Hello! xD Aquí traigo la continuación de esta historia :) Solo ruego porque sean pacientes y lean, sé que usualmente sería mejor una historia más corta, pero esta se llevará su tiempo, porque hay unos cuantos detalles en los que profundizar, sin embargo, he aquí el nuevo cap, que espero les guste.

Si tienen sugerencias, tomatazos o lo que sea, bienvenidos sean :P

Disclaimer: Todo lo conocido del mundo Potteriano pertenece a J.K. Rowling.

Ahora sí ¡A leer!


Chapter 12: De primeros indicios y otras cosas.

Hermione se había preocupado y entristecido al ver a la pequeña pelirroja llorar de aquella manera, no había podido hacer más que dejarla desahogarse en el campo de Quidditch, del que acababan de salir el resto de los integrantes del equipo de los leones, dejándolas solas, la menor era orgullosa, no lloraba fácilmente, era también muy alegre, no permitía que nada le hiciera perder el temple, había aguantado pacientemente y se había desbocado en amargos sollozos callados al ver que hasta su hermano había salido del campo, solo su mejor amiga había estado allí, pero finalmente la había convencido de que volar le sentaba mejor.

Quería aprovechar que sus enemigos naturales, los leones, habían terminado su entrenamiento, ya ni siquiera jugaba aunque todavía seguía amando el deporte, pues con eso se evitaba el soportar a aquellos mediocres que hablaban a sus espaldas, siendo hipócritas con él; llevaba su escoba en mano, iba sin protecciones, pues las había abandonado al salirse de su equipo, no porque no tuviera unas propias, sino porque justamente, siendo suyas, las usaría solo cuando quisiese y en ese momento no lo deseaba, alzó vuelo desde antes de llegar a pisar el césped del estadio, pudo observar como algo se le acercaba velozmente, iba directo a él, tuvo que esquivarlo en una maniobra apresurada, y al voltear atrás, vislumbró a Ginevra, volando desenfrenadamente por los aires, se mantuvo suspendido observándola, ella trataba de pararse sobre su barredora, cuando casi chocó con una de las estructuras de los bancos, supo que algo andaba mal, en un giro muy cerrado esquivó el graderío, pero esas eran piruetas casi suicidas, había perdido el equilibrio, instintivamente voló lo más rápido que su Saeta le permitió, descendiendo, hasta quedar solo a dos metros y medio del suelo, atrapándola entre sus brazos en vilo, aunque parte del peso lo había llevado a quedar a un metro de la superficie, la chica estaba agitada, asustada, no entendía bien lo que había pasado, observó con ojos hinchados al Slytherin, Hermione había corrido en su dirección, el rubio la bajaba para ponerla de pie a su lado.

– ¡Ginny!- gritó despavorida – ¿Estás bien?- cuestionó, casi al borde del llanto, casi se había infartado al verla caer así, dio gracias a Morgana porque el rubio hubiera aparecido de la nada misma, la pelirroja se lanzó a sus brazos, abrazándola desesperada, ella la envolvió con sus brazos de forma consoladora, sonriéndole maternalmente, acariciando su cabello –Todo está bien Ginny… Estás a salvo…- le susurró.

–No seas tan patética rojita- musitó poniendo pies en tierra –Mejor vete a volar de nuevo en lugar de llorar, ¿No que eres una leona? Pensé que ustedes los Gryffindors eran más valientes y fuertes y toda esa pijotada… -agregó, hiriente y cortante, Hermione lo miró con el ceño fruncido, furiosa, Ginny volteó a verlo con esa misma expresión.

– ¡Y tú que sabes!- le gritó, "¿Acaso te han roto en pedazos? Como si realmente alguna vez te hubieras preocupado por alguien más" pensó, el rubio sonrió de lado, sardónico y con un brillo irónico que asomaba por sus ojos.

–Sé más de lo que crees- mintió, era un inexperto en temas de amor –Pero te diré algo, ya podrás odiarme más por eso luego- hizo una pequeña pausa para ordenar bien sus palabras.

–En lugar de estar tras Potter, deberías demostrarle que eres una mujer que sabe hacerse valer, no esperes que ningún hombre te tome en serio si estás siempre como perrito faldero persiguiéndolo- dijo indiferente, abandonando su sonrisa.

–Está acostumbrado a que seas su amiga y estés allí para sacarlo de aprietos, pero no te ve de otra forma porque tú misma estropeas cualquier oportunidad, ¿Quieres que te note? Haz que lo haga, muéstrale lo independiente que eres, hazle saber que no lo necesitas, que solo estás cuando se te antoja y que puede recibir más de ti que solo palabras de apoyo, hazle ver que puedes ofrecerle incluso más de lo que jamás podrá soñar…- se cruzó de brazos, sonriendo, ante la mirada confusa y sorprendida de las Gryffindors.

– Pero obviamente no en este momento, lógicamente debes mejorar tu estado de ánimo primero ¿Por qué no retomas el vuelo, pero más tranquilo? Ya sabes, sin prisas- propuso encogiéndose de hombros, sin dar verdadera importancia a aquello, después de todo lo hacía solo porque, definitivamente, Potter debía ser idiota para no darse cuenta, quería ver cuánto tiempo pasaba antes de percatarse de los sentimientos de la hermanita de la comadreja, quería demostrar qué tan lento era el cara-rajada, la pelirroja asintió.

–Tú también Granger, ¿O piensas dejar sola a tu amiga?- incitó un retador Draco que sonreía sardónico.

–Odio volar- espetó.

–Te da miedo, que es diferente- le miró retador y burlón –Por eso no quieres hacerlo y mientes diciendo que lo odias- sonrió de lado al ver la expresión severa y furibunda de la muchacha, rió divertido –Te da tanto miedo que incluso rechazaste volar con Weasley y él terminó por montar con Brown en su escoba- agregó con voz profunda, medio ronca.

– ¿Estabas espiándolos acaso?- preguntó una escandalizada Ginny que le sonrió con malicia, olvidando por un momento su tristeza, el Slytherin le devolvió una mirada consternada, con una ceja alzada y repentina cara de asco.

– ¿Acaso estás idiota mini-comadreja?- inquirió –Ese día, yo estaba volando aquí en el campo y tal y como tú hiciste, también Weasel vino a interrumpirme, incluso tuve que descender para no tener que escucharlos, hablaban tan alto que era imposible ignorarlos y los habría tirado de no haber sido porque no llevaba mi varita conmigo- argumentó con tono indignado.

