Es lindo publicar para ustedes de nuevo (Esta historia no es realmente para mi, me divierto escribiéndola pero ustedes son quienes le dan color), no me extenderé mucho, solo les agradeceré por haber leído el primer capítulo y por tomarse el tiempo de leer este cap también :D

En conformidad con la legalidad de derechos de autor (Soy algo así como abogada amateur entre mis amigos jaja) aclaro que los personajes y escenarios conocidos en el mundo Potteriano, pertenecen a la ilustre J.K. Rowling (Ya quisiera y que fueran míos T_T)

Chapter 2: Obliviati.

Era extraño saber que todo había acabado finalmente, que mucha gente ya no volvería a casa, que otros ya no tenían un hogar al qué regresar, que a pesar de que la guerra había terminado ya nada podría ser como antes, no sabía cómo sentirse al respecto, el hecho de haberse quedado sola en su casa en cuanto se habían dado los juicios pertinentes a los Malfoy y otros acusados, le había hecho notar lo sola que estaba, ahora volvía al mundo mágico en busca de sus materiales escolares, para finalmente hacer su último año como estudiante en Hogwarts, podía percibir la tensión que todavía se establecía en el ambiente, como el Callejón Diagon estaba casi desierto y la gente adulta pululaba por las calles haciéndose con la mayoría numérica de los transeúntes, casi no había jóvenes deambulando y los niños se agarraban fuerte de las túnicas y faldas de sus madres o se sujetaban fieramente de sus padres, pero es que ella ya no podía hacer eso, ya no tenía a los suyos para salir por las calles del Londres muggle y caminar distraídamente mientras su madre la llevaba del brazo para no perderla de vista, ahora ya no habría un día de la madre, tampoco un día del padre, mucho menos una noche buena al lado de los suyos, ya no habría nadie que le diera esa tranquilidad.

–Mione, ¿En qué piensas?- la voz de Ronald la sobresaltó, provocándole un pequeño respingo, el chico sonrió de lado.

–No es nada importante, solo recordaba un sueño que tuve hace poco…- dijo rápidamente.

– Oh vaya ¿Y de qué trataba?- cuestionó una curiosa Luna que escuchaba atentamente.

–Bueno…- comenzó, sin saber bien qué decir, no es que le encantara hablar de sus aventuras de ensueño, pero al menos con ello no tendría que contarles sobre sus padres, odiaría que alguien se enterara –Soñé que estábamos en King's Cross y ya éramos adultos, estábamos juntos dejando a nuestros hijos en la estación para que tomaran el expreso a Hogwarts…- contó y miró a Ron momentáneamente, sonrojándose al instante y apartando la vista, Luna lo notó y quiso comentarle a Ginny pero ella estaba distraída hablando con Harry y Neville.

–Vaya ¿Y quién era tu pareja?- inquirió.

–No lo sé, no pude verle el rostro- dijo nerviosamente, por supuesto que se lo había visto, Ron era su esposo e aquel sueño, probablemente solo en su mundo onírico podría volverse cierto, pero qué más daba, tampoco es que estuviera interesada en hacerse ilusiones, algo le decía que muchas cosas cambiarían rápidamente, solo esperaba que fueran buenas nuevas experiencias.

– ¿Yo estaba en tu sueño Mione?- preguntó de nuevo, Hermione ya estaba impaciente e iba a decirle cortantemente que no para zanjar el asunto, pero los brillantes ojos azules de Luna no se lo permitieron.

–Errrr… Claro Luna, pero no puedo recordar quién te acompañaba- respondió sonriendo forzadamente.

–Bueno, eso no importa, estaba con alguien y tenía una bonita familia, eso es lo más importante Herms- sonrió con dulzura y la leona la miró para luego sonreír sincera y cariñosamente. Continuaron caminando y entrando a las tiendas del Callejón Diagon.

–Draco, hijo…- la voz de Narcissa se dejó oír dentro de la habitación masculina, en cuanto esta entró al hallar la puerta entreabierta, el rubio volteo, desde su cómoda posición en la cama, el anillo que antes posaba en la gruesa cadena plateada ya no estaba allí, ni en su dedo, sino sobre su pecho, que ascendía y descendía armoniosamente –Necesitamos hablar…- el tomó el objeto y lo colocó en el dedo anular de su diestra, se incorporó tranquilo y le sonrió sardónico a su madre.

