Buenas, buenas :) aquí les traigo esta pequeña actualización como regalo porque sé que me he tardado en hacerlo, iba a publicar ayer, pero estaba de cumple y me regalaron un nuevo celular así que no tenía mente para otra cosa que no fuera descargarle aplicaciones y más aplicaciones *-*

No voy a hacer muchos más comentarios, solo agradecerles que se tomen la molestia de leer lo que escribo, eso es algo que realmente motiva, esperaré con ansias sus comentarios luego de que lean este cap! xD

Disclaimer: Todo lo referente al mundo Potteriano pertenece a la maravillosa J.K. Rowling.


Chapter 14: Enfrentamiento.

Debía darse prisa, no tenía mucho tiempo, la poción tenía efectos limitados, caminaba por los pasillos desesperado, tratando de encontrar a Theodore o Astoria, no les podía meter en eso, pero debía decirles qué hacer, al menos, en caso de que las cosas salieran mal, pues si fallaba, quería que alguien se encargara de rescatar a la chica, sabía que si moría, el anillo desaparecería, pero ella todavía estaría viva, o al menos medio viva, con oportunidades de ser salvada, su prioridad era ella y no entendía el por qué, su cuerpo se movía casi por inercia y en su pecho una bestia enardecida rugía y le nublaba la vista ¿Y qué si Hermione moría? No era su estúpido problema, pero es que no podía contenerse, no había poder humano que le ayudara a controlar el torrente de emociones que lo inundaban sin darle descanso.


– ¿Pero que coño hiciste?- le preguntó alterado, parándose como resorte de la maltrecha banqueta cenicienta.

– ¿Por qué trajiste a esta sangre-sucia?- el moreno le miró tranquilo y sonrió lobunamente, con brillo maquiavélico en los ojos.

–Solo… Quiero divertirme un rato, ya sabes, es la oportunidad perfecta para desquitarme- le respondió restándole importancia, y la acomodó en el suelo, sin mucho cuidado, un gemido muy leve se escuchó, volteó a verlo, estaba atado y amordazado, se veía demacrado, había estado siendo torturado, eso había sido más obra suya que de su compañero por supuesto, fijó su atención en el hombre con máscara plateada y se dedicó a ayudarle, mientras hacía tiempo de que la Gryffindor despertara.


– ¡Astoria!- le llamó alterado, lucía ensangrentado, cansado, sudoroso, había estado llevándose estudiantes de grados inferiores por delante, sin siquiera fijarse en si les hacía daño o no, ella se acercó casi corriendo, no estaba para juegos, la paró en seco, la sangre se le escurría lentamente por el omoplato, no tenía tiempo.

–Escúchame bien, quiero que estés al pendiente del avance de la arena en el reloj, si en una hora no he llegado a las mazmorras, busca a Theodore y a Potter, encárguense de buscar a Granger, está en alguna parte del castillo, puedo sentirlo, el maldito de Zabini se la llevó junto con Kenina, voy a buscarla- dijo, dando media vuelta para irse.

Los estudiantes le miraban extrañados y asustados ¿Qué hacía el ex príncipe de Slytherin y rey de las serpientes en esas pintas? ¿A eso se debía la disminución de puntos de Gryffindor y Slytherin? Pero él no hacía caso a nada todo lo veía teñido de rojo, estaba cegado, iba a conseguirla a como diera lugar, iba a ponerse en marcha, pero el agarre de su amiga lo detuvo, se volteó a verla con el ceño fruncido.

–Draco, espera- le instó –Mejor busquemos a algún profesor, no puedes hacer esto solo, al menos deja que Theo y yo vayamos contigo, podemos- no terminó de hablar.

–Malfoy, nosotros vamos contigo- demandó la menor de los Weasley, acompañada de Harry, Ron, Luna, Neville y Theodore, les miró consternado, pero asintió, no podía perder tiepo en pelearse con ellos, se dedicaron a buscar por los pasillos, encaminándose con prisa y expresiones entre tensas y preocupadas.

McGonagall los buscaba con ayuda de Snape, pero parecían estarse escabullendo a propósito, Harry había hecho aparecer el mapa del merodeador para poder mantener al grupo alejado de ellos y de Filch, de la señora Norris e incluso de Hagrid, que parecía que también se había unido a la búsqueda.

–Vamos, vamos, vamos…- susurraba entre dientes mientras caminaba a la cabeza del grupo, con Potter a su par, no es que le agradara, pero las circunstancias eran las que le obligaban a aceptar, mientras más personas , mejor, esos chicos podían serle útiles en caso de un enfrentamiento, porque esa maldita poción no era eterna y a demás, estaba débil y Kenina no estaba de su lado para otorgarle energías extra como lo había hecho cuando sucedió el incidente con el sauce, eso lo sabía bien, aunque no estaba dispuesto a reconocerlo, y la adrenalina que le recorría el cuerpo le impedía detenerse, temía fracasar, temía fallarle a Kenina, pero sobre todo, temía fallarle a ella, a Hermione.


