Suiza traga saliva, muy... Pero muy agobiado. Se pega contra la puerta y mira la puerta del baño. Debería hablarle a Liechtenstein. Sí, debería hablarle AHORA. De la puerta del baño sólo se oye el agua correr.
Saca el teléfono, y piensa en lo que le ha dicho Inglaterra sobre los roces y las cosas incómodas... ¿Quería a Lili testigo de eso? Más malentendidos aún, seguramente, derivarían de eso. Aunque todo el mundo sabe que un procedimiento médico de esta índole sin enfermera era simplemente idiota, Galia podría demandarle. Aprieta los ojos para sí con semejante pensamiento estúpido. Y se corta el agua.
"Basta. ¡BASTA DE ESTUPIDECES!" Se riñe a sí mismo mentalmente. Iba a hacer esto de la mejor manera, la más profesional y la más rápida y precisa. Diez minutos después de que saliera Galia debía de estar él ya fuera de...
—Ahh! —chillidito apanicado al oír el agua detenerse. Se tapa la boca y se sonroja tres veces, dando un pasito atrás. HISTÉRICO se acerca a la cama y como buen soldado la tiende en plano en menos de un minuto, quitando las almohadas y acomodándolas en el sillón.
Galia sale de la ducha y se envuelve en un albornoz, se toma un rato secándose y arreglándose el pelo... e incluso maquillándose un poco.
Suiza abre su maleta sacando una charola y un par de bolsas de plástico con instrumental limpio y esterilizado que ha traído de casa, del maletín saca una linterna para ponerse en la frente, una bolsa de guantes estériles, un par de toallas... Y les juro que mira a la puerta del baño con terror cada... ¿cinco segundos? Quizás exactos. En silencio... Tratando de mantenerse ocupado.
Galia se lo toma con caaaaaalma. Mientras Suiza se esfuerza en pensar que Galia no es TAN bonita. No tiene por qué ponerle nervioso. Organiza el cuarto... Recoge una blusa de Galia del suelo, se sonroja... La dobla perfectamente y se sonroja más. La pone encima de la mesita de noche. Prende todas las luces, carraspea. Mira su reloj y tiene una idea brillante.
"Tu madre aún no sale del baño... Es peor que tú". Le manda a Austria... Y luego piensa que seguramente Austria no ha traído siquiera el teléfono. Se riñe otra vez a sí mismo, cierra los ojos, se sienta en el sillón, tamborilea con los dedos en la mesa... Mira el reloj OOOTRA vez.
Y la puerta por fin se abre con una nube de vaho. Suiza se pone de pie de un salto y se le cae el teléfono al suelo... Mira a la puerta como si de ahí fuera a salir un DRAGÓN, pero nada más aparece ella en albornoz, sonriendo.
—Allô.
—Ah... —la mira... Y piensa que es tremendamente bonita, quedándose sin aire un segundo —. A-Allô.
—¿Cómo estás, Suisse? —se acerca a él.
—E-E-Estoy bien, merci... —balbucea sonrojadito dando un pasito atrás, chocando con el sillón y cayéndose sentado —. Esperándote.
—Ah, espero no haberte hecho esperar demasiado —se acerca para darle dos besos y él se repega contra el sillón dejándola hacer, un poco inmóvil.
—Podría haber... Sido pe-peor.
—Cymru me dijo que habías llegado, no sabía que sería tan pronto —sonríe un poquito separándose de nuevo, tomándose de las solapas del albornoz. Suiza toma aire otra vez cuando se separa y la mira sonrojándose un poquito más pero haciendo un sobreesfuerzo por salir del encandilamiento.
—M-Me has pedido que viniera pronto y... He-Hemos llegado con rapidez —responde agitando un poco la cabeza. Carraspea—. Cómo has, Ehm... Han... Estado.
—Ah, oui. Estoy... confieso que estoy nerviosa y un poco asustada.
—En realidad es un procedimiento simple. ¿Quieres que te explique lo que va a pasar? —Bien. Eso es más simple. Se sienta bien en el sillón.
—No estoy segura... luego estas cosas cuando me las explica Rome no acabo de entenderlas y me las tiene que explicar varias veces... y a veces me dan aprensión...
El helvético parpadea porque explicarlo era más simple. No entiende tampoco cómo va a dejar que le haga algo que no tiene idea qué es. Gente rara.
—Ehm... Bueno. Es simple y creo que si te relajas bastante, no dolerá.
—Yo confío en ti —sonríe. Él se humedece los labios.
—Merci —carraspea —. ¿Empezamos?
—Espera... ¿puedo pedirte un favor? —se agobia un poquito. Suiza parpadea. ¿Otro?
—P-Pues... —la mira —. Oui?
—Quizás te parece raro pero... ¿Puedes primero darme un beso, si'l vous plait?
La cara de ASOMBRO... Es épica.
—Es que... los besos me ayudan a sentirme querida y si siento que me quieres me es más fácil relajarme y confiar en que no me harás daño.
—P-P... —parpadea otra vez con la bocota abierta.
—Si'l vous plait... —le mira desconsoladita. Es tan linda... Y la cara que pone...
—U-Un... W-Wales... —señala a la puerta.
—Non, ya sé que él me quiere, pero no es él quien me hará eso, eres tú... me ayudaría saber que tú me tienes algún afecto.
—Yo... Vine desde Bern... —se sonroja.
—Yo lo sé, ¿cómo fue tu viaje? —pregunta al notar que no se lo ha preguntado. Parpadeo parpadeo suizo.
—Bien, merci —se revuelve un poquito pensando aún en el beso.
—¿Y cómo está mi hijo?
—Tu... ¿Tu hijo? Österreich! Bien. Abajo, esperando a que terminemos —desvía la mirada del todo cuando habla de Austria.
—¡Ah! ¿Ha venido? —sonríe—. ¡Qué alegría!
