Hellou! (síp, me encanta hora de aventuras y adoro a Finn el humano :D)

He decidido traerles un nuevo cap, deseando que les guste, pero antes que lean, me disculparé de antemano por lo siguiente:

Hermione va a ser la víctima de diversos incidentes durante una temporada, por el bien de la historia aunque esto tiene su explicación, la cual será dada a lo largo del Fic, por supuesto, por un personaje que he adoptado para hacerlo un poco más interesante y que tendrá parte importante, pero en unos cuantos caps más.

Cabe destacar que me encanta Hermione, ella es una chica fuerte, bonita e inteligente, como un modelo a seguir, por lo que con pesar estoy relegándola un poco al papel de damisela en apuros, aunque no por mucho tiempo 3:) Ella también va a tener sus momentos de gloria *-*

Caroline y Caroline 2186 (Que apostarían porque son la misma user jeje xD): También adoro a Theo y Luna juntos, por eso trataré de enfocar ciertas escenas hacia ellos, con las que dar a entender los avances en su relación :D Espero este capítulo también sea de tu agrado!

Disclaimer: los personajes y locaciones conocidos en el mundo Potteriano pertenecen a la ilustre J.K. Rowling, solo la trama es mía junto con OoC de mi propia creación.

Ahora sí, sin más que decir ¡A leer! :D


Chapter 7: El salón de música.

– ¿Qué sucede Hermione?- la curiosidad en los ojos de Luna era aplastante.

– Yo… Necesito contarte algo, pero debes jurarme que no lo dirás a nadie más, ni siquiera bajo tortura, ni aunque te dieran a tomar veritaserum ¿Puedo confiar en ti, Luna?- un asentimiento por respuesta, la dulce sonrisa que iluminaba los profundos ojos azules de la Ravenclaw le transmitió la confianza que necesitaba.

–Bien… Hace algunos días, cuando veníamos en el Expreso de Hogwarts…- procedió a narrar detallada y cronológicamente cada hecho, sin dejar pasar nada por alto, la joven de la casa de las águilas observaba con detenimiento los gestos y expresiones de Hermione, sus sonrojos, sus medias sonrisas involuntarias, sus fruncimientos de ceño, notando como algunas cosas referentes al rubio la hacían cambiar de humor rápidamente, sonrió con comprensión al formar una idea en su mente que locamente satisfizo aquellos cabos sueltos que resaltaban ante sus ojos como luciérnagas en la oscuridad.

–Creo que estás haciendo bien en guardarlo en secreto, tal y como lo prometiste Herms- colocó una mano en el hombro de la castaña para mostrarle su apoyo.

–Ya verás que ellos comprenderán, solo dales tiempo- le miró sin verla, apartó un poco el rostro hacia un costado al notar que alguien se acercaba por el pasillo.

–Buenas tardes, señoritas, lamento interrumpir su charla, pero quisiera saber, ¿Me dejarías robártela un rato, Hermione?- preguntó con un dejo de timidez y cierto rubor en sus mejillas que la leona no pudo pasar por alto, asintió sin siquiera inmutarse al escuchar su nombre de labios del castaño, permitiendo que Theo sonriera ampliamente.

– ¿Crees que puedas esperar cinco minutos?- la leona inquirió solo para darse cuenta de que a las espaldas de Theo se acercaba Astoria.

–Theodore, dijiste que buscaríamos a Draco- reclamó irritada.

–Sí, pero es que he encontrado algo mejor en el camino, así que creo que por ahora te dejaré esa tarea a ti- respondió suavemente, su aire de tranquilidad hiso a la serpiente bufar.

–Bien, yo me haré cargo- giró sobre sus propios pies y se dispuso a caminar.

–Busca en el aula de DCAO- recomendó Luna inocentemente, Astoria solo miró sobre su hombro y asintió mientras continuaba su camino para indicar que la había escuchado, Theodore tendió el brazo hacia la Ravenclaw.

–Bien, han pasado cinco minutos, bien gastados o no, he cumplido con mi palabra- la leona le sonrió con complicidad.

–Está bien, estoy de acuerdo- se puso de pie –Diviértete Luna- murmuró a su compañera antes de seguir el mismo pasillo que la princesa de las serpientes había recorrido antes, Luna tomó el brazo del castaño.

– ¿Y qué deseas hacer, Theodore? ¿Quieres que te acompañe a algún sitio?- inquirió ingenuamente, el chico solo le sonrió con ojos brillantes de dulzura.

–Hoy estoy a tus órdenes, haremos lo que quieras e iremos a donde tú quieras- respondió acercándosele un poco, la Ravenclaw sonrojada comenzó a caminar con él rumbo a la biblioteca.

–Quiero pescar plimpies, pero primero necesito ir a la biblioteca, quizá en alguna parte pueda hallar qué tipo de red es ideal para hacerlo sin lastimarlos- sonrió con emoción, Theo hizo lo mismo en respuesta.

–Me parece bien, también me encantaría ir de pesca contigo, si tu estás de acuerdo claro; quiero aprender todo lo que pueda sobre criaturas mágicas- ambos continuaron su camino.

Los siguientes tres días luego de que Ron, junto con Harry y Neville se enteraran de que el secreto de Hermione involucraba a Draco, la castaña había tenido que soportar las malas caras del pelirrojo, el cual se hallaba incluso más molesto que su hermana menor, hasta Longbottom trataba de comportarse normalmente, aunque no lo lograba del todo y siempre terminaba por actuar recelosamente, sintiéndose incómodo con la situación; el único que parecía hacer todo su esfuerzo por no dejar que las cosas se arruinaran a causa de su pequeño secreto, era Harry, quien intentaba al menos no juzgarla por ello.

