Capítulo 19_Intimidad.
El tiempo pasó y las aguas volvieron a su cauce. Las reparaciones de palacio iban marchando, la ascensión al trono de la ahora reina Garnet estaba cada vez más cerca y el pueblo Alexandrino superaba poco a poco el trauma que había supuesto ver enloquecer a su antigua reina hasta el punto de usar una invocación contra su propia hija.
La diplomacia entre Sarmag y Alexandría no solo no se había deteriorado, sino que iba mejor que nunca. Ambos países habían acordado una paz que pensaban mantener por mucho tiempo, sin llegar a aliarse. La banda Tantanlus seguía viviendo a cuerpo de rey como invitados en ambos lugares, esperando la recuperación de Blank, del cual Yitán nunca se separaba. Habían decidido dejarlo en Alexandría para que sanara. Los viajes no son buenos para los convalecientes. Excusa más que suficiente para el continuo ir y venir de su familia entre uno y otro país. En menos de dos meses estaba sano como una manzana.
El médico retiraba los últimos vendajes del torso del pelirrojo, para examinar por última vez la bien cerrada cicatriz. Puntos ya no quedaban ni uno y la piel y la carne se habían unido de nuevo satisfactoriamente. Palpó la zona, pero el paciente no sintió la más mínima molestia.
Sorprendido por el corto periodo de tiempo que había necesitado el joven para reponerse, le dio definitivamente el "alta". Yitán lo miraba sin mucha convicción, levantando una ceja, mientras el otro se estiraba y doblaba sus músculos por fin libres de opresores vendas. Estiraba brazos y piernas, cerrando y abriendo las manos, despertando y comprobando el funcionamiento de su cuerpo tras tanto tiempo prácticamente inactivo.
-Qué gusto poder volver a sentirse libre…
-De todos modos aún no le conviene hacer esfuerzos demasiado intensos. Debe volver a su rutina habitual poco a poco- le decía el doctor recogiendo sus cosas.
-Sí, sí. Ya sé.
-Bueno, por hoy es suficiente. Ya sabe, poco a poco. En una semana le haré una revisión.
-Pensé que ya me había librado de eso.
-Aún le queda mucho. Tómeselo con calma. En fin, adiós.
El hombre se marchó, dejando solos a los dos jóvenes. Blank seguía a lo suyo. Notaba algo raro el brazo izquierdo, después de tanto tiempo en cabestrillo. Le costaría volver a su antigua forma.
-Me estoy poniendo fondete. Necesito un poco de acción.
-Huy, si. Estás gordísimo- se burló Yitán, tratando de buscar las grasas de más que su pareja se achacaba.
Sentado en el borde de la cama, contemplaba a su compañero. Él veía su cuerpo igual. Los mismos músculos, bien torneados, todos en su sitio, en aquel cuerpo fuerte, fibroso…
-Hey, ¿Sigues ahí?- dijo agitando una mano enfrente de sus ojos para traerlo de vuelta de sus pensamientos. Pensamientos que lo hacían sonrojar un poco.
-Euh… si, si. Solo pensaba…
-¿En qué?
-¿Qué te importa, cotilla?
-Vale, perdona.
Aún sentado, Yitán quedaba a la altura del pecho de Blank. La nueva cicatriz que adornaba uno de sus costados le quedaba muy cerca. Pasó una mano, acariciando suavemente con la yema de sus dedos la porción marcada de piel.
-Otra más para la colección…
-Sí. Creo que voy a empezar a ponerles nombre.
-¿A tus cicatrices?
-Sí.
-… Estás como una cabra.
-Era broma.
-Tienes un sentido del humor muy raro.
Distraído, seguía pasando la mano por la piel del otro. El pelirrojo se agachó, quedando un poco por debajo de Yitán, mirándolo a los ojos. Aún no se había habituado mucho a esta nueva forma de ver el mundo. Le resultaba extraña. Y a veces le costaba medir la distancia a la que quedaban los objetos, pero estaba seguro de acostumbrarse con el tiempo. Le sonrió y el otro le devolvió la sonrisa.
