Hello! Aquí les traigo un nuevo cap de esta historia que espero les guste, como dije antes, ténganle paciencia, las cosas van a avanzar lentamente porque este fic va a ser extenso, para el que guste de historias largas :p

Esperaré sus reviews al final! :D Recuerden que eso es lo que me permite saber si les gustan o no los giros que le voy dando!

Disclaimer: Todo lo reconocible del mundo Potteriano es propiedad de la fantabulosa J.K Rowling!

Ahora sí ¡A leer!

Chapter 13: Secuestro.

Ahí estaba ella, con sus pesadillas recurrentes, con las imágenes de los horribles momentos que había vivido en la mansión Malfoy, de como había sido torturada; el dolor en su sueño era algo tan real, las punzadas que creaban horrendas marcas que se ensangrentaban y fijaban una palabra que había sido borrada, el cómo había escapado de aquel lugar con sus amigos, todo, siempre era igual, pero como le venía pasando últimamente, soñaba también que al escapar, alguien la esperaba, de espaldas y cuando se veía obligada a volar, a pesar de su aversión a ello, este hombre desconocido la sujetaba y la llevaba sana y salva, mientras sus amigos desaparecían, entonces, cuando finalmente llegaban a Hogwarts, se daba cuenta de que había estado volando sobre un dragón de escamas de un dorado muy pálido y para cuando bajaba del lomo de la bestia, la guerra estaba encendida en el lugar, mientras su brazo no paraba de sangrar y aun continuaba marcado, pero el hombre, fuere quien fuere, se acercaba a ella, tomaba su brazo y con su mano borraba todo rastro de esas heridas que la marcaban como Sangre-sucia.

Despertó agitada, entre chillidos y gritos ahogados que se hacían angustiosos, como todas las noches, sabiendo que las cortinas alrededor de su cama no podían sofocar el sonido y que seguramente el 'muffliato' se habría encargado de hacerlo, todavía no podía creer que todas las noches tuviera que utilizar uno para no despertar a nadie, era ridículo, pero debía hacerlo, estaba perfectamente consciente de que estaría despierta al menos una hora antes de conciliar de nuevo el sueño, siempre era así desde que había acabado todo, siempre despertaba agitada en mitad de la madrugada, asustada, observó su mano derecha, el metal dorado pálido relucía en su mano a pesar de estar a oscuras, sabía que ello no era normal, pues se suponía que no debía poder ver nada, buscó su varita bajo a almohada.

– 'Lumos'- pronunció en un hilo de voz ininteligible.

La pequeña luz brillaba sobre el anillo, dándole un toque surrealista, parecía sacado de un cuento, se le fue a la mente el momento en que Draco le hizo ponérselo, él mismo lo había hecho sin su permiso, bajo la mirada indiscreta de todos los pocos presentes en aquel momento, sin prestar atención a nadie más que no fuera ella, sintió como sus mejillas se hincharon por la sangre que se agolpaba en ellas ¿Por qué era que habían sucedido tantas cosas?, ¿Por qué no habían podido simplemente odiarse como siempre?, ¿Cómo es que habían terminado en una situación que les obligaba a permanecer unidos aunque no quisieran?, ¿Qué tanto había cambiado él?, ¿Ese cambio sería bueno o malo? No sabía, no sabía nada y eso lo odiaba, detestaba no tener las respuestas, lo odiaba con locura, lo odiaba a él, a Draco, no, eso era mentira, aunque no le gustara debía reconocer que ya no lo odiaba, también debía reconocer que de hecho, las circunstancias la habían obligado a confiar en él y que había terminado por desaparecer todo ese resentimiento en ella, tomó el pañuelo de tejido escocés que el rubio le había dado, recordó que había tratado de devolvérselo y que, muy a su manera, según lo que le había dicho Theodore, se lo había obsequiado, desde aquella vez, por más que lo había lavado, el aroma del perfume nunca se fue, así que se rindió al suponer que estaba encantado, se había decidido a simplemente romper el hechizo, pero se arrepintió antes de hacerlo y lo dejó así como estaba, y ahora más bien lo tenía en sus manos, junto con su varita, lo observaba concentrada en recordar las cosas que habían sucedido desde que había comenzado el año escolar, llevó la tela a su nariz.

–'Nox'- pronunció ahogadamente el contrahechizo, mientras escondía el rostro en el pañuelo, guardó de nuevo la varita bajo la almohada y se recostó de lado, sobre el costado derecho, recordó aquella noche en la torre de astronomía, en que había terminado acurrucada entre las piernas de Malfoy.

Todavía se preguntaba por qué el muy idiota la había acomodado de esa forma contra su pecho, recordó también como la había acomodado en su pecho por segunda vez en Malfoy's Mannor, preguntándose cómo había sido tan inconsciente como para ir a aquel lugar en el que hacía poco había sido torturada, la sensación de desesperación que se había apoderado de ella, lo mucho que había llorado aquel día, ¿Realmente aquel odioso, pedante, insensible, frío y malvado Slytherin podía sentir eso? Lo dudaba, quería no creer que fuera posible, pero sabía que ella solo había estado sintiendo lo que él en su estado más puro, llevaba escondido en su pecho, pues incluso luego de regresar al castillo, sentía el vacío y el dolor que cegaba con oscuridad rotunda parte de su propio corazón, recordó la calidez que se había acumulado en su pecho en cuanto él la tuvo entre sus brazos sobre aquel gran sillón, la tranquilidad y la paz que llevaba ya mucho tiempo sin sentir, esa que por aquellas horas había podido conseguir a su lado.