Suiza le mira de reojo sintiéndose un poco mal con ese comentario. Es decir, acababan de discutir por Austria aún queriendo que le llame "Galia" y ella tan linda y sonriente porque había venido.
—Es... Me alegro que te alegre —sin sonreír. Pero ella sí sonríe más.
—Luego bajaré a saludarle, France está también aquí.
Él asiente pensando que Austria no estará en lo absoluto interesado.
—Oui, me dijo England —asiente y tamborilea un poco los dedos, sin poder relajarse —. Quizás pasaremos unos días aquí.
—¡Ah! ¿De verdad? —sonríe más ilusionada—. ¡Es raro tenerles a los dos juntos!
—Quizás podrías intentar hablar con él un poco en estos días... Podríamos comer, contigo y con Wales —suspira.
—Seguro —asiente encantada.
—Quizás pudieras... —vacila y luego piensa un poco más en no meterse demasiado —. Convivir más. Sin France. Creo que eso basta.
—¿Sin France?
—Oui. Convivir con Österreich tú, sin France —se encoge de hombros —. Volviendo a nuestro tema...
—Ah... ¿Te has pensado lo del beso?
—El beso. ¿De verdad es indispensable?
—Es que... No es ningún secreto que tú me gustas, me sería más fácil desnudarme también.
—Q-Que yo te... ¿te qué?
—Que me des un beso —explica pensando que se refiere a eso. Es que Suiza no lo puede creer, se revuelve un poquito.
—¿Si te doy un beso no le dirás a nadie?
—Oui. Si quieres será nuestro secreto —propone y el suizo se revuelve un poco.
—Cierra los ojos.
Ella lo hace. Suiza traga saliva y piensa que con tal de que esto se acabe... Se levanta sin tocarla, mirándola. De verdad, DE VERDAD es hermosa. Una muy buena mezcla entre Francia y Austria. Se sonroja.
La gala levanta las manos buscándole a tientas, debe encontrarle frente a ella. Mueve las manos sobre su pecho hasta su hombro y a tomarle de la nuca, se le acerca hasta quedar a unos centímetros dejando que él haga el recorrido final.
Suiza abre los ojos PARALIZÁNDOSE porque él pretendía darle un beso en la mejilla. Traga saliva sin saber qué hacer. Al notarlo, ella presiona un poco más acercándose hasta que le roza los labios con los suyos.
Suiza TIEMBLA y cierra los ojos... ¿Alguien ha pensado que esta mujer no le gusta? Ella. Ella lo piensa. De hecho puede que se lo diga. Por ahora, Suiza escucha su corazón en sus oídos, intentando con todas sus ganas aguantar con estoicismo, por completo a merced de Galia.
—Ya sé que no me ves de esta forma pero tú fuiste quien me gustó antes que Cymru —susurra esperando que se mueva.
—Yo... Yo... —es que le gustas, después de Austria... Quizás tanto como Francia, Galia. Le gustas más que Roma—. Tú eres muy... —tiene un escalofrío porque al hablar sus labios rozan los de la gala y no está seguro de que no se le vayan a doblar las piernas.
Y es imposible, de verdad imposible, que no ceda un poquito haciéndose hacia ella buscándole casi imperceptiblemente. Ella mueve los labios sobre los suyos apretando más y dándole el beso por fin, ayudada de la mano en su nuca.
Entreabre los labios y aunque tiembla, muy, MUY tímidamente saca la lengua y busca, roce, profundidad, seguramente... busca un beso de Austria. Porque le tiene súper entrenado... Para recibir tienes que dar.
Así que ahí va ella, que si tiene cierta suavidad y languidez pero no es Austria. Por lo menos se siente mucho más tranquila y puede que hasta se quite el albornoz mientras la besas. Es que así es más fácil…
Suiza ronronea, cerrando los ojos y pensando que esto que está haciendo está maaaaaal... Y es distinto a Austria pero a la vez noooo... Pero se siente bieeeen y no deberiiiiia. No es un beso tan corto como debiera, pero... Bueno, Suiza sube un poco la mano y cuando va a enterrársela en el pelo nota claramente que NO es Austria. Austria. AUSTRIA. Sonrojado, temblorino y con mucho esfuerzo se separa sólo un centímetro un poquito de golpe.
No, no ha notado aún que se ha quitado el albornoz. Al notar que se separa, Galia considera que ya hay suficiente y se separa también con mucha más naturalidad.
—Whhhwawa... —balbucea ultra sonrojado mirándola a la cara... Y luego bajando la vista.
Galia parpadea y cuando nota que baja la vista se sonroja un poco y hace ademán de cubrirse así tipo el nacimiento de Venus porque... no está haciendo esto para seducirle, de verdad. El problema es que estás seduciéndolo aunque no quieras, y aunque él no quiera tampoco.
—Ihhhh! —suelta abriendo los ojos como platos... Dando un paso atrás y cayéndose en el sillón sentado... Y sube los pies, se impulsa hacia atrás, sin dejar de mirarla, da un salto y se cae de culo detrás del sillón, escondiéndose. Galia levanta las cejas con todo ese movimiento.
—Suisse? ¿Estás bien? —se acerca un poco.
—Tutu... tututu...
—Lo siento, no quería asustarte —toma el albornoz y vuelve a ponérselo un poco preocupada—. Pensé que así sería más fácil...
—¿Fácil? —la mira hacer escondido aún. Aprieta los ojos —. C-Cómo... Tú... Estabas...
—Pues tengo que desnudarme para que hagas eso... tampoco es fácil para mí que me veas pero habrá que acostumbrarse, digo yo —explica y se agacha un poco, sacando la cabeza por encima del sillón para verle.
No se entera porque tiene los ojos cerrados, riñéndose a sí mismo. Era SU SUEGRA, aunque guapísima, y esos pechos y... Se da cuenta que le ve cuando está ahí, cerca otra vez y pega un saltito ahora poniéndose de pie.
—No n-necesitas desnudarte del... Todo.
