- No, coge más patatas. Nunca son suficientes patatas. Hazme caso.- Le dije a Coral cogiendo los vasos y los platos de plástico y poniéndolos en el carro. Estábamos en el supermercado, comprando lo necesario para la fiesta de esa tarde.

- Me parece que te estás pasando… cómo sobre una mísera patata, te las vas a acabar.- Y dejó las cuatro bolsas en el carro.- Por cierto… ¿Cómo va el tema de Pablo?.- Pablo era el "buenorro" que tenía que presentarle a cambio de las entradas.

- Le he dicho a Iván que le invitara pero no sé si vendrá. Apenas nos conocemos, igual cree que es demasiado violento.

- Le habrás insistido, ¿no?

- Si claro, le puse la pistola en la cabeza. No le quedó más remedio que decir que lo haría…- Dije mirándole de soslayo.- Cómo eres… ¡qué más te da! Si es como los demás. Es mono, sí, pero no como para ponerse así.

- Beth, tengo que acabar con esta racha. Llevo a pan y agua dos meses. Esto no puede seguir así.

- ¡Ah! ¿Y tengo que sacarte yo de la sequía?.- Dije riéndome. Una anciana se había quedado mirándonos mientras hablábamos.- Buenas tardes.- Le dije de manera brusca. La señora nos miró de arriba abajo y murmurando algo siguió su camino con el carro. Que gente más cotilla.

- Perdona guapa, pero no sé porque te indignas tanto, cuando deberías ser la que más lo entiende. ¿Cuánto tiempo hace eh? ¿Cinco, seis meses?.- Dijo dándome con el dedo en el hombro.

- Ni me acuerdo…- Dije suspirando.- Pero la vida sigue sin sexo. No todo es sexo. Hay más cosas en la vida, ¿sabes?- Y entrando en la sección de comida congelada, me agaché para coger unas cuantas pizzas congeladas de uno de los refrigeradores.

- ¿En serio?.- Coral me estaba mirando de brazos cruzados con una ceja levantada.

- Claro que sí.- Dije rotundamente.

- Claro que sí.- Repitió con sarcasmo.- ¿Por ejemplo?

- Como por ejemplo… el trabajo, los amigos, la familia…

- Bla bla bla…

- El amor…

Ambas nos quedamos calladas. Era un tema delicado. Cuando dejé la casa de mis padres para irme a estudiar, estaba saliendo con un chico que siempre me había gustado del instituto. Estuvimos saliendo cuatro años, yo en Madrid y él en el pueblo, trabajando en el taller de su padre. Nos veíamos casi cada fin de semana. En el aniversario de los cuatro años, decidí darle una sorpresa e ir a verle sin avisar. Me lo encontré follándose a otra sobre el capó de uno de los coches. Al parecer prácticamente se llevaban acostando los cuatro años.

- Ya…- Dijo mirándome a los ojos. No volvimos a decir nada. Pagamos en la caja y fuimos a casa a prepararlo todo para la fiesta.

- Así que, os vais a Londres, ¿eh?.- Me preguntó Iván sirviéndose una copa. Iván y yo nos conocimos cuando estaba estudiando mi segunda carrera. Estuvimos liados un tiempo, pero quedamos que sería mejor ser amigos.

- Eso parece, y todo gracias a Coral. Es genial…- Dije buscándola entre la gente. Había venido gente del trabajo y viejos amigos de la Universidad.- Oye por cierto, ¿ha venido Pablo?.

- Pero bueno, a qué viene tanto Pablo Pablo Pablo…

- No seas idiota, no es por mí. Es por Coral. Quiere conocerle y me chantajeó con las entradas. No me queda más remedio que meterme en medio…- Dije resignada.

- Me dijo que se pasaría más tarde, que tenía que acabar unas cosas del trabajo.

- Genial.

Estuve hablando con gente del trabajo, comentando las campañas y con los amigos de la Universidad recordando viejos tiempos. En ese momento, por la puerta entró Pablo, y noté un pinchazo en la nuca. Eran los ojos de Coral que me estaban atravesando desde el otro lado del salón. Tranquila amiga, que iba a ello, dije mentalmente. Asentí y educadamente dejé a mis excompañeros de carrera y me acerqué cual gato hasta Pablo.

- ¡Pablo!.- dije llamando su atención con la mano.- ¡Hola! Gracias por venir.- Cuando llegué hasta él, me saludó y me dio los besos.

- Felicidades Beth. Gracias por invitarme.- Se le veía un poco nervioso, lo cual chocaba con su imagen. Pablo era alto, muy alto. Mediría metro ochenta y cinco más o menos. Tenía el pelo negro muy cortito, al estilo militar, y ojos del mismo color. A simple vista parecía incluso amenazador, pues tenía un cuerpo grande y musculado, pero cuando sonreía le salían unos hoyuelos adorables.- Eh… esto… No sabía que comprarte, así que me decidí por unas flores.- Y de detrás de la espalda sacó un ramo precioso de rosas rojas.

-¡Oh, muchas gracias! ¡No tenías que haberte molestado! Es un detalle precioso.- Y me permití el lujo de darle un abrazo. Por el rabillo del ojo note un destello rojo. Y sabía perfectamente qué era. Coral. El pelo largo y rojo de Coral. Terminado el abrazo me giré y ahí estaba, encantadora como era, sonriendo y mirando alternativamente a Pablo y a mí.

No que va, no era nada incómodo.

- Beth, se han acabado las patatas.- Dijo. Pero que… ¡Yo ya tenía en la mente un plan menos incómodo para presentaros!, pensé. Casi me atraganto con la saliva.