–Por supuesto…- contestó con cierto tono entre resignado y sarcástico -¿De que quieres hablar, madre? O mejor dicho, ¿Por dónde quieres empezar?- preguntó con seriedad a su progenitora, quien se sentó en la orilla del lecho, con expresión seria y demandante.

–Draco, ahora que McGonagall tendrá tu custodia por un tiempo, no podrás escapar de su vista aunque seas mayor de edad, esa condición deja ver que tu liberad de moverte, incluso dentro de Hogwarts, se verá muy limitada y si haces algo malo…- suspiró y con porte aristocrático se acomodó mejor sobre el colchón –La idea es que podamos recuperar el buen nombre de la familia, por eso ha sido algo muy conveniente que Minerva, Potter y la chica sangre-sucia intercedieran, así que escúchame bien- Draco alzó una ceja y volvió a su expresión de estoicismo e indiferencia.

–No te metas en problemas en el colegio, no te estoy pidiendo que te hagas amigo de Potter o sus amigos, ni un defensor de los sangre-sucia, tampoco el mayor fan de los Gryffindors, pero si te demando, como tu madre, que hagas lo posible por ganar de nuevo el respeto de todos allá, no podemos darnos el lujo de quedarnos de brazos cruzados permitiendo que se burlen y denigren el nombre de los Malfoy, nosotros de ninguna manera podemos dejar que el honor de nuestra casa sea mancillado- musitó con todo duro e inflexible.

–No necesito que me lo recuerdes- interrumpió pronunciando cada palabra entre irritado y desganado –Sé bien lo que debo hacer, así que como ese no es tu único interés en venir a mi habitación… Olvídalo, no creo que quede mucho que hablar sobre ese tema, pasemos al siguiente… Vi en 'El Profeta' que esa estúpida ley ha sido aprobada, así que supongo que es eso es otro de los puntos que quieres que discutamos, eso sin mencionar que la buena para nada de Skeeter solo sabe hacernos más difícil la labor de reconstruir nuestro imperio- Narcissa asintió pero no pudo responder –Bien, entonces aclaremos algo madre…- suspiró con los ojos cerrados y volvió a abrirlos para optar por una ladina sonrisa –Sea quien sea la persona con quien me case, si es que el Ministerio dice que soy 'apto', no quiero que te entrometas en ello, ni que te hagas ilusiones en pretender escoger a alguien por mí, porque lo más probable es que no pueda conseguir a nadie y Shacklebolt termine por asignarme a una prometida, que ruego por amor a Salazar que al menos tenga intelecto, de los buenos genes puedo hacerme cargo, pero quiero que sean inteligentes de lado y lado- sonrió con superioridad al mencionar su agraciada genética, de la cual se sentía orgulloso.

– ¡No quiero que ninguna sangre-sucia arruine la pureza de nuestro linaje!- dijo con dureza, en su rostro una mueca de indignación y repulsión que a las claras le hacía ver como si oliera vómito –Por supuesto que debo entrometerme, hijo, quizá si hallas a una sangre-pura que no tenga una familia adinerada, entonces no les importe a los del Ministerio, ni a Kingsley, debemos mantener el estatus de nuestra sangre intacta- agregó casi escupiendo las palabras, el ceño de Draco se frunció en un gesto de reprobación, ¿Cómo podía ser que su madre se comportara de esa manera? Era ridículo, a penas llevaba dos semanas de haber quedado en libertad, solo dos semanas en su casa luego de conseguir que McGonagall lo dejara ir con ella a casa después de haberlo hecho despedirse de su hogar al día siguiente del juicio y de que debiera pasar una semana entera en algún sitio cercano a la casa de esa mujer bajo su estricta vigilancia, solo dos semanas de haber comprobado que el único amigo que aparentemente seguiría a su lado siempre, era Theodore Nott y su única amiga Astoria Greengrass ¡Y ya tenía que enfrentarse a los prejuicios de su madre! ¡Por amor a Merlín, que alguien le explicara a Narcissa que él no podía seguir llevando esa vida de odio y repulsión sin acabar en San Mungo o en Azkaban!