—Es que el albornoz da un poco de calor —confiesa. Él parpadea incrédulo.
—E-Es calientito —es lo ÚNICO que se le ocurre decir. Ella asiente y sonríe.
—Voy a volver a quitármelo, más lento esta vez, ¿vale? —se toma de las solapas del cuello y lo abre haciendo que le caiga de los hombros.
Su cerebro pelea... Porque una pequeña parte le dice que SÍ QUE QUIERE que se lo quite. ¡Es la ocasión! A la otra parte no le hace caso, demasiado ocupado en mirarla con cara de idiota y sangrar un poquito por la nariz.
Ella lo hace resbalar por los brazos hasta que cae en el suelo, sin mirarle. Y dirás lo que quieras, Galia... Esa cara que te pone es de completa lujuria, aunque intenta que no la sea con TODAS SUS FUERZAS. Traga saliva.
Se pone una mano sobre el vientre y se acaricia a sí misma hasta el muslo para resistir la tentación de cubrirse, abriendo y cerrando los dedos nerviosa, mientras se acomoda el pelo con la otra.
—Y... ¿Y ahora?
¿Le das diez segundos para recuperar el habla?
Perdónala, ella también está nerviosa, porque además le mira y piensa que se parece bastante a Germania y le gusta... y esto es de algún modo un poco excitante. O sea, siempre lo es quedarse desnuda frente a un hombre que notas claramente que te desea, más si además ese hombre te gusta y a pesar de todo sabes que está prohibido. Aunque no quieras eso lo hace aún más atractivo.
—A-Ahora... Ahora... —trata de calmarse y no verla de arriba a abajo. Carraspea un poco y se sonroja más apartando la cara apretando los puños —. Vamos a la cama.
Y no creas, sabe que le va a hacer algo, algo ahí. No tiene ni idea de qué pero las cosas que le hacen los hombres ahí... bueno, por algo no quería que estuviera aquí Gales.
—Esto es un procedimiento médico —susurra... Para sí.
—Vamos a la cama —repite en quizás la frase más ambigua y desafortunada que podías elegir, Suiza.
—Voy a... Lavarme —susurra Suiza sonrojándose más si es posible con esa invitación, metiéndose al baño sin cerrar la puerta a sabiendas que si la cierra, no va a querer salir luego.
Ella sonríe y se sube a la cama, gateando hasta el centro y tumbándose haciendo un poco de angelito en las sábanas intentando ocuparla toda. Esperándole y si nunca había usado esto como una fantasía, bien se daba cuenta ahora que funcionaba a las mil maravillas y ya no estaba todo tan sequito como debería. Debió hacerlo con Gales antes de que se fuera porque seguro Suiza lo va a notar. Se sonroja un poco pensando en eso.
Suiza se lava las manos y mete la cabeza al agua helada, sale como un pato del baño... Y ha tenido que acomodarse ahí debajo. Justo cuando ella valoraba la idea de ir a por un pañuelo de papel y deshacerse de la prueba del crimen... pero no es el caso.
—Allô —sonríe cuando vuelve—. ¿Tengo que tumbarme o... cómo quieres hacerlo?
Suiza traga saliva. No ha mejorado la vista... Cielo santo. Sí se ve espléndida.
—Túmbate. Y te pondré unas toallas debajo de la cintura para elevarte más.
—Ah —se incorpora un poco de golpe sosteniéndose con los brazos—. Están ahí los cojines —señala la silla donde él los ha puesto. El suizo traga saliva y se acerca a ellos.
—Esto... —Tenía que tocarla. TOCARLA. Se acuerda de Inglaterra y lo que ha dicho de los roces —, tengo... Que entrar por el canal vaginal.
—Quoi? —pregunta sin entender esas palabras, ayudándole a acomodar los cojines. El chico la mira hacer sin querer tocarla.
—Tienes que doblar más las piernas y... —pausita —, abrirlas bien.
—¿A-Así? —traga saliva y lo hace —. Cielos, estoy nerviosa —si tú estás nerviosa... A Suiza le tiemblan hasta los calzones.
—Oui... Yo... Tú... —traga saliva —. Ci-Ciérralas.
Lo hace, juntando las rodillas. El helvético se pasa una mano por el pelo y toma aire.
—¿Estás muy nerviosa?
—Bueno... un poco. ¿Por?
La mira... Tan mona y guapa e inocente y... Es que no sabe qué querría hacer con ella. Aprieta los ojos y le da la espalda yendo a entretenerse con el instrumental.
—Relájate.
—Es que... No pienses mal de mí, pero es que esto es un poco excitante —confiesa.
Y a Suiza se le cae algo a la charola con un CLINGGGG. Porque... Joder. Es que ya bastante es que fuera SÚPER excitante para él cuando NO DEBÍA. ¡¿Sino que ELLA estaba excitada?!
—Quiero decir... estoy intentando no verlo de esa forma pero nada más estoy aquí, desnuda y... tú me gustas y... es una zona muy sensible de mi cuerpo que normalmente... —explica avergonzada.
—N-No digas que yo te gusto —susurra en suplica.
—Cielos —se cubre la cara con las manos, sin oírle—. Nada más no pienses mal.
—No pienso mal, es que... —agrega con voz gravecita, mirándola de reojo. Galia sigue con las manos en la cara y él la mira un poquito desconsolado por un instante, girando hacia ella con la charola —. Sólo... Sólo es un procedimiento médico, no tienes que decir que yo... Nada.
—¿Que tú...? —le mira entre los dedos.
—Que yo a ti... —sonroooojo. Traga saliva.
—¿Ajá? —le mira. Suiza carraspea y desvía la mirada.
—¿Por qué dices esas cosas? —medio reclama poniendo la charola a su lado.
—Porque estoy nerviosa y son verdad y me preocupan porque no quiero que pienses mal. Y...
—¿Pensar mal cómo? —la mira con el último "y".
—Pues que es lo que no es —responde sin añadir al "y...". Suiza la mira... Y se sonroja más aún.
