Notas: Actualización tardía por falta de tiempo, pero con compensación de 9k+palabras. Como era muy largo, decidí cortarlo y publicar uno hoy, y la otra parte será el sábado o domingo. Tuve ciertas complicaciones con este capítulo, las ideas se me mezclaban y terminé cambiando/eliminando/modificando escenas unas cuantas veces. Agradecimientos a Mili & Ale por ayudarme en ciertos escenarios, y apoyarme (acosarme) para actualizar. Las quiero, chicas.
Aviso: Debo confesar brevemente que esta humilde escritora de historias de género no autorizado y no pagado, es de nacionalidad Venezolana. Sí, soy de ese país que está siendo desmoronado y destruido por el gobierno. No caeré en detalles, pero la situación es peor como lo pintan los medios. Claramente esa fue una mis complicaciones para actualizar así como en vista de que ya empecé a trabajar, aunado a mi tesis, todo es una telaraña que ya me tiene asfixiada hasta el cuello. Por eso tardé en publicar más de lo debido, se supone que los inicios de publicación son los primeros del mes, así que me disculpo por el retraso.
Advertencia: Shonen ai, yaoi, BL, BxB. Yo escribo desde mi teléfono y corrijo en la pc, pero si se me ha pasado un error de diccionario, sorry jaja Este capítulo es más seriecito :3
DISTURBIO SOCIAL
Capítulo 4: Amistad Leal.
~Parte 1~
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"Los patinadores eran susceptibles a vientos favorables, aquellos que podrían llevarlos a nuevos lugares desconocidos en una aventura sin precedente"
No miró para atrás en el segundo que había escapado de la horda de cámaras y periodistas que se concentraron en su amigo sacrificado, Christophe Giacometti. Una línea torcida vistió su labio al oír el vestigio de las últimas palabras de Chris que alcanzaron su oído, ordenando mejor el diálogo para posicionar mejor su status.
—No, no, Victor se explicó mal —alegaba con la prensa apresándolo en ese acoso tan poco estético—. Mi relación es de sólo amistad con Phichit, motivo por el cual estoy ahí.
—¿Pero venir desde Suiza, sólo por amistad? —atacó una presentadora con una grabadora, antes que el ruso dejara de oír.
«Perdóname, Chris», pensó, aunque verdaderamente no lo lamentaba. Sofocó algo en su pecho que, teóricamente, habría podido ser una tos pero que en el contexto real, era una carcajada contenida.
Apaciguando los mares, o al menos las olas que lo atacaban a él, Victor salió del hotel como alma perseguida por mafiosos en un mundo de inocentes en castidad. Se adentró al corazón de Tailandia, atravesando los entresijos de personas y portales de puentes infinitos, para poder llegar hasta el cerdito que estaban sirviendo en una mesa sin su autorización.
Miró en su teléfono su ubicación en el GPS y lo comparó con la de Yurio que debía estar en las cercanías del centro de patinaje tailandés. Contando las manzanas que debía caminar para alcanzar a ese mocoso rebelde que debía estar cerca del otro Yuri, era correr calle arriba, quién sabe cuántos metros o kilómetros y, eso no era una idea que tuviera un desliz aceptable en su paladar, más aun considerando el hecho que su ropa de vestir no era la indicada para persecuciones de gatos callejeros y cerdos asados al público. Deseó unas zapatillas, lentes, tapabocas, mirillas de espías y ropas deportivas, pero recordó que no tenía esos accesorios en tinte negro, lamentándose desde el fondo por ello. No importaba, ya después adquiría uno.
El vapor ascendía de su piel como hilos de seda, rostizándolo vivo debido a su gabardina señorial acompañada por su bufanda, ¿a qué infierno fue a parar en busca de su cerdito? ¡¿Por qué no se cambió de vestimenta siberiana por el atavío interior en cuanto llegó?!
Empezando a echar andar sus pies, se retiró la bufanda con dificultad y la tiró a los brazos del aire. Seguidamente, se pasó el abrigo por los brazos colgándolo a su hombro y por ese instante, sintió un aire de libertad en su cuerpo.
Bien, ahora lo más importante, era que Victor Nikiforov tenía ocho meses inactivo, rompiendo diariamente la dieta, y con sólo el pensamiento ya sentía la factura de sus piernas que pesaban como plomo sólido. Su anterior entrenamiento y la resistencia de Yuri tenían que eliminarle el cansancio que tenía arraigado al esqueleto por tantos años entregado al hielo. Debía recuperar la fuerza para poder atinar a la persona por la que, no una, sino dos veces, atravesó el mundo para encontrarla.
Viró en dos calles, se desplazó entre los espacios abiertos, corrió eludiendo obstáculos como si bailara, atravesó varias avenidas y... y… ¡¿por qué no pidió un taxi?! El calor le estaba quemando la respiración, restándole movilidad, agotando rápidamente su cuerpo y arruinando su perfecta imagen. Lo que tenía que hacer por amor. Alguien debía agregarlo a la lista de príncipes de Disney, sólo denle el caballo blanco, él ya tenía el dinero.
