Vaya, esta semana se me está pasando rápido (cuando salvajemente te recortan semestre y todos los trabajos, talleres, exposiciones, proyectos exámenes, etc, te los colocan unos seguidos de otros y debes pasar todo el día en la univ, casi todos los días estudiar hasta la madrugada es agotador O.O), pero bueno, he aquí les traigo otro cap de este humilde fic :)
Me sentiría extremadamente feliz si dejaran reviews, así sabría si les está gustando y qué creen que se pueda mejorar ^_^ 3
Noemi Cullen: Espero te guste y que sigas leyendo esta historia jeje si todo sale como deseo vas a tener bastantes caps por leer :D Ah y trato de actualizar cad días :D
Disclaimer: Los personajes y locaciones conocidos en el mundo Potteriano son creación de J.K. Rowling, solo la trama me pertenece (y alguno que otro personaje que mágicamente cobre vida acá por supuesto :P)
Sin más que decir, los dejo leer :)
Chapter 6: ¿Idioma Malfoy?
Una semana, exactamente una semana se cumplía ese día, desde que había ocurrido ese pequeño incidente que le había costado la bonita amistad que llevaba con la menor de los Weasley, una en que por su silencio, había tenido que enfrentarse a la ley de hielo, que la pelirroja, al sentirse indignada por su hermetismo, había comenzado a aplicar, pero, como tal, uno de los más grandes problemas de ese comportamiento, era que ella misma, por orgullo, como toda una leona, se defendía del mundo entero que se empeñaba en hacerle ver que cometía un error al no confiar en su amiga.
¡Y vaya que estaban equivocados todos! Por supuesto que confiaba en su casi hermana, pero también era una bruja de palabra, no podía faltar a su promesa de guardar silencio, no después de que él hubiera hecho desaparecer la espantosa marca de su brazo, aunque no lo hubiera hecho por ella, también estaba el hecho de que había sido quien básicamente había dirigido el 'plan de rescate' para los alumnos de Hogwarts y la había salvado de tener que viajar en escoba, pero más allá de ello, sentía que el chico no podía ser tan malo como había llegado a pensar, y vaya que le había costado admitir esa idea para sí misma.
La cuestión estaba en que se le había acercado cuando lloraba, sin burlas, con tratos oscos, sí, pero a su vez, podía percibir que eran esas actitudes las que encubrían al verdadero Draco, eso le había quedado demostrado con un gesto tan simple como el del pañuelo, porque, por mucha conveniencia que hubiera argumentado, una acción así, de parte de alguien así, y solo por, simplemente, una sangre-sucia así, no podía ser solo un estúpido capricho, sino que de alguna manera, estaba siendo condescendiente; quizá y solo quizá, porque el muchacho realmente tuviera un corazón que le golpeara dentro del pecho con cada latido y que fuera capaz de encogerse un poco al ver a una chica llorar.
Sinceramente, esos pensamientos la aterraban, la asustaban en demasía porque nunca había pensado bien de Malfoy, porque se suponía que debía odiarlo, pero a pesar de ello no lo hacía y recién lo descubría, porque se suponía que debía pensar que Draco Malfoy era un monstruo recibiendo una oportunidad que no merecía, porque según sus amigos y la sociedad mágica en general debía pensar que bajo toda esa frialdad, egocentrismo, petulancia, orgullo, cinismo y demás cosas, no había nada más que un ser abominable y todavía más profundamente que eso, debía haber solo un cascarón vacío que simulaba ser su corazón, pero por mucho que se esforzaba eso no era lo que veía, sino que veía a un chico duro, frío y orgulloso con su propia manera de hacer las cosas, uno que se había equivocado y ahora trataba de redimirse, uno que por tanto, era solo un joven mayoritariamente indolente y calculador que guardaba todo rastro de sensibilidad solo para los suyos, porque algo bueno debía tener para que a pesar de todo, Theodore Nott y Astoria Greengrass todavía le fueran fieles incondicionalmente, a pesar del repudio, el odio y el miedo que le profesaban los demás alumnos de su propia casa; una pesada mano se posó en su hombro sacándola de sus cavilaciones, haciéndole dar un respingo.