–Claro… Ginny, finjamos que le creemos para no lastimar su pequeño ego de hurón- sonrió altiva la mayor de las leonas, el Slytherin sonrió con malicia, un brillo que asemejaba la ira se hizo en sus ojos.

–Al menos yo puedo volar cuando quiera sin que me de una crisis nerviosa- espetó con voz llena de sorna y reproche.

– ¿Recuerdas el incidente del expreso de Hogwarts? Estaba agotado, pero lo recuerdo bien, también esa noche rechazaste volar con la comadreja, incluso preferiste ir sobre el lomo de Kenina y estar en mi presencia, pensé que tu odio hacia mí en ese momento era más fuerte que tu miedo, pero ni eso- se acercó un paso a ella inconscientemente, la ambarina lo miraba con ojos muy abiertos y fuego en sus orbes, las pupilas dilatadas, el ceño fruncido, los hombros tensos, quería gritarle, pero se estaba conteniendo, Ginevra los observaba con una ceja alzada, sintiendo que había muchas cosas de las que se había perdido.

– ¿Ves? Ni siquiera puedes contestar a eso porque sabes que lo que digo es cierto- se rió oscuramente – ¿Y bien?- incitó, la leona dio un paso, acortando la distancia entre ambos, se miraban con orgullo en la mirada y con sabor a reto en la boca, la chica pareció gruñir por un momento y eso a Draco le pareció… Interesante.

–No tengo miedo Malfoy- pronunció con semblante tenso –Toma tu estúpida escoba, yo volaré con Ginny…- espetó, para dirigirse al lado de su amiga, él la detuvo.

–Granger…- le llamó – ¿Eres tan estúpida como para volar con alguien en su estado? Es obvio que si lo haces tienes más probabilidades de tener un accidente, casi cae de su escoba y eso que iba sola, imagínate si vas con ella… Y no quiero imaginar qué me haría McGonagall si se entera de que te pasó algo por algún momento de idiotez tuyo, recuerda que gracias a las Banshees estoy en la obligación de cuidarte así no quiera… Tú vas conmigo- comentó elegantemente.

– ¡Oye no me trates como si estuviera loca! ¡Una cosa es mi estado de ánimo y otra que no pueda volar!- le gritó la menor de los Weasley.

–No he dicho que estés loca, pero si eso piensas de ti no voy a cuestionarlo- le sonrió sarcástico y luego volvió a su tono indiferente –Además… Ya casi te caes una vez, la idea de volar cerca es para que no haya riesgos de que te lastimes si vuelves a caer, admítelo, si vuelas en ese estado, se te nubla la mente y dejas de pensar, si eso pasa teniéndola contigo es probable que lo repitas y ambas se lastimen…- la menor bufó derrotada, se cruzó de brazos, él hizo lo mismo, pero sonriendo con la victoria adornando su rostro.

– Hola…- murmuró Hermione –Sigo aquí… No necesito que decidas por mí- dijo duramente al rubio y se giró hacia su amiga –Estaré bien contigo, vamos ¿Sí?- le dio una pequeña sonrisa, la chica negó, seriamente.

–No…- suspiró –El hurón tiene razón, no es bueno volar en la misma escoba que una jugadora de Quidditch que trata de despejarse la mente, entiendo perfectamente su punto, además, no es necesario que lo hagas…- la ex-castaña frunció el ceño.

–Voy a hacerlo de todas formas, no voy a dejar que un idiota se burle de mí… Y sigo pensando que estaré mejor contigo- suspiró resignada.

Se había acomodado junto con Draco en la escoba del chico, con ambas piernas hacia el lado izquierdo de la madera, Ginny se había adelantado, primero con un despegue suave, luego elevándose y finalmente, las ideas parecían haber colapsado en su mente porque aumentó drásticamente la velocidad, saliendo disparada, ella se inclinó para tomar la escoba, sintiendo como su peso quedaba recargado en esta a medida que iban despegando los pies del suelo, el rubio la observaba con aire de superioridad y eso solo la irritaba más, ganaban altura conforme pasaban los segundos, hacía todo lo posible por no temblar, visiblemente nerviosa, quería gritarle y pedirle que la bajara, en un momento vió como el rostro del Slytherin se tensó en una mueca decidida, su corazón dio un vuelco al observar sus facciones endurecidas, un mal presentimiento la embargó.

–Sujétate Granger- le ordenó, el vuelo se hizo más rápido, trató de resistir la tentación de mirar hacia abajo, pero no pudo, en cuanto lo hizo se horrorizó y soltó la escoba, llevando sus manos al rostro, con un pequeño gritillo de desesperación, él la sujetó contra su cuerpo rápidamente, con su brazo surdo.

– ¡Oye! ¡No hagas cosas como esas, estúpida! ¿Quieres morir o qué?- le gritó mientras su vista se mecía entre la chica y el camino, donde podía observar a la pelirroja más adelante, inconscientemente la ambarina se abrazó a él, buscando algo de qué sujetarse para no caer, enrollando sus brazos alrededor del torso masculino, por debajo de la túnica del Slytherin, el rubio dejó de sujetarla, pasando su mano izquierda a la escoba y la derecha al bolsillo de su túnica para extraer su varita.

No podía evitar derramar lágrimas densas que se escurrían por sus mejillas sin refreno alguno, casi no podía ver, iba directo a uno de los graderíos, solo veía una mancha azul en frente.

– ¡Weasley, detente ahora!- le gritó Draco – '¡Aresto momentum!'- exclamó, haciendo que el tiempo que influía sobre la pelirroja menor perdiera rapidez en su paso, la chica reaccionó y giró desesperadamente, sintiéndose incapaz de detenerse, casi cayendo por el giro tan brusco de su cuerpo con la escoba como eje, pocos metros más adelante por fin pudo dejar de volar tan descontroladamente, manteniéndose en el aire suspendida.

–'Finite incantatem'- murmuró apuntándole para que el tiempo volviera a su propio caudal, Hermione se abrazaba a él con fuerza, pero buscaba mirar sobre su hombro y con expresión de espanto a su amiga, decidió acercarse y comenzar a descender junto con la menor de las leonas para que la chica dejara de retorcer su cuello como un búho, estando al lado de la Weasley, la ambarina casi había llorado por el susto tan grande que se había llevado.

