¡Feliz inicio de semana atrasado! :)

He venido a Traer otro cap más, decidí subirlo así sin agregar más porque lo que viene es mejor tratar de escribirlo más detalladamente y porque la cabeza va a estallarme, la universidad no me deja vida.

Ailataisho: Jajajaja a mí también me encanta Kenina, aunque no te creas, no es tan dulce como aparenta, también puede ser bastante violenta si se trata de defender a su precioso amo (¿Y quién no con un amo tan perfecto? xD) y creo que será muy importante, es un personaje que no está para arreglarle la vida a nadie, pero será de mucha ayuda para hacer que él comience a cambiar :D Espero que este cap también lo disfrutes, ya en el que viene Kenina sí tendrá algo más de participación :)

Disclaimer: todos los personajes y locaciones conocidos en el mundo Potteriano son producto de la superdotada imaginación de J.K. Rowling, yo solo los tomo prestados para escribir esta pequeña historia :)


Chapter 5: La ley.

–Creo que deberíamos ir a verlo…- dijo más para sí que para la pelirroja, quien la interrumpió dedicándole una mirada entre sorprendida y furibunda, ella frunció sus cejas castañas en respuesta –Oh vamos, no me mires así Ginny, se lo debemos…- insistió deteniendo su andar sin terminar de recorrer el pasillo que conducía al exterior de la zona de los leones, su amiga se detuvo unos pasos delante de ella al notar que ya no caminaba a su lado, bufó y puso los ojos en blanco.

–Tú ganas… Vayamos a desayunar y luego iremos a verlo aprovechando la hora libre, pero te advierto, Hermione, yo solo esperaré afuera de la enfermería, no quiero verle la cara al hurón, quizá le debamos un gran favor, pero eso no evita que lo odie y tampoco borra el daño que nos ha hecho a todos- los labios de la castaña se curvaron en una pequeña sonrisa que no podía contener, ignoró el veneno en sus palabras y asintió como toda respuesta, retomaron su camino y luego de deambular durante unos minutos por diversos pasillos entraron a través del umbral de las enormes puertas del Gran Comedor, para dirigirse a su mesa junto con los demás Gryffindors, tanto viejos como recién sorteados, a penas haciendo esto, McGonagall se puso de pie, en el puesto que ocupara Dumbledore antes de fallecer, se aclaró la garganta y todos los presentes se silenciaron, aguardando al anuncio de su nueva directora.

–Ante todo, sean bienvenidos a un nuevo año de educación mágica en Hogwarts- su rostro se mostraba tan altivo y severo como siempre, pero el brillo en sus ojos ya no era el mismo.

– Sé que ayer no pudimos más que hacer la tradicional ceremonia del sombrero seleccionador, que todos llegaron un tanto alterados y bastante cansados por la dura jornada que debieron atravesar durante su camino a este lugar, pero en este momento quiero felicitar a los jóvenes magos y brujas que ayer, con gran esfuerzo, hicieron todo lo que estuvo en sus manos para salvaguardar la vida de los estudiantes de este colegio… Por favor, señores y señoritas, pónganse de pie- así lo hicieron y los aplausos y ovaciones no se hicieron esperar, con los brazos extendidos e indicando con sus manos que quería silencio, Minerva retomó la palabra.

–Me siento en deuda con ustedes y a la vez, muy orgullosa por sus acciones, es gratificante ver que sean capaces de cuidarse entre sí, manejar situaciones de alto riesgo pensando en sus compañeros y emplear los conocimientos adquiridos durante estos años en- se interrumpió cuando las puertas del Gran Comedor se abrieron una vez más, dejando pasar a un Draco todavía convaleciente, que se notaba, había cambiado sus ropas y lucía una inmaculada capa negra con el símbolo de la casa de las serpientes, sobre un pantalón de vestir negro y una camisa grisácea clara, que no pertenecía a su uniforme, este era seguido de cerca por Theodore, quien no se apartaba por si acaso recaía, el mutismo generalizado, fue sustituido por montones de susurros, señas, apuntadas de dedo, miradas discretas y otras no tanto, que el rubio ignoró por completo mientras se dirigía a su mesa, donde ocupó la cabecera, pues Pansy le cedió el puesto a penas este llegó a su lado.

