Notas: El capítulo del mes ha llegado. Sé que mencioné que podría publicar cada quince días, pero la verdad más que por tiempo, u ocio, ya me acostumbré a publicar actualizaciones mensuales para darle tiempo a los lectores tanto en leer o encontrar la historia.
Gracias a todos aquellos que no perdieron las esperanzas que actualizaría. Debo mencionar que los que se suben a mi barquito, arribando en este mar, serán meses y quizás años de navegación… Pero no se preocupen, las actualizaciones son como el aire, no sabes cuándo te rozarán el rostro.
Algo para finalizar, es que mayormente respondo los reviews, un día o segundos antes de actualizar el siguiente capítulo para que no dejar a nadie por fuera o que se me olvide :) Tengo una mala memoria que podría darle honra a la de Dori x'D
Advertencias: Victor contra el mundo(¿?) jaja ok, no.
DISTURBIO SOCIAL
Capítulo 3: Malentendido.
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Una voz lo llamaba con una turbia ansiedad que no fue capaz de responder, que no llegaba a él, hasta que una imagen con voces que dejaban eco, logró atraerlo nuevamente a tierra. La última escena revivió en su mente, con letras, colores y esa inequívoca línea del hombre que tanto echaba de menos.
« Victor acaba de anunciar su boda contigo»
El alma le regresó al cuerpo con ello, su corazón reanimó su ritmo, enviando sangre y energía a su columna para hacerlo incorporarse como un resorte.
—¡Yuri! —Una voz aliviada cayó en su oído derecho, pero no había tiempo de responderla, no ahora.
Se precipitó a sostener su teléfono y volver a habilitar el Instagram, que inmediatamente se disparó en notificaciones con menciones y nuevos seguidores. Sintió como su estómago se iba en picada al tener que recorrer todos los avisos, comentarios y fotos que hablaban sobre el romance vespertino de Víctor y él. Habían incluso vídeos claramente editados que recopilaban sus memorias en esa temporada.
"Felicidades a la pareja de hielo", recitaba incluso el periodista Morooka.
¿Era... cierto?
La nevada de mensajes ahogó su inicio y por un momento no supo cómo reaccionar. La foto que Victor había publicado era una que retractaba sus manos con las sortijas de oro; la recordaba porque se la habían tomado antes de salir de la iglesia, alojada en las entrañas de Madrid.
Detallando con ojo policial, Yuri notó la leyenda que caía como cascada bajo el pie de foto, siendo el último toque que terminó de noquear su corazón cuando empezó a leer:
"Es impredecible como el tiempo puede ser relativo, como puede sorprendernos en el día y asustarnos en las noches. Ya son nueve meses que comparto mi sénior como entrenador de Yuri Katsuki, aquel patinador que admiraba mis huellas. El día que culminó mi último Gran Prix Final, noté la presencia del deportista que supo atraparme la siguiente noche de estelas y gala con su elocuencia, con su propio encanto. Decidí acogerlo y adiestrarlo, con la inocente idea que él me necesitaba. Pronto, meses más tarde, me di cuenta que Yuri nunca me necesitó, si no yo a él, y cuando estuve frente a las puertas del adiós, entendí que no quería dejar aquello que había encontrado.
Quiero dejar el título de entrenador y convertirme en algo más que sólo votos de promesas y un profundo agradecimiento puede declarar, anunciando que nuestra relación ha alcanzado nuevos estándares que no estimé, más tampoco rechazo.
Gracias, Yuri Katsuki, por este cambio radical"
Yuri tuvo que buscar apoyo en las almohadas donde lo habían recostado para tragarse aquel discurso de oro. Su corazón latía frenético, gritando en cada pulsación las sílabas que conformaban el nombre de aquel ruso. Tuvo que releerlo como unas siete veces más para recoger ciertas palabras altamente sospechosas.
No decía directamente que se iba a casar con él, era como unos párrafos con trampas y laberintos que hacían que cualquier loco creara su propio manicomio de teoría. Sólo fue un segundo de paz, de saborear una extraña felicidad antes que su sentido común, arrojara la clara realidad que tenía que afrontar.
Empezando por aquello de... ¿nueva vida? ¿Dejar título de qué? ¡¿Cambio radical?!
¿Acaso no se daba cuenta de lo que realmente significaban esas palabras?
¡¿En qué estaba pensando Victor?!
Una llamada entrante invadió el auricular de su teléfono y al ver los números bailando en la pantalla, le entró el hielo en la sangre. Aun Phichit permanecía a una lado de él, diciéndole que se lo tuvo bien guardado, que por qué no le dijo, cuándo era la boda y...
Respondió.
—¿Mamá? —atendió, siendo recibido por la ola de voces entusiasmadas haciendo coro detrás de la de su creadora—. ¿Te dijo Minako-sensei? No, no... —No tenía las palabras concretas para explicar que no estaba al corriente con esa situación—. No sé. Sí. No, o sea si yo le di el anillo pero... No, no, no significa que Victor sea la novia... ¡Yo tampoco usaré vestido, madre, y no, Victor no pedirá mi mano! —se exaltó, y con la siguiente respuesta, tuvo que suspirar—: Tampoco nos vamos a escapar… Nosotros… —Se oyó un grito de emoción del otro lado, claramente complacida por su respuesta que sólo oscureció la tormenta que quería despejar. La voz de Minako se alzó sobre la celebración, preguntando cuándo será la boda y cuándo empezarían los preparativos—. ¡No, no, no! ¡No es lo que...!
