HEY BROTHER!

PARTE 1

Hey brother, there's an endless road to re-discover.

Hey sister, know the water's sweet but blood is thicker.

Oh, if the sky comes falling down for you,

There's nothing in this world I wouldn't do.

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En los buenos viejos tiempos antes de la Invasión y Conquista Decepticon, Milos era una de las islas griegas más importantes para el turismo, el paraíso de sus playas de arena blanca, descansar entre las exuberantes palmeras y disfrutar de nadar en las cristalinas aguas del mar Mediterráneo. Sí, en aquellos días, unas vacaciones en Milos era un gusto que no cualquiera podía permitirse en esta vida sin tener que vender su automóvil o hipotecar su casa… Ahora, los turistas y al parecer todos sus habitantes habían abandonado la isla volcánica, ¿o no?

Kaiser había salido disparado de la cueva donde se encontraban su dueña, Graham y los dos robots gigantes, el perro corría entre las rocas y palmeras de la playa, adentrándose cada vez más al interior de la isla siguiendo un rastro que solo él percibía.

Detrás de él por varios metros Jane y Graham perseguían al perro fugitivo, Optimus y Jetfire habían querido ir en la búsqueda del animal pero finalmente salir a campo abierto solo delataría su presencia ante posibles enemigos mientras que dos humanos no podrían escabullirse más fácilmente en caso de que se presentaran los problemas.

Kaiser malo- siseaba Jane corriendo lo más rápido que podía tratando de seguir el rastro de huellas que el pastor belga había dejado en la arena.

Rápidamente las huellas eran cada vez más difíciles de seguir, la arena suelta iba dando paso a las piedras y la hierba del interior de la isla, unos cuantos pasos más y el rastro se había perdido. Graham y Jane se detuvieron jadeando, el perro había desaparecido.

A dónde seguir ¿Derecha? ¿Izquierda? ¿Regresar sobre sus pasos? Graham comenzó a revisar las plantas cercanas intentando encontrar alguna rama rota o algo fuera de lugar que pudiera indicarles el camino que había tomado Kaiser pero era inútil, la isla de Milos se había comido a Kaiser…

Correr, correr y seguir corriendo, correr, correr, sin importar que las patas comenzaran a cansarse. Kaiser siguió corriendo aun después de que la arena diera lugar a piedras que se clavaban en sus cojincillos de las patas de adelante y atrás, siguió corriendo por entre palmeras y árboles que estaban llenos de aromas desconocidos pero más allá de esos olores extraños había uno muy penetrante que le seguía llamando, tenía la pista y la seguiría hasta el final.

Saltó un arroyuelo y siguió corriendo cuando el camino invisible que seguía dobló a la izquierda y tuvo que subir por una ladera llena de plantas con hojas que arañaban las mochilas que tenía en el lomo, siguió subiendo aun cuando se atoró en una zarza o alguna otra planta con espinas y se quedaron atrapados unos mechones negros de pelo de su cola. Finalmente siguió corriendo hasta alcanzar la cima, sí, ese era el lugar donde el aroma se hacía mucho más fuerte, había llegado al lugar que buscaba.

Comenzó a olfatear con la nariz pegada al piso toda la cima hasta que lo encontró, la fuente del aroma, como loco comenzó a arañar con las patas quitando las piedras primero y después comenzando a hacer un agujero pequeño, si seguía usando las patas terminaría por hacer un agujero más grande y poder sacar la cosa enterrada, el aroma cada vez era mucho más intenso.

Ya que habían perdido el rastro de Kaiser, Jane y Graham decidieron que lo mejor era separarse para cubrir más terreno, afortunadamente Graham había empacado un par de radios de onda corta que les servirían para pedir refuerzos en caso de ser necesario, buscarían mientras tuvieran luz de día en caso de que llegara la tarde y no hubieran encontrado al perro regresarían a la cueva con Optimus y Jetfire para informarles sus avances o su fracaso.