–Joven Malfoy, como siempre, está usted haciendo lo que se le viene en gana, no me explico su presencia en este lugar, sabiendo que se le mandó a guardar reposo el resto del día, pero ya que ha venido, confiaré en que Madame Pomfrey ha aprobado su salida y en que no tendré que castigarlo por desobedecerla, quiero que se ponga de pie, usted también señor Nott – ambos obedecieron con los rostros tensos.

–Bueno jóvenes, ahora que están todos, quiero nuevamente felicitarlos- los Gryffindors observaban a Minerva y Draco, girando sus vistas de un sitio a otro –También tengo un regalo para ustedes… Debido a su valiente acción, especialmente para mantener el orden y asegurar que los chicos del primer año llegaran a salvo… Se les obsequiará a sus casas, cien puntos, y también se les dará libre el día de hoy…- los relojes de arena se llenaron con cien gemas en sus interiores, las primeras cien del año escolar que ayudarían a ganar la copa, los integrantes de las casas de Gryffindor, Ravenclaw y Slytherin vitorearon y los de Hufflepuff brindaron su apoyo y agradecimiento a los aludidos, los chicos se sentaron incómodos por el exceso de atención, a excepción de Draco, que junto con Theo, solo había asentido levemente con rostro estoico y tomado asiento como si nada pasara, poco después se calmaron los ánimos nuevamente.

El desayuno transcurrió con ánimos renovados, un poco decaídos por las pérdidas sufridas, pero todos emocionados, recibiendo lechuzas de parte de familiares preguntando por su bienestar y cargados de bolsos mágicos bastante discretos que contenían ropa nueva, pues temporalmente se aceptaría que los estudiantes portaran prendas comunes bajo las túnicas, algunos padres incluso habían tomado la decisión de no permitir a sus hijos quedarse, por lo que varios alumnos, especialmente del primer y segundo año habían sido enviados a sus casas de vuelta a través de la 'red flu' del despacho de McGonagall; quienes se habían quedado disfrutaban gozosos, olvidando por momentos el desastre que había implicado la guerra mágica reciente, la señora Weasley había enviado un vociferador para hablar un poco con sus hijos, tanto propios como adoptivos, avergonzando a Ron en el proceso y haciendo feliz a Ginny, todo marchaba bien, demasiado en comparación de los años anteriores, en que se veían amenazados constantemente por Lord Voldemort; cuando todo hubo terminado y las sobras desaparecieron de los platos, Minerva se puso de pie de nuevo, con expresión solemne y extremadamente seria, tensa y conmocionada, luego de haber recibido una lechuza de plumaje extenso y hermoso en tonalidades cremosas y arenosas, con un colguije dorado pendiéndole del cogote.

–Jóvenes, comúnmente es bien sabido que los anuncios importantes son hechos a la hora de la cena, pero esta noticia debe ser retenida el menor tiempo posible así que… Es mí deber informarles, que como saben, la nueva Ley de Contingencia para la Repoblación del Mundo Mágico, ha sido aprobada, y no solo eso sino que, el Ministerio ha emitido la orden de alistamiento a Hogwarts, la cual acabo de recibir, mandando realizar el listado de parejas que serán conformadas para el cumplimiento de esta- el ambiente se tornó pesado, muchos empalidecieron ante esto, algunos habían golpeado incluso las mesas en medio de un rictus de frustración, mientras chicas de las distintas casas dejaban salir lágrimas de conmoción, terror y negación.

