Japón, 4:40 am. Aeropuerto Internacional de Narita.

Justo antes de que colgara la llamada, a la mitad de ese último intercambio de miradas, estaban aquellos ojos almendrados que aún se colaban en alguno de sus sueños. Esa última mirada le hizo pensar que sus sueños no le hacían justicia, que aquellos ojos que brillaban en su subconsciente no eran para nada tan espectaculares como los que en ese momento veía a través de la pantalla HD de su celular, así que en el último segundo sus inexpertos dedos lograron hacer una captura de pantalla. Y entonces, a pesar de que la llamada terminó, ahí se quedaron aquellos ojos, mirándolo fijamente, haciéndolo reflexionar. Eran los mismos que, aunque enmarcados en una cascada de cabello rojo, lo habían enamorado a primera vista alguna vez, pero más llenos de vida de lo que recordaba la última vez que los vio; una leve arruga al final del parpado que antes no estaba lo llevó a pensar en todo lo que ahora era parte de aquella vida, y todo lo que había dejado pasar, entre otras cosas, él mismo. Sonrió con tristeza, y por más que quiso, no pudo quitarle los ojos de encima a la furtiva foto de su ex prometida. Se había abstenido de buscarla en las redes sociales, de llamarla durante 13 de sus cumpleaños, de enviarle postales de Navidad aun sabiendo dónde vivía. Había sido fuerte para todo, había prometido dejarla en paz y lo había cumplido al pie de la letra, hasta esta mañana. Nunca sostuvo esperanzas de volverla a ver, o quizás un poco, o no habría insistido al llamar, pero una vez que la volvió a ver, temió que dijera que no se reunirían, y aunque prometió que lo haría, sabía que ella podía faltar a esa promesa y no la culparía, pero no quería quedarse sin nada, así que robó aquella foto que nadie más tenía, para verla cuando nadie pudiese verlo a él.

Estuvo un rato meditando, rememorando los últimos años y todos sus logros. Perdió la noción del tiempo concentrado en aquella mirada, ignorando por unos minutos su conexión con el mundo real, pero en lo que dura un parpadeo, la imagen cambio por la de una titilante llamada entrante, que lo hizo sonreír una vez más aquella mañana.

-5 en punto de la mañana, más puntual que un despertador eh jeje –hablaba mientras se ponía de pie, echándose al hombro una mochila gastada llena de parches y chapas de todo el mundo, y tiraba de su fiel maleta negra dirigiéndose hacia la salida

-Si en realidad sí, dado que llevo 20 minutos acá afuera y no has visto ninguno de mis mensajes. ¿Por qué tardas tanto? ¿Otra vez perdiste una maleta?

-Oh no, lo siento, hablaba por teléfono y justo ahora colgué, ¿estás donde siempre?

-Sí, apresúrate, llegaste a una hora donde todo colapsa.

-Listo. Espérame. ¿Aún no has cambiado de carro este año no?

-No, pero seguro que después que me pidas conducirlo, no tendré otro remedio – sintió, por su tono de voz, como su amigo sonreía al hacer aquel comentario, el mismo soltó una corta carcajada y colgó. Rápidamente, se puso el celular en el bolsillo y caminó enérgicamente hacia el estacionamiento. El sol se alzaba, aún tímido en el cielo, y al respirar el aire de aquella ciudad, su ciudad, se sintió casi en casa. Casi. Se preguntaba si ese "casi" sentimiento alguna vez desaparecería. Vislumbró el automóvil negro, y al acercarse la cajuela se abrió automáticamente, depositó en el la maleta y fue a sentarse en el asiento del copiloto.

-Bienvenido a casa amigo

-Gracias Manta

Se abrazaron fraternalmente y palmearon sus espaldas. Allí estaba su viejo y fiel amigo, el mejor de todos, y siempre que podía volverlo a ver después de cada viaje, siempre cargados de tanto dolor y sufrimiento, agradecía a los grandes espíritus por su vida. Enseguida se separaron, y el motor rugió con la fuerza de sus 8 poderosos cilindros- uuuuuufff, sí, definitivamente me tienes que dejar conducirlo.

-Jajaja, claro que sí. Y ponte el cinturón, ¿alguna prisa por llegar?