Y la llamada finalizó, dejando el «piensas» difuminarse de sus labios.
—¡Yuri, felicidades! —Phichit se le arrojó al cuello, después de dejarle segundos de reserva para tratar con la aprobación familiar.
Al parecer era verdad. Él, Yuri Katsuki, ¿iba a casarse con el ser que le enseñó a amar? No supo cómo, pero por ese paradoja de tiempo de micro y segundo, se permitió sonreír entre el miedo, curiosidad y la ansiedad, entre los brazos del amigo que le brindó amistad. No quiso decirle que toda esa atención y melodrama que ni las novelas mexicanas promocionaban, le estaban asustando y como extraño toque contradictorio, emocionando.
En ese pequeño segundo de paz, Celestino entró por la puerta con aire impávido y, al verlos escondidos en los brazos de otro, su expresión se fracturó para sonreír.
—Esto es conmovedor —apuntó, aplaudiendo mientras se acercaba, deteniendo su mirada en el cuerpo de aquel japonés tendido en la cama—. Felicidades por tu compromiso, Yuri, pero no estamos para distraernos, tenemos que concentrarnos en la presentación. ¿Cuándo se casarán?
¿Cuántas veces le harán esa pregunta? ¡No sabía! Parecía una incógnita tan pesada para que su consciencia la cargara, que sólo deseaba estar frente a Victor, exigirle una explicación y luego decirle que sí, sí quería casarse con él.
—No…, no sé lo que quiere decir Victor con esa publicación. Nosotros...
—¡Se van a casar! —se reía Phichit, interrumpiendo—. ¡¿Cuándo sería?! ¿Victor te llamó? ¿Ya viene?
Celestino meditó esa última pregunta, deteniendo su pulgar bajo la barbilla y darse unos sutiles toques, antes de volver a hablar.
—Ahora que lo mencionas, acabo de ver una entrevista directa de Rusia y Yakov es quien está dando la cara. Victor no ha aparecido entre las cámaras.
¿Aparecido? ¿Entrevista? A Yuri no le estaba gustando esos enigmas regadas. En ese momento, entre el silencio entre la curiosidad, la más comunes de las relaciones, Phichit los sorprendió cuando alzó un grito de exclamación desde el fondo de su pecho, observando su smartphone con excesivo ahínco.
—¡Victor Nikiforov empezó a seguirme en Instagram! —soltó al fin—. ¡Y le gustó el vídeo donde me dedicas tu performance!
¿Qué Victor, qué?
No, no, no, no.
—Phichit... —la súplica salió como un vagido de viento, pero éste le ignoraba. Se llevó las manos al rostro, rogando que su entrenador no viera la marea de publicaciones de su amigo y...
Dios santo… ¡Maccachin!
Victor le dará algo si se entera que tiene a su caniche en Tailandia... y... Un minuto. Sus pensamientos se callaron de golpe, al empezar a armar ese rompecabezas. Yakov no sabe dónde está Victor; Victor está siguiendo a Phichit en Instagram; Victor no atiende el teléfono.
Su corazón se saltó diez latidos al darle resultado a esa ecuación. Sí, tenía que ser eso. En ese instante el iPhone de Yuri aleteó un sonido en señal de una nueva publicación, y al deslizar la pantalla para verla, el alma se le despegó el cuerpo. Victor lo había mencionado en el vídeo.
«¡Amazing, Yuri! Maravillosa interpretación del Yuri on Ice, o ¿debería decir Phichit on Ice? Ja, ja»
Contuvo un grito.
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Las llamadas se desviaban directamente a su buzón de voz cuando decidió encender el teléfono. No le prestó mucha atención a la fanaticada enloquecida, si no al perfil de aquel chico loco de los selphies para ver si había publicado alguna novedad.
Esperaba que con su comentario Yuri cayera en la cuenta que ya sabía todo ese número del cual ya estaba disfrutando, realmente. Tuvo que contener una risita con sólo imaginarse la cara que pondría ese cerdito.
Viajó entre el ejército de imágenes que hacían frente bajo su pulgar, perdiendo la cuenta inconsciente de las que había de su mascota. Guardó incluso algunas que tildaron la belleza fotogénica de su Maccachin. Eso se llevaba en los genes imaginarios y no humanos de su dueño, casi estaba orgulloso.
Maccachin número 1 en caniches sensuales en pelaje.
No se percató en el momento en que su mirada cayó en una imagen que juntaba los trazos de Yuri sonriendo forzadamente a la cámara. Una pequeña curva se alzó en su labio, su pupilo no era muy partidario de las fotos, pero se resignaba a ser capturado.
Salió de la aplicación, e ingresó en su propia galería, adentrándose en ese mar de recuerdos que lo rodearon con sus cálidas olas. El banquete de hace un año, el último, fotos de los entrenamientos, sus salidas, victorias aun bañadas en plata.
Suspiró, toda esa mezcla producía un trago que ya había perdido el azúcar y ahora sólo acidez de nostalgia se atenazaba a su garganta. Cerró los ojos, encorvado en aquella fría cama, reviviendo un recuerdo de Yuri, en el aeropuerto de Japón.
