Era una mañana especialmente fría para caminar, aún con el sol ya sobre el cielo azul. No estaba segura de sí haber llamado a Manta había sido una buena idea, pero ya a lo hecho pecho, si se había atrevido a molestarlo ahora tenía que dar la cara. Suspiró. Por primera vez en 13 años, una ansiedad insoportable la inundaba. Mientras caminaba por la ciudad hacia el café donde quedaron en verse, no dejaba de pensar en lo ocurrido la noche anterior, y el desenlace de esta madrugada. Como hace menos de 12 horas todo era diferente, el curso de su vida era normal, y ahora no parecía tener ni pies, ni cabeza, ni nada de sentido.

Caminó por las mismas calles de todos los días, aquellas que conocía tan bien, pero en ese momento se sentía caminando por las calles de su pasado, que en efecto eran las mismas, pero estaban cargados de un matiz diferente. Volvía a ver a Yoh en cada esquina, y eso le molestó. Apresuró el paso, como si pudiese dejar los recuerdos atrás, y se arrepintió de no haber cogido un taxi y llegar a su destino sin tantas distracciones. Volvió a suspirar, y se molestó consigo misma. Había prometido no dejarse afectar, su vida no cambiaría, seguiría igual de tranquila que siempre. Tranquila. Miró hacia al cielo, mientras sus recuerdos volvían a invadirle y le susurraban que esta no era la vida tranquila que había soñado, ni de cerca. Vivía bien, era cierto, y tranquilamente. Quizás demasiado tranquila, rayando en lo monótona, vacía. Sacudió la cabeza, ahuyentando los pensamientos que había mantenido a raya tantos años, pensamientos de "que tal sí…" o "como habría sido si…". Ella salió de la Mansión Fumbari prometiendo que no miraría atrás, y el que ahora tuviese que regresar no significaba que debía hacerlo. Ese tren ya había partido. No era una nueva oportunidad, ni una puerta abierta, era la visita a la tumba de un pasado, un futuro, que nunca se formó. Ella sólo debía visitar el cadáver de la vida que alguna vez le había pertenecido, los restos de lo que ella llamaba su otra vida, verse bien, quizás llevar flores. Y llorar.

Ni de chiste me verán llorando.

Llegó al cruce de un semáforo, y al percatarse que para llegar a ese café no necesitaba pasar por ninguno, se dio cuenta que había caminado de más, se había pasado la esquina correcta y eso la haría llegar tarde. Demonios. Regresó sobre sus pasos buscando la calle correcta, tropezando a más de uno que al igual que ella, iban demorados a sus citas. Pasó por su antiguo colegio, y unas cuadras más allá, vislumbró el teatro donde alguna vez había visto por primera vez a Lee Buce Long. La primera vez que había ayudado a Yoh a ganar una batalla. La primera vez que había ido con él al cine. La primera vez que habían salido juntos, aunque fuese en compañía del enano cabezón. Aquello la hizo sonreír, pero al mismo tiempo, le recordó que era muy tarde para ponerse a recordar, así que apresuró el paso una vez más.

Se alegró al ver el café en la esquina, miró el reloj en su muñeca y notó que se había retrasado 10 minutos por culpa de su absurdo viaje al país de los recuerdos. Puso la mano en el picaporte, y se miró en el reflejo antes de abrir. Cerró un segundo los ojos para tomar aire, y fuerza, para encontrarse de nuevo con una parte de lo que había sido su otra vida. Con un testigo de lo que fue. Necesitó ese segundo para poner sus sentimientos en orden. Después de todo-pensó con ironía- aquello que jamás podría ocurrir, está ocurriendo justo ahora. Abrió los ojos y se alarmó al ver su rostro agitado, y el cabello (por desgracia aun rojo) despeinado. Se pasó una mano por la melena para acomodarla, y abrió la puerta intentando parecer serena. Se quedó allí unos minutos, intentando encontrar a la diminuta persona con la que había concretado aquella cita de ultimísima hora, pero no lo encontró, en cambio, un hombre bien parecido de porte distinguido le hacía señas desde la última ventana, al notarlo, no puedo evitar recordar su terrible aspecto en el reflejo.