–Yo… No he podido hacer más que conseguirles tiempo, y la libertad que este les otorgue, para elegir a sus futuros esposos y esposas… Se nos ha dado hasta el día antes del baile de navidad y quienes no se hayan comprometido con nadie, se verán sujetos a aceptar a la pareja que el mismo Ministerio elija para ustedes o que este les de a escoger de un reducido grupo… Las parejas que se conformen antes de las festividades navideñas, serán presentadas formalmente en el baile de navidad, por favor, piensen bien a la hora de elegir…- el revuelo y la tensión se hiso manifiesto con todavía más fuerza, Minerva tomó la palabra de nuevo sin tomarse la molestia de mandarles a callar otra vez.

–Los alumnos que deberán cumplir con esta exigencia, son los del séptimo año; los del sexto, también deberán comprometerse, pero a diferencia de sus compañeros mayores, sus bodas se realizarán el año entrante, una vez hayan cumplido la mayoría de edad, por tanto, tendrán hasta que este año escolar acabe para elegir a sus futuros consortes…- el estrepitoso sonido de gritillos angustiados, discusiones acaloradas respecto al tema, todo, se volvía desesperanzador y los profesores, al igual que la directora, trataban de sobrellevar eso, permitiendo a los alumnos discutir para que pudieran desahogarse un poco, Draco fue con paso firme y elegante hasta la salida, desde allí miró a McGonagall, expectante, preguntándole con la mirada si él también debía atenerse y el asentimiento de esta le hiso fruncir el ceño e imitar el gesto de la mujer, en un asentimiento solemne, indicando que se daba por enterado, para después retirarse tremendamente enojado y con una gran sensación de impotencia que recorría sus venas, cerrándose por completo en medio de sus propios pensamientos sin prestar atención a nada más.

–Por las barbas chamuscadas de Merlín, esto es absurdo…- Neville se quejaba de la decisión del Ministerio entre irritado y desganado –No pueden hacernos esto, ¡Están obligándonos a casarnos! Ni siquiera tenemos edad para eso, digo, por ley podemos hacerlo, pero… ¿Quién querría voluntariamente hacer algo semejante en momentos como estos? Recién salimos de una guerra, a penas estamos recuperándonos del caos ¿Y ahora pretenden hacernos poner la soga al cuello a fuerza de compromisos arreglados?- la consternación se había vuelto generalizada, Ron y Harry no lo habían escuchado, se mantenían callados, metidos en sus propios pensamientos, Luna se hallaba también de esa manera, pero en la mesa de los Ravenclaw junto a Padma, y Mione y Ginny junto con otras chicas, hablaban entre susurros histéricos, entre ellas Lavander y Parvati, comentaban casi coléricas lo horrible que les parecía todo aquello, Theodore había decidido salir de allí, sin molestarse en discutir o gritar por ello, solo observando a la rubia que acaparaba por completo su atención, se fue directo a la sala común de las serpientes, encontrándola casi vacía, el único en el lugar era Draco, que lucía tenso y aún al notar la presencia de su amigo, no se inmutó en lo absoluto.

– ¿Qué sucede? Veo que estás tenso por la noticia, pero se suponía- se detuvo al entender.

–No me digas que…- dejó la frase incompleta al observar como el Slytherin asentía sin mirarlo, con la vista perdida en la nada misma, viendo el fuego de la chimenea crepitar, al mismo tiempo que acariciaba a Kenina, que irónicamente se había transformado en un hurón azul grisáceo pálido, sin que el rubio lo notara.

Los alumnos se negaban a moverse de sus asientos en el Gran Comedor, todavía no podían creer lo que estaba pasando, debían compensar las vidas perdidas en una guerra en que ellos no habían atacado a ningún inocente y que todos, directa o indirectamente habían sufrido, el barullo no cesaba, la tensión podía palparse fácilmente, ojos enrojecidos se posaban cada tanto en la directora, que miraba sentada desde su gran silla, sintiendo como sus "hijos" eran oprimidos de una forma tan cruel, mostrando un semblante que se aparentaba imperturbable.

–Harry esto es horrible… Ni siquiera hemos terminado el colegio y ya tuvimos que enfrentar a Voldemort, se supone que este debería ser nuestro año, sin problemas, disfrutando con nuestros amigos, pero ahora… ¿Casarnos?- comentaba preocupado el chico Weasley, Harry lo escuchaba y asentía tanto o más preocupado incluso, pero decidido a evitar sobre-esforzarse en entender lo que debía hacer o pensar.

