Hoy 12 de junio (no sé que hora sea y solo estoy agregando N/A y Disclaimer para eitarme problemas más adelante, en realidad había publicado esto hace 2 días) les traigo un nuevo cap, espero que lo disfruten tanto como yo ha disfrutado escribiéndolo (este es un hobby pero también una de mis pasiones *-*), también quiero recomendarles que lean una historia llamada Dormiens, su autora es Dryadeh, me parece una escritora super talentosa y su historia incluso me hizo llorar hacia el final (y la verdad cuesta hacer que eso pase), aclaro que ella ni siquiera sabe que estoy recomendándoles su fic, así que no es algo convenido previamente :)
Disclaimer: Los personajes y locaciones conocidos en el mundo Potteriano son propiedad de J.K. Rowling, solo la trama (y alguno que otro personaje) me pertenece.
Sin más que decir (aparte de agradecerles por supuesto, eso nunca se me olvida, esto es para ustedes), les dejo este nuevo capítulo, que lo disfruten! :3
Chapter 4: De un ataque, al 'Geminius'.
Al quedarse solo en el espacio del que se había adueñado en tanto entró al vagón, se sintió entre aliviado y apesadumbrado, luego de ese inesperado encuentro era bueno que la Gryffindor se hubiera ido y más le valía no enterarse de que le había contado a alguien sobre lo sucedido, pero, sin saber por qué, podía sentir de nuevo a sus propios fantasmas demasiado cerca por el hecho de que ya no hubiera nadie con quien distraerse, afortunadamente ya su cuerpo no temblaba, su omoplato no dolía y no había quien se atreviera a entrar, porque si alguien lo hiciera, le verían con la camisa puesta pero desabrochada, abierta dejando ver su abdomen y sus pectorales, cosa que no le sería incómoda, pero que si sería muy extraña para los demás y de hecho, en esos momentos, ha ser posible, prefería pasar desapercibido, Kenina se había quedado en el suelo, a los pies del Slytherin, mientras su amo ahora reposaba elegantemente en el asiento que ya antes había ocupado, la quiper observaba algo con atención, como dudando qué hacer con el objeto en cuestión, así que solo se estiró un poco y lo tomó con el hocico, se dio vuelta .
–"amo, ¡mira!, ¡La señorita de antes lo dejó aquí!"- le comunicó a través de su habilidad al legeremante, el rubio despegó la vista de la ventana y volteó a mirarla, suspiró fastidiado.
–No me interesa…- fue lo único que repuso, cortante, pero Kenina insistió de nuevo.
–"Pero amo, hay que devolverlo…"- Draco bufó hastiado, recién descubría que si había algo, o alguien, que pudiera convencerlo rápidamente de cualquier cosa, era su mascota, definitivamente era una manipuladora, puso los ojos en blanco, esta vez no cedería como lo había hecho antes, no volvería a consentirla tanto, porque por su culpa, ahora llevaba algo parecido a un tatuaje en la espalda y eso a su madre le provocaría un infarto cuando llegara a verlo.
–No…- la labradora zafiro, dejó salir un pequeño gruñido que se asemejaba más bien a un quejido que se quedaba atorado en su laringe, se giró para quedar de frente a la puerta que daba a la salida de aquel espacio cerrado, se echó a correr hacia esta, en cuatro pasos estuvo por chocar y simplemente desapareció, el rubio se puso de pie alarmado, abrió la puerta sin siquiera tratar de ser delicado, y ante las miradas y chácharas sorprendidas de quienes estaban en el pasillo, caminó con paso decidido y con porte tan o más aristocrático que el de su madre, otorgándose un gran parecido a Lucius Malfoy, sin recordar que su camisa estaba totalmente abierta y sin botones, recorrió buena parte del vagón y sintió que su mascota lo llamaba, la plata del anillo le quemaba, sus ojos se tachaban de un azul celeste grisáceo que los encendía más en cada paso, mezclado el mercurio de sus irises, sin terminar de cambiar de color; para cuando llegó al compartimiento indicado, abrió y entró, haciendo cesar la quemazón en su dedo, sin siquiera dar tiempo a quienes estaban dentro de reaccionar, pues todos estaban atónitos con el extraño animal, que nada más hiso aparecer, para lanzarse hacia las piernas de Hermione y en pleno aire soltar el libro, que cayó en las extremidades femeninas y posteriormente se echó ella, transformada en un gato de cola alargada y pomposa, peluda y espelucada, pero el efecto pasó pronto y cinco pares de ojos se fijaron en su persona, cuatro de esos pares estaban acompañados de ceños fruncidos y muecas de desprecio e incluso algo de asco, solo un par mostraba únicamente sorpresa y retisencia con un ligero tinte de nerviosismo, viéndose un tanto más brillantes de lo común por el carmín que acompañaba a las mejillas de su dueña, la cual se había percatado casi inmediatamente de la precaria situación en cuanto a la vestimenta del Slytherin.