—E-Entiendo, no... Yo sé que eres mi suegra, obviamente y... Y eso —balbucea.
—Es que... oui. No quiero que mi hijo me odie más ni que Cymru se ponga celoso y se preocupe. Pero creo que yo también te gusto y pienso que si hablamos al respecto quizás sea más claro y menos incómodo, porque creo que tú también podrías estar pensando en esto como algo excitante.
La mira con la boca abierta.
—Q-Q-Quoi?! Non! —se sonroja, mano a las regiones vitales. Le da la espalda, aaatrapado.
—Oh... bueno —aparta la mirada y se muerde un poco el labio—. Entonces es nada más que... bueno, si mi cuerpo reacciona cuando me toques, no interpretes cosas extrañas, es que no puedo controlarlo.
Traga saliva y la mira de reojo... No es como sus hijos. No se está burlando de él, de hecho incluso... ¿Acaso le ha creído que de verdad no le parece excitante? Y está incómoda, y le ha dicho de hablar de ello para estarlo menos. Vacila un poquito y aprieta los ojos.
—Eres muy bonita —suelta en un susurro. Ella le mira de reojo—. E-Eres la chica más... Guapa. Y-Y... Es que es... Claro que es incómodo e i-imposible no... —sigue cada vez más sonrojado, deja la frase a medias flotando en el aire. Galia sonríe un poquito y él se pasa una mano por el pelo—. Yo soy un hombre simple —declara—. No quiero ningún problema. Sólo quiero ponerte el DIU y que esto termine —Suiza, el hombre de las mil palabras... Al mes.
—Quizás sería más fácil si me hablaras de otra cosa.
—Eh... ¿Yo? No soy muy bueno para hablar —vamos a confesar que con la idea de hablar de algo más se relaja un poco. Quizás ella podría contarle algo neutral mientras él le ponía las manos AHÍ y evitaba a toda costa cualquier roce. En unos pocos minutos habrían terminado.
—Nunca me has contado cómo es que empezaste a salir con mi hijo, cuando erais pequeños erais como hermanos con Germania, ¿no? ¿Qué pasó? —propone. Hablemos de algo incómodo... Vale.
—Tu hijo se convirtió en un insoportable y soberbio individuo que pretendía ordenarme y mandarme como si fuera su criado.
—Oh... —susurra un poco decepcionada, esperando que empiece—. ¿Por qué?
—Por inútil —se encoge de hombros —. Cada vez hacía físicamente menos y yo hacía todo eso que él no hacía, lo que incluía lavar, recoger, traer, ir... Era su recadero... —toma la charola otra vez y la acerca al borde de la cama y toma un guante de látex para ponérselo — Aunque él estaba tomando el control de las cosas que vater ya no podía hacer y peleándose con Preussen. Cada vez nos gritábamos más y hablábamos menos. Al final, no soporté más...
—Oh... qué triste —con pena. Suiza la mira y desfrunce un poco el ceño.
—Pasaron muchas cosas difíciles entonces. Vater no estaba ya y yo me había ido y no pretendía volver, pero... Mis tierras eran así —hace un gesto con la mano de algo pequeño mientras se pone el otro guante—, y ellos eran enormes. Hacía lo posible por ser autosuficiente, pero había inviernos que era imposible. Y... Tu inútil hijo estaba enfadado también, al parecer le pareció ofensivo que yo no quisiera ser su sirviente... Así que me hacía la vida imposible cuando bajaba de la montaña.
—¿Cómo? ¿Qué te hacía?
—Me trataba peor que a sus sirvientes, decía que olía mal, me llamaba cabrero... Me hacia enfadar por gusto —niega con la cabeza y chasquea los labios tomando el espéculo, extiende una mano hacia ella haciendo un gesto para que le dé la mano —. Ahí aprendí que no podía confiar en nadie y que cada uno está completamente solo. Ese punto que preguntas... Sobre cuando dejamos de ser hermanos, fue justamente ahí.
Le toma de la mano apretándosela con toda esa historia. Suiza levanta las cejas descolocado con el apretón empático que no esperaba. Parpadea y mira sus manos.
—Oh. Non, non... Toma esto —le acerca el especulo para que lo tome.
—¿Qué es esto?
—No lo mires. Sólo abrázalo un poco y entíbialo con las manos —pide y le pone una mano en el tobillo —. Yo suelo tener manos frías.
Galia lo hace tal como le ha pedido. El suizo la mira y traga saliva porque aunque se ha relajado un poco con la historia aún falta lo más complicado. Le pone una mano en la rodilla y se sonroja otra vez.
—Puedo... Abre un poco las piernas —pide. Ella traga saliva y lo hace un poquito.
—Suisse...
Él parpadea y la mira a la cara, notando una vez más lo BONITA que es, y lo jodidamente sexy que se ve en la cama. Carraspea con las orejas rojas.
—O-Oui?
—No quería pedírtelo, pero... creo que me sentiría menos violenta si... llevaras menos ropa tú también.
¿Recuerdan que Suiza ya se había tranquilizado?
—Quoi?
—No hace falta que te desnudes del todo pero...
—¡No voy a desnudarme del todo! —chillidito histérico, manos en las regiones vitales.
—No, no... No hace falta. Nada más puedes... ¿ir con el torso descubierto?
La mira con el ceño fruncido, tratando de encontrar el brillo de burla o malignidad de Austria (Ehm y Francia) en sus ojos. No lo hay.
—No haría esto más... ¿Sexual?
—Es que... estoy muy desnuda y tú muy vestido y me siento vulnerable.
Recuerda a Roma quitándose la ropa por Britania y piensa que todas estas personas están bastante locas. A él claro que le hace sentir vulnerable estar desnudo con Austria vestido. Pero con AUSTRIA. Aún así. Joder. Como le mira con esa mirada tan clara y limpia... Se parece en algo Liechtenstein a ella. Traga saliva y se saca la camiseta negra por la cabeza.