Su aliada, la única que sabía a medias lo ocurrido era Luna, Theodore se había enterado por casualidad, ya que Malfoy había insistido en hablarlo con la Ravenclaw, aunque de su boca habían salido solo advertencias y Nott hijo lo acompañaba en ese momento, excusándose en la igualdad de condiciones que debía existir entre ambos, 'si un amigo tuyo lo sabe, uno mío debe hacerlo igual', había dicho en esa ocasión.

Así como los días habían estado avanzando, Halloween ya se acercaba y los restantes continuaban mermando, la salida pronta a Hongsmeade ya se avecinaba, los ánimos sin embargo estaban caldeados, no solo por las secuelas de la segunda guerra mágica, sino por la tensión de invitar a alguien al baile que McGonagall organizaba para facilitar la socialización entre alumnos; para los del sexto y séptimo año era mayor la ansiedad que se respiraba que para los de años inferiores, puesto que, de alguna manera, ya para esa festividad la pareja que les acompañara, sería posiblemente con quien terminaría por emparejar su firma con la suya en el listado del Ministerio.

Los rumores sobre los vestidos, los chicos y el quién invitaría a quién se habían estado acrecentando, y por alguna razón, todos tenían interés especial en las parejas de exmortífagos como Zabini y Crabbe, pero los nombres más resaltantes eran los de Draco Malfoy y Theodore Nott, a pesar de que este último no hubiere sido un mortífago anteriormente.

Todos se preguntaban quién se atrevería a ir con el castaño y quien podría 'merecer', según el criterio del rubio, llegar de su brazo, aunque muchos más bien tenían la idea de que aceptar una invitación de parte del chico sería una aberración al espíritu de bondad fortalecido en unos y naciente en otros, pero, si algo había que todos casi pudieran apostar con total seguridad, era de que la acompañante del futuro señor Malfoy, sería la bella Astoria Greengrass, puesto que parecía ser la única chica que podía acercarse a él sin enfrentarse a las orgullosas y egocéntricas actitudes del Slytherin y salir bien parada.

El paso de los días ya no era solo un amanecer que se presentaba para morir en el ocaso por cada uno de los días que se escurrían de entre los dedos de los jóvenes incautos que perdían el tiempo, este ritual se había convertido en un nuevo generador de tensión entre el alumnado e incluso el profesorado, Draco llevaba ya al menos una semana tratando de maquinar alguna idea que le llevara a conseguir a una buena chica con la que comprometerse, que no lo rechazara por temor a que pudiera asesinarle solo por el hecho de ser un mortífago desertor.

Se sorprendía de sí mismo en muchas ocasiones, notando que ya no le interesaba encontrar a una bella sangre limpia de familia prestigiosa que otorgara a su progenie buenos genes y un gran apellido que adornara al suyo, no, tampoco pensaba que era su futura esposa quien debía hacer méritos para merecer una ínfima migaja de atención de su parte, ahora simplemente pensaba en el matrimonio de sus padres y en como estos lo habían vivido siempre a través de conveniencias, tratos y condescendencias negociables, porque todo ese matrimonio de años y prestigio había sido solo eso, un asqueroso negocio, y él no era fruto de un cálido amor naciente que había asentado entre dos jóvenes soñadores para unirles, solo era una herramienta útil para su padre, que necesitaba a un heredero que continuara con su limpio linaje de generaciones y generaciones de refinamiento, aunque bien sabía que con su madre era todo un caso muy diferente, porque para ella sí era más que solo eso, era alguien querido, tal vez no amado, o quizá sí, pero definitivamente apreciado y eso era lo único que alcanzaba a refrenar el doloroso nudo que se apretaba en su estómago cada que pensaba en ello, al menos para esa única mujer, no era solo un estorbo, el menos ella sí lo valoraba aunque fuera un poco.

Lo malo era que con el pasar de los años, se había dado cuenta de que no era suficiente, quería alcanzar lo que en su vida parecía imposible, ahora deseaba alcanzar la felicidad, aquella que muy tarde había comprendido que le había sido cambiada por objetos materiales desde su más tierna infancia, sin embargo, no era idiota, estaba consciente de que no tenía tanta suerte, porque ahora que debía casarse por obligación, las posibilidades de hallar a una chica con quien tener una bonita y feliz vida, para luego tener hijos a los que tratar como abría deseado que lo trataran a él, eran casi nulas, por no decir que simplemente no existían.

Con toda clase de pensamientos asestando en su cabeza se encaminaba hacia el pasillo del tercer piso, necesitaba llegar a las mazmorras y encerrarse en su habitación al menos un rato, no quería ser molestado, ya suficiente había tenido con la discusión que había sostenido con Snape en su despacho.

Hermione y Luna caminaban por el inicio del pasillo del tercer piso, recorriendo el castillo con tranquilidad, aprovechando que habían salido de clases y todavía tenían tiempo para hablar un poco antes de irse al gran comedor, la castaña se pasaba buena parte del tiempo libre que no empleaba en la biblioteca o la sala de música con la rubia Ravenclaw, que se había convertido en su único apoyo y en su confidente, mostrándose discreta, comprensiva y leal a la confianza que su amiga había decidido cederle, los pasos de ambas resonaban en un eco suave y desacompasado en que el sonido dejaba percibir la sensación de tranquilidad que suponían las pisadas de quienes lo generaban, mientras otras más se dejaban escuchar con rabia, fuertes y estruendosas, en medio del barullo de chicos que caminaban por allí también.

– ¡Apártate maldita sangre-sucia!- gritó empujando a Hermione mientras pasaba dando pisotones y haciendo que la Gryffindor perdiera el equilibrio, cayendo de sentón al suelo, mientras todos comenzaban a mirar hacia ambas.