-¿Manta?

Aquel hombre se puso de pie, esperando que ella tomara asiento, y notó que era un poco más alto que ella, y fornido también.

-Podría hacer la misma pregunta, dudé de si eras tú, ya sabes, por el color de tu cabello.

Definitivamente tenía que volver a ser rubia antes de que esa noche todos usaran aquello como tema de conversación.

-Ah sí, bueno, hace años lo uso así. Así como imagino que hace años nadie te dice "enano" –bromeó, tomando asiento finalmente, luego de estrechar su mano. Manta hizo lo propio, y mandó llamar a la camarera

-Bueno, Yoh aún me dice peque de vez en cuando, costumbre supongo ¿Café? –preguntó amablemente

Un ansiolítico mejor.

-Té por favor. –no sabía si sonreír o no, no quería parecer grosera, pero tampoco demasiado amistosa. Ella sabía que Manta debía estar incómodo, sin necesidad de leer sus pensamientos. Lo sabía por la hostilidad que sintió de su parte temprano esa misma mañana durante la breve conversación telefónica.

El joven ordenó rápidamente las bebidas, conjuntamente con unos panecillos y mantequilla, mientras ella aprovechaba de analizarlo. Saltaba a la vista que no era el mismo Manta inseguro, tenía autoridad, por no decir poder, cualquiera que viviera en Japón conocía su apellido tanto por el imperio de su padre, como el suyo propio. Vestía sencillamente con una franela negra, unos jeanes color oscuro y zapatos casuales. Se desenvolvía con naturalidad, no era nervioso, ni conseguiría intimidarlo aunque quisiera. No le extrañó, después de todo ella no era la misma niña, aunque no sabía cómo reaccionar ante aquel hombre de evidente autoridad.

-Bueno, y ¿cómo has estado? Me sorprendió que escribieras. –La miró a los ojos, y ella correspondió, frenando el deseo de leer lo que estuviese pensando, en cambio, sonrió apenas perceptiblemente-

-No tan bien como tú, Manta, y aunque no lo creas me da gusto verte.

-Estás muy guapa, si me permites decirlo, aún con el cabello rojo –él también sonrió, y en ese gesto, ella reconoció al chiquillo inocente de hace tantos años, y pudo sentirse algo más cómoda, era una sensación familiar, después de todo durante muchos meses ella y Manta habían sido inseparables, sin decirlo ni admitirlo, se daban consuelo durante aquellos meses cuando Yoh había tenido que partir brevemente de sus vidas. Otro recuerdo de su otra vida. Le alegro sentirse algo más tranquila, sin embargo había algo poco natural en aquella sonrisa, ¿o sería en su esencia?

Manta debía admitir que Anna se había convertido en todo lo que se esperaba de ella, al menos físicamente hablando, e intentó desviar el tema con el elogio porque en efecto, para él no era un gusto volverla a ver.

-Gracias. Y te agradezco este tiempo.

-de nada, y la verdad es que no tengo mucho, así que vayamos al grano, ¿para qué llamaste? Me tomaste totalmente por sorpresa.

-Lo sé, honestamente no estoy muy segura de que me movió a llamarte Manta, creo que quería ver un rostro familiar antes de que todo comience.

-No soy tu amigo –se miraron, y ella volvió a percibir hostilidad en su mirada, a lo que él agregó- al menos no desde hace años, y no sé si sea muy tarde para volver a comenzar.

-Lo sé. –el siguió mirándola, intentando entender, mientras ella tomó unos segundos para mirar por la ventana. Aquello no iba a durar mucho, así que mejor iba al grano. Se le secaba la garganta, y deseó el té con verdadera sed. Y el ansiolítico. Después de meditar, y de dejarse examinar por Manta quién no le quitaba la vista de encima, ella decidió sincerarse- imagino, por lo que dijiste esta mañana, que Yoh y tú siguen siendo cercanos. –Intentó que sonara inocente, aunque volver a decir aquel nombre en voz alta le escociera en la garganta. Manta no mudó el gesto, siguió mirándola, hasta que finalmente respondió.

