Manos frías

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Estaba nevando sobre los Cinco Picos.

Afuera, tras su ventana, los copos de nieve caían lentos, como dueños del tiempo y se acumulaban en pequeñas dunas blancas y redondeadas. Shunrei lo miraba caer enfundada en un grueso abrigo y con varios pares de medias, aun así, tenía mucho frío. Ella, en esos días de suaves nevadas, siempre tenía frío y se pasaba el día tiritando y preguntándose cómo hacía el anciano Dohko para no morirse allá afuera, sentado en su puesto de vigilancia perpetua.

En la lejanía se contorneó una figura oscura, recortándose contra el cielo gris y la blanca nieve, como una mancha de tinta. La joven se levantó y con rapidez sirvió té en pequeñas tazas de porcelana; justo terminaba de llenar la última cuando la puerta se abrió, dejando pasar la gélida ventisca y a Shiryu, empapado por la nieve y el cabello pegado al torso desnudo.

Shunrei lo regañó por andar así en el frío, pero él se rio.

Ella iba a poner un gesto de reclamo por su risa, pero entonces sintió que algo cálido nacía en su pecho y le entibiaba, un poco. Se preguntó un momento de dónde venía ese repentino calor y supo al momento que provenía de él, de Shiryu. Su mirada llameaba y la sonrisa era como un rayo de sol. Cuando el Dragón estiró las manos para recibir la taza, Shunrei se estremeció de sorpresa al constatar que Shiryu las tenía calientes. También tenía el aliento cálido, con el que entibió la piel de su mejilla al darle un beso de agradecimiento.

—Tienes las manos frías—le dijo Shiryu, tomando las pequeñas manitas blancas entre sus grandes y calludos dedos morenos, las apretó y después les sopló. Ella se sonrojó, envuelta en una repentina marea de ardor y él le sonrió.

Shiryu siempre había sido cálido y parecía que ni siquiera la nieve podía arrebatarle eso. Shunrei lo agradeció en silencio porque ella siempre tenía frío en las nevadas y nunca parecía poder calentarse aún con todos los pares de medias, ni con todos los guantes ni con todos los abrigos. Sólo Shiryu aliviaba sus temblores y le desentumía los dedos de las manos frías prácticamente con su sola presencia.