No es que a él le cayera en gracia la idea de que resultara apto para emparentarse con alguna chica cualquiera, que pudiera o no ser sangre-sucia, tampoco que considerara a los mestizos como iguales, pero de cierta forma habría esperado que Narcissa, con su gran intelecto y capacidad de análisis, se abstuviera de decir algo tan idiota como eso, si iba a estar con alguna persona por el resto de su vida, elegiría a alguien con quien al menos pudiera congeniar, y librara Morgana a su madre de su ira si ella hacía algo en contra de cualquiera de sus decisiones, porque ya no podía seguir haciendo su vida según los estándares de nadie, ya no podía solo buscar beneficios a su larga línea de casta pura, ahora debía hallar alguna manera de recuperar el poderío de su familia para que su madre fuera feliz, porque si ella lo estaba parte de sí mismo también, pero también necesitaba hallar felicidad propia, algo que no tuviera que ver con sus padres, esta era su oportunidad de hacer algo más que eso y no la desperdiciaría, además, no buscaría a la primera que se le pasara por el frente, sabía bien que le sería difícil, pues aunque encontrara a la adecuada, estaba el detalle de que la muchacha en cuestión lo aceptara, por lo que para ello, debía aunque fuera fingir que ya no sentía ningún tipo de rechazo hacia los mestizos y que había cambiado para bien.

–Si tengo que cumplir con esta absurda idea del Ministerio, que espero que no sea así, tendrás que atenerte a mi decisión, madre- respondió con severidad, sus ojos grises, de alguna manera se habían tornado azules grisáceos, tan oscuros como un zafiro, justo como el que llevaba en su dedo, la serpiente alada de la gema que portaba desapareció y al lado del rubio se materializó una especie de oso polar del tamaño de un cachorro de can muggle, de pelaje tan azul como los ojos del joven en esos instantes y en cuanto la pequeña criatura se colocó en el regazo de Draco, comenzó a gruñirle a la señora Malfoy, quien se hallaba pasmada en su lugar, con cara de espanto, la mirada del Slytherin volvió a su tono gris de nuevo.

– ¿Qué es eso Draco? Exijo saberlo- inquirió la mayor recobrando la compostura, el ceño fruncido del aludido se relajó y en cambio, pasó a mostrar una sonrisa ladina, que últimamente ella conocía muy bien, esa que le decía claramente "¿A ti que te importa?", había comenzado a presenciarla de forma continua después de acabada la guerra, le hacía enojar y entristecer en partes iguales, porque no podía evitar sentir que de cierta manera había perdido a su hijo, pero ignoró ese detalle para observar a la criatura que seguía gruñéndole y observándole a la defensiva, aunque con ese tamaño, dudaba que pudiera hacer demasiado daño a alguien.

Sus pensamientos comenzaban a esparcirse y en cuanto se dio cuenta de que la expresión de su hijo se tornaba turbia, pudo entender que estaba leyéndolos uno a uno, riendo sardónico, con más intensión de tratar de ocultar el daño que le hacía ver en la mente de su madre el miedo que él mismo le estaba produciendo, que con intención verdadera de burlarse de ella, a veces la gran Narcissa Malfoy era capaz de olvidar que su amado heredero era un legeremante excepcional y de talento nato.

–Draco yo…- pero no pudo decir nada y él negó con la cabeza.

–Si tanto miedo te produzco, no entiendo qué haces aquí, ni por qué la preocupación, creo que es obvio que temes que algo de la maldad de mi padre se me haya pegado, pero te tengo una o dos noticias… No soy como él… Y haré- no pudo continuar, una bofetada interrumpió su arrogante parlamento, la miró con furia contenida y expresada desde el centro de sus pupilas hasta el borde de sus irises glaciales, se levantó del lecho, con la criatura azul en el hombro, tratando de ignorar la ira que estaba luchando por descargarse sobre Narcissa, sabía que era su error, se había equivocado al hablar así de Lucius frente a ella –Se llama Kenina, es una quiper, proviene de las Nornas antiguas, eran sus mascotas… No necesitas saber cómo la conseguí, tiene dos años conmigo… Iré a darme un baño, Theodore vendrá e iremos juntos al Callejón Diagon, ya McGonagall está al tanto… Así que retírate de mi habitación, Narcissa- dijo, casi escupiendo las palabras, pero lo que más había afectado a la mujer era el hecho de ser llamada por su nombre de pila, su amado hijo nunca se había atrevido a hacerlo, hasta que se vió envuelto en una misión imposible, en que debía encargarse de asesinar a Dumbledore, a partir de allí, él no había vuelto a ser el mismo, sin decir nada lo observó tomar una toalla del closet, para luego verlo adentrarse en el lujoso baño de la habitación.