Con los pulmones ardiendo en fuego, agitando su resuello y alterando alebrestadamente su pulso, bajó por el espiral de una escalera que abría paso a una céntrica plaza atrozmente poblada. Filas de tiendas se lucieron ante sus ojos, sumando a las cientos de personas que tuvieron la gran idea de estar en el mismo lugar ese día.
Se introdujo en su móvil para utilizar el GPS y llegar hasta el centro del patinaje, claro esos habían sido sus planes si la tierra no conspirara en contra de él.
1% de batería baja, cinco segundos antes que el equipo se apague. Conecte cargador.
Nice. Perfect. ¡¿Qué tienes contra mí, mundo?! ¡Yo sólo quiero llevarme de regreso a mi estudiante!
Suspiró y guardó su móvil para rodear con la vista la sabana de cemento buscando según las imágenes que había visto, el alzamiento del famoso Imperial World que Chris le había hablado. Recordó que en la foto que le envió Yurio, el letrero era flanqueado por los postes que estiraban sus cables como una barrera. Unos pensamientos verberaron en su cabeza, si mal no estaba la información que sacó de Google, ese era el centro del punto de encuentro al que Phichit los citó a todos. Según investigó antes de arrojarse a las zarpas de su imprudencia, el Imperial World había sido construido hace un par de décadas atrás por los primeros deportistas de esa procedencia en sus años de gloria y que, por lástima de esa actualidad, debido a la falta de interés en el deporte, estuvo a punto de cerrar sus puertas. Sin embargo, un chico del vigésimo año, amante de los selfies y patentemente del patinaje, había motivado a un gran público en su tierra después de volverse el primero del sureste asiático. Atribución cuya inclinación permitió que los nuevos apasionados salvaran el único lugar que abría los brazos al elemento de plata. Gracias a eso último, no fue difícil rielarse de esa orientación para dar con los hoteles alrededor, y si conseguía algo de suerte, podría toparse "accidentalmente" con Yuri Katsuki.
No obstante… ¿Dónde estaba ese anuncio?
Antes de dar un paso más, tuvo que detenerse unos segundos para apoyarse en una barra de hierro que se encorvaba en una hélice, escoltando a una vía con ejércitos de adoquines que los conducían hasta fuera de la plaza. Los pulmones le silbaban al respirar, y con una mano en su pecho intentó calmar la presión frenética que sentía bajo su piel. Su frente estaba perlada en un lienzo de sudor, y a falta de un pañuelo o una debida toalla, terminó usando la manga de la gabardina para limpiársela. Desde lo más recóndito de su ser y, por primera vez, agradeció vivir entre las nevadas y colmillos de hielo que se clavaban a la mar de Rusia. Nunca podría vivir en un sitio con tal atmósfera.
Recomponiéndose, había una alerta en sus poros que sólo era un deseo ansioso que manifestaba el cruce a la perspectiva, develando su propia vulnerabilidad. Yuri estaba cerca, finalmente podría verlo a la cara y plantarle la situación que venía de excusa por su Maccachin, pero que él mismo sabía que sólo era una fachada.
Victor, Victor Nikiforov coronado como rey, pentacampeón del mundo en patinaje, y soltero más codiciado, tenía un nuevo talón de Aquiles. Una debilidad que lo rasgaba lentamente, hasta reducirlo a motas simples y abandonadas de polvo que todos olvidan, y era llevaba por el viento. Yuri tenía en su poder el cincel para destrozarlo, para armarlo y dividirlo tanto como quisiera. Y por masoquista que lo categorizaran, no le molestaba en absoluto.
Se adelantó sobre la calzada, buscando una cabeza de mata azabache y piel de nácar —que fácilmente podía destacar entre los ciudadanos de color— antes que una presión en su muñeca lo arrastrara hacia atrás.
¡Secuestro! ¡Help, Yuri!
—¡V… Vict…or! —exclamó una voz contenida, sin aliento.
Ah, no, falsa alarma.
Reconociéndolo, Victor vio a Chris recuperando el aire faltante, mientras le alzaba una mano en señal de espera. Él no podía esperar, estaba en modo hashtag: Rescate, NoséDóndeEstoy, CasiMeSecuestran, PhichitMeQuiereRobarAlCerdo, TuveQueSacrificarAChris. Pero para su mala suerte, gracias a la energía que había extraviado en medio camino, no le tenía lo suficiente para moverse. A cambio, ambos patinadores terminaron derrumbándose dramáticamente en uno de los bancos, que se repartían bajo la sombra de unos cuantos árboles de apariencia casi esquelética.
—¿Cómo hiciste para…? —La pregunta de Chris fue cortada por la falta de aire, pero Victor la entendió o eso creyó. Pensaba que le iba a echar en cara el sacrificio de un cordero claramente No-Virgen, aunque las prioridades fueron desplazadas en ese momento.