– ¡Malfoy!- exclamó Harry con aparente calma, al mismo tiempo, que mientras trataba de disimular, sacaba su varita del bolsillo externo de su túnica, "mejor que no haga nada estúpido", pensó, los ojos grises que estaban evidentemente bañados de tachas celestes fijaron su atención en la mano del ojiverde, mientras todos los demás estaban paralizados, pudo haber sacado la suya también para defenderse, pero sabiéndose en desventaja numérica, le era más conveniente no hacerlo, Ginny fue la siguiente en lograr moverse.
– ¿Se te ofrece algo, hurón?- preguntó tajante, como si escupiera veneno, imitando la misma acción que Potter "¿Qué rayos hace este asesino aquí?", el ceño del Slytherin se frunció, al mismo tiempo que cruzó los brazos, dejando visible el grueso anillo de gema azul, pues ya no portaba en esa mano el que lo identificaba como heredero de los Malfoy sino en la contraria, aunque no lo admitiría nunca, el chico repudiaba desde el fondo de sus entrañas lo que según sus ancestros, incluido su padre, el ser parte de esa familia significaba; nadie había notado el cambio en el color de sus irises, tampoco el extraño estado de su camisa, excepto por Granger, "están cambiando otra vez…", él la miró atendiendo a lo que acababa de leer.
– ¡Maldito hurón del demonio, mejor lárgate antes de que te saquemos a patadas!- le escuchó gritar a Ron, lo observó, sonrió sarcástico, miró a Hermione otra vez ignorándolo, "Merlín que se vaya…", leyó de la mente de Neville, que había continuando con sus ruegos internos por no generar una disputa en aquel momento, observó a Kenina, que lo miraba sin apartar la vista, como esperando ser regañada, suspiró nuevamente resignado.
–Kenina…- murmuró, haciendo caso omiso de las varitas que ahora se levantaban contra él, estaba asustado, por supuesto que sí, no era idiota, pero había algo en la idea de buscar a la quiper que le arrebataba gran parte de su sentido común, la aludida reaccionó y de inmediato comenzó a gruñirles a todos allí, quienes se distrajeron momentáneamente con el animal que fieramente los retaba, para luego notar por fin lo que Hermione había podido ver y que la había mantenido absorta desde que lo había visto llegar, las ondas confusas y enrevesadas que formaban enredaderas en sus irises grises, pero de un pálido color celeste, las imágenes mentales de Hermione la llevaron a recordar la marca que ahora Draco poseía tatuada en su espalda, cómo Bellatrix le había hecho la que el Slytherin había recién borrado, el cómo se había hecho sola la del chico, quemándolo y torturándolo dolorosamente, también recordó el cómo este se había apoyado en ella en un momento de debilidad y de lo que había prometido: no contar nada a nadie; pero no era la única, el rubio pudo ver todo lo que ella, sintió como en su pecho sus órganos se oprimían y como el vello de la nuca se le erizaba y un escalofrío se generó por toda su columna cuando leyó un "es el único que entiende cuanto dolor sufrí cuando me marcaron como a una res…", el rubio se quedó inmóvil, pasó a ponerse un tanto pálido y a observar a la castaña, ignorando los pensamientos que bullían del resto de los presentes, olvidándose de los demás por unos momentos.