–No sé ni para qué existen criaturas como tú- espetó la Slytherin escupiendo sus palabras con desprecio, para continuar su camino, la castaña se puso de pie con el ceño fruncido.

– ¿Qué pasa contigo Parkinson? La cuestión es más bien ¿Por qué existe gente como tú? Si tienes algún problema, mejor ve a resolverlo tú sola en vez de comportarte como idiota…- espetó intentando mantenerse serena, pero con inmensos deseos de darle un puñetazo incluso más fuerte del que le había dado a Draco en tercer año, no estaba de humor como para ser paciente, Pansy se detuvo en seco.

– ¿Qué dijiste, zorra?- preguntó amenazante sacando su varita y dándose vuelta para encararla, Luna se mantenía tranquila, pero antes de que la misma chica Slytherin volteara, ya había sacado su propia varita, quedando ambas en posición, una de ataque y la otra a la defensiva, mas antes que alguna se moviera, unas sogas ataron a Pansy desde la espalda.

– Ya es suficiente…- su voz fue severa, pero dulce, sus ojos verdes se fijaron en los marrones de Hermione – Lamento esto… No volverá a suceder…- agregó acercándose a la chica atada, que luchaba por deshacerse del amarre.

– Si haces algo como esto de nuevo tendré que quitarte puntos aunque seas de mi propia casa- aseveró.

– En eso tienes razón Astoria, no sucederá otra vez- su voz monocorde y fría, arrastrando las palabras, hiso que la rubia de las serpientes volteara a ver a quien le hablaba, sonrió de lado, sardónicamente, al notar que este lo hacía también, comprendiendo que no era necesario hacer mucho más que eso.

– Está bien Draco… Como tú digas- respondió asintiendo y liberando a Pansy, que inmediatamente se puso de rodillas, apoyando las manos en el suelo buscando aire para llenar por entero sus pulmones, dedicándole luego una mirada asesina a la Gryffindor, que por un momento pudo sentir como se le helaba la sangre, se puso de pie y se giró hacia el líder de las serpientes.

– ¿Y qué planeas hacer? ¿Defender los derechos de los sangre-sucia? Eso es un insulto, es como escupir de cara a la tumba de nuestro fundador, ¿Acaso ahora te mezclas con esta basura? ¿Eres un traidor a la sangre, Draco? Mira que tratar a esta gente como si mereciera ser vista como algo diferente a la repugnante escoria que son, solo por tener la oportunidad de irte con cualquier maldita sabandija que se te pase por en frente…- dijo con sorna, sonriéndole retadora, sacándolo de sus casillas, sin embargo, él no cedería a sus juegos, ella no lo valía.

–Pansy… Lo explicaré de nuevo- dijo sonriéndole ladinamente y acercándose a las Slytherins, ignorando a Hermione y a Luna.

– Tú no me interesas… No quiero siquiera llegar a pensar en tener que compartir mi cama contigo, preferiría manchar mi sangre que hacerlo, porque sinceramente, hasta una mestiza me sería de mucho más valor que tú, ya deja de hacerme perder el tiempo- terminó diciendo con gesto indiferente, tal y como había aprendido de Snape, la Gryffindor no pudo evitar notar que había hablado de mestizos, no 'basura, no 'sangre-sucias' ni ningún otro improperio.

–Ahora lárgate de mi vista o me encargaré de que Severus sepa quién le ha estado saqueando su estante privado de pociones…- agregó finalmente con palabras arrastradas y paladeadas sibilinamente por sus labios que se curvaban en una sonrisa de victoria, para ver como la chica, del enojo, pasaba a una mueca de susto, empalidecía y se iba caminando como si estuviera bajo un 'imperius', murmurando por lo bajo.

–Luna, ya vámonos…- la rubia asintió y ambas comenzaron a caminar en dirección a los Slytherins que quedaban, la castaña se detuvo al estar ya bastante cerca de pasar de lado del rubio –Gracias…- dijo mirándolos un instante y siguió su camino con la soñadora chica sin esperar respuesta, al mismo tiempo que trataba de ignorar el débil temblor que sacudía sus rodillas.

– Draco…- Astoria le llamó, tratando de tantear el terreno – No pasó nada… Llegué a tiempo…- comentó con voz suave, tratando de obtener una reacción de parte del rubio, este fijó sus grises ojos en ella.

– Lo sé- respondió son seriedad –Ese no es el problema, mira a tu alrededor- la chica lo hizo, encontrándose con la mirada sorprendida y los murmullos de algunos entrometidos, miró de nuevo a Draco.

– McGonagall va a saberlo igual- suspiró –Adiós, Copa de las Casas…- murmuró con ironía mientras abanicaba su mano en forma de despedida, la rubia le sonrió.

–Vamos, no seas pesimista, quizá ella no nos quite demasiados puntos porque nosotros intervenimos- dijo colocando su mano sobre el hombro derecho masculino.

– ¿Por qué mejor no vamos a dar una vuelta antes de la cena? Eso te animará- agregó divertida, el chico sonrió de lado, dejando la tensión y se encogió de hombros aceptando, esa estúpida copa no era lo que le importaba, ya después analizaría que era lo que lo había molestado de tal escena con la que se había encontrado, esa sensación de ardor en la boca del estómago al escuchar hablar a Pansy así no había sido normal.

