Capítulo 2
Harry era gentil y tranquilo como su madre. Lily Evans provenía de una familia muggle, y desde pequeña tuvo que ocultar su magia de ojos curiosos; le incomodaba la atención exagerada que le daban sus padres y la mirada de envidia de su hermana, Petunia.
Cada año durante las vacaciones, los padres de Lily pedían ver los hechizos que su hija había aprendido en la escuela, Lily se rendía a sus peticiones y levitaba plumas o encendía luces con su varita. Frente a estas demostraciones, los Evans pensaban que su hija era una especie de niña superdotada con telequinesis.
Así era, hasta que llegó James destilando magia por cada fibra de sus cabellos. Hijo de una familia sangrepura, Potter fue a conocer a sus suegros vestido con una excéntrica capa de mago.
─No se preocupe, señora Evans, yo la ayudo a poner la mesa─ dijo James, e inmediatamente un servicio completo de té salió volando de la cocina. Lilly pasó la tarde completa dándole patadas bajo la mesa para que cerrara la boca y soltará la varita.
Harry y Lily habían sido discriminados en varias ocasiones por su mezcla de sangre, tanto por muggles como por magos. Siendo así, Lily prefería dejar fuera a su familia de las festividades de la clase alta mágica, quería que Harry fuera un niño feliz y que no sufriera lo que ella pasó en su niñez.
El día de la celebración anual de los Weasley James tuvo una emergencia y partió al ministerio con celeridad. Lily no quería asistir sola, pero Harry estaba muy emocionado y no quiso frustrarle la fiesta. Pero esa noche James tampoco volvió a casa y Lily supo que algo no andaba bien; recién a las 5 de la mañana un auror se apareció en su casa para informarle que su esposo estaba en el hospital.
La mujer se alistó a toda prisa para salir, pero entonces otro hombre golpeó la puerta. Era Peter Pettigrew, un viejo amigo de la escuela. A Lily no le agradaba ese hombrecillo nervioso de ojos saltones, en su último año de escuela se había puesto muy irascible y violento, es por esto que no lo había visto en años.
─ Lily, Liii-ily─, tartamudeó el hombre, ─tienes que quedarte en casa, no salgas, es p-p-p-peligroso.
─ ¡Peter!─ Exclamó Lily sorprendida─ James, tengo que ir a verle, está…─, Peter terminó la frase por ella. ─En el hospital, James está en el hospital, y ellos saben que irás a buscarle, ellos lo saben. Si vas, ellos te atraparán. ¡Ellos sabrán que vine! ¡Sabrán que vine!─El hombre se jalaba los cabellos mientras gritaba.
─ ¿Quiénes son ellos?─, preguntó la mujer muy consternada.
─ Ya lo sabrás, debo irme, y no salgas, no salgas, no salgas─.
─ ¿Por qué no pasas y te calmas, Peter? Necesito que te calmes y me expliques que está ocurriendo─, preguntó Lily asustada en un intento por retener a Peter y obtener respuestas.
─ ¡No! Me voy, adiós─, el hombre se desvaneció antes de que Lily pudiera decir o hacer algo.
En la casa de los Malfoy las cosas no iban mejor. El incidente con Ginny Weasley había pasado desapercibido puesto que la niña se encerró en su cuarto y no salió hasta que los invitados se habían marchado.
Draco se fue dormir temprano esa noche, a la una de la mañana lo despertó el sonido de una taza al quebrarse. Se levantó y se deslizó por los oscuros pasillos de la mansión hasta que divisó luz en la cocina, iba a entrar cuando escuchó gritos.
─ ¡Piensa en Draco, no puedes hacer esto!─ decía su madre, parecía estar llorando.
─Lo hago por él, tendremos más poder ahora, tendrá su futuro asegurado─ respondió Lucius.
─No sabes en lo que te estás metiendo. Mi familia se separó por su culpa, la fortuna se malogró, Bellatrix nunca fue la misma─.
─Está vez será diferente, hay grandes planes. Cuando todo termine tendremos el mundo a nuestros pies─ aseguró e hombre.
Lucius era un hombre de negocios. Cuando su tatarabuelo decidió abrir el emporio Malfoy de ingredientes para pociones, le dijeron que estaba loco, que la gente cultivaba sus ingredientes en casa, que se iría a la ruina. Y cuando su padre decidió exportar sus productos hacía el oriente, también los opositores se rieron de su idea, decían que los orientales tenían el mercado saturado de productos a precios irrisoriamente bajos. Sin embargo ambas ideas fueron un éxito y aumentaron la fortuna familiar por las nubes.
─No podemos tener miedo, para recibir grandes recompensas hay que tomar grandes riesgos─ dijo Lucius con firmeza.
─Sé que no puedo convencerte, sólo espero que tu decisión no condené nuestros destinos para siempre─. Con un movimiento de varita, Narcisa reparó la taza de porcelana que dejó caer al recibir la noticia de su marido y se retiró. Al otro lado de la puerta estaba Draco, con una mirada confundida.
─ ¿Qué haces despierto, Dragón? Los niños buenos a esta hora están en la cama─
─ Escuché algo que se quebraba ─ respondió Draco.
─ Fue sólo una taza cariño, vamos a la cama ─. Su madre lo cogió en brazos como cuando era más pequeño y lo llevó a su habitación. ─Todo estará bien─ susurró la mujer para calmarlo ─ Yo me encargaré de que nadie te lastime─.
Draco quiso preguntar qué o quién podría lastimarlo, pero no se atrevió.