–Vamos Mione, es mi hermana de quien estamos hablando- casi suplicaba un desesperado Ron –Solo tienes que decírselo a ella y ya… Ni siquiera puedo entender todavía cómo es que Harry y yo no estamos enterados, porque pensé que confiabas más en nosotros- apretó la copa dorada que sostenía en su diestra, con fuerza –Pero ya que no vas a decirnos nada a Harry y a mí, al menos sálvanos del mal carácter de Ginny…- pidió en un tono que no parecía propio de él, con sequedad y cierto reproche.
–Basta ya con eso Ron- contestó Harry sin dejar que Hermione hablara –Si no quiere o no puede, sus razones tendrá, es nuestra amiga, así que debemos confiar en ella, además, no es nada tonta como para hacer alguna cosa estúpida- volteó a verla –Mione… Sobre Ginny…- suspiró cansado –Estoy de acuerdo con él, quizá puedas hablar con ella para que deje esa idea de no hablarte y así también deje de tratarnos tan mal… No eres la única a la que le afecta ¿Sabes…?- la castaña no pudo evitar mirar al techo hechizado, que lucía un estrellado cielo nocturno, más negro que su túnica, trató de contar mentalmente hasta veinte en latín, pero no pudo siquiera concentrarse en eso, al llegar al tres bufó.
– "No puedo soportar esto más"- pensó con gran sentimiento de impotencia, observó a sus dos amigos que la miraban esperando su respuesta, notó como Neville hablaba con Seamus Finnigan y como Ginny hablaba con Parvati Patil, y por alguna razón que no supo explicar, sintiéndose observada, fijó la vista por unos instantes en la mesa de Slytherin, un par de ojos grises se cruzaron con los suyos e inmediatamente apartó la mirada, sintiéndose una traidora en cuanto pensó en rendirse y contar algo, pero, ¿Por qué una traidora? Era cierto que le debía un gran favor y que el chico no había hecho nada para molestarla últimamente, de hecho, solo de vez en cuando fastidiaba a Harry y Ron, también a Neville, pero no con insultos tan hirientes como los de antes, aun así no le debía ningún tipo de lealtad a Malfoy.
–"¿Qué tiene de malo contarle a Ginny?"- se cuestionó –"Al fin y al cabo, es mi mejor amiga y él no lo sabría"- y vaya que cometía un error al pensar eso, pues efectivamente, cierto rubio se estaba enterando con lujo de detalle de lo que pensaba hacer, él se había tomado el trabajo de aprender a leer mentes por voluntad, a tal nivel, que podía elegir de quienes ver pensamientos y de quienes no ¿Y por qué su mente? Fácil: Necesitaba asegurarse de que no pensara en soltar el buche, no podía ni imaginarse qué clase de rumores, que afectaran el poco prestigio que le quedaba a su familia, se extenderían si se llegaban a enterar de aquello, no pensaba dejar que la gente pensara que se había vuelto un simple adulador mojigato cualquiera.
La castaña, ya ofuscada, se levantó de la mesa en que cenaban los de su casa y se decidió a ir a la sala de música, en el quinto piso, que a esas horas, era de las pocas salas que estaban abiertas, solas y más importante, en que nadie la buscaría, porque ni siquiera para sus amigos sería lógico hallarla allí.
Se había hecho oficialmente una semana, una en que había sido seguida por alguien más sin percatarse, en que solo dos personas sabían a dónde se dirigía cuando no se le encontraba ni siquiera en la sala común, o en la biblioteca, o con la profesora McGonagall, pues mientras uno la seguía y la miraba con lujuria, el otro, simplemente se había enterado de ello al haber leído por error uno de sus pensamientos, mientras intentaba perfeccionar su habilidad de selección de mentes a las que aplicar legeremancia, en medio del bullicio de los pasillos.
Eran ya siete días exactos en que la había espiado, había detallado su figura cuando se quitaba la túnica para tocar ese instrumento de cuerdas muggle, que debía admitir que sonaba bastante bien, se había percatado de que fuera de las horas de clases y del tiempo en la biblioteca, luego de la cena, se dirigía a esa sala, fueron días en que realmente pudo hacerse a la idea de que eso era un hábito, y nuevo o viejo, ese tal hábito le sería de utilidad, podría encontrarla allí entonces, tomarla por sorpresa, no tendría tiempo como para defenderse.
