A pesar de que le había dicho a Galia desde mediados de mayo que fuera a su casa, había postergado y postergado el momento por una u otra razón, siempre intentando convencerse a sí mismo de que no era que tuviera pánico de llevarla a su casa... Había ido todas las semanas a verla a Roma desde que sabía que estaba embarazada, le había llevado flores, la había cargado y cuidado, pero siempre tenía que volver a casa por alguna "urgencia". Al final, para mediados de junio había tomado valor y después de unas cuantas copas de whiskey había comprado el boleto de Galia para los últimos días del mes...
Y luego de decirle... Había entrado en pánico, volteando en la medida de lo posible la casa de cabeza para dejarla... Aceptablemente bien.
Galia se ha despedido de Roma en la estación de Tren de la manera más dramática que podría verse, los dos llorando, besos apasionados, un pañuelo por la ventana, carrera al lado del tren... ¿por qué no había ido en avión? Porque el tren le parece más romántico en sus películas y no le da tanto miedo.
Y... No es que él fuera un hombre especialmente descuidado como sus hermanos mayores, por el contrario, tenía hábitos más organizados, una vida llena de rutinas, y una casa anticuada... Y, la cruz de los británicos, llena, llena de cosas.
Quince minutos después de eso, Roma había vuelto a mandar una foto guarra al grupo de whatsapp que tienen los ancient y Galia se había reído tranquilamente. ¿A qué venía el drama entonces? Hombre, ¿qué es la vida sin drama?
Desde luego, sigo pensando que Galia tiene... ese sentido de la orientación. De hecho está ahora en la estación de Cardiff con su chaqueta rosa pálido y su paraguas rojo. Ha conseguido que un chico muy amable le bajara las maletas.
Lamentándose un poco no haber ido por ella, Gales le ha escrito metódicamente cada dos horas y le ha hablado en las horas en las que no le ha escrito, todo para ver si está bien, si se siente bien y si todo está en orden...
Al final, ha llegado, cosa RARÍSIMA y debido a la histeria, con el tiempo demasiado justo y casi un infarto, así que en vez de poder esperar de pie en el andén a que llegara el tren, está corriendo y buscándola con cierta angustia fruto de la desesperación y agobio que vive la gente que llega justo a tiempo un día, en vez de llegar antes como cada vez. Ella debe estar dándole las gracias al chico que la ha ayudado con su maleta.
—¡Gaaalia! ¡Oh cielo santo, perdóname! ¡Perdóname! ¿Estás bien? —suelta cuando al fin la ve, agobiado con la hora.
—¡Ah! —sonríe girándose al reconocer su voz.
—Hello! God! ¡Has llegado y no estaba aquí! Lo siento —vacila para abrazarla, ¡y se sonroja y le mira la gabardina y piensa que se ve tan hermosa! Se sonroja más.
—Allô —responde sonriendo y le toma de una mano acercándose a darle un beso.
Sonríe idiotamente y la toma de la cintura con la otra mano, cerrando los ojos y dejaaaaandose dar todos los besos que quiera. Por algún motivo a ella le gustan los besos en la estación.
América dice que debe ser su culpa, porque en sus pelis viejas siempre hay besos en estaciones. Y es que ellos dos (ejem Gales) son así como anticuados así que les queda perfecto. Sólo le ha faltado traer sombrero y bajar el bastón que se ha dejado en el coche.
Después de un poquito, se separa sonriendo. Y hacemos un esfuerzo por devolverle su cerebro a Gales, así que la gala se ríe suavemente de la cara que pone, porque le gusta como se le pierde el cerebro por completo
—Hello, my love —le sonríe positivamente idiotizado—. ¿Te ríes de mí o conmigo?
—De ti porque me agradas —sonríe también. Él se ríe un poco, sonrojándose y soltándola un poco.
—¿Qué tal el viaje? —porque no se lo has preguntado trescientas veces—. Siento haber llegado con el tiempo tan justo.
—Ha ido todo muy bien, sigo maravillada con las cosas como los trenes, son tan bonitos y tan rápidos, antes tardaba días y días en subir hasta aquí... ¡y Rome dice que he ido por debajo del agua!
—Oh, sí que has ido por debajo del agua después de pasar por casa de France. ¿Todo ese túnel largo? —le suelta un poco más y sonríe buscando sus maletas en el suelo.
—Ha sido un poco decepcionante eso porque yo esperaba ver los peces a través de la ventanilla.
Gales sonríe con eso y la mira de reojo… esta chica vive en un mundo maravilloso…
—Eso sería muy bonito, ¿verdad? Quizás pueda llevarte al acuario en estos días... Te gustaría —levanta las maletas del suelo.
—Sería mucho más interesante que nada más un túnel sin paisajes —sonríe y le toma del brazo cuando las ha levantado, arreglándose el cabello que hoy lleva recogido.
—Pero también más difícil de construir y mantener —explica y sonríe —. Te ves muy bien con el cabello así —Le asegura caminando hacia el coche, nerviosito, pensando en las cosas que ha hecho para recibirla que incluyen perfumar su cama, poner flores en un jarrón, ese tipo de cosas que como se entere alguien...
—¿Te gusta? —Sonríe feliz de nuevo tocándose el cabello—. Lo vi en una cosa de esas del clasificador —se refiere al ordenador—. Y mi barra de labios también es nueva. Tú estás muy guapo con este traje.
Gales sonríe, sonrojadito.
—Ehm... Thank you. En ti el conjunto se ve perfecto —ha aprendido a no hacerle caso a algunas cosas que no entiende bien —y... ¿Cómo has dejado Rome?
—Me ha llevado a la estación a despedirme y... ¡Anda! —cae en la cuenta de algo mirando alrededor.
—What? —levanta las cejas.
—Me ha dado una... flor y debo haberla dejado en el tren —hace un suspiro de fastidio—. Qué pena. ¿Tú cómo estás? ¿Qué te ha pasado que has venido tan angustiado?
—Oh... Bueno, cosas peores se han perdido en las guerras —le quita importancia a la flor, frunciendo un poco la nariz abriendo el coche con el controlito—, yo... De hecho debí recibirte con flores —se lo piensa—. No es que pasara nada, sólo estaba terminando de arreglarlo todo y poner algunas cosas en orden. Ehm... Welcome to Wales.
La chica sonríe y mira un poco alrededor.
