Capítulo 18_La llama de la vida.
Poco a poco más gente iba acudiendo al lugar. En su mayoría eran soldados, esperando órdenes de algún superior, pero nadie decía nada. Leene y Trevize se encontraban a salvo en la ciudad con el resto de la gente evacuada.
Blank, a duras penas, seguía aguantando en pie. Su mirada había localizado a Yitán entre la gente que los observaba desde lejos. El símbolo brillaba en su pecho. ¿Qué hacía Garnet a su lado, hablando con él? Poco importaba en realidad.
-¿Todo lo que desee? ¿Acaso no te das cuenta de que ya no necesito nada de ti?
-Por favor… haré todo lo que quieras… algo habrá que pueda hacer… algo necesitarás aún de mi…
-Entonces, ponte de rodillas y suplica mi clemencia.
Sin pensarlo siquiera, en parte algo aliviado de no verse obligado a mantenerse por más tiempo de pie, el orgulloso Bassalard Vrecoco Til Sarmageon, que jamás se había inclinado ante nada ni nadie, cayó de rodillas. Ante toda la gente que allí había, apoyando las manos a ambos lados inclinó su maltrecho cuerpo hasta tocar el frío suelo con la frente. Como un vulgar vasallo.
Brahne estalló en carcajadas.
-Nunca creí que en verdad lo hicieras. ¿Qué tal se ve el mundo desde ahí?
-Bassalard…- musitó su padre.
-Blank… Blank, levanta. No hagas esto…- sollozó el rubio.
-Ahora muere, como el vulgar insecto que eres.
Con una muda orden, Bahamut inclinó su cuerpo hacia el muchacho, abriendo amenazador sus intimidantes fauces hacia el cuerpo inmóvil, que no se movió un centímetro.
-¡No!
-¡Blank! ¡Blank, muévete, maldita sea!
Yitán saltó ágilmente del balcón, bajando de piedra en piedra, corriendo hacia él. Blank oyó aquella voz llamándolo y levantó un poco la cabeza, lo suficiente para verlo. Brahne miró con desprecio al muchacho rubio y luego con una maligna sonrisa al hombre postrado a sus pies. Aún sonriendo, cerró la mitad de su puño. Paró su carrera en seco, llevándose las manos al pecho. No podía respirar, igual que la otra vez. Cayó de rodillas, boqueando como un pez fuera del agua para luego derrumbarse por completo en el suelo. Blank sintió que su corazón dejaba de latir en ese preciso instante. Sacando fuerzas de algún lugar, Blank consiguió ponerse en pie. Corrió esquivando a Brahne hasta el cuerpo tembloroso de Yitán
Con una última carcajada, cerró completamente su puño sobre las llamas que aún ardían en su mano, extinguiéndolas de golpe.
El símbolo dibujado en el pecho de Yitán centelleó un instante para luego empezar a encogerse. Pasó de ocupar casi todo su pecho a empequeñecer hasta alcanzar el tamaño de un puño cerrado, justo encima de su corazón, donde se grabó a fuego en la piel, como la marca de un metal al rojo vivo. Los ojos azules se abrieron desmesuradamente una última vez a causa del dolor para quedar inertes y vacíos. La luz los abandonó como la llama de una vela que se extingue.
Blank notó como si algo se rompiera en lo más profundo de su ser, como si su alma y su corazón volaran en pedazos. Abrazó con fuerza el cuerpo inerte, ajeno a todo a su alrededor. Brahne, ahora sí, lanzó a Bahamut contra él dispuesta a dar el golpe de gracia.
Pero el rey se interpuso entre el dragón y su objetivo, levantando a duras penas un nuevo escudo. Gabranth aprovechó la distracción de la invocación para correr hacia Brahne. La mujer lo vio venir, pero no pudo reaccionar. El moreno cargó contra ella con toda su fuerza, derribando aquella mole de carne. La gema salió despedida de su mano. Con una finta, Gabranth se repuso del choque y se hizo con la joya.
Bahamut, al verse libre del mágico vínculo que lo obligaba a la servidumbre, dejó de cargar contra el debilitado escudo del rey y se volvió contra su antigua ama. Esta no tuvo tiempo ni de gritar. Gabranth no acertaba a moverse, pero de todas formas la invocación no estaba en absoluto interesada en él. El dragón tomo su oronda presa y se elevó en el cielo rápidamente. Alto, muy alto. Hasta desaparecer en una estallido de luz.
Garnet bajó a duras penas hasta donde Blank abrazaba el cuerpo inerte de Yitán.
-Bassalard- llamó-. Bassalard, no hay tiempo. Mírame, Bassalard. Aún puedo salvarle.