–"¿Qué, por amor a las hadas del bosque, es lo que quiere? Ya ambos dijimos que nadie sabría de lo ocurrido y me encargaré de olvidarlo todo, aunque no recuerdo haberle hecho nada como para que haya venido y veo que el problema no es con ninguno de mis amigos, entonces ¿Qué…?"-.
– ¿Qué es lo que quieres aquí maldito hurón?- Interrumpió un muy enojado Ron los pensamientos de la castaña, poniéndose de pie, se había molestado todavía más al notar que la atención del rubio estaba dirigida a su chica, al menos a la que consideraba como su futura novia, y que esta le devolvía la mirada tímida e intensamente. Los brazos cruzados de Draco se hicieron de nuevo hasta sus costados y sus manos fueron a dar a los bolsillos de su pantalón de vestir negro, con una sonrisa ladina.
– ¿Pero que…?- Neville se había pasmado –Malfoy…. Sus ojos…- decía a Hermione, a quien tenía al lado, entre balbuceos, ella solo asintió.
– Lo sé Neville…- el chico la miró confuso, una risilla se escuchó de parte del rubio, que todavía sonreía retador, mientras que la quiper comenzaba a gruñir con mucha más fuerza, desde el fondo de la garganta, ya la habían visto transformándose en un lobo al momento de saltar hacia el suelo y dirigirse al lado de Malfoy, volteando para verlos de frente a todos, dejó de gruñir en cuanto este se inclinó un poco hacia un lado y acarició su hocico y su cabeza con una mano, apartando la vista de la castaña para dirigirla al animal, se hiso a un lado con esta y Theodore y Luna entraron, les había leído los pensamientos antes que llegaran al compartimiento.
– ¡Una quiper!- gritó la Ravenclaw extasiada al ver al azulado ejemplar, la loba se posó frente a la rubia, jadeando y con la lengua afuera, haciéndose ver como a un perro, el ambiente se tornó más tranquilo, en medio de la tensión que cualquier comentario malsonante podría romper para iniciar un enfrentamiento, Hermione deseó que ni Draco ni Ron hicieran algo como eso, sabiendo que ningún otro de los presentes representaba un posible factor de incitación.
– ¿Una qué?- preguntaron Neville, Harry y Ginny, mientras Ron se sentaba al lado de Neville, que se encontraba en medio y junto a Hermione, por petición de la castaña, pero si pensó un "¿Qué fue lo que dijo?", despistándose por completo de su enojo anterior al notar el gritillo de la chica rubia.
–Quiper…- respondió Draco con sequedad –Supongo que ella podrá explicarles sobre estos preciosos ejemplares, yo solo vine a llevármela…- Kenina agachó la cabeza y dejo caer sus orejas, se acercó hasta donde estaba su amo y chillo a su lado.
–"No… Por favor… Yo quiero quedarme… Mione me gusta…"- Draco se masajeó el tabique con los dedos índice, medio y pulgar, irritado por eso, ¿Qué, por amor a Morgana, era lo que había hecho mal con esa criatura? Sus ojos fueron tomando su típico color gris de nuevo, respondió con un leve 'No Kenina…', pero era insistente y se fue hasta donde estaba la castaña, pasando al lado de los demás entre gruñidos y mostrando los afilados incisivos, amenazantemente, y al llegar a la leona mayor se sentó frente a ella y colocó su cabeza sobre una de sus piernas, haciéndole 'ojitos' y chillándole, tratando de hacer que esta le entendiera, ella le acarició y sonrió involuntariamente, ante el mutismo y la parálisis de casi todos los presentes, excepto del rubio, que se acercó y tiró un poco del negro collar que pendía del cuello de la mascota y del cual nadie se había percatado.
–Deja de hacer berrinches, no seas malcriada…- suspiró irritado –No debí consentirte tanto…- agregó en un susurro sin percatarse, se irguió de nuevo cuando sintió que algo iba mal.