—Victor, oye —Una voz sutil lo llamaba, y sólo una ligera lamida en su mejilla fue el péndulo perfecto para reclinarlo al despertar que se negaba entrar a sus párpados.
Abrió los ojos lentamente, dejando que todo se enfocara y la persona que estaba a su lado, cobrara una identificación. Aquella que le agradaba pensar.
—Yuri... —susurró en una entonación cansada, oyendo los jadeos de Maccachin en su oído.
—No quise despertarte, pero ¿no quieres cambiarte?
Parpadeó un par de veces antes de caer en la cuenta que se había quedado dormido, tal y como llevaba vestido las últimas catorce horas. Se apoyó en sus codos para incorporarse, aun tenía sueño, demasiado de hecho, y si no fuera porque era precisamente esa persona quien le hablaba, habría ignorado todo.
—Supongo que debí hacerlo —dijo, con una pequeña sonrisa. Ya Yuri estaba de nuevo junto a él, y quizás por eso, fue que el agotamiento cobró un peso de montaña al punto de aplastarlo en una cama—. Estuve muy preocupado por ti, no he dormido lo suficiente.
—Victor... —Yuri sintió una terrible necesidad de volver a abrazarlo, y lo hizo. Echarle los brazos al cuello y esconder el rostro en su clavícula—. Victor —repitió.
Su entrenador extendió sus labios aun más y le cubrió con un brazo, acariciándole los cabellos. Era extraño que estuviera tan afectivo esa noche, no era su naturaleza. Lo sintió temblar, suaves corrientes de miedo que difuminó con su presencia, apretándolo más a su cuerpo. Brindándole seguridad, protección y la inequívoca creencia que estaba ahí. Juntos. De nuevo.
—¿Estás bien, Yuri? —susurró, pasando su mano por la espalda en un vaivén suave—. ¿Hay algo que quieras hablar? No me diste detalles de cómo te fue en el programa libre.
—Por poco me descalifican... —Se alejó y se sentó frente a él—. Ya veo tus raíces de entrenador. Yakov es igual a ti.
Tras un breve segundo, Victor se defendió.
—Yo no soy tan estricto, ni menos tan viejo.
A lo que Yuri le pintó una expresión contradictoria y Victor se horrorizó, haciéndolo reír. Y en aquel momento, en la habitación de aquel japonés —porque la suya la habían hecho exhibición en su ausencia— sus rostros estuvieron tan cerca que…
—Vaya, nunca creí que el amor te diera tan fuerte. —Un ronroneo se deslizó desde el umbral de la puerta y Victor regresó del pasado con peso muerto.
Ofreció una sonrisa que se deshacía por las costuras, bloqueando nuevamente su smartphone y arrojarlo sobre la almohada. Pase libre.
—Chris —nombró, girando su espalda para verlo apoyado en el marco con una copa encerrada balanceándose entre sus dedos—. ¿Qué tal todo?
—Yo estoy excelente —respondió lascivo, arrastrando sus pies hasta el extremo de la cama donde él se encontraba—. La mayoría ha accedido a la invitación, y tal como me pediste, no especifiqué fecha.
—Bien, ahora sólo queda esperar que la novia acepte.
Su anterior rival soltó una risita que se abanicó en un suave eco dentro de su garganta.
—¿Y Yuri no te ha escrito?
Negó con la cabeza en respuesta.
—Tengo la sospecha que aún no sabe lo que ocurre.
—Sólo es cuestión de tiempo. Phichit está con él y por lo que vi hace un minuto, acaba de enviarte felicidades.
Una ligera corriente de curiosidad serpenteó entre las venas de Victor. Una cascada de preguntas surgieron, entre las tantas que deseaban saber: ¿Cuál fue la reacción de Yuri? ¿Se habría emocionado? ¿Asustado? ¿Desmayado?
Lo conocía lo suficiente para tener cierta reclinación con ésta última.
«No temas, Yuri, ya voy por ti»
—Chris, está de más decir que ahora eres mi caballo de Troya —Sus ojos azules ardieron en un brillo de picardía—. Ve al Imperial World y quiero que me digas cómo ves a Yuri.
—Oye, no soy tu esclavo. —se quejó con una mueca.
—No, eres mi amigo —corrigió con una curva torcida trazándose en su rostro—. Sólo quiero ver, si es necesario mostrarme. Estoy reconsiderando mi lugar aquí.
Chris lo observó despavorido.
—Es muy tarde para echarte para atrás, no harás que desperdicie mi valioso tiempo —manifestó, plantándosele en frente—. Ya muchos están emocionados con ésta idea.
Victor se dejó caer en la cama de espaldas, con los brazos extendidos, jugando con el anillo de oro que coronaba su dedo anular.
—Lamento sacarte de tu vida secreta en los bares, bailando el pole dance —habló tras una pausa, sacándole una ceja alzada y después una sonrisa a su amigo—. No es que quiera retroceder, pero sólo que pensar en la reacción de Yuri me hace dudar. No quiero ser rechazado en público, sería un golpe bajo a mi autoestima.