Estas palabras parecieron traer de vuelta al pelirrojo al presente.
-¡Pues hazlo! ¿A qué esperas?
-Antes debo preguntarte algo. ¿Estás dispuesto a entregar parte de tu vida por salvarle?
-¡Por supuesto que sí!
Sin esperar más, Garnet posó su mano sobre el corazón del pelirrojo. Entonces, todo se volvió negro para Blank.
¿Dónde demonios estaba? Todo el cuerpo le dolía a horrores y sentía una terrible migraña recorrerle la cabeza. Abrió los ojos poco a poco. Bueno, el ojo. No era capaz de abrir el otro. Con dificultad y haciendo una mueca de dolor, se llevó la mano al rostro. Ah, claro. No podía abrirlo porque lo tenía vendado.
Trató de coger aire para suspirar, pero un agudo dolor en el pecho se lo impidió, lo que le hizo emitir un leve quejido de dolor. Trató de incorporarse, pero no pudo. ¿Dónde diablos estaba? Más importante, ¿Qué había pasado? Empezó a recordar lo que había ocurrido antes de caer inconsciente y empezó a ponerse nervioso. Se removió inquieto en el blando colchón. Pero paró de pronto.
Al lado de su lecho, Yitán dormía tranquilamente sentado en un sillón, apoyado en parte en su cama. El rítmico y calmado subir y bajar de su espalda fue suficiente para devolverle la calma. Debía ser una postura incomodísima.
Alargó la mano con la que había palpado las vendas de su ojo (era el único que podía mover libremente, el otro estaba escayolado) y acarició los suaves cabellos. ¿Por qué siempre se duermen cuando se supone están velando mi sueño? pensó divertido. El rubio se removió en sueños ante el contacto y abrió poco a poco los ojos. Había algo raro en su mirada… entonces cayó en la cuenta; uno de los ojos de Yitán no era azul. Su ojo derecho era de color negro.
Le sonrió y el rubio le devolvió la sonrisa.
-Por fin. Ya iba siendo hora, bella durmiente. Hay que ver lo que se te pegan las sábanas…
-Ya me conoces.
-¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo?
-Me duele todo. Como si me hubieran dado una paliza.
-Es que te dieron una paliza. Concretamente un dragón.
-Dios, no tengo nada de suerte con los dragones. ¿Me tendrán manía o algo?
-Puede ser. Voy a avisar a los demás.
-Espera.
-¿Qué?
-¿Tú estás bien? ¿Estás bien de verdad? ¿Qué pasó con el hechizo?
-Luego te lo explico. No te preocupes, que estoy perfectamente.
-Espera.
-¿Qué quieres ahora, pesado?
-… Quiero un beso.
Yitán sonrió. Antes de dirigirse hacia la puerta, se inclinó sobre el cuerpo tendido del pelirrojo y unió sus labios en un tierno beso.
-Quiero hablar contigo antes que nada.
-¿De qué?
-De nosotros.
-No hay nada de qué hablar. ¿Acaso mentiste cuando me dijiste que me amabas?
-Por supuesto que no.
-Pues yo tampoco. Así que creo que no hay más que urja hablar.
La sala se había convertido de pronto en un caos. Entre su familia, la gente de Tantalus, Gabranth y Garnet apenas cabían todos. Las enfermeras habían desistido de convencer a los visitantes de que el paciente necesitaba reposo, sobre todo cuando el mismo paciente hacía caso omiso de sus advertencias. Se había sentado en la cama, a pesar de tener estrictamente prohibido moverse.
Cuando le hubieron hecho el pertinente chequeo, comprobando que todo estuviese bien y en su sitio, los dejaron a su aire. Tenían muchas cosas de que hablar. Antes de nada, Blank exigió conocer la situación actual.
Seguían en Alexandría. El palacio había quedado hecho un asco tras la invocación de Bahamut, las reparaciones ya estaban en marcha. De Brahne no había rastro, al igual que de los bufones de Ton y Son. Todo el reino estaba en estado de shock, al igual que el resto del continente, pues la noticia había corrido como la pólvora, atravesando de parte a parte el continente de la Niebla, llegando incluso a Daguerreo y a las lejanas tierras de Conde Petie. Llevaba cuatro días durmiendo, en parte por la hierba Morfeo que le administraban para que no sintiera el dolor del posoperatorio. Tenía tres costillas rotas, un pulmón perforado, el brazo izquierdo roto, un tobillo dislocado, un corte profundo en la sien derecha y contusiones y arañazos varios repartidos por el cuerpo. Por lo menos la bronquitis se había curado bien.
