Capítulo 20_Si, su majestad. Epílogo.
Cuando por fin despertó ya estaba bien entrada la mañana. Se estiró, satisfecho. Pero algo le faltaba. Tanteó el colchón a su alrededor, pero no dio con aquello que buscaba. Con algo de esfuerzo abrió los ojos. Efectivamente, estaba solo en la cama. De Yitán no quedaba ni rastro.
Se levantó casi de un salto, rastreando la habitación. Luego entró en el baño, pero tampoco estaba. Aunque la ducha aún estaba mojada y las toallas recién usadas. Justo cuando salía del cuarto, Yitán entraba de nuevo en la habitación. Vestido, mordisqueaba una pieza de fruta. Lo miró. Primero con extrañeza, debido a la cara de alivio que lucía en el rostro del pelirrojo. Luego con picardía, percatándose al igual que Blank de que este aún iba desnudo, recorriendo con la mirada lasciva toda su anatomía.
-¿Dónde te habías metido?- preguntó mientras se ponía unos bóxers.
-Fui a ver si podía pillar algo de comer; me estaba muriendo de hambre. No quise despertarte, te veías tan mono…
-Podías haberlo hecho.
-¿Qué pasa? ¿Te asustaste al no encontrarme en la cama al despertar? ¿Tal vez pensando que me había enfadado, o que no quería verte?
Blank no contestó, y Yitán supo que había dado en el clavo. Se acercó con un suspiro de resignación a su pareja, y lo miró a los ojos, mudando su ceño fruncido en una sonrisa, mientras pasaba las manos por su nuca.
-Qué tonto eres. Si no te quisiera tanto, te daría una paliza por imbécil- lo besó con dulzura.
-¿No te duele?- preguntó cuando se separaron.
-¿El qué?
-Ya sabes a qué me refiero…
-Pues no. No me duele. Estoy listo para más acción… aunque esperaré a que te duches y comas algo. No es por mal, amor, pero apestas y podría oír el rugido de tus tripas desde la otra punta del castillo.
Blank simplemente sonrió, derrotado. No tenía caso seguir con su paranoia. Si su rubio le decía que todo iba bien, todo iba bien. Entonces se fijó en su cuello. Infinidad de marcas rojas (chupones) y arañazos surcaban su piel, perfectamente visibles.
-Dime, Yitán… ¿Alguien te vió?
-¿Eh?... sí, tu familia y los de Tantalus, estaban todos en el comedor.
Blank enrojeció.
-¿Qué te pasa?
Extrañado, siguió el recorrido de su vista hasta su cuello. Sonrió, al darse cuenta.
-¿Qué más da? Saben perfectamente que estamos juntos. No creo que se escandalicen por tan poca cosa…
-Sí parece que te haya atacado una banda de sanguijuelas… me pasé bastante…
-Pues anda que yo…- dijo recorriendo con una mano el cuello y hombros del pelirrojo- ¿Acaso no te escuece?- preguntó deteniéndose en unos arañazos especialmente profundos.
-No, la verdad ni me había fijado.
-Bueno, tanto mejor. Ahora a la ducha, y luego a desayunar… bueno, más bien a comer, que ya casi es mediodía. Hay que ver cómo duermes…
Blank no sabía dónde meterse. Su rostro había alcanzado el mismo tono rojizo que sus cabellos hacía rato y un incómodo sudor frío le recorría la piel. Se hacía el distraído, sin apartar la vista del plato de comida que tenía delante. Su familia y los integrantes de Tantalus lo miraban fijamente, sonriendo, sabiendo que eso lo ponía aún más nervioso. Sonreían, deseando empezar a soltar chanzas y burlas, deseosos de hacer explotar al pelirrojo, pero a la vez frenados por el tremendo carácter que gastaba. Yitán, a su lado, sonreía más que nadie, haciendo esfuerzos titánicos por aguantarse la risa.
Antes de salir de la habitación, Blank había querido ocultar sus marcas y las de Yitán de algún modo, pero el rubio se lo había prohibido expresamente, bajo amenazas muy serias (de diversa índole) y tras una gran pataleta. Así, ambos lucían sus "marcas de guerra". Uno casi con orgullo, el otro deseando que la tierra lo tragase por fin.
Blank estaba que le temblaba algo el pulso del nerviosismo, esperando que de un momento a otro llovieran los comentarios. Pero nadie decía nada. Y la espera era peor que las burlas en sí. Acabó por soltar violentamente el tenedor y encarar por fin al resto.
-¿Qué? ¿Nada que añadir? Sé perfectamente que os quema la lengua con todo lo que os estáis aguantando de decir. Empezad de una vez con las coñas y acabemos cuanto antes.
-Es que estamos pensando bien qué decir. La situación lo requiere, pardiez- dijo Bakú, empezando a soltar una leve risilla.
-Pero podías haberte cortado un poco, boludo. Ni que fueras un vampiro, che- inquirió Ruby.
-Bueno, Yitán no ze quedó atraz… parece que quiziera zacarle un pedazo…
-Aniki, eres un pervertido…- acotó Trevize.
-Espero que nos cuentes los detalles, Yitán, ya que este no piensa soltar prenda, che… y queremos lo más escabroso, sin censura.
-Por supuesto que sí- sonrió el rubio.
-¡Yitán, no estarás hablando en serio!- exclamó Blank, con cara de susto.
-¿Y por qué no?
-Pues porque… no. Es que… no… es que yo…- derrotado y agotado, hundió el rostro en las manos, los codos apoyados en la mesa, deseando estar muy lejos de allí.
-Tranquilo, era una broma. Una bromita inocente- le sonrió-. Es que es tan divertido meterse contigo…
-Cierto, cierto… pero la próxima vez, córtate un poco, hijo, o acabarás sacándole un pedazo de verdad…
-Ya vale…
-Y dime, che… ¿Qué tal se desenvuelve en la intimidad?