—Ahora verás un poco más... Estoy seguro que visitaste esto con mother en algún momento, pero creo que lo encontrarás irreconocible.
—Todos los lugares que conocía han cambiado —suspira y sonríe un poco tristemente.
—¿Lo echas de menos?
—A veces sí... pero no tanto, porque hay cosas maravillosas ahora.
—Y ahora somos adultos nosotros y hay bebés en el camino —le abre la puerta del coche y él solo vuelve a ponerse nervioso con ese asunto.
—Ah... oui —susurra y se mete en el coche sin mirarle, dejando de sonreír. Gales parpadea un poco con esta respuesta, frunciendo levemente el ceño. Aún así, los nervios no ayudan y cierra la puerta del coche, dándole la vuelta y metiéndose en el lugar del piloto—. Este coche al revés es tan bonito —asegura sonriente, cambiado de tema.
—¡Ah! No es al revés... Más bien los de ustedes son al revés —levanta la mano y le acaricia la mejilla, tan tranquilo.
—¿Y a dónde me vas a llevar? —pregunta dejándole hacer incluso poniendo la mano sobre la suya.
—Oh... Bueno, pensaba que iríamos a mi casa por ahora a que descansaras un poco.
—¡Ah! Me da curiosidad ver el palacio en el que vive mi príncipe —sonríe.
—Hace algunos años que dejamos de vivir en los Palacios para convertirlos en museos —"Palacio", piensa para sí saliendo del estacionamiento. Se ríe un poco, revolviéndose.
—Ah, me gusta mucho el arte, antes Rome siempre me estaba dibujando y ahora hay cosas tan bonitas aunque no se entienden muy bien.
—¿Y tú dibujas o pintas?
—A veces... pero no lo hago muy bien.
—No lo creo... Te imagino haciendo paisajes en bonitos colores pastel o hermosos lirios —Ehm... Si sabes que esta es Galia, ¿verdad? Y no Francia.
—Me gusta más cantar y bailar... y France me enseña a cocinar a veces con las comidas nuevas y dice que le gusta como lo hago.
—Cocinar... —se relame un poco porque como lo haga la mitad de bien que Francia, lo hará mil veces mejor que él—, yo con gusto me presto a ser juez de lo que cocines, puedes hacerlo cuantas veces quieras en mi casa, tengo un montón de utensilios en perfecto estado —nuevos, sí, ese es un estado de bastante perfección.
—Ah, pero vosotros no valéis, es muy fácil impresionaros, a tu madre también le gusta mucho lo que preparo. Sobre todo los dulces.
—Puedo hacerme el poco impresionado si es lo que se necesita... —se ríe.
—Noo —se ríe y niega—. Te prepararé algo como agradecimiento por tus atenciones. ¿Qué es tu favorito?
Hace un verdadero intento por pensar algo que no sea francés.
—Ehh... —se sonroja un poco —, la... Sopa de cebolla. ¡A la británica!
—¿Cómo es a la británica? —pregunta y él sonríe de lado.
—Con poca sal —la mira de reojo y ella se ríe—. Ya, en serio, no necesitas cocinar nada, lo que necesitas es comer y cuidarte. ¿Cómo te has sentido?
—Bien... —se humedece los labios y deja de sonreír.
—¿Bien mejor? ¿Ya no más náuseas? —Le pone una mano en la pierna mirando al camino. Galia suspira.
—Eso mismo.
—He leído que a los tres meses, igual que como llegaron desaparecen —le mira de reojo y sonríe aun un poco.
—No te preocupes —apoya la cabeza en su hombro.
—Oh, sí que me preocupo —gira un poco la cara y le da un beso en el pelo—, te ves menos pálida esta vez, hay que decirlo.
Galia sonríe un poco cerrando los ojos. Se detiene en un semáforo y la mira de reojo, sonriendo.
—¿Me das un beso?
—¿Por qué me lo pides?
—Porque eres toda una dama —y yo estoy nervioso.
Galia sonríe y se acerca con los labios entreabiertos, el británico se acerca a besarla y como buen británico, a un centímetro de ella le baja a la tierra un bocinazo. Ella se ríe echando la cabeza atrás y sí, el proceso habitual con los brits, saltito apretando los ojos y arrancando con torpeza, casi se le ahoga el coche.
—Ehm... Quizás podrías decirme cómo imaginas mi casa, sólo para ponerme un poco más nervioso de lo que estoy.
—Pues... no estoy segura, creo que debes tener un jardín.
—Bueno, sí... Hay que poner a los animales fantásticos en algún sitio.
—¿Es una casa o es un apartamento?
—Es un apartamento en la planta baja, con... Bueno, quizás puedas llamarle jardín.
—¡Ah, como en casa entonces!
—Un poco menos... Artístico. Pero es cómodo y amplio y... —viejo y anticuado—. Bueno, ahora lo verás, está aquí a la vuelta.
—Mira que casas más bonitas —comenta mirando por la ventanilla.
Le acaricia un poco la pierna sonriendo un poco y tratando de tranquilizarse. Era Galia... Seguramente le parecería bonito... Quizás. Como bien podía parecerle bonito podía parecerle extraño o... Algo. Carraspea.
—¿Qué te pone nervioso, mi príncipe?
La mira de reojo, aún sin acabar de entender cómo es que siempre sabe cuándo está nervioso.
—Hace tiempo que no viene una chica a mi casa... Menos aún una chica como tú.
—¿Una chica como yo?
—Yes, Well... No es como que seas cualquier chica, eres my girlfriend desde Navidades y... Bueno, la madre de mi hijo, quizás... Eventualmente esta pueda ser tu casa —Ay Gales… Casi abre la ventana y vomita de los nervios con la primera parte, apretando los ojos un instante antes de encaminarse a la calzada del estacionamiento.
—Tengo mucha curiosidad —bien bajada esa bola, Galia.
—Bueno, quedará saciada en los próximos segundos, porque aquí estamos —sonríe apagando el coche y señalándole un conjunto de edificios victorianos, de ladrillos rojos y tres plantas.
—Oh, ¿es ahí? ¿Cuál es?
—Ese de la esquina. Le da muy buen sol en verano por esa ventana —comentario de abuelita. Galia la mira con esa sensación de que no es lo que imaginaba que se tiene cada vez que se ve una cosa que no se imaginaba por primera vez —. Es cómodo y está cerca de las cosas que hago —en mi vida de solterón bastante inútil... Ya.
