Notas: Damas & Caballeros, hemos llegado sorprendentemente a los 100 reviews –aplausos- Claramente esto es gracias a ustedes, y a parte de seguir actualizando, me resta por agradecer tan buen recibimiento. Gracias por quienes siguen la trama, que a pesar de ser mensual siguen constantes x3 Otra cosita que avisar, es que debo notificar que hace días paseando por internet me topé que este fic está en un raking en una lista de mejores fic de diciembre, con una puntuación de más de 800 puntos. ¿Cómo es eso? No tengo idea. ¿Quién lo hace? Tampoco lo sé jaja pero debo decir que estoy feliz que el fandom de YOI, disfrute lo que traje para ustedes.
Les pongo mi palabra que ayer iba a actualizar, pero en medio de mi lectura para corregir, me llamaron unos amigos y me sacaron de mi cueva para ir a una fiesta jajaj. Antes este capítulo era de 3k pero corrigiendo llegó a los 7k. Así que digamos que tuvieron dos capítulos largos en un mes, ¿alguien le da una medalla a esta escritora de medio tiempo? Issie se dará un descanso de tres meses (?)
Advertencias: Yaoi, BL, BxB. No prometo comedia en este fic :)
Gracias nuevamente, y los dejo con la parte final de Amistad Leal.
DISTURBIO SOCIAL
Capítulo 5: Amistad Leal.
~Parte 2~
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Phichit dejó que el sonido de llamada se evaporara con el pitido que sentía en los oídos, gracias al motivo por el cual su corazón saltaba de una felicidad amena, erigiendo el gesto involuntario al doblar y estirar las puntas de sus labios.
Había logrado lo imposible. Lo soñado. Consiguió unir a más de cinco naciones procreadoras de hijos de cuna en el arte artístico, juntándolos a todos en una pista de hielo nacida en Tailandia. Aún no lo podía creer.
Se tapó los labios e intentó contenerse al inflar el pecho y sentir como sus pulmones se expandían, aunque sabía que no tenía necesidad de aquello. A él se le daba mejor expresar lo que burbujeaba en su pecho, sentirlo y expresarlo de la mejor manera que su rostro consiguiera conveniente.
Se miró las manos después de esconder su móvil en la grieta de su bolsillo, él siendo un patinador de una tierra asiática olvidada en un punto del continente, había logrado que su bandera se alzara con su nombre acompañándolo. Una masa de diferentes multitudes lo apoyó hasta su última presentación, motivando a su propia gente en vanagloriarse del chico que alzó su nombre en los seis mejores del mundo.
No haber llegado al podio quizás fue una posibilidad que ya había puesto delante de sus ojos, por lo que no dejó que el sentimiento le detuviera . Su objetivo viró de dirección a la ensoñación que estaba viviendo y, por supuesto, dar peso a la razón de embriagar al mundo de arte en hielo. Celestino también se dio cuenta que no tenía, por el momento, el repertorio suficiente de complejidad que le condecorara con una medalla en el pecho en la final, pero le dijo las sencillas palabras que le hicieron sonreír en todo momento.
Divierte al público. Esa será tu victoria en este Grand Prix Final.
Al oír esa motivación, no pudo evitar recordar el empujón que lo conllevó a montarse sobre unos patines y perseguir un sueño. Todo había comenzado siguiendo los pasos de la estrella artística Victor Nikiforov, aquel ruso que seguía siendo una leyenda que cautivaba con cada nuevo verso. Phichit aprendió de su cuerpo, el carisma y los movimientos para nunca aburrir al mundo que lo ovacionaba. Era imposible quitarle la vista de encima a los bailes que destilaban música, una historia y un sentimiento que más tarde empezó a perderse entre líricas de baja inspiración. Lamentó cuando oyó su descanso en esa temporada, porque deseó que Victor viera lo que sus performance hicieron a un asiático andino y demostrarle que podía darle la talla.
Estudió el toe-loop cuádruple a partir de sus vídeos alojados a las largas listas de YouTube, y quiso expresar la misma magia en el salto que lo hacía sentir como si volara sobre plata. Él había advertido como un héroe de su nación perdía la luz que guiaba los soñadores a su espalda, dándole peso a su oportunidad en suplantarlo. No en un podio, no en un título, no en una honorífica escalera galardona, si no en un encanto que sólo una sonrisa llena de pasión podía tejer con todo su corazón y entregarlo a la fanaticada.
Antes estuvo cegado por su propia meta que olvidó que hubieron participantes duros de batir, que incluso rompiendo el estándar que Celestino y él creían, Yuri demostró ser un gran adversario. Al principio, se sorprendió del cambio radical de sus bailes, expresión, seguridad, y después de comprender que su amigo fue nuevamente moldeado por el ídolo de muchos, entendió que Victor era un hombre capaz de convertir masas volubles de miedo en figuras de oro dispuestas a brillar.
Tal vez aún faltaban experiencias para que Yuri dejara salir todo su potencial, su verdadera luz, lo cual lo hacía sentir dichoso de compartir lazo con alguien tan talentoso. En Detroit muchas veces intentó contagiarlo para que abandonara su falta de convicción, pero ahora que lo veía de frente a él, en el nuevo cambio, lo que Yuri nunca necesitó fue apoyo. Ese sentimiento lo tenía como lluvia por muchas partes, él mismo lo había percibido y también visto en la reforma. Yuri lo que necesitó es que alguien le enseñara a ver el amor que lo conducía, que lo empujaba y. no pareció percatarse, hasta que Victor le quitó la venda de los ojos.
—Nos volvemos más fuertes cuando notamos las personas que nos aprecian —Sonrió débilmente con ello, diciendo eso para sí mismo dentro de la tienda de fotografía—. Mi país me apoya y yo... —En sus ojos relució una nueva evidencia de su fortaleza, mientras salía nuevamente al exterior—, debo hacerme más fuerte.
A lo lejos, al otro lado de la calle, encontró a Yuri con los ojos impuesto en la pantalla de su Iphone, cuya expresión sepulcral le cazó la expresión en vuelo, enviándole una corriente de curiosidad. Marchó a través de la avenida, atravesando la principal en una suave corrida, después de haber comprado una docena de palos de selphies.
—¿Yuri? —llamó, llegando a su lado con las manos invadidas por bolsas—. ¿Qué ocurre?