-sí. –Manta no parecía dispuesto a dar tregua, así que ella se limitaría a hacer preguntas hasta saber lo que necesitaba.

-¿Qué tan cercanos? –no respondió. Intentó no alterarse, después de todo, seguía sin gustarle no tener lo que quería, cuando lo quería. Decidió preguntar otra cosa- ¿Sabías que me llamó esta madrugada?

En ese momento llegaron el café, el té y los panecillos. La camarera debió percibir la hostilidad en el ambiente, pues no se demoró en dejar la orden sin siquiera preguntar si deseaban algo más. Manta no dejaba de mirarla, sopesando si debía responder o no, y cuanto estaba dispuesto a compartir en lo que a información se refería. Tomó su taza, y sin agregarle azúcar, comenzó a sorber. Ella agregó azúcar a su té, y lo tomó lentamente sin apartar la vista, perdiendo poco a poco la paciencia, mientras él parecía disfrutar del momento cerrando los ojos y saboreando su amarga bebida. Podía sentir como mientras ella desesperaba por respuestas, él se calmaba y relajaba. Frenó el impulso de tirarle la taza de café al suelo, pero había aprendido en su trabajo a no ser grosera, que una sonrisa podía ser persuasiva, y que esperar en silencio podía cerrar un buen trato. A veces.

Manta comenzó por reconocer que si había aceptado verla, y si quería él también sacar algún provecho de aquel encuentro, debía ceder. Cuanto cedería lo decidiría a medida que avanzara la conversación.

-Veo que ha sido una pérdida de tiempo esto –Anna sacó el anzuelo, si él lo pescaba, quizás la negociación mejoraría. Así miraba ella ese encuentro, como un negocio. Tomó de su cartera un poco de efectivo para pagar la cuenta y se puso de pie- lamento haberte molestado Manta, que tengas un buen día…

-Sí, sé que te llamó, me lo contó esta mañana. –hizo un gesto con la cabeza indicándole que se sentara, y eso le molestó, así que no lo hizo, pero se alegró de que él picara el anzuelo- Lamento mi acritud, acepté de voluntad hablar contigo, y quizás ambos podamos sacar algo de provecho –al ver que seguía de pie, agregó- toma asiento por favor, y volvamos a comenzar.

Anna evaluó la situación por un segundo, y al notar que las cosas se habían vuelto a su favor, decidió sentarse. Manta continuó.

-No sé qué es lo que quieres saber, y ciertamente no estoy aquí por curiosidad, para eso existen las redes sociales. Tú no estás aquí para saber de mí, porque estoy seguro, y perdona mi arrogancia, que eso ya lo sabes. Estoy aquí por una razón, y decidí no marcharme hasta obtener lo que busco, pero dado que fuiste tú quien me contactó, deberás hablar tú primero, y ve al grano por favor, así sabremos si puedo ayudarte. –lo dijo en el tono más tranquilo que pudo- prometo que si está en mis manos lo que deseas, te ayudaré, siempre y cuando no perjudique a Yoh.

Perjudicar a Yoh. Ahora entendía mejor lo que pasaba, Manta estaba preocupado por Yoh y lo que este encuentro significaba. Manta estaba tan nervioso como ella misma.

-Yoh me llamó. Él no pensó en si eso me perjudicaba a mí o no. –guardaron silencio- ¿Sabes qué es lo que quiere?

-Tienes razón, pero tú podías elegir no contestar. –se miraron unos segundos, y agregó- pero no, no sé, creo que nadie debe saber que se trae entre manos ahora. Casi no lo vemos por aquí. Honestamente no entiendo como sacó el tiempo para venir, nunca tiene.