—¿Qué cosas haces?
Abre la puerta del coche y le sonríe. Ella se espera por supuesto a que vaya a abrirle y la ayude a bajar.
—Un montonal de cosas, desde luego... Ir al club, a leer, a remar, a comer... Espera—se baja del coche y le da la vuelta abriéndole la puerta—. ¿Te cargo?
—No hace falta. ¿Me vas a llevar a conocer el club ese del que siempre hablas?
—El club... Bueno, es... —sí, de chicos, aunque no prohíbe ningún sitio que entren mujeres. Se imagina llevándola a ella y se sonroja un poco—. Si quieres, Ehm... yes... ¡Veo que de verdad te sientes mejor! Me alegra mucho.
Le toma igual de la mano para ayudarla a bajar. Galia saca las piernas y sale con gracia sobre sus zapatitos de tacón blancos. Y casi se hace una carrera en la media, pero no porque tiene suerte. Gales la mira de abajo hacia arriba y casi se le salen los ojos.
—No es que quiera ir contigo, entiendo que vas con tus amigos a hacer tus cosas, sólo me da curiosidad saber qué es.
El galés sonríe con eso, la toma de la cintura, vacila un poquito y le da un beso en los labios. (Y yo me peleo con Gales que CORRE antes de caminar cada bloody vez). Ella sonríe y se lo devuelve porque ya no están en el coche y sabe que está nervioso.
—Eres la esposa perfecta —susurra al separarse. Lo dicho. Sí, cerebro idiota de Gales, has dicho esposa—. ¡Novia! ¡Novia! —Corrige en cuanto se da cuenta, que es sólo unos segundos más tarde, abriendo los ojos como platos—. Serías, digo yo, e-es decir...
—Tú también me gustas —se ríe un poco y le da otro besito suave. Gales le abraza después del beso, hundiéndole un poco la cara en el cuello y tranquilizándose un poco al ver que, bueno, al menos no sale corriendo. Ella le abraza unos instantes, acariciándole un poco la espalda—. Pero venga, vamos a que me muestres.
—Vamos... Ahora volveré por tus maletas —le sonríe separándose un poco y tirando de ella, eso sí, sin dejar de abrazarla de la cintura. Galia se le recarga un poco mirando todo alrededor, sonriendo—. La universidad está para allá, no muy lejos... Se puede ir caminando —le señala—, y algo muy bueno debes traer, porque no está lloviendo hoy, lo cual es casi un milagro.
—Ah, tu madre decía que yo debía tener un hechizo para eso —sonríe—. ¿También dan historia en esa universidad?
—Sí, hay una facultad de Historia, Arqueología y Religión... En alguna época di clases ahí, y soy buen amigo del rector. ¿Quieres ir a visitarla? —se ríe con lo del hechizo.
—¿De qué dabas clase? —asiente.
—De galés —sonríe dirigiéndola a la puerta—, de Idiomas europeos, alguna en la escuela de derecho. Y algunas cátedras especiales sobre historia.
—Ah, conozco a algunos profesores de idiomas de nuestra Universidad. Son muy listos y siempre preguntan cosas muy difíciles con nombres muy complicados —le sigue tranquilamente.
—Algún día deberías invitarme a una de tus clases —se detiene en la puerta, tomando aire y sacando sus llaves, volviendo a ponerse nerviosito.
—Ah, no, no lo hago muy bien —niega y se ríe un poquito. Gales frunce un poco el ceño y la mira de reojo.
—Empieza a preocuparme que creas que no haces nada "muy bien", my love —abre la chapa y la puerta un poquito, deteniendo el pomo aún.
—Nada más —se encoge de hombros.
—Yo creo que tienes una voz melodiosa y suave, un buen carácter y te he oído hablar de algunas cosas... Debes ser una maestra fantástica y todos tus alumnos deben tener unas fantasías tremendas contigo que seguramente me pondrían muy celoso.
La chica se ríe con todo eso y le apoya la cabeza encima un poco más, agradecida de las palabras amables. Gales le da un beso en el pelo y abre la puerta.
—Welcome home... —le sonríe un poco empujándola con suavidad de la espalda para que entre delante de él. Le pone las manos en los hombros. Ella entra, de nuevo mirando a todas partes, un poco tímidamente.
Es un departamento bastante... Muy... Tradicional. Con un comedor, una sala, un piano, Ehm... un arpa. Es una estancia amplia que tiene los muebles de la sala, tras ellos el piano (de pared) y el arpa dando a la ventana a la que le da el sol. Al otro lado de la sala está el comedor y la puerta de la cocina.
—Oh... —da un par de pasitos mirándolo todo—. Tienes muchas cosas muy bonitas —La clave está en "MUCHAS".
—Tengo... Bueno, Yes, algunas diría yo.
—Tienes tantos libros como Helena —se acerca a la estantería y empieza a desabotonarse la chaqueta—. ¿Y películas también? —pregunta porque eso es lo que le gusta a ella.
—Tengo algunas... —sonríe y se sonroja un poco porque a él le gusta el cine de arte, lento y... Muchas francesas—, no tantas como libros, pero sí que tengo varias en el cuarto.
Galia sonríe y se quita la gabardina mirando el resto, acercándose al arpa, que es lo más raro de la sala y nunca ha visto una.
—¿Qué es esto? ¿Es una escultura moderna?
Gales le ayuda a quitarse la gabardina, yendo a colgarla al perchero.
—¿Eso? Oh... No, es un arpa. Un instrumento musical.
Estira la mano temerosilla pero acaba por no tocarla. Gales se ríe un poquito quitándose su saco y acercándose a ella.
—¿Cómo se toca?
—Tienes que sentarte así... Mira —se sienta en el sillón en el que se sienta siempre y se abre los botones de las mangas de la camisa para arremangarse—. Ven, siéntate aquí conmigo.
La gala le mira hacer y se acerca arreglándose la falda para sentarse donde le dice.
—Estas son cuerdas tensas. Que cuando uno las hace vibrar... Suenan distinto una de otra —jala un poco una.
—¡Oh!
—Cuando tocas varias en orden específico se genera una melodía... —tira una mano detrás de la otra haciendo que suenen todas... en el sonido clásico de arpa.
—Oooh! ¡Suena como los ángeles!
—Suena como tú entonces —la mira de reojo y sonríe. Galia se ríe.