–"veamos… frenos, frenos, frenos… ah, los tengo…"- el pensamiento se interrumpió por lo que Draco asumió que estaba realizando algún encantamiento –"veamos si sobreviven a esto Ejercito de Dumbledore…"- soltó el collar de Kenina y observó a Hermione, la quiper reaccionó al estado alterado de su amo y volteó hacia él, dando toques a su pantorrilla con el hocico, mientras al cuarto de máquinas, apenas hacía su mágica salida un encapuchado que vestía totalmente de negro.
–Cuídala un momento… Theodore, ven conmigo…- el aludido, que se había mantenido recargado en el marco de la puerta del compartimiento sin decir nada y mirando divertido y embobado a Luna, asintió todavía confundido, pero en cuanto salieron y en un movimiento de varita aparecieron en el cuarto de máquinas que se manejaba solo, entendió que estaba sucediendo algo malo, excesivamente malo, porque ese tipo de seriedad en su amigo no era normal –Parece que… ¿Trabaron los frenos o…?- dijo dudoso y pensativo, mientras observaba una especie de hoyo rectangular, vacío, en el cual, por la forma, debía ir quizá una palanca, se podía ver la ilusión de que la tierra se movía a gran velocidad a través de este –No… No es eso… Los han desaparecido, todo el sistema de frenos… Ya no está…- el castaño lo miró con los ojos abiertos a su máximo.
– ¿Qué mierda dices Draco?- preguntó entrando en pánico, el rubio lo haló hacia una de las ventanillas, echó un vistazo y su rostro empalideció hasta parecer hecho de nieve, se desplazó un paso lateralmente, mostrándole a su amigo la peor parte de todo, unos kilómetros más adelante, hacia un lado en la lejanía, se podía observar como una parte de la vía estaba destruida y humeante con gigantescas columnas de gases entre negros y grises subiendo, si seguían ese camino, caerían en un gran precipicio seguramente creado con un 'defodio', que había impactado el puente y lo había hecho pedazos cerca del extremo más alejado, el rubio tomó el brazo de su amigo con fuerza y nuevamente el movimiento de la varita los hiso aparecer fuera del compartimiento de los Gryffindors, teniendo suerte de que ya a esa hora no había nadie que los viera utilizar la tal técnica de aparición de los mortífagos.
Aparecieron en el vagón y buscaron en su compartimiento el bolso de cuero de dragón encantado del exmortífago, para luego ir al de los Gryffindors. Las puertas se abrieron de estrépito y los seis amigos voltearon en guardia, listos para defenderse, pero al ver quienes eran, la primera en actuar fue la leona castaña, quien se puso de pie de inmediato con una leoncita azulada en brazos, que miraba con la cabecita ladeada a su amo, que le parecía alterado y asustado.
-"claro… con que este es su compartimiento…"- escuchó un pensamiento que venía del exterior, vió por la ventana un encapuchado con túnica roja como la sangre, montado en una escoba y lo que pasó luego fue demasiado rápido para describirlo por sí mismo.
– ¡Abajo!- gritó, mientras como reacción en cadena tomaba a Hermione y la empujaba al suelo, agazapándose sobre ella y Kenina para protegerlas con su cuerpo, luego de percibir un "Bombarda" en un hechizo no verbal por parte de aquel sujeto que lanzaba el hechizo, hechizo que era lanzado hacia ellos, Theodore haló del brazo a Luna haciendo lo mismo que Draco, casi en el mismo instante y todos se echaron al suelo al sentir el estruendo de la explosión colisionando con la ventana, rápidamente se extendió el olor del metal y la goma siendo chamuscados y el fuego entraba gracias a un 'lacarum inflamarae', que a pesar de no ser demasiado potente como encantamiento, había tenido un increíble efecto destructivo, dando a entender que ese mago no era un simple cualquiera.
– ¡Kenina!- Gritó llamándola con urgencia, necesitaba que ella lo protegiera y no había mejor manera que eliminando temporalmente la famosa vena cobarde que caracterizaba negativamente a los Slytherins, esta atendió desapareciendo y materializándose como una serpiente alada en el zafiro de su anillo, sus ojos se tornaron totalmente azules y se concentró como mejor pudo, aun entre ataques que trataban de ser repelidos con contra-hechizos dirigidos a atacantes que no podían ver.