—Yuri tiene bastante resistencia —contestó a media entonación—. Casi me desmayé en los primeros entrenamientos.
—Esto no es bueno para la salud… Oh, dios, me dará algo. —decía, abanicándose con la mano. Ignorando como su rostro se humedecía con manchas rojizas sobre sus mejillas y cristal sobre sus sienes—. Lo que tengo que hacer por ti, ¿por qué me arrojaste de esa forma a los leones, traidor Victor?
—No dije ninguna mentira. ¿Acaso no estás aquí por Phichit? —contraatacó con una risa que sonaba tan frágil como una ramita de hielo.
Chris frunció el ceño, y al notar que estaba cayendo en el tablero de ajedrez de ese ruso que por estrategia lo terminó utilizando de escudo, ocultó todo detrás de un estiramiento de labios.
—Victor, es malo tener celos. Que yo destaque de esa forma, no significa que quiera con todos —Se pasó la mano libre por el cabello, acomodándose el peinado con lustre altivez—. Vine porque no puedo apartarme del patinaje, y si tengo la oportunidad de destacar, lo haré.
Vislumbrando el semblante burlón del pentacampeón, Chris no supo si venció esa partida o seguía en las palmas de ese rey.
—Deberías darme al menos una disculpa.
—Supongo que Phichit no es tu tipo —Hizo un ligero puchero.
—No dije eso. —replicó, sin medirse.
—Wow, ¿entonces, Chris?
—Ah, no seguiré esto —Desvió el mentón entrecerrando los ojos.
Se mantuvieron unos segundos en silencio, aromatizándose por la frágil brisa que pasaba sobre ellos y los hacía relajarse en ese conteo invisible que no advertían. Al menos tenían el consuelo de recibir el aliento del viento que acariciaba los cabellos y, gracias a eso, se permitieron abandonar sus pensamientos para dejar su consciencia en blanco.
Varias chicas pasaron por su lado, y al verlos relativamente casi desnudándose a causa del sudor que destilaba como ríos de agua, empañando sus ropas, les arrancó risitas que ninguno supo interpretar. Dijeron algo en su idioma que tampoco entendieron, yéndose con los pómulos bañados de color y extrañas sonrisas que acicalaban sus labios.
—¿Las entendiste? —Victor ladeó la cabeza hacia Chris, quien estaba con la espalda luciendo una joroba por tener los hombros alzados y la cabeza hundida.
—No soy traductor Google, pero por lo poco que he hablado con Phichit, sólo entendí "manos".
Al situar la última palabra en la oración, los patinadores repentinamente se miraron curiosos, y bajando la mirada a sus "manos", las encontraron juntas. Se soltaron casi como si entre las palmas un ácido químico las quemara, con ciertos respingos que tampoco quisieron darle explicación.
—No soy partido para ti, entrenador y acosador Victor —Sonrió Chris, guiñándole el ojo—. Soy demasiado para tu gusto selecto a vírgenes asiáticos. A parte que no soy virgen, ni mucho menos asiático.
Una risita hizo cosquillas en la garganta del ruso.
—Considerando que viniste desde Suiza, me perseguiste desde el hotel, y estás ahora aquí a mi lado tomando mi mano; el acosador está cayendo sobre el nombre de otro~ —Su mirada de cristal azul se paseó por el rostro de éste—. Me temo que debo rechazarte, Chris. Eres tú.
—Claramente eres tú, nunca podría ser yo —Le dio un ligero empujón por el hombro, arrugando el ceño, perdiendo la sonrisa que antes había blandido.
Tras varios minutos, soltaron ligeras carcajadas. Al rato, Victor con la cabeza tirada hacia atrás, observando la grieta de las hojas siendo perforadas por las agujas del sol, soltó un suspiro desganado.
—Estoy en un país que no conozco. Me estoy derritiendo con este calor. Mi Maccachin me abandona, mi hijo es un delincuente y su madre me es infiel…
—Y rechazas las atenciones de tu mejor amigo. Qué difícil es ser tú —se burló Chris, ya levantándose del banco estirando sus extremidades—. Tengo sed, deberíamos ir por un helado.
Victor terció la cabeza en gesto cansado.
—Un helado no me quitará la sed. —se quejó inflando los pulmones.
—Y tampoco el despecho, así que vamos —Le tomó de la muñeca, obligándolo a elevarse—. Es hora de romper la dieta.
—¡No quiero helado! —se resistió, dibujando una expresión exageradamente dramática—. ¡Tengo que ir al Imperial World!
—¡Vamos a ir! ¡Yo estoy a punto de desmayarme sino tengo algo frío dentro de mi bóxer! —No le dio tregua, empleando más fuerza en el agarre, equilibrando todo su peso en un punto para ejercer presión.
—¿Dónde está la princesa en forma de cerdito que debería besarme para despertar? —El lamento del ruso salió en balances cantarines y desafinados debido a la boca expandida en esa mueca de infante mimado.