- ¡Qué me dices! No puede ser… Si había comprado casi una tonelada…- Y si las miradas matasen, Coral sería ahora polvillo en el suelo.- Bueno, voy a ver si encuentro algo. Ah, por cierto Pablo, ¿conoces a Coral? Es mi mejor amiga, y lleva días preguntándome por ti. ¡Está que no caga de las ganas de verte!.- El rojo del pelo se le bajó a la cara, y le di un empujó con la cadera y una palmadita en el culo para acercarla.- ¡Luego nos vemos!.- Y con la sonrisa más falsa que dios me ha dado me despedí de ambos y le guiñé un ojo s a Coral. "Já, chúpate esa". Ahora mismo, el polvito en el suelo era yo.

La mayor parte de los invitados se había ido ya, y solo quedábamos Iván, Coral, Pablo, Leo y yo. Me había sentado en el sofá del salón y mi Leo había corrido a tumbarse sobre mis piernas.

- Chicos, Pablo y yo nos vamos a tomar algo, queréis venir?.- Dijo Coral cogiendo su chaqueta y su bolso. Desde luego que no era una pregunta, era una prohibición.

- No, lo siento, yo tengo que quedarse a recoger todo esto, pero gracias.- Dije sonriendo aún con el gato en las piernas. Esperaba que a Iván no se le ocurriera decir que sí, pero tampoco que se quedara. Me apetecía quedarme sola.

- Yo tampoco, me quedo y te ayudo a limpiar. Así acabaremos antes- "Yuhuu. Que te veo venir guapo".

- Gracias, pero no hace falta, de verdad…- Dije sonriendo, pero Iván negó con la cabeza. No iba a desistir.

- En ese caso nosotros nos vamos...- Dijo Coral acercándose a mí. Me dio un abrazo y me susurró: gracias perra, pero de esta te acuerdas. A mí me dio la risa y me pellizcó el culo.- Gracias por la fiesta, ha sido genial.- Ésta Coral…

- De nada, para eso estamos.- Y le tiré de un mechón. Pablo me dio dos besos y se marcharon.

En ese momento, en el salón sólo había un León, y no era mi pequeño minino de ojos verdes, no. Era uno de pelo rubio corto, peinado a un lado con ojos castaños.

Decidida a romper el silencio y el contacto visual dije:

- ¿Empezamos?.- La frase tampoco es que fuera muy acertada. Recogimos un rato en silencio, solo con música de fondo.

- Qué tal el trabajo?- Preguntó para romper el silencio.

- Bueno, ya sabes, como siempre. Pocas novedades. Y tú qué tal?.- Iván trabajaba para un periódico local, en la sección de maquetación y diseño.

- Mucho trabajo acumulado últimamente. Todo tiene que hacerse rápido y además perfecto, así que te puedes imaginar…

- Que estrés. Sigues yendo al gimnasio?

- Cuando me da tiempo sí; voy una o dos veces por semana. Por qué, me ves mejor?.- Bromeó. Pero en realidad no lo hacía.

- Bah, no te creas; tampoco es para tanto… estás tirando el dinero.- Dije sacándole la lengua y él me dio un golpecito en el hombro. Ambos nos reímos.

Una vez acabamos de recoger todo, dejamos la basura en bolsas a la entrada, y nos tiramos en el sofá.

- Nerviosa por el concierto?

- Buf, muchísimo. Es un sueño, de verdad. Nunca me hubiera imaginado que iría a uno. Tampoco sé que meter en la maleta…

- Llévate ropa de abrigo, en Londres siempre hace frío y llueve.

- Bueno, tampoco es que Madrid sea el Caribe…- Dije escurriéndome en el sofá y cruzándome de brazos. En un movimiento rápido Iván redujo la distancia entre nosotros, y poco a poco se iba inclinando sobre mí. Sin poder evitarlo, ya que estaba contra el sofá, sus labios tocaron los míos. Hacía años que no me daba un beso. Sus labios eran cálidos y suaves, y se movían lentamente contra los míos. Suavemente le aparté de los hombros.- Oye Iván… No compliquemos las cosas.

- Beth… Ha pasado ya mucho tiempo. Éramos críos. Ahora eres una mujer, acabas de cumplir 27, podemos intentarlo en serio.- Dijo mirándome a los ojos. Debía de ser imbécil, nadie en su sano juicio rechazaría a un chico como él. Me había tratado de maravilla, había sido atento, cariñoso y paciente. Sobre todo paciente durante aquellos meses; y era muy guapo.

- Iván, ahora no quiero nada serio con nadie. No se trata de ti, ya lo sabes.- Hace años le conté la historia, y entendió que no quisiera saber nada de los hombres.- Lo que tenemos ahora me va bien. Solo me siento capaz de ser tu amiga.- Hubo un silencio y retrocedió hasta sentarse a unos centímetros de mí.

- Está bien, como quieras. Solo espero que cambies de opinión algún día.

No se lo tomó tan mal como me esperaba. Por lo menos, seguíamos siendo amigos.

Estuvimos un rato más hablando, y después se fue, dándome un abrazo y diciéndome que disfrutara del concierto y del fin de semana en Londres.

Al día siguiente era Sábado, y el vuelo salía a las nueve y media de la mañana; en el trabajo habíamos pedido el Lunes día libre para poder estirar un poco más el fin de semana y disfrutar, no solo del concierto, sino de las calles Londinenses.

Esa noche no pude dormir; eran muchas cosas en las que pensar, el vuelo, el concierto, lo sucedido con Iván… Tenía que contárselo a Coral, y por supuesto, ella tendría que contarme muchas cosas sobre Pablo. Más le valía.