Yitán sonrió ampliamente, con picardía.
-Ni te imaginas lo bueno que…
-¡Que ya vale, joder!- ladró, rojo de vergüenza, cortando la frase.
-Vamos, ¿Aún sigues enfadad?- ronroneó abrazándolo por la espalda.
-¿Tú qué crees?- dijo cruzándose de brazos y haciendo un puchero, pero sin hacer amago de apartarlo de sí.
-Oh, vamos, no seas crío. Solo nos estábamos metiendo un poco contigo. Solo eran bromas…
-Creo que os habéis pasado un poco con las bromas…
-No seas gruñón. Vamos, no estés enfadado.
-…
-Hey, vamos…
-…
-¿Esa es tu gran estrategia? ¿Dejar de hablarme, como si fueras un crío de cinco años con una pataleta? ¿Qué será lo próximo, dejar de respirar?
Blank no decía una palabra, pero sus mejillas adoptaron un ligero rubor.
-Venga, va. ¿Qué tengo que hacer para que me perdones?- ronroneó en su oído, para acto seguido lamer su lóbulo. Un escalofrío recorrió de arriba abajo la espalda del pelirrojo.
-Cagoen… no lo intentes solucionar con arrumacos…
-¿Funciona?- sonrió.
-Demasiado bien…
-¿Qué crees que pasará a partir de ahora?
-¿Mn? ¿A qué te refieres?
-Hablo del futuro. De qué pasará mañana, y pasado, y al siguiente.
-¿Cómo quieres que lo sepa? No soy adivino.
-Eso ya lo sé, pero, ¿Qué crees que pasará?
Blank bufó, rascándose la nuca. Estaba sentado en los jardines de Alexandría, sobre el verde césped, la espalda apoyada en un árbol. Sentado entre sus piernas, apoyado cómodamente en su regazo, Yitán se repantingaba cómodamente sobre él. Ambos contemplaban tranquilos su última puesta de sol en el reino de Alexandría antes de ir a Sarmag, con calma, disfrutando de los brillos que el astro rey derramaba sobre el agua del lago.
-Si te digo la verdad, ni siquiera lo había pensado.
-¿En serio?
-Lo que tenga que pasar pasará. No me importa qué pase, siempre y cuando mis dos familias estén bien, y tú estés a mi lado.
-Ohhhh, que se ha puesto romántico.
-Si te molesta, paro.
-Para nada. Deberías ponerte en plan romántico más a menudo. Me gusta.
-Bueno, si me ordenas hacerlo, no podré negarme…
-¿Cómo que si te ordeno hacerlo?
-Ya sabes… sigo siendo príncipe al fin y al cabo. Mi sangre y mi apellido siguen siendo los mismos, aún con todo. Eso te convierte en miembro de la realeza… políticamente hablando.
Yitán sonrió pícaro.
-¿O sea, que ahora también soy príncipe?
-De algún modo.
-¿Eso quiere decir que puedo darte órdenes incluso a ti?
Ante la cara de diablillo que estaba poniendo el rubio, Blank se preguntó si no hubiera sido mejor quedarse calladito. Había dicho aquello sin pensarlo mucho… Pero en fin, el mal ya estaba hecho.
-… Algo así. Para mí eres mucho más que un príncipe. Para mí eres rey y soberano de mí ser…
El rubio se ruborizó levemente. Le gustaba mucho que se comportara así, de forma tan dulce aunque algo empalagosa.
-¿Y si te ordeno que me beses? - dijo mirándolo a los ojos.
-Sí, su majestad. Sus deseos son órdenes para mí…
_-_-_-_*+EPÍLOGO+*_-_-_-_
La banda Tantalus al completo, volvió a su guarida de Lindblum, algo tristes por tener que dejar atrás tanto lujo. Continuaron con su vida a lo Robbin Hood, robando a los ricos para quedárselo ellos. Aún así, eso no quería decir que no encontraran un huequecito en sus apretadas agendas para hacer una visita extraoficial a los castillos de Sarmag y Alexandría (y, por qué no decirlo, abusar un poquito de su hospitalidad). La banda era bien recibida en ambos reinos, incluso por el Cid de Lindblum, que más de una vez los recibió como amigos en su palacio.
Así, Bassalard, o Blank, como decidió seguir llamándose, podía disfrutar de su libertad sin estar completamente separado de su familia. Yitán siempre era quién más deseoso estaba de realizar tales visitas, más que contento de poder visitar a su suegro y sus cuñados, con los que había hecho visibles buenas migas.
Todo lo sucedido acabó por contarse. La historia de cómo el príncipe había acabado siendo ladrón, las historias vividas con la banda Tantalus, lo ocurrido en Alexandría y todo lo que vino después se acabó filtrando, y la historia del príncipe ladrón corría de boca en boca por los confines del continente, extendiéndose con el tiempo por el resto del mundo.
Blank y Yitán eran felices. Discutían, se peleaban, se reían, se protegían… vivían felices el uno junto al otro.
El rey Howard reinaba con justicia, contento de haber recuperado a su hijo, esperando pacientemente que su juicioso hijo Galbor ocupara su lugar llegado el momento de su retirada. La princesa Garnet se convirtió en una reina justa, alegre, compasiva y cercana a su pueblo como Alexandría no recordaba haber tenido jamás. Su gente la adoraba.
La paz entre Sarmag y Alexandría seguía vigente. De hecho, estaba a punto de volverse más fuerte que nunca, ya que la reina Garnet anunció cierto día su enlace nupcial con el más que feliz capitán de la guardia real Sarmarguense, Gabranth.
Pero eso, y todo lo que pasó después, es, como suele decirse, otra historia.