– ¿Estás loca Ginevra Weasley?- inquirió en un grito – ¡Vas a matarme de un infarto al miocardio como sigas así!- le gritó de nuevo con voz trémula, la menor de las Gryffindors la observó fijamente, con la mirada medio empañada, ella todavía se sujetaba con su brazo izquierdo del rubio, pero había liberado el derecho para mover su mano frenéticamente a forma de reproche mientras le apuntaba acusadoramente.

– ¿Un qué?- preguntó Draco, sin sentirse realmente familiarizado con la expresión de la ambarina –Granger, mejor deja hablar en términos muggles…- le dijo con simpleza –Ya, está bien, no pasa- se detuvo al notar como Ron aparecía frente a ellos.

No sabía con exactitud qué sucedía, lo único que sí sabía, aunque no lo entendía, era que Malfoy había evitado que Ginny tuviera un aparatoso accidente que pudo incluso haber sido fatal, su atención estaba dividida entre su alarma por el bienestar de la pelirroja y el sentimiento de haber sido traicionado, que lo invadía al ver a Hermione en el aire, volando con el estúpido hurón que no hacía más que joderle la existencia.

– ¿Estás bien Ginny? ¿Qué fue lo que pasó?- preguntó agitado, decidiendo ignorar momentáneamente al Slytherin y a su amiga Gryffindor, la menor de los Weasley limpió sus lágrimas con la manga de su túnica – ¿Por qué lloras?- volvió a preguntar, ella hipó tratando de respirar con normalidad, hasta que pudo asentar mejor el oxígeno en los pulmones.

–Nada Ronald…- su voz todavía se escuchaba quebradiza –No tiene importancia…- murmuró agachando el rostro, con semblante entristecido, el Gryffindor se enojó a sobre manera.

– ¡Como me dices que no es importante si casi te matas Ginevra!- le gritó soltando la rabia en la que se había transfigurado su preocupación, Hermione frunció el ceño.

–Ronald Weasley, ya es suficiente- exclamó –Por Godric, ella no está bien y tú solo lo empeoras- dijo alzándole la voz con dureza, enojada, ¿Cómo era posible que fuera tan idiota e insensible?

–Si no puedes consolarla, mejor déjala tranquila y cuando esté mejor, que te cuente si quiere…- trató de agregar en un tono que no fue realmente conciliador, pero si había sido más suave que el anterior, Ginny solo decidió descender al verse rápidamente desplazada a un segundo plano, por culpa de una discusión en que ninguno de los dos llevaba realmente las de ganar, sintiéndose sola.

Draco recordaba las innumerables ocasiones en que se había visto inmiscuido en discusiones absurdas por parte de sus padres, en aquellos momentos siempre había deseado tener a alguien que lo sacara de allí, que lo ayudara, pero nunca hubo nadie, incluso en ese momento, no había nadie, porque ni siquiera sus padres estaban para discutir con él, la nostalgia le golpeó duro por primera vez desde el entierro de sus progenitores, había estado ignorando esa sensación, tratando de impedir que el dolor le nublara la razón, decidió descender también, inmiscuido en sus pensamientos, el suave golpe de algo cálido contra su pecho lo devolvió a la realidad, permitiéndole encontrarse con una Hermione que se abrazaba a él con fuerza y le reclamaba cosas con el ceño fruncido.

– ¡Responde Malfoy!- le escuchó reclamarle, bufó fastidiado, todavía siendo un poco torturado por su momento de debilidad.

– Cállate Granger…- musitó de mala gana –Pensé que tu amiga te importaba más- Ron iba tras ellos, volaban bastante rápido, ya estaba desesperado por alejarse de la situación a penas pisara tierra, finalmente lo hacían, la ambarina bajó de un pequeño salto, que había resultado lucirle con gracia, como si hubiera sido un sacrilegio que no hubiera alguien que la recibiera al pisar el suelo, cual si ella fuera una figura gloriosamente importante, parpadeó tres veces seguidas para deshacerse de la idea, era absurdo, bajó de la escoba y fue a guardarla, regresó para sentarse en una de las gradas de Hufflepuff, al lado de cierta pelirroja que luchaba por contener las lágrimas, Ron y Hermione todavía discutían, pero parecían ya no estar por matarse a causa del incidente con la bruja más joven, sino por alguna otra cosa, solo Morgana sabía qué, se acomodó con pose relajada, pero con su permanente porte elegante, sus piernas cruzadas, pareciendo más bien el dueño del lugar.

–Son sinceramente idiotas…- dijo al aire, esperando que la chica notara su presencia, así había sido –Pensé que eran lo suficientemente listos al menos para saber qué era lo más importante de resolver…- agregó sin mirarla, solo observando a los dos Gryffindors discutir y moverse con frenetismo gritándose mutuamente, sacó un pañuelo color hueso del bolsillo de su pantalón.

–Tú no eres muy diferente cuando te enojas, hurón…- le murmuró y tomó el trozo de seda que el chico le tendía, observando a su amiga y a su hermano –No eres precisamente muy paciente, tampoco muy cortés que digamos… Y nos odiamos además…- musitó mientras se secaba las lágrimas, permitiéndose disfrutar del aroma impregnado en la prenda, aunque fuera de Draco, le resultaba un perfume hipnotizante, el rubio sonrió de medio lado todavía sin observarla.

–Cierto, pero yo diferencio cuando está bien reclamar de esa forma y cuando no, a demás, mis amigos saben que cuando me salgo de esa forma de mis cabales es porque me han colmado la paciencia sobre algo en lo que llevo absoluta razón- se encogió de hombros y volteó para mirarla – ¿No te lastimaste?- preguntó, ella negó con la cabeza.

– ¿Cómo supiste por qué lloraba?- preguntó repentinamente, agarrándolo desprevenido.

–Fácil, es muy obvio- mintió –Además, cuando venía, escuché a esa chica Ravenclaw que salió del colegio un año antes que nosotros hablar con otras más sobre lo genial que era que Potter la invitara a salir, es interesante que ahora hagan cursos de especialidades para los egresados…- terminó con tono pedante.