–'fianto duri'- invocó así una cúpula de protección, sabía que no necesitaría mucho más, eso solo era una distracción para que no se dieran cuenta de lo que él ya le había mostrado a Theo, de eso estaba seguro, la marca de su omoplato comenzó a escocer y Kenina apareció de nuevo a su lado, como un canario en su hombro, restregando su emplumada cabecita en el cuello del pálido joven y ejerciendo sus efectos sobre él.
En todo ese tiempo no le había dejado levantarse, sino que había permanecido con el cuerpo suspendido sobre ella apoyándose en un brazo mientras lanzaba encantamientos con el otro, con la espalda volteada hasta que parte de su torso se mantenía rígida en dirección al puesto original de la ventana, la castaña, que veía todo desde el suelo apenas había alcanzado a apoyarse sobre uno de sus codos para alzarse un poco, había tenido que ayudar desde el suelo, pues con la tensión del momento no había podido siquiera apartar al rubio, así que al momento de erguirse, Draco había tenido que ayudar a una agitada y ruborizada Hermione a hacerlo también, aunque en un momento de torpeza, sumado a que la brisa impetuosa que entraba barriéndolos a todos con fuerza por el gran hoyo le afectaba, se había visto obligada a sujetarse fuertemente del Slytherin para mantener el equilibrio y tratando de hacerlo, la mano en que llevaba la varita la aferró con fuerza a la camisa desabrochada del chico y la izquierda la colocó, sin percibirlo en un primer momento, sobre el pecho pálido del rey de las serpientes.
Una serie de 'reparos' habían dejado de nuevo el compartimiento como en un principio, habían alumnos de séptimo apiñados tras la puerta tratando de ver hacia adentro, a través del cristal, pero no lograban hacerlo, ya que este estaba hechizado y solo se veía de dentro hacia afuera, Harry se había encargado de hacerlo para que los demás no curiosearan, tratando de espiarlo por eso de ser 'el niño que vivió' y por su más recién adquirido título de 'salvador del mundo mágico'.
– ¡Diles Draco! ¡Ellos deben ayudarnos a hacer algo!- gritó el joven Nott abrazado a Luna, a quien había ayudado también a ponerse de pie, este bufó pero aceptó sin vacilaciones.
–Escuchen y no pregunten, ni siquiera cuestionen en sus mentes- suspiró tratando de mantenerse en calma –Quienes nos atacaron, se han encargado de desaparecer el sistema de frenos del tren y han desaparecido parte de la vía, si seguimos este camino, caeremos con todo a un gran hoyo que crearon sobre el gran precipicio so el puente…- todos se espantaron, "eso no puede ser cierto", leyó de parte de Ron, Ginny y Neville, la mente de Harry solo pedía ver lo que él para comprobar todo.
–Vaya, se ve que quieren morir…- bufó y puso los ojos en blanco –Potter y compañía, vean por la maldita ventana y compruébenlo- el primero en hacerlo fue Harry, a esto siguieron los hermanos Weasley, Neville al último, ni Luna ni Granger lo hicieron, una porque creía en Theo, que confiaba en Draco y había visto todo, y la otra porque todavía no salía de su shock anterior y lo miraba con ojos desorbitados y abiertos hasta su punto cumbre.
La mente de Draco funcionaba rápidamente, casi zumbando en miles de revoluciones por segundo, su vena de serpiente le exigía escapar y dejarlos a su suerte si con eso salvaba su pellejo, pero Kenina aplacaba buena parte de aquel deseo, lo malo era que no podía hacerlo totalmente valiente, porque no estaba en el ser temerario y cursi como los Gryffindors, por algo no había ido a dar a esa casa, y bien sabía que su mascota a estaba haciendo bastante, porque era norma para las quiper ayudar sin hacer todo el trabajo por sus amos a menos que fuera un caso de vida o muerte, afortunada o lamentablemente, él no estaba agonizando, así que ella n haría más que brindarle su apoyo, pero aun así, el trabajo más difícil debía cumplirlo, había invocado su ayuda, deseando no dejarse vencer por el miedo, ahora no debía fallar, o las repercusiones serías cataclísmicas, a su mente llegó la luz, una idea casi absurda y que por mucho que odiara admitir, era quizá del estilo de un león y no de una serpiente.