-No, ninguna. Esta vez vengo con más tiempo del usual. Es más, me atrevería a decir que con todo el tiempo del mundo – bromeó, mirando por las ventanillas, como lo hacía siempre que volvía a Japón, admirando como todo para él cambiaba, y al mismo tiempo, permanecía exactamente igual-

-Menos mal, porque con el tráfico de esta hora llegaremos cerca de las 7 a Funbari. Y sería justicia que nos visitaras con calma, las últimas veces si no es porque soy yo quien te recoge al aeropuerto seguramente que ni te veo

-Lo siento, la fiesta de compromiso fue el acontecimiento menos planificado y aún no se como pude sacar el tiempo para venir aquella vez

-Sí lo sé, pero eso fue el pasado Diciembre, la última vez aún no me has dicho a qué viniste con tanta prisa.

-Lo sabrás pronto, cuando estemos todos –lo miró y sonrió- no debo hacer trampa.

Manta negó con la cabeza y suspiró. Luego sonrió resignado. Yoh durante su vida adulta se había vuelto un maestro del misterio, no compartía mucho de sus cosas personales, aunque siempre se escudaba en que no tenía nada que contar. En esencia era el mismo, reía, bromeaba, pero Manta sabía que en el fondo, cada vez que a su amigo le habían roto el corazón, se había vuelto más reservado. Y eso que esas veces solo habían sido dos.

Permanecieron callados por el camino. En la radio se escuchaban las noticias, y como había dicho Manta, ya para esa hora había tráfico, por lo que 20 minutos después aún no habían salido de los alrededores del aeropuerto. Esperando su turno en el semáforo para cruzar, Manta tomó su celular al ver brilla la luz que le indicaba que acababa de recibir un correo. Por la hora, 5:30 am, pensó que sería algún boletín a los que estaba subscrito. Como no le quedaban muchos segundos antes de que cambiase la luz, no lo abrió pero revisó el nombre del emisor. Una sombra de duda, conjuntamente con una expresión de sorpresa, cruzó su rostro, gesto que a un ya no tan despistado Yoh no le pasó desapercibido.

-¿Todo bien peque?

Manta salió de su ensimismamiento justo al tiempo que el semáforo cambió de rojo a verde. Yoh no le quitó la mirada de encima, mientras Manta volvía a poner el celular en su lugar en el tablero.

-Sí. Es un boletín de negocios, algunas acciones perdieron valor esta mañana y perderé un poco de dinero por eso. Mala inversión –Manta sonrió, e Yoh le devolvió el gesto- Bueno ¿y qué tal Siria? ¿Rusia? ¿Suramérica? Cuéntame algo de tu vida, hace mucho que no que conversamos y cuando lleguen los demás hablaremos de muchas otras cosas

-El Mundo sigue igual peque, problemático, siempre al borde de una guerra, siempre a punto de acabarse; aunque espero haber dejado Siria un poco mejor que la primera vez que fui jejé en esos recónditos rincones donde estas bondades no se ven mucho –se estira en el asiento disfrutando de la comodidad- aún encontramos personas de buen corazón.

-Me alegra oírlo. Prometiste llevarme alguna vez a una de tus misiones, en verdad me gustaría ver lo que tú ves Yoh, y entenderte un poco mejor. De verdad no sé cómo haces esto para vivir.

-Una promesa es una promesa. –Manta entendió el doble significado de esas palabras, y sonrió con resignación- ¿Qué tal tú? ¿Cómo está tu imperio automovilístico?

-En la cima como siempre –Manta sonríe, y suavemente empalma a la autopista

Finalmente se pueden ver los grandes edificios, e Yoh no puede evitar pensar en lo cerca que están del centro de la ciudad. Como si Manta fuese capaz de leer sus pensamientos, puso en palabras lo que tenía en mente desde que Yoh se subió al vehículo.

-Entonces, ¿hablando por teléfono a las 4am? Adivino, dejaste un corazón roto del otro lado del mundo que te pidió reportarte cuando llegaras.

-jajajá, yo no soy de los que dejan corazones rotos, eso es muy doloroso. No. Llamaba a... a una amiga acá en Tokyo.