–No puede ser…- murmuró con tono de hastío –Ahora hasta los hurones se enteran de mis desgracias…- agregó, con un tono que delataba la ironía y el cierto sentido de broma que ello implicaba, el rubio rodó los ojos.

–Pensé que estábamos superando la fase de llamarme hurón, rojita…- le dijo, sonriendo de medio lado, con toque sarcástico.

–Pensé que estábamos superando eso de que me llames rojita y mini-comadreja…- contraatacó en el mismo tono, sonriendo burlona.

–Y mini-Weasley… Que no se te olvide…- espetó con sonrisa lobuna al ver el ceño fruncido de la menor.

– ¡Oye!- gritó mientras le pegaba en un brazo, sin ánimos de lastimarlo –Eso no es necesario recordármelo- exclamó, cruzándose de brazos y armando un ligero mohín, Draco se preguntó si de haber tenido hermanos, alguna vez, las cosas con ellos habrían sido así, la respuesta fue cruel, no, habrían sido diferentes, demasiado, y posiblemente se habrían odiado entre ellos hasta el punto de querer matarse al tener una buena oportunidad.

– ¿Mejor?- ella asintió –Bien, porque creo que ya debemos ir a por esos dos- agregó, ambos fueron al lado de los otros Gryffindors.

– ¡Ya déjate de sandeces Ronald!- le gritó Hermione – ¡Ese no es tu problema! ¡Ya había dejado claro que no le contaría a nadie y eso te incluye a ti también!- volvió a gritar.

– ¡Solo quiero saber qué rayos se supone que pasó contigo!- el pelirrojo gritó en respuesta, enrojecido de furia hasta las oreja.

–¡Primero estabas bien, luego comenzaste a portarte extraña desde las vacaciones, empezaste a desaparecerte y a guardar secretos, después simplemente me entero que también le cuidas pertenencias a un bastardo mortífago que solo ha sabido hacernos daño, sobre todo a ti, y ahora parece que confías más en él que en mí!- continuó exclamando, Ginny observó a su hermano con impresión, no era demasiado extraño verlo tan enojado, pero ello no quería decir que no fuera de muy mal gusto, miró a Draco, que permanecía con rostro tenso y expresión estoica, el rubio estaba ya harto de las etiquetas que se le habían atado al cuello por obedecer los ideales de su padre voluntariamente y luego en contra de su voluntad, suspiró frustrado al sentir que de alguna manera se lo merecía.

–De hecho, exmortífago, comadreja- respondió fríamente –Y no es que ella confíe realmente en mí, solo han sido las circunstancias… Pero tú no podrías entender algo así- continuó, obligándose a sonreír con sorna, aparentando estar bien.

–Eso es un imposible, después de todo, parece que eres lo bastante estúpido como para ignorar los hechos en vez de analizarlos con algo de lógica- el pelirrojo se abalanzó sobre él en un intento de golpearlo, pero lo esquivó y le dio un golpe en el estómago que le sacó el aire.

–No planeo pelear contigo, así que toma eso como una advertencia- espetó, mientras observaba como ambas leonas miraban asustadas al chico arrodillado en el suelo, tratado de ayudarlo a levantarse, bufó mientras colocaba los ojos en blanco y se cruzó de brazos –Luego de que termines de atender a la comadreja, hay algunas cosas que debemos hablar, Granger…- la aludida le clavó sus orbes dorados con furia en la mirada.

–Dime ahora lo que debas decirme y lárgate Malfoy- espetó secamente, el Slytherin frunció el ceño.

–Bien, como quieras, solo iba a decirte que con eso de la investigación, encontré que el proceso puede tardar al menos dos años en completarse, pero que la conexión emocional solo dura unos días porque luego, el cuerpo se acostumbra y ya no es perceptible aunque sigue existiendo, deberías tener un círculo en tu muñeca izquierda, mitad de un color y mitad de otro, eso representa las características físicas de la persona a la que se supone que le 'perteneces', una parte debería mostrar el color de cabello y la otra el de sus ojos, por ser los rasgos físicos con los que se identifica a un linaje, además, se dice que el toque de una segunda Banshee, le da a esa criatura la potestad de ver con quién deberás pasar el resto de tu vida, haciendo inevitable esa unión… Lo demás me lo reservo, no es de tu incumbencia- espetó, secamente y con mirada crudamente helada, se dio vuelta con intenciones de irse y metió sus manos en los bolsillos.

– Hurón, espera- la menor de las leonas se le acercó –Solo… Solo está molesta, dale un rato y verás como mejora su humor… Gracias por no haberle seguido la corriente a mi hermano, ambos habrían terminado mal de haberlo hecho… No fue la mejor forma, pero… Ya sabes, es mejor que nada…- terminó diciendo, con un ligero rubor en las mejillas y el ceño medio fruncido, tratando de ocultar que estaba apenada, Draco le sonrió de lado, así que era más fácil para él ver a una Gryffindor y una Ravenclaw como hermanas pequeñas que a cualquier Slytherin, vaya idiota estaba resultando ser al traicionar así a su casa, porque de por sí Astoria había ganado su aprecio y su confianza luego de mucho tiempo, al igual que Theodore, en cambio llegaban esas chicas y todo parecía ser extremadamente natural, eso le irritaba, pero no podía desquitarse con la pequeña Weasley, no lo merecía, se dio vuelta para encararla.

–Es su problema si está enojada o no…- le dijo, sabiendo que Hermione lo escuchaba –Por otro lado, mejor amarra a tu hermano, créeme que fuiste muy acertada al decir que no soy paciente- se encogió de hombros –Y si vuelve a portarse como un troll en mi presencia, no será solo un puñetazo suave en el estómago…- ensanchó su sonrisa dándole a entender que le hablaba sin enojo, giró sobre sus propios pies, dio unos pasos y alguien se echó sobre él, abrazándolo del cuello.

– ¡Draco!- gritó, para luego robarle un beso, él la tomó de la cintura, los presentes pensaron que profundizaría el contacto entre sus labios de forma descarada frente a ellos, pero la apartó.

– ¿Maribel?- ella le sonrió ampliamente.

–Oh, Draco, te extrañé…- lo abrazó de nuevo –Mis padres quieren comprometerme con un chico de Durmstrang por culpa de esos idiotas del Ministerio, incluso ya he tenido que firmar la lista, pero les he convencido de traerme para verte… Les he hecho entender que quiero 'pasar tiempo con mi amigo' antes de verme con una sortija en el dedo, siendo la señora de alguien…- dijo, bajando las manos por el pecho del chico.