-Entonces, ¿Por qué tengo el ojo derecho tapado si supuestamente no tengo nada?
-Es complicado- dijo Yitán.
-¿Por qué es complicado?
-… ¿Acaso no reconoces este ojo?- contestó acercándose mucho a él, para que pudiera ver con claridad su negro orbe.
-… No sé por qué pero me atrevería a decir que se parece mucho a los míos…
-Exacto.
-… ¿Me lo vais a explicar o no?
-Claro que sí. Pero lo mejor es empezar por el principio. Y esa historia solo la puedes contar tú. Cuéntanos qué pasó desde que llegaste a Alexandría- pidió Garnet.
-Bueno… es que…
-No te preocupes. No hace falta que censures nada, los detalles escabrosos ya me lo han sonsacado todos a mi- dijo Yitán.
-¿Todo… todo?
-Sí, todo. Hombre, no con pelos y señales, pero digamos que todo el mundo está al corriente de… lo nuestro.
-Eso simplifica las cosas.
La vista de Blank buscó por un instante la de Gabranth, que se sonrojó cuando las miradas de todos se clavaron también sobre su persona.
-Él también cantó como un pajarito su parte. Así que ya no hay nada que explicar, al menos en ese terreno- acotó su padre.
-Parece que os lo estáis pasando bien con la historia.
-Ez mejor incluzo que el teatro. Y aún encima, gratiz- dijo Marcus, provocando una risa general.
Entonces, sin más preámbulos, Blank contó a su audiencia cómo habían sucedido las cosas. Desde la primera vez que se había cruzado con Ton y Son en los jardines de palacio, pasando por la noche en la que Brahne había puesto el hechizo sobre Yitán, hasta cuando lo encerró en la condenadamente fría mazmorra.
-… Yo he vivido aquí toda mi vida y ni siquiera había oído mencionar ese lugar- dijo Garnet.
-Supongo que a Brahne no le interesaba que nadie lo supiera. Así podía obrar con mucha más libertad. Bueno, yo ha he cumplido. Ahora toca que alguien me explique el capítulo de la historia que me he perdido por estar inconsciente.
-Si no os importa, esta parte me gustaría contarla a mi… en privado- dijo Yitán mirando al resto.
-Vamos, hombre. ¿Nos vas a quitar la diversión?
-Ya os habéis divertido bastante. Además, esta parte ya os la sabéis. Así que venga, todos fuera. Además, el enfermo necesita reposo.
-¿Noz vaz a echar en zerio?
-Pues claro. Ala, venga, todo el mundo fuera.
A regañadientes, los presentes fueron dejando la sala uno por uno. Incluso el rey obedeció sin rechistar. Aquellos dos necesitaban cierta intimidad para hablar ciertas cosas, eso podía sentirse.
-Mira que el enfermo necesita reposo, che- sonrió Ruby.
-Zierto. No puede hacer ezfuerzos, azí que mezúrate…
-¡Largo, moscardones!- exclamó cerrando la puerta en sus narices, sonrojándose un poquito.
Suspirando, se acercó de nuevo a la cama, sentándose en el linde. Se quedó así un rato mirándolo simplemente.
-Y bueno… - dijo Blank, algo impaciente por la pasividad del otro- ¿Te vas a aprovechar de mi o no?
El rubio entrecerró los ojos, tomando un cojín de los sillones que había en la sala, acercándolo poco a poco a la cara del pelirrojo.
-Sí. Ahora que no te puedes mover voy a aprovechar para darte pasaporte…- dijo sonriendo de forma algo macabra.
-… Era broma, joder.
-Más te vale. Es cierto que necesitas reposo y que los esfuerzos te están totalmente prohibidos.
-Joo…
-Pero pierde cuidado. Concéntrate en recuperarte y cuando estés bien… ya nos cobraremos el tiempo perdido…
Insinuante y sonriente, se tendió al lado de él en la cama, y con cuidado de no hacerle daño apoyó la cabeza en su pecho, mirándole a los ojos.
-… Dame dos días…
-No seas idiota. Tienes mínimo para tres meses.
-Joo… eres malo.
-Soy sensato.
-Ya… tu prepárate, que cuando pueda…
-Más te vale cumplir lo que dices- dijo pasando un dedo por su clavícula.
-No te quepa duda… mejor vamos a dejar esto o acabaré por mandar las vendas y los puntos a la mierda para saltarte encima.
-… que poco aguante.
-Llevo mucho tiempo esperándolo.
-Entonces podrás esperar un poco más.
-¿Siempre tienes respuesta?
-Sip.
-Hay, menuda cruz. Bueno, ¿Me vas a contar o me vas a dejar la duda?