Un muy quedo quejido se extendió por la habitación, el moreno la observó complacido, era el momento y no había nadie para detenerlo, iba a desahogarse con la sangre-sucia y luego a dejarla como su juguete, hasta que se cansase de ella, ya cuando eso sucediera, le lanzaría un 'avada' y asunto resuelto, se acercó a la chica con mortal lentitud, sus ojos ámbar se abrían muy lentamente, trató de levantarse, pero sintió que algo oprimía su cuerpo, impidiéndole cualquier movimiento, miró hacia sí misma y vió como gruesas sogas se ajustaban y la apresaban de manos y pies, trató de forcejear, pero mientras más lo hacía, más apretaban las cuerdas, hasta el punto de hacerle daño, observó con desesperación a su alrededor, agachado frente a ella estaba él, el depravado de Blaise, que la había atacado dos veces, tratando de abusar de ella, se asustó apenas verlo, escuchó un gemido angustioso, miró de soslayo sobre su hombro, se aterrorizó con lo que vió, quedó en shock, el moreno yacía en el suelo, demacrado, con las ropas hechas andrajos, inconsciente y atado también, observó a la persona que tenía al frente, vio como se iba alejando, hasta llegar a una mesa y sacó de su bolsillo del pantalón un anillo, uno que no podía identificar bien, pero que se le hacía vagamente familiar, luego lo observó con recelo, mientras el moreno tomaba un frasco con líquido color malva, para ingerir el contenido de un trago, así como su padre hacía cuando tomaba con sus tíos uno que otro vaso de tequila, un escalofrío la hizo estremecerse en cuanto vió que el Slytherin comenzaba a cambiar de forma a medida que volvía a acercársele.


El grupo era numeroso, pero caminaba con pinta de estar en algo importante, la mirada seria de Harry Potter les hacía temer que estuvieran de nuevo en peligro, la de los Gryffindors, que caminaban tras él les hacía dudar de su propia seguridad, la de dos de las serpientes les hacía comenzar a temer de manera angustiosa, pero la mirada ensombrecida y amenazante del príncipe de Slytherin, era lo que les hacía apartarse, era la primera vez que le veían así, y nadie, ni siquiera quienes le odiaban, se atrevían a acercarse y a arriesgarse a estorbarle el paso, caminaban en dirección al baño del segundo piso, realmente no entendían qué era lo que Malfoy pretendía, pero parecía tener un plan.

–Esperen aquí- les ordenó y se perdió dentro del baño abandonado, los chicos solo le siguieron hasta la entrada, para que ningún profesor les viera en el pasillo y le avisara a McGonagall de su ubicación, observaron a Myrtle aparecer casi de inmediato.

– ¡Draco!- su voz chillona les hizo sentir escalofríos, aunque Luna parecía realmente abstraída –Pensé que te habías olvidado de mí, me has dejado abandonada mucho tiempo…- le dijo entre quejas mientras se le acercaba y se le guindaba del cuello, para darle un beso en la mejilla.

–Myrtle, escúchame bien, necesito que hagas algo por mí- la aludida sonrió y se apartó un poco–Si en una hora no paso por aquí de vuelta, debes buscar a McGonagall y darle esto- le tendió el collar en que yacía la gema que le quemaba el pecho.

–Y debes decirles estas palabras "Búsquenla con esto, mientras más cerca están, más caliente se torna, pero tómenlo con cuidado, no subestimen su poder y crean sinceramente en sus indicaciones, porque de no hacerlo, también puede matarlos"- pequeñísimos rayos rojizos se veían escapar de la piedra que se coloreaba de un naranja intenso.

–Tómalo, no va a caer de tus manos, es muy especial, así que no tendrás problemas en sujetarlo… Y Myrtle, si algo malo pasa, recuerda que yo sí quise ser tu amigo y hazme un espacio en este cuchitril- le dijo antes de salir, con una sonrisa ladeada y sin brillo en la mirada, cada vez los presentes entendían menos, la fallecida estudiante se echó a llorar tratando de detenerlo, asustada por sus últimas palabras, pero él la ignoró, dejándola sola y con una misión.

–Está bien… Lo haré por ti, Draco… Amigo…- susurró finalmente entre sollozos al saberse sola en su recinto personal.


El camino se hacía en silencio, tenso, Harry a no soportaba más ¿Qué estaba pasando? Tomó al rubio del brazo, haciendo que los demás también se quedaran estáticos.

–Dinos qué sucede Malfoy- exigió con ceño fruncido, Draco se masajeó el tabique con la mano izquierda, sabiendo que no debían perder más tiempo, ahora estaba en desventaja, no tenía como ubicar a Granger sin el collar, pero había asegurado una forma de que alguien más la hallara, ya que Astoria no le había obedecido y se había unido a ellos.

–Creo que el que nos atacó no era el verdadero Zabini- espetó, observando a todos.

–Desapareció utilizando un hechizo de transfiguración muy común entre mortífagos y él nunca aprendió a hacerlo porque jamás llevó la marca tenebrosa, por ello necesitaba asegurar que alguien pudiera encontrarnos, ellos nunca están solos, siempre van de a dos o más dependiendo del tipo de misión, más ahora que están solos porque su Señor ha muerto, y estoy seguro de que esta vez no será una excepción, ahora continuemos, no tengo todo el maldito día- se zafó del agarre del chico de lentes y continuaron, más adelante en el mismo pasillo, se detuvieron estupefactos, una puerta aparecía frente a ellos.

–No puede ser…- susurró con voz queda el rubio ¿Sería posible que el deseo de todos por encontrar a la leona hubiera hecho que el colegio reaccionara y les quisiera ayudar? No estaba seguro, pero debían intentarlo, quizá la sala de los menesteres podría proporcionarles alguna respuesta.