—No estaría mal que alguien por fin rechace al "rey" —se mofó sin contemplaciones—. ¿Dudas que no te corresponda? —Regresó al tema, sentándose en el borde de la cama—. Mi experiencia me dice que nadie te querrá como te quiere Yuri, Victor. Esa manera en que te ve, dudo que se percate de ello. Cada performance que te dedicaba, ¿qué mejor declaración que esa?
Era cierto, los sentimientos no se expresaban con palabras y Yuri había conseguido la forma de hacerlo silenciosamente con sus bailes.
—¿Yurio dónde está? —recordó repentinamente al notar el silencio que se paseaba por la habitación de hotel que habían costeado.
—¿Tu nuevo hijo? —Hubo burla en su voz, y sí, en el mismo aeropuerto donde se habían encontrado, Chris fue testigo en primera fila del pequeño show paternal que se gastaron frente al oficial de la aduana.
Riéndose con el recordatorio, Victor notó que Yurio no le dirigía la palabra desde entonces y alegaba que nunca olvidaría esa humillación.
—¿Salió? —Chris asintió—. Y no pidió permiso... Qué niño tan rebelde. Tendré que hablar con él.
No pudieron evitarlo, se echaron a reír. Segundos más tarde, el pentacampeón alargó el brazo para alcanzar su móvil, y registrar unos detalles que prefería tener en cuenta que no tardó en encontrar.
—No está lejos. —manifestó sin apartar la mirada de la pantalla, que el brillo de la misma daba cierta tonalidad clara al azul de sus ojos—. A unas cuantas manzanas de aquí.
—Me das miedo, acosador Victor. ¿Le pusiste un rastreador a tu hijo? —La énfasis conllevó cierta entonación sarcástica.
—Qué poco ingenio, Chris. —Dejó caer el aparato en su pecho—. No tengo necesidad de eso, sólo le encendí el GPS de su teléfono y lo sincronicé con el mío sin que se diera cuenta. Tendría que darle muchas explicaciones a Yakov si algo le pasa a Yurio.
—Tienen una relación exquisita, considerando que dijo que no quería compartir oxígeno contigo, que te despreciaba, y que ojalá te ahogaras con tu ego o algo así.
Así era su extraña relación, y no le molestaba realmente. La sonrisa agravó terreno en los labios de Victor, ocultándose unos segundos detrás de la oscuridad que había detrás de sus ojos, para evocar el verdadero nombre que anhelaba ver.
«Yuri»
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—Estúpido, anciano. Idiota de Victor. ¡Ya me las pagará! —barboteaba solo, llamando curiosamente la atención de lugareños que lo veían insultar a su «padre» en lengua rusa.
Estaba de sobra decir que nunca olvidaría esa humillación por la que Victor le hizo pasar. ¿Por qué tenía que tener tan mala suerte y tener que lidiar con ese viejo de estandarte de oro? ¿Por qué, Dios, por qué?
Caminó entre los portales de las pobladas calles de Tailandia como un trotamundos que no tenía rumbo en específico, ahuyentando a todo que le pasaba por un lado por estar en estado de ebullición en cuestión a humor. Nunca en su vida había soltado todas las altisonantes no aptas para menores de edad en los idiomas que manejaba.
¡Ojalá que le cayera un rayo encima y lo hiciera rostiza a la napolitana rusa!
Abstraído en su bucle de cómo matar a un ruso popular sin levantar sospechas al ocultar su cuerpo, olvidó nuevamente darle dirección a sus pies, perdiéndose entre el bucle de la calzadas que quién sabía dónde diablos se había metido. Y todo perderse entre la turbulencia juvenil. Cuando su mente cayó en tierra, se encontraba en una especie de avenida con escaparates de tiendas y el olor de pan recién horneado le llegó a la nariz.
Perfecto, lo que faltaba, extraviarse en un país donde ni la señal alcanzaba su celular. ¿Dónde carajos había terminado? Rodeando el lugar con la vista, pensó en escribirle a Victor para que fuera a buscarlo y...
No. Nunca. Prefería ser secuestrado por la mafia tailandesa y que lo prostituyeran. Claro que dudaba que Victor le persiguiera como Liam Neeson a su hija. No, esa no era búsqueda implacable versión Rusa. Estaba seguro que ese idiota dejaría que le vendieran en partes por e-Bay, Amazon y ser comprado por las Yuri-angels.
—¿Yuri? —Una voz conocida llegó a él, usando un apelativo que no incluía la «o», y que había restado las demás palabras que transfiguraron su nombre—. ¿Qué haces aquí?
Giró la cabeza y a unos pasos de él, estaba un sorprendido Otabek Altin. No supo por qué, pero su primera reacción fue darle arrugas y furia a su expresión. Lejos de sentir alivio, fue como si el mundo se riese de él.
«Alá, Budá, The Rock, Chuck Norris, quien sea, mátenme»
Reservándose en el amparo del silencio, finalmente el ruso habló:
—Puedo preguntarte lo mismo.
Otabek alzó una ceja.
—¿Vienes al evento de Phichit? —le interesó saber, comparándose con su motivo actual de estar en ese país—. No sabía que te llevabas con él.
Una risa amarga, seca, burla enfundada, se tamborileó en la garganta de Yurio.