El aroma oscuro de su perfume la cautivaba sin darse cuenta, lo último que pudo recordar antes de salir de su ensoñación fue la escena de Draco siendo besado por aquella pelinegra del Colegio Beauxbuton, frunció el ceño con los ojos entrecerrados.

–Estúpida ilusa…- susurró –Como si fuera a quedarse contigo…- se sorprendió a sí misma diciendo aquello –Dios ¿Qué está pasando conmigo?- ni ella misma se entendía, "¿Te gusta Draco Malfoy?", escuchó la voz de Ginny en su cabeza, bufó somnolienta y fastidiada.

–Sí, claro- murmuró con sarcasmo –Como si eso pudiera pasar…- bostezó y finalmente cedió ante el cansancio, se quedó dormida con el rostro pegado al pañuelo, aspirando el olor del perfume que la hipnotizaba sin saberlo, sintiendo que poco a poco era envuelta por el calor del cuerpo de su original dueño.

Draco estaba sentado en el frío suelo de la torre de astronomía, la luz calaba hasta alcanzar los cabellos rubios, haciéndolos verse brillantes y espectrales, la piel más blanca y los ojos oscurecidos, se halaba el cabello con furia, la frustración se le salía por los poros, vió como lágrimas amargas caían por su rostro y sintió ganas de llorar por verlo así, quiso entrar, pero vió que se ponía de pie, pensó en salir de allí antes que él la viera, pero una segunda voz llamó su atención, a los brazos del Slytherin se lanzaba aquella insoportable Nightingale, mientras que el rubio la recibía con rostro dubitante y un tanto sorprendido, la chica lo besó posesivamente envolviendo el cuello masculino con sus brazos, mientras hacía que el joven caminara hacia atrás, estaba a solo pasos de hacerlo caer de la torre y Hermione por mucho que quiso correr no pudo mover sus pies, trató de gritar '!Malfoy, Malfoy detente, Malfoy escúchame!', comenzó a desesperarse, mientras la otra profundizaba aquel beso y él cedía sin reparos, ella seguía llamándolo, pero era inútil, él no la escuchaba, ni la veía, nada, hasta que en un último momento de desquicio se aferró a su último recurso, viendo como solo faltaba un paso para la muerte inminente del muchacho '!Draco, no!' alcanzó a gritarle, lastimando su garganta entre sollozos, el aludido abrió los ojos y se detuvo, ambos voltearon a verla, entonces la ex-castaña por fin pudo moverse, se acercó a él llorando, mientras Draco se precipitó hacia ella, dejando a Maribel a un lado, enojada y a punto de estallar en cólera, la ambarina no supo qué hacer, solo se echó a los brazos masculinos sin importarle nada, con los ojos cerrados, mientras el cuerpo contrario se abrazaba fuertemente a ella, volvió a abrirlos y estaba en el estudio que había sido de Lucius y que ahora seguramente su heredero ocupaba al atender los negocios de su familia, la figura que la abrazaba era la de Zabini, que la miraba con lujuria, de manera lasciva, trató de apartarse, pero no podía, ni siquiera llevaba consigo su varita, la puerta de aquel recinto se abrió estrepitosamente, dejando entrar a un furibundo rubio, el moreno pareció temblar, alejándose de ella, él solo observaba a su compañero de casa, con mirada calculadora, repentinamente, Malfoy estaba apaleando a Blaise, tal y como en el baile de Halloween, hasta dejarlo casi inconsciente, cuando se hubo calmado, se irguió y le dijo al otro Slytherin 'Soy un hombre posesivo y no comparto lo que es mío con nadie', el aludido se desvaneció, los ojos grises se clavaron en los dorados de ella, mientras la miraba con el ceño fruncido, '¿Entendiste?', le inquirió al acercársele, y quiso huir, pero los brazos de Draco la atraparon, se sintió tremendamente tranquila, repentinamente quería quedarse, asintió aceptando aquella afirmación sin saber por qué.

– ¡Hermione!- escuchó la voz de Ginny, se sentó bruscamente con ojos muy abiertos, agitada, pálida y con la frente perlada en sudor, realmente no estaba asustada por el sueño, sino por cómo su amiga la había despertado, se sentía aturdida, su mente todavía estaba en el limbo, concentrándose en las imágenes que se habían propagado hasta invadirle los sentidos, vió su mano de nuevo, el pañuelo seguía allí y se aferraba fuertemente de este, llevó ambas manos a su pecho, sintió distante el aroma de su tormento, miró a su amiga con cansancio y desgano.

–Mione, quizá debas pedirle a McGonagall que te de a beber de la poción para dormir sin sueños… Me estás preocupando, sé que siempre encantas tu espacio con 'muffliatos', pero esta vez se ha roto y menos mal que las demás ya se habían despertado, sino te habrían escuchado gritar el nombre de Malfoy por toda la habitación…- la fastidió con aquello, tomándola con la guardia baja y sonriendo con malicia.

