Bueno mis queridas y queridos (si es que los hay xD), hoy les traigo este nuevo cap, me ha costado escribir, por falta de musa, de tiempo y diversos problemas que me han cortado los ánimos, per he decidido dejarles esto para que sepan que no voy a dejar la historia, no por los reviews (aunque son bien recibidos :P), o por los favorites, ni nada de eso, sino porque lo que he comenzado debo acabarlo ;)

Disclaimer: Todo lo identificable como perteneciente al mundo Potteriano, es propiedad de J.K. Rowling.


Chapter 15: ¿A quién perteneces?

El camino al despacho del profesor más odioso y posiblemente amargado del mundo mágico se le había hecho largo, el silencio era denso, palpable, rugoso y asqueroso; quería irse, descansar, darse un baño y frotarse la piel hasta quitarse esa horrible sensación que la perseguía, no quería estar allí, se sentó junto a Draco en el sillón que en una ocasión relativamente reciente había ocupado para pasar la noche, recordando los momentos de empatía y alarma que había pasado con el rubio, cuando estuvieron en la torre de astronomía.

–Señorita Granger, deje de fantasear, no le he hecho venir aquí para eso- musitó Severus apretando los labios, con frialdad y arrastrando las palabras, sacándola de su burbuja.

–Si le he hecho venir, es porque considero que en vista de lo ocurrido, es necesario tomar medidas al respecto- hizo una pequeña pausa.

–El señor Malfoy está en la obligación de velar por su bienestar en todos los términos, pero, según he hallado en algunos libros de la biblioteca de Malfoy's Mannor, esto solo será así hasta que se case, sea o no con la persona a la que se supone que 'pertenece'- dijo con tono despectivo, recalcando la última palabra de su frase.

–Es por ello, que debe hallar a esa persona a la que corresponde, de preferencia, antes de que el Ministerio le haga firmar una lista y le asigne a alguien más- Hermione no sabía qué hacer, quiso replicar antes que sucediera lo que temía, pero Snape no le dio oportunidad –Iré al aula de DCAO, he dejado un libro muy importante allí, en cuanto vuelva, quiero que colabore y no ponga trabas- le miró despectivamente y salió de allí, ignorando al rubio, aunque este sabía que ese gesto, era un 'Haz tu trabajo', muy al estilo de Severus.

El silencio se había apoderado de ellos, la leona permanecía mirando al escritorio, como si la oscura madera fuera la cosa más intrigante del mundo, él ya estaba cansado, quería librarse de una vez de la duda que le estaba carcomiendo y quemando las entrañas.

–Granger, ahora estás más tranquila- espetó, haciéndola dar un pequeño respingo, le había tomado distraída –Así que quiero que me contestes de una buena vez ¿Qué fue lo que te hizo Greyback? No se te ocurra mentir, sé lo que vi, no puedes engañarme, solo quiero que me digas exactamente qué te hizo para confirmar mi hipótesis, porque no puedes negarme tan descaradamente que ese imbécil se atrevió a tocarte- agregó demandante, directo y sin miramientos, ella se estremeció de solo recordar aquello.

–Eso no te importa- respondió con recelo, frunciendo el ceño –Ya deja de insistir- exclamó, por ningún motivo quería hablar, el rubio se giró para dejar su torso de frente al cuerpo de la Gryffindor, le miró molesto, con expresión dura.

–Sí importa Granger- espetó con dureza, quería saberlo, necesitaba saberlo, una parte de él todavía conservaba la esperanza de que había podido llegar a tiempo, antes que aquel animal pudiera llegar a ponerle un dedo encima.

–Así que ahora vas a decirme ¿Qué te hizo exactamente?- volvió a insistir, pero Hermione no respondía, trataba de ignorarlo.

–Bien, supongo que entonces yo puedo ir preguntando y suponiendo hasta que me digas si he acertado o no- musitó.

–Solo deja el tema- dijo, pero Draco la ignoró.

–Creo que antes que llegáramos, el imbécil te estaba echando mano- comenzó a narrar, clavando la mirada a algún punto indefinido sobre la melena pelirroja de Hermione –Creo que forcejeó bastante contigo para besarte a la fuerza- agregó.

–Para Malfoy- insistió, siendo ignorada.

–Entonces vio divertido poder pasar la mano bajo tu falta, lo que seguramente te alteró más- continuó.

–Cállate, no sabes lo que dices- trató de pararle ¿Por qué le hacía eso, le provocaba algún tipo de placer acaso? No necesitaba que se lo recordaran y menos en voz alta.

–Pero quiso todavía más, ya ves, para cualquier hombre, la piel que se desea siempre resulta adictiva- prosiguió, con tono indiferente, como si explicara que el amarillo y el azul hacían el verde.

–Cállate ya, no quiero escucharte- exclamó, volteándose hacia él, con los nudillos blancos de lo apretados que tenía los puños y con el ceño fruncido, estaba comenzando a perder el control de sí misma.

–Entonces seguramente llevó sus manos bajo tu ropa interior ¿No?- continuó, como si ella no estuviera diciéndole nada –Seguro debió parecerle satisfactorio- agregó, su tono se hizo más profundo, comenzaba a enojarse ante el recuerdo de lo que había visto antes.

–Para ya- dijo por lo bajo, reprimiendo un grito iracundo en su garganta ¿Cómo se atrevía?, el rubio se acercó un poco, inclinando su cuerpo, ella no negaba nada, lo cual solo afirmaba lo que estaba suponiendo, aunque no era idiota, sus habilidades en legeremancia habían sido útiles para darse cuenta de lo que verdaderamente había sucedido.

–Ya que he llegado al punto de lo que vi, solo me queda preguntarte algo: ¿Qué hizo con sus manos bajo tus bragas?- inquirió, presionándola todavía más, acercándose de forma amenazadora, la ambarina apartó la vista –Recuerda que puedo ver en tus pensamientos, podré saberlo de todas formas si busco en tus recuerdos Granger- sonrió ladino, fingiendo su habitual burla.

–Pero con esos pensamientos que revoloteaban antes de que entrara a la sala de los menesteres, creo que no es necesario, porque estoy seguro de que esos alaridos corresponden a que él hubiera metido sus dedos en- pero no pudo continuar, el impacto de la mano de Hermione contra su mejilla lo silenció, dejándolo estupefacto, le había abofeteado, era la primera vez que alguna chica lo hacía.