Pero, también habían sido días en que su compañero de casa había retenido en su mente varios pensamientos que habían llamado su atención, haciéndolo sospechar, porque cuando observaba como la mirada maliciosa de orbes negros se posaba en la chica, con brillo de deseo inocultable y pensamientos radicaban en: "solo unos días más…", "nadie llegará a esa sala…", "voy a gozar mucho de eso…", allí, justo en esos instantes notaba que todas esas ideas, junto con aquella mirada, no podían significar algo bueno, pero para su alivio, al notar que los días continuaban pasando y nada sucedía, hasta llegar a esa noche, simplemente descartó la idea de que Zabini fuera capaz, sin embargo, lo que no pudo descartar, fue la idea de que le había molestado verla llorar en el campo de Quidditch, por lo que pensó seriamente y casi sin descanso, hasta llegar a la conclusión de que, ciertamente, que Ginevra Weasley se enterara de lo ocurrido, no cambiaría nada, pero a cambio, se libraría de esos pensamientos depresivos, o por lo menos de una parte de ellos y eso sería verdaderamente relajante, una carga menos para sus hombros.
El Gran comedor recibía a los alumnos de las cuatro casas en su décimo primer día de haber iniciado las clases, el desayuno se servía con presentaciones variadas, que lucían suculentas, eran sin duda manjares sencillos, pero muy deliciosos.
–Vamos Ginny, ya es suficiente de esa tonta pelea que te traes con Mione, ni siquiera nosotros hemos podido averiguar nada sobre su secreto, no tenemos idea de qué pueda ser y ella no ha querido contarnos… Debe tener razones importantes para no hablar del tema… Solo háblale de nuevo, por favor…- decía un Gryffindor legendario de cabello negro y verdes ojos, casi suplicante.
– ¡No! Si ella no puede confiar en mí, entonces no puede ser mi amiga, además no veo qué clase de secreto pueda estarse guardando que pueda ser tan importante, incluso involucra a Malfoy- los ojos abiertos sin mesura de Ron, Harry y Neville se posaron en ella –Ahora si me darán la razón ¿No?- preguntó sonriendo complacida y con orgullo.
– ¿Qué?- preguntaron Potter y Weasley al unísono.
– ¿Cómo que tiene que ver con Malfoy, de qué hablas?- Preguntó un impresionado Longbottom que no terminaba de comprender lo que acababa de oír.
– Como lo oyeron, ese secreto tiene que ver con ese sucio hurón; cuando fui con Hermione al campo de Quidditch hace unos días para volar un rato, no me di cuenta de que estaba allí, pero en cuanto lo vi descendí de nuevo y lo hallé hablándole y diciéndole algo sobre no se qué cosa, que hacía porque no quería que ella terminara por contarle a nadie lo que habían acordado mantener en secreto, así que él también sabe- los tres se quedaron de piedra al escucharla.
– Esa sanguijuela debe haberle hecho algo y ella no quiere contarnos, si me molesta que no me lo diga, es porque temo que la esté chantajeando, me preocupa que ella no confíe en mí y que por quedarse callada ese estúpido rubio oxigenado pueda hacerle algo malo- agregó sin terminar su idea, frunciendo el ceño al notar que la chica de la que hablaba estaba entrando al comedor, dirigiéndose hacia la mesa en que estaban sentados –No mencionen nada de lo que les dije- ordenó y sus amigos asintieron.
Cuando llegó, se dirigió a la mesa de su casa sin siquiera fijarse en que una brillante mirada sibilina la seguía cada tanto, mientras otra mirada, se movía de ella al moreno que la observaba casi con ansias, se sentó frente a Neville y saludó a sus amigos, pasando de largo al llegar a Ginevra, que se puso roja de rabia al sentirse ignorada, comió sin decir mucho, solo cosas relacionadas con las clases y lo mucho que le hacía falta ver a Hagrid en esos momentos, en eso se le ocurrió algo bastante interesante, pero que tendría que esperar a que saliera de clases.
– Vaya Blaise, parece que te gusta la come-libros ¿no es así?- preguntó con sorna, sonriendo de medio lado, "gustar no es la palabra", leyó de la mente del interpelado –No me digas que quieres otro juguete…- insinuó inclinándose un poco hacia su izquierda para que, aparentemente, solo el moreno lo escuchara, este sonrió maliciosamente.