Viendo que era inútil que convenciera a Victor a levantarse, una idea relució en la oscuridad de la mente de Chris que le sacó una sorpresa fingida.
—¡Ah, Yuri! —Fijó su mirada a una esquina y sonrió abiertamente—. Por fin llegas.
Como esperó, Victor reaccionó ante ese nombre, levantándose de un salto moderado con ciertos giros elegantes y gráciles que Chris casi envidió.
—¡¿Yuri?!
—Bien, nos vamos —Lo arrastró hacia el centro de la plaza, entre las telarañas de rutas que llevaban hasta las abarrotadas y pequeñas calles de Tailandia—. Además me debes un favor, me traicionaste en el hotel. Menos mal que recibieron mis explicaciones.
—¡Déjame ir, Chris! —rezongaba su custodiado—. ¿Me quieres engordar para que pierda el nacional?
—Oh, Victor, Victor, digeriste barriles de tazones de cerdos en Japón, con suerte nos balancearás algunos extras de kilos en tus perfomance. —Dejó caer la mirada hacia él y una expresión lobuna dio contorno al borde de sus labios—. Si tu entrenamiento intensivo con Yuri es tan efectivo como veo, no habrá diferencia con un helado. Estoy ansioso por verlo —Un brillo genuino parpadeó en sus ojos leopardos, caminando escalera abajo para unirse a la calzada que seguía líneas inconexas que perdían sentido—. ¿Ya tienes nuevas de ideas de cómo provocar a tu público? Quiero volver a ver tu Eros.
—Aún estoy pensando —Ignoró la mitad de su discurso—. Por otro lado, Chris me he dado cuenta de algo —Se detuvieron para verse—. ¿Te sacaste las cejas?
—Ah —Su voz se desplazó con un suave vahído—, ¿sólo hasta este momento lo notaste? Qué cruel eres, Victor. Sólo te interesa aquella belleza inocente proveniente de Japón.
No se molestó en negarlo.
Ya con el sol sobre ellos, aplastando sus ánimos y derritiendo hasta sus esperanzas, según Chris, transitaron entre las avenidas para saciar el antojo de volverse a sentir en su habitad y aliviar el ardor que se paseaba en la garganta, bajando a los pulmones. Después de tratar de entender los letreros, al final el patinador suizo eligió una heladería que se arrinconaba en una esquina y abría una media luna con mesas acompañadas por taburetes de excéntricos colores.
—¿Y cómo nos comunicaremos con ellos? —sospesó Victor, calibrando el asunto que ninguno hablaba tailandés—. ¿Crees que hablen inglés? ¿Ruso? ¿Francés?
Entre las incógnitas que pajarearon en el aire, Chris sacó un fajo de hojas de su bolsillo y las abrió como el corazón de un abanico. A esa distancia, se apreciaban en el paginado el adorno de palabras escritas a manos que debían de venir de puño y letra de su amigo. Éste leyó unas cuantas, practicándolas rápidamente y una vez que estuvieron frente al mostrador, lució su mejor sonrisa entonando su garganta.
De su boca la mezcla de letras retorcidas se balancearon en su lengua, en un tono grave que hizo contraste con la curva pícara que tintineaba galanamente. Quien recibió ese ataque fue una chica de piel tostada y pelambrera azabache que se le enroscaba en las puntas. Tenía unos ojos sin crítica, riéndose tímidamente ante el tailandés no fluido que le llegó a los oídos.
Respondió con voz afable y envió unas órdenes en teclado, anotando su elección en el mostrador. Victor observó el ambiente en silencio, Chris tenía el encanto de una sirena aunado a la ferocidad felina de la seducción. Esa leve torcedura de labios que tenía grababa a la cara, el brillo dorado de sus ojos que hacía consonancia con sus intenciones, el juego de su voz, el rostro franco que transmitía la sensación de vibrar de ansiedad al tiempo que irradiaba firmeza y confianza; todo era una escultura de bloques dorados que al ruso no le tiraba del interés. Sólo le caía en la gracia, él antes era así.
Seducían con la mirada, provocaban con gestos, arrastraban con sus movimientos. Cuando la chica del mostrador advirtió su presencia, plantando sus cuencas negras sobre él, se limitó a formar una línea primigenia que dio arte a sus comisuras, mostrando la madurez de su verdadera belleza. Por un segundo el color sombreó las mejillas de la joven y se refugió detrás del cristal, removiendo nerviosamente su cabello. Pareció decirle algo, pero le negó con la cabeza, esperando que su gesto le hablara de que no compartían el mismo idioma.
A respuesta, Chris compartió el gesto y respondió con otras palabras que a Victor le causaron curiosidad. Definitivamente aprendería lenguas asiáticas en sus ratos libres, su primera en objetivo fijo era el japonés, aunque pensarlo era mejor que decirlo. Varias veces lo practicó con Yuri y sólo salieron deformes oraciones que invocaban a toda lengua menos a la que quería.
