.
-Vamos. Ah, Galbor… esto queda entre nosotros, ¿Vale?
-Está bien.
-¡Aniki! ¡Por fin apareces!
-Perdón, perdón. Es que me quedé dormido.
-Bueno, les dejo solos.
-¿Adónde vas, Gabranth? ¿No era que querías escuchar mis historias?
-Pero... no sé. Tal vez debería ir con mi escuadrón.
-¿Qué escuadrón? Ahora que Bassalard ha vuelto, tal vez deberías volver a ejercer de su guardia personal…
-¿Qué? ¿En serio?
-Bueno, ¿Por qué no? Aunque no sé yo si tiene sentido tener un guardia personal que es más débil que yo...
-...
-Vamos, Gabranth. No te sientas insultado, que era broma. Me gusta que vuelvas a ser mi guarda personal. Como en los viejos tiempos, ¿Eh?
-... ¿Su alteza el rey estará de acuerdo? Además, está mi puesto como capitán de la guardia…
-¿Y por qué no? Serán solo unos días. Vamos, acércate. ¿Qué historia quieres hoy, Trevize?
-... Mn, quiero saber de la noche que pasaste en el Bosque Maldito.
-Está bien. Primero, ¿Qué sabes del Bosque Maldito?
-No mucho. Solo que está bajo el acantilado de Alexandría. Y que nadie que entre allí sale con vida, o, al menos, cuerdo.
-Pues yo lo hice y salí vivo y cuerdo. Bueno, muy cuerdo al entrar ya no estaba, así que eso no cuenta. El Bosque Maldito es todo lo que te hayan podido contar pero peor. Los árboles son tan altos y su follaje tan tupido que apenas dejan pasar la luz del sol. Está poblado de criaturas horribles y monstruosas, dispuestas a arrancarte la cabeza y beber toda tu sangre. Pero lo peor, sin duda, es el Amo del Bosque.
-¿El amo del bosque?
-Sí. El señor que manda sobre todas las criaturas vivientes del Bosque Maldito.
-¿Y cómo es?
-Pues... es como una especie de planta gigante, con tentáculos y dientes. Desprende un polen que puede dejarte ciego o dormirte y domina la magia elemental.
-¿Y os enfrentasteis a él?
-Sí. Y escapamos de milagro.
-¿No lo vencisteis?
-No. Es imposible. Nos consideramos afortunados de escapar con vida, que ya es más de lo que ha conseguido mucha gente.
-¿Y cómo acabasteis en el bosque?
-Bueno... fue un accidente. El caso es que el barco volador en el que viajábamos se estrelló en el Bosque Maldito.
-Sí, oímos hablar de eso.
-Jo, vosotros habéis oído hablar de todo.
-Es que... ¿Qué quieres que te diga? Pero se decía que nadie había sobrevivido a aquel accidente.
-Nosotros lo hicimos. El resto de la tripulación no lo consiguió, salvo unos pocos. Por suerte, no íbamos demasiados en la nave. Lo peor fue cuando nos separamos. Yo acabé solo en medio de aquella espesura.
-¿Cómo?
-No lo sé. Tal vez salí despedido. Recuerdo haber estado en la cubierta antes de que cayera el barco. Caminé hasta encontrar los restos del barco, pero allí no había nadie con vida. Luego me encontré con los demás. Habían salido a buscarme, porque no me encontraba en el barco.
-¿Y luego que pasó?
-Pues que empezamos a andar. Encontramos un riachuelo, y decidimos seguirlo. Así, sin darnos cuenta, llegamos a donde el amo del bosque.
-¿Y cómo fue la pelea?
-¿Queréis la versión larga?
-Por supuesto.
-Bueno. El Amo del Bosque estaba oculto en una especie de cueva hecha de hiedra y árboles. Al principio no lo vimos, porque estaba escondido, esperando a que bajásemos la guardia. En un principio pensamos que aquel era el sitio perfecto para acampar, pero nos equivocamos...
La mañana pasó entre historias. Después de contarles cómo habían escapado del Bosque Maldito, les contó cómo había cazado a la mantícora, cómo derrotar a una gorgona, los acertijos que le había hecho una esfinge y qué hacer para salir airoso cuando te cruzas con una banshee.
-¿Y cómo son las banshee?
-Son como mujeres muy bellas. Siempre tienen una larga cabellera, muy muy larga, y van vestidas de negro o blanco, de una forma muy provocativa.
-¿Cómo puedo diferenciar a una banshee de una mujer bella?
-Para empezar, las banshee solo se encuentran en las montañas heladas del continente aislado. Créeme, nunca verás a una mujer normal así vestida por esos parajes. Adoran el frío. Por otro lado, sus ojos son siempre enormes y de color escarlata o violeta, depende de si son banshee jóvenes o más viejas. Las más viejas los tienen escarlata. Pero bueno, el rasgo descriptivo de una banshee es su gran boca, de dientes muy afilados, lengua viperina y labios finos. Cuando abren la boca para cantar, la abren mucho, y parece que desencajan la mandíbula, como lo hacen las serpientes cuando van a engullir una presa grande. La abren como un palmo y medio.
-Wah. ¿Y cómo es el canto de una banshee?
-Depende de lo que quiera. Si quiere seducirte, canta una canción dulcísima, que nubla tus sentidos y te hace obedecerlas en lo que sea. Si quieren matarte, su canción es horrible y horripilante. Es lo peor que puedas oír. Te duelen los oídos y empiezan a sangrarte por la presión que ejerce y porque tus tímpanos revientan. Es como un alarido ensordecedor. Horrible.
-¿Y para que va a querer seducirte una banshee?
-Para que te acuestes con ella. ¿Cómo creéis que se reproducen las banshee?
-Ala, ¿En serio?
-Sip.
-¿Y tú has estado con alguna banshee?
-Claro que no. Matan a los hombres después de haber estado con ellos.
-Ahm. Como las mantis religiosas.
-Algo parecido. Pero ellas no te devoran. Simplemente gritan hasta que te matan. Dicen que te revientan el cerebro. Yo no lo sé, pero en fin. Es lo que dicen.
-Altezas, su majestad el rey los reclama para almorzar.
-Bien, me muero de hambre. Vamos a comer. Luego seguiremos, si queréis.
-¡Claro! ¡Vamos, Aniki!
-Padre, hay algo que me gustaría pedirte.
-¿Qué es, hijo?
-Me gustaría que mis nakama de Tantalus viniesen aquí.
-No tengo inconveniente. Pero, ¿Por qué?
-¿Y por qué no? Quiero que vean esto.
-Bueno. Pero tendrás que darme algo a cambio.
-¿El qué?
-Tendrás que ir a Alexandría.
-¿A Alexandría? ¿A qué?
-A saludar a Garnet.
-... ¿Para qué?
-Porque ella era tu prometida. Lleva ocho años sin saber de ti. Lo menos que le debes es un saludo.
-No le debo nada.
-Es simple cortesía. Se bueno. Es lo único que te pido.
-Vamos, Aniki. Garnet-sama ha estado muy preocupada por ti estos años. Te ha echado de menos. Sé bueno y ve a visitarla.
-... está bien. ¿Qué me cuesta, al fin y al cabo?
-Trato hecho entonces.