–Bueno Draco… Alguna utilidad deben tener las sangre-sucias, ¿No estás de acuerdo?- respondió mirando a la castaña amiga de Potter, sentada con este en la mesa de los Gryffindors –A demás… La idea de averiguar si es una leona de verdad es tentadora…- agregó mirando los grises ojos del Slytherin, que a pesar de mantener la misma expresión de superioridad de siempre, se sentía incómodo y terriblemente molesto, odiaba la idea de permitir que algún idiota manchara de esa forma el nombre de su casa, ya había decaído bastante a causa de los mortífagos y de él mismo, pero, algo que no se podía decir de ningún chico de las serpientes, era que fuera algún sádico, quizá un poco ninfómanos, pues su fama de ser dioses en la cama no se había forjado de manera gratuita, pero no quería decir que fueran abusadores sexuales, rió sardónico, aparentando ser el mismo sarcástico de todos lo días, negó con la cabeza.
– Vaya…- observó rápidamente a la mesa de los leones y miró de vuelta a Zabini –Te puede llegar a costar muy caro jugar con una de esas leoncitas… Y no creo que ella quiera algo contigo…- agregó sonriendo de medio lado, permitiendo en todo ese tiempo que Theodore escuchara la conversación sin que el chico de ojos oscuros se diera cuenta, el aludido rió con ganas, terminando su risa en un tono sarcástico y malévolo que le hiso tensarse, ocultándolo inmediatamente.
– No necesito que ella quiera Draco… Sabes bien que entre nosotros dos, eres tú el de la idea de que la mujer debe estar de acuerdo, pero… Esa no es una mujer… Es un juguete, basura, algo sin valor que solo existe para ser aprovechado y desechado después… A demás, tampoco es que piense acostarme con ella, por ahora, solo quiero jugar, seducirla… Luego quizá consiga el premio mayor… Eso sí será algo que ella desee por su cuenta para cuando suceda…- alzó una ceja y sonrió casi maniáticamente, el rubio suspiró.
– Zabini… Si haces algo así, mejor que sea después de salir de Hogwarts, así al menos no mancharás el poco buen nombre que todavía le queda a nuestra casa- le miró con estoicismo.
– Vamos Draco, no puedo esperar tanto, si lo hago al final de este año, luego de habernos graduado, ya estaremos todos casados y seguro que ya la habrán estrenado… Y eso es justo lo que quiero yo hacer, porque es obvio que nadie le ha tocado, si entiendes a que me refiero- contestó tranquilo, dejando en el chico una sensación inconfundible de repugnancia, no se explicaba como podía alguien a quien consideraba un aliado, ser así, pero no era quién para meterse en eso, solo debía detenerlo de ser necesario, por el bien de la casa de Salazar, a demás, le había recordado algo importante, debía buscar con quién casarse y eso no sería nada fácil, tampoco es que su prometida fuera a caer del cielo si él mismo no se aplicaba a la labor de hallar una.
Cuando terminó de comer, se fue sin esperar a nadie, camino al salón de Historia de la Magia, donde debían ver clases con los Slytherin, al llegar al aula, pudo notar que solo dos de las serpientes estaban allí, metió la mano en el bolsillo de su túnica, donde llevaba la varita y el pañuelo que el chico le había dado, lo sacó y dio unos pasos hasta quedar cerca de uno de los Slytherins, que se hallaba de espaldas.
–Malfoy…- pronunció en voz baja, para que solo el aludido la oyera, pero Theodore también la miró, ambos se acercaron más a ella, reduciendo al menos dos de los tres metros que los separaban –Solo quería devolverte esto- le tendió el pañuelo, el chico alzó una rubia ceja y sonrió de lado, con aire sarcástico.
–Granger, ¿En serio piensas que recibiré eso de vuelta?- ensanchó su sardónica sonrisa –No seas tan ilusa, mejor deja de hacerme perder el tiempo- pasó de ella, caminando hasta la última fila del salón, hacia la izquierda, donde habitualmente se sentaban los alumnos de la casa de las serpientes, ella frunció el ceño con ira mal contenida, se giró hacia él.
–Eres un imbécil Malfoy, y sí, tienes razón, no debí pensar que podrías actuar como un adulto o que al menos tendrías la delicadeza de aceptarlo de vuelta, lo siento, mi error- dijo, viendo como el chico la ignoraba deliberadamente y se sentaba colocando los pies en la mesa, se giró hacia Nott, que todavía estaba donde mismo, lo vió reírse quedamente, tratando de disimular y casi le asesinó con la mirada.
–Lo siento Granger, es solo que me parece adorable que trates de insultarlo con eso, a veces olvido que pocos entienden el idioma Draco – sonrió con suma franqueza.
– ¿El qué?- inquirió con una ceja arqueada en son de extrañeza, olvidando su mueca de enojo.