Galia levanta las cejas y hay que decir que se lo come un poco con la mirada, sin estar segura ahora que haya sido una buena idea.
—Oh, la la... —susurra.
Ya, claro que no es buena idea Galia. Suiza... Se sonroja rascándose un poquito el brazo. Ella cierra las piernas y se incorpora un poco más acercándosele con la mano tendida hacia él.
—Mira como... estás fuerte como tu padre...
El suizo se pasma y la mira hacer con pánico hacia la mano como si fuera a quemarle o algo. Aún así no se mueve ni se quita.
—H-Hay que... Entrenar... —y eso es todo lo que dirá.
Ella se la pone con suavidad sobre el pecho y le acaricia en un gesto muy parecido a lo que hace Austria, provocado que se le ponga la piel de gallina al helvético, ipso facto y tenga un escalofrío.
—Estoy pensando que... quizás... Es que te ves realmente bien —vacila.
Es que no sé cómo esperas que reaccione, Galita, pero estás desnuda, le estás TOCANDO y diciendo que se ve realmente bien. Un poco más de sangre ocupada en el sonrojo y puede que no tenga que preocuparse por sus regiones vitales reaccionando. Ella se muerde el labio y le mira a los ojos.
—Quizás deberías volver a ponerte la camiseta, lo siento, es que el cuerpo de los hombres... no pensaba que estuvieras tan fuerte —sigue pasándole los dedos igual.
Le hace unas pocas de cosquillas y mete levemente el abdomen marcándose un poco más, mirándole la mano... A ella... A sus pechos. O sea joder Galia, si te ves tú a ti misma, ¿verdad? Los segundos de inmovilidad del suizo se hacen laaaaargos.
Y se recrea un poco más hasta que nota como es que se alegra de que le haga eso que hace, se echa para atrás quitando la mano.
—Oh, lo siento —se cubre la cara con ellas.
Suiza, que se ha alegrado de todo el movimiento de manera especialmente incomoda en el sur de su territorio... Ejem... Se da la vuelta de golpe y se tapa la cara también apretando los ojos en completa tensión. Podrías verle ahora los músculos de la espalda y los brazos perfectamente bien marcados. Lo hace por entre los dedos, no te creas.
—Galiaaaa —protesta tallándose los ojos —. Va-Vamos a hacer esto, ¿vale?
—Vale, vale... perdona.
—Tú estás completamente desnuda —suelta.
La gala aprieta los muslos y creo que las piernas de Suiza se fusionarán en una sola como las apriete más. Ella se humedece los labios. El suizo toma su camiseta y se la pone... al revés.
—Oh... —un poco decepcionada. Él la mira de reojo.
—Was? Tú has dicho que me la pusiera... Además es incómodo y tú... —le da un repasón sin poder evitarlo.
—Vale, vale... no pasa nada. Cuéntame más sobre Austria —trata de cambiar de tema.
—Tú. Cuéntame a-algo de Wales, mejor —propone—. ¿Dónde dejaste el espéculo?
—A-Aquí... —lo busca por encima de la cama.
—Entíbialo otra vez —pide y de los nervios... El uso del lenguaje no mejora —. Es mejor si te lo meto más caliente.
Galia aprieta los ojos… Sí, Austria lo regaña a veces con razón, Galia, no creas que no.
—V-Vale —lo hace igual.
—Voy a hacerte primero una exploración —indica tratando de concentrarse otra vez, pensando que esta agonía no puede ser infinita. Se gira y arrastra la silla del escritorio del cuarto hasta ponerla frente a ella.
Ella asiente.
—Dobla las piernas otra vez y levanta las caderas —pide para organizar las almohadas de nuevo... se humedece los labios sentándose en la silla pensando que esto es más cómodo que ponerse en cuclillas —. ¿Estás bien?
Galia asiente de nuevo y él le ayuda a acomodarse las almohadas, sin tocarla en lo absoluto.
—¿D-Donde conociste a Wales? —pregunta lo primero que se le ocurre... Sin pensar, obviamente.
—Yo le... Britania...
—¿Ajá? —Se concentra, mirándole las piernas y levantando una mano para hacer que y separe las rodillas.
—Ayudé a Britania a que le pariera.
Suiza parpadea... Levanta las cejas y la vista hacia ella.
—Oh... —susurra sin saber qué más decir por un par de segundos —. ¿Y cómo e-empezaron a salir?
—Fue en Navidad... no me hagas pensar en él mientras haces eso, o irá a peor —incómoda. Suiza le quita la mano de la rodilla de golpe y la mira en pánico. Sí chico listo, no lo habías pensado.
—¿Q-Qué quieres saber de Österreich?
—¿Qué pasó después de que dejarais de hablaros?
La cosa es que... No es que no sepa cómo moverle... O cómo hacer que haga cosas. De hecho, más fácil de lo que creen le acaricia la pantorrilla intentando tranquilizarla. Ha tocado a Austria lo bastante, muchas veces no sexualmente. También ha curado a Austria. El camino lo sabe, aun estando nervioso. Acerca la mano ahora sí a la zona en cuestión, traga saliva y aspira un poco antes de soltar el aire.
—Aprendí a vivir sin él.
—¿Cómo?
—Esto puede ser incómodo —susurra metiendo dos dedos con suavidad a la zona en cuestión, pensando en los PUTOS ROCES. Galia aprieta los ojos porque Suiza debe notarlo todo muuuuy húmedo.
Y esta vez, a diferencia de con Britania, sí que lo nota. Y se SONROJA asegurándose a sí mismo que esto es por mencionar a Gales, sí, es su estúpida culpa. E Inglaterra... Vestido de diablito, se le aparece encima del hombro derecho. El corazón y la respiración de ella se aceleran.
"Nadie va a notarlo, sólo es aprovechar un poco... ". Comete el error, y digo error porque va a arrepentirse, de rozarle suavemente la... Zona apropiada con el pulgar, sin mirarla, sonrojado y sudoroso.