Sus preguntas permanecieron estáticas fuera de su boca, sin que nadie las recibiera hasta que Yuri se pasó rápidamente el brazo por los ojos, y detrás del cristal de su montura, Phichit vio el fantasma de una humedad.
Quiso preguntarle si estaba llorando, qué pasaba para que su expresión luciera tan profunda y decaída. Sin embargo, Yuri le miró y, posteriormente, un breve y forzado destello de sonrisa. Una de mentira, falsa, sin sentimiento; sólo carátula.
—Yo lo hice, Phichit-kun —dijo eso como si le hubiese arrancado la respuesta con un gancho, quebrándose a mitad de oración al forzar su garganta y perder toda su entonación—. Yo lo hice...
—¿Qué? ¿Qué hiciste? —Su retórica estuvo cargada de urgencia—. No me asustes, Yuri...
—Victor... —murmuró, observando el teléfono hasta que lo soltó yéndosele a los brazos, notando la sangre caliente en las venas cerrándole la garganta y atragantándole la voz—. Victor... Yo... lo hice de nuevo.
Phichit abrió los ojos desconcertado, desde esa temporada ese japonés se había vuelto muy afectuoso con su alrededor. No era normal que Yuri buscara por cuenta propia abrazar a alguien, y pese a eso, allí estaba; intentando encontrar un calor en brazos ajenos, guiándose por el amor que había conocido.
El amor nos hace fuerte.
Le envolvió los brazos a su alrededor, apretando fuerte en un intento de detener la disolución. Lo pegó contra él, sintiendo el esqueleto de su amigo vibrar bajo sus manos.
—Yuri, tienes que decirme qué hiciste —insistió, buscando vías quizás oblicuas para encontrar la contestación y así una solución—. ¿Rechazaste a Victor? —No recibió nada y un hueco negro se alojó en su pecho—. ¿No lo quieres?
—¡No es eso! —estalló Yuri, separándose de golpe—. ¡Lo quiero tanto que me asfixia! —confesó, tapándose los ojos, fatigado. Era incapaz de enterrar esa inquietud abismal que residía en su corazón. Afloraba, se hacía más grande, más hondo, más enrarecida—. Este sentimiento… está siendo un obstáculo para su carrera.
El tailandés se quedó sin habla por primera vez. En los ojos de su amigo, se dibujó la sombra de un tormento que no parecía dejarlo respirar.
—Phichit-kun, yo quiero ver de nuevo a Victor en el hielo —continuó Yuri, envenenando sus párpados con lágrimas—. Quiero volver a verlo... Pero…
Finalmente entendiendo la telaraña que estaba enredando a su amigo, Pichit le tomó las manos y le enseñó una sonrisa. Tuvo que levantar la voz para hacerse oír pese al estruendo de la calle: el fragor de los carros y el silbido de los murmullos.
—Yuri, muchos queremos volver a ver a Victor bailar, pero ¿te has preguntado si eso es lo que Victor quiere realmente? —empezó y el efecto que hizo se reflejó en el rostro del aludido—.Victor tiene los suficientes años en el patinaje para poder decir que está agotado. Quizás ya quiere salir de ese círculo vicioso y tú lo estás obligando a permanecer en un lugar donde ya no quiere estar... —En su rostro una expresión triste tergiversó sus líneas—. No puedes obligarlo, Yuri, Victor consiguió otro lugar donde sentirse a gusto y tú sabes cuál es —Le plantó su puño en el pecho, proporcionando un peso diferente a su continuación—: Aquí, donde estás tú. Tú eres la nueva pasión de Victor.
El mundo se llenó de silencio.
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Chris se había quedado absorto, con los ojos perdiendo elegancia en cuanto la orden no parecía extinguirse, comieran cuanto comieran. ¿Y cómo no hacerlo? Era una masiva complexión de grasa saturada, carbohidratos, azúcares, cacao y todos los componentes que tenía prohibido en el organismo.
—Ya estoy lleno, Vict...
—¡Vkusno! —exclamaba Victor en ruso, en su afanada meta en devorar el pecado envuelto en un cuenco de porcelana con fresas bordeándolo—. No te preocupes, entiendo que no puedas.
Una ceja se alzó en el suizo, ¿qué él, qué? ¿Qué no podía, qué? Bien, eso era personal. No iba a perder contra Victor. No esa vez.
Volvió a tomar la cucharilla, olvidando la fascinación por la presentación, extrayendo una gran porción que se llevó a la boca. Sólo con el roce de su textura sintió como si abordara el paraíso que se derretía en su lengua, calmando su organismo e hidratándolo en las zonas secas. Por un momento, sus sentidos se degustaron en la sensación, y cerrando sus ojos, fue como estar de nuevo en una pista de hielo, en su verdadero lugar.
El frío le alertó los poros, manteniendo su expresión serena y confiada. No perdería. Fue por otro pedazo, otro, y así hasta que los dos se encontraron quitándole corazas a ese volcán.
—Yo nací para el hielo —declaró Chris, yendo por otro trozo, tomando una fresa con la que se delineó los labios—. Nunca podría abandonarlo.
La contestación contigua no llegó, pero la indirecta fue claramente recibida. Esperaba que Victor empleara los verdaderos motivos del descanso que casi lo sacó de las listas de competidores activos. Quería saber qué vio en Yuri para que el deseo pernicioso de dejar todo, todavía subsistiera en su piel. Temía que después del nacional, la carrera artística de su archirrival tocara la línea del fin, dejando al nido para volar hacia otros rumbos. Debía admitirlo, eso le causaba curiosidad.
¿Qué ganaba con eso?
Su turbación no fue manifestada, pero Victor parecía leerle la pregunta muda en los labios, más se limitó a sonreírle dejando el cubierto a un lado, en tanto se llevaba una servilleta a las comisuras.
Desechando su cadena de pensamientos de caminos bifurcados atrás, Chris notó que le miraba con un centelleo sinuoso en el iris azul, habitual gesto altanero y arrogancia de salón que había batido en entrada. Eso le hizo sentir inferior, frustrándole. Estaba cansado de ver su espalda, aunque la vista de sus cachetes traseros nunca le aburriría.
—Nunca me dijiste qué te dijo Phichit. —habló Victor después de acabar con el helado.