-¿Qué miras?
-A ti.
-¿Qué pasa, tengo monos en la cara?
-No. Es que te estoy mirando desde mi nuevo punto de vista. Y si, te mire cómo te mire sigues siendo igual de guapo.
-Tonto.
Sonriendo aún más ampliamente, Yitán posó ambas manos en las mejillas del pelirrojo. Su ojo izquierdo seguía siendo de color negro. Pero su ojo derecho había pasado a ser de un gris tan claro que casi parecía blanco.
-¿Y tú que me miras a mi?
-¿No puedo mirarte?
-Puedes mirar todo lo que quieras. Soy todo tuyo, al fin y al cabo.
Pasó una de sus manos tras la nuca de Yitán, al tiempo que se erguía un poco para unir sus labios. Sin romper el beso, Blank se levantó, arrastrando al rubio consigo, para luego recostarse ambos en la cama. Lo tomó de las manos, colocando una a cada lado de su cabeza con suavidad sin parar de besarlo. En esto estaban cuando alguien llamó a la puerta.
-Hey, parejita, zeparaoz y poneoz prezentablez. El rey quiere ver a zu hijo. Oz ezpera en la zala del trono con la prinzeza Garnet- dijo la voz de Marcus al otro lado, sin abrir.
Blan se separó a regañadientes de Yitán, debajo de él. Suspirando, apoyó la cabeza en el hombro del rubio, soltando sus manos para poder abrazarlo.
-¿Es que no nos van a dejar nunca en paz? ¿Tanto pedir es un poco de intimidad? Ahora que por fin me han quitado todas las vendas y todos los puntos…
-Vamos, vamos. Ya tendremos tiempo de estar solos.
-Hey…
-¿Qué?
-¿Puedo llamarte churri?
-… Si lo haces te mato. ¿Por qué querrías llamarme así?
-Ya sabes, es la típica cursilería que hacen las parejas…
-No necesitamos cursilerías para ser pareja.
-Pero me hacía ilusión…
-¿A ti te gustaría que te llamara, por ejemplo, cariñito o pichiriflús?
-¿Pichiriflús?- repitió con una sonrisa.
-Sí.
-La verdad es que no…
-Pues asunto zanjado. Ahora vamos a ver que quieren de ti.
-Dios, ¿Cuándo me dejarán en paz?
Blank estaba empezando a hartarse. Siempre que conseguía quedarse a solas con su rubio, alguien aparecía de la nada para interrumpirles. No sabía si lo hacían a posta por fastidiarle o en realidad no se daban cuenta. ¿Cuándo llegaría el bendito instante en el que pudieran estar solos más de quince minutos? Quien más pesado estaba con diferencia era su padre. Como buen padre cotilla quería saberlo todo sobre la pareja de su hijo.
Y ya que Blank no se prestaba mucho a hablar, como era su costumbre… tenía que averiguar las cosas directamente. Y lo que más fastidiaba al joven era que Yitán pasaba las horas gustoso con su progenitor, charlando y charlando como cotorras. Sobre todo no le gustaba nada que hablaran de él como si no se encontrara en la misma habitación. Su progenitor le contaba a su pareja cosas de su infancia, y su pareja le contaba a su progenitor muchas de las cosas que se había dedicado a hacer aquellos ocho años. Se habían juntado el hambre y las ganas de comer. Porque si uno hablaba mucho, el otro no era menos.
-Míralo por el lado bueno, boludo. El yerno y el suegro se llevan estupendamente, che- le dijo Ruby un día.
-Sí, ya, por lo menos tengo eso…- replicó no muy convencido, viendo a ambos reírse de a saber qué cosa en el otro extremo de la habitación.
Aquella noche también hablaron y hablaron hasta que se hizo muy tarde. El rubio ya estaba que se caía de sueño y se excusó hasta el día siguiente, yendo en plan zombi a la habitación que compartía con Blank.