—Me refiero a cuando salen en... en la televisión, pero ellos tienen unas pequeñitas.
—Oh... Cielo santo, por favor, jamás les digas a mis hermanos que has comparado a mi buena arpa con la de un querubín, no dejarán de reírse ni el día del juicio final.
—¿Por qué? Si pareces un ángel acariciando sus cuerdas como si fuera una mujer... Ahora entiendo como aprendiste a tocarme con tanta suavidad y dulzura.
Traga saliva y se sonroja con esto, sonriendo y Galia le pone la mano sobre la de él en las cuerdas.
—Es una manera de verlo, delicada y refinada, que ellos jamás entenderán —le asegura sonriendo un poco con su caricia en la mano—. Aunque admito que el sonido del arpa es suave y relajante. Creo que puede gustarte a ti... y al bebé.
La chica le aprieta un poco la mano y deja de sonreír con eso.
—¿Por qué no me enseñas el resto de la casa? —propone y el galés le mira, notando algo extraño, pero sin estar seguro, sonríe un poco nervioso con esto y asiente.
—No creas que hay mucho más... Mira —se levanta tomándola de la mano. La gala le sigue levantándose también—. Es... Una casa simple, antes vivía en el centro en un palacio al lado del río...
—Oh! ¿Y qué pasó?
—Las guerras, la vida moderna, la necesidad de una vida más simple —y que era caro como pocas cosas mantenerlo. Se encoge de hombros—. Este es el cuarto.
Y en una de las mesitas de noche hay un gran ramo de rosas rojas...
—¡Oh! ¡Es de aquí de donde sale el aroma! —exclama cerrando los ojos y aspirando un poco. Eso y que el muchacho empapó la cama de perfume, se sonroja—. Toda la casa huele muy bien, deben ser las flores.
—Ehm... Seguramente —le sonríe dándole un beso en la mejilla y poniéndole una mano en el abdomen. (Gales es SÚPER meloso... Me da vergüenza a momentos).
—Ese cuadro... —pone la mano sobre la suya en su abdomen con suavidad—. Hay uno muy parecido en casa de France, una vez me llevó a verlos a un palacio que tiene una pirámide de cristal. ¿Es uno de los impresos... impresionantes? —Está intentando decir impresionistas, estamos imaginando un Monet o algo así. Gales se sonroja.
—Hay... Ehm... Es... Probable —asiente—. Él tiene muchos cuadros en el Louvre —de hecho, Galia, debes poder notar claramente la tremenda francófila que tiene este muchacho—. Impresionistas.
—Impresionistas —repite y asiente sonriendo y luego lo repite en francés.
—Siempre suena todo más hermoso dicho en francés —protesta un poco apretando los ojos y sonriendo.
—Por algún motivo me ayuda a recordar mejor.
—Falta la cocina... Que es el lugar más poco visitado de la casa —le besa la mejilla y sonríe, tirando de ella hacia afuera del cuarto.
—Es verdad... que a vosotros no os gusta cocinar —sonríe dejándose llevar.
—No, definitivamente no es que no nos guste cocinar. El problema es el resultado —y se imagina unas cuantas comidas que… mejor se censuran. Galia se ríe un poquito con eso—. Tú mejor que nadie debes saberlo, darling. Aún así te he comprado leche y cosas que creo que podrían gustarte para comer o cocinar algo.
—Puedo cocinar algo para ti, si quieres —asiente.
—¿No va a venir a acusarme la liga romana de la justicia por negligencia y abuso de las chicas? Acabas de llegar, puedo llevarte fuera a comer a un buen lugar.
—Oh, Rome —se ríe—. No, no tienes que preocuparte de él, yo me ocupo de eso. Lo que tú prefieras.
Sonríe de lado entrando a la cocina que es lo único de la casa que parece nuevo. Hay una taza en el seca-trastes y un plato... Desayunó té con tostada. Nuevo. Es posible que tenga el refrigerador tipo vintage.
—Pero sea lo que sea, quisiera tomar un baño primero por el cansancio del viaje.
—¡Oh! ¡Desde luego! Tengo una tina y sales para el baño —esos brits... Son ultra gays, no van a convencerme—. ¿Quieres beber algo? ¡Oh! No puedes realmente beber nada con alcohol ¿o sí?... ¿Agua? Un... ¿Algo?
—¿Tienes zumo? —se ríe un poco porque le hace mucha gracia como se agobia en un segundo—. Si no, agua con gas está bien.
(Escocia quiere aportar a la conversación que él sólo tuvo sales de baños una vez porque se confundió en el supermercado. Y luego la sopa de sobre sabía raro.)
—Zumo, he de tener zumo... He comprado uno de manzana, que es el que a mí me gusta... En alguna medida, pero luego pensé que... Bueno quizás naranja con champagne podría gustarte. Aunque también pensé que no podías beber eso tampoco y quizás preferías tomar zumo que no fuera de botella —se acerca al refrigerador y sí, hay botellitas distintas de cosas.
(Gales dice que Escocia es un verdadero y absoluto inútil.)
—De manzana está bien —asiente.
—Bien, manzana. Yo... Voy a servirme un whiskey si no te molesta —con lo histérico que estás me sorprende que no te lo hayas servido antes—. Te lo sirvo y voy al coche por tus cosas, quieres... ¿Necesitas algo más? Compré toallas.
—¿El baño funciona como el de casa? —pregunta preocupada, porque no te creas, el de ahí le costó varios días descubrir cómo funcionaba y al jacuzzi no se atreve a entrar sin Roma.
—Ehm... Funciona... Yes, well, la ducha de tu casa funciona normalmente. De hecho, ahora te muestro cómo y te lo preparo si quieres, my love —le sonríe un poco aunque ha de admitir que tenía cierta esperanza de meterse a la tina con ella.
—Gracias —sonríe. Gales le extiende un vasito de zumo y saca unos hielos para su propio vaso, ella lo toma llevándoselo a la boca y dando un sorbito.
—Y... ¿Qué te ha parecido la casa? —la verdad, Galia es que has tenido la suerte de venir cuando ya ha arreglado, si no tendrías que haberte hecho camino porque había alteros de libros en el suelo, y... Bueno en general el triple de cosas.
—Es muy bonita y ordenada, se nota el esfuerzo —sonríe inocentemente, NUNCA NADIE sabrá si eso tenía malas intenciones—. Estoy muy contenta de que me hayas traído.
