Hello my wonderful people! xD He aprovechado que hago un formulario para un parcial que tendré mañana para actualizar :D
Este cap es más relleno que otra cosa, lo siento, pero creo prudente escribir un poco de esto para llegar a puntos importantes de la historia, y para que vean que hablo enserio, en un rato, o mañana a la tarde, actualizaré el siguiente cap que solo debo pulirlo xD
C. F. Cat: Jeje seguiré haciéndolo aunque tarde, no dejaré la historia inconclusa :)
Disclaimer: Tomo lo reconocible del mundo Potteriano pertenece a J. K. Rowling.
Chapter 16: Las consecuencias de mis actos.
Estaba allí, viendo recostada a su madre, con la ropa hecha girones y el cuerpo lleno de heridas profundas y sangrantes.
–Madre…- pronunció apenas audible, con voz trémula, trató de despertarla, pero ella no reaccionaba.
Escuchó el grito escalofriante que despedía el sollozo de aquella endemoniada criatura ¡No! Merlín, no, no quería perderla, observó a su derecha y vió que su tía se hallaba en la misma situación que su progenitora, pero que cargaba con menos cortes en su piel, volvió a mirar a Narcissa, comprendiendo que era quien de las dos, tenía menos probabilidades de sobrevivir; se arrojó sobre el regazo de su madre al verse solo con ella, la abrazó con fuerza sin importarle bañarse en la purísima sangre de la mujer que yacía en el lecho, hasta que finalmente la criatura apareció, mostrando su cadavérico y verdoso rostro, frunció el ceño y se levantó cargado de ira, pero en cuanto lo hizo, todo desapareció, comenzó a correr tratando de hallar algo que no fuera más que oscuridad, pronto comenzó a caer, caer y caer, cerró los ojos con fuerza esperado su fin, entonces sintió que algo lo atajaba, unos brazos finos se aferraban a él con fuerza, sintió como tocaba suavemente el suelo y su torso quedaba recostado sobre algo cálido y suave, abrió otra vez los ojos, muy lentamente, incorporándose al tiempo que lo hacía.
–Granger…- balbuceó en un hilo de voz, ella se puso de pie como si no lo escuchara.
– ¡Granger! ¿Qué haces, a dónde vas?- comenzó a exclamar, pero la leona no le hizo caso y se fue alejando, pudo detallar algo, su vestimenta, era como la que llevaba la noche del baile de Halloween, "¿Pero qué…?", llegó a pensar, interrumpiéndose de inmediato y poniéndose de pie tan rápido como pudo al escuchar gritos.
Alguien pedía ayuda, esa voz, ya la conocía bien, corrió a través de toda la mansión, rápidamente se encontró entre los pasillos que llevaban a las habitaciones, aunque no recordaba haber subido ninguna escalera, pero eso era lo de menos, debía encontrarla, fue probando y abriendo puerta tras puerta, sintiendo que no se acababan nunca, llenándose de una desesperación sobrecogedora, abrió la séptima, quizá la octava del segundo pasillo con el que intentaba, allí estaba, un escalofrío le hizo estremecerse, Bellatrix la tenía en su poder, vió el momento en que su 'adorada' tía Bella marcaba con su varita el antebrazo de la Gryffindor.
– ¡No! ¡Detente Bella! ¡Detente!- se sentía aterrado, trató de moverse pero descubrió que no podía, la mortífaga volteó a verlo y rió desjuiciadamente, dejó caer el cuerpo casi inconsciente de Hermione al suelo desatando el sonido de un golpe sordo y se acercó a él.
–Draco…- comenzó a dar saltitos a su alrededor mientras reía divertida, podía ver el brillo de locura en aquellos ojos.
–Niño malo, niño malo…- canturreó –Lucius te va a castigar…- continuó –Y contigo acabará… Con un 'avada' te matará…- no podía moverse, no podía, quería salir corriendo de allí.
Escuchó un quejido de parte de Hermione y por un momento se olvidó de su tía, la observó, las marcas de golpes, sus ropas sucias y rasgadas, la sangre que se derramaba a borbotones de su brazo, Bellatrix comenzó a ser más insistente en obtener su atención, saltando y cantando una y otra vez mientras lo halaba de la ropa.