Graham tomó a la derecha y Jane a la izquierda cada uno deseándole suerte al otro. El soldado inglés avanzaba cuidando cada uno de sus pasos mientras revisaba con todo detenimiento a su alrededor preparado en caso de encontrarse con algún pretender, si había algo que nadie en este mundo quería era encontrarse con un pretender y obviamente con un Decepticon.

Por su parte Jane lanzaba de vez en cuando silbidos bajos para llamar al perro, pero el endemoniado animal había corrido como loco y no se encontraba cerca de donde ella caminaba, también ella revisaba alrededor antes de atreverse a hacer algún ruido que la delatara ante los sistemas de algún pretender o Decepticon, en verdad pedía no tener que encontrarse sola con algún contingente enemigo.

La canadiense apretó con fuerza su rifle, era mejor estar preparada para cualquier sorpresa.

Aunque Milos se veía como todo un Edén era mejor tener precaución, nadie quería encontrarse a una de esas serpientes Decepticon en su camino…

Jetfire comenzaba a impacientarse, ya había pasado largo rato desde que los humanos siguieran tras la pista del perro y hasta ahora no tenían ni una sola señal ni de ninguno de ellos.

Debería sobrevolar la zona- sugirió Jetfire aun sabiendo que era una locura- así encontraría al perro y a los humanos.

Optimus negó con la cabeza, aunque tampoco le gustaba la idea de estar sin hacer nada y solo esperar a que los demás regresaran sabía que la idea de Jetfire era muy arriesgada, no sabían si la isla griega estaba bajo control Decepticon y si alguno de sus enemigos los descubría su misión terminaría mucho antes de haber comenzado.

No, además si ellos también se movilizaban cuando los humanos regresaran y no los encontraran se preocuparían y ahora irían en su búsqueda lo cual sería el cuento de nunca acabar poniendo a todos en riesgo.

En esta ocasión lo único que el Prime y el Buscador podían hacer era esperar, aunque para su gusto ya habían esperado demasiado.

¡Sí! Después de mucho rasgar, morder y romper piedras finalmente la cosa olorosa se dejaba ver, bueno la cosa apestosa estaba debajo de la madera que la cubría.

Kaiser se dejó caer en el pasto junto al enorme hoyo que había hecho con las patas, estaba muy cansado pero había logrado encontrar la cosa.

Sus orejas se movieron alertas al captar un crujir de ramas atrás de él, al momento el perro se puso de pie con los pelos del lomo erizados.

-¿Σκύλος?

Era inútil, Graham sabía que estaba corriendo a ciegas tras Kaiser. Solo revisar que se encontraba solo se dejó caer sobre una roca para descansar un momento.

Nadie a la redonda, ni perro ni una sola alma. El soldado se atrevió a utilizar el radio de onda corta para contactar a Jane.

-Aquí Graham, cambio.

-Domino's pizza, ¿puedo tomar su orden? Cambio.

Graham se sonrió ante la ocurrencia de la canadiense, al menos eso indicaban que no se encontraba en problemas.

-No he tenido éxito en encontrar a Kaiser, cambio.

-Ese perro estará en serios problemas cuando lo encontremos, cambio.

Graham solo atinó a negar con la cabeza, ya imaginaba la cara de frustración que Jane tendría en ese momento. Solo escuchar que la chica apagaba el radio de onda corta él también apagó su equipo. El militar estaba a punto de levantarse cuando un ligero "crack" detrás de él lo hizo girar la cabeza, lamentablemente había sido demasiado lento en darse cuenta de que había sido tomado desprevenido, lo único que alcanzó a ver antes de quedar aturdido fue la culata de un rifle que le había golpeado.

Jane ya estaba planeando cómo le haría pagar a Kaiser toda esta correría sin sentido mientras seguía sin rumbo fijo entre la maleza hasta que encontró un riachuelo que saltó sin ningún problema, la canadiense siguió caminando cuando algo llamó su atención, entre unas plantas con gruesas espinas encontró mechones de pelo negro.