-Bueno, ¿Por dónde empiezo?
-Por el principio.
-Qué gracioso.
-Bueno, ¿Qué tal si me cuentas cómo es que sigues vivo?
-Parece que te molesta…
-No seas tonto. Nada me hace más feliz que verte a salvo. Pero… es que yo te vi morir… es todo un shock, ¿Sabes?
-Y, realmente, estuve muerto. O eso me contó Garnet.
-¿Y cómo es que Garnet conocía el hechizo?
-Es un hechizo que Brahnle le enseñó hace tiempo. Tal vez era uno de los ases en la manga que pretendía poner en práctica si llegaba la necesidad. Esa mujer estaba perturbada. Dios sabe con qué fines en mente le enseñó tal cosa a su hija. Ni ella misma lo sabe. Nunca le dio una explicación al respecto.
-Madre mía. Qué peligro de mujer.
-Ya. La verdad es que podemos decir que tuvimos mucha suerte de que Garnet lo conociera. Cuando vio el símbolo en mi pecho, supo al instante de qué se trataba. No sé muy bien cómo funciona o qué hace, ni siquiera Garnet lo sabe a ciencia cierta. Solo sabe que es una especie de sello, cómo se puede hacer y cómo revertirlo.
-¿Y cómo?... entonces sí había una forma. Brahne me mintió.
-Bueno, no del todo. La única forma de revertirlo realmente es que la persona quien lo formula lo deshaga por sí misma. La otra, es menos ortodoxa e infinitamente más peligrosa. El hechizo consiste más o menos en extraer la "llama de la vida" de una persona. Es algo así… ¿Cómo te lo explico?... como el alma de una persona, aquello que la mantiene viva.
-… Esto cada vez suena más a teatro barato…
-Lo sé, pero es lo que hay. Total, extraes la llama y te adueñas de ella a través del sello que se hace en el pecho. Si la extingues, la vida de la persona a la que se la quitas lo hace también. La única solución una vez pasa esto es tomar la llama de otra persona y dividirla en dos…
-Creo que puedo sobreentender el resto. Por eso me preguntó si estaba dispuesto a dar parte de mi vida por ti.
-Y tú dijiste que sí. Eso fue un bonito detalle.
-¿Qué esperabas que dijera?
-… Como sea- se sonrojó-. Ahora una pequeña parte de ti… late dentro de mí. Un fragmento de tu alma es lo que me mantiene con vida. ¿No es romántico?
-… es una mariconada.
Yitán lo miró con cara de cabreo.
-Si lo quieres de vuelta, te lo doy.
-No seas tonto. Por supuesto que me gusta la idea de que estés atado a mí de una forma tan… digamos profunda. Te tengo bien sujeto a mí, ahora si no puedes escapar de mi lado.
-No necesitabas tanto. Sólo te hubiera bastado pedírmelo.
Se acurrucaron el uno contra el otro, quedando así un rato.
-Vale, de momento creo que lo entiendo todo. Pero, ¿Por qué tu ojo se ha vuelto negro?
-Es que… literalmente es tu ojo… venía de regalo con el pedacito de alma. Garnet no está muy segura de cómo pasó. Hay que comprenderla, nunca había llevado esto a la práctica. La pega… es que ahora eres tuerto. Tu ojo derecho no puede ver…
-Bueno, es el mal menor. La percepción de profundidad ha pasado a la historia para mí. Pero no importa. Daría el que me queda gustoso por ti. Eso y mucho más.
-… Tonto…- se sonrojó.
-Me gusta la novedad de que te sonrojes a cada cosa que digo.
-Vete a la mierda, idiota- dijo intensificando su rubor.
-Vale, vale, no digo nada más.
-Eso, que calladito estás más guapo.
-Me siento hombre objeto.
-Siéntete como quieras, gilipollas.
-Pero no te enfades.
-Pues no me toques la moral.
-Yo no te toco nada. No me dejas.
-No te dejo porque no puedes. ¿Acaso pretendes morir?
-No creo que muera por un par de arrumacos…
-En tu estado, una leve brisa puede causar estragos.
-… para llamarme debilucho tenías mucho tiempo.
-No te estoy llamando nada. Si no estuvieras mal después de todo lo que pasó, no serías humano. De hecho, estoy empezando a dudar que lo seas.
-Nah, es que tengo mucha suerte. Siempre acabo cayendo de pie.
-¿Y si algún día te falla la suerte y te mueres?
-No sé. Algún día tendré que morir, al igual que todos ¿no?
-Yo preferiría que murieses de viejecito, con el pelo blanco y meciéndote en una hamaca, contando batallitas a futuras generaciones.