Las manos de ese hombre se arrastraban por sus piernas con absoluto descaro, le había despojado mágicamente de su túnica y había comenzado a desabrocharle la camisa también, ella forcejeaba y eso le entretenía, pero ya se estaba fastidiando, quería ir al grano.

–Estate quieta- exclamó y le abofeteó con fuerza, la mejilla enrojeció de inmediato y el dolor punzante la dejó paralizada por unos segundos.

Debía salir de allí, pero no sabía todavía qué era lo que debía hacer, pudo ver a otro hombre en la habitación, con una mascara plateada, pero este no se inmutaba y continuaba con su labor, fuera cual fuera esta, todavía no podía creer que nunca se habían dado cuenta, el Zabini real nunca había estado con ellos, había sido aquel impostor, les habían engañado como años atrás, cuando Barty Crouch Jr. había suplantado a Alastor Moody, sintió que el estómago se le revolvió cuando lo vió echársele encima y separar sus piernas atadas, con una de las suyas, no podía hacer nada, por más que trataba de empujarlo con sus manos apresadas por las sogas, resultaba inútil, pudo percibir como una de las manos del maldito bastardo que le estaba manoseando subía por debajo de su falda, quiso gritar, pero resistió el impulso, ahogando al alarido en su garganta y siguió tratando de empujarlo, debía tratar de luchar, Fenrir Greyback no iba a salirse con la suya, no podía, ese asqueroso ya había tratado de reclamarla antes, cuando había sido capturada junto a Harry y Ron por los carroñeros, se espantó y casi sucumbió ante la desesperación cuando sintió aquella gran mano paseándose bajo sus bragas, rozando su sexo, comenzó a golpearle en el pecho, pero él solo se acercó más, casi aplastándola con su peso y con su mano libre la jaloneó del pelo y consiguió besarla a la fuerza, para hundir dos de sus dedos en su intimidad, con fuerza, en pleno de su salvajismo, ella gritó contra su boca y él sonrió para sí mismo, disfrutando de su congoja, de sus golpes, de esos alaridos ahogados en su garganta, de las lágrimas que comenzaban a rodar por sus mejillas, y por supuesto, estaba dispuesto a obtener más.


No estaba realmente seguro de qué hacer, iba a entrar solo para salir de dudas y ver qué era lo que Hogwarts le ofrecía en ayuda, entonces la escuchó, esos pensamientos, "¡No! ¡Suéltame maldito malnacido! ¡No me toques!", ella estaba allí, cerca, quizá del otro lado de la puerta, un escalofrío recorrió su espalda cuando sintió que el pánico comenzaba a invadirlo al escuchar algunos gritos ahogados del otro lado de la madera, sus sentidos estaban extremadamente intensificados, finalmente sintió como algo oscuro se apoderaba de sí mismo cuando entre los pensamientos que llegaban a él pudo escucharle, "Basta, por favor, es asqueroso, duele, no, no… Sáquenme de aquí, por favor… Draco…", podía distinguir las emociones de la chica en esos fragmentos, estaba aterrada, llorando y la estaban lastimando, el muy maldito, Zabini o no, estaba haciéndole daño, poniendo sus asquerosas manos en ella, frunció el ceño hecho un mar de cólera que apenas y se contenía en sus adentros.

–Tomen sus varitas y estén alertas a cualquier movimiento sospechoso, no bajen la guardia- ordenó, de su garganta salían especie de gruñidos guturales, que sinceramente no auguraban una pacífica reunión para tomar el té, sino todo lo contrario, pero estaban de acuerdo, asintieron sin decir nada y finalmente el rubio abrió la puerta con violencia.

Fenrir escuchó el estrépito de la puerta abriéndose rápidamente, reaccionó separando de inmediato el rostro del de la Gryffindor, y alejando velozmente la mano del sexo de la chica, pero era imposible ocultar lo que estaba haciendo, Draco ya le había visto, pues había sido el primero en entrar, observó hacia la dirección del ruido, su compañero también hizo lo mismo, varita en mano, el licántropo sacó la suya del bolsillo del pantalón.

–'Depulso'– Harry fue el primero en reaccionar, arrojando al mortífago lejos del cuerpo de su amiga.

–'Impedimenta'- Ginny bloqueó un ataque del enmascarado, los leones fueron al frente, dispuestos a combatir, Theo, Luna y Astoria avanzaron también, pero en dirección a un moreno que yacía sin consciencia en el suelo, defendiéndose de hechizos que volaban por doquier, Draco permanecía inmóvil, observando en dirección de la joven amarrada, un empujón lo hizo caer al suelo.

– ¡Malfoy si no vas a ayudar, al menos no nos hagas el trabajo más difícil!- le gritó un ajetreado Ron, que cubría las espaldas del azabache.

Theodore resguardaba a Astoria, junto con Luna, que se mantenía al lado de Greengrass para protegerla en caso de que Nott hijo cayera, mientras la rubia de Slytherin trataba de hacer reaccionar al verdadero Blaise, era evidente que la teoría de Draco era totalmente cierta, el rubio no respondió nada, así mismo, como estaba, se echó con pecho a tierra, para arrastrarse por el suelo, como si fuera un soldado en un campo de guerra, el agotamiento estaba allí, lo percibía, pero debía concentrarse, continuó con esfuerzo, llegando al lado de Hermione, a quien el castaño de Slytherin trataba de alcanzar, sin éxito, pues no podía defender y hacerlo al mismo tiempo, Greyback era un duro oponente al cual podía resistirsele a medias, pues parte del trabajo lo estaban haciendo los demás, mientras atacaban a ambos mortífagos, pero nadie, a excepción de la serpiente castaña, parecía haberse dado cuenta de que Draco por fin había podido llegar a ella, sacó su varita, tratando de no hacer movimientos bruscos que advirtieran a cualquiera de los presentes.