– ¡Te advertí que te callaras de una puta vez!- le gritó, el rubio fue frunciendo lentamente el ceño a medida que reaccionaba y la leona cayó en cuenta de lo que había hecho, acababa de golpear el rostro del príncipe de Slytherin, y no tenía a Harry o a Ron para defenderla, observó la mano con la que lo había hecho, y pudo ver su palma medio enrojecida, le ardía un poco y ver el lado posterior del anillo que él mismo le había hecho usar, le hizo sentir remordimientos, se sintió momentáneamente aturdida.

–Yo…- llevó su mano cerca de la mejilla masculina, pero Draco la apartó de un manotazo.

–No me toques- espetó agresivamente, como animal herido, porque así se sentía, le había dolido, pero más le había pegado en el orgullo que en cualquier otra cosa, era la primara vez que pasaba por algo así, ni siquiera cuando se comportaba como cretino con algunas chicas de su casa, con las que solía 'jugar', le había sucedido algo semejante, nunca se habría podido imaginar que justamente ella, la chica a la que había odiado por tanto tiempo y a quien se había visto obligado a servirle de perro guardián, sería quien se atreviera a ser la primera, porque un puñetazo era una cosa, pero una cachetada, era otra muy diferente.

–Bien -le contestó con sequedad –Porque no pienso hacerlo de todas formas -le espetó dolida por su gesto de repudio.

–Te mereces eso y más- agregó amargamente, Draco la miró con resentimiento y un brillo extraño que jamás había visto en aquellos ojos de plata, un mar de oscuridad que relucía en sus pupilas y estallaba en sus irises.

–Sí, merezco mucho más que eso- se levantó y le encaró –Merezco incluso morir a punta de 'cruciatus'- agregó con sarcasmo y amargura.

–Después de todo, está mal que al menos yo trate de hacerte hablar en vez de dejar que te guardes esas cosas, porque bien que soy un ignorante y no sé que reservarse ese tipo de emociones dentro hace más daño que dejarlas salir- exclamó con aun más sarcasmo, elevando el tono de voz a medida que hablaba, mezclado con cierta ironía que la ex-castaña no pudo ignorar, se sintió ofendida ¿Cómo se atrevía a tratarla como a una idiota, a hablarle de esa manera? Imbécil, eso era, ella también se puso de pie, dispuesta, como la leona que era, a ponerlo en su lugar, sentía que le hervía la sangre con solo escucharlo hablándole en aquel tono después de la horrible experiencia que acababa de atravesar.

– ¿Y quién te ha dicho que yo quiero contarte esas cosas a ti?- le espetó – ¿Quién te ha dado derecho a tratar de forzarme a contarte algo de lo que ni siquiera deseo acordarme?- volvió a cuestionar –Tú eres solo un egoísta que busca complacer su morbo imaginando lo que ese desgraciado pudo haberme hecho- le gritó eufórica.

– ¡Ni siquiera te importaba buscarme a mí, te importaba recuperar ese maldito anillo tuyo porque te habían arrebatado a Kenina de las manos!- volvió a gritar, la cólera le estalló en el interior y lágrimas llenas de ira se esparcieron por sus pómulos, las secó sin cuidado, bruscamente, enrojeciendo todavía más sus mejillas.

– ¿Y tú que sabes?- le gritó sin dejarse ablandar – ¡Tú no tienes idea de lo que pasaba por mi mente cuando todos fuimos a buscarte, tampoco tienes la más mínima idea de por qué quería hacerte hablar!- dio un paso al frente y Hermione se mantuvo firme, no dispuesta a acobardarse, el cuerpo le temblaba de rabia.

– ¡No necesito saber qué piensas para darme cuenta de que eres un interesado, egoísta, egocéntrico, incapaz de pensar en alguien más que no seas tú mismo!- le gritó en respuesta.

– ¡Si no es así entonces deberías tener otros motivos, pero eso es ridículo incluso para alguien como tú!- dio un paso corto hacia el frente, acusándolo y empujando sin conseguir efecto alguno, con el dedo índice de su diestra.

– ¿Sabes qué?- se acercó todavía más y le atajó la muñeca, halándola hacia su cuerpo – ¡Sí soy egoísta, un maldito egoísta, el egoísta que fue a buscarte, que tiene sus motivos y está harto de soportarte!- le gritó casi a la cara, la ambarina se zafó bruscamente del agarre.

– ¿Y cual motivo podría ser ese?- inquirió colérica, estaban a unos veinte centímetros de distancia, se acercó otro poco más y le golpeó en el pecho tratando de empujarlo, él la tomó del brazo y la haló todavía más fuerte que antes, haciendo a la distancia morir ante sus movimientos, dejando solo escasos tres centímetros separando sus cuerpos, se inclinó un poco hacia ella, buscando sus ojos.

–Eso no te importa- musitó conteniéndose de gritar, con voz gutural.

– ¡Vamos dímelo!- le retó en voz alta, sin llegar a gritarle, comenzaba a sentir que sus fuerzas flaqueaban, pero se armó de valor, esa discusión no iba a perderla, lo tomó del cuello de la camisa y lo haló para acercarlo todavía más y clavar con ahínco sus ojos en los de él.

–Habla, maldito animal rastrero- instó, sintiendo el aliento masculino rozar sus labios, estaban demasiado cerca.

–Te he dicho que no te importa- respondió llanamente, con voz ronca – ¿Es que acaso eres sorda, leona de pacotilla?- inquirió, cobrándose el insulto de la Gryffindor.

– ¿Tan egoísta y cobarde eres?- inquirió en voz baja –Digno de una serpiente- musitó retadora, el rubio sonrió ladino, con ironía, una leona tratando de tentar con trucos tan bajos a una serpiente, eso no se veía todos los días, volvió a su expresión seria, decidido a contestar, no estaba de humor para seguir con aquellos juegos estúpidos y comenzaba a sentir punzadas asestando en su cráneo dolorosamente.

–Tenía la esperanza de haberme equivocado- dijo con voz profunda, casi susurrando, Hermione alzó una ceja, en plan de inquisidora.

–Tenía la esperanza de haber llegado a tiempo, como para evitar que ese bastardo te tocara, simplemente parte de mí no quería admitir que había fallado- bufó derrotado.

–Bien que lo has dicho, soy un bastardo egoísta, y sí, quería satisfacer a mi orgullo ¿Y qué…?- el rostro de la leona se desencajó, se sintió extraña y sintió ganas de reír, soltó una risita por lo bajo y el rubio alzó una ceja.