–Ahora incluso sueñas con él…- le echó en cara con diversión en la voz –Huroncita…- agregó, para atajar la almohada que la mayor le había lanzado fuertemente al rostro, rió con ganas.

–Te gusta, admítelo ya…- le dijo tranquilamente.

–No hay nada que admitir… De hecho solo fue una pesadilla…- le respondió cortante –Solo en ellas puede estar presente ese estúpido…- dejó de hablar, no sabía ni como continuar, el recuerdo de ella aceptando las aseveraciones del rubio le hizo estremecerse.

–N-no… Él no es nada…- dijo dubitante, Ginny se aprovechó de ello para lanzarle de vuelta la almohada y pegarle en la cabeza con ella – ¡Hey!- le gritó con ceño fruncido, ella solo le sonrió.

–Algún día tendrás que darte por vencida- le dijo –No es que él sea mago de mi veneración, pero… No es tan malo cuando está contigo, eso dice mucho y… Creo que tú a él también le gustas…- la ex-castaña la miró con ojos muy abiertos y un leve toque de rubor en las mejillas, el ámbar de sus ojos parecía derretirse porque brillaba con fuerza.

– ¿Crees que le guste?- le preguntó sin realmente saber lo que hacía, la menor de las leonas sonrió victoriosa.

– ¡Aja! ¡Lo sabía!- exclamó – ¡Te gusta!- chilló sonriente al sentirse grande por su acierto.

–Me has preguntado si realmente lo creo, ¡Caíste! ¡Admítelo ya, Hermione Jane Granger, te sientes atraída por el odioso Draco Malfoy!- volvió a exclamar con voz un tanto chillona por la emoción, la mayor bufó.

– ¡Está bien!- gritó exasperada –Quizá si me gusta, pero solo un poco…- admitió en voz baja, sonrojada en casi el mismo tono que su cabello, mintiendo para quitarse de encima las insistencias de su amiga ¿Porque era solo por eso, no? ¿Solo eran mentiritas piadosas para que Ginny dejara de molestarla con eso verdad? Sí, eso tenía que ser, aunque estaba comenzando a dudarlo, trató de volver a la realidad, llevando las manos al frene, a ambos costados del rostro, con las palmas hacia su amiga en señal de derrota, la menor observó en la muñeca de su compañera.

–Emm… Mione…- llamó la atención de la aludida, que bajó las manos y ella aprovechó de tomar la surda de su amiga – ¿Te has fijado en esto antes?- le mostró el circulo bicolor que se trazaba perfecto en la muñeca –Creo que es a lo que se refería el hurón ayer, ¿Qué fue lo que dijo sobre eso?- preguntó sin hablar con nadie en específico, Hermione hizo memoria, observó a la Gryffindor, ya sabía que no podría ocultarlo eternamente.

–Dijo que una mitad era el color de cabello y la otra el de ojos, de la persona con la que estoy destinada a pasar mi existencia… Aunque él dijo que era la persona a quien pertenecía, así que asumo que es algo así como el amor de mi vida…- respondió como si estuviera en una clase.

–Pero no me dijo cual mitad representa qué, aunque si coloco mi muñeca así…- dijo al acomodarla hacia ella, con el antebrazo de forma horizontal –Pueden distinguirse…- sintió como el color que había recuperado escapó de su rostro.

–Dos mitades… Supongo que esta es la del color de su cabello y esta la del color de sus ojos- dijo por lo bajo, señalando la mitad superior y la inferior, respectivamente, Ginny la miró estupefacta y con ojos muy abiertos.

–Mione, eso significa…- ambas se miraron incrédulas, sin poder completar la oración, aunque sabían bien qué quería decir la menor de los Weasley, ESO era lo que quería decir, ESO que no podía ni siquiera nombrarse, y ahora, gracias a aquel desafortunado incidente con las Banshees, estaba sellado un futuro inevitable, del cual, por muchas razones, Hermione quería huir, aunque no admitiese que estuviera aterrorizada.

Caminaba rumbo a la biblioteca, debía hacer sus deberes y sabiendo que Harry, Neville, Ginny, Ron y Luna iban con ella, se sentía un poco más cómoda, no quería toparse con cierto rubio que estaba haciendo estragos en su psique y posiblemente en más que solo eso, ambas, Ravenclaw y Gryffindor, estaban a cada uno de sus costados, hablándole para tratar de despejarle la mente, cosa que habrían logrado de no haberse topado con él, el insufrible autor de sus tormentos, una chica aparentemente de tercero estaba frente al Slytherin, que recibía de la menor un sobre del color del jade.

– ¿Qué es esto?- escuchó que inquiría en voz monocorde el chico Malfoy – ¿Por qué me lo das?- insistió, la chica de tercero lucía nerviosa de hablar con el príncipe despojado y aparentemente nuevamente proclamado de su propia casa, los rizos largos hasta la zona baja de su espalda lucían divinamente arreglados para que el ocre arenoso de sus cabellos luciera aun mejor sus facciones pálidas y finas, mientras apretaba sus manos hasta el punto de hacer blancos sus nudillos, la menor clavó sus ojos verdes en los grises de Draco.