—Vamos a sentarnos, pedí dos raciones de mantecado —anunció su amigo, regresándose a la salida para sentarse en el exterior. Deslizó sus manos por los costados, descendiendo seductoramente hasta sus caderas, encorvando la espalda y suspirar en el disfraz de un gemido—. Hay que cuidar la figura —Su voz salió grave, y varios comensales se quedaron perplejos con las quijadas abiertas.
—¿Y no se suponía que romperíamos la dieta? —preguntó el ruso, mirándole de soslayo. Alzó una ceja también, persuasivamente y su añadidura salió en octava grave—. Te enseñaré a verdaderamente romperla.
Chris se volvió, pero Victor ya hacía unas señas a la chica, en un lenguaje mudo eligiendo un volcán de todos los sabores con extras de glaseado, lluvias de galletas y sombras de fresas que definitivamente los desequilibrarían de su rígida rutina. La registradora afirmando que entendió lo que deseaba, recibió su tarjeta a la caja y con ello la orden se cambió.
—Mi entrenador me matará… —murmuró Chris.
Una maliciosa rasgada dividió el rostro del rey del patinaje, la risa se reflejaba en sus ojos. Le temblaban los labios, tratando de no dejar escapar su jovialidad en sus cuerdas vocales.
—Pronto te acostumbrarás.
A esa hora mágica, el sol vestía de oro líquido los altos edificios que se alzaban sobre ellos, provocando estrías de sudor hicieran su terreno dentro de sus cuerpos. Al final, terminaron sentándose en unas de las mesas amparadas por sombras que tranquilizaron sus poros, entre el segundo que exhibían la piel que ya no les era suficiente. Victor con el abrigo aparcado en su hombro, se arremangó la camisa y abrió unos cuantos botones del pecho. Chris decidió no quedarse atrás, quitándose la chaqueta que caía en sus brazos para abrirse la camisa más abajo que Victor. Jadeaban ciertamente, y se encontraron asfixiados por ese sofocante clima que les exprimía las energías.
Claramente aquel semi stripper no pasó desapercibido por ningún comensal, que miraban con ojos abiertos ante los extranjeros de exquisita divinidad. Muchas chicas los fotografiaron, otras los veían de lejos susurrando y riendo. Aun cuando no parecían reconocerlos, que destacaran era sencillamente providencia de la naturaleza que los había bendecido. En la espera de la orden que Victor había pedido, fueron el centro de atención recibiendo unos cuantos números de teléfono y peticiones de fotos que no se molestaron en negar.
—¿Dónde podemos conseguir al centro de patinaje Imperial World? —Nadie respondió—. ¿Alguien habla inglés aquí? ¿Francés? ¿Ruso? ¿Italiano? ¿Español? ¡¿Hebreo?! —habló Victor a la pequeña multitud que los rodeaba, pero a todos se le pintó la interrogante en la mirada y el patinador sintió el peso de la decepción avasallante en todo su cuerpo—. Help, this is not amazing.
Chris se echó a reír y susurró en el oído de una joven de misma tez acanelada, enfundada en un vestido aguamarina con la que recientemente se había fotografiado.
—My lady, ¿somehone speak English? —añadió la misma pregunta en los idioma que manejaba, y aunque intentó hacerlo en tailandés, la realidad no cambió frente a él.
Victor se llevó las manos al rostro idealizando la obra del grito, en su nueva representación artística rusa.
—¡Yuri, ¿a dónde te viniste a meter?! —Su berrinche casi fue compartido por Chris quien ya se había resignado y dejado caer en la silla.
—Ni mi tailandés es suficiente… —Un ligero suspiro brotó de sus labios.
—No sabía que hablabas esa lengua —apuntó Victor, sentándose en unos de los taburetes—. O al menos lo intentabas.
—Phichit me dio estas notas en el banquete del GPF, me dijo que si quería venir sería mi guía pero que no estaba de más tener esto por si lo llegase a necesitar —Señaló el blog de notas plantado en la mesa circular—. Aunque podrás ver que no nos ha servido de mucho. Le enviaré un mensaje a Phichit para que me envíe la dirección.
Tomando el pequeño cuaderno, el ruso aleteó entre las hojas buscando una línea que les sirviera para dar con alguien que pudiese tan siquiera entenderlos. Encontró una interesante que le llamó la atención, y subrayándola porque enfáticamente lo requería, se levantó de la mesa acudiendo a la contigua repleta de doncellas con las cuales ya habían interactuado.
Orando a cualquier dios que le diera esa gota de su bendición, y que no fuera tan despiadado en inglés, enseñó el papel con las letras inscritas a la vista de ellas porque no tenía idea de cómo sería la pronunciación, no estaba de ánimos de ponerse a aprender una lengua en ese minuto. Una de las jóvenes sonrió y asintió con la cabeza, registrando en su bolso lo que Victor necesitaba realmente en esos segundos.