–Eres un idiota- dijo con suavidad, su semblante se volvió triste –No ha sido tu culpa, tampoco has fallado en nada, hiciste bien- le dijo y se acordó de algo muy importante, desde que había salido de la oficina de McGonagall había conservado en su mano izquierda el collar que Draco desde hacía poco solía llevar al cuello, se lo tendió, él lo tomó y se lo colgó de nuevo.

–Malfoy… ¿Atacaste con tanto salvajismo a ese hombre por haberse llevado a Kenina?- se atrevió a preguntar, dudando de si habría sido correcto o no, en cierta forma no quería saber su respuesta.

–De hecho- comenzó, no se habían distanciado ni un poco –Fue por varias razones, esa fue una; que secuestrara a Zabini fue otra, no es que sea mi mejor amigo, pero sigue siendo uno de los míos y la más importante…- fue enumerando, sin terminar de mencionar la tercera, no podía permitirse exteriorizar lo que verdaderamente lo había llevado a aquello, debía quitarse esa sensación como fuera, no había podido evitar gritarlo mientras golpeaba a Greyback, pero daba gracias a Salazar, todos habían creído que se refería a su anillo, no podía engañarse a sí mismo y salirse por la tangente, diciéndose que aquella frase se debía a eso, porque no era así, tampoco podía dejar de reconocer que llevaba días con aquella extraña sensación de que de alguna forma, ella era suya, eso era estúpido.

–Por favor, dímelo- pidió, el rubio dejó de sujetar su brazo y ella lo acomodó sobre su pecho, permitiéndole sentir la calidez de su tacto aun sobre la tela del uniforme.

–Por haberte llevado de esa forma- admitió, suspiró resignado al darse cuenta de que su consciencia le impedía improvisar, por algún motivo no estaba siendo capaz de mentirle.

–Me hizo perder el control ver lo que estaba haciéndote, mi deber es cuidar de ti, no sé, simplemente vi lo que hacía y sentí ganas de acabar con él por atreverse- espetó apartando la mirada –Yo no soy una buena persona, eso lo tengo claro, pero ni siquiera a mí se me ocurriría hacer algo así, es inaceptable- explicó.

–No creo que seas tan malo como piensas Malfoy- le dijo suavemente sin siquiera meditar previamente sus palabras, la cálida respiración femenina contra su boca le hacía desear tenerla un poco más cerca para sentirla mejor, pero sabía que eso era imposible, inconscientemente se acercaron otro poco más, fijando sus ojos en los del otro, sin dejar de mirarse, perdidos en el oro y la plata que se fundían en ambos pares de cuencas, hasta que sus bocas rozaban casi imperceptiblemente, los labios entreabiertos de la leona lo tentaban a reclamarlos.

¿Pero qué demonios le estaba pasando? No tenía ni idea, aquello no podía permitírselo, ella pronto sería de alguien más y él era un Malfoy, no era un adolescente estúpido cualquiera, Hermione no le pertenecía y así era como debía ser, se dio cuenta de lo mucho que le afectaba aquella cercanía, de lo mucho que últimamente se había preocupado por ella, por su bienestar, por sus estados de ánimo; se percató de que esos molestos ardores en el estómago en los momentos en que el ex-ayudante de Voldemort, que fingía ser Blaise, atacaba a la pelirroja, la sensación de que se estaban metiendo con algo suyo no había desaparecido, y de que esa sensación solo había aumentado con lo ocurrido esa tarde, se alejó de ella repentinamente, haciendo un brutal esfuerzo por contenerse, se colocó de espaldas a la leona.

–Esperaré en el sillón- espetó estoico –Tú has como quieras- agregó, Hermione se sentó en el sofá, aturdida, incluso mareada ¿Pero qué había estado a punto de hacer? ¿Es que acaso iba a dejarse besar por la serpiente? ¿Y por qué ambos se permitieron acercarse de esa forma? Godric, estaba perdida.*

Poco tiempo había pasado, escasos cinco minutos desde que ambos se habían dedicado al silencio, embotellándose en sus propios mundos invisibles, cuando Snape atravesó por el umbral de la puerta ¿Es que les estaba midiendo el tiempo? No lo sabían, aunque el hombre sí se había asomado por la puerta en algún momento en que ellos no podían percatarse de nada, pero había decidido quedarse afuera, para no estorbar y quedar atrapado entre aquellos gritos, no pensaba, ni por todos los galeones de Gran Bretaña, parar una pelea de adolescentes híper-hormonales portándose como idiotas, al verlo, Draco se paró del asiento de su padrino y tomó una silla al otro lado del escritorio para sentarse.

–Señorita Granger, acérquese- ordenó con frialdad, la ambarina obedeció y tomó una segunda silla frente al escritorio del profesor de pociones –Bien…- siseó, se dio vuelta y buscó en un estante tras el escritorio, extrayendo un pequeño frasco con un líquido de dudosa procedencia y volvió al escritorio, manteniéndose de pie.

–Señorita Granger, usted debe saber qué tengo aquí, ¿No es así?- le habló y ella asintió, Snape tomó asiento.

–Entonces creo que no es necesario que le diga que emplee su olfato sobre esta poción- Draco se mantenía observando los movimientos de su padrino y la leona, Hermione hizo lo que le pidió, volviendo como antes a percibir el olor del césped recién cortado, los pergaminos nuevos, pero, había algo diferente, esta vez el olor del cabello de Ron no estaba allí, sino más bien una esencia oscura y envolvente, que la dejó de piedra, conocía bien ese aroma, ese perfume, eso no podía estarle pasando, no, se negaba, batió un poco la cabeza para salir de su ensoñación, maldita 'amortentia'.

– ¿Ahora qué?- preguntó débilmente.

–Quería probar algo, señorita Granger, respóndame con sinceridad- demandó tajante.

–La poción de 'amortentia' puede hacerle percibir el aroma de las cosas que más le gustan, pero también puede hacerle percibir alguna esencia relacionada con alguien que le gusta, por lo que, si su destino está sellado, en esta poción, debería ser capaz de percibir un aroma que se asocie a la persona a la que está ligada, por lo que mi duda sería ¿Antes había percibido exactamente lo que ahora?- inquirió, con seriedad.