Al salir del baño con solo una toalla cubriendo desde sus caderas hasta casi sus rodillas y encontrar a Narcissa todavía allí, se sonrojó casi imperceptiblemente, pues no estaba acostumbrado a darle ese tipo de vistas a su madre, entonces un "cuanto has crecido, hasta te pareces a Lucius de joven" se atravesó en su mente, producto de los pensamientos de su progenitora, suspiró cansado, esperando a que ella se retirara para poder vestirse en paz, ¿Por qué había tenido que olvidar su ropa en el cuarto? Debió saber que Narcissa no se iría hasta conseguir lo que quería. La quiper flotó hasta la cama, situándose junto a la señora Malfoy, buscando el regazo de la mayor, ella vió a la criatura con recelo, pero al notar la expresión de la pequeña bola de pelos dejó que se recostara en ella, se sintió extrañamente tranquila, dejó salir una muy pequeña sonrisa.

-"es muy suave… ¿cómo se llamaba?"- pensó.

–Kenina…- dijo y la mascota que se había enrollado como un gato, volteó a ver los grises ojos de Draco, para comprobar que realmente no la estaba llamando, porque él miraba a su madre –Su nombre es Kenina…- agregó, incómodo por la presencia de la señora Malfoy, decidió tomar sus cosas e irse a vestir en el baño de la habitación al notar que la mujer no tenía intenciones de abandonar la habitación, no sin antes leer como en los pensamientos de Narcissa, esta encargaba la seguridad y el bienestar de Draco a la quiper, "cuídalo por mí", alcanzó a escuchar de esos pensamientos y al leer un "es lo más valioso que tengo… lo único que me queda…" contuvo un estremecimiento, tomó la ropa que se pondría, se encaminó de nuevo hacia el baño y cerró la puerta, todavía no entendía como esa mujer podía tener prejuicios y maneras tan severas y aún así poder ser tan cálida en su interior, amaba a su madre, tanto como a veces la odiaba, así, por partes iguales.

Al salir ya vestido, se encontró con Kenina enrollada en la cama, durmiendo la siesta, sola y sin ningún tipo de presencia externa, pero en cuanto sintió la presencia de su amo despertó y saltó transformándose en un águila por unos segundos, alzando vuelo por la habitación hasta aterrizar en el hombro del rubio y volver a su forma de oso, su rara y muy particular mascota había sido, desde que la había encontrado, un amuleto protector, al menos así lo había entendido al leer sobre la casi extinta especie, además de sentirlo de esa manera, pero también era algo muy parecido a una dosis diaria de 'felix felicis'; lo cierto es que había mentido al decir que la tenía consigo desde hacía dos años, solo habían pasado unos días, la vió en cuanto salía con su madre del Ministerio, sin saber qué era, pero en principio no la había tocado, sino que encontró a su mascota convertida en un anillo en el grueso collar de plata bajo su camisa, desde eso, la pequeña se había mantenido a su lado y le había demostrado alguno de sus poderes, como transformarse en animales diferentes y aparecer y desaparecer transportándose de un lugar a otro, así como lo hacían los elfos domésticos, más el hecho de que podía esconderse en el anillo que ahora portaba, con su nombre grabado en el interior, al acercarse a su cama halló un trozo de pergamino con una nota escrita de puño y letra de Narcissa.