Y ella suelta un gemido sin poder evitarlo y Suiza no grita "Ahhhh!" Y sale corriendo porque dios es grande. Quita la mano de golpe y va a tener pesadillas con el gemido por los siglos de los siglos.
—Lo siento, lo siento —se cubre la cara, avergonzada.
—Es... Yo... Ha... P-Perdón. Perdón —aprieta los ojos arrepentido, fulminando a Inglaterra-diablito en su hombro y pensando que si tuviera que levantarse ahora mismo no podría con lo felices que tiene las regiones vitales. Joder. Austria. AUSTRIA. Él era un hombre simple, ¿verdad? Aprieta las piernas, frunce el ceño y extiende una mano hacia ella —. D-Dame el... Dame...
—Non, non, sí es mi culpa... es que... tú me gustas y habría intentado algo contigo si no estuvieras con mi hijo y no puedo evitarlo...
Maravillosa escena en la mente de Suiza... Es que... No sabe qué decir. La mira con la boca abierta incrédulo porque... ¿Es que cómo dice esas cosas?
—Si'll vous plait, sigue... háblame de algo y trataré de aguantarme y pensar en otra cosa.
Suiza se lo piensa... En pánico. Es decir, "querido, vas a meter la mano ahí otra vez y va a gustarme, pero voy a intentar que no lo haga". Está a punto de la implosión. ¡Con lo bonita que es! Y lo suave y delicada... ¿Y por qué le iba a gustar él? Ella tenía a Roma y a Gales... ¡¿Y le gustaba él?! ¿De verdad? Se humedece los labios estirándose un poco y poniéndole las manos encima de las suyas y... Del instrumento médico.
—Österreich entonces se casó la primera vez.
—A-Ajá... —asiente y traga saliva dándole lo que necesita.
Traga saliva, lo acerca a la zona en cuestión notando que no necesita ningún lubricante para deslizarlo a la posición correcta, rezando porque sea lo suficientemente incómodo y desagradable como para que deje de ser sexual. No me parece que vayas a tener esa suerte. Galia contiene el aire en un evidente esfuerzo para no gemir de nuevo.
Claro, si ahora te la estás *CENSURED* con un especulo. Eres un sucio Suizaaaa. Aprieta los ojos y tiembla un poquito, maldiciendo a Galia por gustarle... Suda y traga saliva abriendo el especulo.
—¿Y qué pasó en la b-boda? —susurra con voz ronquita. Voz que además suena súper sexy.
—F-Fui y le lancé una flecha a su carro —se agacha un poco y prende la linterna y vuelve a aspirar un poco... Grabándose en la cabeza el olor a Galia excitada. ¡Suiza por dios, no hagas eso!
—Oh... —responde a la flecha y suena más a otra cosa, sin enterarse de si la huele o no, gracias al cielo. El doctor Suiza mira por ahí, sin notar nada extraño... Con la cabeza donde la tienes dudo que notaras un elefante si lo vieras ahí dentro...
—Quizás sólo buscaba que... Me buscara. No lo sé. Luego pasaron muchos años de llevarnos mal, y... Trabajos de... Me pagaba para que matara o peleara... —resopla un poco con ese sonido, TREMENDAMENTE incómodo... Pensando que esto tiene que acabarse YA. Quizás le duela que le ponga el DIU y deje de estar así de excitada. Se mueve un poco y creo que le roza torpemente de nuevo.
Y no puede evitar soltar otro e intentar cerrar un poco las piernas, lo que deriva en apretar un poquito a Suiza con las piernas... Que a su vez tiene que apretar un poco SUS piernas.
—E-Es... No... —¿vas a pedirle que no gima? ¿En serio? Lo antes que puede las relaja aun respirando agitadamente—. No voy a lastimarte —es lo único que se le ocurre decir. Bien. Útil. Eso es lo que le preocupaba a Galia, seguro. La chica asiente—. ¿Estás... bien? —pregunta a otra vez en esa misma obsesión y preocupación con la que le suele preguntar a Austria.
—Oui... oui... —susurra.
Suelta el especulo con una mano e intenta pasarle debajo de la pierna de Galia a la charola, le roza completamente el muslo al hacer ese movimiento, con su característica suavidad.
—Voy a necesitar que levantes un poco más las piernas...
Un segundo para que pueda respirar. Suiza se humedece los labios.
—Veo todo bien, Galia... —diagnostica. Galia asiente con los ojos cerrados—. Sólo que la posición... Espera un poco... —mueve un poco las manos debajo de su culo, la toma de la cintura y tira un poco hacia él para que suba sobre las almohadas.
Ella se deja y el movimiento de cadera hace mover un poco el especulo. Tiene que llevarse una mano ahí necesitando más estimulación. Lo que deja a Suiza otra vez PASMADO, mirándola... Es que va a desangrarse en... Sólo con la idea. Galia tiene un escalofrío y se suelta intentando no hacerlo.
—Q-Quieres que...
—Eh?
—Ehhh... —vacila. La chica parpadea aun respirando un poco agitada—. ¿A-Algo? —Quizás podrías acabar, Suiza, por ejemplo. Perdónenlo, de verdad no sabe ni qué dice ahora mismo.
—¿Puedes darte prisa?
—S-Sube tus piernas en mis hombros —susurra asintiendo, ayudándole a moverse y acariciándole los muslos más de lo que debería. Ellas las mueve, incómoda aun con el especulo.
De manera tremendamente eficiente, saca el DIU y el aplicador y ahí van las manos de nuevo al especulo volviendo a moverlo un poco sin poder evitarlo. Está seguro de no haber estado jamás en su vida tan tremendamente incómodo (y pocas veces tan incorrectamente excitado... Quizás ninguna).