–No, señor- respondió, agachando un poco la mirada, no quería que se descubriese, no todavía, le preocupaba lo que Malfoy pudiera pensar, sabía que no debía, pero allí estaba ese sentimiento de angustia que se atoraba en su pecho.

–Eso quiere decir que quizá el cambio se deba a la relación que sus instintos deberían guardar con respecto a esa persona 'especial'… Debido a que de alguna manera debe poder percibir que el sujeto es el indicado, esta debería ser una atracción bastante fuerte, algo que llegue a ser incontenible si se deja llevar por el estupor del momento- explicó, arrastraba las palabras con cierto atisbo de idealización, dando a entender que estaba explicando todo cuanto estaba analizando en ese mismo instante.

– ¿Se le hace conocido ese olor que se ha modificado, esa diferencia se le hace familiar?- ella asintió, no quería ni hablar, pero alzó el rostro para mantener su dignidad, al menos eso debía poder salvar.

– ¿Es necesario que me quede?- preguntó Draco de repente, con tono monocorde y expresión de aburrimiento, lo que molestó a Snape.

–Sí, señor Malfoy- respondió secamente, ese sería su castigo por fastidiarle, volteó a ver a Hermione –Si se toma en cuenta que la variación le resulte familiar, quiere decir que ha percibido antes ese aroma, aunque fuese solo una vez y sin prestar atención- dijo con tono seco y tajante a la leona.

Draco no quería escuchar nada, ni siquiera pensamientos de la Gryffindor, sabía que de Snape sería imposible, por ser este un fuerte oclumante, pero ella no lo era, así que mantenía retenidas sus habilidades, Morgana, como deseaba salir corriendo de ese lugar, su grueso anillo de plata se entibió, transmitiéndole calma.

–Asumo entonces que es un mago, probablemente de Hogwarts, ya que si perteneciera a alguien a quien estuviera acostumbrada, ya habría podido identificarlo- agregó y tomó el libro que había colocado en el escritorio apenas había entrado.

–Deme su mano izquierda, practicaré un encantamiento que he hallado, para poder asociar ese recuerdo aislado producido por la 'amortetia', con alguno de los estudiantes de este lugar y estudiaré las características que expone el sello en su muñeca- ordenó y explicó en tono solemne, como cuando daba clases.

–Profesor no creo que sea necesario, se supone que esa persona podrá identificarme y que yo también podré hacer lo mismo, es solo cuestión de tiempo- repuso con voz temblorosa, estaba nerviosa, no quería que nadie supiera aun, ya suficiente tenía con Ginny, Draco la miró de hito en hito, negando levemente sin decir nada, indicándole que no debió decir aquello, Snape frunció el ceño.

–Señorita Granger, por petición de la profesora McGonagall, debo ayudarla, para que halle a esta persona y no termine usted en un mal matrimonio y por demás desprotegida- hizo una pausa.

–Apenas se case y consume la unión, el señor Malfoy ya no tendrá que cuidar de usted, y por tanto, ya no deberá salir en su rescate cada vez que se meta en problemas, por lo que es mejor que se asegure de que el tiempo no se le escurra de entre los dedos- dijo, con tono seco, autoritario y peyorativo, extendiéndole la mano para recibir la femenina.

La resignación le hizo tocar fondo, Snape iba a descubrirlo apenas ver el círculo, Draco se enteraría a través de los pensamientos que rondaban por su cabeza, si es que acaso ya no lo sabía, suspiró resignada y acercó su mano a la de Severus, que la escrutaba de manera glacial, este tomó su muñeca, tocándola lo menos posible, se sintió incómoda por ello, el hombre comenzó a leer un párrafo del libro sin prestar mucha atención a su mano, la miró.

–Perfecto, ahora podré- se quedó pasmado por un instante al fijar su vista en la muñeca de Hermione, esos indicativos, su rostro se tornó serio, la miró otra vez, apretando un poco para que ella no se zafara tan fácilmente.

–Señorita Granger ¿Puede explicarme por qué no había dicho nada? Solo conozco un linaje con herederos varones que posean esas características y usted es claramente consciente de a qué estirpe me estoy refiriendo- Draco se acomodó mejor en la silla, enderezando la columna y observando a la pelirroja con una ceja alzada, expectante.

–No estoy de acuerdo, en lo absoluto, con la idea de unión semejante, pero ni siquiera el poder de todos los magos y brujas del mundo mágico juntos puede deshacer algo como esto, usted ya debería habérselo hecho saber, pero es evidente que no le ha informado a quien debería…- le acusó, el rostro de Hermione se volvió en una expresión congestionada, pálida y negando ligeramente, rogando con su mirada que no lo dijese.

–Dígaselo ahora- ordenó, sin dejar de mirarla, sin dejar de ordenarle y sin dejar a Draco ninguna pista útil.

–No- exclamó nerviosa –No es el momento todavía- agregó en el mismo tono.

– ¿Y qué momento espera que llegue?- inquirió retador – ¿El momento en que Shacklebolt venga por la lista de emparejamientos?- volvió a preguntar.

–No, pero- se interrumpió cuando vió al príncipe de Slytherin levantarse y acercarse a ella, tomar su mano diestra y halarla para que se levantase – ¿Qué haces?- cuestionó a la defensiva tratando de resistirse.

–Vas a dejarme ver esa estúpida cosa, ahora, luego ayudaré a Snape a ubicar a esa persona e iré en su búsqueda- Hermione trató de apartarse, tal y como en la biblioteca, pero él ya se lo esperaba, la asió con más fuerza, mientras ella trataba de liberarse.

–Será más fácil una vez que él lo sepa, no es necesario que lo grites a los cuatro vientos, solo que hagas esto un poco más sencillo para todos- explicó y la sujetó de la otra muñeca.

–Me parece bien señor Malfoy, de hecho, no me explico cómo es que la señorita Granger no le había dejado ver ese círculo todavía, creo que coincidirá conmigo al notar las características que expone, puesto que son bastante peculiares, por ahora me retiro, avíseme cuando ya pueda dedicarme a mi encomienda- dijo, sacó su varita, apareció mágicamente una puerta y la atravesó, sabiendo que realmente ninguno de los dos le había escuchado.

–Solo deja que la vea ¿Cuál es el problema?- musitó mientras forcejeaban, no quería tener que usar demasiada fuerza, era consciente de que podía hacerle daño y de que ambos estaban bastante debilitados.

–Es que simplemente no quiero que lo hagas- le exclamó, ella intentó patearle, pero él dio un brinco hacia atrás, evitándola sin dejar se sujetarle.