–Ahora, si quieren puedo darles una solución rápida: Hagan aparecer sus escobas, corran la voz, debemos encargarnos de avisar a Hagrid para que controle a los de primero y ayudarlos a salir, ellos no podrán hacer nada solos, serán totalmente inútiles sin ayuda… Yo iré con el grandote y por los de primero, luego vendré por ti –dijo señalando a Hermione, le sonrió de lado al ver su cara de circunspección al salir del estado catatónico en que se hallaba, ignorando las miradas desconcertadas del resto y la de furia de Ron –Yo seguro voy a tener que gritarles, así que tú los consolarás y los harás obedecer como leoncita ejemplar que eres– agitó la varita y frente a ellos dejó solo una estela negra de humo, rastro de un hechizo antiguamente utilizado por los mortífagos, había desaparecido junto a Kenina, todos obedecieron sin siquiera medir las consecuencias que pudiera acarrearles tal plan, al notar que no eran capaces de pensar en uno mejor.
Todo era caos, habían hecho hasta lo imposible por dividirse y hacer el trabajo, vagón por vagón, Hermione se había quedado con los de séptimo, Ron y Neville con los de sexto, Luna y Theodore con los de tercero, Harry y Ginny con los de segundo; les costó pero lograron moverse de un vagón a otro, entre gritos organizaron todo y abriendo las compuertas de cada uno, hicieron que los alumnos saltaran en sus escobas, mientras los kilómetros se agotaban y el tiempo escaseaba, Hermione terminó primero con los del séptimo año, por ser estos los de más habilidades y varios colaboraron poniendo orden, como buenos exmiembros del Ejercito de Dumbledore, así que trató de moverse al vagón de los de primero y al llegar encontró a varios niños llorando, un Hagrid intentando mantener todo bajo control, pero igual de asustado que los menores y Malfoy no estaba, vió como algunos niños estaban en fila y subían por unas escaleras de soga muggle que daban al techo y se sintió ridícula al no haberla notado antes, la cabeza de Draco asomó desde el arriba para ver hacia el interior, a través de una puertecilla.
El Slytherin sabía que era peligroso, quería salvar su pellejo, estaba desesperado por hacerlo, pero bien en claro tenía algo, hacer ese tipo de cosas, aunque no fuera cosa de serpientes, sí era cosa para quien quería hacerse de una buena cantidad de fama y reconocimientos, en su caso, él deseaba recuperar el poder de su familia y hacerse de una buena reputación, para poder vivir de la mejor manera con Narcissa, que era el único ser amado que tenía, la única mujer que había amado en toda su vida, y para la que, aunque jamás se lo dijera, tenía toda la devoción del mundo, toda la que merecía por el solo hecho de ser su madre, no por nada había invocado un poder que solo podía ser resarcido con el cumplimiento del propósito de su invocación, no por nada había decidido hacer lo que fuera con tal y lograrlo, y no por nada estaba tratando de mantenerse con la mente fría a pesar de que sentía que podía hacerse en los pantalones en cualquier momento si una mínima cosa salía mal.
–Granger no te quedes allí, ayúdalos a subir, ¡De tren en tres!- ordenó y a pesar de su enojo así lo hiso, a quienes no podían hacerlo les encantaba con un 'levicorpus' y los hacía flotar hasta la punta donde los dejaba subir por su cuenta, a quienes se reusaban los forzaba con el mismo hechizo, sin saber lo que pasaba arriba, pero confiaba, ya que Hagrid también había subido, solo que por la puerta trasera del vagón, cuando solo quedaban veinte, decidió mandarlos por ambas salidas de emergencia, se dirigió a la puerta trasera con quince y los hiso flotar hasta el techo, donde el semi-gigante los recibió, mientras el Slytherin, recibió a los que subieron a través de la escalera.