La mira teniendo la duda justamente de lo bien o mal intencionado del comentario. Le sonríe un poquito.
—Estoy... Me... —aprieta los ojos porque detesta vacilar y balbucear y con todo y todo esta mujer consigue que vacile y balbucee cada dos por tres—. Me alegra a mí también que hayas aceptado venir y quiero que sepas que esta es tu casa. Quizás no siempre esté así de ordenada, pero... Es tu casa, puedes sentirte cómoda y libre aquí de hacer lo que quieras y de venir cuando te plazca.
Se acerca a él para darle un beso y él se deja, poniéndole las manos en la cintura. Nervioso. Aunque después del asunto del bebé ya ha dejado de frenarse a sí mismo de cada cosa y ha dejado de intentar evitar el tomarse esto en serio. Galia le hunde un poco la mano en el pelo de la nuca y tras unos instantes se separa con suavidad.
—Gracias.
Él sonríe un poco entrecerrando los ojos y casi que ronroneando. La chica sonríe también y le da otro un poco más suave esta vez.
—Voy por tus maletas... —susurra.
—Después —le toma de la corbata y tira de él.
Levanta las cejas... Y se olvida de que en realidad lo que quería era servirse el whiskey, sonríe y le briiiiillan los ojos. Si le jala hacia beso, cierra los ojos y entreabre los labios y seguramente se la come. Si tira de él para llevarle al cuarto, va tras ella como pequeño perrito faldero.
De hecho le llevaba al cuarto... o al baño. Va tras ella y sonríe si es al baño, a la bloody tina, porque le tiene de verdad ganas al remojo con Galia, y de hecho es probable que no lleguen del todo a la bañera y se la coma contra el lavabo y ahí va a cargarla de la cintura y sentarla en el lavamanos.
Le besa de vuelta un poco y se separa sonriéndole y levantando las manos, trasteándose el pelo para quitarse las horquillas hasta que queda sólo una que es la que le desmonta todo el peinado y le suelta el pelo en un único movimiento. La cara de BRUTO que pone Gales que la hace reír.
—¿No ibas a preparar la bañera?
—L-La... ¿Eh? —la mira a los ojos y es que de verdad no ha escuchado.
—La baignoire, mon amour —le susurra en francés ahora. Bien, eso ayuda a... Que pierda un poco más la cabeza, idiotizado.
—Oui, Oui... —asiente aflojándose la corbata y acercándose a la bañera —. Baignoire.
Galia sonríe quitándose los zapatos y cruzando las piernas sin bajarse del lavamanos, toma un poco más de zumo, mirándole. Él abre la llave de agua caliente y la mira de reojo más interesando en ella y sus piernas que en el agua en realidad. Se acerca al lavamanos y sonríe de lado.
—Las sales están... —repasada de las piernas —, ahí debajo.
La gala le sostiene la mirada, levanta un pie y se lo pone sobre el pecho/hombro, haciendo un poquito de fuerza, para indicarle que se agache por ellas. Y al británico se le doblan las rodillas un poco, no del peso, sino de la vista y el movimiento. Alguien te trae ganas, Galita. La ventaja es que puede ocultarlo gracias al propósito inicial de agacharse.
—My... Goddess —susurra, acariciándole un poco la pierna.
Ah sí, que tiene que sacar las sales. Se queda un poquito embobado, mirándola en cuclillas en el suelo antes de salir levemente de sus pensamientos y entreabrir el lavabo. Ella sigue el movimiento con el pie donde lo tiene y levanta un poco la otra pierna para que pueda buscar... casi. CASI puedes ver de qué color son sus bragas. Pero no.
Gales saca el jabón del WC que guarda ahí debajo, sin prestar la más mínima atención a eso, seguro de que algo tenía que sacar... Completamente volcado en intentar mirarle el color a las bragas. ¿Serán rojas? O negras...
Ella se revuelve un poco el pelo y decide que este es un buen momento para bajarse una media lentamente. Es que un poco más y babea, mirándole la pierna y sonriendo sonrojadito.
—Si tus piernas son las vías... —susurra y ella le mira a los ojos.
Gales se nos sonroja un poco, porque el piropo que se le ha ocurrido es poco galante. Sonríe igual y traga saliva tratando de sostenerle la mirada y no verle las piernas de nuevo.
—¿Cómo será la estación? —termina la frase de manera casi inaudible. La chica aprieta los ojos y se ríe un poco, aun así está acostumbrada a cosas peores. Hace un gesto para que le dé una mano. Él se ríe un poco también, sonrojándose más —. Perdona el... I... —se la da.
Se la pone sobre el muslo y la guía por debajo del vestido hasta el borde de la media, haciendo que lo tome.
Lo hace, sin entender cómo está tan nervioso, maldita sea, que ya se ha tirado a esta mujer bastantes veces, pero es que está aquí, en su baño y haciendo cosas súper sensuales. Trae el corazón más que acelerado. Le acaricia el muslo y le toma el borde con suavidad, bajándole la media un poco y luego otro poco. Ella sonríe más y le guiña un ojo.
Sube la mano con el jabón del váter, lo pone en el lavabo y se ayuda de las dos manos para bajarle la media, sin poder aguantarle la mirada después del guiño, sonriendo eso sí como idiota.
Levanta más la pierna y estira el pie mientras se la quita, echándose un poco atrás. Y es que le gusta mucho que se embobe y se sonroje y todas esas cosas tan graciosas que le pasan.
Le besa el tobillo y... Es que le tienes idiotizado. Hasta que la bañera empieza a hacer el sonido que hacen las bañeras cuando empiezan a estar un poco más llenas de lo que deberían. Ella sonríe más con el beso y cuando va a acariciarle un poco con el pie... desvía un poco la mirada al oírlo.
Aún no se cae, pero si pretenden meterse los dos... Va a desbordarse.
Gales levanta las cejas al ver que se gira a mirarla y maldice un poco entre dientes el haber dejado el agua tan abierta que parece cascada. Se levanta tomando el jabón del lavabo, acariciándole otra vez y es cuando cierra la llave que nota que no es jabón de espuma el que trae ahí, es jabón con amonio para limpiar la taza. Se sonroja y carraspea.
—¿Qué pasa? —pregunta con el carraspeo.