Ella retuerce los dedos de los pies y tiene que volver a volver a ponerse la mano en el lugar. Y Estoy segura de que Galia pues escuchar la respiración entrecortada de Suiza al mirarla. Y por un instante, y de manera extraña, piensa en lo ridículamente fácil que sería... Sacarle el especulo, bajarse los pantalones, y poner ahí dentro, tan tibio y acogedor... Galia intenta de verdad calmarse sin acabar, nada más relajarse.
—Esto puede doler un poco —advierte en un susurro, mirándola a la cara, e introduciendo el DIU.
Se tensa un poco apretando las piernas contra su cabeza, a lo que el helvético aguanta sin problema, y con lo chillones que son sus hijos quizás sí que le duela más que a la bestia de Britania.
Así que aprieta los dientes y se tensa entera en general, pero tan rápido como empieza el dolor, Suiza termina, saca el aplicador, se agacha un poco y mira, acariciándole el muslo.
Respira agitadamente temblando, cruza los pies sobre la espalda de Suiza y es que... tiene que hacerse acabar. Suiza, para bien o para mal... Mueve el especulo para sacarlo, lo cual puede quizás servir para bien o para mal. A Suiza le tiemblan las manos, he de decirlo.
Y cuando lo saca es que sucede, para la extrema mortificación de Suiza que, para lo inocente que suele ser... Se entera perfectamente bien de lo que pasa, inmóvil, mirándola con la boquita un poco abierta.
Así que bueno, ahí jadea un poco y gime al acabar por fin y con lo que se ha estado aguantando, es bastante tremendo. Suiza quiere morirse... O terminar él... En realidad. Tiembla un poco sin creerse que le acaba de... Ocasionar un orgasmo a la madre de Austria. Ahí. Ahí frente a él. La ha visto. La cara, los soniditos... Es que va a perseguirle la imagen eternamente. (Ejem... Para bien y para mal).
—Ya... Terminas... Terminé. ¡Terminé!
Porque es que además casi que se le ha venido en la cara, si le tiene abrazado del cuello. Galia se sentirá muy tranquila, pero Suiza está excitadísimo. Ella se calma cada vez más, corazón y respiración y le suelta un poco del abrazo con las piernas.
—Le... El... Yo... Ehm... —susurra intentado separarse un poquito de ella apretando los ojos.
—Lo siento, no podía aguantar más... —agitadita. Él baja la cabeza y se saca las piernas de Galia del cuello.
—N-No te preocupes, es... Algo n-natural —susurra pensando que no podrá volver a verla a los ojos jamás sin sonrojarse.
—¿Tú estás bien? —pregunta preocupada.
—Je... —traga saliva y se revuelve un poco quitándose los guantes —, voy a... Lavarme las manos...
—¿Estás seguro?
—No es tan fácil, ¿vale? Tú... —la mira de reojo y ella le pone la mano en el pecho.
—Puedo ayudarte si quieres... —tan solicita. Suiza parpadea.
—W-Was?
—Puedo ayudarte, no me gusta dejar a los hombres insatisfechos...
—Q-Quoi? —Parpadea con el corazón acelerado, debe Galia de sentirlo por encima de su camiseta, porque es verdad que la negativa, la resistencia y él solo hay una cantidad de veces que se puede ser fuerte y decir que no y Suiza tiene poca sangre circulante. Ella baja la mano por su pecho y su vientre acariciándole por encima de la camiseta —. G-Galia...
La gala le mira a los ojos y se detiene.
—Me gustas mucho —declara sinceramente sosteniéndole la mirada y poniendo una mano sobre la suya—. Ö-Österreich... —se sonroja un montón porque jamás le ha dicho nunca antes a nadie una declaración tan clara sobre que le gusta. Pero...
—De acuerdo —aparta la mano y sonríe un poco. Suiza aprieta los ojos y se humedece los labios. Suelta el aire y se revuelve un poco tratando de pensar cómo es que va a levantarse así.
—Una cosa... —recuerda y Galia le mira—. Te dije que te ayudaría a descubrir lo de los bebés... —la mira—. Podrías estar enferma aunque no lo sepas, y... Me dejaría más tranquilo asegurarme que no es así.
—Oh... ¿ajá?
El suizo traga saliva y la vuelve a mirar de arriba a abajo un instante antes de levantarse con las manitas directo sobre sus regiones vitales. Ella lo nota, claro.
—Ponte el albornoz... Voy al baño... Y... Salgo —se mueve de ladito antes de salir corriendo, CORRIENDO al baño. Quizás se tropieza con algo, pero no se cae, entra al baño y cierra la puerta a su espalda.
Galia suspira y busca unos pañuelos para limpiarse... y luego va a buscar algo con que vestirse.
Suiza aprieta los ojos recargado en la puerta del baño y con toda su histeria y pánico, se mete las temblorinas manos al pantalón, abriéndose el botón. Cierra los ojos y una mezcla de Austria con Galia... El beso, las manos, la camisa, lo bonita que es, como le reñirían... En dos minutos esta mordiéndose el puño para "no hacer ruido" al terminar, va a tener sangre seguramente. No sé cómo no va a arrancarse un pedazo con los gritos que suele pegar.
Lo que pasa es que ella ya... está. Nada más eso se viste y espera a que salga. Suiza mete la cabeza en el lavabo abriendo el agua helada y pensando que nunca, nunca la va a poder volver a ver a la cara una vez que salga por la puerta del cuarto. Se arregla la ropa y después de unos minutos, sale otra vez, sonrojadísimo.
Galia está ya vestida, escribiendo algo en el teléfono leeeeentamente. Suiza se tranquiliza al verla vestida... Aunque nunca la olvidará desnuda, carraspea. Ella levanta la cabeza para mirarle.
—Allô… —murmura mirándose los pies—, ¿todo bien?
—Oui —sonríe.
—Si tienes algún síntoma estos días... Avísame —agrega amablemente.
—Merci —asiente.
—Quiero proponerte algo.
—¿Ajá? —se acerca a él.