Hijo,

Siempre te has concentrado en comportarte como todo un Malfoy, desde que eras solo un niño… Y creo que tienes razón al querer forjar tu propio camino… He sido egoísta al desear anteponer un simple nombre ante todo, lo más importante para mí es que tú seas feliz…

Te pido que ahora te concentres en comportarte tal y como tú eres, el hecho de solo comportarte como Draco y aun así ser un mago y un hombre digno, es más valioso que nuestro apellido…

Narcissa…

No comprendía exactamente a qué se refería, él mismo había sido criado toda su vida bajo el peso de ser un Malfoy, muchas veces se había encontrado a sí mismo golpeando alguna de las paredes de su habitación hasta hacerse añicos los nudillos durante las vacaciones de verano, siendo presa de una gran frustración que no lo dejaba en paz, porque sentía que no era lo suficientemente bueno para merecer su apellido y cumplir las expectativas que se tenían sobre él, y eso solo se veía todavía más afianzado gracias a las críticas de su padre, así que, desde que tenía memoria, había vivido comportándose en base a lo que se esperaba como el típico comportamiento de cualquiera de los grandes, temidos y respetados hombres de su poderosa familia, pero siendo sincero, al menos consigo mismo, en los últimos meses, algo se había resquebrajado dentro suyo, como si una gran muralla hubiera sido derrumbada a fuerza de duros golpes, dejándolo especialmente necesitado de protección, por lo que si una había caído, él había aprendido a colocar otra veintena más para sustituirla, recordando siempre que su corazón debía mantenerse aislado para que no se convirtiera en una debilidad, la única diferencia, era que ya no sentía los mismos ímpetus de años atrás como para esconder sus sentimientos en su propia y personal caja de Pandora.

Estaba recostado de nuevo sobre la cama, dejando pasar el tiempo mientras acariciaba a Kenina, que en forma de mapache descansaba en su regazo, escuchó golpeteos en la puerta, tomó su varita de debajo de la almohada, "alohomora", dijo en su mente y la puerta se abrió sola, dejando pasar a Theodore, quien lo miraba con una sonrisa ladina, parado bajo el marco de la puerta.-

"vaya flojo… ¿Es que no piensa levantarse de allí? ¿Pero qué rayos es eso?"- pudo leer en la mente de su amigo, poniendo ojos en blanco, se levantó luego de retirar a la mapache zafiro de su estómago, se dirigió a su armario de donde sacó algunos galeones y los guardó en el bolsillo de su chaqueta y esperó por Kenina, que en forma de mantis religiosa había volado hasta su cabeza, transformándose allí en un pequeño cachorrito de mono titi.

–No te quedes allí… Y deja de ver a mi preciosa mascota de esa forma, sé que de seguro ahora quieres una pero dudo que la consigas porque casi no quedan ejemplares, son muy importantes en el mundo mágico ¿Sabes?- dijo a Nott con una sardónica sonrisa en el rostro, que lo hacía ver como el retador chico de siempre, aunque eso no podía engañar a Theodore, sabía que su amigo realmente había cambiado demasiado, en parte porque había madurado mucho a causa de las muertes y otras horribles cosas que había presenciado, además de las torturas que tuvo que realizar y la gran presión que debió llevar sobre sus hombros, pero más que nada, porque la culpa lo carcomía, y vaya que lo entendía, porque su padre había sido Mortífago y aunque el no hubiera corrido con la misma suerte de Draco, el sentimiento de culpa que lo invadía era bastante grande.

-"No puedo creer que todavía trates de hacer como que no te importa nada, conmigo eso no te sirve… Aunque supongo que puedo fingir que sí…"- pensó, sin saber que la expresión de Draco se volvía seria a causa de que este podía leer su mente -"¿Ahora está serio? Seguro ya le quedó algún síndrome bipolar o algo…"- entonces el rubio bufó con exasperación, viendo hacia el techo, tratando fallidamente de observar a la pequeña bola de pelos que se hallaba durmiendo sobre la corona de su cráneo.

–Theodore… Te lo diré a ti para que no sigas solo pensando las cosas y te atrevas a decírmelas de una maldita vez o a callarte hasta tus pensamientos…- lo miró fijamente a la cara –Puedo leerlos- la expresión del aludido se volvió en una de extrema sorpresa y pánico, lo que hiso que por enésima vez, Draco riera con sorna y compusiera una expresión maliciosa y sarcástica tan típicamente suya, pero sin que este alcanzara todavía a iluminar sus ojos de una manera real y sincera, sino más bien cruel–No te quedes allí, vámonos, te contaré acerca de Kenina de camino al Callejón Diagon- agregó sin perder su sonrisa y llevándola consigo desde que salieron de su habitación hasta que finalmente llegaron al susodicho sitio a través de la red flu, la cual odiaba, pero que usaba para perder el menor tiempo posible.