– ¿Tú, comprometida?- alzó una ceja -¿Y esperas que pase tiempo de 'calidad' contigo sabiendo eso preciosa?- inquirió, enfatizando y haciendo comillas con los dedos en la palabra 'calidad', se separó un poco de ella.

–Lo siento nena, pero soy un hombre posesivo y no comparto lo que es mío con nadie, así que por eso respeto lo de los demás…- se encogió de hombros, tomó los brazos de la chica y la apartó de nuevo, observando como a espaldas de la azabache, los padres de esta, los señores Nightingale llegaban al campo de Quidditch.

–Lo siento, pero no puedo complacerte preciosa- llevó su atención a los padres de la chica.

–Señor y señora Nightingale- les sonrió con finura, mientras Hermione, a diferencia de sus dos amigos, hacía un enorme esfuerzo por no perder la compostura, con la repentina sensación de querer matar a la desconocida por estar cerca del rubio, como si su leona interna le advirtiera que estaban tratando de robarle a su presa, el pelirrojo se fue sin decir nada.

–Por favor, acompáñenme, estoy seguro de que a mi padrino también le agradará verlos, podremos tomar el té allí si gustan- ofreció.

–Por supuesto querido, será un placer…- la señora Nightingale habló primero, mostrándose petulante, mientras su esposo parecía analizar a los Gryffindors a espaldas de Draco.

–Será mejor charlar en un sitio más… Privado…- agregó la mujer con desdén, el hombre mayor asintió dando razón a su esposa, el rubio sonrió ampliamente y con elegancia, llevándose a la familia consigo, mientras la recién llegada iba del brazo de Draco, la ambarina todavía había observado otro poco de cómo iban caminando hasta el castillo.

Ron había salido del campo sin siquiera dirigirle la palabra a su hermana o a la ambarina, estaba molesto con la primera por haberse rebajado a agradecer al sucio hurón que le golpeara y con la segunda por aceptarle al muy idiota algo que había rechazado hacer con él ¿Qué rayos se estaba creyendo esa sucia serpiente? ¿Qué era lo que estaba pasando? Todos parecían darle la razón ¿Por qué? No conseguía una respuesta, y definitivamente le enfermaba tanto como cuando en segundo año trató de hechizar a Malfoy con un 'traga-babosas' que se le revirtió.

Caminaban rumbo a la biblioteca, debían completar los deberes que Flitwick les había encargado, no podían descuidarse, se sorprendieron bastante al ver a Neville hablando animadamente con Parvati, parecían estarse llevando estupendamente, ambas se miraron con complicidad y se sonrieron, rodeando el pasillo de estantes en que se hallaban, no habían muchos estudiantes, la gran sala de estudio se veía y se sentía vacía, incluso fría, Hermione todavía estaba algo irritada, tanto con Ron como con Draco, le era inevitable.

Y pensar que había hecho un trato tan descabellado con el rubio, quizá solo se le había subido el alcohol de las cervezas de mantequilla a la cabeza y a eso se le había sumado su deslumbramiento inicial de haber sido rescatada por el muchacho, además, dudaba que él lo recordara, pues no había vuelto a mencionarlo, pensar en esa posibilidad le hacía enfurecer, ese estúpido hurón actuaba de nuevo como si solo estuviera cerca de ella por la responsabilidad que le había acarreado lo sucedido en Malfoy's Mannor y por supuesto, en la torre de astronomía, sentía hervir la sangre al verlo tan indiferente, ¿Qué le pasaba a ese chico? Nadie podía simplemente ignorarla cuando ella deseaba lo contrario, se detuvo en seco, entretenida con sus pensamientos, haciendo que Ginny se girara a verla, su expresión se volvió de susto ¿Qué era lo que estaba pasando con ella? ¿Por qué tenía que enervarle que el muy cretino actuara de esa forma? Quizá podía excusarse en aquello que le había comentado el Slytherin sobre el orgullo, pero sabía, para su desgraciada suerte, que debía ser sincera consigo misma, su sangre quizá tenía un poco que ver, tal vez una décima parte, pero el resto, no podía definirlo, y eso de la marca en su muñeca, sabía que la portaba, ya la había notado, pero ¿Pertenecer a alguien? Eso si que no.

– ¿Qué pasa Herms?- preguntó con preocupación la menor al verla así de pálida – ¿Te sientes mal?- la ambarina no podía realmente responder con exactitud, al menos no donde estaban, pero la tomó de la muñeca y la llevó a un pasillo apartado, donde buscó un libro, la arrastró hacia el mostrador de la señora Pince para avisar a la mujer sobre lo que se estaba llevando y finalmente se la llevó consigo al dormitorio, en que no había nadie más, estaba volviéndose loca, ambas se sentaron en la cama de la mayor, encarándose, la menor aplicó un muffliato a la habitación para que nadie escuchara, a juzgar por el rostro de su casi hermana, era algo serio.

– Ginny…- le habló llena de compunción, estaba confundida a niveles exorbitantes – No sé qué es lo que sucede conmigo últimamente… Malfoy dijo que mi temperamento, o bueno, mi orgullo me haría portarme diferente, porque es algo que se lleva en la sangre, y sí, puedo notarlo, pero…- pasó la surda a acariciar el dorso de la diestra, sobando el anillo.

–Me siento extraña, sobre todo desde el viernes, que fue el baile…- agachó el rostro.

–No quería decir nada de esto porque creo que él puede molestarse, pero… Me propuso un trato que yo acepté, todavía no sé por qué lo hice, yo…- la menor de los Weasley tomó sus manos entre las suyas.

–Hermione, respira- le murmuró con suavidad –Sea lo que sea, puedes contármelo, no creo que sea tan malo, si lo fuera, ese hurón habría llegado a su habitación en una caja que contuviera sus miembros, desde la misma noche del baile…- le sonrió, la ambarina hizo lo mismo.

–Bien…- suspiró resignada a contarle una pequeña parte de la ajetreada noche –Verás… Mientras fuimos a bailar, me propuso que…- se mordió el labio y luego bufó irritada por no poder dejar salir todo de una buena vez.