–El idioma Draco…- repitió con tono obvio y metió sus manos en los bolsillos–Para poder tratar con alguien como él, debes saber que su manera de hablar y hacer las cosas, nunca es exactamente fiel a lo que realmente piensa o desea, en este caso, esa fue su manera de decirte que ese pañuelo es tuyo desde el momento en que lo tomaste y no acepta devoluciones, ya sabes, los regalos de los Malfoy nunca deben ser devueltos… Mucho menos los de los Black y él es ambos…- agregó mirando al techo, como en una ensoñación y la observó de nuevo –'Es para ti', creo que eso es lo que exactamente significa en idioma Malfoy- culminó, le sonrió de lado y fue a sentarse con su amigo sin esperar a que la leona diera respuesta alguna, mientras todos comenzaban a entrar.
La clase había sido pesada incluso para ella, que era demasiado aplicada, la mención de los EXTASIS le daba escalofríos y la hacía sentirse ansiosa y extremadamente nerviosa y estresada, caminaba tras el grupo del resto de Gryffindors que, como ella, se dirigían a la clase de pociones, la cual sería impartida por Snape, como todos los años, el cual esta vez les daría clases en compañía de los Ravenclaw, decidió sentarse cerca de la mitad del salón, un tanto alejada de sus amigos, pero junto con Luna, que parecía ser la única que no la juzgaba ni le retiraba el habla por un simple secreto, Severus entró junto con Draco y ambos se separaron en la puerta, el hombre caminó por todo el salón, haciendo que el ruido de los cuchicheos cesara de inmediato, se colocó al frente de sus alumnos
–Veo que están todos bastante cómodos en sus asientos…- dijo Snape arrastrando las palabras en su lúgubre tono habitual –No quiero escuchar murmullos durante mi clase, no admitiré actitudes poco menos que correctas, si bien siguen siendo alumnos, jóvenes soñadores, también son chiquillos incultos sin nada en el cerebro, que lamentablemente tendrán que aprender forzosamente de responsabilidad adquiriendo un importante tipo de compromiso, y ya que ante la ley son adultos, no esperen otro trato de mi parte de ahora en adelante- Los jóvenes magos y brujas se habían mirado unos con otros, reavivando en sus mentes el recuerdo del terrible anuncio de McGonagall, oficialmente les quedaban un aproximado de unos angustiantes tres meses y medio para hallar pareja y oficializar su compromiso, no tenían idea de qué hacer o cómo escapar de esa situación.
– Bien, ya que ahora puedo comenzar a dar mi clase… Señor Malfoy, pase- el aludido que estaba parado justo en el umbral de la puerta entró sin observar a nadie, percibiendo de las mentes de los jóvenes, cosas que iban desde insultos, hasta simples preguntas como el por qué de su presencia en el lugar en ese momento, incluso se sorprendió al percibir pensamientos favorables de alguna que otra chica con respecto a su aspecto físico, lo cual solo le acrecentaba el ego, pero a su vez lo hacía sentir vacío, ¿Es que solo eso podían ver de él?, ¿No contaba el hecho de que realmente tuviera un lado humano acaso? Claro que no, porque sinceramente, nadie lo conocía de verdad, solo Theo y Astoria lo hacían y comprendían el verdadero significado de sus acciones y sin embargo, ni ellos mismos lograban ver ese aspecto de sí mismo verdaderamente y por entero.
– Aquí lo tiene, señor Malfoy…- dijo otorgándole un pergamino vacío a simple vista –Más le vale que llegue a las manos adecuadas o me daré cuenta y se lo haré pagar caro…- advirtió con seriedad excesiva, provocando escalofríos en los presentes y una sonrisa ladina en el aludido, que se sentía identificado con las actitudes de su padrino, con el que había comenzado a trazar una nueva relación de amistad después de todo lo que había sucedido y de las injurias que él mismo había proclamado en su contra; había descubierto que en cierta forma, ese era algo parecido a su ejemplo a seguir, exceptuando la parte en que era soltero por el resto de su jodida existencia, pero eso era lo de menos.
–Llegará a las manos adecuadas profesor…- guardó el papel en su túnica –Y por favor… No me diga señor, se supone que aun no lo soy… Con permiso- dijo arqueando una ceja y retirándose de allí sin mirar atrás, sin prestar atención a los pensamientos que revoloteaban por el aire, mientras Severus contenía un bufido, dirigiéndose luego a sus estudiantes.