-Me gusta la idea. Siempre y cuando tú te mezas en la hamaca de al lado.
-… Luego so y yo quien se pone cursi.
-Es que se pega.
-Ya, ya.
-Yitán, hay algo que tengo que peguntarte o acabará por quemarme la lengua.
-Dispara.
-¿Se puede qué cojones te llevó a fijarte en mí? Es que… bueno, ya entiendes lo que quiero decir. Nunca sospeché que batearas hacia este lado.
Yitán sonrió. Se incorporó de donde tan bien acomodado estaba para poner ambas manos a los lados de la cabeza de Blank, inclinándose hacia delante, quedando sus rostros a escasos centímetros.
-Si a lo que te refieres es a desde cuándo me gustan los hombres, permíteme corregirte; los hombres nunca me han gustado. Solamente me gustas tú. Tú y nadie más que tú. Desde siempre y por siempre. No me preguntes cómo pasó, o cuando pasó, porque ni lo sé ni me importa. Todo lo que sé es que no quiero estar con otra persona que no seas tú.
Ahora fue el turno de Blank para sonrojarse. Agradeció infinitamente que el rubio cerrase los ojos en ese instante para unir sus labios en un dulce beso, pues así no podía ver la rebelde lágrima de pura dicha que había conseguido deslizarse por uno de sus ojos.
Caminando lentamente por los jardines reales, la princesa Garnet pensaba en el porvenir. Pensaba en todas las cosas que había hecho su madre, y en todo lo que sucedería a partir de entonces.
El castillo había quedado muy dañado, así como algunos de los jardines y algunas de las casas más cercanas, aunque las reparaciones habían comenzado de inmediato ¿De dónde había sacado su madre la gema de invocación? ¿Por qué tales ansias de poder? ¿Por qué querer empezar una guerra sin razón en tiempos de paz tras las grandes guerras que habían marcado el continente y el mundo entero tan sólo décadas atrás?
Ahora a ella le tocaba enmendar los errores de su madre. Le tocaba ascender al trono a una edad muy temprana. Temía cometer errores, temía hacerlo mal y llevar a su país por el mal camino… pero estaba segura de que no cometería los mismos errores de Brahne. Es más, ahora sin la opresora influencia de su madre, se sentía libre, se sentía extrañamente a gusto.
-¿Majestad?- preguntó una voz, sacándola de sus pensamientos.
Dando un respingo, se giró hacia el dueño de la voz.
-Gabranth… ¿Qué sucede?
-Es que… estaba dando un paseo y os vi ahí de pie, sin hacer ni decir nada, y pensé que os había pasado algo…
-Gracias, estoy bien.- dijo sonriendo, antes de fruncir el ceño, fingiendo enfado- Pero ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me trates de forma tan formal? Me salvaste la vida y detuviste a mi madre, arriesgando tu propia vida. Te debo mucho.
-Yo no hice nada, realmente.
-Yo no lo veo así. Si no me tratas de tú no pienso contestar.
Gabranth se quedó callado, sonriéndole a la espalda de la joven. Aquella actitud le recordaba demasiado a alguien. Decidió rendirse. Con que la muchacha fuera la mitad de obstinada que el pelirrojo, ya había perdido la partida.
-¿No estás triste por tu madre?- preguntó Gabranth, rindiéndose en silencio.
-Lo que más miedo me da, es que no, realmente. Me hace sentir mala persona.
-No deberías decir eso. No puedes controlar tus sentimientos. Eso lo sé bien.
-Nos lo contaste. Nunca me lo hubiese esperado.
-Bueno, son cosas que pasan.
-¿Aún… aún le amas?
-La verdad… es que no lo sé. No tengo nada claro. De hecho, no sé si lo amaba desde un principio. Que le tengo cariño es innegable. Que me atrae, también. Pero… ¿Amor? No sé si tanto. ¿Sabes? Creo que no, que nunca llegué a amarlo. Si no, no hubiera renunciado a él tan fácilmente. Es difícil de explicar… pero, resumiendo, creo que la respuesta a tu pregunta es no.
-¿Estás seguro?
-Pues… la verdad es que sí. Ni siquiera yo mismo me lo esperaba. Pero me siento aliviado, la verdad.
-Es bueno. Quiero decir, que no te sientas herido ni guardes rencor.
-No me veo capaz. La verdad es que la idea se me hace incluso ridícula. ¿Guardar rencor? ¿Sentirme herido? No, no creo poder llegar a sentirme así. No sé definir bien qué siento por Bassalard. Pero seguro no es amor. Le deseo todo lo mejor, a él y a Yitán. A pesar de que mi comportamiento fue un poco idiota.