– Me propuso que si no hallaba con quien emparentarme antes del plazo, me comprometiera con él…- soltó de sopetón, dejando a su mejor amiga en un profundo shock, pasó su mano por frente del rostro de la chica – ¿Ginny…?- trató de llamarla, la aludida sacudió su cabeza y masajeó sus sienes.

– A ver si entendí- dijo todavía masajeando y viéndola con el ceño fruncido.

–Malfoy… El hurón más egocéntrico de todo el mundo mágico, te propuso ser su pareja si no encontrabas a alguien más antes del tiempo que indica el Ministerio… ¡¿Y tú aceptaste?!- terminó por cuestionar en un chillido que le había pegado en los tímpanos a la ex-castaña.

– Sí, exactamente eso- exclamó –No sé qué fue lo que me pasó, no pensé claramente, seguro las cervezas de mantequilla y lo de Zabini- se detuvo en seco, sin terminar la oración, llevó la mano diestra a su boca hecha un puño para cubrirla, mientras miraba a su compañera con ojos muy abiertos.

– ¿Zabini?- cuestionó – ¿Qué tiene que ver ese tipo en esto?- la blanca piel de Hermione empalideció hasta hacerse casi transparente –Mione, por favor, dime, no le diré a nadie, lo sabes- casi suplicó, ella suspiró.

–Cuando salí a caminar, el muy imbécil me atacó, quería propasarse conmigo y Draco…- comenzó a explicar obviando la pelea entre ambos Slytherins, su color retornó y sus mejillas se tiñeron furiosamente.

–Malfoy fue quien me salvó de ese pervertido… Por eso entramos juntos, dijo que me cuidaría al menos el resto de la noche, entonces, luego de tomar unos tragos y charlar un rato, fuimos a la pista de baile y mientras bailábamos… Me propuso aquel trato… Pero es que… Estábamos realmente divirtiéndonos, o al menos yo sí… En principio pensé que jugaba conmigo, le reclamé que estaba haciéndolo solo por ser ahora una sangre-pura aunque ahora dudo eso por el tiempo que lleva la purificación total de la sangre mestiza y que en mi caso solo durará un par de meses más por las pociones que me dio Madame Pomfrey, pero… A pesar de ello acepté y todo continuó tan bien que pensé que me trataría al menos un poco diferente, ya sabes, para tratar de asegurarse de que lo elija si se dan las circunstancias…- bufó casi histérica.

–No puedo creer que casi me ignorara, me trató peor de lo que venía haciéndolo, últimamente incluso había comenzado a pensar que estaba cambiando- Ginevra solo la veía con expresión dudosa, escuchándola atenta –Pero me trató como si no importara, como si fuera una chica cualquiera y no a la que recién le pidió casarse con él la noche anterior- continuaba exclamando –¡Ese idiota se atreve a ignorar incluso lo que me pidió a penas ayer!- chilló, Ginny puso una mano frente a su cara, con rostro tenso.

–Hermione, eres mi amiga y te quiero, pero sabes que soy franca diciendo las cosas, así que lo diré sin rodeos, estás actuando tan tontamente, que estás portándote como una de esas serpientes malcriadas que por usar faldas cortas se creen bonitas…- suspiró y continuó antes que la aludida respondiera.

–Actuó simplemente siendo como es, incluso, aunque me cueste admitir esto, hizo lo que tenía que hacer en cuanto a Ron, se defendió y le dio un golpe que lo dejó en el suelo, negándose a pelear con él y sinceramente… Creo que eso fue lo mejor y según vi, no te ignoró… Quizá lo que pasa es que tú quieres que él te preste más atención de la que ya te da…- insinuó.

– ¿De qué lado estás?- preguntó frunciendo el ceño, Ginny bufó.

–Del lado correcto Hermione- espetó en un chillido que demostraba que se sentía ofendida por la pregunta –No puedes esperar que te de la razón ante todo, no cuando mi deber como tu amiga es decirte las cosas cara a cara… Tú siempre eres la voz de la razón para mí, me toca ahora serlo para ti, y mira que me cuesta todavía tratar de forma decente a esa serpiente y lo que tenga que ver con él…- llevó las manos a su regazo.

–Hermione… Cuando sucedió eso, sea lo que sea, allá en casa del hurón, algo pasó con esas cosas que siguen gente, tú estuviste allí por horas y luego pasó lo del sauce boxeador y fue él quien te rescató y te cuidó toda la noche, la misma Pomfrey me lo dijo y tú también nos lo contaste; cuando estábamos allí para visitarte y comenzaste a retorcerte de dolor… Ninguno de nosotros podíamos acercarnos, no nos dejabas, pero él lo hizo y tú lo rechazaste solo en principio porque luego parecías no poder separare de su lado… Nos preocupamos muchísimo, pero viéndote mejor, viendo que él mismo te había dado algo que contuviera ese dolor que estaba causándote la purificación de tu sangre… Me di cuenta de que realmente está buscando lo mejor para ti, no creo que se haya dado por enterado, creo que lo hace sin quererlo y aunque tú no desees verlo, te gusta que haga esas cosas por ti, durante esos días en que pasaste tiempo con él, te gustó tanto como te trató, que ahora de alguna manera sientes que eso te hace falta… No nos engañemos, es un idiota, pedante, orgulloso, un Malfoy al fin y al cabo, pero es el estúpido que ha estado cuidando de ti, sea cual sea el motivo y comienzo a creer que estás apegándote a él de forma sentimental… Dime Hermione ¿Te gusta Draco Malfoy?- inquirió para cerrar.

– ¡No!- chilló –No…- repitió más tranquila –Solo… Creo que no es justo que me trate así- bufó al mismo tiempo que ponía los ojos en blanco– Además besó a esa chica que Godric sabrá de dónde salió, lo que me hace pensar: Si me casara con él, quizá sería así todo el tiempo y no estoy dispuesta a soportar eso- exclamó, estrujando el pañuelo que acostumbraba cargar, sin saber cuando había llegado a sus manos.

–Hermione, lamento decírtelo, pero… Creo que te gusta… Y que estás celosa…- le dijo, sonriéndole burlonamente – ¡A mi amiga le gusta el hurón Malfoy!- canturreó, poniéndose de pie y echándose a correr por toda la habitación mientras la mayor la perseguía con intenciones de hacerle algún daño físico, ella solo se burlaba mientras corría, continuando por unos minutos más, hasta que ambas se cansaron.