–Para la clase de hoy, elaborarán la poción de esencia de díctamo, la cual cura heridas sangrantes, deberán seguir mis instrucciones como es costumbre, estas están ya en la pizarra y los ingredientes están en sus repisas correspondientes, busquen los calderos en el armario de siempre, lleva una semana terminarla, por ello es útil siempre tener reservas, ahora, tal como están sentados, comiencen a hacer su trabajo en parejas o grupos de tres- ordenó sin inmutarse, paseándose por el salón.
–Luna…- la aludida la observó con expresión soñadora, sonriente y perdida como siempre, manteniéndose relajada y aguardando porque Hermione continuara hablando –Hagamos esto rápido, quiero irme ya y… Creo que no es tampoco tu intención hablarme y que Ginny se moleste contigo por eso…- dijo con expresión entristecida, la chica solo le sonrió de vuelta y negó con la cabeza.
–Hermione, tú eres mi amiga y creo que tienes razón de guardar secretos si eso te parece correcto, porque nunca se termina de conocer a una persona, además… Creo que si Draco Malfoy y tú tienen un secreto que guardar, es justo dejar que lo hagan…- la expresión atónita de Granger le hiso sonreír ampliamente –No te impresiones, creo que estás siendo obvia al llevar tu mano cada tanto al bolsillo de tu túnica y sacar a escondidas ese pañuelo con sus iniciales…- la castaña se ruborizó –No sé exactamente qué pasó, pero creo que no ha sido malo y… Que los mejores detalles son los más simples…- agregó mientras invocaba un 'accio' para atraer el díctamo y colocarlo en la balanza para pesarlo, dejando que la castaña fuera en pos del caldero en que echarían los ingredientes.
La clase se había hecho larga, se sentía seriamente aturdida, no sabía qué hacer, se encaminaba a la biblioteca, entonces al dirigirse a una sección bastante solitaria de estantes para quedarse allí, decidida a no ser molestada por nadie, pudo percibir que alguien rondaba sus espaldas, por su cercanía dio un respingo y volteó casi tropezando con sus propios pies en un acto digno de Ron en sus momentos de nerviosismo, le sorprendió sentirse atajada por un par de fuertes brazos que la sujetaban mientras se enderezaba, se echó hacia atrás librándose del contacto tan repentino.
–Granger, me he dado cuenta de que tu amiguita, la hermana de la comadreja no te habla porque estás ocultándole algo- metió sus manos en los bolsillos del pantalón – Seré indulgente contigo, puedes decírselo a mini-Weasley- pero ella negó – ¿Entonces perderás su amistad?- ella retiró la vista con pesadez y un deje de tristeza que se empecinaba en ocultar.
– Yo… Prefiero contárselo a otra persona- la miró con rostro tenso esperando a que se explicara –Se que ella no dirá nada, será incluso más discreta que Ginny…- espetó sin ser plenamente consciente de lo que decía, ¿Para qué le estaba pidiendo permiso a Malfoy? El rubio asintió.
–Bien…- balbuceó, el chico se dio media vuelta para irse y ella le detuvo tomándolo de la manga de su túnica en un acto impulsivo que no fue capaz de suprimir.
–Malfoy…- este se giró hacia la castaña, que soltó la manga tan bruscamente como si le hubiera quemado – ¿Por qué lo haces?- preguntó con una timidez que no era normal en su persona, se sentía repentinamente cohibida y empequeñecida frente a la alta figura del rubio que le sacaba más de una cabeza de estatura.
–Es simple Granger… Si sigues así, vas a explotar y a gritarles a tus amigos todo lo que ha pasado, entonces se enterarán varias personas, pero si cuentas con alguien que lo sepa todo y que te apoye, será más fácil evitar que eso ocurra… Es más conveniente que sepa solo uno a que lo sepa un montón de gente- contestó con aire despreocupado, en tono obvio, "ya veo… es solo eso…", alcanzó a leer de la mente de Hermione.
– ¿Y bien? ¿Quién es?- preguntó ignorando el pensamiento de la castaña.
– Luna Lovegood…- respondió sin pensar demasiado –Ella no le dirá a nadie…- suspiró.
– Así que Lovegood…- pasó su mano por el cabello platinado, Hermione lo miró extrañada por haberle escuchado llamar a la chica por su apellido y no 'lunática', como solía hacerlo, pero no dijo nada –Más les vale no decirle nada a nadie más- la Gryffindor se cruzó de brazos.