–Por favor… Solo léelo…- el rubor de sus mejillas era intenso, su voz sonaba quebradiza, como si estuviera a punto de llorar –Luego échala a la basura, quémala o haz lo que te plazca- el rubio alzó una ceja con semblante estoico, mostrándose indiferente.

–Si lo que quieres es que la lea para luego botarla, no veo entonces su importancia…- dijo con espantosa tranquilidad – ¿No es mejor que me digas lo que debas y me ahorres la molestia de hacerlo?- preguntó con tono de obviedad, la expresión de la Slytherin pasó a ser de susto, él suspiró con cansancio.

–Bien… Lo haré, la leeré, pero no prometo responder a ella- agregó, la menor le sonrió con entusiasmo y brillo ilusionado en la mirada encendida de emoción, dejando ver las sonrosadas mejillas.

– Gracias- balbuceó cortamente, para alzarse en puntillas, al mismo tiempo que se aferraba al cuello del mayor y le daba un casto beso en la mejilla –Gracias- repitió en un susurro, soltándose de él echando a correr para salir de allí.

–Eso es nuevo…- murmuró para sí, sorprendido pero manteniendo el aire de permanente indiferencia, como si realmente nada importara, observó la carta entre sus dedos, tratando de asimilar lo recién ocurrido –Supongo que tendré que leerla, un Malfoy no puede faltar a su palabra…- reflexionó para sí mismo mientras llevaba una de sus manos a la barbilla para rascarla.

–Vaya, así que todavía hay chicas tan inocentes y ciegas, que son capaces de creer tan fuertemente en el amor, que llegan a niveles tan altos de locura como para declarársele a un maldito mortífago…-comentó Ron, de modo casual, con rencor y sorna mezclados en su voz.

–Pobre, la compadezco…- observó al rubio con ceño fruncido, Draco volteó a verlo con la ira brillando en las irises de plata, apretó el sobre con la mano, hasta arrugarlo y lo guardó bruscamente en el bolsillo de la túnica, respiró hondo, no pensaba caer en discusiones estúpidas con el culpable de que la ambarina estuviera enojada con él.

–Ron, ya basta- le reprendió Harry –Ese tipo de cosas no son nuestro problema- agregó volteó a ver al Slytherin.

–No le hagas caso Malfoy- dijo sin realmente saber si sentirlo por las ofensas o no, Hermione observó a Draco sin expresión en el rostro, Luna observaba tranquilamente y con una muy discreta sonrisa, Ginny observaba a la otra pelirroja, tratando de adelantarse a su reacción, pero su amiga solo atinó a apartar la mirada del chico y continuar caminando, ignorándolo por completo, así que las tres se adelantaron y él solo las observó, decidido a saber qué Doxy le había mordido ahora a la mayor de las leonas, Ron y Harry las siguieron, mientras el mayor de los Weasley observaba al rubio con el ceño fruncido.

–Hermione, ¿Estás bien?- preguntó Luna en un susurro, adelantándosele a Ginny.

–Lo estoy- afirmó con sequedad, mintiendo en el proceso, por supuesto que no estaba bien, "¿Es que ahora ese imbécil planea salir con todo Hogwarts y todavía esperar que acepte escogerlo por sobre cualquier otro?", pensó, dándose cuenta de que antes de mentir y decir que el chico le gustaba, no tenía tantos problemas para ignorar esa incomoda y ardiente sensación que iba desde su pecho hasta la boca del estómago, "No debí aceptar su maldita proposición, craso error", pensó de nuevo, olvidando, como era costumbre, que el rubio podía ver en sus pensamientos, aunque para suerte suya, Draco no estaba aplicándose a ello en aquel momento.

–No hay motivos para estar mal…- agregó, callándose al ver que sus amigos se sentaban a la mesa –Iré a buscar los libros que vamos a necesitar- espetó al notar que Draco se acercaba, se alejó sin dar tiempo a nadie de contradecirle.

– Granger- le llamó, observándola mientras se reclinaba sobre uno de los estantes, la aludida volteó a verlo, con el ceño medio fruncido, en un intento inútil de relajarlo para lucir indiferente.

– ¿Todavía estás molesta?- preguntó sin ápice de sentimiento alguno, eso solo la hizo molestarse más ¿Tan poco le valía lo ocurrido en los últimos días en la torre de astronomía, Malfoy's Mannor, Hongmeade? Ególatra mimado y superficial, como lo detestaba, se giró de nuevo, sin intención de responderle.

–Iré a por ella- musitó Ron, poniéndose de pie para sacarla de allí y alejarla del Slytherin que se había internado también en el pasillo.

–Tú te quedas Ronald- replicó Ginevra, atajándolo y obligándolo a sentarse –Si el hurón quiere hablar con ella, que lo haga, sabemos bien que no puede hacerle daño aunque quiera, así que está a salvo- culminó, comenzando a sacar sus cosas, los demás siguieron su ejemplo.