Aquella respuesta no era la que esperaba, y mientras Yoh evadía contacto visual, Manta miró su celular de reojo, pensando en el correo electrónico que acababa de recibir, y la sonrisa burlona se borró de su rostro cambiándola por una mirada de sospecha que intentó disimular, cosa que no le costó trabajo dado que Yoh no le quitaba la vista a los rascacielos.

-Y tremenda amiga para contestarte a esa hora ¿no?

-La verdad creo que la molesté, por el viaje se me olvidó que hora era jeje –Yoh mintió, y Manta miraba fijamente a través del parabrisas. Seguía pensando en el correo, y se le olvidó seguir bromeando, por lo que Yoh agregó- hagamos algo, porque esa cara solo la pones cuando algo realmente te disgusta.

-Te escucho –respondió, sin quitarle la vista al camino

-Yo te digo quien es ella, y tú me dices de quién es el correo. ¿Trato?

Manta lo consideró por un momento, así que aceptó.

-De acuerdo, pero tú primero o no hay trato.

-jajajá eres un tramposo, pero como he sido un pésimo amigo, está bien.

Manta lo miró de reojo, e Yoh volvía a entretenerse con el cielo y las nubes.

-Bien. Estoy esperando. Si no me cuentas rápido, pederé a propósito la salida a Funbari y tardaremos más en llegar.

-Ok ok. Sin amenazas –Yoh suspiró. No pensó en tener que dar explicaciones hasta más tarde, pero Manta era su mejor amigo en el mundo, y sabía que no lo juzgaría- Llamé a Anna.

Manta apretó el volante del vehículo, y por un tiempo que pareció eterno, no articuló palabra. Yoh le quitó la mirada de encima y se fijó en un punto en el horizonte sin mirar nada en específico, simplemente esperando sin saber que esperar. Cuando Manta finalmente puso sus pensamientos y sentimientos en orden, habló tranquilamente. Como si nunca hubiese existido una pausa, y como si Anna no significara nada. Casi.

-Me aventuraré a pensar que esto tiene que ver con lo que tienes que decirnos a todos que es tan importante. ¿Estoy cerca?

-Si, estás en lo cierto. Aunque no tiene directamente que ver con ella. –Manta lo miró por un segundo con una cara llena de dudas, a lo que Yoh suspiró y continuó- Hace años que no se de ella, los mismos 13 años que tú y que todos. Lo pensé muchísimo para hablarle, pero para esto que estoy a punto de hacer, la necesito allí. No necesito que lo entiendas ahora, lo entenderás más tarde, cuando estemos todos.

-A ver si entendí. ¿Anna irá a la mansión esta noche?

-Si. Esta y todas las noches hasta después de la boda.

Manta hizo un mohín, y continuó.

-Estará en la Boda.

-Sí.

-¿Tamao lo sabe?

-Claro peque, le envió una invitación hace meses

- Y si es así, ¿para qué la tenías que llamar?

-Para confirmar que estaría allí, y que también estará hoy. Como dije, la necesito allí.

Manta suspiró. Nada en contra de Anna, pero no entendía porque Yoh quería remover el pasado. Y eso le hizo preguntarse que sería eso que tenía que decirles a todos. Tomó la salida hacia Funbari, quedando solo unos minutos para llegar después de más de una hora de camino. Se quedó pensativo unos segundos, no quería cuestionar a su amigo, así que decidió hacer lo que hacía siempre desde que conocía a Yoh, confiar en él.

-Y... ¿Cómo está?

Yoh se sorprendió por la pregunta. Pensó en la foto que tenía guardada en el celular, y lo apretó en su mano.

-Pues bien, creo. Vive en el centro de Tokyo, por eso la invité a quedarse a dormir, este viaje todos los días dos veces al día es muy cansado, y Tamao tiene varias cosas planeadas, y yo también –Yoh sonrió- nos divertiremos como en los viejos tiempos.

-Sí, me imagino que sí –Manta también sonrió- Y como sabías que vive en Tokyo, o fue una corazonada.

-Mi abuela me lo dijo la última vez que vin-e.. –Yoh sintió que había hablado de más, Y Manta también se percató del cambio en su tono de voz, pero decidió continuar- Vive en un aparta estudio, es agente de bienes raíces, y hace años que no se comunica con los espíritus. Mi abuela dice que en cuanto nos separamos, dejó la práctica y se dedicó a estudiar. –Yoh se quedó serio- Y… aunque mi abuela dice que vive sola, estaba con alguien esta mañana.