–Ron… Creo que debemos olvidarnos de eso por ahora- suspiró –Si tenemos que sujetarnos a estas órdenes… Creo que lo mejor será buscar la manera más sencilla de hacer que la situación sea más llevadera- miró hacia sus amigas y de nuevo al pelirrojo –No podemos hacer nada para evitarlo, así que debemos manejar esto con calma, porque seamos sinceros… Aunque no queramos, tendremos que hacerlo, y si es así, tendremos que elegir con cuidado…- comentaba casi ido.

– ¡Lo sé! ¡Pero es que esto es injusto!- exclamó alterado, Ginevra y Hermione los vieron curiosas – ¡Chicas! ¿Verdad que esto es una barbaridad?- las aludidas, junto con Parvati, Lavander y Seamus, que también habían volteado a ver a Ron, asintieron en respuesta, entonces el Gryffindor se puso de pie y se giró hacia su amigo –No se tú, pero yo quiero caminar un rato, necesito dejar de pensar en eso, ni siquiera hay alguna chica bonita con quien quiera estar ¿Cómo demonios se supone que me case con alguna?- dijo con cierto nerviosismo, sin medir las consecuencias; Hermione volteó a ver a Neville a quien tenía al frente y le sonrió con un dejo tristeza, sintiendo como esas palabras le dolían, a pesar de que no fuera lo suficientemente doloroso como para llorar, si hería hondo en su orgullo y su leona interna salió a flote, mostrando una mirada soberbia e ignorando lo que había escuchado, se quedó hablando con su amigo y Ginny, que reaccionó mirándola, para encontrarse con el gran muro de contención de la castaña, que se encargaba de protegerla de las idioteces que decían o hacían los demás a su alrededor.

Todos estaban en sus clases respectivas, menos ella y sus amigos, quienes se habían separado para meditar cada quien por su lado, aprovechando que les habían dado el día libre, lucubrando al respecto del nuevo problema que ahora les echaban encima, solo la menor de los Weasley la acompañaba, se dirigían al campo de Quidditch, mientras daban pasos en silencio, un silencio denso y que había sido principalmente construido por Hermione para evitar hablar sobre cómo se sentía, cuando su amiga la dejó sola por unos momentos para ir en busca de su escoba, se sintió incómoda, pues a leguas se veía como a toda velocidad volaba Draco, que no llevaba protecciones para el vuelo, serpenteaba, daba volteretas, volaba tan alto o bajo como el mismo viento se lo permitiera, ascendiendo y descendiendo sin cesar, dando vueltas alrededor de la cancha sin pensar realmente en nada, mientras él mismo, se mantenía tan ensimismado, que no prestaba atención a nada, evitando que sus habilidades en legeremancia le perturbaran con reflejos de mentes ajenas, aunque eso ella no lo sabía, sin embargo, al ver a su amiga volver con el uniforme de Quidditch, se sintió estrepitosamente sola, sabiendo que la pelirroja iría a volar también y que hasta podía terminar discutiendo con el rubio que se mantenía en el aire, haciendo piruetas que le parecían por demás escalofriantes.

–Antes que digas nada, te veré desde aquí, así que no insistas, la última vez, quedamos en que no volverías a tratar de hacerme despegar los pies de la tierra- la aludida solo suspiró frustrada y se dio vuelta para dejar el suelo de una patada y comenzar a perder el hilo de pensamientos coherentes, hasta hacerlos casi nulos, relajándose y sintiéndose libre y desentendida de todo, sin siquiera percatarse de la presencia de Malfoy, quien al verla, pasó por un lado de ella, a unos metros, descendiendo hastiado de la idea de tener que compartir su espacio con la mini-comadreja y encontrándose con un cuadro que no pensó que volvería a ver de nuevo: Hermione Granger, llorando, sola. Fue entonces que dejó de interferir con sus habilidades para leer pensamientos, y así permitirse saciar su curiosidad, sabiendo que no debía interesarse en lo que le sucediera a la chica, pero sin poder evitar sentir pena por ella, o al menos algo parecido.