Manta estaba cediendo información, y le confirmó lo que Yoh había dicho, que ya no vivía en Japón. Manta evaluaba las reacciones de Anna, pero ella seguía siendo tan difícil de leer como siempre, ¿acaso no había cambiado con el pasar de los años?

-Me gustaría saber que esperar, eso es todo.

-¿Tienes novio Anna? O estás viendo a alguien. –el rumbo de la conversación cambió bruscamente, al menos eso sintió ella, para quién hablar de "alguien" significaba hablar de Len, y había decido no pensar en él hasta que la semana hubiese terminado. Manta notó su turbación, y agregó- es que no te imagino sola, tampoco eres mi tipo sin ofender, pero no puedo creer que no tengas pareja.

Para Anna aquello comenzaba a oler mal, y se estaba arrepintiendo de haber contactado a Manta en primer lugar. Como no decía nada, Manta continuó hablando.

-Yoh comentó que irás sola –hablaron de mi-pensó ella- y perdona pero a mí parecer, no es una buena idea Anna.

-No tengo que conseguirme una pareja sólo para tu tranquilidad Manta, y si, planeo ir sola. Aunque mi invitación es para dos, no tengo pareja, y aunque la tuviera, no es mi intención mezclar esa vida con esta que tengo ahora. –tomó un panecillo y lo mordió. Manta apoyó sus antebrazos de la mesa mirándola fijamente. Iba a aventurarse. Si lo pensaba bien y tomaba en cuenta con quien estaba hablando, aquello podía ser una locura, no estaba seguro de si lo que estaba a punto de decir fuese cierto, pero necesitaba saber.

-Cuando dije que no puedo creer que no tuvieras pareja, es porque no creo que seas soltera. Es más, estoy casi seguro de que no lo eres.

Anna dejó de masticar por una fracción de segundo, y en ese tiempo reflexionó sobre lo que Manta acaba de decir. ¿Se habría delatado de alguna manera? ¿O la habían delatado? -Len- pensó. Pero antes de hacerle caso a las posiblemente falsas alarmas, decidió confiar en la palabra del shamán y mantener su postura. De cualquier forma, para efectos de esta mañana, ella era una mujer soltera.

-Estoy soltera Manta, no sé a qué viene esa acusación.

-Yoh dice que no estabas sola esta madrugada -¿qué?-la invadió el pánico-y esto te lo confiezo porque dudo que realmente vayan a hablar de eso, o que tu vayas a admitir que esta conversación pasó, así que confío en la confidencialidad de este encuentro, tanto como confío en las impresiones de mi amigo. ¿Por qué irás sola?

Impresiones. No era seguro. Por primera vez en la velada, Anna sonrió.

-Ya lo dije Manta, iré sola porque honestamente –muy honestamente- este no es un momento que quiera compartir con nadie. Forma parte de una vida que ya no es mi vida. E insisto, estoy soltera. No sé porque Yoh habrá tenido esa impresión.

-Era un shamán. –Manta soltó la bomba. Yoh había sentido a alguien con ella esa madrugada, y tal como le acaba de decir a Anna, aquel individuo era un shamán. Confiaba en el inmenso poder de su amigo, el ahora líder del clan Asakura, e Yoh no solía equivocarse, no en cosas como esa, y seguramente Anna no podía saberlo.

El corazón de Anna se agitó, y le molestó que Manta la obligara a pensar en Len. Le dolía. Y le enfurecía que Manta quisiera hurgar en su vida privada, pero eso le permitió caer en cuenta de por qué Manta había accedido a aquel encuentro. Quería saber si ella era soltera, si estaba emocionalmente disponible. Le preocupaba Yoh, y lo que para él significaba que ella estuviese cerca. En otras palabras, él necesitaba saber si ella iría a la mansión con la única misión de intentar reconquistar a Yoh. Y eso sólo significaba una cosa.

Yoh está emocionalmente disponible.