—Y por lo que veo, tú te llevas de maravillas con él. —Otabek abrió la boca para hablar, pero se le adelantó en palabras—. Se supone que decidiste ser mi amigo.
Un signo de interrogación se pintó en la expresión del kazajo.
—Yuri, ¿de qué hablas?
—¡¿Te estás burlando de mí?! ¡¿Cómo de qué hablo?! ¡Traidor!
Doble interrogación. Quizás tres.
—Yuri… creo que no te estoy entendiendo.
Y para dar mayor fuerza a su reclamo, quizás porque tenía que pagar la rabieta que tenía adherida a la carne con una factura inocente, terminó diciendo:
—¿Por qué no me dijiste que vendrías a esta exhibición?
El silencio los acogió unos segundos, antes que las palabras de Otabek llegaran como cristal filoso.
—No tengo porque decirte —fue su cruda respuesta que paralizó las articulaciones al vándalo. Y al ver la mirada asesina que había provocado, añadió—. Yuri, no tengo porque darte ese tipo de explicaciones. No somos pareja.
—¡Me vale mierda! —explotó, llamando la atención de ciertos curiosos—. ¡Debiste decirme!
—No tienes que gritar —enfatizó Otabek, con calma aplastante—. No te dije porque no estaba seguro de venir.
—Qué casualidad —Ladeó la cabeza, sarcástico—. ¿Y qué te hizo cambiar de opinión?
Las líneas en la expresión del kazajo empezaron a tonarse con cierta profundidad.
—Porque no tiene nada de malo que otro país destaque más que Rusia —selló. Una brisa se paseó por ellos, y después de una pausa, cerró los ojos con cierta resignación—. A parte que Phichit me estuvo escribiendo insistentemente por Instragram.
—Pensé que odiabas las redes sociales.
—No significa que no las use.
Repentinamente, el hada rusa, gato doméstico y vándalo de medio tiempo, perdió motivación e interés por esa tonta conversación. En primer lugar, se sentía estúpido. Otabek no le debía ningún tipo de explicación, mucho menos excusas y, ciertamente, no tenían una relación que volteara su orientación sexual.
Él no era como Victor.
¿Qué hacía ahí para empezar? Porque claramente ser escolta o guardaespaldas del pentacampeón era un seudónimo al que se negaba rotundamente.
—Ya. —respondió al fin, bajando la mirada para ocultar como apretó los dientes que casi los agrietó—. Me voy, mi viejo debe estar histérico preguntando dónde estoy.
—¿Tu abuelo vino?
Pero Yurio no constetó, pasándole por un lado con la capucha velando las líneas prensadas de su rostro, apretando los puños en el interior de su chaqueta.
—Yuri —llamó Otabek con voz neutral, girándose hacia él—. ¿Me aceptas un café?
—¿Por qué? —cuestionó, sin volverse—. No soy adicto a esa mierda como ustedes.
—Porque somos amigos.
Manteniéndose en el hilo del silencio, el vándalo ruso lo pensó unos segundos. Volver con Victor era la última opción a la quería aferrarse (ignorando también que no sabía regresar, y tampoco quería pedir rescate). Parcialmente esa invitación le cayó como un rayo divino del cielo, una bendición que Dios en su infinito silencio, se había acordado de él. ¿Debería desaprovecharlo?
—Sólo si no aceptas volver a juntarnos con las existencias que odio en una misma mesa.
Otabek, inesperadamente, sonrió.
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—¡Yuri, anímate! —decía Phichit mientras caminaban a las afueras del Imperial World para recibir a los nuevos invitados que ya habían anunciado su llegada próxima—. Tienes una cara como si vinieras de un funeral, ¡y no a las puertas del altar!
Aun a costa de las bromas y palabras de su amigo, Yuri no podía animarse. Misión Imposible. Él no era Tom Cruise para considerarse acorde para esa tarea. Sus nervios eran una ruina mientras esperaba noticias de Victor.
Había pasado una hora entera tratando de llamarlo, pero tuvo que desistir cuando había saboreado el vil fracaso. Temía a la idea de que podía aparecer en cualquier momento, tal y como había hecho el día que se presentó como su nuevo entrenador. Se había mentalizado para cualquier escena donde se ahogaría en los sermones, o la ira silenciosa de un ser al que nunca se le veía airado. Casi podía verse tras las rejas de protección de animales por ultrajar, secuestrar, robar, a la mascota nacional del pentacampeón del patinaje. Si su entrenador no había dado señal de vida, sumando su última conexión con el mundo social era hace unas siete horas, más la fuga nuevamente de Rusia, Yuri podía apostar por todas sus afiches de Victor Nikiforov y su precaria y casi robada virginidad en la copa china, que aquel patinador ya vendría en camino.
Sino fuera porque la divina prominencia naturaleza no le dio las caderas para concebir un hijo, se ajustara al dicho que lo conocía tanto como si lo fuese parido. Dios le coja confesado si Victor veía a Maccachin en manos de Phichit. No sabía si era por su inquietud e incertidumbre que estaba especulando situaciones no coherentes y no acordes a la personalidad de Victor.
Caminaban en silencio, o al menos él, entre la alfombra de adoquines que respiraba un aliento de tranquilidad y acobijo en una marea de personas de color que le miraban de reojo. No sabía si era su imaginación, pero casi podía sentir las preguntas inyectadas detrás de su espalda en la curiosidad de la traslucidez de su piel.
