Día 18: Tsundere/Yandere Kagami
Cada vez que él la veía entrenar en sus prácticas de esgrimas se le veía bastante agresiva.
Cada vez que él la veía a alguien coquetearle, ella le dedicaba una gélida y molesta mirada.
Cada vez que él la veía defendiéndose de las chicas presumidas, ella las dejaba calladas ya sea por sus filosas palabras diciéndoles sus verdades.
Cada vez que él la veia cruzarse en su camino, evitaba con no mirarle a la cara o en fijarse en aquellos ojos inexpresivos.
Pero hubo un día en que él se toparía con ella frente a frente, el chico iba a recoger a su hermana de la escuela para su mala fortuna se había topado con unos vándalos que siempre le echaban piropos obscenos a las chicas donde estudiaba su hermana. Aquello le había hervido la sangre que hizo que él les pusiera un alto a ese grupo de chicos.
El guitarrista jamás pensó que él se llevaría la tunda de su vida, siendo rodeado por aquel grupo de chicos; justo cuando iban a darle el último golpe, él alcanzó a escuchar la voz de ella.
– ¡Qué creen que hacen!
Aquel llamado hizo captar la atención de los vándalos, pero antes de que ellos pudieran hacer algo a la chica; ella comenzó a atacarlos con su sable, esto hizo que ellos se fueran no sin antes amenazarla con arrepentirse por lo que hizo. Pero aquello no le importo. Al momento en que ellos se fueron el guitarrista la miró anonadado.
– ¿Estás bien? – al alzar su mirada se encontró con aquel par de ojos marrones mirándolo fijamente.
– Yo… sí… estoy bien. – respondió él.
– Será mejor que no provoques más problemas, tuviste suerte niño. – ella estuvo a punto de irse cuando la voz de él la detuvo.
– Espera… ¿Por qué lo hiciste?
– Si te refieres el por qué te salve de esos idiotas ni te ilusiones chico, además esos idiotas ya me tenían hasta la coronilla por las obscenidades que les dicen a mi compañeras. – explicó aquella chica. – Toma.
El chico de mirada turquesa miró confundido como ella le había extendido un pañuelo.
– ¿Y esto?
– Será mejor que te limpies la sangre antes de que recojas a Juleka.
– Espera, ¿Me conoces?
– No sé cómo te llames, es más ni me interesa, pero lo que sí sé es que eres el hermano de Juleka. Y otra vez te lo vuelvo a decir; no te metas en problemas.
Antes de que ella se fuera hacia a un auto rojo, el guitarrista le grito su nombre.
– ¡Mi nombre es Luka!
La chica se detuvo por unos segundos y antes de meterse al coche, ella le respondió.
– Kagami. Kagami Tsuguri, ese mi nombre.
Y se fue.
Luka se quedó ahí parado viendo como el auto en la que se llevaba a la chica desapareció en una esquina.
– Kagami. – repitió el nombre de aquella chica sintiendo a la vez una dulce sensación en la punta de lengua al nombrarla.
Varias semanas más tarde, Luka vio un gran cambio repentino en Kagami; aquella rudeza que veía desde a lo lejos iba siendo reemplazada por la dulzura y gentileza, hasta cabe decir que esto le parecía bastante tierno al chico.