–'Finite incantatem'- pronunció en un hilo de voz y las sogas dejaron de apretarle manos y pies, la tomó de los brazos, haciéndola sentarse –Mírame- le ordenó, ella así lo hizo, su mejilla lucía inflamada y amoratada, el enojo comenzó a quemarle, como si se le subieran los ácidos estomacales hasta el esófago, sintió el sabor de la bilis en su boca al ver las lágrimas en el rostro pálido de la leona, secó las saladas gotas con el mayor tacto que pudo.

–Puedes hacerlo, no cedas ahora, todos estamos aquí por ti, vamos a sacarte de este lugar- ella asintió y se aferró a su pecho en un rápido abrazo, buscando fuerzas para poder hacer lo que el príncipe de las serpientes pedía.

–'Accio varita'- susurró en un hilo de voz apenas audible para sí misma, el objeto llegó a sus manos, él la ayudó a ponerse de pie, entonces Greyback rugió ardiendo en furia, lanzó un hechizo, Draco haló a Theo con su brazo izquierdo y agitó su varita con la mano derecha y con un encantamiento no verbal formó un escudo de protección que repelió los efectos de la maldición que se aproximaba a ellos, comenzando a hacerle frente al 'hombre'.

–'Avada ke'- el mortífago estaba dispuesto a matarlo y él no estaba dispuesto a retroceder.

–'Impedimenta'- reaccionó de inmediato, ambos comenzaron a batirse en duelo, Draco tuvo que impedir varios 'imperio' y defenderse de 'avada kedavras' que iban dirigidos a él.

–'Desmaius'- se escuchó a Ginny gritar contra el enmascarado, la atención de Fenrir se vió disminuida, era un hoyo en su defensa, era el momento.

–'Expelliarmus'- exclamó, mientras veía como el hombre era también alcanzado por un hechizo de parálisis, que iba de sus espaldas, Hermione también lo había atacado, el efecto había sido inmediato, solo quedaba uno, comenzó a observar por todos lados, hasta que vió en una mesa que yacía partida en pedazos, entre sus trozos estaba el anillo, no lo pensó dos veces.

–Accio Kenina- murmuró, lo atajó en vilo y lo colocó en su dedo, pudo sentir como su debilidad se extinguía, y el cansancio que le producía la pérdida de sangre y el dolor que había tenido que soportar, desaparecían, los demás tenían acorralado al enmascarado, solo debían acabarlo.

–Kenina, ven aquí- le llamó, el anillo comenzó a calentarse de forma abrazadora, pero no le importaba lo mucho que quemaba, el animal salió de allí, transformándose en una cancerbero de pelaje azulado y tres pares de ojos de mercurio sin pupilas, las tres cabezas de perro gruñeron paralizándolos a todos allí, Draco caminó hacia el mortífago desconocido.

– ¿Qué haces Malfoy?- le gritó alterado un desesperado Ron, que veía como algo suicida el acercamiento del rubio hacia aquel hombre.

– ¡Draco no te acerques!- le gritó Astoria, pero él no escuchaba a nadie, su nuevo contrincante estaba esperándolo y estaba preparado para ello, sus ojos comenzaron a llenarse de líneas enrevesadas de un celeste grisáceo muy pálido y el gris de sus ojos comenzó a oscurecer en algunas zonas, hasta llegar a un tono ceniza, mientras otras se aclaraban más y refulgían como mercurio encendido, el enmascarado alzó el brazo y agitó la muñeca sin contemplación, más hechizos silenciosos, el Slytherin hizo lo mismo, protegiéndose con un encantamiento de bloqueo no verbal, Luna se había abrazado a Hermione, que se había dejado caer arrodillada y sin decir nada al verlo hacer aquello.

–'¡Legeremance!'- exclamó el mortífago, Draco ni siquiera se molestó en defenderse, cerró los ojos y movió el cuello de un lado a otro y los abrió de nuevo, sonrió de lado.

–Mi turno- musitó con voz oscura, 'Legeremance', utilizó el mismo en un encantamiento no verbal, se adentró en la mente de aquel hombre, observando entre sus recuerdos, este comenzó a retorcerse en el suelo, tratando de impedírselo, pero no podía, así que le fue fácil saber de quien se trataba, aunque desde un principio había reconocido aquella máscara: Amycus Carrow.

Dejó de introducirse en su mente y en un rápido movimiento, agitó de nuevo la varita, repeliendo un ataque de Carrow, Kenina se acercó a él, hasta quedar a sus espaldas, gruñendo, agitó de nuevo la muñeca.

–'Petrificus totalum'- exclamó, por poco le asestaba, el gruñido de una de las cabezas del cancerbero le hizo darse cuenta de que estaba perdiendo tiempo, su expresión seria se hizo sombría de nuevo, Kenina alzó un aullido con el que invocó un 'protego totallum', una barrera se creó entorno a la criatura a su amo, estaba listo para atacar sin restricciones, cada que daba un paso al frente, podía ver como 'avadas, sectumsempras, verdimilious y xylotius ' rebotaban contra la burbuja que lo encerraba, alzó su mano de nuevo en un rápido movimiento.