Había oído un comentario de un par de estudiantes que estaban apostados detrás de un escaparate, donde alegaban entre risas que no le había entrado la tinta negra a la piel.
«¡Soy de Japón, es obvio!», quiso replicar, él no tenía la culpa que ellos fueran asiáticos en versión negativa o en blanco y negro.
—No le prestes atención, Yuri —intentó aligerar el ambiente su amigo, que caminaba sin mirarle directamente—. Es normal que se sientan curiosos, porque no siempre se reciben visitantes para el turismo. Es triste que nos categoricemos de especies diferentes, sólo por pertenecer a países vecinos.
Phichit encogió su sonrisa, entendiendo la regla social de como los de "su clase", denominados en ocasiones extraterrestres o personas que siempre tenían sueño por sus facciones afiladas en los ojos, y líneas que no tenían fuerza en sus rostros como si fueran figuras que conservaban la inmortalidad en la venas. En cualquier país de Asia, cualquier extranjero que no poseyera su estilo de portada, era fichado así como ellos lo eran en otra parte del mundo. Casi le deprimía pensar en aquello, pero el patinaje rompía ese tabú absurdo y ya carente de sentido.
El baile en hielo unía los continentes, enlazaba los países, eliminaba las barreras junto con sus estereotipos y juntaba a cualquier persona extranjera en una pista para compartir el mismo sueño. Phichit en ese tiempo se sorprendió de poder ser parte de ese mundo con personas extraídas de ciudades de sueños como Italia, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Kazajstán, Suiza, República Checa, China y Japón.
Ese era el poder del hielo, aquella escarcha de bizantino poder logró mover masas para arrinconar la discriminación, para abrir paso al mensaje de que, en el fondo, bajo la carne, los huesos y las venas que sorbían sangre; todos eran iguales.
—¿Phichit-kun? —El aislado nombre que portaba como identidad le atrajo de nuevo a tierra, plantando una sonrisa en su rostro.
—Yuri, estoy feliz —se adelantó a las siguientes preguntas que se escudaban detrás de la primera interrogante—. Estoy contento que mis amigos vengan a ser parte de mi sueño. A hacerlo realidad y creo que… nunca estaré tan feliz como lo estoy ahora.
A la distancia que los dividía, tras la sonrisa mágica y aquella furtiva gota de cristal que se asomó en el párpado de su amigo, Yuri entró en pánico. Él nunca había sabido cómo llevar ese tipo de situaciones ajenas, las suyas por supuesto, pero ser el apoyo de otro…
«No digas nada, sólo quédate a mi lado», le había dicho a Victor fracturado entre sus miedos y derramando la energía que se le escapaba en forma de lágrimas. Su entrenador le enseñó también que a falta de qué hacer, o decir, siempre se podía besar o abrazar para romper la nieve que congelaba el momento. Claro que Victor era un lujurioso reprimido, y si bien lo ocultaba con esa sonrisa de curvas caprichosas que daban la impresión de formar un corazón, en sus ojos de lince se adivinaba la fachada de su verdadero Eros.
Pero no era hora de sacar las sañas, la tanga y el stripper de Eros, no, había que sacar la inocencia, el brillo y el amor de Ágape.
Ágape yo te elijo.
En sus cabales completos, Yuri no besaría a alguien para tranquilizar, dudaba incluso hacerlo bien, así que eligiendo la opción que se plantaba a los amigos, se acercó con pasos recelosos y, lo abrazó también, sonriendo. Phichit reía y lloraba sin explicación alguna, y aunque no se lo había preguntado, sabía que también era el asomo de la pequeña certeza que estaba vestida de emoción, y algo de miedo, que podría asomarse debajo de su cama. Pero ese tailandés sabría ahuyentarla como siempre, enviarla de nuevo a esconderse porque su creencia en sí mismo era capaz de asustar a cualquier irreverente barrera que intentase detenerle.
—Tu sueño también es el mío —susurró Yuri, con los brazos alrededor de su cuello—. Haremos que en Tailandia también aprecien el amor que sentimos en el hielo…
—Yuri…
Éste se apartó, porque aun cuando había cambiado y dejado que más personas entraran a su corazón, no creía acorde exhibir esa clase de afectos a plena luz del día. Ya de por sí los miraban extraños, y había captado el flash de varias chicas que pasaban.
«Por favor, no más especulaciones de parejas para mi lista…», rogó.
A un palmo de distancia, Phichit había sacado su móvil y lo alzaba como si en sus manos tuviera a ese hijo león. No pudo advertir con la suficiente rapidez en el instante que su amigo gritó:
—¡Sonríe, Yuri!
Imaginó que habría salido con la boca abierta, enseñando la cortesía dental que escondía detrás de sus labios. Riéndose de su propia broma, Yuri con aire de resignación esgrimiendo una curva ancha en sus labios, aprovechó la ocasión para preguntar:
—¿Y a quién esperamos, Phichit?
—A Otabek, Leo y Guang Hong. —precisó, revisando rápidamente su móvil, quizás ya publicando la recién foto.
—¿Otabek? —enfatizó Yuri, con la sorpresa materializándose detrás del cristal de sus lentes—. Quiero decir, no creí que aceptara.