– No me amenaces Malfoy, no soy una de tus serpientes indefensas, te recuerdo que también se usar la varita y que no te temo como ellos- contestó enojada y con ceño fruncido, el rubio sonrió de lado.
–No es una amenaza Granger- dijo burlón –Es una seria advertencia- agregó con estoicismo al mismo tiempo que daba un paso hacia ella, haciéndola retroceder ante la figura masculina de contextura más grande y complexión más fuerte que la suya –Y además… Sí eres más indefensa de lo que crees…- culminó diciendo sin dar importancia a la expresión enojada e indignada de la chica.
–Mejor cállate y vete, hurón… - espetó por lo bajo, pero el príncipe de Slytherin alcanzó a escucharla y se reprimió a sí mismo para no bufar o mostrarse enojado, en cambio sonrió con sarcasmo.
–Te recuerdo Granger, que este lugar no te pertenece, así que yo hago lo que quiera- respondió con tono burlón, dando unos pasos atrás y apoyando la espalda en uno de los estantes, la castaña bufó fastidiada.
–Haz lo que quieras Malfoy- le dijo decidida a no prestarle atención, se acercó al estante frente al que él se encontraba, buscando un libro que quería conseguir para una pequeña investigación que estaba haciendo sobre pociones, quizá podría encontrar algo que le ayudara a resolver de una vez por todas el problema de memoria de sus padres, halló uno que llamó su atención y se paró en puntillas para alcanzarlo, pero no pudo, estaba todavía demasiado alto y solo podía rozar con sus dedos el lomo del libro, el rubio observaba divertido la vana lucha por alcanzar el objeto y se acercó lentamente a las espaldas de la leona, cuando ya estaba por llegar a ella, esta perdió el equilibrio y trastabilló, él la sujetó entre sus brazos por mero reflejo.
– Ten más cuidado Granger- le dijo cerca del oído en tono de superioridad mientras la soltaba, ella se dio vuelta para encararlo, pero no pudo, porque él la hiso retroceder al acercarse al estante, encerrándola entre dicho objeto y su cuerpo, estiró su brazo y alcanzó el libro sin esfuerzo, lo bajó y se separó un poco de ella –Ten, ahora deja de mirarme así- espetó tendiéndole el material.
–Gracias Malfoy- murmuró consternada, ¿El chico más odioso y cruel de todo el colegio podía tener gestos amables? Vaya, definitivamente cada día aprendía algo nuevo, salió de su ensimismamiento al escucharlo suspirar sonoramente en signo de frustración.
–Escucha Granger, creo que lo más sensato es que nos llevemos bien, por mi parte, no planeo seguir con estas estupideces de años atrás, no es que planee hacerte mi amiga, pero tengo cosas mucho mejores y más importantes que hacer que concentrarme en lo insufrible que puedas llegar a ser, así que simplemente tratémonos de forma civilizada, hicimos un trato antes y para un Malfoy un trato representa un negocio y en ningún negocio debe existir un comportamiento de este tipo, tan desacertado, es mera conveniencia y a ambos nos beneficia- le dijo, impresionándola todavía más, e impresionándose a sí mismo también, ¿De qué iba eso de tratar de ser amable con la chica?, ¿Se debía acaso al favor que ella le estaba haciendo al no contar nada de lo sucedido en el expreso? Era absurdo, ella solo estaba pagando un favor con otro, borrar su marca a cambio de su silencio, eso era todo, aunque en sí, ambas cosas la beneficiaban más a ella que a él mismo.
Decidió que retirarse era lo mejor y así lo hiso, dejándola pensativa, dudosa con la palabra en la boca, bastante estupefacta, todavía debía pensar en qué se suponía que debía hacer con su propia vida, los negocios familiares, cómo exaltar el nombre de los Malfoy, pero sobre todo, tenía que entenderse a sí mismo, porque se sentía perdido en una turbia marea de rostros que mostraban odio y recelo cuando estaba cerca y eso solo le recordaba constantemente los errores que había cometido y que posiblemente pagaría por el resto de su vida, debía tratar de arreglar esas cosas, debía hacer todo por conseguir su felicidad, que básicamente era ver feliz a Narcissa, por ser su única razón de mantenerse cuerdo y con vida, pero más que nada, debía aclararse, buscarse y hallarse a sí mismo.