Se sentaron cerca del lago del calamar gigante, al lado de unas rocas de buen tamaño, en las que reclinaban sus espaldas para ver el atardecer, un chico moreno los observaba, entre entristecido e irritado, queriendo ser él quien ocupara el lugar de Draco en aquel momento, siguió caminando junto con Seamus Finnigan, que lo miraba con condescendencia y mientras avanzaban unos cuantos pasos, le daba palmadas en la espalda tratando de animar a su amigo, caminaron hasta el patio de transformaciones, llegando bastante callados, en un silencio que Seamus rompió.

– Dean…- le llamó, el aludido volteó –Hermano, la viste, estaba con Malfoy, y todos dicen que ella será su pareja para el baile, pero… Yo no creo que eso signifique algo, seguro se la llevan bien, pero eso es todo- trató de animarlo.

– Yo…- dijo dudoso – No lo sé… Me gusta, y mucho, pero… Recuerda que ella es una sangre-pura, yo soy hijo de un muggle y… No creo que ella quiera si quiera estar en un mismo salón conmigo, además, si le digo algo, creerá que estoy intentando insinuarle que quiero que sea mi pareja para ese ridículo listado del Ministerio y… No quiero que termine por burlarse en mi cara…- alegó Dean, continuando con su camino y con su amigo pisándole los talones.

El pequeño paseo había sido relajante, ambos rubios hablaban de cosas banales y reían mientras Astoria iba de su brazo, casi al llegar al comedor, se les unió Theo, a quien la chica tomó también del brazo, quedando en medio de ambos.

– Bien…- rió divertida –Esto sí que es una buena entrada, del brazo de los dos Slytherins más codiciados de este año- sonrió ladina, con porte confiado y astuto, mientras ambos chicos sonreían de lado también, con altivez.

–Quizá deberías tratar de acercarte a tu chico en vez de huir de él… Así no tendría que soportar que pendas de mi cuello todo el tiempo - la chica enrojeció soltando a Draco y frunció el ceño para asesinarlo con la mirada como toda respuesta, los tres se dirigieron a la mesa de las serpientes, se mantuvieron comiendo y charlando e ignorando al resto de los de su casa, mientras los jóvenes de la realeza Slytheriana trataban de aconsejarla y la convencían de hablar con el chico que le gustaba.

–Por amor a Godric, chicos… Somos amigos, Dejen de portarse así…- pedía a los hermanos Weasley, que seguían ignorándola tanto como podían y dedicándole miradas ácidas, bufó al ver sus caras, al menos ya las cosas estaban bien con Neville y Harry.

–Por Merlín, no puedo creer que piensen de esa forma, al menos Harry sí sabe comportarse- tomó una manzana de la bandeja de frutas – Mejor me iré antes de terminar por lanzarles 'mocomurcielagos'…- se retiró sin mirar atrás, con Harry tras ella.

– Mione, espera…- la detuvo tomándola del brazo –Sabes que están preocupados y que yo también lo estoy, y no es la mejor actitud, pero… ¿Por qué es que no puedes contarnos nada?- la castaña suspiró.

–Prometí no hacerlo… Por favor, no presiones más… Solo puedo decirte que a diferencia de lo que quieren creer, no pasó nada malo, de hecho se podría decir que todo lo contrario y por eso le debo un gran favor a Malfoy, el cual me pidió que pagara con mi silencio, lo que me pareció un trato justo, así que si no te molesta, yo quiero retirarme, ve con los chicos y disfruta con ellos…- forzó fallidamente una sonrisa, se encaminó sin pensarlo a la sala de música, dejando con la palabra en la boca a un preocupado azabache que se iba más confuso que antes a su sala común, con el deseo de meditar en paz las palabras de la castaña, con toda la calma que pudiera conseguir.

Desde que la había visto esa mañana, luego de las clases de los leones y las serpientes con Snape, que les impartiría Defensa Contra las Artes Oscuras, no había podido quitarse esa molesta sensación de incomodidad que le traía el extraño presentimiento de que algo estaba mal, era como si todos sus órganos internos estuviesen revueltos y le costara respirar bien, habían momentos en los que incluso se sentía algo mareado, tanto que ni siquiera en el Gran Comedor, estando con sus amigos, podía evitar mirar muy disimuladamente para vigilarla, todo parecía ir ordinariamente, pero en cuanto la castaña salió, supo instantáneamente a dónde se dirigía, entonces se sintió tremendamente tenso cuando Zabini, sin saber que alguien más intuía los pensamientos que pasaban por su mente pensó: "Esta es mi oportunidad… Es ahora o nunca…", no pudo evitar soltar una maldición por lo bajo, que nadie alcanzó a escuchar, se puso de pie.

–Bien chicos… Yo me voy, quiero estar en paz un rato sin tener que cargar contigo y tu mal de amores- dijo poniendo una excusa y refiriéndose a su amiga.

–Iré a aprovechar mi tiempo en cosas más útiles, nos vemos- sonrió ladino yéndose con paso seguro, dejando que su sonrisa desapareciera a medida que caminaba fuera de la vista de los demás, se detuvo casi a mitad del pasillo, dándose cuenta de que no podía simplemente ir, eso podría hacerlo ver como el atacante y no le convenía, debía conseguir que fuera obvia su participación como 'defensor' de la impura, eso sería beneficioso, comenzaría a poner a McGonagall de su lado y más importante aun, la sacaría de aprietos para poder quitarse aquella maldita sensación de angustia de en medio del pecho, esa jodida leona iba a tener que pagarle todo lo que le debía algún día.

–Kenina…- la aludida apareció, dejando la gema de su anillo vacía –Busca a Snape o a McGonagall, llévalos al aula de música, la conseguirás si sigues mi rastro- ordenó, la quiper asintió y desapareció del pasillo, apareciendo en otro al azar, haciéndolo una y otra vez, para cumplir con la orden de su amo.

