Capítulo 1

La madriguera se vestía de gala para el almuerzo anual de los Weasley, una tradición sangre pura que estaba pensada para que las familias de bien pudieran reunirse para estrechar lazos y hacer negocios, también en la antigüedad se concertaban futuros matrimonios que aseguraban la pureza de la sangre. A pesar de que la familia Weasley era vista con malos ojos por la sociedad de magos de buena posición social, debido a la pérdida reconocida de su fortuna y a su cercanía con los muggles o gente no mágica, la comida se seguía realizando, sobre todo por los intereses políticos de la familia.

Este año estaban invitadas la familia Black, la familia Nott, la familia Malfoy, entre muchos otros apellidos de renombre.

Ron Weasley odiaba las formalidades, de muy temprano era arrancado de sus cobijas, bañado, peinado, cepillado, vestido y perfumado para la ocasión. Con sus apenas ocho años, Ron sólo quería correr por los jardines y el bosque cercano con sus amigos. Odiaba esa tropa de niños estirados que hacían reverencias y que temían manchar sus ropas. Si no fuera porque su mejor amigo Harry Potter vendría, estaría todo perdido.

La primera de las formalidades, e ineludible, era recibir a los invitados como los anfitriones que eran.

─Muchas gracias por asistir al almuerzo anual de la casa Weasley, estamos encantados de tenerlos en nuestro hogar─ decía Molly con una leve reverencia.

─Gracias a ti, querida, por recibirnos un año más─. Respondió la señora Malfoy, ─Nuestro hijo, Draco, hará entrega de un obsequio símbolo de la prosperidad que le deseamos a su familia─. Un menudo niño rubio un paso al frente con una canasta con algunas manzanas y flores. Ginny, la única hermana de Ron, recibió el regalo haciendo una reverencia con su vestido, según Ron se le daba muy bien fingir ser una estirada, como la molestaba.

─Pasen, sean bienvenidos─. Ahí finalizaba el primer rito, hasta la llegada de otros invitados.

Ron estuvo feliz cuando llegó Harry con sus padres.

─Lily, querida, bienvenida─, dijo Molly dejando de lado un poco las formalidades.─ ¿Has venido sola?─, preguntó la mujer a la madre de Harry, ambas mujeres eran pelirrojas, pero Lily tenía unos característicos ojos verdes que heredó a su primogénito. ─James viene enseguida, tuvo una emergencia en el trabajo, llegara en unos momentos. ─

─Está bien cariño, toma asiento─. Molly escoltó a Lily a una mesa y se sentó junto a ella a charlar mientras llegaba su marido. Ron y Harry desaparecieron rápidamente en el bosque, antes de que alguien pudiera detenerlos.

─Potter vino sola, que descortesía. Debería informarse mejor de nuestras tradiciones─. Murmuró Narcisa Malfoy a su marido. ─Qué más se puede esperar, cariño. Ellos ni siquiera celebran el almuerzo anual, y tampoco asisten a las fiestas de los otros magos─.

Draco observó a la señora Potter, nunca la había visto. Los Potter no participaban de la élite de magos y brujas, esto era debido a que Lily era una nacida de muggles. Siendo su marido un sangre pura, podrían haber optado por integrarse a la sociedad de forma discreta, pero habían preferido llevar una vida sencilla y feliz. Después de todo, James tuvo una infancia traumática rodeada de lujos que ya no quería volver a ver y no quería que Harry creciera con palabras como "mestizo" en su vocabulario.

Draco se estaba aburriendo a mares sentado junto a su madre, sus amigos Blaise y Theodore no habían asistido ese año por un resfrío. La señora Weasley se le acercó intuyendo su malestar. ─Draco, querido, porque no buscas a Ron y a Harry y les entregas estos dulces, deben estar hambrientos─. Draco miró a su madre y está le sonrió dándole su permiso.

─Está bien, señora Weasley─. Draco se internó en el bosque siguiendo las risas de los niños. ─Demasiado ruidosos─, pensó fastidiado. ─Weasley, tu madre te envió esto─, dijo arrojándole una bolsa con caramelos. ─Gracias─, respondió Ron. Tenía la cara roja y transpirada.

Ginny también estaba ahí, sentada en un columpio rústico amarrado a un árbol. Y Harry, empujando a Ginny para que tomara impulso. Draco se quedó parado incómodo, no le agradaban los Weasley, su padre siempre comentaba que eran unos pobretones, y ese otro chico, ni siquiera recordaba su nombre.

─ ¿Quieres columpiarte? ─. Le preguntó el chico pelinegro. Ginny hizo un mohín─. Malfoy no puede columpiarse, se podría ensuciar─, dijo la pequeña pelirroja altanera, ─no ves cómo va vestido, como un tonto. Ciertamente Draco vestía un uniforme marinero muy a la moda en París ese año, su madre había insistido en que se veía adorable, a pesar de que Draco ya no era un niño chiquito.

─ ¡Columpiarse es para pobretones! ─, gritó Draco avergonzado y enojado. ─Ese vestido podría ser de mi abuela por lo viejo que está─. Ginny hizo un puchero y se fue corriendo.

─¡No le grites a mi hermanita! Sí fuera a meterme en problemas te daría lo que te mereces─, Ron quería pegarle a Draco, pero cambio de opinión y fue a buscar a Ginny para consolarla. Draco se quedó solo con Harry.

─ Eso que dijiste no es nada bueno─, regaño Harry. Draco temblaba de rabia y al acercarse Harry notó que tenía lágrimas en los ojos. ─¿Estás llorando? ─

─¡Claro que no! Le dije a mamá que me veía ridículo con este traje─ , respondió Draco limpiándose con furia las lágrimas y tapándose la cara con ambas manos para que no lo vieran llorar.

─¡Cálmate! Yo pienso que se te ve muy bonito─. Harry sintió mucha lástima por el niño, se veía muy solo, por eso lo invito a jugar con ellos. Ginny había sido muy grosera, al ser la menor de siete hermanos era muy mimada y consentida; además siempre quería tener la atención de Harry, incluso se peleaba con Ron por ello.

A pesar de su consuelo, el niño rubio siguió tapándose la cara con ambas manos. ─Ven, siéntate acá─, lo tomó de la mano y lo sentó en el columpio. Cuando Harry lo empujó, Draco tuvo que destaparse la cara para afirmarse y no caer, sintió muchas mariposas en el estómago y la sensación de volar. El viento secó sus lágrimas y le puso una sonrisa en la cara.

Así estaba mejor, a Harry no le gustaba ver a otros niños tristes.