La chica extendió su mano para entregarle lo que él había pedido, lo recibió guiñándole el ojo y agradeció en inglés, algo que gracias a los cielos la mayoría conocía. Tomó el cargador portátil para poder encender nuevamente su teléfono, ya que estuvo limitado por ese momento de su extremidad tecnológica.
—Sólo será unos minutos —dijo, esperando que le entendiera para cuando regresó a su respectivo lugar, conectando el aparato que había conseguido a su muerto celular.
—Nada mal, Victor —le felicitó Chris, para luego reacomodarse en la silla y soltar un chasquido—. Nota mental, la próxima vez que venga —señalaba con el ceño fruncido—, vendré semi desnudo y con un traductor como consorte.
En los ojos de tinte azulado serpenteó el fantasma de una pequeña burla, mientras depositaba su teléfono a un lado de él.
—Y yo que creía que mis palabras eran broma —Su insinuación salió en los bajos pesos de su pueril personalidad, en ese retintín que hizo que su amigo desviara la mirada.
—No seas molesto. Phichit es sólo un amigo.
—Y Yuri es sólo mi estudiante. —Dejó caer el peso de su mentón en el dorso de la muñeca con una ranura de más estirándose en su rostro.
—Para tu información, acosador Victor, tenemos diferentes maneras para tratar a los vírgenes —Su mirada apuntó al rostro y riéndose añadió—: Si es que Yuri...
—Sí —cortó al momento, sin romper el contacto visual que transformó que los jugadores perdieron tregua.
—Es feo mentir, Victor —Su mueca arrugó su expresión.
Sopesando los encuentros con su estudiante, el pentacampeón meditó la respuesta.
—Bien, hemos tenido nuestros roces.
—Así me gusta más. Yuri me parece muy tímido. —No había terminado de decir eso cuando una pequeña carcajada se desenfundó de la garganta del ruso.
—Conozco una parte de él que te sorprendería. —Probó otra cucharada de la montaña del volcán, dulcificando sus papilas gustativas que mejoraron su semblante.
—¿Victor contra las almohadas? —insinuó lujurioso, comiendo otra fresa—. Yo quiero ver eso…
Antes de decir algo más, el móvil de Chris se levantó en púlpito con una ligera balada alertando la llamada entrante que se hizo notar. Leyendo el nombre en la pantalla lo tomó, llenándose los pulmones de aire. Formó la mejor de su sonrisa que había aprendido, sacándole una doblada de cejas a su compañero en una curiosidad que habló por sí sola. Ignorándolo, Chris entonó su garganta y habló:
—Hola, Phichit, ¿cómo estás?
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Yuri caminaba en silencio, sorteando cada rincón con la mirada en busca de la persona que exhibía una piel blanquecina como la nieve, cabello color ceniza, ojos de sendas oceánicas, porte caballeroso y encantadora expresión. Muchas veces creía que había atinado con él, pero cuando llegaba a acercarse lo suficiente para que sus ojos olvidaran la miopía y entendiera los contornos de los rostros, se topaba con la viva muestra del error. No importaba cuanto mirara, no conseguía a Victor por ninguna parte.
Quizás estaba desvariando, quizás su intuición era tan mala como su positivismo, sin embargo, una vena dentro de su pecho latía en discordia a las otras. Alertando que posiblemente su entrenador pudiera estar perdido en las calles o secuestrado en algún lugar. Tragó grueso, negando con la cabeza. Victor estaba bien. Tenía que estarlo.
Llamarlo había sido inútil, no le respondía el teléfono. Deseó escribirle a Yurio y al replantearse de nuevo la pregunta, casi se rió de sí mismo. Eso sería ganarse una oferta única de los mejores insultos en versión quinceañera.
Phichit estaba a su lado, comentándole que en cuanto llegaran asignarían los números a Guang Hong y Leo de Iglesia, aparte de plantear el baile grupal. Yuri recordó que al recibirlos, éstos estaban bastante entusiasmados en volver a patinar quizás después de ese período sin verse, por lo que su motivo de quedarse dentro de las entrañas del Imperial World fue absoluto.
—¿Harán también dueto? —le interesó saber Yuri, siguiendo a su amigo en la franja de cemento peatonal.
—Aún no lo sé, quiero entretener al público y con dos exhibiciones sorprenderíamos pero sería bastante rápido —alegó con aire pensativo.
—Yo podría hacer un performance solo —sugirió, con el rostro coloreándose ligeramente de carmesí y su amigo no detuvo la sorpresa que expandió los trazos de su rostro, dándole nueva forma.
—Yuri, pero tú... —Phichit se detuvo en seco, mirándose con los ojos abiertos.
Una sonrisa de remates tímidos se estiró en los labios del japonés, dándole peso a sus palabras.
—Podría pedirle a Celestino que cree la coreografía, pero no sé si el tiempo alcanza.
Phichit le posó una mano en el hombro, y en su expresión estaba el dulce júbilo.