-¿Se puede saber de qué tanto hablas con mi padre?- preguntó mientras se quitaba las botas.
-De cosas- contestó Yitán frotándose los ojos.
-Lleváis meses hablando de cosas. ¿Es que no se os acaban los temas?
-¿Qué pasa, estás celoso o algo así?
-¿Por qué iba a estarlo?- replicó sonrojándose un poco, metiéndose bajo las sábanas, dándole la espalda.
El rubio sonrió y se tumbó también en la cama, abrazándolo por la espalda.
-Entonces, ¿Qué te pasa?
-… Es que no me haces caso. Pasas más tiempo con él que conmigo. Y si no es él, es uno de mis hermanos, o cualquiera de Tantalus, ni que no te supieran ya de memoria…
-Entonces sí estás celoso.
-Que no estoy celoso, joder.
-Bueno, bueno. No hace falta que estés celoso- Blank soltó un bufido que fue ignorado-, yo sólo tengo ojos para ti.
-Sí, ya- dijo haciendo un puchero infantil-. Ahora dices eso, luego te pasas la tarde sin hacerme el más mínimo caso.
Yitán sonrió y se irguió. Con suavidad, volteó al pelirrojo para dejarlo boca arriba, y lo miró a los ojos, sonriendo. El otro aún seguía con el puchero, mirando para otro lado como quien no quiere la cosa, cruzado de brazos.
-Si quieres que te haga caso, ¿Por qué no empezar ahora?
Sin más, lo besó. A Blank el cabreo pareció pasársele de pronto. Agarró a Yitán y volteó las posiciones, quedando él encima. Saciado de su boca, descendió hasta su cuello, que mordió y lamió a placer, haciéndole gemir. Yitán tampoco paraba quieto, paseando sus manos por toda la anatomía de su compañero que quedaba a su alcance.
El rubio estaba en la gloria, rogando internamente por más. Pero, de pronto, todo se detuvo. Jadeando también, su pareja se tendió a su lado y lo abrazó contra su pecho. Algo frustrado, lo miró a los ojos.
-¿Qué…?
-Es que… ya es algo tarde…
-¿Y qué?- ronroneó mordiéndole el cuello, arrancando un ronco gemido del otro.
-Pues… que es tarde.
-¿Acaso pretendes ir a algún lugar mañana temprano?
-Yo no… pero es mejor dormir.
-Pero… yo no quiero dormir…
Zalamero, tendió al pelirrojo nuevamente boca arriba y se posicionó sobre su cuerpo. Como un vampiro, atacó su cuello, mordiendo sin compasión.
-Yitán- alcanzó a gemir el pelirrojo-… Yitán, para…- decía sin mucha convicción.
Ni que decir tiene que el rubio no le hacía ni caso. Había conseguido reducir las defensas de su compañero, que simplemente se dejaba hacer. Sobaba a conciencia su torso bajo la camiseta, bajando cada vez más hasta rozar con las manos el linde de sus pantalones…
Y el pelirrojo lo detuvo de nuevo. Lo tomó de ambas manos, separándolo un poco de sí.
-Yitán… para ya, por favor…
-Blank, ¿Se puede saber qué pasa contigo?
Sentado a horcajadas sobre él, se irguió, serio de pronto, cruzado de brazos. Lo miraba con el ceño fruncido, poniendo cara de cabreo.
-¿Qué?
-No te hagas el tonto. Quiero saber qué pasa contigo.
-A mi no me pasa nada.
-¿Ah, no?- dijo entrecerrando los ojos.
-No.
-Entonces… ¿Entonces por qué no quieres tocarme?
-¿Qué estás diciendo?
-Estoy diciendo que ya estoy harto de ti y de tu comportamiento. Por el día eres muy cariñoso; que si mimos, que si besos, que si te quejas de que nunca tenemos intimidad… pero por la noche, cuando por fin estamos solos realmente, apenas me tocas. ¿Por qué? ¿Se puede saber qué cojones pasa contigo? Si no quieres estar conmigo, sólo dímelo y te dejaré en paz.