Había puntos en que su tranquilidad, esa que mantenía y amagaba tan bien, fingiendo que era imperturbable, se quedaba en algún rincón olvidada, ese era uno de esos puntos, caminaba a paso veloz por los pasillos, sabiendo que Zabini le llevaba ventaja, se hallaba un tanto perdido, pues quien siempre lo guiaba a ese tipo de salones que consideraba inútiles por su poco uso, era Theodore.

Dejó que se acomodara y bajara la guardia, la observó quitarse la túnica, dejarla junto a sus cosas y tocar de nuevo la manzana entre sus manos, se presentó en el umbral con varita en mano y antes de que ella pudiera reaccionar, le lanzó un 'confundus', que dio de lleno en su blanco, la chica cayó de la banqueta, quedando totalmente inconsciente al golpearse en la cabeza con uno de los escaloncillos del suelo, que servían para dividir el salón en varias secciones, en especie de desniveles, remarcando distintas áreas; la manzana se destiló de su mano, laxa en el suelo, y rodó hasta quedar fuera del alcance de ambos, el chico se acercó, hizo una mueca de desagrado al notar que ella no estaba en sus cinco sentidos, pero sonrió con malicia, dejando pasar ese detalle, se acercó y se agachó al lado del cuerpo, pasando uno de sus morenos dedos sobre el cuello femenino, bajando hasta llegar al cuello de su camisa, de donde desató el corbatín rápidamente, arrojándolo al piso para comenzar a rasgar la prenda, haciendo saltar los botones.

– '!Expulso!'- un grito lo alertó, pero no pudo esquivar el hechizo, salió despedido por el aire, cayendo a unos metros de la inconsciente Gryffindor que yacía sin túnica ni corbatín, y con la mitad de la blusa abierta y sin botones, dejando ver su delicado sujetador de encajes color champagne.

El rubio aprovechó el momento de debilidad de Blaise para dirigirse a él y levantarlo a rastras, halándolo del cuello de la camisa, dándole un rodillazo que le hiso al moreno doblarse a la mitad, para luego recibir otro un poco más fuerte en el rostro, partiéndole el labio superior y la nariz, el moreno, para tratar de amansar la sensación de vértigo, le empujó y se alejó un poco, tambaleándose.

En un descuido de Draco, que había volteado sobre su hombro para ver a la chica y asegurarse de que no estuviera herida de gravedad, lo atacó propinándole un rodillazo con el que le hizo escupir sangre, dejándolo medio doblado y apoyando las manos en sus piernas, otorgándole al moreno la oportunidad de partirle la nariz de un puñetazo, enardeciendo al príncipe de Slytherin que consideraba su rostro como una de las joyas de la familia, ambos se enzarzaron en una pelea al más puro estilo muggle, dejando sus varitas a un lado.

– ¡Te lo dije Blaise! ¡No permitiré que sigas jodiendo el nombre de Slytherin! ¡Y mucho menos voy a dejarte hacer algo como esto si puedo evitarlo, eres un maldito cerdo!- escupió y las comisuras de sus labios se bañaron del precioso líquido carmesí que tanto valor le daba a su apellido.

– ¡No necesito tu permiso Malfoy!- sonrió con malignidad, haciéndose ver desquiciado.

–Si yo quiero jugar… Voy a jugar… ¡Quieras o no!- exclamó antes de abalanzarse de nuevo sobre el rubio, que lo esquivó y le metió el pie por detrás de la pierna derecha al moreno y lo haló con fuerza para que cayera, lo pateó al menos tres veces mientras sacaba otra vez la varita y en cuanto lo hubo hecho lanzó un 'petrificus totalus' a su oponente, dejando paralizado al Slytherin moreno, escuchó unos leves y adoloridos gemidos.

–Demonios…- susurró para sí al recordar a la chica que yacía desmayada en el suelo, se dirigió a ella y se arrodilló a su lado, olvidando su aversión para con ella, la alzó del torso, haciéndola sentarse, se inquietó al ver que la Gryffindor no estaba realmente consciente y que donde estaba antes apoyada su cabeza había quedado una mancha sanguinolenta, la recargó en su regazó y sintió que comenzaba a desesperarse en cuanto al sostener su cabeza, percibió algo húmedo y al retirar su mano de la cabellera de la chica notó que el sangrado era considerablemente abundante.

–Mierda...- sin pensarlo se quitó la túnica y como pudo se la echó encima a Hermione, sin hacerle meter los brazos en las mangas –Morirías si te vieras con esto puesto…- sonrió de lado imaginándose la reacción de la chica, sacudió la cabeza buscando concentrarse, la alzó dificultosamente, mascullando improperios por lo bajo y cuando estaba a punto de salir, se la encontró.

– ¡Señor Malfoy! ¿Qué ha pasado?- preguntó una alterada Minerva.

–Eso sería mejor contárselo después- respondió entre dientes sintiendo que el abdomen le dolía a horrores, Kenina apareció a su lado y se dirigió al pasillo, donde se transformó en un fénix, que se prendió del brazo derecho del rubio para poder acercarse a la cabeza de la castaña, Draco se recostó en un muro y le apartó como pudo los mechones marrones de la herida mientras le brindaba apoyo con una de sus piernas al dejar de sujetarla con uno de sus brazos, el ave se inclinó derramando unas cuantas lágrimas, que surtieron su efecto sanándola, era como si se sincronizaran mentalmente.

Minerva observaba sin decir nada, sin poder distinguir de quien se trataba, pues el chico Malfoy estaba de espaldas y no se lo permitía, la quiper mutó a un Pegaso, que dobló sus patas hasta quedar con el estómago pegado al suelo, Draco montó con Hermione en brazos, para luego acomodarla otra vez en su regazo, la quiper se alzó y comenzó a caminar, mientras el Slytherin alzaba la capucha de la túnica, asegurándose de que nadie identificara a la joven.

–Señor Malfoy, le exijo que me revele la identidad de la bruja que lleva en brazos- el rubio miró a la mujer que le observaba con rostro severo, bufó por lo bajo frustrado.

–Es Granger- susurró inclinándose un poco hacia la directora para que pudiera ver a medias el rostro de la chica, apretando más a la castaña contra su pecho, McGonagall abrió los ojos en sorpresa –Zabini - dijo, decidiéndose a contarle antes de que lo acusara de atacar a su alumna favorita.

– Quería… Antes había dicho que quería jugar con ella, pero no pensé que lo dijera en serio… Luego dijo algo que me sacó de mis cabales, lo seguí para encararlo, quería molerlo a golpes o lanzarle una imperdonable, lo que viniera a mi mente primero, pero lo hallé en su intento de… Ya ella estaba inconsciente, debió tomarla con la guardia baja…- le contó con rostro serio, sabiendo que había mentido al hablar sobre el motivo que le había llevado a seguir al moreno.

Unos suaves movimientos de la pequeña figura que llevaba consigo, acurrucada contra su pecho, le hicieron voltear a verla, pudo notar que comenzaba a recobrar conocimiento, esta fijo sus ojos almendrados en los grises contrarios.

–"¿Malfoy…?"- se preguntó para sí misma, el aludido alzó una ceja – ¿Qué…?- alcanzó a balbucear, el rubio sonrió de lado, con altivez.

–Parece que ya al menos estás despierta, eso es bueno, Granger- ensanchó sardónicamente su sonrisa –Ya estaba comenzando a cuestionarme si realmente eras una leona o una simple gatita come libros- la chica, todavía un poco aturdid, frunció el ceño, McGonagall los observaba a ambos, sin poder obviar la extraña combinación que resultaba de aquellos dos, como si un halo cargado de magia los envolviera aislándolos de su entorno.

–Señor Malfoy, ya hemos llegado, debe bajar de su… Mascota…- dijo con frialdad y dureza la mujer, haciendo que el aludido volteara a verla y luego observara al frente, encontrándose con la puerta de la enfermería, asintió sin mucho ánimo, Kenina volvió a descender despacio, pegando el estómago a tierra, para que ambos bajaran de su lomo, se ocupó de sujetar a Hermione mientras bajaba, para que no se fuera de bruces a causa de su aturdimiento, le ayudó a descender luego, olvidándose del dolor que lo quejaba y de McGonagall por unos instantes, instantes en que la chica fue todo lo que acaparó atención.

La castaña todavía se sentía un poco perdida, solo debía descansar un rato allí, había tenido que entrar siendo sujetada por la profesora McGonagall, que la había apartado de Draco para ingresar al recinto, en que las camas de inmaculadas sábanas blancas aguardaban por ellos.

Poppy salió de inmediato, casi corriendo, para sorpresa de las Gryffindors, hacia el rubio, que le sonrió ladino, tratando de aparentar bienestar, pero sin conseguir éxito, pues la sangre que se coagulaba bajo la nariz y en las comisuras de los labios del Slytherin, sumada a la de su camisa, no le daba buen aspecto, la enfermera le ayudó a acostarse y le desabrochó la camisa manchada de pequeñas gotas rojas.

Mientras la castaña menor se acostaba en la de junto, lo que Pomfrey vió la dejó horrorizada, Hermione también lo vislumbró y se sintió de alguna manera consternada, con la sensación amarga apostada en sus adentros de que eso era su culpa, el abdomen del Slytherin dejaba ver una zona amoratada, entre tonos violáceos, rojizos y verdosos; cuando la mujer presionó levemente para examinarlo, el pálido joven tuvo que contener un gemido de dolor, mordiéndose el labio y tapando su boca, entonces odió intensamente a Blaise, por tener esa manía extraña de usar rodilleras de metal ligeras para poder obtener ventaja en sus peleas, porque le había visto hacerlo varias veces, pero ahora era diferente, ahora, era él quien lo sufría de primera mano, en carne propia.

– ¡Oh, cariño…!- la señora Pomfrey se llevó una mano a la boca, tratando de no angustiarse por la salud del chico, pues de alguna manera, sus instintos maternales le hacían olvidarse de quién era su paciente y del oscuro pasado que lo acosaba, siendo la única del personal del colegio que lo trataba de aquella forma tan natural, la única si se tomaba en cuenta que Severus tenía sus propias maneras.

–Buscaré algo que te ayudará, ya lo verás- fue de prisa a su despacho, de donde extrajo esencia de díctamo y polvos varios, dirigiéndose hacia él, pasando de lado de las Gryffindors, observando de soslayo a la menor para asegurarse de que realmente se viera en buen estado, se giró hacia el chico.

–Cariño, no puedes fingir que estás bien cuando claramente no lo estás, antes cualquier golpecito te hacía venir quejándote como si te hubiera ocurrido una gran tragedia y ahora simplemente te resistes a dejarte atender… Si me dan un sickle por cada vez que esto pase, seguro tendré más dinero que tus dos familias juntas al finalizar el año escolar- dijo con severidad, cambiando su expresión a una de concentración para atenderlo con sutilezas y cuidados a los que no estaba acostumbrado.

Ambos habían sido atendidos, Draco había decidido que ya quería irse, así que simplemente en cuanto hubo recuperado fuerzas salió de allí ignorando los llamados de Poppy, deteniendo a McGonagall para pedirle hablar con ella y aclarar las cosas de una vez, la animaga aceptó solo porque era su deber, Hermione aprovechó para escabullirse y los acompañó.