–Te gusta…- dijo agitadamente.

–No… No puede… Eso no puede ser…- respondió con la respiración descontrolada, se calmó y suspiró derrotada –Esto no puede estar pasando… No me gusta Draco Malfoy… Solo me acostumbré muy rápido a sus atenciones, es todo…- culminó, recuperando otra parte del aliento.

–Lo que tú digas Hermione…- respondió Ginny, para tomar su varita del bolsillo de su túnica y pronunciar un 'finite incantatem', acabando con la privacidad extra que la magia les proporcionaba –Pero será mejor que ordenes tus ideas antes que termines por cometer algún error- agregó, para tomar sus cosas y dirigirse a las duchas de las chicas.

Estaba de nuevo en la torre de astronomía, quería aprovechar el tiempo antes de la hora de la cena, no podía perderlo en soportar las sandeces de la ahora pelirroja, las imágenes mentales de las diversas peleas que había tenido con sus padres le llegaban a la mente y se iban para dejar espacio a otras peores, todas, como si una cinta rodara en su cabeza, iban golpeándolo poco a poco, las discusiones de sus padres en que no era tomado en cuenta, las duras críticas de Lucius que nunca demostró haber sentido algún tipo de orgullo sincero por su hijo, los momentos en que su padre se encargaba de hacerle entender que los mestizos eran solo sangre-sucias inútiles e inferiores, ver como Narcissa nunca hacía nada al respecto, las decisiones que en lo poco que llevaba de vida, había tenido que tomar, las duras sesiones de reflexión consigo mismo, su consciencia acusándolo constantemente, lo débil que había sido, lo que pudo haber hecho, lo que pudo no haber sido, las cosas que tuvo que aceptar creer, las que había dejado a un lado, lo bien que había aprendido que la sangre de los puros y los hijos de muggles era exactamente igual, los charcos rojos que se expandían por el suelo durante la guerra, el terror de verse envuelto en algo así, el temor de no alcanzar un mañana, el dolor de ver todo perdido dentro de su futuro, el vacío constante que le carcomía desde dentro, dejándolo como un cascarón vacío, la decisión que había forjado dentro de su ser de no dejar que su futura descendencia sufriera lo mismo, la idea de que la libertad se había esfumado de su vista desde el mismo momento en que había sido encantado con el 'morsmordre'; saber tantas cosas, poder ver tantos detalles que no fue capaz de vislumbrar antes, arrepentirse hasta la última de sus fibras, retorcerse en ganas de retroceder el tiempo y evitar todos aquellos errores, pero, sabía bien que no podía, debía ser realista, ahora debía vivir con la constante de sus pesadillas, esas en que podía verse a sí mismo en medio de una guerra de la que se sentía culpable, esos momentos en que había visto cómo Hermione había sufrido por Bellatrix, aunque ella no lo viera, la desesperación que se apoderó de él cuando Voldemort quiso acabar con su vida por haber fallado en su misión de liquidar a Dumbledore, y es que nada, nada de lo que pudiera hacer, podría remediar las cosas.

Se había resignado a tratar de aprovechar esa supuesta libertad que el Ministerio le había otorgado, estaba consciente de que una de sus razones de querer continuar con su vida era solo el hecho de que no quería acabar con el único buen regalo, que para gozo o desfortunio, había recibido de su madre. Su adorada madre, su muy amada Narcissa, cómo había incluso alcanzado a odiarla alguna vez por dejar que su padre lo metiera en todo aquello y como la había amado de nuevo casi inmediatamente, era su único ser amado, pero ya no estaba, ni siquiera su padre vivía, estaba solo, solo y sin nada más que sus negocios familiares, viviendo una vida que estaba comprometida a alguien que aun no había llegado a él, no sabía qué sucedería después, no tenía idea de que hacer -suspiró para luego recordar la propuesta que le había hecho a Granger- ¿Realmente tan perdido estaba que no podía ni siquiera ser más sensible para que la chica lo eligiera porque le pareciera buena idea y no solo un buen negocio? No, no podía, porque nunca había aprendido a serlo, jamás había aprendido a querer a alguien de aquella forma, pues se suponía que tarde o temprano sus padres le comprometerían con alguna sangre-pura, como parte de algún intercambio, así que no tenía otra forma de ver las cosas, y además, lo peor era que aunque pudiera convencerla con detalles y gestos, no serviría de nada, ella tarde o temprano se uniría a alguien más, a ese a quien 'pertenecía' por naturaleza.

La imagen de Hermione no salía de su mente, ¿Se habría equivocado al argumentar su proposición? No, sabía que lo había hecho bien, conciso y objetivo, ¿Entonces por qué sentía que querían quitarle algo suyo cada vez que veía que otros la miraban? No entendía, sí, le había propuesto algo bastante descabellado, pero no había nada seguro, así que ¿Porqué se tomaba aquello tan apecho? -Pasó una mano por su cabello, mientras veía al horizonte, contemplando el cuarto creciente de luna, en un cielo sin estrellas- Ni siquiera podía pensar claramente, se sentía triste, frío y vacío, enteramente perdido en la asfixiante oscuridad que lo consumía, el dolor y las pesadillas, sus únicos compañeros constantes, las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana.

La imagen del maltrecho cuerpo de su madre, postrado sobre una cama lo sacudió sin que pudiera evitarlo, su pecho se contrajo con fuerza, sentía que sus órganos se le descomponían desde dentro, la sensación de malestar lo agarró de un segundo a otro, su garganta dolió y sus ojos escocieron, un conjunto de lágrimas fluyeron por sus mejillas, corriéndose despacio, mientras llevaba las manos a los costados de su cabeza y terminaba por halarse casi con salvajismo el cabello, ya no podía más, sus fuerzas se estaban acabando y no sabía cómo renovarlas, necesitaba gritar, llorar, golpear algo, se secó con la manga de su túnica, se paró apoyándose de la pared, bajó sin ningún cuidado de la torre y llegó a su habitación, en la que deshizo el hechizo 'cripsis' que lo envolvía, haciéndose visible de nuevo.