–Draco ha cambiado mucho, no entiendo por qué siguen tan a la defensiva- les soltó Luna repentinamente, los tres Gryffindors le miraron consternados –Sé que no les agrada, pero, ¿Saben? Ahora que él tiene que cuidar a Hermione, es imposible que deje que a ella le pase algo malo, y eso, como amigos de Mione, debemos apreciarlo- agregó con una pequeña sonrisa.

–Lo apreciaría si no fuera Malfoy- espetó Ron con expresión de tener veneno en la boca.

–Ron, Luna tiene razón, nos guste o no, según lo que nos dijeron McGonagall y Snape, no podemos hacer nada, Malfoy debe cuidar de ella, y ella debe mantenerse cerca de él, para ser sincero, creo que la ha cuidado bien, posiblemente, sino fuera por eso, quizá ella no estaría aquí…- le dijo Harry a Ron, tratando de calmarlo y obviando la última conversación que había mantenido con Astoria el día anterior.

–Mejor comencemos con nuestros deberes, así no nos matará por no haber adelantado nada- cambió de tema, la pelirroja y Luna asintieron sin decir mediar palabra, su mejor amigo también aceptó, pero a regañadientes.

Resopló con fuerza, ya había perdido la paciencia, la tomó del brazo y le hizo girar hasta que lo encarara, estaba harto de que ella lo ignorara tan estúpidamente.

–Veme a la cara Granger- le ordenó con el ceño fruncido –Deja de ser tan irritantemente moralista- le espetó, ella se zafó con brusquedad del agarre y lo empujó, alejándolo apenas un paso, pues el tamaño de Draco y su peso le impedían moverlo demasiado.

–Déjame en paz Malfoy- musitó con agresividad "vete a buscar a esa estúpida chica de ayer y deja de joderme la existencia", pensó, los ojos grises se abrieron en sorpresa y entonces el Slytherin sonrió con superioridad, observándola con sorna.

–Ya veo…- murmuró acercándosele de nuevo –Así que es eso, estás celosa- dijo, degustando cada letra, de cada sílaba, de cada palabra, por alguna razón le encantaba ver que ella quisiera reclamarlo como si fuera su territorio, era extraño, raro, jamás lo habría imaginado, usualmente odiaba que lo celaran porque adoraba hacer lo que se le fuera en gana, pero que fuera ella le hacía sentir verdaderamente bien era insólito y exquisito, los ojos de Hermione se abrieron grandemente por un instante y luego se entrecerraron con furia y un ceño fruncido que solo podía ser de indignación.

–No estoy celosa, estúpido narcisista sin cerebro- le dijo rabiosa en un grito ahogado lleno de cólera –Estoy furiosa por lo que la hiciste a Ron, que es diferente, yo no tengo motivos de estar celosa- agregó en el mismo tono, la sonrisa del chico se ensanchó, ambos se acercaron más sin darse cuenta, sus rostros estaban a unos pocos centímetros.

–Granger, Granger, Granger…- murmuró al tiempo que negaba con la cabeza, divertido por el empeño de ella en no aceptar su hipótesis – ¿Olvidas que puedo leer pensamientos y que tú no eres oclumante?- la expresión colérica de la pelirroja se tornó pálida, pero no cambió, ella se resistía a ceder.

–Entonces, el problema es que te molestó que anduviera con Maribel… Pensé que era por el idiota de la comadreja, pero bueno, ya que no es así, aclaremos algo, creo que tienes razón, no debiste aceptar mi proposición y yo no debí hacértela, debí ser más consciente de que en tu muñeca está el símbolo que identifica a quién perteneces, claro que en ese momento no lo sabía, pero ahora es diferente y yo no puedo meterme en el camino de ese otro- tomó la muñeca izquierda de Hermione.

–No deberías esconder el círculo, por el contrario deberías dejarlo a la luz, para que cuando encuentres a ese hombre…- se detuvo apretó la mandíbula, se sentía repentinamente airado de pensar que no era él y que pronto ella se iría con otro, sentía que le ardía de rabia el pecho de pensar que alguien más pudiera tocarla, pero ¿Por qué si solo debía limitarse a cuidarla?

–Para que él te identifique también, porque tú no podrás hacerlo si sus rasgos son muy comunes- terminó diciendo y llevando la muñeca femenina a su boca, para deshacer el nudo de un grueso brazalete que ella portaba y estorbaba la vista de su muñeca, mientras la pelirroja solo lo miraba, allí paralizada, sin poder siquiera decir nada, sintiendo el cálido aliento del Slytherin contra su piel y los labios masculinos rozar casi imperceptiblemente, reaccionó cuando la tira de cuero marrón cedió y estuvo por caer al suelo, retiró su mano con brusquedad pegándole en la cara a Draco.

–Mierda, Granger, ten cuidado- le espetó en tono alto, mirándola enojado y sobándose la nariz, la ambarina resguardó el costado interno de la muñeca con su pecho y le colocó, además, la mano derecha encima.

–Lo siento- balbuceó.

– Mione- exclamó Ron, desde el otro extremo del estrecho pasillo abarrotado de libros cuidadosamente acomodados en los estantes, observó como Draco sobaba su nariz y ambos lo miraban, frunció el ceño y se acercó en rápidas zancadas –Maldito -le espetó con furia y le alejó la mano de la cara para estamparle un puñetazo, que le partió la nariz, el rubio cayó al suelo.