—Vendrá a buscarme aquí —repitió las palabras anteriormente dichas con el tailandés—. Yuri debe estar con él, así que aún no puedes mostrarte.
—Yuri ya debe saber que estoy aquí, Chris —Se dejó caer en el respaldo con cansancio—. Ya fue suficiente, hablaré con él.
—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber qué le dirás? —le cuestionó, empezando a guiñar el ojo y blandir la boca de pescado para imitarlo—. "Ah, hola, Yuri. Sí, vine desde Rusia a llevarte conmigo porque no quiero que estés con ese rompe hogares de Phichit, que no sólo te aleja de mí sino que secuestró a mi mascota. Nos vamos, vístete que te vas conmigo. Y por cierto, la boda es cierta, nos casaremos en cuanto lleguemos a Rusia. No me importa si no aceptas, perdiste derechos sociales al serme infiel."
Una risa baja que perdió volumen y se deshizo en los labios del pentacampeón en cuanto salió, fue la principal reacción que se obtuvo con la imitación. Chris se sorprendió un poco, anotando mentalmente la expresión menguada que transformó el rostro solemne que tenía en frente, escudándose detrás de una sonrisa nostálgica.
—Quizá diría otras palabras —manifestó Victor, fijando su mirada en el resto del helado derritiéndose—. Yuri sabe que no lo obligaría hacer algo que esté en contra de su voluntad.
Su humor cayó en picada, en una anticipación al nuevo término perfecto que definía por el momento el sentimiento alojado en el pecho del ruso. Su amigo no entendió del todo el cambio radical, perdiendo fachada al balbucear:
—Pero tu publicación…
—Chris —Victor se reía—… nunca afirmo directamente que me quiero casar con Yuri. La prensa concluyó eso, claro que lo hice con ese fin pero de manera que también pueda regresarme. Yuri me dio un anillo simbología de agradecimiento, en otros ojos eso es visto como una petición de matrimonio que, al fin de cuentas, no lo es para los míos. —El silencio cayó como una calma inmensa y resonante, constituida por las cosas que estaban dejando un hueco en su oración. Y aun así, Victor colocó el punto en su incompleto discurso—: Igual pasa con éste.
No comprendía del todo. El suizo no pudo ni siquiera replicar, rodeándose de una pausa que prometía más solidez que el francosuizo. No entendía realmente las acciones de ese hombre. Primero; atraviesa cielo, mar y tierra para encontrar a la persona que quiere. Segundo; planea una fiesta que, en realidad, era un motivo para atraer a los restantes patinadores al evento de Phichit, sólo porque era una manera silenciosa de apoyarlos indirectamente. Chris creía que ni una mujer era tan complicada. La mente de ese ruso evidentemente era la de un genio.
Suspirando, derrotado, Chris terminó admitiendo:
—Supongo que tienes razón.
Una vibración se sintió en el refugio del bolsillo del rey del patinaje, apreciando que su móvil notificaba que tenía un mensaje esperando por su atención. Ya había conseguido la mitad de la carga antes que la dueña del cargador se fuera y le dejara otro número apuntado en la mesa. Quizás era otro sumado a la lista que tenía de Yakov insultándole, y al plantarlo frente a él, leyó el número que se sabía de memoria haciendo que sus párpados se separaran ligeramente.
Abrió el mensaje en la App Whatsapp y éste se expandió en su pantalla con un ligero párrafo bastante completo. Yuri. A su corazón se le olvidó latir, cerró los ojos unos segundos, buscando fuerza silenciosa para poder recibir el siguiente texto. No pudo retener el recuerdo del pasado, aquella noche de luto cuando Yuri le había liberado de ser su entrenador entregándole a cambio un agradecimiento. Aún su voz podía resonar y percudir su interior.
"Gracias por todo, Victor. Terminemos con esto", se abrumó al recordarlo dichas del programa libre en la final, y sacudiendo la cabeza, decidió hacerse responsable de sus propios actos. Cada acción, atraería una reacción que podía ser una contracción. O al menos, así sería por ese momento.
—¿Quién te escribió? —preguntaba Chris, pero no lo oyó, o en palabras verbalmente crueles, ignoró. Sólo incrustó sus ojos en las letras digitalizadas del mensaje para leer:
«Victor, sé que esto es repentino pero necesito hablar contigo. Entiendo que estás ocupado con tu reincorporación, y por eso no quiero ser molestia por lo que seré breve. Yo... no sé lo que quieres decir con ese post que hiciste en Instagram. No quiero malinterpretar tus palabras, abiertamente no dices nada pero estamos en todas las redes sociales, y aunque no sé si deseas lograr algo con eso... no puedo apoyarte. Si quieres otra excusa para salir de las manos de Yakov, recuerda que pronto será el nacional. Necesitas concentrarte. Quiero que Victor Nikiforov encabece de nuevo los resultados… Por favor, no te distraigas más, no por mi culpa…»
Al culminar el mensaje, Victor no tenía expresión en el rostro, se le había borrado como un cuadro que pierde pintura. Lo releyó un par de veces más, encontrando ciertas trabas que, aunado a la personalidad Yuri, sólo pudo concluir: ¿Qué clase de idiota había sido? Su lógica empezó a tonarse borrosa, embestida por una verdad que Yuri le había mostrado una vez más. La petición pareció caer como puñales sin filo a su cuerpo, aunque no hizo ceder su expresión sin líneas.
Segundos más tarde, otro mensaje llegó, un direct de Instragram de un chico que reconoció por ser loco de los selphies. No estaba de ganas para leer felicitaciones, mucho menos cuantos éstas no tenía soporte para ser válidas, pero prefirió tentar a su humor para aprovechar y leer lo que Phichit querría decirle.
«Esto puede parecer extraño, y como amigo de Yuri debo decírtelo —"Amigo de Yuri", a Victor le tembló la ceja—. ¡No importa lo que Yuri te haya dicho, ignóralo! ¡Borra eso! ¡No es cierto! No me corresponde decir esto, y quizás esté mal, pero Yuri te quiere. Te quiere muchísisisisimo. ¡Así que ven a Tailandia, y cásense aquí!»
Sin evitarlo, un leve estiramiento en sus comisuras resbaló por sus labios, pero fue borrada al segundo siguiente de recordar el anterior mensaje de Yuri.