–'Impedimenta, expelliarmus, levicorpus'- exclamó, uno tras otro, desarmándolo y alzándolo por los aires, hasta hacer que tocara el techo con la espalda, sonrió ladino, la ira lo llevaba cegado, pero parte de su ser consciente, le impedía lanzarle una imperdonable, aunque se sentía verdaderamente tentado.

–'Liberacorpus'- murmuró, Amycus cayó desde aquella altura de más de cuatro metros, dándose un fuerte golpe.

–'Petrificus totalum'- espetó y el cuerpo de Carrow no pudo moverse más, el 'protego totallum' de la gran bestia a sus espaldas se deshizo, nadie decía nada, el silencio sepulcral chillaba en sus oídos, ni siquiera había podido desquitar su maldita ira y sentía que le hervía la sangre, pero debía contenerse, él no era su verdadero objetivo, se agachó y tomó la varita de su ya vencido contrincante, se irguió y se encaminó ante la vista de todos hasta donde estaba inmovilizado Greyback y se agachó para tomar la varita que estaba tumbada junto al cuerpo de su dueño, se acercó a una mesa pequeña al lado de lo que quedaba del armario evanescente, las dejó allí.

–'Xylotus'- pronunció firmemente, y de las varitas ajenas salieron chispas y estelas diminutas de humo, había sido destruida la magia en ellas, guardó la suya y tomó las de los mortífagos, las rompió golpeándolas contra una de sus rodillas, sacó su varita de nuevo y se acercó al cuerpo de Greyback.

–'Finite Incantatem'- pronuncio, el hombre retrocedió instintivamente al saberse desarmado, vió como Draco se le acercaba más y lo tomaba de la camisa al tiempo que dejaba caer su varita.

La tunda que el Slytherin le estaba proporcionando al ex colaborador del Señor Tenebroso haría historia entre los recuerdos más sanguinarios de los presentes, lo golpeaba una y otra y otra vez, Fenrir había tratado de alejarlo y de golpearlo para defenderse, pero era inútil, si siquiera siendo licántropo podía hacer frente a la fuerza tan bestial de la que Draco se había adueñado, podía percibir incluso un gruñido gutural provenir de la laringe y pecho del chico, lo tenía encima dándole la golpiza que jamás había recibido en su vida, ni siquiera en ese baile de Halloween había sido golpeado tan brutalmente por el heredero de la casa Malfoy, todos miraban atónitos, si seguía así iba a terminar por matarlo.

–Secuestraste, a uno, de los míos- espetó entrecortadamente, entre los golpes que le propinaba al, ya bastante maltratado, Greyback.

–Me, atacaste, por la espalda- continuó –Me robaste- añadió, refiriéndose al anillo – ¡Le pusiste, las manos, encima, a lo que es, mío!- gritó finalmente, refiriéndose a la Gryffindor, aunque todos pensaban que continuaba hablando de su valiosa joya.

– ¡Te la, llevaste, a ella!- culminó dándole un golpe aun más fuerte que los anteriores, con el que dejó inconsciente a su víctima, iba a seguir golpeando y sintió que le retenían y lo obligaban a separarse y a levantarse.

– ¡Suéltenme! ¡Voy a matar a este maldito desgraciado!- les gritaba, tratando de liberarse, Hermione fue por fin capaz de moverse y llegar hasta él, le abrazó por la espalda apartando a Harry, dejando solo a Teo y Neville, quienes trataban de controlar al furioso rey de las serpientes.

–Por favor, no más…- le susurró por la bajo, para que solo él la oyera, con voz quebradiza.

–Por favor…- repitió, Draco se detuvo en seco, esa voz, era ella, estaba allí junto a él en aquel momento, sin importarle que casi mataba a alguien en su presencia, recordó lo que había sucedido con Ron, el como la había hallado al entrar a la sala de los menesteres, Theodore y Neville, que eran quienes lo sostenían, le fueron soltando de a poco, al notar como iba cediendo lentamente, muy despacio se dio vuelta para encararla, lucía cabizbaja, le colocó un dedo bajo el mentón para hacerla alzar la cara, ella lo miró con aquellos ojos dorados, que desgraciadamente, estaban empañados, oscurecidos y apagados, Hermione trataba con todas sus fuerzas de no llorar, no de nuevo, no frente a todos.

–Lo siento- le susurró –Debí esperarte, no debí adelantarme, debí cuidar mejor de ti- a la mierda con el orgullo, el sentimiento de impotencia lo estaba matando y la culpa lo estaba carcomiendo, sentía que le había fallado, la leona le sonrió amargamente, sabía que lo decía en serio, pero es que no era su culpa, no era culpa de nadie, quizá solo de ella, se sentía avergonzada, de nuevo había sido débil, negó con la cabeza, dejó salir un par de lágrimas escurridizas y trató de secarlas, era como si el mundo hubiera desaparecido, solo estaban ellos dos, Draco se le adelantó y lo hizo por ella.

–Dime ¿Te hizo algo?- se estremeció, él lo notó, comenzó a fruncir el ceño.

–N-no- espetó asustada, rehuyendo de su mirada, podía sentirlo, Malfoy iba a matar a Greyback allí mismo si le decía algo, además, no podía, no quería que se enterara de algo tan horrible, se sentía sucia.