–"¿Cómo se supone que lo hagamos?, ¿Cómo pueden pedirnos siquiera pensar en casarnos a nuestra edad? Mis padres ya no están conmigo, y yo no sé qué hacer, ¿Qué pasará cuando necesite de mi madre y ni siquiera pueda verla? ¿O cuando quiera un abrazo de mi padre y no pueda acercármele? Ni siquiera Ron…" – rió con resignación, negando con la cabeza, Draco pasó cerca los vestidores, sin perder detalle de los pensamientos de la castaña.

– "No… Ni siquiera con él, porque ha sido claro, no hay nadie con quien desee estar… Y si es así, prefiero obviar la atracción que siento hacia él"- el rubio hiso gesto de asco al entenderse en los pensamientos a cerca del chico comadreja.

–"Mejor dejaré que escojan a alguien para mí… Quizá no sea tan malo…"- ella puso los ojos en blanco, bufando y sintiéndose idiota –"Claro que no será malo, ¡Será espantoso!, seguro terminaré sola o casada con alguien a quien detestaré por el resto de mi maldita existencia"- las lágrimas se abarrotaban en sus ojos y se desprendían unas seguidas de otras, la sensación de impotencia, rabia, tristeza, la decepción y el dolor de sus sueños de una familia feliz al romperse, todo, todo le parecía tormentoso.

–"Casi preferiría haber muerto en manos de Bellatrix"- un escalofrío lo azotó al percibir esa idea de la mente de la leona, se sintió repentinamente frustrado por todo lo que sentía que de alguna manera había causado, agachó la cabeza, pensativo, metió una mano en el bolsillo de su pantalón, encontrándose con un pañuelo de fina tela con diseño escocés, entre verde, blanco, azul y negro, con sus iniciales bordadas en hilos de plata, suspiró resignado a la idea de que últimamente ser el chico malo no se le daba, añorando sus momentos de antaño en que podía ser un bastardo cruel sin sentir remordimientos, y Kenina le transmitió la misma sensación decidida que lo había recorrido en el expreso, haciéndolo moverse por inercia, caminó hasta la Gryffindor.

–Granger…- pronunció con voz neutra y rostro estoico, llamando la atención de la aludida, quien secándose como podía las lágrimas que se negaban a detenerse, no quiso verle a la cara –Prueba con esto…- agregó tendiéndole la pieza de tela, gesto que ella observó a través de sus ojos empañados.

–No es necesaria tu lástima, Malfoy, ve a burlarte a otro sitio y déjame en paz- respondió tajante, con el entrecejo unido en una mueca de enojo, la vista nublada y el orgullo a flor de piel, el rubio frunció el ceño también, su momento de ser relativamente bueno con la chica había sido borrado por la leona.

–No es por lástima, Granger, ningún Malfoy cae a ese nivel de sentimentalismos… Lo hago básicamente porque se me antoja conveniente, ya que no quiero que en algún momento de tu patética depresión, termines contándole a alguien lo que ambos decidimos guardar en secreto…- se inclinó y dejó el pañuelo junto a la chica, sobre el banco de madera.

–Será mejor que tú busques otro sitio donde llorar, haciendo este tipo de escenas pareces hermana de 'Myrtle la llorona'- acotó rodando los ojos fastidiado de la actitud de la castaña, ofendido, dándose vuelta y marchándose, definitivamente eso no había salido bien, solo estaba actuando adecuadamente, claro, antes se habría burlado de su sufrimiento por considerarla inferior, pero ahora era diferente, no era su bruja favorita, pero eso no quitaba que fuera una mujer al fin al cabo y que él fuera, a su propio modo, un caballero de la aristocracia mágica, no era que pretendiera ser su amigo, pero al menos ya había conseguido también devolverle lo que le interesaba, con ese pensamiento caminó con porte elegante y seguro, mientras ella se quedaba sola y lentamente llevaba su mano al pañuelo al no poder resistir la tentación de cogerlo, encontrando en medio del mismo, al desdoblarlo, una pulsera de oro, fina y con un colgante de león, con la H grabada en el reverso, sin notar que la pelirroja había descendido cautelosamente al divisarlo desde lo alto, parado frente a su mejor amiga.