–Ya es suficiente- gruñó, harto por la situación, apretó sus muñecas hasta casi causarle dolor, la pelirroja podía sentir la presión del agarre, el rubio la haló con fuerza y maniobró para llevar los brazos femeninos hacia la espalda de Hermione, atajándola y haciéndola caminar hacia atrás, hasta el sofá negro a medida que la remolcaba con su tórax, llevó las manos de nuevo a como habían estado antes y la hizo sentarse, empujándola con su cuerpo; se sentó junto a ella sin dejar de retenerla, la ambarina todavía no desistía, así que la haló con fuerza y la aprisionó entre sus brazos, hasta alzarla un poco y llevarla a sentarse en sus piernas, de espaldas a él, la apretó más contra sí mismo para inmovilizara y la hizo alzar la muñeca izquierda, por fin logró verlo, allí estaba, ese círculo de perdición que hacía pocos minutos había maldecido junto con las Banshees, las Nornas y todo lo que tuviera que ver con Dezthio, pero lo que vio lo dejó impactado.

¿Así que era por eso que sentía aquellas cosas tan extrañas? ¿Osea que ella también podía sentirse así? Todo se volvía confuso, pero algo en su pecho se sentía cálido, parte de sí mismo estaba contrariado, pero otra parte más profunda, una que no sabía que estaba viva, le hacía sentirse aliviado, fue soltándola poco a poco, ella dejó caer las manos en su regazo lentamente, sin animarse a voltear a verle, sin moverse, Draco salió de su ensoñación y pudo verla cabizbaja.

¿Tan mal le sentaba la noticia? ¿Tanto lo odiaba como para no querer que él se enterara? Bueno, eso podía entenderlo, no es que fueran los mejores amigos, tampoco que se llevaran bien o que ella fuera su chica favorita, se suponía que se odiaban a morir ¿Qué más se podía esperar? Tendría que discutirlo en ese mismo momento para salir de dudas, aunque no tenía idea de por dónde comenzar.

–Granger…- murmuró, sin saber realmente qué decir, se inclinó un poco y alcanzó a pasar un brazo por debajo de las rodillas femeninas, sujetando también su abdomen al rodearla con un brazo, para moverla y sentarla de medio lado, permitiéndose así poder verla mejor.

–No quería que supieras nada- dijo con voz queda y apagada –Aquel trato antes solo ha sido por mera conveniencia, incluso lo he aceptado, aunque quizá solo fue porque la cerveza de mantequilla se me subió a la cabeza, pero- él la tomó del mentón para hacerle alzar el rostro, los ojos dorados de Hermione se fijaron en los de plata de Draco, ella suspiró.

–Con lo que pasó hoy, creo que es mejor no hacerlo, olvidar esto- sonrió amargamente.

–Solo debo buscar a alguien o dejar que me asignen a algún mago por parte del Ministerio- agregó, Merlín, ahora ya no podía ocultarle eso que tanto quería esconder, de por sí no era buena mintiendo, pero es que no podía siquiera tratar de hacerlo ¡No podía! Suspiró otra vez, ya no había caso, debía decirle lo que pensaba de una vez por todas y acabar con ese maldito embrollo.

–Creo que eso será lo mejor, yo… No quiero que cuides de mí tampoco, de hecho detesto que lo hagas, aunque en estos momentos sea tu deber, es mejor que cada uno vaya por su lado, hay que acabar con esto, nosotros nos hemos odiado durante años, y todas estas situaciones solo nos meten en líos y causan incomodidades para nosotros y nuestros amigos- le dijo, mirándolo decidida, no quería aceptar verlo de nuevo en aquellas condiciones, como las de esa tarde, no quería permitir que las cosas terminaran convirtiéndose en negocios entre ellos, mucho menos quería que se le fueran de las manos.

–Está bien- aceptó, quería pedirle que lo reconsiderara, pero su orgullo no se lo permitía, no podía simplemente decirle "No me alejes de ti".

–Supongo que si eso quieres, no hay problema- espetó, su tono era duro e inflexible –Será mejor que te vayas, Granger- le empujó suavemente para indicarle que se pusiera de pie, la ambarina se irguió y le miró dubitante.

–No creo que quede nada de que hablar, entonces, ya no es necesario que permanezcas en este lugar- agregó en tono profundo y monocorde, como si no importara y se acomodó en el sofá de forma tal que quedaba recostado en pose elegante y distendida sobre el largo del mueble, Hermione frunció el ceño ¡La estaba echando! Eso era inadmisible, ella no merecía ser tratada así, mucho menos cuando acababan de romper su pseudo-compromiso; no se daba cuenta de que él lo hacía a propósito, se le quedó viendo.

– ¿Qué? ¿Todavía tienes algo más que decir? Si no es así, será mejor que te largues, ya habías dicho que eso era lo que querías hacer, o bueno… Lo pensaste- adivinó sin saber si realmente eso era cierto –Pero para los efectos es lo mismo- espetó.

– ¿Podrías por una vez en tu vida actuar como alguien común y no de esa forma tan… Tan… egocéntrica tuya?- inquirió enfadada, el rubio sonrió de lado, con superioridad.

–No eres quién para decirme que hacer, tampoco es que tenga padres que lo hagan, así que mejor déjame en paz, tú eres una insufrible sabelotodo y aun así ya no te digo nada- amplió su sonrisa al observar la expresión de indignación en el rostro de la Gryffindor.

–Tengo cosas que hacer aquí, estoy esperando que te esfumes, así que contaré hasta tres, sino te has marchado, me levantaré de aquí y te haré quedar, y entonces, haremos las cosas a mi modo ¿Entiendes, Granger?- advirtió, la leona se enojó todavía más y colocó las manos sobre las caderas, en forma de jarro ¿Es que era retrasado mental acaso? ¿Qué clase de idiotez era esa de contar hasta tres como si ella fuera una niña?

–Uno… Te recomiendo que salgas ahora que tienes tiempo- dijo sonriente, sabía que ella no lo estaba tomando en serio, craso error.

– ¿A mí que coño me importa lo que puedas recomendarme? Déjate de estupideces Malfoy, no seas infantil, me iré cuando se me antoje- le espetó dando un pequeño paso al frente, encarándolo y tocando parte del sofá con la zona frontal de sus pantorrillas.