-¿Cómo lo sabes? –Manta se tomó el tiempo de mirarlo, pues en los caminos hacia Funbari era más tranquilo todo-

-Primero porque no hay razón para que nadie esté despierto tan temprano, aunque podía tratarse de una cita de trabajo temprano y con el tráfico de la ciudad, se empieza a arreglar de madrugada. Pero luego algo en su voz… lo negó, pero no me resistí y busqué su Furyoku*-Manta lo volvió a mirar- fue difícil, dado que ya no practica el shamanismo, pero cuando la encontré, sentí otra presencia con ella. Primero pensé que sería un espíritu, por lo fuerte que era –Yoh cerró los ojos- pero no podía ser… tenía un Furyoku* muy poderoso, diría familiar… pero no podía concentrarme en eso mientras la convencía de que viniera. Además de que estoy agotado.

-Así que tuviste que convencerla

-No sería Anna sino –Yoh sonrió espontáneamente, hasta con alegría, y Manta notó que sonreía así al pensar en ella. No le gustó.

-Si claro, supongo que tienes razón jeje –se rascó la cabeza- entonces negó que tuviese compañía, ¿crees que quería ocultártelo?

-Obvio, pero supongo que está en su derecho. Después de 13 años, no puedo esperar que quiera compartir nada conmigo. –hizo un mohín- En fin, ya lo sabes, la convencí y eso significa que estará con nosotros. Como le dije a ella, es parte de la familia.

-No te confíes. Aún podría faltar a su palabra. –Yoh lo miró y fue incapaz de descifrar que querían decir esos ojos- Lo siento, Nada personal.

-Lo sé.

Manta viró y finalmente se vislumbró el portón de la mansión. Yoh la miró, y suspiró con una mezcla de alegría y nostalgia que sintió nuevamente al estar casi en casa. Casi. Manta estacionó en frente, pero sin apagar el motor, y abrió la puerta de la cajuela-

-Será una semana interesante entonces amigo

-oh si Manta, si lo será, estoy contando con eso –abrió la puerta y se dirigió atrás a sacar la maleta. Al notar que el motor seguía encendido, preguntó.

-¿Manta no vienes? Tamao seguro debe tener desayuno, no sabemos la hora exacta de llegada de nadie así que esperamos un desfile de shamanes todo el día

-Vengo más tarde, no me dio tiempo de empacar para quedarme con ustedes y si entro ahora no querré salir

-Uhm bueno, te espero a la tarde entonces peque –le estrechó la mano, a lo que Manta se la devolvió, pero Yoh la sujetó con firmeza, y lo miró a los ojos- por cierto –apretó suavemente su mano- no me has dicho

-¿qué cosa? –Manta lo miró fingiendo demencia

-De quién era el correo.

-Ya te lo dije, un boletín –Manta sonrió ampliamente, e Yoh se carcajeó por lo bajo sintiéndose engañado-

-Como dije, eres un tramposo. –sonrió y le apretó la mano una vez más, esta vez para despedirse- Vale. Hasta la tarde entonces.

Yoh cerró la puerta del copiloto. Él no se había dado cuenta, o eso creía Manta, pero en el momento en que se bajó a buscar su maleta, Manta revisó rápidamente el misterioso correo, y ahora que estaba solo y de regreso a la ciudad, marcó el número al final del correo electrónico. Al segundo repique, alguien contestó.

-¿Sí?

-Soy Manta. Estoy a una hora de tu casa, paso por ti o nos encontramos.

-Nos encontramos. Gracias por responder después de tant…

-No te engañes, no lo hago por ti, lo hago por Yoh –intentó sonar amable- Lo siento Anna, no es nada personal.


Hola a todos! Primero que todo, gracias por lo reviews. Me encanta saber que lo disfrutan, y que aún no he perdido mi toque como escritora.

Y Buen, lamento la demora, a veces tengo más tiempo que otras veces. Espero lo hayan disfrutado como los últimos dos. Les adelanto que faltan aún unos cuantos capítulos antes de que nuestros protagonistas se encuentren, así que tengan paciencia. ¡Sigan dejando reviews por favor! son muy estimulantes.

*Furyoku: significa poder chamánico.

Listo ¡Nos vemos pronto!