Sus ojos lucían un azul grisáceo oscuro, tachado de enrevesadas y frenéticas líneas azules celestes, su mano escocía entera a causa del anillo, que parecía un fierro hirviendo, ella se sorprendió ante lo que vió al subir también; la quiper estaba transformada en un hipogrifo azulado grisáceo claro, como espectral, cada tanto, Draco aplicaba un 'geminius' en el animal para duplicarlo y aparecía un gemelo de este con todo y una gruesa colcha negra que cubría su lomo y hacía subir a tres chicos, el rubio estaba agotado, pero continuaba haciéndolo sin quejarse visiblemente, Harry apareció también para encargarse de duplicar hipogrifos para los que faltaban, mientras Malfoy se obligaba a mantenerse de pie y concentrado en hablarle a Kenina, para que se dejara hechizar por otro mago que no era él, al estar todo listo, Kenina tomó la forma de un dragón, que desafortunadamente era bastante pequeño en comparación a lo que necesitaban, y el cual tuvo que duplicar el mismo Draco, haciendo uso de gran parte de la poca fuerza que le quedaba.
–'Engorgio'- pronunció ya cansado y el dragón duplicado se hiso cuatro veces más grande, Hagrid montó en este y Harry también, la quiper se transformó en una especie de oso polar del tamaño de un dragón de tamaño considerable, con una silla negra de montar del tamaño de una cama indiviual muggle, pero con bordes que se alzaban medio metro para proteger a quien se sentara allí, haciendo parecer que en vez de un asiento, llevaba una cesta sobre el lomo.
– Vete con Hagrid y Potter, Granger, ya todo está resuelto…- dijo al tiempo que se daba vuelta y se acercaba Kenina, dando tumbos al caminar, tratando de mantener el equilibrio, sentía que estaba a punto de desvanecerse.
– ¿Estás loco? Si alguien te ataca no podrás defenderte, puede que no me agrades, pero no voy a dejarte en esta condición cuando te debo…- tapó su boca con una mano al notar que hablaba de más, Harry todavía se mantenía cerca en el enorme dragón que ocupaba con Hagrid, pronto los hermanos Weasley, Neville, Luna y Theo aparecieron.
– ¡Hermione! ¡Has aparecer tu escoba! ¡Date prisa!- Gritaba Ginny y Ron insistía tanto o más que su hermana, Nott y Lovegood descendieron al techo del vagón, Theodore caminó tratando de hacer equilibrio hacia Draco, le ayudó a subir en el animal, Draco leyó un "no puedo hacer aparecer algo que no tengo", el rubio le hiso seña a Theodore de que se fuera con la rubia, ella iba a necesitarlo, el castaño lo hiso a regañadientes y Hermione todavía seguía allí, arrodillada y paralizada por su miedo a las alturas, Draco no quería alzar vuelo hasta ver que todos estaban a salvo y eso la incluía, Kenina tampoco estaba dispuesta a dejarla.
– Kenina, tráela aquí…- ordenó ya harto y alzó el rostro para ver al cielo, luego hacia su izquierda para ver a su amigo y a los de la Gryffindor e indicarles que siguieran adelante, muy en contra de su voluntad, todos menos Ron lo hicieron y se agruparon con los demás estudiantes para guiarlos, la quiper tomó a Hermione de la ropa que llevaba puesta y la alzó para colocarla en el espacioso asiento junto a su amo y alzarse por los aires, el pelirrojo lo miraba furibundo, puesto que con eso, perdía la oportunidad de hacer que ella volara a su lado, y a demás, simplemente no confiaba en esa ponzoñosa serpiente.
– ¡Yo puedo encargarme de ella Malfoy!- exclamó irritado, la castaña lo miró asustada, observando como el viento hacía que la escoba se bamboleara un poco y sintió como un escalofrío se extendía por su columna al imaginarse volando con él en esas condiciones.
– ¡Como quieras Weasley! ¡Ven por ella si quieres!- fue lo único que respondió, con su habitual arrastre de palabras, su tono cargado de ironía y hastío, acompañado de un deje de cansancio que se impregnaba sobre todo su ser.