Phichit se rió en respuesta a su sorpresa.
—Sí, aunque no lo parezca, es muy amable.
—¡Phichit! ¡Yuri! —Sus nombres se alzaron al aire, expandiéndose en sílabas que resonaron con acogedora familiaridad.
Ambos giraron la cabeza en la dirección que provino la voz, percatándose de como dos pequeñas figuras venían hacia ellos. Los ansiados Leo y Guang, los recibieron con un merecido abrazo.
Sumergidos en su encuentro, entre las bienvenidas y los saludos, todos ausentaron al gato rebelde que yacía con el rostro aplastado al cristal, observándolos desde el café que estaba en frente.
—Victor se morirá con esto —dijo Yurio, con la sonrisa maquiavélica mientras veía las fotos que había capturado del anterior abrazo de Phichit y Yuri.
—¿Yuri? —llamaba a su lado Otabek, que no entendía del todo esa actitud.
Pero el vándalo ruso, en su eterna venganza de hacer pagar a Victor por la humillación que le hizo pasar. Tecleó rápidamente al whatsapp, enviándole la fotografía en calidad HD con enfoques y remarques:
«El cerdo te sigue siendo infiel. Al parecer la novia te dejará de plantado en el altar»
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La foto no había terminado de cargar en la aplicación, cuando se abrieron los infiernos en aquel hotel apostado en la alta gracia de Tailandia, y que las estrellas brillaban por su estelaria.
Victor, quien había estado oyendo a Chris hablando sobre las excentricidades que se aventuraban en ciertos bares y que era lo más ideal introducir a Yuri para la despedida de solteros, saltó de la cama al descifrar el mar de pixeles que se unían en labrada telaraña de colores e infinitos cuadros.
Si seguía así, le iba a dar algo. Una baja presión, o un desmayo, él ya no estaba para esas emociones cardíacas. Se incorporó con un resorte y brincó hacia la entrada. Basta de esperas, era hora de actuar.
Esa carne de cerdo que él había amoldado y ajustado al arco de sus brazos, quedaba mejor en los suyos. Antes de llegar a la puerta, y después de revisar el teléfono que había sido dejado huérfano en la cama, Chris le obstaculizó el paso de la puerta con brazos y piernas altamente sensuales a otros ojos.
—Victor, Victor, ¿qué pasa contigo? —cuestionó, con voz fresca—. ¿Dónde dejarás la clase si vas así sin más para aparecerte frente a Yuri? ¿Quieres que le dé un infarto, acaso?
—Déjame pasar, Chris. Yuri no es hipertenso. —respondió Victor, tratando de atravesarlo—. ¡Es mi estudiante, y tengo derecho sobre él!
—Tu definición de "derecho", en términos legales, es violación a la integridad. No quiero terminar en una comisaría como cómplice y más por tu culpa. ¿Qué sería de mí en esa jaula de lobos?
—No te preocupes, te tomaré fotos.
—No quiero ser abusado por mi exceso de personalidad por reclusos de máxima potencia, gracias.
La máscara de severidad de Victor dio paso a una sonrisa. Lo que provocó que al suizo le regresara la calma al cuerpo, y así consiguiera las palabras para consentir aquel comportamiento.
—Mira, apuesto que sólo estamos malinterpretando la situación. —continuó Chris—. Iré primero, como acordamos. Cualquier cambio que requiera tu intervención, te llamaré.
—No, Chris —Hizo aparecer un puchero en su rostro—. ¡Quiero ir yo y verlo!
—La prensa ya sabe que estás aquí, Victor. Si te muestras, echarás en tierra lo que hemos logrado. Estoy seguro de que esa foto que te envió Yuri es una edición en Photoshop y aún si sea cierta, ¿qué tiene de malo que Yuri se abrace públicamente con… —Buscó la palabra correcta entre los sorteos de su mente—... el padrino de la boda?
Una ceja se levantó cómodamente sobre el rostro del pentacampeón, expresión por sentada que decía que no permitiría aquel enlace.
—Los amigos suelen abrazarse —Mejoró su discurso, tras verse arrinconado con la vacilación de Victor—. En tu ausencia suele querer abrazar a todo el mundo, pero es porque realmente quiere hacerlo contigo. ¿Por qué dudaste hace rato? —subrayó el episodio anterior—. Porque sabes cómo es Yuri, porque en el fondo confías en él y sólo tomas esto de excusa para verle.
Era cierto.
Antes de decir algo más, el teléfono de Victor vibró, una, dos, tres, anunciando el spam que cordialmente el gato vándalo de Rusia, osaba a mandarle en cadena de fotos de diferentes ángulos de un Yuri recibiendo a los pequeños patinadores Leo y Guang Hong, y en otra como Phichit… ¿le tomaba de la mano?
Suficiente, guerra declarada. Esparta no iba a caer sin antes sacar los encantos.
Victor se zafó del agarre de su amigo y corrió fuera de la habitación a una velocidad grácil con un Chris pisándole los talones, tratando de meter las manos en un fuego que… ya estaba quemando.
No fue mucho hasta donde llegaron, cuando fueron atropellados por la prensa en el vestíbulo que se abrió en una media luna engalanada con alfombras de terciopelo y cristales que goteaban desde el techo.