–Dos… Veo que quieres quedarte- ella abrió la boca para hablar, pero la cerró de nuevo frunció aun más fuertemente el ceño, gruñendo por lo bajo.

–Tres…- entrecerró los ojos y su sonrisa se volvió maliciosa, se irguió con porte aristocrático y Hermione tuvo que dar un paso hacia atrás para hacerle espacio, luego otro y otro, se dio vuelta para alejarse de él, temiendo que el rey de las serpientes se tomara en serio la advertencia, pero él la atajó por la espalda y la alzó hasta hacerla despegar los pies del suelo, la leona comenzó a patear y a retorcerse y a contorsionarse para que la soltara, pero él solo se reía, era como un juego, la Gryffindor escuchó aquella risa fresca y jovial, sintiendo que algo cálido la invadía y se apoderaba de su pecho, instándola a dejar de protestar, se quedó quieta poco a poco sin ser plenamente consciente de lo que hacía.

Draco, así como estaban, la condujo hasta casi llegar al sofá, la bajó, la hizo darse vuelta y la abrazó para alzarla, los brazos de la joven rodearon su cuello por acto reflejo, pues necesitaba sujetarse de algo, creía que iba a dejarla caer, las piernas femeninas rodearon las caderas masculinas, aunque ella misma no podía explicarse el por qué, ni mucho menos el rubio, que no estaba menos impresionado que la ambarina, era totalmente natural, como si sus instintos le exigieran hacerlo, como si eso fuera normal entre ellos, como si siempre lo hubieran hecho, el Slytherin caminó hacia atrás, para caer sentado en el sofá, con ella acomodada sobre él; hizo amago de acostarse y la chica se vio obligada a reacomodar sus piernas a ambos lados del cuerpo contrario, el rubio la tomó de los brazos y la haló hacia su cuerpo, sin dejar la sonrisa que le había mostrado en cuanto la había encarado, luego de haberla cargado.

–Malfoy ¿Qué haces? ¡Suéltame estúpido hurón mono-neuronal!- chilló con voz débil, con la misma fuerza casi ausente resonando en su cabeza y las mejillas ardiendo.

–Te dije que si no te ibas, tendría que ser a mi modo y yo quiero estar cómodo- su expresión se hizo traviesa y algo dentro de Hermione no pudo evitar que pensara una simple frase, "adiós al Draco lindo", una rubia ceja se alzó en el rostro masculino, la pelirroja suspiró, el Slytherin dejó de sujetarla y acomodó los brazos tras su cabeza, para poder mantenerla medio alzada.

–No creo que haya de qué hablar, tú mismo lo dijiste- le espetó Hermione con expresión seria, sus manos yacían sobre los pectorales del rubio, sus brazos estaban semi-flexionados sobre él, para poder verlo a la cara, Draco dejó a un lado su sonrisa maliciosa y volvió su rostro a una expresión críptica, que dejaba entre ver tranquilidad, aunque de alguna manera, su aura no decía lo mismo.

–Granger, sí tenemos de qué hablar, pensé que entendías la ironía en mis palabras, pero parece que tu subconsciente responde mejor que tú misma- musitó, la pelirroja le vió consternada, el rió sardónico.

–Vamos, me dices que no quieres que vuelva a cuidar de ti, pero sabes que no puedo dejar de hacerlo, dices que debemos acabar con esto, pero sabes que eso no puede ser ¿Cómo pretendes que deje esta conversación a medias?- argumentó.

–No puedo dejar de velar por ti hasta que llegues a casarte, no voy a obligarte a aceptar un trato que has dicho que quieres disolver, sé que debe ser algo de común acuerdo, pero te recuerdo que la persona a la que le perteneces, soy yo- espetó, la leona buscó alejarse pero el príncipe de las serpientes fue sentándose, provocando que ella hiciera lo mismo, ambos quedaron encarados, y cerca, muy cerca, Hermione se sonrojó todavía más al percatarse de ello, Draco se acercó a su oído.

–Me perteneces, Granger y lo sabes- le susurró, la Gryffindor se estremeció.

–Eso no es cierto, soy libre y no pertenezco a nadie- musitó, tratando de resistir el leve temblor que comenzaba a aquejarla, el rubio se alejó un poco, para verla de frente, rozando su nariz con la de ella, esbozó una media sonrisa sardónica.

– ¿Segura de ello, Granger?- preguntó con un brillo burlón en la mirada, ella asintió un tanto dudosa.

–Respóndeme algo más también ¿Tenerme cerca te causa repulsión, incomodidad o algo parecido? ¿Es por ello que quieres que me aleje?- inquirió, sonriendo con malignidad.

–Sí, sí y… Sí… Malfoy- respondió, tratando de no perderse en aquellos orbes grises que la embelesaban, podía luchar, podía forcejear y aprovechar que sus brazos se hallaban entre su pecho y el del chico para tomar impulso, levantarse y salir de allí, no sin antes darle al menos un puñetazo, pero sentía que no podía moverse, Draco comenzó a reír con sorna, burlándose de su respuesta.

–Pensé que eras un poco más lista Granger- musitó dejando de reír, Hermione se dio cuenta de a qué se refería, rayos, había caído en su trampa –Pero creo que ya sabes a qué me refiero, es decir, no creo que estés del todo segura de ello, supongo que eso tendrás que demostrármelo, además, si tan incómoda y asqueada te sientes ¿Por qué sigues sentada sobre mí? Ni siquiera estoy sujetándote, te di antes la oportunidad de irte y no la tomaste, incluso ahora podrías hacerlo y no iría tras de ti, pero sigues aquí- y todo era cierto, él solo estaba sentado, apoyando las manos en el sofá, sin retenerla, no supo cómo responder y el rubio aprovechó para continuar.

– ¿Y así pretendes que crea que es esa la razón por la que quieres que me aleje de ti?- le cuestionó –Será mejor que te expliques de forma coherente o me veré en la obligación de sacar mis propias conclusiones, leoncita de pacotilla- terminó de decir, el ceño fruncido de la ambarina no era solo de enojo con el muchacho, sino con ella misma.

¿Pero qué demonios era lo que le pasaba? Podía irse, debía irse, largarse de allí, pero en cambio se quedaba, embobada como idiota, diciendo sandeces sin sentido ¿Pero cómo no hacerlo en semejante situación, teniéndolo tan cerca, percibiendo el olor de su perfume, perdiéndose en sus bellos ojos, sintiendo la calidez de su cuerpo debajo de ella…? Batió la cabeza tratando de sacudirse esos pensamientos.