—Gracias, Yuri, gracias. —En su voz se manifestaba la emoción que ocultaba en su garganta y el agradecimiento que expresaba en su afecto—. Entonces, ¡yo también haré uno! ¡Tenemos que prepararnos! —Levantó su palo de selphie como un báculo y calculando lo que significaban sus declaraciones, exclamó—: ¡Por Dios, Yuri tenemos mucho que hacer! ¡Necesitamos nuevos vestuarios! Pensar en la música, ¡¿qué nivel de saltos añadiremos?! —Empezó a caminar alebrestadamente, notando en la lejanía un mostrador de luces tenues que exhibía maniquíes de ballet—. ¡Ah, Yuri, entremos allí!
Siendo obligado por su amigo, duraron alrededor de un par de horas paseando entre las tiendas buscando telas, atuendos, accesorios y algunas llamativas bandas como también estandartes de cortejo para el evento. Yuri sólo observó como Phichit elegía trajes que en sentido de moda —incluso artística— eran demasiados extravagantes. Lo vio obsesionarse con uno que era básicamente la mezcla extrovertida de una papeleta de colores patrocinados por el rosa; tenía un sombrero de copa alta y puntiaguda, con la forma de una barquilla invertida. Poseía la decoración de un nivelado ascendente, que tenía un motivo diferente en cada sección. La parte superior lucía similar a un kimono, con mangas acampanadas y franjas que atravesaban la superficie. En el pecho las líneas cambiaban su dirección y se adoraban con un ovalo de boleros en manchas verdes. Lo que más le causaba curiosidad a Yuri, era el cinturón que tenía forma de boca matizada con un potente escarlata y que después de su cruce, las franjas eran suplantadas por un punteado bastante curioso.
Phichit le pidió opinión en cuanto salió del vestidor, y al ver la poca consonancia que había entre una parte y otra, Yuri terminó diciendo que se le veía bien. La risa estalló dulcemente, y al probarse unos pantalones bombachos con otro decorado en líneas, mezclado con zapatos puntiagudos de azul rey, el arte quedó culminado.
—¿No te parece un poco exagerado? —La pregunta se le escapó de los labios de Yuri.
Sin embargo, Phichit asintió benévolamente y sonreía. Siempre sonreía.
—Esa es la idea. Soy el patrocinador, debo destacar —Parecía orgulloso. El brillo en sus pupilas azabaches casi encandilaban con tanta seguridad.
Yuri asintió.
—Entonces, es perfecto.
Pensando que se vería extraño dentro de ese estilo, Yuri recordó que después de probar el modo de Eros y tener una aceptación, creía que podía adoptar cualquier personalidad en el hielo.
Salieron con las manos pobladas de bolsas, y el peso de la tarde en los hombros. Dentro de su bolsillo, el iPhone de Yuri no dejaba de vibrar con agobiante insistencia. Las notificaciones en Instagram seguían latentes y persistentes, por lo que le hacía preguntarse quién más lo estaría agregando a publicaciones sobre la supuesta boda.
—Yuri, espérame aquí, llamaré a Chris. ¡Me sorprendió diciendo que ya estaba aquí!
Las cejas del japonés se arquearon ligeramente, y una corazonada latió en su sien, pero terminó asintiendo.
—Lo llamaré para que lo busquemos y así volvamos al Imperial World. Otabek me envió un mensaje y me dijo que iría más tarde. —continuó, adelantándose unos pasos para meterse en una tienda preguntando algo que Yuri no alcanzó a oír salvo del grito que le pedía que lo esperara allí.
Chris Giacometti, rival y amigo de Victor… estaba en Tailandia…
¿Y si Victor estaba con Chris? ¿Y si Chris era quien dirigía realmente ese barco?
Yuri casi sintió al mundo burlarse de él, casi arrodillándose en la acera, tapándose el rostro. Sí, tenía que ser eso. ¿Cuál habrá sido su reacción? ¿Acaso la mención de la boda era para poder escaparse de Rusia? ¿Por qué tomó esas decisiones? No era experto en el amor, pero ¿no había que iniciar una relación antes de irse de pique al altar?
Su corazón martilleaba con tanta fuerza dentro de su pecho, que sentía que le robaba el aire. Sólo en tres ocasiones se sintió así, la primera; cuando Victor se declaró como su entrenador. La segunda al besarse por primera vez. Y ahora esa boda...
No sabía nada. Desconocía si era una de las bromas pesadas de su entrenador, si acaso estaba aprovechando eso para lograr algo… Eso era por lo que no intentaba darle muchas vueltas al asunto. Sin embargo, todo lo que envolvía a Victor era algo que lo enredaba con dulces fragancias que lo perfumaban en un sentimiento que nunca había conocido.
Victor fue a la primera persona que abrazó por cuenta propia. Que corrió a buscarla y esconderse en la seguridad de sus brazos. Nunca le dijo que sintió tanto ahogo en su ausencia en el hotel en la noche de la copa Rostelecom, que estuvo a punto de abandonar todo y volver a Japón para estar a su lado.
Suspiró, necesitaba hablar con él.
