Doble filo

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El Dragón miró su brazo derecho con expectación y respeto. Se admiró el miembro con cuidadoso escrutinio, como queriendo descubrir el origen de su secreto. Movió los dedos y un cosquilleo le recorrió la piel hasta el hombro. Sonrió. Contuvo el aliento ante lo que acababa de descubrir en su cuerpo y en su cosmos. Shura le había heredado su técnica más poderosa, a él en exclusiva, le había sido legada la legendaria Excálibur.

Shiryu no se consideraba a sí mismo el más fiel a Athena. Aquella era una descripción más adecuada para alguien como Seiya que daría hasta el aliento por la vida de la diosa; pero no él. Era leal, por supuesto y creía en la misión de la diosa con fervor, pero ¿el más fiel? Lo dudaba con sinceridad, porque con frecuencia eran otras personas, y sus vidas, quienes encabezaban sus prioridades. Ser el más fiel, era demasiada responsabilidad, demasiado peso sobre sí y no podía porque a veces, con más frecuencia de lo adecuado, la vida de Saori importaba mucho menos que la de Shunrei.

Cuando el rostro de Shunrei asaltó su pensamiento, de pronto el peso de la espada en su brazo pareció aumentar y no pudo sostener el brazo en alto mucho más. Shura había sido premiado con aquella técnica por su devoción, pero en medio de la confusión había intentado matar a Athena con ella, había asesinado a Aioros y había heredado a Shiryu una la espada cargada de culpa y frustración.

Shiryu dejó de sonreír. Él no quería eso. No usar aquel regalo de mala manera ni decepcionar a nadie pero ¿cómo no decepcionar a Athena cuando la legendaria espada estaba en las manos del guerrero equivocado?

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