Chris le tenía clavada la mirada, casi exigiéndole detalles de lo que sea que le fuese llegado para que destruyera su sonrisa. Intentó estirar el cuello para ver lo que se mostraba en su pantalla, pero las letras desenfocadas no eran claramente su especialidad. Más sin sus lentes.
—Hey, no me dejes con la intriga. ¿Quién te escribió? ¿Fue Yuri? Dame detalles.
Al listado de preguntas, Victor sólo respondió:
—Regresaré al hotel —Se apoyó del espaldar, impulsándose hacia adelante—. Avísame cualquier imprevisto, regresaré mañana a Rusia. —Se echó la gabardina al hombro, llevándose la última galleta restante de su pecado glacial—. Lamento los problemas causados, Chris.
Extendió su mano libre para estrecharla, recogiendo el apretón que recibió por parte de aquel patinador suizo. Auscultó el patio con la mirada barajando decepción y, quizá, cierto alivio cobarde al decidir devolverse por donde había llegado. Era un aliento de palabras que murieron en sus labios, asustados por su enojo y amargura lejanos, ridículos de repente hacia sí mismo.
—No es fácil ser tu amigo —Sonrió Chris en aire risueño, acariciando el dorso en gesto provocador—, pero lo sigo siendo.
Se escudaron en un pequeño abrazo, con sus sombras cortando las cortinas de luz que caían creando un contorno sin forma definible, al abrirse ese lado vulnerable que no dejaban salir fácilmente a la luz. Victor pensó que era un idiota, y Chris no podía negarlo. El drama que formaron cobró peso al oír unas voces, alcanzando sus oídos y sus razonamientos, provocó que les sacudiera los esqueletos .
—¡Yuri, es por aquí!
Stop, no, no ahora por favor.
¿Ese era…?
—No es necesario que tires de mí…, Phichit-kun.
Oh, no.
Chris y Victor se separaron al instante, entrando en las líneas del pánico que colgó de sus rostros, pensando en su cuerpo.
¿Ahora qué debían hacer? Los encontraron con las manos en la masa. Ni siquiera había masa, no moldeable, tal vez.
Victor empezó a sondear con la mirada cada lugar, buscando algo donde pudiera esconderse. Se supone que haría una salida dramática, publicaría en una red social Lo que calla el pentacampeón ruso, otra vez soltero y codiciado, y no se dejaría ver porque sentía una vergüenza de sí mismo deseando por ese momento no querer ver a Yuri. O tal vez sí. No, no.
Yuri…
¡¿Por qué Yuri siempre arruinaba sus planes?! Tonto Cerdito.
¿Qué… debería hacer ahora?
—Chris… no puedo dejar que me vea —susurró Victor con el semblante sin color, observando a su espalda tratando de dar con la persona indicada.
Alzando una ceja, su amigo le estudió unos segundos.
—¿No se suponía que…? —Su duda no consiguió cómo armarse—. Ah, ¿sabes qué? No importa. —Reaccionó rápidamente y lo empujó dentro de las instalaciones de la heladería para resguardarse en las cuatro paredes que eran claramente de cristal—. Entra en el baño y no salgas hasta que te diga.
—¿Crees que debería…?
—Por el amor a Dios, Victor, termina de decidirte —le reprendió rodando los ojos, fijándose por el vidrio que los dividía que Phichit había llegado y, efectivamente, estaba con Yuri—. Saldré, entra al baño.
Resguardándose en el recinto, Victor antes de esconderse, reconoció a esa distancia los rasgos dulces de Yuri que tomaban solidez frente a sus ojos. El peso de sus pestañas, el cierre de sus labios, su piel blanquecina y sus encantadores ojos color vino. Tenía un semblante apesadumbrado y una angustia que se le escapaba de la mirada. La reconoció al instante, también notó el tic en sus manos y, a juzgar por la sonrisa forzada que empleó, concluyó que estaba ansioso, dejando su atención en cada segundo a su celular en espera de un mensaje… que no iba a llegar.
Sintió un toque de culpa, claramente él era el responsable. Quiso salir, correr hacia él y decirle que todo estaba bien, que no tenía nada de qué preocuparse, que no era una distracción venir hasta ahí… Bueno, sí, lo era, pero el asunto justifica los medios.
Chris giró rápidamente la cabeza hacia él, como si sintiera su presencia y al notarle todavía al alcance de su rango, le hizo una seña con el rostro en la orden muda de esconderse.
Atendiendo a la petición, Victor atravesó el vestíbulo de paredes celestes y franjas que caían como lágrimas en distintas partes. Entró al claustro diminuto, bañado de porcelana azul y ojos de buey incrustados en las paredes que advirtió de reojo, al sumergirse a uno de los cubículos dando la idea que iba a descargar el tanque intestinal.
No se había sentado en el trono, cuando al momento, una llamada entrante invadió su celular y era el mismo Chris quien le marcaba en ese segundo. ¿Y eso a qué se debía? ¿Tenía que responder?... Atendió desconcertado y llevándoselo a la oreja, antes de tan siquiera hablar, unas voces combinadas en un vals danzaron dentro de su oído reconociéndolas a todas.
—¡Chris, gracias por venir! —Esa era la voz de Phichit, alegre y entusiasmada como siempre—. ¡Vaya, ¿te comiste todo eso tú solo?!
Al parecer, el malentendido de una relación ficticia entre el tailandés y su amigo aún no llegaba a las televisivas.
—No es nada, pude descansar esa semana y ya estoy dispuesto a volver al hielo que me desposa hasta correrme —Hizo una pausa en la mitad que Phichit reía, para añadir melosamente—: Yuri, ¿no vas a saludarme?
Victor no estaba allí, pero podía imaginarse el respingo que debió de tomar las redes sensitivas de su pupilo, tal y como él con sólo escucharlo. Sonrió con el mero pensamiento.
—Hola, Chris —saludó suavemente—. Gracias por venir.
Su voz… tan dulce y armónica, temblorosa, recelosa, tímida. Sí, era la voz de su Yuri. ¿Cuánto había deseado oírla nuevamente? ¿Cuántas veces mendigó un atisbo o un recorte de figura de su cerdito?
—Ya vengo, compraré un helado para llevarle a Leo y a Guang Hong —notificó el tailandés, desvaneciendo el sonido de sus palabras a mitad de oración al perderse en la distorsión de la llamada.