Los micrófonos lo arrinconaron en una corona de audio que no encontró vía a dónde huir. Chris decía a su espalda un "te lo dije", pero lo ignoró por completo. Algo debía ocurrírsele. Sólo bastó un segundo para que un flash cruzara su cabeza, y entre la ola de preguntas, asaltó el asunto con otra.
¿No se suponía que él no era reconocido allí?
—No revelaré nada sobre mi actual situación sentimental, me parece que dejé en claro todo a través de mi red social —empezó, blandiendo la curva sedosa de sus comisuras—. Pero claro, no deben concentrarse por el momento en mí, ya que aquí mi amigo Chris Giacometti, también tiene mucho que revelar —Giró la cabeza, incrustándole su mirada de transparencia cobalto que relucía su intención.
Chris casi se sintió como sacrificio de bruja. Gallina cortada por la cabeza, a traición. Sólo pudo leerle en los labios a ese ruso, las letras mudas que decían: Cúbreme.
—¡Así es! —anunció Victor—. ¡Mi estimado Chris, mantiene una relación secreta con Phichit Chulanont!
El mundo volvió a estallar. Los patinadores más deseados habían salido del closet.
Continuará.
N/Finales: Gracias por los que llegaron hasta acá, para empezar diré que desde que ví en el sueño de Phichit que Chris estaba a su izquierda tomando su mano y salían juntos en varias fotos, empecé a tener cierto gusto por los dos juntos. Eso fue antes, claro, del anuncio de Kubo que hablaba sobre Masumi y que era para que no se sintiera solo. Yo ya le tenía un virgen en mente (?) Jaja
Tengo ciertas referencias que ajustar al fic:
1- Victor dice en el capítulo 10 que confiaba plenamente en Yuri, pero en el final del programa corto de Eros su expresión delataba que no se esperaba los errores. Pero después se recompone, por eso hice mención de esto porque aunque le metí celos tipo Terminator, hay que hacer enmienda que ese Ruso confía en Yuri. A su manera, claro.
2- Incluí a la prensa porque en varios capítulos del anime, se veía como esta viajaba a donde estaba él.
3- El momento donde Phichit llora de felicidad lo tomé de la copa china, cuando al acabar su número se le escapó una lágrimita.
4- Según la ficha oficial de Otabek, dice que no le gustan las redes sociales pero claramente las usa XD.
Actores mencionados:
Tom Cruise es actor que interpretó Misión imposible.
The rock es como todos sabemos Dwayne Johnson :)
Chuck Norris es el campeón mundial de karate, exmilitar y fundador de una asociación de karate.
Liam Neeson es quien protagonizó "Búsqueda implacable", una película donde un padre retirado de la CIA investiga y lucha por conseguir a su hija secuestrada.
Y eso es todo por ahora. En otras noticias aún no sé si incluir a Seung a pesar que salga en la ensoñación jaja.
Agradecimiento infinito a los usuarios y a los guest: azraqbahrir, Angeli Murasaki, Aly Zama, Cloud122, Taurus95, hobbel-san, zryvanierkic,kaoryciel94, Kumikoson4, haneko-chan, Suteishi-gami Blue Fire, NUMENEESSE, Ina-Stardust R, Nazapi, Suna, Ingrid herondale, Skydark Sun, Yume.
Respuestas de Guest:
Nazapi: No te preocupes, yo siempre que empiezo algo (aunque me tarde años), suelo culminarlas. Es sólo que a veces tengo tantas ideas que escribo diferentes cosas, y lo que se me provoque en el momento que esté disponible x'D Pero apareceré con sorpresas jaja, gracias por no perder las esperanzas, eso es meramente inspirador para mí XD. La canción de Maná, apareció en la radio justamente cuando escribía y fue casi "¡Eso es lo que faltaba!" jaja. Reitero mi agradecimiento por tu huella que, como a todo autor, suele motivas.
Suna: Jaja, esa escena del desmayo de Yuri fue inspirada en el capítulo 1, cuando se desmaya dramáticamente al verse en un vídeo en Youtube. Supuse que una boda con Victor Nikiforov, sería casi lo mismo. Me alegra que te haya gustado el cap :D
Ingrid herondale: Añadiré un momento para cada pareja, aunque sean sólo insinuaciones x'D En el este cap le tocó un toque de Victuuri y Otayurio. Iré agregando poco a poco, quería agregar a JJ nuevamente, pero ya iba pisando las 5k de palabras y la verdad quiero controlar los capítulos largos porque antes solía publicar de 10k para arriba D: Gracias a ti por comentar, es un placer tenerte por acá.
Skydark Sun: Me has sacado una sonrisa con esa festividad x'D Gracias, gracias, quiero agradecer a la academia de Yaoi(¿? Ok, no x'D Gracias por tus lindas palabras, realmente este fic va con la meta de sacar sonrisas y tratar de canonizarlos, aun me esfuerzo y espero no decepcionarte en un futuro. ¡Gracias!
Yume: Aquí está la actualicación x'D
Taurus95: No eres guest, pero como tienes tu inbox bloqueado no pude responderte el review, pero gracias por comentar y sí, Victor es un loquillo x'D.
Gracias por leer y a todos los que dejaron sus reviews, inspiran a esta humilde autora (:
