¡Hello! :D he venido a traerles este nuevo cap aprovechando mis últimos días de vacaciones :) No es que me sienta feliz por todas las cosas que tendrás lugar en la historia, porque de hecho no sé si se pueda calificar de bonita, pero igual espero me dejen su opinión con reviews, tanto al respecto de la historia como del cap :P
Disclaimer: Todas las locaciones y personajes conocidad en el mundo Potteriano pertenecen a la genial J.K Rowling
Ahora sin más ¡A leer!
Chapter 9: Muerte en la familia Black.
Cuando entró a la habitación y la halló dormida, con rastros de lágrimas secas en su rostro, demacrada y con ojeras, se sintió desfallecer, se acercó al lecho y se sentó a la orilla de la cama, acariciando el cabello de su madre con tanta delicadeza, que parecía estar mirando a una frágil muñeca de porcelana en lugar de a un ser humano.
–Draco…- Andrómeda lo llamó susurrando desde la puerta, él se irguió con parsimonia y fue hasta donde la mujer se encontraba– ¿No puedes estar aquí hasta mañana o si?- el muchacho negó con la cabeza.
–Narcissa no está bien… Ayer, apenas recibimos la noticia del fallecimiento de tu padre, ella… Vino corriendo hasta aquí y… Trató de arrojarse por el balcón, por suerte uno de los elfos estaba en la habitación y logró impedirlo…- el rubio sintió como el corazón le daba un vuelco dentro del pecho, golpeándolo con fuerza, esa no era la Narcissa que había conocido toda su vida, volteó hacia el interior de la habitación cuando escuchó el sonido del roce de las telas, la vió sentada, con las sabanas cubriendo sus piernas, mirando hacia su regazo, en que tenía acomodadas las manos, se acercó y se sentó junto a ella, que lentamente volteó a verlo, mientras la Andrómeda salía de allí para dejarlos tener algo de intimidad.
– Narcissa…- dijo, rodeándola con su brazo izquierdo –Qué mal te ves… A Lucius le daría un infarto si te viera así, estoy seguro de que pensaría que no eres la mujer con la que se casó hace años…- los preciosos ojos azules de la bruja se aguaron y dejaron escapar un par de lágrimas, el llevó su diestra al rostro de su madre para secarlas.
–Andrómeda me contó lo que intentaste hacer… Si tú no estás ¿Quién va a educar a mis hijos para que representen con orgullo a nuestra casta? Incluso si me casara con una sangre-sucia, necesitaría que estuvieras allí para ellos, para mí…- ella lo abrazó como si la vida se le fuera en ello, porque en cierta forma así era, su hijo era lo único que la ataba a esa existencia miserable que ahora solo por él valía la pena continuar viviendo.
– Él ya no está…- dijo entre el llanto, refugiada en el pecho de su hijo preguntándose, un dato punto se halló preguntándose ¿Desde cuando se había convertido en un hombre? ¿Cuándo había dejado de ser un niño para transformarse en el muchacho contenido y orgulloso que la confortaba en ese momento? No sabía cómo o en qué segundo, pero ya su Draco no era suyo, sino de la vida misma, que tanto lo había cambiado a fuerza de golpes, seguía siendo sarcástico, arrogante y ocultaba siempre sus emociones dejando solo una mascarada de prepotencia, muy pocas veces las mostraba, sí, pero allí estaba, junto a ella, refugiándola en su regazo, acariciando su cabeza con sutileza y pasando sus dedos por su cabellera con esmero, consolándola, asumiendo su papel como el nuevo pilar de la familia, para ella, solo para ella.
–Yo tampoco quería que esto pasara- murmuró el rubio, con tono meditabundo, se formó un pequeño silencio en la habitación.
–Las cosas no tenían por qué acabar así… Pero creo que ya es hora de hacer todo bien, ya esta familia ha cometido muchos errores en el pasado… Ya basta de idioteces, sacaremos esta respetable casa a flote, pero no con esos ideales que solo han traído destrucción y muerte para nosotros mismos…- agregó, fijando su vista en los ojos de su madre, que lo miraban mostrando su total atención, los irises de Draco parecían aguas turbias, queriendo tragársela, se estremeció al entender que ya su hijo posiblemente no dejaría entrar a nadie a su corazón nunca más, pues estaba petrificándolo y escondiéndolo en su propia cámara de los secretos.
–Draco…- pero él no la dejó hablar.
–Tú te encargarás de los negocios de la familia, pero antes de tomar cualquier decisión, deberás consultarlo conmigo, sé que no te apetece, que no es agradable, pero sigues estando en la obligación de representar a tu familia y yo debo hacer lo mismo, a mí tampoco me gusta tener que tratar este asunto como si solo fueran simples permutas, pero debes entender que mientras las ceremonias no se realicen habrá curiosos por todas partes tratando de averiguar y especulando sobre nuestro siguiente paso, debemos llevar nuestro luto con dignidad, así que ahora levántate, es momento de despedirnos de padre como debe ser, sin debilidades, por ahora debo irme, pero volveré para la tarde- le dio un beso en la frente y se fue de allí a paso apesadumbrado, salió de la recamara de Narcissa con el ceño medio fruncido, bajó hasta la sala, donde halló a su tía con Ted, que lucía una cabellera verde pálida y ojos violetas, mientras le sonreía a su abuela, que imitaba el gesto del infante.
–Andrómeda…- la aludida volteó a verlo, el bebé de grandes irises violetas también lo hiso, cambiando el color de su cabello y ojos a los mismos de Draco, imitando la apariencia de los Malfoy.
–Yo me quedaré con él, lo llevaré a Hogwarts conmigo y estaremos de vuelta para el sepelio… Necesito que la cuides, no quiero que intente ahogarse en la tina o algo así, pero no puedo vigilarla mientras se baña y se viste, así que yo me encargo de mini- Lupin y tú de tu hermana- la mujer asintió sabiendo que eso sería lo más parecido a una petición que recibiría de parte de su sobrino y este se acercó y cargó al niño en sus brazos, la bruja esperó a que él desapareciera por la red flu y se marchó al lado de Narcissa con premura.
Llegó al despacho de Snape que mantenía la chimenea con el acceso abierto para cuando su ahijado necesitara regresar, encontrándose con su dueño, mientras el pequeño tosía un poco y fruncía el ceño por el polvo de que quedaba como residuo del viaje, aparentemente detestaba desplazarse por ese tipo de medios, quizá era algo de familia.
– Señor Malfoy…- el hombre de negra melena se levantó se su asiento –La profesora McGonagall está al tanto de su situación familiar, no es necesaria su presencia aquí…- dijo mientras Draco se acomodaba con Teddy en el sofá que antes le había servido de cama a Hermione.
–Eso lo sé, pero debía buscar ropa limpia y de todas formas no esta de más que yo hable con ella…- Severus lo escuchaba mientras observaba al niño, que llevaba una de sus manitas a la mejilla del rubio, mientras conservaba un peluche de cancerbero en la otra.
–Tuve que traerlo conmigo para que Andrómeda cuidara de Narcissa en mi ausencia, así que será mi responsabilidad por unas horas, te veré en un rato…- dijo rápidamente al notar la mirada escrutadora de su padrino sobre él y Teddy, se levantó y salió del despacho con el niño en brazos, imitando fielmente la apariencia que caracterizaba a los herederos del linaje Malfoy, para llevarlo a su habitación en la que agradecía tener comida guardada para cuando le apetecía quedarse allí en fines de semana de total pereza, vaya que le estaba resultando útil bajar a las cocinas de vez en cuando, así nadie lo vería pasearse por el gran comedor con su primo en brazos.
El camino hacia la oficina de McGonagall se le hacía interminable, gracias a Salazar que había tardado poco en tomar sus cosas y acomodarlas en el pequeño bolso que pendía de su espalda, y que él y Ted parecían compartir su misma eficiencia para engullir sin problemas y de forma pulcra la comida.
Se sentía contrariado y achacado por una incómoda sensación de angustia que le transmitía un mal presagio, se había encontrado con Theodore y Astoria en el camino y estos lo habían seguido sin preguntar nada, solo manteniéndose a su lado por si se decidía a hablar con ellos, pero no estaba para nada dispuesto, estaba seguro de que en el momento en que dejara fluir sus emociones sería justo el factor que le impediría levantarse sin esfuerzos, era mejor reprimirse, debía pensar en atender a su madre, en asegurarse de que estuviera bien.
Potter estaba del otro lado del pasillo con varios de sus amigos, Granger y Lovegood no lo acompañaban, Harry volteó al ver que Ron le indicaba que mirara y lo que vió lo asustó, Ted Lupin, su adorado ahijado, en brazos de Draco Malfoy, eso no podía ser cierto.
– ¡Teddy!- gritó el chico de cabello negro y ojos verdes – ¿Qué haces tú con Ted, Malfoy?- inquirió entre preocupado y enojado, acercándose a paso veloz al aludido, Draco frunció el ceño sin responder nada, caminando hacia Harry también, Theo y Astoria lo seguían de cerca.
– ¿Qué pasa contigo Potter?- cuestionó la Slytherin –Lo que Draco haga o no es cosa suya ¿O es que acaso nosotros nos estamos entrometiendo en tu vida?- le reclamó a la defensiva, tenía el presentimiento de que no podrían avanzar sin antes terminar peleándose con los Gryffindors que les cortaban el paso.
–Contrólate, este no es momento de pelear- Interfirió el joven Nott hablándole al oído a la chica.
–Potter este no es buen momento…- masculló el rubio con expresión amenazante y tono seco.
–Déjame pasar, es importante y no tengo todo tu tiempo- espetó con fiereza, el niño se acomodaba en su regazo como si lo arrullaran, Kenina se había transformado en un hurón celeste grisáceo, que descansaba alrededor del cuello del Slytherin, como una bufanda, ronroneando para mantener distraído al infante.
–Dame al niño ahora Malfoy- exigió Harry, Ron se colocó a su lado y Ginny se acomodó del lado contrario.
– ¿Qué planeas hacerle sucio hurón?- preguntó Ron enojado, Ginny no decía nada, pero en mente profería insultos que con mucha razón, no debían ser dichos en voz alta, entendía que entre él y Hermione existiera algún tipo de tregua o algo así, pero eso no quería decir que lo soportara ni mucho menos, ya el chico había causado bastante daño por sus estupideces antes.
–Oye ya basta Weasley, no seas ridículo, por su puesto que no planea hacerle nada, no es un asesino- Nott habló irritado como pocas veces, ganándose la mirada de odio de Ginevra.
– ¡Claro que lo es!- exclamó la pelirroja – ¡Es un ex-Mortífago, que es exactamente lo mismo!- dijo casi escupiendo las palabras, con inmenso rencor contenido, el rubio miró a Ron con veneno destellándole en las pupilas.
En un arrebato, Harry trató de arrancarle al niño de las manos a Draco y ambos comenzaron a forcejear.
–Dámelo Malfoy- gritaba Harry, Draco no respondía nada, solo se resistía y gruñía un poco, mientras Astoria trataba de meterse y zafar al niño del agarre de ambos, pues estaban asustándolo y este comenzaba a alterarse y a llorar escandalosamente, tornando naranja su cabello y sus ojos violeta eléctrico.
– ¡Ya basta ustedes dos!- se escuchó un grito iracundo en el pasillo que los dejó helados, era Hermione, la única que al parecer era capaz de dejar petrificados a los chicos sin usar encantamientos, por su gran voz cual rugido de leona y su tono de madre indignada en perfecta imitación de Molly Weasley.
– ¿Qué no ven que asustan al niño?- ambos se fueron relajando y Astoria tomó a Ted en brazos – ¡Pudieron lastimarlo, par de trolls!- parecía que el tiempo se había detenido, incluso el pequeño metamorfomago había dejado de llorar y la miraba atento, el rubio frunció el ceño.
–No es mi culpa que tus amigos se enerven tan rápido Granger, yo solo quería ir con McGonagall- musitó defendiéndose, extrañamente se sintió transportado a su infancia cuando Narcissa lo regañaba de la misma manera, reteniendo los deseos de gritarle, hablando como si estuviera por gruñirle, Kenina saltó del hombro del rubio y caminó con forma de leona hacia la Gryffindor, junto a quien se sentó, calmándola con la influencia mágica de su presencia y restregando su peluda cabeza cerca del hombro de la chica, ella suspiró .
– ¿Por qué peleaban?- preguntó ya más tranquila.
– ¿Qué no ves que esa sanguijuela tiene a Ted?- preguntó Ron como si fuera lo más obvio del mundo, olvidándose por completo de que no le hablaba, ella lo fulminó con la mirada, luego al resto de sus amigos.
– ¿Se les ha ocurrido pensar que Andrómeda quizá le pidió que lo cuidara?- Harry abrió los ojos en sorpresa, no lo había considerado posible hasta ese momento exacto, Ron y su hermana rieron por lo bajo.
– ¿Por qué lo haría si puede pedírselo a Harry? Además, él no puede estar en buenas manos si está bajo su cuidado, aunque claro, no es raro que ahora lo defiendas porque él te importa más que nosotros ¿No?- respondió Ron, esta vez el rubio fue quien lo fulminó con la mirada.
–No estoy defendiendo a nadie, estoy siendo lógica, Ronald y si eso te molesta, puedes ponerte tus quejas en…- se detuvo, Ron la miró con el rostro y las ojeras coloradas, Draco alzó una ceja asumiendo lo que seguía en aquella oración, pero sin llegar a sonreír con burla, no estaba de ánimos.
– ¿Sabes qué? No vale la pena, piensa lo que quieras, ya estoy harta de soportar tus estupideces- musitó con sequedad.
– ¿Estupideces? No son estupideces, yo… ¡Ni siquiera sé para qué estoy perdiendo mi saliva en hablar contigo, traidora!- exclamó un furioso Ron sin prestar atención a la situación que verdaderamente importaba.
– ¿Qué tiene de malo que Ted esté con su primo?- pregunto Theodore en el momento en que Hermione se disponía a gritarle al chico Weasley.
– ¿Primo?- Balbucearon ambos Weasley.
– Claro Ginny- le sonrió indicándole lo obvio y luego miró a Ron con hastío y enojo.
– ¿Qué no es obvio, Weasley?- inquirió Hermione llamando al pelirrojo por su apellido para hacer notar su enojo, puso los ojos en blanco con irritación cuando notó que el Gryffindor no se daba por enterado.
–Andrómeda es hermana mayor de Narcissa Malfoy, tía suya y abuela del pequeño Ted, es lógico que sean primos, de segunda generación, claro, pero siguen siendo primos, por parte de los Black- Harry empalideció al hacer sus propias cuentas.
–Ya déjennos continuar nuestro camino, estoy perdiendo tiempo con esto- espetó Draco irritado por la situación, mientras alzaba a Ted en brazos para seguir avanzando.
–Malfoy, aún no he podido recuperarlo- musitó Hermione apenada, sin que ninguno entendiera exactamente de qué hablaban, el rubio suspiró.
–Espero que vuelva a mis manos antes de mañana- dijo –Ven, posiblemente sea útil que nos acompañes, Granger- dirigió su mirada por sobre el hombro de la castaña.
– Lovegood, deja de esconderte tras el pilar, es molesto- la Ravenclaw salió de su escondite, sonrojada.
–Lo siento, no quería estar en medio de una pelea…- se disculpó, los chicos la miraron un tanto sorprendidos al caer en cuenta de que no se habían percatado de su presencia.
–Chicos, no es bueno lo que hacen, por favor, ya la guerra terminó, no más confrontaciones, esto no les hará bien- pidió, hablando como pocas veces, con una normalidad que no parecía suya.
– ¿Puedo ir con ustedes?- preguntó a Draco, él la observó con desconfianza.
–Te diría que sí, si no fuera porque luego tendremos que ir a Malfoy's Mannor- ella insistió con la mirada, bufó rendido, últimamente la chica loca de las águilas comenzaba a caerle bien, era como tener a una niña a su cuidado, irritante, fastidioso, pero era algo refrescante también.
– Bien…- sentenció para sorpresa de todos, miró al grupo con hastío –Vengan si así se sienten más seguros sobre mini-Lupin…- les dijo a los demás.
Minerva los esperaba fuera del despacho.
–No creo que todos pensaran entrar juntos ¿O sí?- inquirió severa.
–Señor Malfoy, creí que estaba usted junto a su madre… ¿Qué hace con un niño entre sus manos y desde cuando tiene usted descendencia señor?- preguntó un tanto alarmada, al ver al infante con rasgos idénticos a los característicos de los peliplatinados de su linaje, el rubio sonrió de lado con un deje triste que solo Hermione y Luna notaron.
–Es mi primo, profesora, Ted Remus Lupin, hijo de mi fallecida prima Nymphadora… No mi hijo…- puso los ojos en blanco.
–Solo quería que supiera de mí, que estaré fuera por causas personales, que ya usted conoce… Quería que Theodore, Lovegood y Astoria me acompañaran para ayudarme con Ted y los preparativos restantes referentes a la ceremonia- ella asintió dudosa.
–Bien, creo que eso es todo- terminó de decir Draco mientras acomodaba mejor al niño entre sus brazos, pero la mujer se aclaró la garganta.
–Y… ¿Cuál es el motivo de sus presencias?- inquirió nuevamente la directora.
–Solo vinieron a despedirse de Ted- respondió Draco inmediatamente, sin dejarlos contrariarlo.
–Usaré su 'red flu' si no es problema- se acercó con ambos Slytherins y la Ravenclaw a la gárgola y le dio la contraseña, entraron y de inmediato se fueron a la mansión Malfoy.
–Espero que sea cierto lo que el joven Draco ha dicho sobre ustedes…- les dijo a los Gryffindors presentes, miró solo a Hermione luego.
– ¿Él lo ha recuperado ya?- ella negó avergonzada, con el rostro agachado.
–Espero que Hagrid pueda hacerlo antes de que el día de hoy acabe, el entierro del padre de Draco es hoy, por tanto, antes de mañana debe llevarlo consigo, como representante de su linaje… Esa es una tradición muy importante para ellos y de no acatarla, deshonraría la memoria de sus antepasados…- ella asintió.
–Ahora jóvenes, por favor retírense, la hora de almuerzo está por terminar y no es saludable que se salten las comidas- ellos obedecieron.
Hermione avanzó con los demás pensando en qué hacer, ella había planeado recuperarlo, pero Hagrid había insistido en hacerlo él y que no se acercara al sauce boxeador por nada del mundo, pero estaba tardando demasiado y no sabía si podría seguir esperando, continuó con su camino pasando de las presencias de sus amigos sin notarlo.
Los cinco llegaron a la gran mansión, Snape estaba allí, con la respiración agitada, el cabello grasoso lucía revuelto, manchas de polvo cubrían su túnica negra, casi sin poder moverse mientras con la mano en que no sujetaba la varita se tomaba del costado, Dolohov estaba frente a él, agitado y lleno de polvillo de escombros, el mortífago fijó su vista en el nuevo cabeza de los Malfoy.
–Ya veo- pasó por un lado de Severus que a penas podía moverse.
–Así que eres tú quien lo porta… Seguro cuando lo detecté esta mañana estabas en este lugar…- se posó frente a Draco, bastante cerca de él, Astoria y Theodore sacaron sus varitas con manos temblorosas.
–Oh, que dulces, defendiendo a su amigo… Pero no pueden hacer mucho en mi contra ¿O sí?- Kenina se mantenía en el anillo, el mortífago hiso un movimiento rápido mientras hablaba.
–No importa, ya tengo lo que quiero…- dio un paso hacia atrás y alzó una de sus manos, en su palma estaba el grueso anillo de plata con la serpiente alada adornando el interior de la gema.
–Mierda- susurró un enojado Draco – ¿Para qué lo quieres Dolohov?- preguntó, comenzando a estudiar las posibles opciones para no salir tan mal librados, Circe, estaba aterrado por su vida, las de sus amigos, sus familiares y la de su madre, el hombre rió a carcajadas, apretando la joya en su mano, la marca en su omoplato empezó a escocer, Luna retiró a Ted de sus brazos y él se dejó caer con una rodilla apoyada en el suelo, la mano del hombre de máscara plateada comenzó a incinerarse lentamente, este comenzó a aullar de dolor, Astoria y Theodore tomaron a Draco y Snape, respectivamente, alejándolos de allí y haciéndolos subir las escaleras, la Ravenclaw corría delante de ellos, para que le cubrieran las espaldas a ella y al pequeño, el rubio buscaba hacer que pudieran llegar a la habitación de su madre indicándoles hacia qué lado doblar en los pasillos, la presencia de aquel hombre en el lugar no podía se un buen augurio.
Entraron finalmente a la habitación, Luna con Teddy en brazos estaba a su lado, la escena era tétrica, funesta en demasía, Dolohov había arrojado el anillo al suelo para seguirlos, llegó unos segundos después, sonrió malignamente al ver el resultado de su trabajo, algunos elfos desmembrados regados por doquier con su sangre desperdigada de igual forma y más importante aún, sus 'piezas especiales', ambas mujeres yacían en el suelo, llenas de cortes, producidos por 'sectumsempras', respiraban con dificultad, lucían demacradas y convulsionaban un poco con movimientos violentos y desesperados, posiblemente habían sido víctimas de algún 'cruciatus', Nott y Greengrass voltearon hacia él, Snape también lo hizo atento a la reacción de Draco.
–Maldito bastardo…- pronunció con voz gutural, como si fuera una bestia, el dolor que sentía que se extendía sobre su cuerpo disminuyó al aparecer Kenina tras el encapuchado, transformada en una quimera, el hombre se dio vuelta y le apuntó con la varita, los Slytherins trataron de sujetar a Draco que parecía en trance, estaba transmitiendo toda su ira a través de la criatura mágica, que rugía y graznaba y relinchaba a través de sus cabezas, mirando visceralmente al hombre, Severus por primera vez no sabía que hacer, los graznidos los habían paralizado a todos, los rugidos los habían atemorizado y los relinches habían anunciado una muerte pronta, de un zarpazo la bestia derribó al mortífago que no pudo distinguir el veloz movimiento, trató de defenderse con su varita, pero desde el suelo no podía hacer mucho, la cabeza de ave llevaba en su pico el anillo, que fue arrojado a los pies de Draco, este lo recogió librándose sin esfuerzo del agarre al que era sometido y lo acomodó de vuelta en su dedo moviéndose por inercia cual, poseso, sus ojos lucían como zafiros enredados en hiedras celestes grisáceas y platinadas, brillantes del deseo de matar que se le escurría a través de la sangre, la respiración agitada de Dolohov lo delataba, se había quedado sin opciones, no había hechizo alguno que pasara por su mente que pudiera salvarlo, soltó la varita, rindiéndose y tratando de huir como un cobarde, clavando su mirada angustiada y suplicante en la del rubio, el animal no se movió de su lugar, unas sogas lo ataron mágicamente, cortesía de Theo, la quiper se movió solo un poco y lo alcanzó con una de sus patas, con un segundo zarpazo lo dejó inconsciente y herido de gravedad.
Snape había pasado por la red flu, sosteniéndose de Astoria mientras que hacía un gran esfuerzo por mantenerse en pie otro poco más, apareció en el despacho de McGonagall contándole todo, esta llamó al trío dorado, para que se encargaran de cuidar al pequeño Ted en caso de que algo sucediera, tal y como había pedido Draco que se hiciera, entregando al niño a su padrino a través de Theodore que se devolvió inmediatamente por la chimenea para permanecer junto a su amigo, al menos temporalmente, pero Hermione comenzó a sentirse mareada, como si le faltara el aire, la angustia en su pecho se había instalado tormentosamente desde que había visto al chico desaparecer tras la gárgola, pero en esos momentos, el dolor y la ansiedad, el miedo y la sensación de vacío en la boca de su estómago, la estaban carcomiendo tan profundamente que estaba por tener una crisis nerviosa y desmayarse de un momento a otro, despertar y luego lanzarse de la torre de astronomía, en ese orden.
– ¡Mione!- gritó un desesperado Ron, pero ella solo se acercó a la red flu sin mirar atrás, caminando entre tambaleos y con los ojos impregnados de lágrimas que pujaban por salir, sintiendo que en cualquier momento iba a echarse a llorar desesperada y arrastrándose por el suelo, solo podía pensar en una cosa: 'Encontrar a Malfoy'.
–Algo malo sucede con Draco…- dijo tratando de respirar –Debo ir… Malfoy's Mannor- dijo con voz trémula pero decidida, desapareció envuelta entre llamas verdes ante la mirada de los presentes, los más jóvenes se habían quedado petrificados al verla esfumarse en aquel estado de desesperación casi catatónico.
– ¡Hermione!- exclamó Harry asustado, pero Minerva lo detuvo.
–Señor Potter…- habló Snape –No pueden hacer eso… La señorita Greengrass le ha traído a su ahijado y lo correcto es que cuide de él…- mencionó hablando con dificultad, tumbado en uno de los sofás del despacho de McGonagall.
–Pero ella…- trataron de replicar ambos Gryffindors.
–Ambos tanto el señor Malfoy como la señorita Granger, según supongo, han sido tocados por la misma Banshee, eso explicaría la afinidad emocional de la señorita Granger para con el señor Malfoy- ambos le miraron circunspectos.
–Oh Merlín…- susurró la profesora de transformaciones, que no había dicho una sola palabra hasta el momento, empalideció de golpe, Astoria no terminaba de entender nada, aunque suponía que era grave, sentía que había escuchado de ello alguna vez, pero no podía recordar exactamente lo que ello significaba.
– ¿Quiere decir que…?- Minerva trató de hallar las palabras pero no pudo.
– Sí, profesora…- respondió Severus adelantándosele – El joven Malfoy está fuera de control, por eso ella ha podido percibir su malestar, él le ha llamado sin saberlo… Dentro de poco la señorita Granger dejará de ser mestiza…- aseveró fríamente, mientras hacía un monumental esfuerzo por no caer en la inconsciencia.
– ¿Qué significa eso?- preguntó un consternado Harry, Ron no podía ni hablar, Astoria solo analizaba las palabras de Severus, tratando de recordar las historias sobre Banshees que le contaban en su infancia y que eran comunes entre los sangre-puras, porque con ellas se les enseñaba sobre su origen.
–Cuando una Banshee llora la muerte del cabeza de la familia a la que vela, debe tocar al descendiente directo más cercano para marcarlo, pero cuando toca a alguien más por error o por dolo, lo marca también, y comienza a velar por esa persona como si fuera un miembro de la familia, pero ya que Hermione es mestiza, el efecto de su toque, trae consigo la purificación de su sangre, hasta convertirla en una sangre-pura…- respondió McGonagall, casi como autómata, en un tono sombrío y apesadumbrado, los ojos de los estudiantes se abrieron en asombro, Ron quedó boquiabierto y lleno de consternación, Harry no sabía como reaccionar, boqueaba tratando de decir algo, pero por más que trataba, las palabras no salían.
–La Banshee… Los ha entrelazado temporalmente… Como por una semana a lo mucho… Pero de ahora en adelante el señor Malfoy deberá velar por el bienestar de Granger, ya sea que lo quiera o no…- había terminado por murmurar y balbucear otras palabras más, mientras explicaba, para luego retirarse con Snape a la enfermería, con la promesa de volver y de que tendrían ese día libre de clases.
Había llegado allí sintiendo que le carcomían las entrañas, le costaba respirar, el dolor era insoportable, apenas podía ver a causa de las lágrimas que se derramaban inconscientemente mientras caminaba desesperada por hallarlo, recorrió la planta baja buscando a Draco, ignorando el desastre en que se había convertido la estancia, desesperada por encontrarlo, como si él la llamara, necesitaba verlo vivo, como si solo eso pudiera remediar esa sensación de caos que se libraba en su interior.
– ¡Draco! ¡Draco!- gritaba entre llantos, al ver a todos lados y no encontrarlo, subió las escaleras, escuchando agudos aullidos de un lobo, que con la dificultad que su raciocinio aletargado le presentaba, identificó como Kenina, llegó allí y en efecto, el animal estaba en el lugar, junto a una puerta, se veían las luces apagadas y la habitación iluminada a medias por los rayos de sol que se filtraban a través de las sobrias cortinas, vislumbrando a medias lo que había allí, incluyendo los restos de los cadáveres de los pobres elfos que habían tratado de proteger a su señora.
–Draco…- susurró, sintiendo que el mundo se le iba abajo al hallarlo sentado junto a su madre, de espaldas a la puerta, acariciando los cabellos bicolores de la aristocrática mujer, Narcissa lucía ensangrentada y con las ropas hechas girones y la piel tan pálida como un cadáver, observó al otro lado, una cama idéntica a la primera, Andrómeda tendida en las mismas condiciones, pero era Theo quien imitaba las acciones del rubio, con Luna junto a él, prendida de su brazo y sentada a su lado, las lágrimas comenzaron a brotar con más facilidad y su cuerpo empezó a temblar, su piel se erizada, sentía que estaba congelándose.
Draco se percató de su presencia de una manera que no supo como nombrar, solo pudo darse cuenta de que ella estaba ahí por aquella extraña sensación de cosquilleo arañando su columna, se puso de pie, se dio vuelta despacio y caminó hasta ella, sus ojos lucían todavía como zafiros envueltos en enredaderas celeste grisáceas y platinadas, la piel era más pálida que de costumbre, sus labios estaban casi amoratados de tanto morderlos para reprimir el llanto y sus ojos rojos de aguantar el escozor de las lágrimas que hacían fuerza por acumularse y ser liberadas, en su boca las marcas de dientes dibujaban surcos profundos y bien definidos la había mordido repetidamente para impedirse llorar, gritar o gemir de angustia, le miró con ojos vacíos, como si le hubieran sacado el alma con el beso de un dementor, se escuchó de nuevo el tormentoso llanto de una Banshee, ambos se giraron a la ventana para observar hacia el exterior, el rubio frunció el ceño sintiendo su garganta arder y casi desgarrarse con el grito ahogado que se negaba a liberar.
–No…- balbuceó Hermione en un hilo de voz que el rubio apenas escuchó, Theo y Luna aparecieron junto a ellos dudosos de cómo proceder.
–Eso…- observó los zafiros de Draco, ignorando a los otros presentes, él asintió sin mirarla, sin saber realmente quién de las dos moriría –Pero ambas… Son Black…- él alzó el rostro para verla, mientras el Slytherin castaño y la Ravenclaw observaban con espanto en la misma dirección.
Por la ventana se veía una silueta acercarse dando tumbos hacia la casa, el rubio se dirigió al medio de ambas camas, se acercó primero a la de su tía, tomando su mano y besándola condescendientemente, con toda la delicadeza y firmeza de la que fue capaz, luego besando su frente, en un acto de despedida simbólico entre los sangre-puras, hizo lo mismo con su madre, a quien besó largamente en la coronilla de la cabeza, para quedarse junto a ella.
El cuerpo cadavérico y verdoso se vió entrar por el gran balcón, de nuevo, arrastrándose como un 'inferi' hasta conseguir colocarse de pie, ignoró a los otros tres jóvenes y con una bola de cristal que encerraba un narciso entre las huesudas manos, se acercó a él, sollozando lágrimas que poco a poco se hacían rojas como la sangre, gritando, gimiendo, lamentándose.
El Slytherin inhaló profundo y dejó salir todo el aire de una vez, se irguió esperando el toque de la criatura, mientras observaba la flor que comenzaba a marchitarse, indicándole quién acababa de dar su último aliento de vida, se dejó tocar en la coronilla de la cabeza, tal y como sabía que sucedería de ser su madre la fallecida, los ojos rojos se fijaron en los del joven Malfoy, este se dejó caer arrodillado sosteniéndole la mirada, así mismo se sentó sobre sus pantorrillas, respirando pesada y entrecortadamente, Hermione pudo sentir su dolor, uno muy hondo, voraz, que amenazaba con tragársela de un bocado, cayó también de rodillas y con las manos en el pecho, pero mirando al pálido muchacho, como pudo se movió hasta él, gateando hasta llegar a su lado como toda necesidad, lo movió hasta acomodarlo en su regazo, con la cabeza sobre su pecho, las vistas de la Banshee y el chico se separaron, la criatura pareció enojarse, gritó en furia, pero se detuvo, al notar en su aura, la marca de una de sus hermanas, hizo e amago de una tétrica y macabra sonrisa que solo era realzada por el bamboleo de su larga cabellera blanca, le tocó el hombro, proclamándola parte de su familia, la miró atentamente unos segundos más y desapareció de allí a través del balcón.
Su respiración estaba agitada y entrecortada, mordía su labio para no gritar, sentía que iba a volverse loco del dolor, se separó de la Gryffindor y la observó con los ojos completamente de celeste grisáceo, con el único brillo en sus ojos del de sus lágrimas al estar por derramarse, se puso de pie y caminó fuera de la habitación sin decir nada, Kenina lo siguió aullando quedamente de forma dolorosa y lastimera, Hermione lo observó con la vista empañada, sin comprender por qué se sentía así, Theodore pareció reaccionar y casi corriendo se acercó a ella, rodeándola con sus fuertes brazos, observando a Luna que ya no lucía sonriente, sino más bien ausente y pálida, la rubia salió de la habitación también, en busca del príncipe de Slytherin.
–Hermione… Háblame por favor…- ella se abrazó a sí misma y él la apretó contra su cuerpo, estaba helada.
–Theodore ¿Por qué me siento así?- preguntó alzando la vista para poder observarlo con sus ojos almendra abnegados en lágrimas que se derramaban desenfrenadamente sobre sus mejillas, una vocecilla racional le decía que aquello no era su culpa, que había algo que la hacía sentirse desolada, que esos sentimientos no podían ser suyos porque no había razón suficiente para que lo fueran.
–Esa Banshee… Te tocó… Así como también tocó a Draco…- dijo suavemente, no era que le tuviera gran aprecio, o que la conociera demasiado, pero sabía que era muy fuerte, y verla totalmente deshecha le había dado un golpe bajo a su resistencia emocional, suspiró aliviado al ver que al menos no había perdido el juicio.
–En este momento… Estás sintiendo lo que él siente, sé que no lo parece, pero él se niega a mostrarlo… Por eso no le viste tan afectado, él no dejaría que alguien lo viera así, entonces elige guardar su dolor en su interior, sin expresarlo…- musitó en voz baja, por temor a alterarla.
– ¿Se siente desolado entonces…?- Nott asintió un tanto dudoso, se sentía extraño hablando sobre el mundo sentimental escondido dentro de su mejor amigo.
– ¿Siente que está muriendo desde dentro, así como yo lo siento ahora?- preguntó con voz quebrantada, el castaño asintió de nuevo sintiendo como si tratara con una niña pequeña y no con una leona heroína de guerra, Hermione se echó a llorar sin reparos, abrazando fuertemente al chico, buscando calor, minutos más tarde Luna volvió junto con Draco.
– ¿Ves?- murmuró la rubia suavemente al Slytherin –Es por esto que insistí en que me dijeras qué pasaba si una Banshee te tocaba y tocaba a otra persona también… Pensé que lo que había leído eran cosas de cuento y creo que me equivoqué- agregó, el rubio observó a la Gryffindor, llorando desconsoladamente, entre gimoteos y gritos ahogados, se acercó a su amigo, la apartó de él y con cuidado la alzó en brazos.
–Theo…- el castaño lo miró –Estaré en el estudio… Cuida de Luna y lleven a mi tía a mi habitación, Luna por favor, llama a algún medimago, arreglaré todo para el entierro de mi madre…- ordenó con voz apagada, funesta, como si en su pecho no hubiera corazón alguno, salió de allí con la muchacha cargada y abrazada a su cuello, llorando, gimiendo quedamente y temblando visiblemente, humedeciendo su camisa, pareciendo dos pedazos de una misma alma, bajó con cuidado las escaleras, al pie de estas su mascota los esperaba con las orejas caídas y sentada en una pose de abatimiento que le hacía ver desvalida, los tres se dirigieron al estudio, se sentó acomodando a la chica sobre sus piernas, recostándola sobre sí mismo, trató de alcanzar el tintero y la pluma, pero tenía que inclinarse para ello, movió el asiento hacia el frente, acercándose más.
–Sujétate bien…- susurró, se inclinó y alcanzó pluma, pergaminos y tintero, escribió rápidamente una carta, dirigida al Ministro Kingsley y luego otras a una serie de personas más, para solventar los detalles del sepelio de Narcissa, quería que ella fuera enterrada junto a su padre, uno al lado del otro y en la misma ceremonia, con la esperanza de que estos se reencontraran del otro lado de la muerte, terminó, las colocó todas en el pico de su lechuza y la dejó salir con un movimiento de su varita para dedicar su atención a la castaña.