Un sonido de satisfacción pareció ser la respuesta del galán suizo, quien dejó que la pregunta del millón saliera en forma de un susurro.
—Eres malvado, Yuri. Venir hasta esta tierra perdida y no decirle nada a tu señor entrenador. ¿Sabes lo que has causado?
«¡No, Chris!», pensó Victor. Pero fue muy tarde, Yuri reaccionó ante esa oración y se percibió la impaciencia en su siguiente réplica:
—¿Cómo sabes que no le dije a Victor? —Las siguientes preguntas tuvieron más volumen, tallándose en unas más desesperadas que se atropellaban entre sí—. ¿Hablaste con él? ¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Cómo reaccionó? ¿Está molesto?
Una sonrisa silenciosa engalanó los labios de Victor.
«Yuri... Yuri Katsuki… —Cerró los ojos para conjurar su imagen—. Por eso, por cómo eres… es que vine de tan lejos...», no terminó el orden de sus pensamientos cuando la conversación continuó:
—Calma, Yuri, alertarse tanto no es bueno para la salud. Come un poco de helado, eso te hará bien.
—No puedo comer eso. Por favor, responde mis preguntas.
Se oyó un suspiro resignado, y en espera de la continuación, el ruso sabía que Chris lo iba a echar de cabeza. La venganza se venía contra él, se desquitaría con todas las de la ley,
—Victor se emborrachó por despecho, tuvimos una noche de stripper, exhibimos nuestro Eros, ya sabes como la tuya y la mía en el banquete. Ahora, debería estar vomitando los corazones que tenía hacia ti.
—¡¿Qué?! ¡Chris, ¿qué hiciste con Victor?! —Yuri le saltó encima con el reclamo en su respuesta, lo que conllevó que Chris se echara a reír.
—Es broma —Aun el vestigio de su leve carcajada se balanceaba entre los espacios de sus pausas—. Si se sorprendió al saber que estás aquí y no le dijiste nada. Pero lo que más le impactó fue...
—¿Qué Maccachin está conmigo?
Ah, Yuri, tanta inocencia junta. Claro que su mascota ocupaba un espacio grande en su pecho, sin embargo, él sabía que estaba perfectas manos. Lo que no se le quería meter en la cabeza era...
—¿Harás un dueto con Phichit? —Chris invadió sus pensamientos y sacó sus propias conclusiones.
—Ah, sí, pero no hemos obtenido buenos resultados. Por favor, no le digas a Victor.
—¿Qué le eres infiel con Phichit? Tenía otra imagen de ti, Yuri.
—¡Y…Yo no soy infiel! Espera, ¿Victor cree que yo…?
—Yuri, eres tan inocente —dijo Chris con un nuevo toque de seducción, alertando en cada nota un: "Sí, así es. Enloqueciste al ruso protagonista de sueños húmedos de muchos".
—Necesito hablar con él…
—¿Hablar con quién, Yuri? —Se sumó la tercera voz a la conversación—. Hey, Chris, ¿no te enteraste? ¡Yuri se casará con Victor! ¿No es genial? ¡Debemos ser los padrinos!
Los labios del ruso dibujaron palabras en silencio con ello.
—Phichit-kun, ya te he explicado.
La risa de Chris tuvo sinfonía a complicidad.
—¿Eso es cierto, Yuri? Victor no me ha contado eso —mintió.
—¿No? —La incógnita de regreso estuvo cargada de sorpresa—. Esperaba que tú supieras sobre Victor, estoy preocupado por él. Esa boda…
—Yuri, ¿qué piensas al respecto? —Chris finalmente le sacó el tema a la luz y ese era el tema que todos sabían que no podía rehuir más.
Con un suspiro lento y una sonrisa a medio estirar, que el pentacampeón estaba cohibido de observar, se oyó la siguiente réplica:
—Me gusta estar con Victor. Él… me enseñó tantas cosas, me enseñó a enfrentar mis miedos, me mostró los errores que arrastraba y me ayudó a subir al podio en el GPF. Yo fui quien tuvo la idea de los anillos, pero no por los motivos que ustedes creen. Era mi forma de decirle gracias por todo, no tengo las ideas suficientes para crear algo excéntrico pero eso fue lo mejor que se me ocurrió. Victor no pareció molestarle y entendió mis intenciones. Supongo que él sabía lo que correspondía un anillo, y aun así prefirió dejarme redefinir un simple concepto a uno que se adaptara a nosotros. —Victor sintió que se sofocaba en ese mar de confesión que arrastró unas emociones que lo estaban dejando sin aire—. La idea de una boda me aterra, y pienso que eso es algo que debíamos decidir los dos… Pero... aún así... —se calló, una coma lenta, dolorosa, casi hiriente pero que clausuró—: Victor para mí es importante.
Fue suficiente, Victor no necesitó oír más al cerrar la llamada con lo demás apagándose tenuemente hasta que fueron selladas por el finalizar. Ya no podía cargar con el peso de su remordimiento, herir dos veces a Yuri era un pecado que ninguna iglesia lograría purgar.
« Los patinadores tienen corazones débiles... ¿qué pasará si uno se rompe o… tal vez dos?»
Se derrumbó en el tocador cubriéndose el rostro, siendo embestido por una verdad que Yuri le había mostrado una vez más con una bofetada. Había sido egoísta. ¿Quién era él para obligar a Yuri a contraer una promesa cuando no sabía si compartían el mismo sentimiento? ¿Yuri tan siquiera…?
"Te quiere muchísisisisimo", había dicho Phichit, pero para Victor eso no era suficiente. Él no quería, él amaba, como un niño que miraba al mundo con sus ojos bien abiertos.
Le quemaba un nudo en la garganta y no sabía por qué le escocían los lacrimales en una picazón que le empañó la vista. ¿Acaso quería llorar?
El pecho le dolía cuando sus emociones amenazaron con aflorar con pétalos de culpa, alimentándose de su propia estupidez. Fecundando las primeras interrogantes que fueron cortándolo poco a poco: ¿Por qué es que sólo podía decir y hacer cosas tan irresponsables, sin fijarse a quién hería en el proceso?... Palabras sin confianza y sin objetivo.