Yitán procuraba no mirarlo. Aún con los brazos cruzados, desviaba la vista hacia algún punto incierto de la habitación en penumbra.
-Tal vez es que ya no me deseas.
Lentamente, Blank se sentó bajo su cuerpo, sin apartarlo. Giró su cara suavemente para que volviera a mirarlo y sonrió.
-Qué tonto eres. ¿Cómo no voy a desearte?
-¿Entonces?
Blank cogió aire y lo dejó escapar en un sonoro suspiro, mientras se rascaba la nuca.
-Es que… el problema es justo todo lo contrario; te deseo demasiado. Y no estoy seguro, Yitán. Tengo miedo.
-¿Miedo de qué?
-… Tú nunca has estado con otro hombre. Y yo… bueno… no estoy seguro de poder controlarme… y me preocupa dañarte, o que me odies, o que no te guste, o… o yo que sé, Yitán. No podría perdonarme si pierdo el control y te daño de alguna forma…
Sobre él, Yitán estalló en carcajadas. Blank lo miró sin comprender su reacción. Al cabo de un rato, el rubio se serenó.
-Perdona. Es que estoy bastante aliviado. Empezaba a pensar que algo serio pasaba…
-¿Te parece poco serio?
-Me parece que eres un completo idiota. ¿Qué te hace pensar que te odiaré, o que no me gustará? A veces eres tan tonto…
-No puedo evitar pensar eso.
-Pues no pienses. Mira, Blank, yo quiero estar contigo de todas las formas posibles. Quiero que pierdas el control, que me beses, que me muerdas, que me destroces… quiero que me hagas el amor…
-Yitán…- susurró sonrojado hasta la punta de los pelos.
-Te voy a decir una cosa, guapo. Llevo dos puñeteros meses esperando a que te recuperes. No voy a decir que no me gusten los besos y los arrumacos, pero necesito más. Necesito más de ti, mucho más. Dios, que ya no sé que más hacer para provocarte. Ya no sé qué más hacer para que comprendas que no quiero ni querré a nadie más que a ti. Así que, más te vale olvidarte de esas tonterías y hacerme tuyo ya mismo, o me veré obligado a atarte y violarte hasta que entres en razón. ¿Me he expresado con suficiente claridad?
Blank tragó grueso.
-¿Estás… estás seguro de lo que estás diciendo?
-¿A ti te parece que no lo estoy? En serio, ¿Acaso no te das cuenta de lo contradictorio que eres? A veces me arrinconas contra cualquier esquina que parece que me vas a devorar, y luego de repente te alejas y me dejas con las ganas.
-Es que hay veces que las hormonas me ganan… ¿Y qué quieres que haga si eres tan jodidamente apetecible?
-¿Apetecible? ¿Qué soy, comida?
-No seas así.
-Soy como me da la gana.
-Lo sé, amor, lo sé. Eres tan cómo te da la gana que a veces eres insoportable.
-Como sigas por ahí, esta conversación va a acabar mal- dijo entrecerrando los ojos- ¿Se puede saber qué tengo de malo? ¿Qué me hace tan insoportable?
-¿Y qué más da? Tú eres perfecto incluso con tus imperfecciones- zalamero, lo abrazó-… yo te quiero como eres, aunque a veces seas pesado. Y no podría ser de otra forma- aunque el rubio se mostraba reticente y trataba de mantener su enfado, le estaba costando. Blank empezó a repartir suaves besos por su cuello y hombros, tirando de la camisa para dejar al descubierto su piel-… me gusta que seas como te da la gana… que mantengas tu carácter… que seas pesado e insufrible a veces, que me hagas enervar… Me gusta porque es como eres, porque eres tú…
-… Maldito seas, no intentes arreglarlo con arrumacos y palabras bonitas…
-¿Funciona?
-Demasiado bien.