—En realidad es algo por ti. Quiero sacarte sangre —suelta y Galia le mira desconsolada y se echa atrás un poquito—. No me mires así... Es por tu bien, has dicho que confiabas en mí.
—Pero es que no me gusta —se lleva la mano al codo por el interior.
—Sólo quiero saber que estés bien.
—¿Prometes no hacerme daño?
—Voy a picarte, pero seré delicado —asegura yendo a su maletín y la gala traga saliva —. ¿Quieres llamar a Wales?
Galia niega.
—Siéntate —pide con la voz más suave que tiene, que ocupa con Austria cuando algo le duele. Lo hace, nerviosa, aun frotándose los brazos—. Cierra los ojos y respira... Y ahora sí puedes contarme de Wales.
—No me has contado que pasó con la flecha.
—La flecha... ¿Cuál flecha?
—La que le lanzaste en la boda.
—Ah... Esa flecha —le pone la liga en el brazo y le toma de la mano para que la cierre. Era más fácil hablar de esto cuando estaba nervioso, no había hablado con nadie de ello nunca.
—Oui... —se deja hacer de forma bastante más reticente. Él le acaricia un poco el brazo como haría con Austria y Galia le mira aun desconsolada.
—Creo que quería que Österreich me recordara —explica.
—Oh... y supongo que lo lograste.
—Vino a verme. Fue un desastre... —niega con la cabeza.
—¿Por?
—Porque lo fue, no nos hablamos y no fue bien...
—¿Qué pasó?
—Pasó que... Fue, discutimos y lo ataqué...
—¿L-Lo atacaste?
—Y mandó por mí y tuve que irme, salté por la ventana.
—Oh... me pone triste que lo hayas pasado mal... ¿qué pasó entonces?
—Dejamos de hablar por muchísimos años.
—Oh... —baja la cabeza.
—Y luego se acabó su matrimonio... —agrega y le mira a los ojos y se sonroja—. Y vino un día... —pausa mientras piensa cómo decirlo. Ella levanta la cabeza y le mira a los ojos—. E hizo algo que lo cambió todo —se sonroja un montón y baja la vista otra vez.
—¿El qué? —inclina la cabeza.
—Una... Cosa. Algo que yo no sabía que se podía hacer —susurra y Galia debe sentir que le quita la liga.
—No entiendo de qué hablas... —confiesa, inmersa en la historia, sin enterarse.
—Algo entre dos personas... Muy... Íntimo.
—¿Hicisteis el amor? —le mira directamente y él aprieta los ojos—. ¿Esa fue la primera vez? —sonríe más ilusionada—. ¿Cómo fue?
—La suya, no.
—¡Pero la de los dos juntos!
—Yo no sabía que eso se podía hacer —confiesa, mirándole el brazo aún, tomando dos o tres tubos.
—Yo recuerdo mi primera vez —se lo piensa. Suiza no tiene IDEA de cómo demonios acabó hablando de esto—. Fue terrible. Fue tu padre y yo tampoco sabía qué estaba pasando. Me violó en el establo y me hizo mucho daño ese día.
—T-Te violó en el... Mein gott un himmel —le pone un algodoncito en la herida y le dobla el brazo—. Vater!
—Bueno, así fue la primera vez de la mayoría de nosotras... pero luego aprendió. Un buen día llegó y estaba interesado en besarme y hacerlo cara a cara... por suerte.
—¿Y por qué has seguido con él después de Roma que seguro no te ha violado jamás?
—Rome vino DESPUÉS de todo eso.
—¿Entonces?
—Y Germania cambió. Cambió poco a poco por muchas, muchas cosas. Al final ya no eran violaciones.
—Ehm... ¿Y vater se puso feliz cuando tuvieron a Österreich?
—Oui, muchísimo. A tu padre le gustan mucho los niños... de hecho, creo que lo que más lo cambio, quizás incluso más que conocer a Rome, fue hacerse cargo de Prusse.
—Yo recuerdo... Cuando era pequeño. Nos cargaba y jugaba... Aunque también recuerdo su mal carácter. A Österreich nunca le pegó... —curva un poco los labios. La gala sonríe y asiente —. Ya está... —le sonríe agitando los vialecitos llenos de sangre. Galia levanta las cejas y se mira el brazo porque no se ha enterado de nada.
—¡Oh! ¡Eres muy hábil!
—Merci —le sonríe un poquito y se sonroja. Galia le levanta y le da un beso en la mejilla.
—Gracias por todo, estoy en deuda contigo. ¿Cómo puedo compensarte?
Él le mira y se sonroja un poquito más con el beso.
—Podrías... Intentar más con Österreich.
—Intentar... ni siquiera sé lo que quiere —baja la cabeza y suspira.
—Averiguarlo, es lo primero. Vater seguro sabe —se levanta tomando sus cosas.
—Le preguntaré —asiente.
—Tengo que ir a entregar esto —levanta los viales de sangre y recoge unas cuantas cosas del cuarto —, mmm...
—¿Qué pasa?
—No he hablado de estas cosas nunca antes... —cohibidito. La chica inclina un poco la cabeza.
—Rome me contó que los médicos tenían que guardar el secreto de lo que dijeran sus pacientes, así que como tú eres mi médico, no le diremos a nadie lo que ha pasado —resuelve y el helvético le sonríe un poco y asiente.
—Ha sido una experiencia... Terrible —admite—, espero que no la volvamos a repetir jamás, pero... Bueno...
—Oh... lo lamento —le mira desconsolada. Suiza le sonríe un poco, traga saliva, se pone de puntas y le da un beso a ella en la mejilla—. No era mi intención que lo pasaras ma... —se detiene y sonríe con eso.
—Adiós —frunce el ceño y colgándose todas sus cosas abre al fin la puerta. Galia le saluda con la mano y vuelve a buscar el teléfono que le estaba escribiendo a Gales.
Si esto no se hubiera publicado aquí, se iba a Juegos Sucios directo ¡No te olvides de agradecer a Josita su edición!