– ¿Ron qué haces? ¡Basta!- le gritó Hermione, los gritos se escucharon hasta la mesa en que estaban sus amigos y estos aparecieron casi de inmediato, mientras el pelirrojo se le echaba encima al Slytherin, que aturdido por el golpe, recibió otro y luego un tercero, la mayor de las leonas trató de parar aquello, sin recordar siquiera que podía usar su varita y se echó sobre Ron para tratar de halarlo, pero él, tratando de librarse del agarre de ella, le pegó un codazo que la echó en el suelo, el rubio lo había visto, aturdido y adolorido como estaba, entonces se olvidó de su dolor y sintió la sangre hervir, ante los ojos atónitos de los presentes, giró para quedar sobre el chico Weasley y lo tomó del cuello de a camisa, haciendo que se pusiera en pie junto con él, gruñendo guturalmente, desde el fondo de su garganta, lo empujó hasta un estante, del que cayeron algunos libros, el sonido alertó a Madame Pince.

–Acabas de golpearla, maldito infeliz- le dio un puñetazo tan fuerte sobre la sien, que lo noqueó sin reparo, sintiéndose tentado a golpearlo de nuevo, pero pudo observar por su periferia, como Hermione se ponía de pie con ayuda de Ginny y Luna y soltó a un inconsciente Ron, que fue atajado torpemente por Harry y Neville, se acercó a ella y observó la enrojecida piel y una pequeña herida en la comisura de los labios, frunció el ceño.

–Ese maldito animal…- murmuró con voz ronca y más profunda de lo habitual, cargado de ira, la pelirroja mayor se llevó una mano a la boca, tocando en la herida y mostrando una mueca de dolor por ello, cosa que le hizo preocuparse más y sentirse repentinamente alarmado, tomó la mano femenina se la apartó del rostro, acarició con suavidad alrededor de la zona golpeada.

– ¿Estás bien?- preguntó con voz aterciopelada, ronca y sedosa, sin dejar que ese sentimiento alcanzara sus facciones, ella solo asintió, se escuchó un carraspeo enojado, todos voltearon en dirección hacia el gran pasillo central, la señora Pince estaba allí parada, con las manos sobre las caderas.

–Señores Potter y Longbottom, lleven al señor Weasley a la enfermería y alcáncennos en la oficina de la profesora McGonagall- ordenó, el chico azabache atinó a asentir y acomodar el brazo de su amigo sobre sus hombros para cargar con el pesado cuerpo y trasladarlo hacia el lugar indicado con ayuda de Neville, los demás siguieron a la mujer en silencio.

McGonagall miraba a Draco con ojos cargados de reproche y enojo, Ginny estaba casi en las mismas, enfrentándose al rostro duro e imponente de la animaga, Hermione permanecía al fondo, pues el rubio no le había permitido paso, como si con eso intentase ocultarla para que no se viera involucrada, lo que resultaba imposible, pues básicamente ella era el motivo de la pelea.

–Profesora Pince- habló Minerva – Explíqueme algo, ¿Por qué lo trajo a mi oficina antes de llevarlo con Madame Pomfrey?- inquirió, refiriéndose a Draco, la aludida la observó dubitante, pero finalmente se aclaró la garganta dispuesta a satisfacer su curiosidad.

–Lo he hecho porque, cuando llegue, no fueron solo dos chicos peleando lo que encontré, sino a un joven inconsciente y a la señorita Granger golpeada- Minerva abrió los ojos en sorpresa y miró con profundo enojo al Slytherin, conteniéndose.

–Entonces decidí que sería mejor curarle la nariz fracturada y que usted misma los viera, aunque no pude hacer que el señor Potter nos acompañara inmediatamente, tampoco el señor Longbottom, pues fueron a llevar al joven Weasley a la enfermería- respondió en postura solemne.

–Bien, profesora- respondió tratando de mantener la calma –Ahora que están aquí- dijo observando como Harry y Neville entraban –Déjeme a solas con ellos, por favor, quiero tener una conversación con estos alumnos- Pince asintió y se retiró, McGonagall los observó con el ceño fruncido, las arrugas resultaban más notorias en su rostro con aquella expresión.

–Señorita Granger, salga de donde está- la ex-castaña se encogió en hombros, nerviosa, y se aferró a la túnica de Draco, tomó aire y salió de su 'refugio', resignada a lo que se le avecinaba, mientras los demás, a excepción del rubio, parecían contener la respiración, al tiempo que él observaba cada uno de los movimientos de Hermione.

–A-aquí estoy- le encaró dubitante, agachando el rostro apenada y sin poder sostenerle la mirada, la animaga observó parte de la mejilla hinchada de su estudiante predilecta, también pudo ver la pequeña herida en la comisura de sus labios, comenzaba a amoratarse alrededor de la zona, alzó una ceja sin decir nada al respecto cuando vió como el joven Malfoy colocaba una mano sobre el hombro de Hermione para reconfortarla, se aclaró la garganta para llamar la atención de los dos estudiantes de mejor promedio de su curso.