Intentó que ese pensamiento no la emocionara, que no le diera cabida a fantasías absurdas. Ella ya lo había dicho, sólo visitaría el cadáver de su otra vida. Pero no podía evitar regocijarse en el hecho de que aquel encuentro le había dejado ahora más que satisfecha, aunque aún seguía sin conocer el por qué Yoh la necesitaba cerca. ¿o sí?

Aquellas reflexiones solo tomaron otra fracción de segundo.

-¿Quién es un Shamán? Estás divagando Manta. Por qué mejor no vas al grano.

-Me temo que vayas a Fumbari a estropearlo todo. La vida de Yoh está bien como está. –aquello lo dijo con rudeza- sé que estabas con alguien, también sé que era un shamán tanto como tú sabes que Yoh no se equivoca nunca. ¿Por qué demonios tienes que mentir?- Ahora era a Manta a quien le enojaba no estar sacando provecho de la conversación, por el contrario, se sentía más frustrado que esta mañana.

Anna por su lado le quería decir que dejara de entrometerse, pero ella sabía demasiado bien que la primera entrometida había sido ella. En agradecimiento a Manta por la información suministrada aún sin haberse dado cuenta, decidió relajarse, y ayudar a aquel turbado hombre a tranquilizarse él mismo un poco. Se había olvidado de lo entregado que podía ser Manta en su amistad con Yoh Asakura. Aquello la conmovió, pues significaba que a Yoh realmente la vida, y los grandes espíritus, lo habían bendecido. Reflexionó un poco sobre todo lo que Manta acababa de decir, de cómo Yoh había sentido a Len sin saberlo, y decidió que la mejor forma de continuar, sería mentir. Descaradamente.

- Un amigo se hospedó en mi casa, estaba de visita en Tokyo y le dije que no necesitaba irse durante la noche. Por eso Yoh me encontró despierta, él estaba por marcharse a esa hora. No le dije que estaba acompañada, para que no sacara conclusiones equivocadas como las que tú has sacado ahora. Y si es o no un shamán, no me consta, hace años que no me interesa saber al respecto.

Aquello no tenía por qué ser del todo falso. Había optado por no decir que se trataba de una amiga, por si alguna vez se enteraban que su visitante era Len. Efectivamente, él era un amigo, que estaba de visita en Tokyo, y lo hospedó en su casa. La verdad, esa versión de los hechos no sonaba mal y aunque alguien alguna vez lo adivinara, a ella no tenía por qué constarle que Len Tao seguía siendo un shamán, aunque estaba segura de que así era. Manta reflexionó sobre aquello, y decidió que no tenía por qué ser mentira. Anna continuó.

-Ni Yoh, ni nadie, necesita saber sobre mi vida privada. Y no me siento mal viniendo aquí a hurgar en su vida sabiendo que él ha hurgado en la mía a través de Kino. Él sabe dónde vivo, y estoy segura que también a qué me dedico. Ahora tú me dices que sabe con quién estaba anoche, y estoy segura que Yoh tiene el poder de hacerlo, lo cual sólo me hace sentir orgullosa. Él sabe todas estas cosas sobre mí, y yo solamente sé que no vive en Japón, así que simplemente puedo asumir que aún carga sobre sus hombros la promesa que le hizo a Hao Asakura. Indiferentemente, no te preocupes Manta, decidí asistir sólo por agradecimiento a Tamao, y al propio Yoh, quienes aún me consideran parte de su familia. Pero aún me inquieta esa noticia, ¿de verdad no sabes nada?

-No, nada –dijo Manta finalmente- y si tienes razón, ahora él se la pasa viajando por el mundo, y sólo ha venido para la boda de Tamao con Ryu. Y como tú misma dices, para esta susodicha noticia que a mí también me tiene intrigado.

-Hmmm –Anna volvía a mirar por la ventana, en verdad le intrigaba que podía ser aquello para lo que el necesitaba que ella fuera, y aparentemente, a Manta también. Ambos morían por saber que se traía entre manos.