Llegado a ese punto, no sabía qué quiso lograr con todo eso que armó. Por horas, en sus sueños sin imágenes, había imaginado la voz de Yuri diciéndole que sí, pero ¿sí, a qué?
Por ese instante se asfixió en su propia vacilación, una que no era nata de él, un sentimiento que sólo una vez le apretó el pecho, y ahora esa misma persona, lo provocaba de nuevo por su propia culpa. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Cuarzos líquidos bañaron sus pestañas y diluviaron brillantes sobre la pantalla de su móvil, oscureciendo su iris. Se llevó los dedos a la mejilla, curioso, y atrajo el líquido a su alcance para detallarlo más de cerca. Frotó la humedad entre sus dedos, sintiendo el agua de su propia pena fundirse de nuevo a su piel. Qué extraño era deshidratarse de esa manera.
Sonrió sin poner el alma en ello, limpiándoselas con el dorso de la muñeca, sorprendido que eso no estaba añadida a su personalidad y sin embargo ahí estaba. No supo cuánto tiempo pasó para cuando se levantó del tocador decidiendo emerger hacia la salida con aire derrotado.
Respiró profundo, yendo hasta los lavabos para lavarse el rostro y eliminar cualquier rastro de rigidez en su faz. La sombra caía como medias lunas bajo sus párpados, y ya el cansancio se profundizó. Vilmente una mentira, porque lo que le quitó expresión fue el sentimiento que lo carcomía.
Salió del baño y sus pies rozaron el recibidor, absorbiendo un nuevo aire que le dio un toque de alivio. Más allá la chica del mostrador le lanzó una sonrisa que adoptó con otra falsa, en los progresivos segundos en el que abandonaba el interior de la heladería dispuesto a enfrentar toda la abolición que se vino hacia él.
El sol de la tarde se había retirado cansado, disminuyendo su intensidad empezando a recogerse rociando un vestigio de su velo en el aire.
Al entrar al centro de mesas, para su sorpresa, Yuri ya no estaba.
Entrecerró los ojos, buscando la imagen de aquel japonés en sus recuerdos y sólo invocó escenas que tenían mal sabor. En ese momento, él pudo sentir más de cien parejas de ojos dirigidas hacia él, maravilladas, interesadas; pasando sobre ellas cuan alfombra roja al cruzar el pequeño espacio abierto invadido por clientes enamorados. Sus pasos resonando en el cemento empedrado, con una leve brisa que levantó su pálido cabello al unirse a las calles del cual ya tenía ubicación.
Sería fácil regresar al hotel, volver a Rusia, dejar un lado a Yuri y… ¿A quién quería engañar? No iba a dormir ni porque lo tentara.
Con su teléfono, tecleó un mensaje a Yurio diciéndole escuetamente que se iría. El gatito ruso le respondió de inmediato con una sarta de líneas burlonas que casi podía oírlas y que se molestó en dejar en visto. Por último le entró una nota de voz, con la altivez mal hablada que decía:
«¡Maldito viejo, no me ignores! ¡No tengo el permiso de mi abuelo, si me abandonas te mato!»
Le contestó que se tranquilizara, que estando allá podía enviarle el permiso. A parte que pasaría por el hotel a buscar sus pertenencias, llamaría a la aerolínea para ver los vuelos disponibles. Si existía uno para irse ese mismo día, lo tomaría sin dudar.
«No me importa, yo vine contigo y me voy contigo»
Al enfilar la calle, le embistió una brisa helada que cortaba el bullicio del estruendo de los automóviles, notando que el calor insólito se había desvanecido por el aliento vespertino, llenando el aire de un perfume de ginesta que salpicaban las laderas de la montaña que se alzaban a lo lejos en ese país tropical.
Siguiendo sus lentos pasos, Yurio decidió llamarle cuando nuevamente lo dejó entre las rendijas de la respuesta desnuda del: «Ten cuidado cuando regreses. Pide un taxi, yo lo pago»
—¿Quién mierdas eres, y qué hiciste con Victor? —fue la primera pregunta que Yurio lanzó al deslizar y aceptar la llamada.
Sin fuerzas para reírse, más que un simple impulso de sus cuerdas vocales, Victor sonrió.
—La prensa está en el hotel. —reveló, llegando al corazón de plaza que anteriormente había pasado.
—¿Qué? ¿Acaso no dijeron esos idiotas policías que nadie nos reconocería?
—No lo sé, me reconocieron y fue difícil salir. Quizás todavía estén allí —Se detuvo en la calzada, viendo como un camión de cargamento escupía trabajadores con las manos llenas de inmensas cajas.
—¿Dónde estás? No vayas a llegar solo.
—Puedo lidiar con eso, Yurio, si no te conociera bien diría que estás preocupado.
—¡Cállate! Apuesto que estás enojado por el estúpido cerdo y no estás en tus cabales —Victor no respondió, dejando que la voz de Yurio se desplazara como una balada rota de notas suaves—. Te dije que ese cerdo te rompería y no me hiciste caso.
A cada paso podía sentir el vacío y la furia de aquel lugar, el horror de su silencio, de los rostros atrapados en gente sin nombre que le robaron la respuesta de ese momento. Se había cansado ya en ese punto de la conversación que habían entablado y que concluyó con la sinceridad que tenía sabor a náusea.
—Yuri, es lo mejor que me ha pasado —dijo finalmente, después de su capacidad para impacientar a las personas con la lentitud de sus contestaciones.
Victor sentía que se le encogía la garganta y, a falta de palabras, se mordió la voz por la memoria de aquellas lejanas noches en Hasetsu que le enfriaba los ánimos. Se oyó el chasquido de lengua de parte del hada rusa, quien sólo le maldijo y le dijo que le esperara unas manzanas antes del hotel antes de finalizar la llamada. Pero sabía que no le haría caso, iría y no le importaría enfrentarse a los periodistas con la frente de plano aéreo que tenía oculta bajo el flequillo.
Los celos que le habían envenenado la sangre lentamente, le hacían reírse de sí mismo al sentirlos irse dejando sólo caos a su alrededor. Presionó el puño contra su rostro y los párpados le temblaron.
Respira, Victor, respira. Nada de dramas públicos.
Dio unos pasos adelante cuando el cargamento había sido empacado, abriendo un carril minúsculo para pasar entre los trabajadores que aun parecían aglomerados cuan hormigas.