–Señorita Granger- le llamó –Míreme a la cara y dígame: ¿Qué fue lo que sucedió?- la aludida alzó el rosto tratando de mostrarse serena, respirando entrecortadamente, pero sintió que lograba recuperar un poco de compostura al percibir como la mano de Draco en su hombro la aferraba firmemente, inconscientemente colocó la suya sobre la masculina, en un intento de tranquilizarse y frunció el ceño tratando de pensar en cómo explicar la situación, el rubio no mencionaba palabra alguna al respecto.

–Profesora- le llamó con voz aun medio débil –Lo que pasó… Bueno… Fue que estábamos en la biblioteca y fui a por unos libros a uno de los pasillos, me encontré con Malfoy- se abrazó a sí misma.

–Y estábamos discutiendo y le grité, luego de eso le di un manotazo y le pegué en la cara sin querer y Ron apareció allí, supongo que pensó que él trataba de hacerme daño y por eso lo había golpeado, entonces… Se le abalanzó encima, comenzó a golpearlo y traté de separarlos, Harry, Luna, Neville y Ginny llegaron en ese momento y entre el forcejeo, él me golpeó y Malfoy logró levantarse, le dio un puñetazo en la sien y lo noqueó- espetó cada vez más rápido, hasta terminar, sin aliento, de contar el relato, sus amigos no decían nada.

Draco se le acercó otro poco y retiró la mano de su hombro, para colocarse a su lado, la leona discretamente fue moviéndose hacia él y asiéndose con su mano izquierda de la manga derecha de la túnica del Slytherin, quedando un poco detrás suyo, no entendía qué era ese remolino de sensaciones, eran confusas, pero le agradaban, y el Slytherin se entendía todavía menos, pero sentía que debía permitirle a la chica acercársele de esa forma tan íntima si eso aseguraba su tranquilidad, 'punto para las Banshees', pensó irritado.

– ¿De manera que ha sido el señor Weasley quien le ha golpeado?- se limitó a preguntar McGonagall, Hermione asintió –Ya veo, bien, ya que es necesaria una sanción, serán cuarenta puntos menos para Slytherin y ochenta menos para Gryffindor- los presentes quisieron replicar, pero no les dio tiempo de contestar.

–Y no quiero protestas, el fin de semana, a demás, todos se encargarán de ayudar a Hagrid a alimentar a los Thestrals y para el señor Weasley y para usted, joven Malfoy, serán el resto de los fines de semana hasta vacaciones de navidad- añadió –Pueden retirarse- espetó, con una orden disfrazada de cortesía.

Harry, Luna, Neville y Ginny se habían adelantado por petición suya, sentía que necesitaba hablar con Malfoy, debía al menos preguntarle como se sentía y disculparse en nombre de Ron.

–Malfoy- le llamó a penas lo vió salir del despacho de la directora, su semblante era serio, estaba enojado, su ceño fruncido no daba lugar a dudas, además, debía ir con Pomfrey por tercera o cuarta vez en lo poco que llevaban de su último año de estudios en Hogwarts, la pobre mujer iba a sufrir un colapso si seguía dándole esos sustos, se detuvo frente a la Gryffindor.

–Habla mientras caminamos Granger, quiero llegar a la enfermería de una buena vez- espetó secamente y continuó con su camino, con ella a su lado, caminando a su par, recorrían los pasillos con leve rapidez, lo cierto es que llevaba apuro en llegar para soportar los reproches de la enfermera y largarse del lugar a volar, literalmente.

–Por favor, para un momento- le pidió, deteniéndose en seco, él hizo lo mismo a unos pasos de distancia, al notar que ya no la seguía, ni siquiera la había escuchado pedirle que se detuviera, frenó su andar, pero no se dio vuelta, tras ellos, escondido en un recoveco, Zabini los espiaba, oculto detrás de unas armaduras, observando todo.

–Yo…- comenzó con voz débil –Siento que Ron hiciera lo que hizo, y que eso te causara problemas- le dijo con cierto nerviosismo que trataba de reprimir, le preocupaba que el chico siguiera enojado y que terminara por tomarlo contra ella, pero sentirse así, además de todo, también la asustaba, sabía que de lo que tenía miedo no era del todo poderoso y glacial Draco Malfoy, sino de sus propios sentimientos.

–Lo dije antes Granger- musitó con voz profunda, tratando de contener sus emociones, cosa que por el contrario de Hermione, era una actividad constante para él, y por tanto, casi natural.

–Se los advertí… La próxima vez no me contendría, pero lo he hecho solo por consideración con la rojita, ya bastante sufrimiento debe ser tener un hermano que se comporte de esa forma, como para que también tenga que ver cómo lo apalean- agregó, ella frunció el ceño, ¿Cómo podía decir eso de Ron? Sí, era inmaduro y muy inconsciente, pero eso no le daba derecho a hablar de su amigo de esa manera ¿Y consideración con Ginny? ¿Desde cuando le interesaba ella? Sentía que el rubor se le agolpaba en las mejillas.

–No puedo creerlo- exclamó indignada, Zabini salió de su escondite sabiendo que nadie lo vería, no habían más estudiantes y esos dos estaban de espaldas – ¡Eres un…!- comenzó a gritarle.