-He de admitir –continuó Manta- que me sorprendió que Yoh te llamara.

-Te desagradó, querrás decir. –Anna le sonrió, y Manta decidió devolverle la sonrisa

-Me preocupa mi amigo, lo siento

-Lo dices como si fuera un debilucho

-No lo entiendes, y no sé si te alcance una semana para darte cuenta pero Yoh es una persona muy diferente a quien era antes de que te marcharas

-También yo, aunque no lo parezca

-Te creo, el tampoco parece haber cambiado mucho, pero la verdad es que sí

-Yoh no es una persona frágil Manta, en verdad no sé qué te preocupa

-Sí. La verdad es que tienes razón. Pero tampoco entiendo por qué te preocupa tanto que él sepa si estabas sola o acompañada que te tomaste la molestia de mentir. –Anna guardó silencio, y Manta lo tomó como una victoria. Anna no se había dado cuenta, pero le había dado a Manta algo más de qué preocuparse.- No te preocupes, no tienes que decirme nada más. Después de todo, esta conversación nunca ocurrió, así que Yoh ni nadie sabrá de esto.

-Te lo agradezco Manta, en verdad muchas gracias. Y me alegra saber que esta noche puedo tratarte con naturalidad –Anna sonrió por última vez en esa velada, y se puso de pie. Manta siendo el caballero que era, hizo lo mismo- ¿cierto?

-Cierto –Le regresó la sonrisa y estrechó su mano- siempre que no me mandes a hacer la cena ¿bueno?

Anna rio por lo bajo, le guiñó el ojo, y se marchó. Él la observó salir del local, y cruzar la calle, alejándose. Se dispuso a sacar el dinero para pagar, pero ella ya lo había dejado sobre la mesa. Ese gesto le gustó, después de todo, no era la misma niña, ni la mujer malcriada que pensó que sería. Aquello no tenía por qué terminal mal, y decidió calmarse con ese pensamiento.

Por su parte, Anna no sabía cómo se sentía. Por una parte, Manta tampoco sabía cuál era esa noticia, y ciertamente lo sintió sincero al respecto. Por otro lado, le había hecho entender, sin querer, que Yoh era un hombre soltero. Un hombre soltero, líder del Clan Asakura, que viaja por el mundo con el fin de cumplir la promesa que le hizo a Hao de hacer al mundo un lugar mejor. Aquello le alegró, y le generó nostalgia. Se alegraba de que Yoh le fuera fiel a su promesa, y que su partida no fue en vano.

Iba de camino al salón de belleza, satisfecha pero confundida. Ahora podía pensar sin interrupciones acerca de los temores de Manta. ¿Acaso Yoh la quería de vuelta en su vida? No sabía que sentir al respecto, sobretodo porque en principio, podía no ser cierto. ¿De verdad Yoh estaba tan interesado en saber si ella había sido sincera, que busco su propio furyoku? ¿Habrá sido capaz de identificar a Len? La sola idea le preocupó, sin percatarse que había plantado en la cabeza de Manta la misma duda.

Ella había incurrido en el error de decir que Yoh sabía quién estuvo en su casa anoche. Y Manta lo había notado. Eso solo significaba una cosa. Que Yoh no solo sabía que se trataba de un shamán. Sino que además lo conocía. Y, para Manta, esa era la razón de que Anna quisiera mentir. Quería guardar el secreto. Él ahora sólo podía pensar en una cosa, ¿quién era entonces el misterioso shamán?


¡Feliz inicio de semana! Lamento la demora. Para compensar, este capítulo fue un poco más largo, espero lo hayan disfrutado. Falta menos para saber cuál es la gran noticia, poco a poco se van desvelando más detalles, unas cosas se van aclarando y otras se irán complicando.

Gracias por sus reviews, me gusta saber que piensan, es estimulante que estén tan ansiosos como yo de que la historia continue.

Un abrazo para todos. Espero que nadie esté sufriendo demasiado. ¡Nos seguiremos leyendo!