–Eso es porque preferí quedarme para encararte, porque no quiero que digas que soy una cobarde, no es que no me moleste tenerte cerca Malfoy, simplemente no voy a dejarme vencer por ti- le espetó, nunca se había sentido tan mal consigo misma, estaba mintiendo descaradamente y parecía en vano.

–Bien…- dijo simplemente –Ese sería un buen argumento, si fuera real, pero no te creo, eres muy obvia, no sabes mentir- musitó con sorna –Si fuera cierto, te habrías quedado, pero habrías sido lo suficientemente coherente con lo que acabas de decir, como para alejarte, o al menos sentarte a mi lado en vez de sobre mí, pero no te veo tratando de hacerlo, al contrario, puedo verte muy cómoda en esa posición- instó.

–Ahora que quedó aclarada tu mentira Granger, quiero la verdad, no seas tan ilusa como para creer que puedes engañar a una serpiente, vamos, haz honor a la valentía de Godric Gryffindor, no seas una gatita asustadiza y atrévete a decirme lo que en verdad piensas- le picó, sabía que su orgullo sería su punto débil.

–Más bien deberías ser tú el que explique las cosas Malfoy- espetó, debía evadirlo y salir de allí, Draco alzó una ceja, cuestionándola con la mirada – ¿Por qué tanto interés en saber lo que pienso si se supone que no te importo?- preguntó.

– ¿Por qué haces estas cosas, por qué te empeñas en mantenerme tan cerca de ti? Respóndeme tú ahora, ya estoy hastiada de tus interrogatorios así que comienza a hablar, estúpida serpiente tramposa- Draco sonrió, otra vez buscando salirse por la tangente, bien, tendría que sacar sus propias conclusiones y obligarla a que hablaran luego.

–Simple, gatita- comenzó a decir –Soy orgulloso y para mí es una ofensa muy seria que de la nada quieras alejarme y rechazar mis cuidados, no es que sea lo más placentero del mundo, pero ningún Malfoy respetable puede aceptar algo como eso- dijo, en parte era verdad, su orgullo tenía que ver, pero no era la razón principal.

– ¿Empeño en tenerte cerca dices?- soltó una risilla llena de sorna –Granger, cuando converso con mujeres en privado, a menos que sean mayores, demasiado jóvenes o terriblemente feas, estoy acostumbrado a tenerlas cerca para no perder detalle de sus expresiones, en tu caso, prefiero tenerte aun más cerca que a las demás y es porque me encanta fastidiarte y… -ensanchó su sonrisa.

–Porque el hecho de que seas de Gryffindor, o amiga de San Potter y el chico Comadreja, insufrible y bastante mojigata, no quiere decir que no seas mujer, ni mucho menos quita el hecho de que estoy en una posición bastante grata ¿Entiendes, leoncita?- dijo con total credibilidad, vaya que le resultaba fácil mentirle a los demás, porque con él mismo no era tan sencillo, sabía que quería tenerla cerca porque eso le hacía sentir bien, quería tenerla así con él porque eso alejaba todos los fantasmas que lo aturdían con la represión de su consciencia, porque aparentemente ella era la única que podía hacerlo, porque ya ni el sexo era capaz de dejarlo en tal nivel de éxtasis, que conseguía en cinco minutos con Hermione, malditas Banshees, ahora debía soportar ser adicto a la presencia de alguien con quien no estaría nunca.*

–Oh, señor Malfoy, Eriol lamenta interrumpir sus actividades- se escuchó la voz amortiguada de alguien más, Draco en un rápido movimiento se inclinó más hacia el frente, alzando el rostro, para abrazar a Hermione y cubrirla, evitando que el elfo pudiera verle el rostro.

– ¿Qué quieres?- espetó, volteando a ver al pobre elfo que le observaba con vergüenza, sumisión y bastante ruborizado.

–Eriol vino a traer esto de parte de su ama, la señorita Nightingale- reverenció hasta que su nariz rozó el suelo, se irguió mientras le cedía dos sobres, uno color durazno y otro de color rojo intenso, uno con un listón negro y el otro con el sello de la familia Nightingale.

El elfo observó el cuerpo de Hermione sobre el de su amo y percibió en la chica una esencia extraña, no era una sangre-limpia propiamente, al menos no de clase tan alta como la de su amo Malfoy o la de su ama Nightingale, pero tampoco era una sangre-sucia, la leona se sintió observada y presa de la vergüenza y los nervios de ser descubierta en aquella situación, llevó sus manos del pecho de Draco a la espalda masculina, buscando refugiarse mejor en el escondrijo que habían resultado ser sus brazos, clavando con rabia las uñas en la espalda del rubio al hacer memoria de lo que aquel apellido significaba para ella.

Solo una frase se atravesó en su mente: "Esa maldita zorra", pero su compañero no alcanzó a ver aquello en sus pensamientos, pues persistía en su ahínco de no utilizar sus habilidades en legeremancia, suerte para ella, el Slytherin extendió uno de sus brazos para tomar ambos sobres, con una expresión que indicaba que estaba aguantando un quejido por el maltrato que la muchacha le infligía a su espalda.

– ¡Muchacha maleducada!- le gritó un indignado elfo a Hermione, la criatura mágica se acercó con el ceño fruncido y comenzó a halarla de la camisa – ¡Cómo te atreves a tratar de lastimar a mi amo! ¡Quítale tus asquerosas manos de encima!- le volvió a gritar, entonces sintió un empujón que lo hizo caer sentado.

–Mucho cuidado con lo que haces, Eriol- siseo Draco con voz profunda y amenazadora, estaba molesto ¿Cómo esa sabandija se atrevía a tocarla? ¿Y a él eso qué le importaba? Frunció el ceño.

–Eres tú quien no tiene derecho a ponerle siquiera una mano encima, pronto su sangre será tan pura como la mía, pero de momento sigue siendo una sangre-limpia y por tanto le debes respeto… Si vuelves a hacer algo como esto, yo mismo acabo contigo- espetó con furia, como si fuera a gruñirle.

–Sí amo, Eriol no volverá a hacerlo de nuevo, Eriol lo siente, Eriol debe ser reprendido- pidió.

–Y lo serás, pero no por mí- le espetó –Te irás y le dirás a Maribel lo que ha sucedido y ella verá qué castigo imponerte- culminó su frase.