—Ehm... El... Esto... —se pone el jabón a la espalda y sonríe —. Jabón incorrecto.
—Oh, bueno —sonríe y se encoge de hombros bajándose del lavamanos en un grácil movimiento. Él la mira hacer, acercándose de nuevo para abrir la puerta del lavamanos. Torpe y piensa por un instante que esto le saldría mejor si tuviera encima un par de vasos de whiskey —Tranquilo, mejor ven a ayudarme con la cremallera —le pide apartándose el pelo.
—Espera —pide agachándose de una vez y sacando las sales correctas por una rendijita de la puerta. Un segundo más tarde le tiene acariciándole un poco los hombros y tomándola de la cremallera.
Ella sonríe en cuanto se le acerca de nuevo, Gales se ríe un poco, bajito.
—No sabes lo mucho que... —vacila aún sonriendo un poco —, me gustas.
—Quizás no, pero me hago una idea —levanta un poco la cabeza para besarle por encima del hombro, dejando de que le quite el vestido.
Se lo quita, besándola con delicadeza y pensando, que en realidad, lo que no tiene idea (o quizás sí) es lo nervioso que le pone. Sonríe yendo a... Quitarle el sostén. De hecho, no se lo vamos a decir, pero está usando un conjunto que le regaló Germania en Navidad y que seguramente eligió y pagó Roma nada más que por ver la cara que ponía Germania cuando Galia lo abriera.
Y ya me imagino la cara de Germania.
Deja caer el vestido al suelo y se separa un poquito del beso, acariciándole otra vez el abdomen suavemente con los dedos. Ella sonríe recostándose sobre él y disfrutando del abrazo. Y ahí va él y le mira los pechos... Es decir le mira en general y traga saliva.
Es negro.
—Wow...
—¿Te gusta? Es bastante incómodo pero pensé que te gustaría.
—Todo lo que tiene de incómodo se paga con lo HERMOSA que te ves con él —se humedece los labios y se hace un poco atrás para mirarle el culo de reojo pensando "por favor que sea tanga, por favor que sea tanga"—. My lord... —susurra al verle el culo, SONRIENDO idiotizado—. I l-love it.
Ella sonríe más y hace un poco de postureo. El británico se separa del todo mirándola de arriba a abajo.
—Una... Vuelta —pide casi como una súplica y Galia lo hace, levantando un poco los brazos y haciendo volar el pelo. Gales se humedece los labios y no le queda más que recargarse un poco en el lavabo —. Es peligroso que traigas eso debajo de la ropa...
—¿Por?
—Podría darme cuenta... Y si me doy cuenta —traga saliva y sonríe un poco de lado—, no respondo.
—Ah, estoy segura que no me harás nada malo aunque te des cuenta, eres un caballero —mete la mano a la bañera para probar el agua con los dedos.
—Define malo... —empieza a quitarse la corbata, sonrojándose un poco porque... Ah sí, él es un caballero, sí.
—De lo que vayas a arrepentirte —se pone el pelo tras la oreja y se lleva las manos a la espalda, soltándose el sujetador.
Bien, Gales tiene que sentarse casi en el lavabo para no caerse. Vuelve a poner cara de idiota. De hecho, es que no la ha quitado, sólo la incrementa. Galia se lo quita y luego se lo lanza a la cabeza ¿Quién puede culparle por no atraparlo?
Mete los pulgares en la goma del tanga, echa el culo hacia atrás, marcando más pecho y remueve los hombros haciendo bo boop be doo como Marilyn Monroe, acabando con un movimiento de cadera y otro guiño antes de darse la vuelta, bajárselo y meterse por fin al agua.
Gales se ha quedado sin cerebro, el movimiento a la Marilyn simplemente lo mató. No hay prisa, ella suspira en la bañera disfrutando del agua caliente y mojándose el pelo.
Puede que unos buenos dos minutos más tarde Gales deje de mirarla idiotizado y empiece a pensar que va a ser un problema desnudarse así como esta. ¿No que eras el más cínico de todos, Gales? Nos preguntamos. Gales nos fulmina.
—¿Estás bien? —pregunta ella al cabo de un rato de ver que no reacciona.
—Y-Yes. Yes. Sólo... Yes —sonríe sonrojándose un poco otra vez, quitándose del todo la corbata y colgándola en el gancho de detrás de la puerta. Se desabotona la camisa.
—Mmmm... —sonríe jugando con el agua y mirándole hacer.
—La tina aprueba tu existencia, dice que puedes venir más seguido —se quita la camisa colgándola también y luego la camiseta.
—Me alegro que esté feliz —se ríe un poco.
—Yo me alegro más que ella, te lo aseguro —toma el sostén que ha puesto en el lavabo y lo cuelga con suavidad detrás de la puerta.
—Será porque en realidad he venido por ti y no por ella.
Sonríe más y se quita el cinturón. Levanta las cejas y se sonroja cuando ella le silba y piensa que ha visto demasiadas películas de Marilyn, porque le parece que todo lo que es coqueto. Aunque no se queja.
Vacila un poco porque así tranquilito tranquilito no está. Le da un poquito la espalda y se abre el pantalón. Ella le deja tranquilo un poco al notarle tan incómodo, volviendo a sumergir la cabeza y echándose para atrás el pelo.
Se riñe ligeramente a sí mismo por falta de cinismo, tantos años de entrenamiento en el arte para ahora sentirse cohibido con una mujer. La cosa es que no es una, es ESTA que es muy guapa y sexy y le encaaaanta. Se baja pantalón y calzoncillos según él muy valientemente y... Descubre que no le mira. Se ríe de sí mismo cubriéndose con la mano y acercándose a la tina.
En cuanto ella nota que se acerca le mira de arriba abajo en un segundo y sonríe estirando las manos para que le dé las suyas. Gales se ríe.
—Eso es trampa —protesta un poco sonrojándose más pero descubriéndose igual para darle las manos, ella se ríe un poco también y tira de sus manos para que entre—. Sepárate un poco, para ponerme detrás de ti —pide tirando un poquito de ella y la chica lo hace.
Se mete tras ella sonriendo un poco y destapando la tina para que se vaya una poca de agua antes de que se desborde. Galia se da la vuelta para echársele un poco encima, poco preocupada de si desborda.
La abraza de un lado sonriendo y quitándole un mechón de la cara y ahí la chica sí se acerca a besarle para hacer esto ya. Gales, en un último pensamiento coherente, decide tapar la tina otra vez y que se desborde si quiere.