Lo besó de nuevo de forma salvaje y hambrienta, cogiendo su rostro con ambas manos, pegándolo contra sí todo lo que podía. De pronto, cortó abruptamente el beso, y obligó al pelirrojo a tumbarse sobre la cama, con brusquedad. Lo miró con lujuria y se relamió los labios.
-Esta vez no te me vas a escapar… así tenga que atarte de verdad o volverte loco…- le dijo.
Antes de que Blank pudiera pensar siquiera una réplica, Yitán ya estaba de nuevo pegado a él, besándolo. Con algo de esfuerzo, separó sus bocas, logrando hablar a duras penas entre jadeos.
-¿Estás…
-Cómo vuelvas a preguntarme si estoy seguro… te muelo a palos…
Riendo levemente, se rindió por fin. Abrazó a su pareja y se dejó llevar. Si eso era lo que quería, lo iba a tener.
Volvió a besarlo por enésima vez aquella noche. Se giró, quedando él encima, besando, mordiendo y lamiendo la piel de su pareja, desabotonando la camisa y arrojándola a algún punto incierto de la habitación. Yitán tironeó de su camiseta en protesta, batallando por quitársela. Se separó el tiempo justo para que el rubio le quitase la prenda, volviendo a unirse con urgencia.
Blank bajó por el pecho de su compañero, repartiendo besos, mirando furtivamente su rostro sonrojado y jadeante, con los ojos fuertemente cerrados, una mano enredada en su cabello rojo, la otra asiendo fuertemente las sábanas. Le quitó el pantalón junto con la ropa interior, dejándolo completamente desnudo por fin. Miró durante un instante más a su rubio, aún sin creerse del todo que por fin podía disfrutarlo de aquella forma. Luego, se relamió los labios, lascivo, para empezar a lamer la despierta entrepierna de su pareja.
Yitán gimió escandalosamente, arqueó la espalda de tal forma que apenas si tocaba el colchón y afianzó la mano en el pelo de Blank, que no le daba respiro, lamiendo y chupando, volviéndolo loco. De pronto Yitán se sentó sobre el colchón, lo agarró del pelo, casi haciéndole algo de daño, y lo subió de nuevo hasta su boca, dejándolo de rodillas entre sus piernas. Intentaba escabullirse para seguir con lo suyo, pero no le dejaba. Sin saber muy bien cómo había pasado (que tampoco le importaba mucho), se vio de pronto bajo Yitán, que le quitaba los pantalones sin contemplaciones, dejándolo desnudo a él también. El rubio besaba, lamía, mordía y arañaba sin piedad al hombre que tenía entre sus piernas. Le gustaba la sensación, el sabor de la piel de su pelirrojo, recorrer cada punto de su anatomía sin encontrar resistencia. Le gustaba su voz ronca, gimiendo y jadeando de placer. Le gustaba hasta el punto de volverlo completamente loco.
Sonrió. Como en trance, el pelirrojo se dejaba hacer, se sometía ante él y sus caricias. Sentado a horcajadas sin ningún tipo de pudor sobre Blank, restregándose como animal en celo, acabó por rozar la más que despierta entrepierna de su compañero, que emitió un gemido muy por encima de los demás. Como si este hecho hubiera despertado a una bestia de su letargo, Blank se sentó, atrajo hacia si el cuerpo de su amante y lo besó con furia. Le agarró con ambas manos el trasero, atrayendo sus caderas, haciendo que ambas erecciones se rozaran, para deleite de ambos. Farfulló algo incomprensible en alguna especie de lengua desconocida para él, y le estrujó con más fuerza las nalgas.
-Bla…nk… por dio… s… ya…- jadeó y gimió contra su boca.
-¿Qué…?
-…Ya-ah… por… favor…ah…
-¿Yah… qué?
Yitán bufó. Tomó bruscamente una de sus manos, que abandonó algo reticente su trasero, la acercó a su boca. Sin dejar de mirar a un extasiado Blank a los ojos, mordió y lamió tres de sus dedos de forma increíblemente lasciva. Cuando quedó satisfecho con la cantidad de saliva que cubría las tres falanges, devolvió la mano al lugar donde estaba antes. Blank tragó con dificultad, cortándosele la respiración por un instante.