Eran de Kaiser, estaba noventa por ciento segura, no había rastro de algún otro animal, es más ni siquiera había visto a ningún otro animal en todo lo que llevaban de camino. Al parecer finalmente habían seguido el camino correcto, Kaiser debió pasar por ahí. La pregunta seguía siendo ¿Por qué? Jane había pensado que se habían topado con pretenders y por eso el perro había salido disparado tras la apeste a diesel de esos adefesios; pero, el perro no había ladrado como loco como todo perro hacía cuando encontraba alguna de esas endemoniadas máquinas, entonces ¿Qué era lo que estaba buscando Kaiser?

Jane comenzó a escalar por la pendiente siguiendo el rastro de mechones de pelos negros entre las zarzas no sin antes soltar un juramento que hubiera hecho sonrojar a cualquier monja. ¡Se había clavado una gruesa espina en la palma de la mano!

¡Hijo de #$% %!- gruñó al sacarse la espina sin importarle lo descuidado del hecho.

Para su buena suerte –si es que había buena suerte después del dolor de la mano- nadie pareció escuchar sus improperios, ni animales salvajes que la devoraran, ni enemigos Decepticons y mucho menos asquerosos pretenders.

Jane McKenzie estaba peleada a muerte con los pretenders.

Después de derrapar varias veces por los guijarros que se encontraba a su camino, las espinas que insistían en arañarle las manos –con una que se le había clavado tenía más que suficiente- y con el cansancio que ya comenzaba a sentir finalmente había llegado a la cima.

Desde la posición en la que se encontraba solo alcanzaba a ver copas de árboles, matas de arbustos más lejos, el riachuelo que había cruzado, más montículos de tierra con pasto y muchas hierbas salvajes y más allá el mar Mediterráneo. Si ponía atención podía ver la parte de la playa donde se encontraba la cueva en la que esperaban Optimus y Jetfire, estaba segura de ello, ya que era la única parte de la "bahía" que formaba una especie de medialuna.

Mucho paisaje, mucho viento pero nada de perro.

¿Dónde demonios te has metido, Kaiser?- se preguntó Jane quitándose la gorra militar que traía puesta para poder rascarse la cabeza.

Se había colgado el rifle a la espalda para poder subir por la pendiente y también para tener las manos libres, la buena para jalarlo y disparar en caso de ser necesario y la mala vendada con una fea mancha de sangre regalo de la estúpida espina que se había clavado.

La canadiense volvió a acomodarse la gorra cuando bajando la vista a unos cuantos pasos de ella por fin encontró el agujero que Kaiser había estado raspando con las patas.

¿Qué buscabas, Kaiser?- volvió a cuestionarse en un susurro agachándose al nivel de la tierra removida.

Fue hasta ese momento que Jane lo descubrió, entre la tierra y las piedras que el perro había movido alguien había enterrado algo, se veía por las tablas que lo ocultaban de los animales, la madera estaba algo podrida por el clima y la tierra pero debajo de ella al jalarla después de la apeste a fertilizante Jane lo encontró y sin poder evitarlo se lanzó de espaldas aterrada.

¡Explosivos caseros! ¡Kaiser había encontrado explosivos! ¡Suficientes como para volar un bunker completo! Y por gracia del Espíritu Santo Jane no había volado en pedazos al tratar de manera tan idiota con algo tan peligroso.

Eso era lo que Kaiser había olido, cuando Jane y Kaiser aun vivían en Canadá con la resistencia del Norte, eran los encargados de revisar las cargas explosivas y minas que ponían en los caminos y en todos los lugares que se les ocurrían para detener y destruir la mayor cantidad de pretenders que pudieran. Obviamente, desde que encontraran a Optimus Prime tanto Jane como Kaiser ya no tenían nada que ver con los explosivos (Bueno, sin contar con la sorpresa explosiva que le habían preparado a todas las alimañas norteñas que formaban el limitado ejército de Lord Devastator) así que ya había pasado una buena cantidad de tiempo sin que Jane oliera el característico hedor de fertilizante que se incluía de ley en las cargas caseras.