Es eso o quedarse sin agua, porque en... Está ido del todo. Cielos Galita, me lo idiotizas. A ella le gusta mucho idiotizarlo. Me parece que es ese punto ligeramente cruel que tienen Francia y sobre todo Austria, que lo sacaron de su mamá.
Cada uno tiene al suyo. Galia tiene varios a los que idiotizar, Germania y Gales al menos. Mismo efecto con ambos.
De hecho, a Roma también, pero... sólo que él es más mañoso. Y hay que ir leeeentamente con Galia y él es bastante acelerado. Nunca la deja hacer todo eso, él ya se la está comiendo en cuanto se suelta el pelo. Y además es que parar a Roma es como parar un tren.
Gales le mandaría decir que de lo que se pierde si no estuviera ocupado. Bueno, ahí tienes unos bonitos recuerdos por si alguna vez necesitas inspiración en el baño.
Pues... Vamos a adelantar un poco el tiempo. Que los gemidos y actos completos son propiedad de Francia e Inglaterra... Ah y Roma.
Ya, claro, como que nadie ha oído gritar nunca a Suiza. Quiero recordarle a todo el mundo lo que hacen Rusia y América En CUALQUIER LUGAR Y HAYA QUIEN HAYA. Gracias.
No los gritos en sí, que claramente nadie le gana al suizo y que se MUERE si yo escribo alguna vez un "Ostereich, Mein gott un himmel... Ich... Ah... Ich" *se escucha un bang a lo lejos... Aceite baja a los infiernos tocando el arpa*.
xoOXOox
Gales intenta recuperar el aliento con el cerebro en... Diría yo que en blanco, pero en realidad está en "Galia", con ojitos de corazón. Suave como una sedita. Ella es que ya es suave de normal, creo que en el aprés le lo que le gustan son los mimos... y lo dice como si en el antes no.
Gales... Está intentando jugar con su pelo. Sólo que lo hace de manera excesivamente lenta y suave, tanto que sólo consigue enrollarlo un poquito en un dedo. Le mira de reojo y sonríe y vuelve a decirle sinceramente y de todo corazón, que la quiere y de verdad es un milagro que no le haya pedido aún que se case con él.
Ok, mejor no le damos ideas.
Ella le da unos besitos en el pecho acurrucada sobre él y le asegura que también le quiere. Y Gales le cree... Igual que le creyó a Francia en su momento, feliz y satisfecho con todo esto, mientras le acaricia la espalda con suavidad y le hace corazones con el índice.
Ah, no seáis crueles, ella sí que lo hace. Gracias al cielo, al parecer esta vez es correspondido.
Lo que queremos decir con esto es que no lo duda. Igual que no lo dudaba de Francia, pero en contraste, a pesar de haber jurado no volverlo a hacer nunca, Galia le ha atrapado el corazón y ahí le tienen, queriendo de nuevo igual y sintiéndose felizmente correspondido.
—Tengo... que contarte una cosa —comenta ella un poco con pesar.
—¿Mmmm...? —pregunta entreabriendo los ojos.
—Una cosa un poco triste, pero bueno, no pasa nada —sube un poco a comerle el cuello.
Cierra los ojos otra vez y sonríe un poco a pesar de lo que ha dicho de la tristeza, porque bueno, le gusta que le coma el cuello. Le pone perezosamente la mano en el culo.
—¿Qué cosa triste?
—Fui al doctor esta semana...
—¿Y? —abre los ojos.
—Ya sé que debía decirte antes, pero quería decírtelo en persona... y en realidad es... bueno, no es TAN malo, es algo natural que a veces sucede nada más.
Por un instante, quizás cruel, piensa en gemelos, bajando un poco la mirada para verla de reojo.
—¿Qué cosa?
—No te asustes, no es la primera vez que me pasa pero... He perdido al niño —suelta. Gales parpadea leeeentamente, absorbiendo las palabras.
—Has... —pone una mano en el borde de la tina para incorporarse un poco —, perdido al niño.
Ella se separa un poco mirándole a los ojos desconsoladilla y asiente.
—En otros tiempos seguramente ni me habría dado cuenta del embarazo, pero ahora con toda la medicina moderna...
Varias cosas pasan a la vez por la mente del galés, se humedece los labios y la mira a los ojos. Y luego al abdomen, se le descompone un poco la cara. Era... Un... Alivio. Claro que para serlo, extrañamente... Dolía. Toma aire otra vez.
—No estás... Embarazada ya. No... —traga saliva otra vez en ese mar de sentimientos encontrados, la mira otra vez a la cara.
—Eso es. Siempre pasaba lo mismo, los niños se morían, a veces nacían muertos o morían al cabo de unos días de frío o de ser demasiado débiles y pequeñitos. Sabiendo esto puede que me embarazara aún más veces de lo que creía.
Suelta el aire y le tiembla un poco el labio, extendiendo los brazos y atrayéndola hacia sí. Ella se le recuesta encima.
—Debimos... Debimos alimentarte mejor y... Oh, Galia —susurra cerrando los ojos. Esto era... Justo lo que hubiera esperado que pasara al día siguiente de saber que estaba embarazada.
Pretendía incluso pagar para que esto pasara... Sí, de hecho esto era ideal. No iba a tener que cuidar a un niño quizás ajeno, no iba a tener que pagar la escuela, no iba a tener que soportar a Roma.
Pero algo en todo esto... ALGO, había terminado por hacerle cierta ilusión. Pensar que Galia posiblemente se casaría con él, para ser una familia, hacer la boda y luego... Tener a un NIÑO con alguien, con ella... Ser el padre de alguien, trascender...
—No, no es culpa de la alimentación —se acurruca sobre él haciéndose como pequeñita—. Es... debí contártelo, sucedió muchas veces. Fíjate en todos, tienen seis o siete hijos. Tu madre que arisca como pocas cosas sois cuatro... y yo sólo dos. ¿Sabes por qué? Fue un milagro que ellos sobrevivieran y aun así son muy débiles. Nunca había querido tanto a alguien como a mi hijo mayor... el primero que no se murió en mi vientre maldito o entre mis brazos de frío.