–Sé que no me creen, pero puedo probarlo, con el pensadero podrán verlo todo, o también podría tomar 'veritaserum'- afirmó tratando de negociar, "todo sea por nosotros, madre", pensó y Minerva aceptó darle la oportunidad, sabiendo que Blaise debía estar siendo retenido por Snape, que se había encargado del chico.

Los tres se dirigieron a la pequeña fuente y al sumergir sus rostros vieron una escena de hacía días, sobre la conversación de Draco con el moreno, que afirmaba esa parte del relato que les había dado el rubio, pero para ninguna de las dos mujeres era normal que voces específicas se escucharan tan claramente, entre ellas la de Granger, entonces la escena cambió súbitamente, permitiendo ver la cena de unas horas atrás, donde Zabini había salido luego de que la castaña lo hiciera, haciéndose recurrente el mismo hecho de las voces que se escuchaban perfectamente, dejando claro que Draco no había discutido con el moreno en ningún momento, luego podían verle perderse entre pasillos y pasillos, oyendo los susurros de Malfoy cada que maldecía por no hallar el lugar correcto.

Observaron lo que él vió al hallar al moreno y Hermione empalideció, haciendo un esfuerzo por no gritar y terminar ahogada entre las aguas de la fuentecilla mágica siguió contemplando, ambas vieron la pelea desde la perspectiva de Draco, también su descuido, el cual le trajo como consecuencia ser golpeado por su oponente, el resto del enfrentamiento que terminó con un Slytherin petrificado y luego observaron el total de los daños de la chica, que fue cubierta por una túnica de otra casa, de la que no se había desprendido, fue curada por la quiper azulada que ahora era una serpiente alada en el anillo del chico y por último, un recuerdo de algo que Madame Pomfrey le susurraba al oído, que se interrumpió de golpe, en cuanto Malfoy sacó la cabeza del agua, desvaneciendo las imágenes.

– ¿Lo ven? Profesora, sé bien que no soy su alumno favorito, pero debe reconocer que ni siquiera alguien como yo haría algo así, en cuanto a lo que sé que se estaban preguntando, las voces…- se detuvo, meditando sobre los pros y contras de develar aquello, adquiriendo un muy leve tono de rubor, casi imperceptible, se sentía un idiota contando algo tan privado, pero sabía que valdría la pena, todo fuera por echarse a McGonagall en el bolsillo.

–Esas voces eran pensamientos… Yo soy…- los ojos de la castaña se abrieron grandemente.

–Legeremante…- susurró sin querer, interrumpiéndolo, haciendo que Minerva lo observara con expresión de sorpresa, el rubio asintió, respondiendo a su "¿Es eso cierto?", no verbal.

–No lo digan a nadie, no debe saberse y… Si han de echar a Blaise, no digan los motivos reales, tampoco hagan pagar por esto a toda mi casa, eso no sería justo…- dijo con tono extrañamente calmo, como si pidiera un favor a ambas.

–Yo sabré que hacer con su compañero, en cuanto a su casa… Sabe que deben serle retirados muchos puntos por esto, aunque debería también considerar en otorgar algunos por su actuación, bien podría acceder si la señorita Granger está de acuerdo, podría decir que estoy retirándole al señor Zabini 100 puntos y que a usted estoy otorgándole 100, entonces se mantendría la nulidad de la reprimenda…- la chica la miró y asintió luego mirando al suelo, incapaz de hablar, las ideas que flotaban en su mente la habían dejado en un estado casi catatónico.

–Bien… Sobre lo otro… Todavía quisiera poder hablar eso con usted a solas, pero ya será en alguna otra ocasión y señorita Granger, debería devolverle su túnica al joven, ya luego podrá ponerse otra…- el rubio negó, le sonrió de lado.

–Creo que será mejor que se la quede… No se si se ha fijado pero, Granger lleva media camisa rasgada, esa túnica es lo único que la priva de la semi-desnudez…- respondió sin darle importancia, la aludida se sonrojo hasta alcanzar el nivel propio de un Weasley o un Longbottom.

–Esta va de la misma cosa que el pañuelo… Ni siquiera se te ocurra pensar que es por eso de ser sangre-sucia – Minerva lo miró con rudeza, él la ignoró.

– Quizá te sirva más de lo que crees… Por ahora me retiro, creo que merezco un descanso y… Como sé bien que el castigo de Zabini será fuerte y duradero, seguro no podré librarme de tener que ajustar cuentas después- salió de allí haciendo un gesto de despedida y de inmediato Granger lo siguió.

Iba caminando despistado y a grandes zancadas, cavilando sobre lo ocurrido, analizando algunas cosas que no lo dejaban en paz, como el echo de haberse sentido mejor en cuanto la vio recuperar la consciencia, la sensación dulzona en su pecho al verla adormilada en su regazo, como si fuera lo más bonito del mundo, la pesadez transformada en angustia y ansiedad que había cargado consigo durante días al saber que podría pasarle algo malo, la necesidad de llegar a ella y asegurarse de que estuviera bien, ¡Haberle regalado su túnica! ¿Pero qué coño le pasaba que ahora tenía complejo de Santa Claus? ¿Para qué le regalaba cosas tan finas a una impura? Simplemente había hecho lo más conveniente acudiendo a su rescate para ganarse a McGonagall, no había nada más que lo moviera a hacerlo ¿Verdad?