– ¿Qué es lo que no puedes contar?- Hermione dio un respingo al escuchar la voz de la Weasley y con la pulsera en la mano, escondió el pañuelo en el bolsillo interior de su sudadera, la miró con recelo.

–Nada de importancia…- contestó tratando de evadir la pregunta, suspiró resignada al notar la mirada inquisidora de la Gryffindor menor – Es solo… Digamos que pasó y luego de eso pasaron otras cosas más y él no quiere que se sepa que hiso algo a favor de una sangre-sucia…- en respuesta alzó una de sus rojizas cejas, frunciendo un poco el ceño, con los labios apretados en una línea casi recta.

– ¿Como qué, Mione?- insistió con tono un tanto alterado –Mione…- le llamó para persuadirla – Hermione Jane Granger, ¿Qué se supone que le debes a esa sanguijuela?- inquirió en tono desaprobatorio.

– Pensé que era un hurón…- respondió todavía dando evasivas, pero Ginny no cedía, suspiró hastiada –Lo siento pero no puedo decirte nada al respecto… Si lo hago, seguro me liquidará mientras duerma y con toda razón…- Ginny la miró con reproche, y observó también lo que ella llevaba en una mano.

– ¿Qué es eso?- señaló la prenda dorada –Dime que el imbécil de Malfoy no te lo regaló- Hermione negó con la cabeza, riendo sardónicamente.

–Es un brazalete, mi madre me lo dio mucho antes de la batalla final contra Voldemort, incluso antes de ir en busca de los horrocruxes, no lo había usado hasta hace unos días atrás, luego de terminar la guerra, cuando D-Malfoy- dijo, corrigiéndose antes de llamar al Slytherin por su nombre de pila – Estuvo aquí me lo devolvió, supongo que se me cayó durante el vuelo o en el tren y no me di cuenta…- vió al suelo, luego su brazalete y de nuevo a su amiga –Bueno… Creo que me voy, si no te molesta, quiero estar sola por un rato…- culminó con un patético amago de sonrisa, se puso de pie y se alejó casi corriendo, causando indignación en la jugadora de Quidditch.

Quería ir a la biblioteca, pero sabía que el primer lugar donde Ginny la buscaría sería justo allí, estaba por llegar cuando se percató de eso y decidió recorrer el castillo en busca de otro sitio, quizá el salón de premios anuales, pero no podía porque técnicamente era una repitiente así que no le tomarían en cuenta para ello, era consciente que ese año anunciarían otros nombres y que el suyo sería vejado sin remedio alguno; continuó paseándose sin rumbo por los pasillos, entonces recordó un lugar mucho mejor todavía que ese, con pasos apurados se dirigió al aula de música, donde además de instrumentos mágicos, arpas celtas y gaitas escocesas, tenían una hermosa serie de guitarras acústicas, para las clases de musicalización muggle, tomó una de mástil negro, con cuerpo rojo sangre y orillas negras que parecían craqueladas, la afinó y comenzó a puntear en un estilo lento y suave una lenta melodía gitana, luego tocando canciones bastante viejas, distrayéndose y dejando de lado sus pensamientos sobre la furia roja que tendría que enfrentar cuando viera de nuevo a Ginny, sobre ella, sus padres, sobre tener que casarse, sobre Hogwarts, la magia, sobre absolutamente todo cuanto había en su mente; sin saber que era observada por un Slytherin que con mirada lasciva rodaba su vista por su figura, con una sonrisa socarrona y los ojos oscuros entrecerrados en una expresión morbosa.