– ¡No!- exclamó en medio del pánico y para sorpresa de ambos, hiriendo el orgullo del pelirrojo -¡Debes ir con los demás Ronald! ¡Yo me quedaré por si atacan de nuevo! ¡Él está demasiado débil ahora como para defenderse solo!- agregó esperando que eso fuera excusa suficiente como para no tener que decir que simplemente lo hacía por la fobia que le tenía a las alturas, "Dios que no se cuenta de que le tengo miedo a las alturas…", rogó mentalmente y el rubio que todavía se obligaba a permanecer sentado y consciente, mutó su expresión a una de irritación, hastío y superioridad.
– ¿Qué no es mejor que vayas con la comadreja, Granger? Yo puedo cuidarme solo, vete de una maldita vez- musitó repentinamente fastidiado por la expresión tan dependiente de ese tal Dios en el que no creía y por cómo sentía que le habían llamado débil, que su Dios la salvara de sus miedos, ese no era su problema.
– Por Merlín, ¡No Malfoy!- exclamó alarmada – ¡Si algo pasa no podrás defenderte y no pienso dejar que mueras siendo algo evitable!- le reprendió con reproche e indignación, él bufó y el chico Weasley también lo hiso.
– ¡Bien! ¡Haz lo que quieras!- le gritó Ron y salió disparado en dirección al resto de sus amigos, ella se puso en pie, sin darse cuenta de lo que hacía, al tratar de llamarlo, no consiguió hacerlo a tiempo y cuando se percató de cuán alto estaban volando, se echó al suelo, acurrucándose contra el cuerpo de Draco, por instinto, mas este, por la debilidad que lo embargaba, cayó de peso, acostado y con ella encima, sin fuerzas para empujarla, parpadeó varias veces, intentando asimilar el hecho de que la castaña estuviera ahora tan fuertemente prendida de él, que estuviera incluso clavándole las uñas, sus ojos se tornaron grises de nuevo y sintió como su cuerpo se hacía tan pesado como un gran saco de galeones.
–Granger… Quítate…. Me asfixias…- dijo con esfuerzo, a lo que esta, apenada, se apartó como si el contacto con el cuerpo contrario quemara –Bien… Y otra cosa… Aprende a mentir mejor… Para quienes sí sabemos de engaños… Es obvio ver que rechazaste al idiota de Weasley porque te dio miedo montarte en la escoba…- sonrió ladino mientras hacía un inhumano esfuerzo por sentarse, Hermione se sonrojó un poco, pero a pesar de que su ceño se había fruncido en molestia no discutió con él, ese no era el momento, los grises ojos le observaron con frialdad, sin saber qué hacer, se acomodó mejor y se abrazó a sí misma, agradeciendo a Godric el haber llevado puesto un pantalón ese día, vió como Draco cabeceaba, luchando por no dormirse, en un gesto que le costó decidirse a hacer, por ser muy delicado, maternal, íntimo y personal como para aplicarlo al chico, se acercó cautelosa a este, que quiso ponerse de pie para alejarse de ella y al tratar de hacerlo, se desvaneció, siendo atrapado por la chica de la casa de los leones, quien lo rodeo con sus brazos y fue cayendo sentada junto con el peso extra, acomodándolo luego en su regazo trabajosamente, entonces se le ocurrió algo que no había considerado, pero que ahora veía necesario, buscó entre los tiros del bolso que el rubio llevaba en la espalda hasta encontrar los broches y separarlos para poder quitárselo y colocarlo en el suelo del asiento negro en que eran transportados, a causa del movimiento, Malfoy se abrazó a castaña estando ya dormido, en medio de su inconsciencia y por primera vez en meses, tuvo un sueño tranquilo, que Hermione veló en silencio, hipnotizada sin poder pensar claramente, acariciando los rubios cabellos sin ser consciente de lo que hacía durante el resto del viaje, hasta que llegaron a Hongsmeade, donde finalmente, el encanto terminó y ambos se separaron tratando de fingir normalidad, para abordar en diferentes carruajes arreados por thestrals, los cuales el rubio admiró con asombro sin emitir palabras, queriendo hacer de cuenta que entre los dos, nada había cambiado.