—¡Victor! —Una voz lejana lo atrajo a tierra, arrugándole el corazón dentro de la caja torácica al instante en que se giró, y sus ojos coincidieron con la fuente de quien que le llamaba—. ¿Eres tú…, Victor?
El tiempo se detuvo.
Las personas dejaron de existir.
Abstraído en el asombro, y volviéndose lentamente para enfocar mejor, allí lo vio: Yuri Katsuki. Advirtió que se le deshacía la cara de alegría y que sus ojos se anegaron de lágrimas, mientras se acercaba con pasos ágiles.
Con su semblante apenado y carcomido de inquietud, el ruso sentía la piel como si le quisiera escapar del cuerpo. Tuvo la impresión de que los pies se le hundían en el suelo o de que su esqueleto encogía unos centímetros. Arañó unas cuantas explicaciones que rehuían a voz, por lo que al final terminó diciendo:
—Hola, Yuri —saludó, como el vibrar de una cuerda. La expresión de culpabilidad y desasosiego manchó el azul de sus ojos que captaron como Yuri, Yuri, Yuri, se impulsaba hacia adelante y corría hacia él con la súplica en su mirada.
La espera era el óxido del alma. El encuentro el labrado que la reparaba.
Sólo hizo lo que su corazón le dictó y abrió los brazos en esa cúpula celestial para recibir al Yuri que se arrojó sin miramientos. Era imposible no correr hacia la dirección de la persona que anhelas.
—¡Victor!
El mundo dejó de ir en cámara lenta al sentir el roce de su piel con la suya, su corazón saltaba sin frenos, y su mirada se centró en la persona que ocultaba el rostro en su pecho. Era como si lo que pasaba frente a sus ojos tuviera ese aire irreal que se desplazaba sobre sus sueños, Yuri estaba allí, contra su pecho, abrazándolo en esa pieza que ya estaba completa.
Lo abrazó, con necesidad, en ese contacto que lo estremecía en cada terminación que creía que iba a desmayarse de tanta presión cardíaca.
—Lo siento, Yuri... —susurró, en el mejor intento de darle fuerza a su garganta—. Nunca quise colocarte en esta situación.
Pero Yuri negaba, sujetándose los dedos detrás de su espalda sin apartarse.
—Chris me dijo que estabas aquí, yo estaba tan preocupado... —Se aferró más como si la mera idea de estar nuevamente lejos de él le fuera doloroso, más contra su cuerpo, en el deseo de quizás fundirse en una sola identificad—. Quería verte...
Victor se asombró en el silencio de su arco. Era como una escena que fuera inevitable, un sentimiento que era difícil de ocultar.
«Cuando el mundo está en paz, cuando todas las cosas están en calma, cuando el corazón encuentra su mitad, la música se completa…»
—Yo también, Yuri… —confesó, con los dedos bailando en cada pulgada de piel que tenía sobre el rostro fino de ese japonés.
En ese momento, se reflejaba en los ojos de Yuri, quien tenía los pómulos hinchados de carmesí que incluso rozaron sus orejas. Sólo se apartaron lo necesario para encontrarse con sus ojos, para abrirse, quitarse las fachadas y dejarse ver.
—Victor… aunque no me lo has propuesto, aunque no sé si tú...
No le dejó terminar. Victor le cubrió los labios con el índice, siendo hechizado por un dolor en la punta de los dedos, que sólo pudo aliviarse con el roce contra esa textura.
—Tranquilo, Yuri —Le acunó las mejillas con las palmas, acercándose más a su rostro para alcanzar el aliento que le daba calidez al suyo—. Acéptame cuando verdaderamente te lo proponga. Fui egoísta, así que mientras ganas un oro para mí, espérame.
Con las lágrimas acudiendo a su rostro, Yuri asintió y, en esa cercanía sistémica en ese momento robado por el mundo, Victor juntó sus frentes levantándole el mentón, oyendo el tamborileo de su corazón, contando los segundos, hasta que no hubo espacio entre ellos y el calor de otros labios unirse a los suyos. Ya no había sorpresa como la primera vez, hubo una respuesta recíproca al cerrarse a su entorno y sumergirse a una oscuridad que tenía un aroma a paz.
Arrastró el deslice de sus labios y el soplo sobre la piel por largos minutos, apoderándose de una boca inexperta pero que seguía sus pasos. Yuri apretó los dedos detrás de sus omóplatos, fascinado por lo ocurría sobre su boca, sin atender a las calles repletas de gente que escapaba de oficinas y comercios.
No supo cuántas veces deseó en esa semana revivir esa sensación que conoció en el final de la copa China, al tener a Victor de esa forma contra su rostro. Fueron cubiertos por un velo nupcial que los rodeó con finas cintas que hacía que sus pulsaciones latieran frenéticas bajo su piel.
El sueño de ambos se hizo realidad, sonrieron en su propia intimidad y se entregaron a los verdaderos versos ocultos de sus almas. Más allá, llegando hasta ellos, Chris observaba sonriente la escena con los brazos en lazo sobre su pecho, mientras que Phichit los capturaba de todos los ángulos existentes en una sesión profesional.
—¡Sí, Yuri, así! Más a la derecha, izquierda, enfoque. ¡Qué vivan los novios! —El repetitivo sonido del flash siendo disparado destacaba de sus murmullos, antes que el suizo le tomara por el hombro para llamar su atención.
—Ven, vamos a dejarlos solos.
—Ah, Chris, ¿tú sabías que Victor estaba aquí? —inquirió al atrapar esa realidad.
—Quien sabe —Le sonrió y Phichit abrió los ojos al verle la complicidad en el gesto.
Iba a decirle que le contara lo que había ocurrido, que cómo era que Victor estaba allí, pero un rugido con letras inglesas le había robado las palabras y les llenó la cabeza de otras preguntas. Phichit vio como una persona señalaba a Victor con dedo acusador detrás de su espalda, con un semblante petulante que lo hacía ver como si estuviera sobre todos.
No puede ser... ¿Acaso era…?
—¡El rey finalmente ha llegado! —se anunció—. ¡Victor, es hora de enseñarte quién tiene la nueva corona en el patinaje! ¡Yo, Jean Jacques Leroy!