–No te creo- le respondió sereno, sabía que le estaba mintiendo, había visto a ese maldito sobre ella, con una mano bajo su falda y besándola a la fuerza, Ginny se acercó a ellos, rompiendo con el momento.

–Mione ¿Alguno de ellos te hizo algo?- preguntó con calma, tratando de hacer que su voz fuera dulce, la aludida no la miró, negó en silencio, sí, la conocía bien, vaya que lo hacía, sabía que estaba mintiendo, pero debía dejarla tranquila, quizá cuando se sintiera mejor le contaría, trató de acercarse para abrazarla, pero ella se alejó.

–Granger ¿Qué fue lo que pasó?- Draco insistió de nuevo al ver la reacción de Hermione ante su mejor amiga, eso no podía ser bueno, él había visto todo, Fenrir la había manoseado, y comenzaba a sospechar que había hecho más que eso con sus manos.

–Creo que será mejor que nos vayamos Theo, encarguémonos de Blaise- Nott hijo la miró y asintió en silencio, era mejor irse de allí, ese no era momento para ellos.

–Luna, nosotros iremos a la enfermería con Blaise, quédate con Hermione ¿Sí? Ella te necesita, te veré más tarde – le dijo con voz suave, ella lo miró y asintió, se le acercó y le dio un corto beso en la mejilla, por pena a besar sus labios habiendo más personas presentes, aunque podía hacerlo y que nadie se enterara, Astoria y Theodore salieron de allí con Blaise apoyándose en ellos para caminar, luego podrían volver por la varita del moreno.

–Es mejor que nos vayamos de aquí, llevémoslos con Snape o McGonagall, ellos se encargarán de dejárselos a los aurores- Dijo Harry a Draco, tratando de aliviar el momento, el rubio suspiró cansado, tratando de contener la contesta que tenía en mente, Astoria alcanzó el picaporte y al abrir, como si la hubiesen invocado, se encontró con la profesora McGonagall, pasando por el pasillo.

–Señorita Greengrass- exclamó, dirigiéndose al interior de la sala, observó sorprendida y espantada el desastre, a los petrificados Greyback y Carrow, y como el primero lucía terribles golpes y estaba inconsciente, ensangrentado y magullado, a diferencia del segundo, que solo había sido inmovilizado.


Hermione había ido a dar junto con Zabini a la enfermería, ella se había resistido, pues no quería quedarse sola, aunque no lo reconocería nunca, no quería apartarse de él, las sensaciones de asco y repugnancia se le atoraban en la boca del estómago, provocándole arcadas, recordar las manos de ese degenerado frotándose con su cuerpo, y el momento en que sus dedos la habían… Era horrible, se sentía asquerosamente sucia, humillada, mancillada y no podía soportar eso, pero tampoco quería contarle nada a nadie.

– ¿Tienen idea del riesgo al que se expusieron?- comenzó a reclamarles la directora, con semblante críptico –No solo sus vidas, la de su compañera también ¿Qué habría pasado con todos ustedes de haber sido más de un par de mortífagos? ¿Qué habría pasado de haber fallado? ¿No se dan cuenta de que ellos pudieron haberlos matado?- inquiría sin parar, alterada, estaba verdaderamente enojada, decepcionada del comportamiento rebelde de sus alumnos, pero no podía negar que parte de ella se sentía orgullosa de ver la gallardía de esos jóvenes al enfrentar aquel peligro solos, por un motivo noble, rescatar a una amiga, aunque bien suponía que esa no era la razón más importante de Malfoy para hacerlo, él debía cuidar de Hermione, eso lo estaba haciendo, como un deber, pero, lo que lo había movido de aquella manera, había sido aquel anillo que le habían arrebatado, ese con el que podía controlar a esa criatura que llevaba consigo como mascota.

–Profesora…- Neville fue quien, sorprendentemente, se atrevió a hablar primero –Sabemos que estuvo mal hacer esto sin ayuda de ningún profesor, fuimos impulsivos y no pensamos claramente en lo que hacíamos, pero, creo que ninguno de nosotros se arrepiente de nada- dijo y observó a sus compañeros, para darse cuenta de que, incluso los Slytherins, asentían, mostrándose de acuerdo.

–Hicimos lo que creímos más conveniente, actuamos pensando en Hermione y en que cada minuto que perdiéramos esperando a que cualquier otro grupo se organizara, iba a ser tiempo que podía costarle la vida a ella, particularmente, me enorgullezco de lo que hoy hemos hecho, actuamos como debíamos hacerlo, rápidamente, poniendo en práctica las cosas que hemos aprendido en este colegio y las que nos vimos obligados a aprender por causas ajenas a nuestra voluntad y sinceramente, si es por mis amigos, sería capaz de hacerlo una y mil veces más- culminó, la llama del valor estaba encendida en los leones y de alguna forma, las serpientes la habían encendido en sus fueros, pero muy a su manera, observó a Draco con atención, su semblante estoico se veía tenso, estaba estresado, y lucía tremendamente enojado, pensaba que iba a encontrarlo agotado, pero no se le notaba, y si de verdad lo estaba, podía reconocer que lo disimulaba muy bien.