Jane aun temblaba tirada de espaldas al suelo sin importarle que se hubiera clavado las piedras y guijarros en la retaguardia.

Casi me mato…- susurró entrecortadamente-… y de la manera más estúpida posible…

-¡Κρατήστε το!

¡Demonios! Era el segundo error estúpido que cometía en lo que iba del día. Jane solo atinó a levantar los brazos torpemente indicando que estaba desarmada… bueno, que no podía utilizar el rifle. La boca de un rifle cargado apuntaba directamente a su cara, si hacía algo todavía más estúpido la chica que le apuntaba le volaría la cabeza…

¿Un momento? ¿Una chica? Sí, no se equivocaba, una chica, es más ¡Una niña! Una niña le apuntaba y estaba segura que la chiquilla no llegaría ni a los quince años.

Era una niña, una niña todavía de cabello recogido en dos coletas con un rifle en las manos ¿Quién diablos le ponía un arma a un niño? Por más que estuvieran en tiempos difíciles y terribles no era razón suficiente para… A quién engañaba, había visto cosas mucho peores en Afganistán.

Muy bien, solo había algo que podía hacer sin lastimar a la niña y sin que ella saliera lastimada. La chiquilla se veía nerviosa, seguramente era la primera vez que se topaba con un militar así que Jane tenía que aprovechar la preciosa oportunidad.

Lo siento- dijo la canadiense.

Al momento con un rápido juego de manos tomó con la mano sana la pierna de la chica y con la mano vendada el cañón del rifle, para su buena fortuna –y ahora sí no era ironía- logró tirar a la niña de espaldas al suelo y jalar para sí el rifle antes de que pudiera ser disparado. Con un empuje de piernas se puso de pie de un salto aprisionando con su bota a la desconcertada niña que yacía a sus pies. Ahora era ella quién tenía el arma y la niña la que estaba en clara desventaja.

La chiquilla estaba aterrada, podía verlo en sus ojos. Seguramente estaría pensando en que ahora Jane le dispararía; pero, por muy bruja desalmada que fuera la canadiense nunca levantaría –más de la cuenta- una mano contra un niño, y menos contra una niña que bien podría haber sido su hija.

Vamos, no pongas esa cara- sonrió con autosuficiencia Jane (quién ya había superado sus dos momentos de estupidez anteriores)

La jovencita en lugar de forcejear por liberarse comenzó a sollozar, primero pucheros y después un llanto como si hubiera visto al mismísimo diablo.

Eh, vamos. No soy tan mala- Jane se atrevió a quitar su bota de la ropa de la niña- ¿Ves? ¿Qué te parece si somos amigas?

Era mejor calmarla, posiblemente sus padres o algún otro adulto peligroso pudieran venir en su ayuda y no se vería muy bien que ella estuviera aplastando con su pie a la pobre criatura, sí, claro, una pobre criatura con un rifle.

De pronto se le ocurrió una idea.

Oye, ¿Has visto a mi perro?- preguntó Jane.

La niña se había levantado un poco sentándose en la tierra, por su cara parecía no entender ni una sola palabra de lo que Jane decía.

Sí, mi perro- volvió a intentarlo Jane. Ahora haciendo con la mano la cabeza de un perro como cuando alguien hace figuras de sombras- Guau, guau, un perro, ¿Me entiendes? Guau, guau…

¿Guau, guau? ¡Un perro! Entendió finalmente la niña.

¡Σκύλος!- exclamó la chica encantada.

¡Claro! Por eso no le entendía, esa niña solo hablaba griego. Ahora tenían un nuevo problema, la única palabra que Jane sabía en griego era "OPA" y eso porque era lo que gritaba Anthony Quinn al bailar en "Zorba el griego"

Estás van a ser las peores vacaciones de mi vida…- gruñó Jane con toda su ironía posible.

Continuara…