–Sí, sí amo, Eriol obedecerá de inmediato ¿Necesita algo que pueda traerle, hay algo que Eriol pueda hacer por usted, amo Malfoy?- comenzó a hablar con voz temblorosa, la emoción y el arrepentimiento eran palpables en su voz chillona.

–No, ya puedes irte- musitó con mortal seriedad, el elfo asintió, reverenció solemnemente y con un chasquido desapareció, el rubio suspiró.

–Vaya… Va a matarme…- dijo para sí mismo, se fijó en los sobres que sostenía en sus manos, Hermione no se movía, quizá estaba todavía así por si la criatura volvía, así que no prestó mucha atención, sentía que tenerla así de cerca de alguna manera le era algo familiar, era como si estar así con ella fuese cosa de todos los días, sus instintos incluso le clamaban que la estrechara todavía más, pero debía contenerse.

¿Por qué rayos estaban sucediéndole esas cosas? ¿Ahora que haría si no podía acercársele de nuevo? ¿Qué pasaría cuando ambos tuvieran que casarse? Sacudió un poco la cabeza, luego pensaría en eso, llevó el sobre rojo a su izquierda e hizo amago de abrirlo, este flotó frente a él y tomó forma de rostro, carraspeando como si se aclarara la garganta, Draco se dispuso a abrir el otro, sin hacer mucho caso del primero.

Draco, se bien que debes estar comenzando a leer el segundo sobre que te mandé, te conozco bien, no eres de perder tiempo si puedes hacer varias cosas a la vez- el rubio comenzaba a leer el contenido del sobre color durazno.

Así que iré directo al grano, más te vale que asistas y que la chica a la que lleves, que para esa fecha ya deberá ser tu prometida, sea de mi agrado, porque no has estado con alguien como yo, para venir a caer en manos de alguna estúpida, insignificante y sin intelecto, sabes a qué me refiero- Draco suspiró, Hermione se alejó un poco para escuchar mejor y tratar de asesinar con la mirada el sobre del que provenía aquella voz.

Sé qué condiciones debes cumplir por culpa de los idiotas del Ministerio, por lo que espero que de ser mestiza, la chica valga la pena, porque sino es suficientemente buena para ti, voy a joderte, no pienso dejar que estés el resto de tu vida con alguien que te haga miserable y lo sabes- se oyó un suspiro de parte de la voz de Maribel.

Draco… Gracias por todo lo que has hecho por mí, no tienes idea de cómo me ayudaste y no sabes lo mucho que agradezco haber podido estar contigo, al menos puedo decir que mi primera vez fue con quien yo quería, así que el imbécil de mi prometido no obtendrá eso de mí- se escuchó una risita traviesa y melancólica desde el sobre, la leona frunció el ceño ¿Tenía que ser tan directa en decir que Malfoy la había tenido en su cama?

– ¿Sabes? Creo que lo que más va a hacerme falta serán nuestras largas conversaciones, poder apoyar mi cabeza en tus piernas para hablar y llorar hasta dormirme… Ojalá pueda al menos llevar un matrimonio medio feliz… Y ojalá tú halles a la mujer adecuada para que por lo menos puedas sobrevivir sin que la pobre te mate con un avada- el rubio puso los ojos en blanco y bufó exasperado.

Drake… No olvides que te amo… No de forma cursi, pero si de manera diferente… Espero verte en mi boda, que me desees suerte y que intimides un poco al hombre para que sea bueno conmigo- terminó diciendo con voz rota.

Espero tu pronta respuesta… Besos, abrazos y mucho cariño… Maribel…- el sobre cayó del lado izquierdo del joven, quedando apoyado sobre el asiento y el espaldar del sofá, el Slytherin llevó su mano surda a su nariz masajeándola desde el puente, perfecto, ahora debía asistir a una boda, como si le encantaran aquellas cosas, además debía ir acompañado.

¿De dónde coño iba a sacar a una prometida? Tendría que esperar a que el Ministerio le asignara una o Granger cediera, genial, simplemente genial.

–Granger, apártate, voy a levantarme- le espetó, a Hermione le costó procesar la orden, pero lo hizo sin mencionar nada, estaba enojada, no quería que nadie lo tocara y mucho menos que ninguna idiota se encargara de recordarle sus noches de aventuras, en sabría Godric cuántas camas.

–Creo que es mejor que te vayas y hablo en serio, este no es buen momento para hablar y de todas formas tú no deseabas hacerlo, así que yo mismo sacaré mis propias conclusiones, adiós- le dijo con indiferencia, para luego dirigirse a la puerta.

–Pensé que te quedarías- espetó molesta tratando de retenerlo un poco más ¿Pero qué estaba haciendo? Si quería irse que se fuera, no era su problema.

–Pues como ves, ya no- respondió secamente, tomando el picaporte para abrir y marcharse.

– ¿Qué se supone que planeas hacer ahora hurón tramposo?- Draco se detuvo y volteó a verla.

–No es tu maldito problema, estúpida leona cobarde- le espetó agriamente para después girarse, abrir la puerta y marcharse, azotando la oscura y pesada madera contra el dintel, Hermione abrió los ojos un poco más de lo habitual, él se había marchado, eso le hacía sentir que el pecho se le oprimía.*

La realidad pareció calarle hasta los huesos: ahora ya no tenía ninguna opción de respaldo en caso de no conseguir a nadie con quien casarse y el muy imbécil seguro conseguiría rápidamente a cualquier otra, por muy exmortífago que fuera ¿Qué, por Morgana, se suponía que debía hacer con su vida, con su mente, con sus ganas de matarlo por enredarse tan fácilmente con otras mujeres? ¿Tan perdida estaba? ¿Es que acaso Ginny tenía razón? ¿Entonces no podría escapar de ello? Demasiadas preguntas a la vez y ninguna respuesta que la satisficiera, salió de allí y se quedó petrificada al ver aquella escena:

Malfoy, con Daphne Greengrass, de nuevo, pero esta vez, ella iba tomando el brazo del Slytherin, hablándole mientras le sonreía coquetamente y él la escuchaba y la miraba tranquilo, hasta indiferente, frunció el ceño enrojecida de la rabia y al darse cuenta de lo que estaba pensando, que eran diferentes formas de dejar calva a la chica Greengrass al estilo muggle, se asustó ¡Oh no! ¡No podía estar sintiéndose así! ¡Rayos, no! No podía, eso no estaba bien, estaba reaccionando como si estuviera… Celosa…