Había subido para ir a reclamarle lo ocurrido en la tarde con Ron y tratar de, quizá, sacarle alguna que otra información sobre la chica que lo había besado, pues todavía sentía como si su leona interna tratara de defender su territorio, o presa, o lo que fuera que significara aquello que apretaba su pecho y presionaba sus sienes, pero toda la rabia que había acumulado para gritarle sin piedad de verse en la necesidad de ello, se había esfumado en cuanto lo había visto tirando con fiereza de su cabello, y todavía peor, sintió que algo se rompió desde dentro y que su corazón se encogió en su pecho, justo en el momento que lo vió ceder al llanto, corto, amargo y cruel, quiso entrar y abrazarlo, pero se sintió aterrada ante la idea de sentir aquella necesidad, no podía hacerlo, él era Draco Malfoy, el chico más orgulloso y pedante del mundo, el cual había madurado mucho, aunque fingiera que no, y ese era el problema, se acababa de dar cuenta, tenía miedo de que el Slytherin nunca la dejara acercarse, entonces notó como con esfuerzo el cuerpo masculino se erguía, salió corriendo de allí y al estar de nuevo en los pasillos caminó actuando tranquila hasta llegar al gran comedor, donde Ginevra la esperaba.

– ¿Y?- preguntó Ginny con una ceja alzada -¿Cómo te fue en tu charla con el hurón, huroncita?- preguntó al oído de la ex-castaña, ella se escandalizó, primero porque se diera cuenta de a quién había ido a buscar, y segundo, por el apodo, sus mejillas enrojecieron y no pudo contenerlo, estaba tan roja como su cabello, frunció el ceño, llena de indignación y vergüenza.

–No ha pasado nada, porque no he hablado con él, ni siquiera le he visto- mintió descaradamente, hablándole también al oído –Y jamás vuelvas a llamarme así- culminó, para proceder a ignorarla y obligarse a cenar, fingiéndose en paz.

Godric la ayudara a no terminar de volverse loca.

Llegó feliz a la habitación, sonriendo como si le hubieran lanzado un 'ridiculus', pero su expresión demudó al notar como Draco golpeaba salvajemente una de las paredes de su habitación, dejando manchas de sangre con cada puñetazo, casi había tenido que abalanzarse sobre él para detenerlo, habían forcejeado por varios minutos, hasta que el rubio finalmente cedió y se agachó escondiendo el rostro entre sus maltratadas manos, el castaño sacó su varita y las curó rápidamente con un hechizo sanador que había aprendido a hacer para ayudar a sanar a su padre cuando era un mortífago, ambos se sentaron en el suelo, en silencio, sin decir nada, pero entendiendo todo, Nott salió de la habitación sin decir palabra alguna y volvió diez minutos luego con Astoria a su lado, hallándolo en la misma posición en que lo había dejado, la rubia se echó sobre él y lo abrazó efusivamente sin que el Slytherin correspondiera al abrazo, lo hizo levantarse y le ayudó a acomodarse en su cama, donde se sentó con él y lo recostó sobre su regazo, acariciando su cabello hasta hacerlo quedar dormido.

–Sabes que jamás nos hablará de lo mal que está- le murmuró suavemente Theo acercándose a la cama para hablar con Astoria, la aludida suspiró.

–Lo sé- susurró –Pero creo saber a quién sí…- agregó en el mismo tono de voz, el castaño alzó una ceja con expresión inquisidora –Estoy segura de que si hacemos que Granger y Draco dejen fluir la conexión que los une, le daremos a nuestro amigo a una confidente con quien desahogarse- explicó.

–Pero ellos ya no pueden percibirse mutuamente- respondió casi de inmediato.

–No, pero esa conexión sigue allí, solo que de forma intrínseca- sonrió astuta –Ellos no necesitan percibirse, necesitan entenderse, entonces el encantamiento de Fátum hará el resto- ensanchó su sonrisa.

–Pero ellos no están emparejados… Es magia muy antigua y puede salírsete de las manos Astoria, ten cuidado con lo que sea que quieras hacer- le advirtió.

–No pasará nada porque nosotros no les obligaremos a nada, solo les aconsejaremos para que puedan tratarse de forma pacífica y que así se propicie un ambiente más armónico entre ellos, además no estamos buscando que ellos se hagan pareja, solo que se lleven bien- explicó.

– ¿Entonces cumplirás con el legendario rol de fata sibyllina que se le ha otorgado a las mujeres Greengrass desde la antigüedad?- inquirió irónico.

– ¡Oye!- le dio un suave golpe en el brazo –No soy una fata sibyllina, solo una fata…- dijo divertida.

–Bien, hágase tu magia entonces, pero, por lo que más quieras Astoria, si algo comienza a salir mal, deja que sea el tiempo quien lo solucione y no te metas más de lo debido- la rubia asintió.

–Bien, entonces iré a las cocinas, alguien debe guardar algo de comida para cuando este pequeño tirano despierte- sonrió de lado.

–Trae un chocolate para mí- Theo puso los ojos en blanco y se fue de allí, la rubia miró a su amigo recostado sobre su regazo –Ojalá esto sea lo correcto, Draco…- vió hacia el techo con expresión angustiada.

–Gran Dezthio, concédele a esta fata, por su lealtad a ti, la habilidad de guiar correctamente el corazón de este descendiente tuyo- pidió y volvió a fijar su vista en el rubio con una sonrisa triste –Concédeme la oportunidad de ayudar a mi hermano a hallar a alguien que sane el alma de este dragón dormido…- susurró y dejó que el silencio la embargara mientras velaba el sueño del nuevo señor Malfoy.

Draco no había ido a cenar, tampoco Theodore, ni Astoria, los Slytherins trataban de actuar con naturalidad, pero comenzaban a sentir el vacio en el orden de su casa, y comenzaba a reinar la anarquía, que pegaba de lleno en los más chicos por ser los más débiles, no querían seguir siendo clasistas, deseaban recuperar el prestigio de las serpientes, junto con el poder que este implicaba, pero les faltaba un líder, uno que los guiara y los mantuviera alejados de sus propios actos impulsivos, el apellido Malfoy continuaba paladeándose entre sus bocas, la idea de su cambio, del dominio nato que ejercía sobre ellos y su nuevo acercamiento a los leones, sus cualidades como mago, como sangre-pura por mucho que lo odiaran, todo, indicaba que aunque detestaran admitirlo, ese pedante chico rubio hijo de mortífagos seguiría siendo su líder mientras estudiara en Hogwarts.