–Granger… ¿La Banshee realmente te tocó?- preguntó con voz ronca, tratando de no ser tan duro, por alguna razón sentía que necesitaba tenerla a su lado, ella solo asintió sin separarse de él –Pero, eso no tiene sentido, ella pudo simplemente haberse marchado o incluso tratado de matarte, eso es lo que ellas hacen- murmuró más para sí que para ella.
–A menos… ¿La Banshee que vimos en la torre de astronomía, llegó a tocarte ayer?- la castaña volvió a asentir, sin dejar de esconder el rostro en el cuello del chico, que se sentía más calmado ahora que la tenía así de cerca, aparentemente la castaña compartía aquel sentimiento.
–Malfoy…- susurró, se detuvo al escuchar algo parecido a un gruñido que salía del fondo de la garganta del chico.
–Draco…- el rubio la atrajo más hacia su cuerpo, reclinándose sobre el gran sillón, ella abrazó el cuello masculino con más fuerza.
– ¿Realmente estoy sintiendo lo que tú sientes?- quería negarlo y decir que alguien como él no sentía esas cosas, separarse de ella y fingir que esa conexión era mentira, que su presencia no le hacía sentir indescriptiblemente en paz a pesar del dolor, pero no podía, le era imposible tratar de mentirle en aquel momento, así que asintió aunque ella no podía verlo.
–Lo siento…- susurró, dejando escapar otra tanda de lágrimas, estremeciéndolo.
–Luna… ¿Estoy siendo un mal amigo al dejarlo solo?- cuestionó Theodore con un dejo de tristeza en su voz, ella sonrió con dulzura.
–Estás siendo muy bueno y no está solo, está con alguien que puede entender exactamente lo que él siente, así que ella puede ayudarlo mucho… Que le des su espacio en estos momentos no te hace un mal amigo, Theodore Nott…- agregó mirando al vacío, como en medio de una ensoñación.
–Gracias…- fue lo único que pudo decirle, no tenía más palabras, con pulso tembloroso, se armó de valor y tomó la delicada mano de la Ravenclaw, que lo miró sonrojada, le dedicó una sonrisa embobada y triste, ella también lo hizo, así permanecieron largo rato, sin hablar, entendiéndose en silencio.
Al entierro solo asistían personas cercanas a ambas familias, sus ojos finalmente habían vuelto a ser grises acerados, Draco había tenido que convencer al Ministro para que le prestara aurores que a demás de solo vigilarlo, impidieran pasar a cualquier reportero, luego de que este, por cumplir con el deber se presentara en su casa, encontrando a un Dolohov inconsciente, muy malherido y amarrado, había visto el último hechizo realizado con la varita del exmortífago, un 'sectumsempra', eso concordaba con la versión del rubio, la cual había sido corroborada por Snape, Astoria, Theodore y Luna y luego demostrada a través del encantamiento 'Legeremance', aplicado a Severus, quien tuvo que resistir el impulso de utilizar su habilidad en oclumancia que ya era casi natural en él.
Luna cargaba a Ted y lo distraía con sus pendientes de rábanos, Andrómeda se apoyaba en el hombro del nuevo señor Malfoy tratando de que nadie notara que estaba llorando, solo Harry había decidido ir para mantenerse al pendiente de Hermione y para brindar apoyo a la mujer, a quien se lo debía, pero se sentía incómodo al ver a su amiga tan cerca del rubio, tomando su brazo y escondiendo su rostro en él, llorando como si fuera su madre quien había muerto en lugar de la de Draco, todavía no asimilaba la historia que McGonagall le había contado, no entendía cómo las cosas habían cambiado tanto en solo un momento.
El regreso a Hogwarts había sido silencioso, Astoria había recibido a Draco y Theodore con un abrazo efusivo que el rubio se había negado a aceptar en principio, Hermione, Luna y Harry habían sido recibidos por Ginny, Ron y Neville, que no pudieron verse más preocupados con tan solo ver a su amiga de Gryffindor con ojos rojos, hinchados, la nariz congestionada, el cabello desordenado, sin brillo en la mirada y sobre todo, abrigada con la gabardina negra de Malfoy, que en un momento fue hasta su lado, para devolverle la túnica del uniforme.
Los ceños fruncidos de los amigos de la castaña poco le importaron al momento de sujetarla para que no se fuera de espaldas, cuando inconscientemente dio un paso en falso hacia atrás al sentirse repentinamente mareada y a punto de desmayarse, se separó de ella con cuidado, para que no fuera a apoyarse mal y lastimarse, no era buen momento para pelear con nadie, Snape lo hizo ir a su despacho, donde esforzándose por mantenerse lúcido, habló con su padrino de lo ocurrido con la anunciadora de la muerte que había marcado a la chica Granger, no sabía describir qué clase de lazo los uniría, pero según su padrino, debería cuidarla y ella a él, pues su conexión emocional sería solo temporal, pero sus vidas se habían unificado cuando la Banshee de los Black cerró el círculo de unión, no necesitaban llevarse bien, solo protegerse hasta que la recién adoptada por las criaturas mágicas se casara y consumara su matrimonio, en ese momento podría dejar de velar por ella; aunque algo le decía que a pesar del tiempo, seguiría haciéndolo sin necesidad de que esa maldición estuviera presente en él, porque de alguna manera, tenerla cerca se sentía bien y ya no había prejuicio que lo retuviera.
Salazar se apiadara de él y le ayudara a no meterse en más problemas, ya no podía cargar con los que tenía, no podría ni con uno de más.
