Perdón
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Sintió frío, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza y el estómago se le apretujó en el interior mientras una pasmosa sensación de caída libre la invadía. Sintió miedo, temor, más frío, pero sobre todo pena. Una pena terrible, angustiosa, de esa que desgarra el corazón y quema el alma. Una terrible premonición la tenía conmocionada, sólo atinaba a temblar.
—Perdóname, Shunrei…
Las manos que mantenía entrelazadas para rezar, se apretujaron la una contra la otra, los dedos se le crisparon y el labio le tembló. Lo había escuchado con claridad, dentro de su cabeza, la voz de Shiryu proveniente de quién sabe qué infierno.
—Adiós…
Lloró y lloró. Mientras lloraba, corrió pendiente arriba, donde el viejo maestro reposaba frente a la cascada, pero al llegar ahí el anciano no estaba. Por un instante había olvidado que en aquella ocasión, su padre también se había ido a la guerra. Llorando gritó sus nombres, suplicó una explicación, pidió al cielo negro que le dijera que estaba equivocada, que estaba loca. Rezó porque aquello no fuera el augurio de su muerte.
El cielo se iluminó y la suave caricia del sol le calentó la piel, pero ella siguió llorando.
Habían salvado al mundo, pero ella lo había perdido todo.
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