–Bueno… Ya que estamos fuera del alcance de Narcissa puedo contarte- volvió a decir el rubio a su repentinamente callado amigo, el cual trataba de no pensar para que este no tuviera nada que leer –La vi en el suelo cuando estaba saliendo con mi madre del Ministerio… Aunque en principio era un anillo, tuve el deseo incontrolable de tenerlo entre mis manos, pero por la situación no pude tomarlo, así que me resigné a la idea, pero cuando llegué a casa con mamá y fui al estudio, me encontré extrañamente tranquilo, fumando un cigarrillo y viendo el anillo en mi collar, como si siempre hubiera estado allí, desde eso ha estado conmigo, he investigado un poco y según lo que he encontrado entre los textos antiguos de la biblioteca de mi casa, puede transformarse y aparecer y desaparecer en ciertos lugares, pero también puede desarrollar poderes como telequinesis y capacidad de invocar hechizos como 'braquiam emendo', 'cave inimicum' y cualquier otro que pueda curar, proteger o beneficiar a su amo o a sí misma…- el delgado chico no salía de su mutismo, con lo que los ojos le brillaron en asombro.

–Es fantástico…- balbuceo a penas, sin si quiera llevar un hilo de pensamientos que al joven legeremante le permitiera entender bien a su amigo, pero eso ya no importaba demasiado, finalmente, tenían que recorrer las tiendas para comprar sus materiales, así que ya podría burlarse de lo impresionable que era, ambos Slytherin se dirigieron a la tienda de Madame Malkin, donde inmediatamente al entrar, la mujer los atendió como le era costumbre.

–Hola guapos, Hogwarts ¿Cierto?- preguntó sonriente, mientras pensaba "Por supuesto que sí… uno era mortífago y el otro hijo de mortífagos", entonces el semblante de Draco se ensombreció y Theodore notó que la mirada del rubio se clavaba con sus facciones tensas en la mujer, como si fuera a lanzarle un 'cruciatus' o un 'imperio', entendiendo que los pensamientos de la mujer le afectaban y que ella interpretaba eso como una amenaza, lo haló disimuladamente, ambos siguieron su camino al interior de la tienda, se toparon con Harry, Ron, Ginny y Neville, todos probándose sus túnicas.

"¿Qué hace aquí?" leyó en la torrencial afluencia de ideas que se desperdigaba por el aire con tan solo saberlo cerca, de parte de Ginny y también de Harry, notando lo sincronizados que eran hasta en sus mentes, "El hurón" escuchó de la psique de Ron, cosa que le desagradó, pero no le dedicó importancia, últimamente, no había objeto, suceso o persona que la tuviera, por demás, sentía que le faltaba algo, como inspiración quizá.

-"¿Qué no podíamos tener una tarde en paz?"- sintió la queja de Neville en sus propios pensamientos, se echó a reír internamente por las ideas tan fatalistas del inútil de Longbottom, aunque esa risa interna no fuera más que otra firma de enojo, iba a hablar, pero Theodore lo llevó casi a rastras a otra parte de la tienda para que no discutieran.

-"vamos no pierdas el tiempo con estupideces que puedan meterte en problemas"- le dijo sin palabras, asumiendo ya la idea de que era una ventaja el saber de la extraña habilidad de su amigo, pero no por eso Malfoy estaba menos molesto, sus ojos se tornaron rápidamente de un azul grisáceo muy oscuro, tal como le había pasado en casa, y Kenina que sintió el enojo de su amo, saltó en el aire, convirtiéndose en un gran fénix que dejó pasmada a Madame Malkin, quien se encaminaba a ellos para atenderlos, soltando un gritillo que alteró a Luna y Hermione, quienes iban entrando apenas a la tienda, también a los otros Gryffindors, quienes corrieron hacia la asustada mujer, que miraba aterrada como la gran ave veía con ojos fieros a todos en el sitio, Theodore estaba paralizado, no sabía que hacer, trató de hablar, pero prefirió pensar, temiendo que su voz incitara al animal a atacarlo.