Probando nuevamente suerte, extrajo su celular deslizando la pantalla e ignorando las notificaciones, estuvo dispuesto a realizar la llamada. Le bailaban las manos y sus ideas danzaban en el terremoto de sus nervios pero aún así, se armó de valor para presionar la opción de marcar.
Lo hizo. No supo cómo, pero lo hizo. Tragó saliva, conteniendo todas sus emociones, oyó a lo lejos a Phichit que le decía que iba a entrar a otra tienda y él asintió.
El constante sonido tomó el control de sus bocinas, en un repetitivo conteo que le sacó la mejor desilusión cuando la voz monótona le avisó que el número no estaba disponible. Curiosamente se dijo que no podía detenerse allí, necesitaba hablar, debía hablar con Victor.
Por lo que al meterse en la aplicación de Whatsapp, buscó el contacto de su entrenador tomando una gran calada de aire. Miró la foto de perfil de Victor, y después de pensar en lo que pondría, escribió.
Continuará.
N/Finales: Publicaré la otra parte el siguiente viernes o sábado y ya el cap 6, sería para el siguiente mes. Debo resaltar ciertas escenas de la cual me basé y que obviamente se debieron de dar cuenta:
1. La historia del Imperial World no es oficial, es una que yo inventé para darle un poco de trasfondo. Y el vestuario que describo para Phichit, es el que se muestra en su ensoñación.
2. Que Chris no reaccionara o vengara de Victor (por el momento) es porque veo que ese personaje le gusta más beneficiarse de la situación. Muestra de un botón es como se aprovecha de la borrachera de Yuri y hacen el poledance, no sé si a Yuri le fuese surgido solo la idea jaja.
3. No sé porque me imaginé a Victor y a Chris luciendo sus mejores trajes ignorando el clima en ese momento. Me basé en esa idea para que no contara el clima que ronda en ese país. Hay que destacar que aun cuando ambos eran patinadores entrenados, el cambio climático y la gravedad siempre afecta de una manera u otra. Pero no lo tomé muy a fondo acá, más que sólo se cansaran.
4. A veces el inglés no es suficiente en todos los países(¿?) Y la frase de inicio, es una dicha por Victor en el capítulo 10 :3
Para el siguiente capítulo (6) añadiré los personajes que me faltan. Aun Seung no está en mis planes, y si alguien quería verlo, lamento no poder complacerlos.
Agradecimientos a los lindos usuarios y guest: azraqbahrir(No me había dado cuenta que a los usuarios con "." los trunca), Taurus95, Suna, Adriana454, Cloud122, Kumikoson4, zryvanierkic, Suteishi-gami Blue Fire, Marigabi, Ina-Stardust R, Luxchan, pacozam, Tseje, Rojaima, NUMENEESSE, Sverige Susan, lenna-ren, camilapachecod.
Respuesta de Guest:
Suna: Tenía que aceptarlo o Victor no podría evitar que lo enviaran de regreso a Rusia x'D Tengo pensado aprovecharme de eso en las siguientes actualizaciones. ¡Me alegra que te haya gustado! La verdad no sé porque pensé en ellos cuando escribía y, realmente vino de Yu gi Oh la idea del "Yo te elijo". Aunque este capítulo es un poco más seriecito y la parte 2 jaja. ¡Gracias por seguirme desde el inicio, es lindo saber que los guest se toman esa molestia!
Guest(1): ¿Asombrosa? No, no, Fabulosa(¿?) Ok, no x'D… ¡Gracias por leer!
Guest(3): Jaja, yo también quise imaginarme a Victor con celos y esto fue lo que me salió. Gracias por leer y doblemente gracias por dejarme tu review, pronto seguiré actualizando.
Tseje: Muchas gracias a ti por leer. No mueras, debes seguir leyendo lo que sigue jajjaj Gracias (heart) *-* El humor sólo se me da en ocasiones pero me contenta que ustedes lo disfruten. Me seguiré esforzando por ustedes.
Luxchan: Yo creo que si es ambos x'D Según es un genio en el patinaje, pero aún no se sabe en otras partes(¿?) Le tengo escenas especiales a Phichit, es un personaje que me gusta por su nata alegría y ese don único para amar a las fotos. Cada personaje que ya ha sido mencionado tendrá un espacio para ser rey (espero x'D). Con respecto a Chris, definitivamente creo que le gusta más disfrutar de la situación a cuesta de otros. Gracias por tu review, y amanecer por la historia jajaja me alegra saber que les agrade la historia. ¡Muchas gracias por leer y dejarme tu huella!
camilapacheco.d: No eres guest, pero tienes el inbox bloqueado, por lo que te responderé por acá. Muchas gracias por tu review, qué bueno que te guste la historia y aprecies mi escritura. Saludos.
Gracias a todos por tu recibimiento y su aceptación. Estoy muy contenta de tener lectores que les guste esta pequeña historia. Hasta el viernes (o sábado) ¡y gracias por leer!