–Señor Longbottom- dijo secamente –Es admirable el cómo se han comportado, con el ideal fijo de rescatar a la señorita Granger, también son acciones respetables, pero, eso no excusa su falta de obediencia, tampoco el que hayan seguido al señor Malfoy en una misión básicamente suicida, la cual pudo acarrearles serias consecuencias- se quedó en silencio al ver entrar Hermione cabizbaja, tratando de no llamar la atención, aunque sinceramente no podía pasar desapercibida, si ella era el objeto que motivaba la presencia de los demás en el lugar, por segunda vez en el día, ella había ido para tratar de sacarlos del aprieto, no podía dejar que los castigasen después de haberse arriesgado para rescatarla.

–Profesora…- le susurró queda y alzó el rostro, con la dignidad que solo un Gryffindor de corazón era capaz de mostrar –Ellos se han arriesgado por rescatarme, ha sido mi descuido el que ha provocado ese incidente, si esto va a acarrear consecuencias, espero ser yo quien cargue con ellas, no mis compañeros, porque estoy segura de que han hecho lo correcto- pasó del fondo de la habitación, hasta quedar al frente.

–Por favor, no reprima a nadie solo por tratar de hacer lo correcto, quizá a su juicio no fuese la manera, pero si ellos hubieran llegado unos minutos luego, Greyback…- se quedó muda, no queriendo decir lo que llevaba en mente, Draco y Ginny a se imaginaban como concluía esa oración y no era justamente de manera bonita.

–Señorita Granger- observó a la aludida, con rostro menos severo, al notar que su alumna favorita estaba bien, Snape entró también, quedándose al fondo.

–Me temo que esto amerita sanciones, que aunque no le parezcan justas, deben ser impuestas, esto no puede pasar desapercibido, no serán tan graves dado que se tomará en cuenta el motivo que les llevó a hacerlo, por lo que el castigo será relativamente leve, todos los presentes, deberán ayudar a Hagrid con los Thestrals hasta las vacaciones de navidad, en cuanto a usted, señor Weasley y a usted señor Malfoy, el castigo será más severo, para usted- apuntó a Ron con la mirada.

–El extra, será ayudar a la señorita Pomfrey después de clases, todos los viernes, hasta finalizar el año escolar y para usted, señor Malfoy…- lo miró y se sintió extrañada a ver como el rubio era capaz de sostenerle la mirada, escrutándola duramente.

–Dado que su estancia en este lugar se debe a motivos que se consideran delicados, teniendo en cuenta que no es primera vez que se pelea en lo que va de año y que no es la primera falta grave que comete, sumando el hecho de lo ocurrido en la enfermería antes de que saliera de allí de forma tan airada, y que a demás hubiera arremetido de forma tan bestial sobre otra persona, he tomado la decisión expulsarle- el Slytherin frunció el ceño, perfecto, ahora tendría que ir a Azkaban, los chicos comenzaron a murmurar y Hermione, aunque no entendía del todo bien por qué, se sintió asustada ante la idea ¿Realmente se había estado acostumbrando tanto a él, que ahora le aterraba que ya no estuviera cerca? Exacto, vio de reojo como Draco se acercaba al frente.

–Hágalo entonces- dijo con total seriedad, inspirando profundamente para mantenerse controlado –Lo único por lo que voy a disculparme, es por mi comportamiento con usted hace un rato, no fui capaz de contenerme y eso ha sido un error, no es la actitud que un Malfoy debe mostrar, pero por lo demás, incluyendo los motivos de mis peleas, los cuales usted conoce, puedo decir que no me arrepiento, volvería a hacerlo cuantas veces fuera, y en cuando a haber atacado a Greyback, créame cuando le digo que lo habría matado de no ser porque Nott, Potter y Longbottom me detuvieron, porque si alguno de ellos- refiriéndose a Harry y Ron.

–Hubieran visto lo que yo, cuando atravesé esa puerta, ellos mismos le habrían matado con un 'avada' luego de hacerle perder el juicio a fuerza de 'crucios'- dijo, con tanta firmeza, que Hermione se estremeció ¿Entonces él de verdad había visto lo que ese malnacido le había hecho? ¿Solo le había preguntado para corroborar lo que vió? Qué vergüenza, justo él la había visto en una situación tan degradante, la había visto ser una víctima, sin fuerzas suficientes para defenderse, la voz de McGonagall la hizo reaccionar.

– ¿Qué puede ser tan grave como para excusar su comportamiento?- inquirió, el rubio la observó sin expresión en el rostro.

–No estoy buscando excusas- dijo arrastrando las palabras –Tampoco planeo decirle lo que vi, porque Granger es la única que puede contar eso, yo no tengo por qué hacerlo, así que si me disculpa, iré a recoger mis cosas, supongo que los aurores que van a llevarse a Carrow y a Greyback, son los mismos que van a llevarme a mí- iba a darse vuelta, pero alguien tomó su brazo, Hermione le miró con semblante triste y negó con la cabeza, pasó su mirada a McGonagall.

–Profesora… ¿Me permitiría hablar con usted a solas?- la mujer asintió, todos estaban saliendo –Malfoy, por favor, espera afuera, no te vayas todavía- él la miró de soslayo y asintió, dispuesto a hacer lo que le pedía, aunque le fastidiara tener que esperar.

–Tome asiento- le invitó, ella obedeció – ¿Qué desea hablar conmigo?- ella le miró decidida, debía impedir que se llevaran a Malfoy a toda costa, su lógica le decía que no debía meterse, pero sus instintos más básicos le urgían con la necesidad de evitar aquello, fuese como fuese.