–'Envertestatil' – exclamaron a sus espaldas y lo único que pudo hacer fue caer al suelo desmayada, sin poder siquiera terminar su frase, Draco volteó de inmediato al escuchar aquella voz, pero Zabini no le dio tiempo de reaccionar, no alcanzó su varita a tiempo.

–'Confundus, incarcerous'- exclamó de nuevo, pero en contra de su compañero de Slytherin, haciendo que cayera al suelo, atado y aturdido, el heredero de los Malfoy solo alcanzó a ver como el moreno se le acercaba y le sacaba el anillo del dedo, para luego tomar a Hermione en brazos y desaparecer en medio de una estela de humo negro.

No podía ser, eso solo podían hacerlo los mortífagos, estaba bajo un hechizo aturdidor, pero aun con su falta de coordinación y de libertad de movimientos, quedaban resquicios de su mente que le permitían pensar un poco, el escozor comenzó a atacarle, hasta el punto de arrancarle gritos de dolor, que se mezclaban con gemidos angustiosos en los que de vez en cuando se le podía escuchar de forma casi ininteligible maldecir a Blaise, Trelawney lo consiguió en uno de los pasillos, unos veinte minutos después, y se escandalizó al ver como el brazo del joven parecía sangrar, hasta extender el líquido carmesí por su mano, deshizo los hechizos y como pudo le ayudó a levantarse, viéndose obligada a llevarlo a través de un 'mobilicorpus', Pomfrey se escandalizó también a penas verlo, sintiendo que se le iba el alma del cuerpo, Ron apenas estaba despertando cuando lo vio así, pero no fue capaz de decir nada, jamás había visto a alguien retorcerse de aquella manera, y no estar siendo sometido a un 'cruciatus' y eso ni siquiera a Malfoy se lo deseaba, le habían tratado de acomodar en la cama, pero él no paraba de retorcerse, impidiéndoles tocarle, apenas habían podido quitarle la túnica con magia, se acomodó a medias, boca abajo, acurrucándose mientras trataba de controlar los espasmos de su cuerpo, con la mano derecha alcanzándole la zona sangrante, que había resultado ser su omoplato y la izquierda tomando un pequeño bulto bajo su camisa, ella estaba en peligro, el collar emitiendo descargas eléctricas e incinerándole hasta los pulmones y el corazón se lo advertía, hizo fuerza por levantarse, dando tumbos y sin mucho equilibrio.

–Poppy dame algo para calmar el dolor- ordenó –Debo salir de aquí- en ese momento McGonagall entró.

–Usted va a quedarse aquí y a decirnos que ha pasado señor Malfoy- habló autoritariamente, el rubio aguantando lo mejor que pudo, se plantó erguido hasta casi tener la espalda totalmente recta, frunció el ceño hasta hacer parecer que iba a gruñirle.

–No voy a quedarme aquí, mándeme a Azkaban si quiere, pero antes va a dejarme salir- respondió con voz gutural.

–La poción Poppy- gruñó sin alzar la voz, no tenía fuerzas para gritar, ella se decidió a ayudarlo, sabiendo que su deber principal era curarlo, la mujer hizo aparecer un frasco de líquido caoba en sus manos con ayuda de su varita y se acercó a Draco, que se lo arrancó de las manos y tomó el contenido de un trago, sin saborearlo siquiera, sintió que el dolor mermaba hasta hacerse más soportable, bien, podría moverse aunque fuese a medias.

– ¿Pero que se ha creído usted?- exclamó una indignada animaga – ¡Le he dicho que va a permanecer aquí, además, usted no puede salir en ese estado señor Malfoy! ¡Cuando se recupere hablaremos!- ordenó, girándose dispuesta a salir.

– ¡Pues espero que vaya a visitarme al maldito Azkaban porque no pienso quedarme!- le gritó de vuelta, haciendo que Minerva se volteara a mirarlo de nuevo totalmente indignada por la forma en que había escuchado que le hablaba.

– ¡No voy a dejar que ese maldito se salga con la suya, nos atacó por la espalda, robó mi anillo y se llevó a Granger!- gritó de nuevo, casi en un ladrido, McGonagall le miró con ojos muy abiertos y mandíbula desencajada, el rubio tomó su varita del bolsillo de su túnica, que yacía sobre la cama.

– ¿De que habla joven Malfoy?- pero no alcanzó a retenerlo, él ya caminaba hacia la salida de la enfermería, decidido y con un aura asesina rondando a su alrededor, el rubio solo se detuvo en la puerta para mirar a los presentes, con ojos ensombrecidos y las escleróticas de sus ojos inyectadas en sangre, lucía amenazante, verdaderamente peligroso, como un auténtico mortífago.

–Nadie puede meterse con lo que es mío y salir ileso- dijo con voz oscura y lúgubre, como si una bestia estuviera por liberarse de su interior, se dio vuelta de nuevo dejando ver su camisa manchada de rojo y a la vez impregnada de rastros de algo parecido a tinta negra y salió cerrando de un portazo, quizá esa bestia estaba más cerca de salir de lo que él mismo podía saber, pero si con su ayuda recuperaba lo que le pertenecía, iba a despertarla aunque fuera por primera y última vez.