Disclaimer: Yanderella y sus personajes no me pertenecen, créditos a CHARON. La imagen tampoco es mía.
Yatarou. ¿Por qué? Yo jamás te importé; siempre amaste a Hinata, cambiaste cuando ella se fue, dejaste de hablarme también por ella... dime, ¿por qué ahora te interesas por mí? Tienes a Hinata a tu lado de nuevo, ¿qué más quieres, caprichoso de mierda? Ese imbécil necesita que le abofeteen para comprender las cosas. No me paré ni siquiera a leer el estúpido mensaje, salí de mi casa con furia, sujetando el móvil con fuerza. Lo único que leí fue donde quería que nos encontráramos, de seguro la innombrable estará allí. Una vez llegué al faro, me paré a unos metros de aquel rubio oxigenado y lo miré con odio disimulado.
—¿Qué quieres? —pregunté con notable molestia. Ni siquiera debí haber venido, aunque era un alivio no haberme encontrado con ella.
—¿Leíste el mensaje? —cuestionó dudoso.
—¿Crees que voy a perder mi tiempo leyendo esa estupidez? No me hagas reír, simplemente dime que quieres para poder volver a casa y que tú puedas acostarte con Hinata mientras puedas —espeté fríamente.
—Veo que sigues tan simpática como siempre, Honoka —declaró sarcástico.
—Y tú tan idiota como siempre y no me quejo —contraataqué, esta vez lo dejé callado—. ¿Qué deseas de mí? Tiene que ser algo importante como para no estar con Hinata en estos momentos.
—Sólo quiero dejar bien explicadas las cosas contigo, así que empecemos. Me gustaría reducir más el contacto contigo, pero vamos a seguir hablando aunque sea menos.
—Preferiría que ni me hablaras, si ese es el caso.
—¿Cómo?
—Es sencillo; no voy a seguirte como un perrito faldero cuando Hinata se vaya, haré lo mismo que tú me hiciste. Dejaré de hablarte para que sepas lo mucho que me dolió que me ignoraras.
—Honoka, yo puedo explicarlo.
—En ningún momento dije que terminara de hablar, aunque ya da igual, no quiero hablar más ni escucharte, me largo.
Una vez estuve lo bastante lejos de ti miré a mis alrededores, estaba en la plaza de la estación, cerca de los recreativos en donde le diste ese conejo de peluche a Hinata. Recordar es malo, o eso es lo que alguien me dijo una vez.
«No hay nada que perder, el daño ya está hecho y no se puede remediar» pensé, entrando sin darle más importancia al dolor.
Me quedé parada, viendo como las personas a mi alrededor se divertían y sonreían, en su mayoría parejas que de vez en cuando se daban un tierno beso. Eso, para mí, fue como una daga directa al pecho.
«¡No! ¡Venirse abajo está prohibido! ¿¡Acaso no eres una mujer fuerte!?» me animé mentalmente, elevando mi vista hacia el frente como lo habría hecho en el pasado.
Rodé mis ojos en busca de algún juego que estuviera desocupado hasta que lo divisé, un recreativo de disparos. Sin pensarlo dos veces, fui hacia allí antes de que dos más tuvieran ese pensamiento. Tomé la una de las dos pistolas de plástico, no sin antes haber metido una moneda para que el juego empezara a funcionar. La pantalla se encendió, mostrando los distintos niveles de dificultad. Elegí el más complicado ya que yo era muy buena en este juego, aunque ahora tal vez esté un poco oxidada, después de todo llevo sin jugar un par de años.
De la nada, un montón de zombies aparecen, teniendo que disparar un poco al azar debido a que no estaba preparado. Una vez me acostumbré, fui apuntando cada vez mejor.
Percibo como alguien coge la otra pistola de plástico y comienza a disparar también. Quería mirar a ver quién era, pero estaba demasiado concentrada en el juego como para ver al desconocido.
Unos minutos después, el juego finalizó, teniendo la puntuación más alta de los dos por muy poco.
Solté el objeto que estuve sosteniendo este rato y vi al ser que se puso a mi lado. Un chico de ojos marrones y cabello aguamarina. Tenía el aspecto de un emo, no faltaba el piercing en el labio y medio ojo tapado por el pelo.
—Eres muy bueno jugando —alagué.
El muchacho me analizó de arriba a bajo, algo que me molestó bastante. Iba a reclamarle, pero de la nada me abrazó.
—¡Honoka! ¡No sabes lo mucho que te extrañé! —exclamó, apretándome un poco más contra su cuerpo.
—¿¡Quién eres y por qué me estás abrazando!? —me quejé un poco sonrojada, cualquiera se quedaría así si hacen ese tipo de cosas de la nada.
—¿Eh? ¿No te acuerdas de mí? Soy Shintaro, el niño que estuvo contigo cuando el tipo ese te dejó tirada. ¿Cuál era su nombre? ¿Yatare o algo así?
Me quedé sin decir nada, ¿cómo podía ser esto posible?
Aunque sé que casi nadie lee esta historia de Yanderella, me da algo igual xD tengo mucha inspiración para esto y no quiero desperdiciarla ;w;
Pido disculpas por meter un OC, pero teniendo solo tres personajes (Hinata, Yatarou y Honoka) es muy difícil tener una trama, necesitaba a alguien más xD tranquilos que no será un Gary stu uwu
Nos leemos~
PD: ¿Review? ¿Fav? ¿Follow? ¿Algo? ;w; (ponerlo se hace costumbre aunque nadie vaya a hacer nada xD)