-"Vamos amigo, cálmate"- pidió, pero él no lo escuchó, sus ojos ahora azules estaban cerrados, mientras él intentaba contenerse y contener a Kenina, que había graznado en un sonido sordo y pastoso, los demás también se habían quedado paralizados al ver al ave y Luna identificó la especie con la que trataban, así que hiso que Ron, Harry y Hermione bajaran las varitas que habían elevado, colocándose entre sus amigos y los Slytherin, mientras que Neville y Ginny fruncían sus ceños sacando también sus varitas.

-'¡Desmaius!'- exclamó la menor de los Weasley, pero un campo protector generado por un 'Fianto Duris' protegió al par de Slytherins y al animal, que respondió en un movimiento de cabeza y otro atronador graznido como con un 'expelliarmus', que la desarmó, Draco abrió los ojos al leer el pensamiento de Luna que le decía: -"vamos reacciona, no puedo quedarme en medio tanto tiempo"- en cuanto lo hiso, vió como Longbottom por reflejo se dirigía a Ginny, tratando de auxiliarla, con temor a que la chica fuera atacada, empujando sin darse cuenta a la rubia que casi caía de espaldas, pero que fue atajada, cuando él, más por reflejo que por otra cosa, la interceptó, sus ojos todavía azules impactaron a todos cuando lo vieron así, menos a la Ravenclaw, el rubio observó las expresiones de todos allí, Lovegood se irguió sonriéndole y se dio vuelta.

– Chicos por favor cálmense, sino dejan que Malfoy se tranquilice, tampoco lo hará el ave… No quiere hacer nada malo, su mascota tampoco- "¿una mascota?" se preguntó Harry, "eso es un monstruo" pensó Ginny, "¿Qué se supone que es?" se preguntó Hermione, que se había quedado inmóvil cuando Luna se interpuso, al igual que Harry y Ron lo habían hecho, Neville tenía la mente en blanco igual que la señora Malkin, que lucía tan pálida que dejaba ver que de un momento a otro atravesaría por algún desvanecimiento, Ron tenía cara de circunspecto mientras pensaba "eso no puede ser una mascota, las mascotas son tiernas y esa cosa casi nos mata", el ave volteó a ver a Draco, mientras aun se suspendía en el aire, este la observó con sus cuencas carentes de emoción, o al menos eso era lo que aparentaba porque su corazón latía agitado, sintiéndose débil, asintió un poco y el ave fue descendiendo, mientras quedaba frente a él, convertida en un gato, que rápidamente se movió hasta su amo y con súbita elegancia se trepó de este, de un salto que lo llevó a su pecho y de allí a su hombro, el gato subió por último a su cabeza, convirtiéndose allí en un muy pequeño cachorrito de lobo, que desde allí hechizó a todos los presentes, menos a Draco, con un 'obliviate' que les hiso olvidar a todos el pequeño episodio, entonces, se miraron confundidos, y antes que lo notaran, Kenina desapareció y en el zafiro del anillo de Draco, apareció una serpiente alada, este sonrió complacido, a pesar de que esta mueca pudiera interpretarse como un mal augurio proviniendo de él y la joya se volvió cálida trasmitiéndole cierta energía que no sabía que tenía, los Gryffindor y la Ravenclaw miraron con recelo a los Slytherin, que fueron detrás de una confusa Malkin, quien sonreía tratando de no hacer caso a la sensación de leve mareo que experimentaba, todos continuaron con sus actividades sin encontrarse de nuevo ese día, las visitas a las tiendas restantes habían resultado bien tomando en cuenta que nadie podía recordar el reciente altercado.

Theodore terminó por enterarse de lo que había pasado, al haber sido capaz de insistir incontables veces, siendo lo suficientemente necio como para acabar con la paciencia del rubio y que este le espetara lo ocurrido y también después de que Draco se burlara de él luego de ver en sus pensamientos un "es que Luna es linda de pies a cabeza", seguido de un suspiro y de un muy obvio sonrojo al escuchar las burlas de Malfoy, que no paraba de aprovechar su descuido para molestarlo con comentarios llenos de picardía y opiniones escépticas al respecto de cosas como el amor, pues no era mu asiduo a creer en ello, aunque últimamente hubiera estado replanteándoselo y seguidamente olvidándolo, convenciéndose a sí mismo de que lo mejor era no pensar en sentimentalismos cuando se suponía que posiblemente tendría que casarse y que dado el caso tendría que manejar todo como si fueran negocios.