—No digas que tienes un vientre maldito —susurra escuchándola y pensando que seguramente podrían hacerle estudios y descubrir el problema. Le abraza protector y le da un beso en el pelo cerrando los ojos y pensando en lo absolutamente horrible que debía ser que se le murieran los hijos de frío en los brazos. Su primer hijo... —. ¿Es Austria el mayor?
Ella asiente.
—No sé cómo lo conseguí. Y France... France nació muerto, lo sé. Britania fue quien lo trajo al mundo y le insufló la vida de algún modo, no sé cómo. Ella nunca me lo quiso decir, pero sé que así fue.
Le aprieta un poco contra sí, acariciándole los brazos e imaginando claramente a Galia, asustada, agotada, sudorosa y febril, pariendo niños demasiado pequeños, a la mitad del bosque, con su madre igual de cansada y temerosa, haciendo hasta lo inimaginable para ayudarle, para intentar que no se le muriera ELLA, y para salvar a un bebé que seguramente tenía tan pocas probabilidades de vivir que incluso parecía inútil. Odia un poco más a Roma y a Germania por no estar ahí con ella, por no saber más en su momento...
—Creí que ya no pasaría ahora... todo está tan limpio y tan cómodo aquí y todo el mundo sabe tanto de todo que pensé que...
—Debí ir contigo al doctor, my love —susurra —. No debiste pasar esto sin... Sin mí, aunque fuera mother contigo.
—No importa, no pasa nada. Ni siquiera tenía barriga —sonríe un poco.
—Debí llevarte a un mejor especialista, debimos hacerte estudios... Sí que ahora debió salir mejor, sólo... Ay, Galia —mete los labios y aprieta un poco la boca y se queda en silencio un par de segundos. Ella suspira.
—Nada más es una maldición en mi vientre, una bruja me echó mal de ojo cuando era una niña porque me tenía envidia.
Traga saliva y levanta una mano, dándose cuenta ahora mismo que el exceso de agua que tiene en la cara claramente no es agua de la tina.
—Te... Una... What? —pregunta dulcemente y se sorbe los mocos haciendo un sobreesfuerzo porque no lo note. Ahora sabes por qué todos los ancient la llevaban en brazos y la trataban así.
—No llores, mi amor —le mira desconsolada porque es imposible que no note que te sorbes los mocos.
—No, no, no te preocupes por mí —le acaricia la cara y trata de sonreír —. Te quiero mucho y no creo que tengas una maldición... Podemos averiguar qué es.
Ella asiente un poquito y se acerca para que le dé un beso y Gales le besa con suavidad cerrando los ojos y tomándola de la nuca y con el corazón en un puño.
Desde luego, esto hace aun más dramático que Austria no la reconozca. Porque no creo que nunca lo sepa, pero seguramente ella le valora más incluso que Germania.
Seguramente... Es EL primogénito esperado. Cosa que nunca sabrá. El niño que vivió. Sí, el que no se le murió.
De hecho, el tremendamente culpable es Germania. El responsable de Austria haciendo esto, es Germania. No creo que Germania esté muy enterado tampoco de todo esto, pero sí estaba enterado de quien era su madre y nunca se lo dijo, sin que sea necesariamente a la mala. Pero es él el babas que empezó esto.
En realidad, Galia opina que ella quiere a Austria pase lo que pase, lo cual es perfectamente digno de una madre. Galés... Va a consentirla.
Ahí tenéis, un nuevo headcanon sobre Austria. Austria el sobreviviente. The boy who lived. Morenito y con gafas sólo le falta la cicatriz. Claro que ya quisiera Harry Potter ser la mitad de...
Creo que le va mejor el papel de... Snape. O incluso de Voldemort en algunos momentos AEIOU. O "vamos a hacer jabón de los judíos".
Porque el papel de puteado toda la vida, solitario, nadie le entiende, siempre fue bueno le pega más a Suiza. Me hago el malo pero no lo soy.
Francia y España para el papel de James y Sirius dejan a Prusia de Remus, tiene los colmillos de hombre lobo, a Hungría le pega bastante Tonks.
Prusia y Austria me gustan más en el papel de Thor y Loki. Ese les queda PERFECTO… Es que Loki…
Ahora, una reflexión para Suiza: si Austria fue el bebe más fuerte de Galia... imagina como eran el resto. Austria era el fuerte... AUSTRIA… los otros eran... Flores.
Y Francia "Resucitado" por Britania. Yo creo que lo que hizo Britania fue darle calor y una palmada en el culo pare que llorara. O quizás hasta un hechizo.
Gales pensó que habían ayudado las hadas. O el hechizo y por eso ahora Francia tiene siempre buena suerte y parece un hada. Sí y Campanilla estaba con él. Quizás fue Britania quien mandó a campanilla a cuidarle y Francia ni enterado.
Dice Inglaterra que entonces Roma le enseñó a usar su magnetismo y ahí los jodió vivos a todos. Haber visto con más dulzura a Francia la "primera vez", que era lo que le faltaba al niño hada, la puta flor en el culo.
Siendo que Galia ya había muerto y que Francia traía a campanilla…
Es que iba a poner a Roma a hacerlo, pero me pareció que esto era más cosa de Britania, además, así mantenemos la historia que Roma le contó a Francia sobre cuando les vio por primera vez a los dos.
Me gusta además esa relación de Britania y Galia. Las hace más... Entrañables y dependientes una de la otra.
xoOXOox
El teléfono de Escocia vibra habiendo recibido un mensaje. Saca una mano de debajo
de las sábanas y los cojines y la ropa que hay tirada por encima de la cama hasta alcanzarlo, de hecho debe ser hasta la noche NOCHE. O en la madrugada o... Quizás de hecho sea unos días después a una hora random.
Lo mete bajo las sabanas con él abriendo un ojo para mirarlo. El mensaje es de Gales y sólo dice "Perdió al niño..."
—Ugh —protesta cayéndosele el teléfono y cerrando los ojos.
Y ya está. En realidad sólo quería contarle, le pareció que... Bueno, debía contarle a ALGUIEN. Escocia quisiera llamarle, pero se queda dormido. Seguro le llamará cuando se despierte.
Y seguro le contesta muy... "Ah, sí, bueno... Ella estaba triste *yyoestoyperfectoaquinopasanada*, en realidad fue mejor, la madre naturaleza se encargó de todo".
A pesar de todo, Gales y Escocia son bastante parecidos en sus diferencias, no crees? ¡No te olvides de agradecer a Josita su edición!