-¿… Estás… seguro de…
Plaf. La potente bofetada sonó como un trueno en la sala. Con la mejilla adolorida, el pelirrojo lo miró con extrañeza. Yitán, con el ceño fruncido, lo agarró del pelo, tirando hacia atrás hasta hacerlo levantar el rostro, y se irguió altanero, mirándolo desde arriba.
-¿Qué?
-¿No dije… que te… mo-molería ah… palos…?
Una peligrosa sonrisa de diablillo se dibujó en el rostro del pelirrojo. No necesitaba nada más. Tomó a Yitán de las muñecas, haciéndolo soltar su pelo, y volteó las posiciones, descendiendo de nuevo por su cuerpo, retomando la labor que dejara antes inconclusa en el erecto miembro. Separando con cuidado las piernas del rubio, que sólo acertaba a gemir descontrolado, empezó a tantear su entrada con los dedos aún húmedos de saliva. Primero uno, que entró con sorprendente facilidad, tal era su excitación. Esperaba un quejido de dolor o molestia por parte del rubio, alguna señal de incomodidad… pero en lugar de esto, gimió más alto, rogándole que no se detuviera. Luego otro dedo. Y el último. En un tiempo récord estaba preparado y suplicando más. Blank no quería precipitarse, decidido a prepararle a conciencia.
Pero Yitán no estaba dispuesto a permitirlo. Hundió una mano en su cabello y la otra entre su hombro y el cuello, clavando las uñas sin piedad, haciéndole daño, obligándolo a ahogar un quejido. Lo empujó hacia arriba.
-¿A qué… ah… a qué coño… estás… esperando?
Blank sonrió de medio lado, sin responder. Si guerra quería, guerra iba a tener. Elevó las caderas del rubio, tomando posición. Y, con cuidado, empezó a penetrarlo. Yitán arqueó la espalda, aferrando con más fuerza la mano en sus cabellos, clavando sin cuidado las uñas de la otra en la fuerte espalda, dejando profundas marcas. Pero a Blank esto no le importaba. Enervado por su lentitud, Yitán enredó las piernas alrededor de las caderas de su amante, empujándolo, obligándolo a entrar del todo de una sola estocada.
Esperó un instante, y luego empezó a moverse. El vaivén empezó de forma lenta, cobrando velocidad hasta volverse frenético. Yitán gemía escandalosamente, casi gritando su nombre, jadeando, ayudándolo a impulsarse con sus caderas y piernas aún alrededor de su cuerpo, que aprisionaba su miembro contra su propio abdomen, estimulándolo al ritmo del vaivén. Arañaba sin poder evitarlo la piel de Blank de forma casi salvaje. Este, por su parte, había desconectado de todo. Su cuerpo se movía solo, buscando más contacto, más cercanía, más placer, jadeando una y otra vez el nombre de su rubio, musitando a la vez palabras obscenas y amorosas en todas las lenguas que se le ocurrían.
Yitán se vino primero. Gritó una última vez el nombre de su amado, arqueando la espalda. Blank no necesitó más, y acabó con un sonoro y ronco gemido. Agotado, se abrazó al cuerpo tembloroso de Yitán, aún recorrido por los espasmos del orgasmo, que respiraba con la misma dificultad que él. Se irguió y lo besó, esta vez de forma más dulce.
-Te amo- susurró el rubio.
-No tanto como yo a ti.
Salió de su interior y buscó a tientas las mantas para poder taparlos a ambos. Yitán se acurrucó sobre su pecho, abrazándolo con fuerza bajo las sábanas, y Blank lo estrechó entre sus brazos. No necesitaban palabras, se habían vuelto innecesarias. Blank se durmió con los cabellos rubios cosquilleándole la nariz, llenándolo de aquel aroma que tanto adoraba. Yitán lo hizo escuchando el cada vez más quedo latir de su corazón, arrullado por el rítmico subir y bajar de su pecho.