La sorpresa fue para todos, menos de la boca del pentacampeón que manifestó:
—¿Quién? —Le dedicó la mirada, sin apartar las manos que sostenían a Yuri quien ya había caído en tierra, al verse de forma exhibicionista al besarse con un ruso en calles desconocidos.
... A JJ le dio un tic en el ojo.
—¡¿Cómo qué quién?! —Sonreía ampliamente con la contracción del ceño fruncido. Tenía unos lentes de sol sobre la cabeza, y un maletín colgado al hombro luciendo su porte con gallardía y rudeza—. ¡He venido a derrotarte!
Si bien Victor tanteó en su memoria aquel rostro que le parecía familiar, coincidiendo que lo había visto en algún lado pero que su mente no lograba atrapar, Yurio no le dejó seguir rebuscando cuando apareció con Otabek a su lado como obra y gracia ficticia de cuentos hechos por fans.
—¡¿Qué?! ¡¿Qué haces tú aquí?! —gritó el gato doméstico con tutú de hada en el nombre. Lucía sorprendido y molesto, castañeando los dientes al ver a JJ frente a Victor.
—Ah, Yuri, ¿también viniste a verme? —Le guiñó el ojo JJ, dedicándole el soslayo de su atención—. Espero que me apoyes en este enfrentamiento.
—¡¿Ah?! ¡Nadie te invitó! —reclamó, soltando gruñidos.
Otabek, impávido, rotaba la mirada entre los dos oponentes, pensando si debía intervenir hasta que Yurio salió disparado, propinando un manotazo al rey canadiense que lo esquivó con facilidad aplastante, sin borrar la sonrisa.
Sin embargo, lo que no previó fue que tropezara con una carreta de una familia de grandes y proporcionadas cajas que estaban apiladas en minis rascacielos, y que por fuerza de gravedad, éstas se derrumbaran como lluvia contra los dos desafortunados que estuvieron en el lugar, hora y momento menos indicado.
Chris al ver la escena que se armó frente a sus ojos, intentó correr hacia ellos junto con Phichit con el pánico en su pulso, que juntos vieron como el peso del cargamento se venía contra Yuri y Victor.
—¡Cuidado!
—¡Yuri!
El terror invadió a Tailandia esa tarde.
Continuará.
N/finales: Ya nos acercamos al momento cumbre de la historia, llegando a un 60% de trama lista. Este capítulo estaba listo como les dije anteriormente, pero quería añadir la escena de Phichit en honor a su cumpleaños y que la hice ayer pero sólo hoy pude corregir. Disculpen si hubo errores (siempre los hay xD) pero escribir en móvil no es fácil y lo peor es que ya me acostumbre que no puedo escribir en la pc x.x'
Breves aclaraciones:
1. Que Yuri le dijera a Victor que se concentrara y que la boda era algo de los dos, pero cuando lo vio cambió los diálogos para decirle un "Sí" que fue interrumpido, eso fue inspirado en el capítulo 9 donde él pensó que le diría a Victor que dejara de ser su entrenador pero cuando lo ve, le dice todo lo contrario x'D. Obviamente el abrazo también vino de allí.
2. ¡JJ, hace su entrada! Según Kubo, Victor suele olvidar fácilmente lo que no le interesa, entre ellos JJ.
3. Yurio a su manera protege a Victor.
¡Chihoko y los celos de Victor hicieron mi headcanon real! Casi lloro de felicidad, bueno no, pero si dije "¡Yes! ¡Amazing, Kubo, dame hijos, mi vientre es para ti!"
Agradecimientos a los hermosos lectores que me dejaron sus mensajes. Ustedes impulsan esta historia: azraqbahrir, Fannynyanyan1912, Aly Zama, Carol H, Marigabi, Alhaja, Taurus95, Yume, ¡Cinder Waltz!, Kumikoson4 y Luxchan.
Respuesta de Guest:
Carol H: También es mi pareja favorita, son tan tiernos nunca había llegado tan lejos un shippeo. Gracias por comentar incluso en anterior capítulo, me contenta que te vaya gustando las personalidad y el mundo que he creado para ustedes. Victuuri como símbolo de Sinsajo jaja
Guest (1): ¡Gracias! La verdad yo veo a Chris y Victor en una amistad no apta para menores y de mentes inocentes xD
Yume: Y por ser la número de cien, te has ganado un cupón para los paradisíacos mundos de la pobreza virtual xD Ding, ding, ding. Imagina el sonido(¿?)
Sí, Victor dice muchas frases tocadas, quizás es por eso que tiene libros en su apartamento. La que yo coloqué la dice cuando Yurio es llevado por Otabek en su motocicleta. Y sí, yo siempre me fijo en eso, y más cuando Kubo aclaró los idiomas que hablaba Victor. Yo si veía su cara de "¿Qué le está diciendo ese pequeño niño a mi cerdito?" cuando Yuri hablaba con Minami y era porque hablaban en japonés.
Jaja, tenía otros planes para el encuentro porque esos dos siempre que se ven, es como sino existiera nada más y se les olvidara el mundo. Es tierno y cursi a su vez. En el próximo capítulo aparecerán más personaje, calma, pueblo, recuerden que la pareja principal es Victor x Yuri y enredé los hilos metiendo a medio elenco. ¿Quién me manda? Jajaj pero para el siguiente tengo más sorpresas.
Cuando leí tu "JJ" pensé "Ya sólo espera" x'D
Gracias por comentar, n°100, estoy muy feliz con estos lindos lectores.
Luxchan: ¿Te gusta el Chris x Phichit? ¡Dame esos 5, eres de las mías! A Masumi no le importa, a Chris tampoco, vivan los tríos y orguías. No hay nada malo en ello jaja La exhibición era algo que sería tan ellos, no me extrañaría que efectivamente los arresten por exceso de sensualidad y terminen seduciendo a los policía XD
Para solventar tu duda, en esta historia está ambientada en el hilo real de su verdadera trama. Si bien Kubo no ha dicho que han tenido su momento R+18, las insinuaciones claramente están. Si he puesto que haya más roces y momentos cursis, y para el siguiente cap puedo añadir un flashback.
Al contrario, mi agradecimiento va para ti por dejarme tu huella. Y gracias, espero que podamos salir de estas.
PD: Gracias por lo de genial, me sentí casi como tipo Chris con pose no decente y en traje de baño: I know, bitch (¿?) Jajaja ok, no.
¡Saludos!