Solo eso, proteger a la favorita de esa vetusta para tenerla comiendo de la palma de su mano, era como hacer una inversión a mediano y largo plazo, asegurarse un recurso bajo la manga a la hora de cualquier emergencia ¿No? ¿Entonces por qué, por Morgana, había tantas emociones que se entremezclaban en su estómago? ¿Tan bajo estaba cayendo al tratar de ser indiferente ante los sangre-sucia? No podía estarle pasando, no podía estarse convirtiendo en un amante de esos mestizos, una cosa era ignorarlos, otra sentir que en su crisma una nueva chispa de humanidad se extendía pidiéndole a gritos ayudar a esa chica solo porque era una persona, por ser una mujer a merced de un idiota.

– ¿Eso quiere decir que sabías sobre el problema de mis padres?- el chico se detuvo en seco, estaban apenas unos pasos alejados del pasillo que llevaba a la gárgola que custodiaba la entrada del despacho de la directora, se giró hacia ella, viéndola directamente a los ojos.

–Lo supe en el expreso, pero no pensaba meterme, no era, ni es, mi problema, Granger- respondió con serenidad, la leona, frustrada, frunció el ceño y empuñó las manos hasta emblanquecer sus nudillos, tratando de hacer un inhumano esfuerzo por no dejar salir las lágrimas iracundas de sus cristalizados ojos.

– ¡Eres un imbécil Malfoy! ¡Debí suponer que lo del tren había sido por lástima! ¡Te lo había dicho, no necesito de ello!-molesto como estaba, la arrastró tomándola del brazo, sin decir palabra, por una serie de pasillos al mismo tiempo que ella se revolvía tratando de librarse de su agarre.

Sin fijarse en la presencia de Flich, que para su suerte no deambulaba por allí todavía, la hiso entrar a un aula vacía y cerró la puerta con un 'collopurtus', la chica se zafó de su agarre y se alejó, el rubio frunció el ceño.

– ¡Te dije que no era lástima Granger y no eres quien para decir lo contrario cuando ni siquiera me conoces, no seas idiota!- exclamó – ¡Sabía lo de tus padres! ¡Y que la mini-Weasley no quería hablarte era obvio y yo entendía perfectamente el motivo sin necesidad de usar legeremancia contigo! ¡Sabía lo de Blaise, pero supuse que serías más inteligente que esto! ¡Mira que dejarte emboscar así de fácil! ¡Pensé que Moody les había enseñado bien lo de mantenerse en 'alerta permanente'!- dejó de gritar para tomar un segundo aire, Hermione, con el orgullo herido bajó la mirada y volvió a verlo con dureza, mostrando su lado esquivo, Draco sonrió de lado.

– Hazte la fuerte, orgullosa, temeraria o lo que sea todo lo que quieras, pero aunque no te guste estamos a mano, yo sé sobre la falta de memoria de tus padres y tú sabes sobre mi habilidad y ambos hemos visto el uno la marca del otro, así que ya olvídalo- acotó con indiferencia gélida.

– ¡Lo que me molesta es que seas tú quien lo sepa cuando ninguno de mis amigos saben que básicamente ya no tengo padres! ¡Incluso Luna sabe solo lo del tren, pero nada más!- Gritó entre el llanto que se le escapaba, la expresión burlona del rubio desapareció, volviéndose seria, sentía, como pocas veces, que su consciencia lo martirizaba, se acercó a ella, sin saber realmente qué hacía y le fue haciendo retroceder hasta que chocó con la pared a sus espaldas, la encerró entre esta y él mismo, impidiéndole el paso hacia los lados con sus brazos, se acercó hasta el oído femenino.

–No soy tu amigo Granger, pero sí soy el único que sabe sobre eso… Así como tú sabes uno de mis más preciados secretos… Por eso, ya que solo contamos con Theodore y Lovegood, dejaré que también cuentes conmigo de ahora en adelante, si a cambio tú también me aseguras lo mismo, velo como un negocio, gatita- propuso entre susurros, sintiéndose idiota y perdido, pero a la vez complaciéndose en recibir un asentimiento como respuesta.

Sí, le convenía tenerla de su lado para aplacar a su consciencia, por alguna razón sentía que necesitaba compensar el mal que había causado, y eso comenzaba con ella, por haberla maltratado con insultos tan crueles por años, eso y que quería saber lo que se sentía poder tratar a la chica sin peleas de por medio, lo cual venía dándole curiosidad desde el mismo momento en que la había visto llegar a King's Cross, y que no pensaba negarse, por el simple hecho de que estaba acostumbrado a obtener lo que deseaba.

La Gryffindor se estremeció al sentir el aliento de Draco sobre su oreja y parte de su cuello, él sonrió instintivamente sintiéndose poderoso al poder causar esos efectos en la sabelotodo, volvió a su expresión indiferente antes de apartarse.

–Piénsalo bien Granger, quizá ahora dices que sí solo por lo que acaba de pasar, mejor mañana dímelo, si me encuentras, claro…- se fue de allí, dejándola sola, con la sensación de vértigo que no había podido quitarse desde que lo había visto golpeado en la enfermería y que había aumentado al ver sus recuerdos en el pensadero, sintió un aroma oscuro y casi efímero que la envolvió como en una ensoñación, suspiró y luego se aterró y se sonrojó por medidas iguales, al darse cuenta que era el olor del perfume de Draco lo que estaba idiotizándola, se había quedado impregnado en la túnica del rubio y por tanto también en su ropa, en un movimiento de varita se hiso invisible con un 'cripsis' y así atravesó corriendo todos los pasillos que se encontró en el camino, hasta llegar a la sala común, donde pensó quedarse, pero desistió al recordar las condiciones de su ropa, llegó a su habitación y se quitó la capa y la blusa, buscando otra, deshizo el hechizo y ocultó la prenda negra y la blanca, sin saber que Ginny la había visto guardando la túnica del Slytherin.


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