–Profesora, por favor, no lo haga, esto no es justo- comenzó a alegar –Él ha tenido varias situaciones que le han hecho actuar arriesgándose a salir lastimado, incluso muerto, todas han sido mi culpa, pero no ha actuado por mal, me ha salvado más de una vez, no sé que fue lo que pasó en la enfermería, pero estoy segura de que no fue su intención, además, estoy convencida de que cuando los demás me estaban buscando, fue el quien halló mi paradero, solo él podía hacerlo, con el collar que lleva siempre al cuello- se detuvo al ver que McGonagall sacaba dicho objeto de un cajón.

–Estoy segura de que se refiere a este- le mostró –Lo dejó en manos de Myrtle, para que nos lo entregara a Snape y a mí en caso de que no volviera en un determinado tiempo, señorita Granger, Draco Malfoy es un joven astuto, él supo que no iba a enfrentarse a un estudiante, sino a un mortífago, dejó el elemento ideal para hallarla en caso de que él… Fallara- se lo tendió, la ambarina lo recibió en sus manos.

–Estaba consciente de que corría peligro, si los demás se le unieron, fue por suerte, pues el joven Weasley se escabulló de la vista de Pomfrey, estoy segura de que fue quien informó a sus amigos lo que ocurría, el señor Malfoy estaba dispuesto a ir solo y eso es admirable, suicida, pero admirable- inspiró profundamente.

–Lo que no puedo tolerar es su comportamiento con Greyback, acaba de escucharlo, él quería asesinar a ese hombre, por haberle robado, estaba buscándola para cumplir con su deber, pero claramente, el móvil de su decisión, fue recuperar la pertenencia que le había sido arrebatada, me preocupa que trate de hacer eso con cualquier otro estudiante por algún percance de ese tipo- culminó.

Hermione quiso agachar el rostro, ella lo sabía, no era necesario escucharlo de alguien más, el rubio solo cuidaba de ella porque debía hacerlo, ella no era importante para él, sintió como el corazón se le encogía, no entendía que le estaba pasando, recordó el círculo dibujado en su muñeca y se sintió aun peor, pero resistió como pudo las irrefrenables ganas de salir corriendo de allí, la proposición de Malfoy llegó a su mente y en su estómago brotó otra vez la sensación de cosquilleo que desde hacía días trataba de evitar, "sus propuestas son negocios, sus propuestas son negocios" se repitió a sí misma varias veces.

–Lo sé- espetó –Sé bien que esto de buscarme ha sido solo porque debe hacerlo- lo decía con amargura escondida en su voz, cada vez odiaba más a las malditas Banshees.

–Pero creo que si usted supiera de qué hablaba Malfoy, si supiera lo que él vió, podría entender un poco más y quizá ser más indulgente, esto será duro para mí, pero permítame mostrarle- se decidió, señalando el pensadero con la mirada, ambas se dirigieron allí y al extraer con su varita un hilo dorado de recuerdos, sumergieron sus cabezas para que McGonagall observara.


Se sentía todavía turbada, haber visto lo que Hermione había tenido que pasar le había pegado duro, pero se replanteaba algo muy seriamente ¿Si Draco Malfoy había visto lo sucedido, era ese el motivo verdadero por el que quería asesinar al ex ayudante de Voldemort? El muchacho lo había dicho antes, sus motivos se basaban en lo que había vislumbrado a penas abrió la puerta de la sala de los menesteres, se mantenía meditando, sentada en el gran sillón que Dumbledore había ocupado hasta hacía poco.

–Señorita Granger- habló luego de incansables minutos de silencio –Dígale al señor Malfoy, que más vale que asista mañana después de clases al aula de DCAO, para que con ustedes recupere la clase de hoy con el profesor Snape- sonrió levemente.

–Y dígale que no me de razones para arrepentirme de mi replanteo- agregó –También avise a sus compañeros de la clase extra de mañana, excepto a la señorita Lovegood, que no perdió ninguna- la joven asintió con una sonrisa y no pensando en lo que hacía, le dio la vuelta al escritorio, para abrazar a efusivamente a la directora de Hogwarts.

–Muchas gracias- exclamó emocionada, una octava más alta de lo que solía ser su voz –Le diré ahora mismo- le soltó y se retiró, sin dejar de despedirse de la mujer con un gesto de la mano, se quedó estática al ver a Draco hablando con Daphne allí mismo, debía darle la noticia, aunque verlo con otra muchacha le quitaba un poco de alegría y le oprimía el pecho, no quería admitirlo, pero no quería verlo con otra que no fuera ella misma. Mierda, quizá Ginny tenía razón, se acercó sin inmutarse, aunque en su fuero interno estaba lastimando de gravedad a la Slytherin frente a ella, de forma imaginaria, claro.

–Malfoy – le llamó, él apartó la vista de Greengrass y le vió con semblante estoico.

–McGonagall me pidió que te dijera que espera que mañana vayas con nosotros a recuperar la clase que perdimos con Snape -sonrió débilmente –Y que no le des más motivos para arrepentirse de su replanteo- no quería dejarle responder, necesitaba irse.

–Señorita Granger, señor Malfoy, debo hablar con ustedes, síganme a mi despacho- Snape no podía ser más inoportuno, bufó por lo bajo, genial, ahora debía seguir alargando los momentos antes de su llegada a la sala común, Draco siguió a Severus sin decir nada, no se molestó en hacer más que un gesto con la cabeza, dejando a Daphne allí parada, preguntándose qué podía ser tan importante como para que tuvieran que involucrarse ellos dos y permanecer tan juntos.