– ¡Mierda Bellatrix, ya cállate!- le gritó histérico, olvidándose del peligro que significaba tenerla cerca.
– ¡Apártate!- le gritó de nuevo, ella hizo un puchero tratando de verse inocente, pero fue cambiando su expresión a una sonrisa llena de maldad, se movió, por supuesto que sí, pero en dirección de la pelirroja, la haló del cabello hasta hacerle alzar el rostro, Hermione lucía una mueca de dolor incontenible, a pensar de estar aguantando lo mejor que podía.
– ¿Esto es lo que quieres Draco?- él se asustó, comenzó a sentir arcadas, punzadas azotaban su cabeza, necesitaba sacarla de allí, a ambos, respiró profundamente y le sostuvo la mirada, ella comenzó a reírse como una niña que hace una travesura muy divertida, Draco asintió, Bellatrix sonrió visceralmente.
–Mmm… ¡NO!- le gritó y la puerta se cerró frente a él, se escucharon risas dementes, gritos llenos de dolor, el estrépito de cosas reventándose contra el suelo, madera, vidrios, cualquier cantidad de objetos.
– ¡Abre la maldita puerta Bella!- repentinamente sintió sus músculos más relajados, no necesitaba forzarse para tratar de moverse, podía hacerlo libremente.
Abrió la puerta de un violento tirón y se encontró con el interior de la torre de astronomía, su tía ya no estaba, pero ella sí, con Greyback sobre su cuerpo, con el uniforme de Hogwarts, sintió como el estómago le daba un vuelco y el corazón se le encogía, ya no fue capaz de pensar, se acercó al hombre lobo, echándolo al suelo, se le abalanzó encima, lo golpeó una y otra y otra vez, su respiración agitada no lo dejaba llenar sus pulmones fácilmente, los nudillos le dolían de tanto golpearlo, Fenrir comenzó a transformarse en alguien más, en él mismo.
– ¿Te sorprende?- inquirió aquella extraña copia suya, abrió los ojos, estupefacto, ya la leona no estaba por ningún lado.
¿Qué se había hecho? Frunció el ceño ¿Pero qué significaba todo eso? Se apartó de su doble, este se levantó con dificultad, con los moretones, las manchas de sangre en la camisa, como si lo hubiera golpeado a él, como si se hubiera golpeado a sí mismo, su reflejo se limpió el labio y se acercó, arrastró dos dedos por su mejilla, manchándolo con su propia sangre, sonrió con maldad, Draco dio un paso hacia atrás, las costillas le dolieron ante el movimiento, se observó, estaba tan herido como su gemelo, miró al frente, su igual estaba inmaculadamente limpio, le mostró el lado derecho del cuello, pudo observar un círculo dividido en dos partes, la superior en borgoña y la inferior de color ámbar, percibió que el lugar comenzaba a escocerle a medida que la marca desaparecía de su reflejo y sintió como se le hacía a él, se tensó, alguien lo sujetaba por la espalda y lo abrazaba al mismo tiempo que sollozaba, se giró lentamente, de nuevo, esa maldita cosa cadavérica lo estaba tocando, pudo ver que una de las manos de la criatura se asía a la de alguien más, sospechaba quién podía ser, la persona que se ocultaba tras esta salió de su escondite.
–Granger…- musitó aliviado, parecía estar sana, pero se quedó de piedra al ver que su doble lo atravesaba y le ofrecía amablemente su brazo y ella lo aceptaba sonriente, feliz.
Su gemelo lo observó con una sonrisa ladina, indicando su superioridad, y a medida que este se marchaba caminando junto con la chica, podía ver cómo se iba transformando en otro hombre y cómo cuando Hermione se percataba de ello, comenzaba a forcejear para que la soltase, cosa que lo hizo reaccionar, jadeó entre la exasperación y el pánico, como si acabaran de herirlo.
– ¡Granger!- gritó y se echó a correr tras ambos, pero por más que lo hacía, no era capaz de alcanzarlos, sintió un extraño vuelco en el pecho y cayó por los aires de nuevo, cayó pero esta vez no había vacío, sino la misma caída que había experimentado el cuerpo de Dumbledore luego de haber fallecido.
Una lágrima escapó sin que supiera cómo, esperó el golpe final y percibió como se daba de espaldas contra algo muy duro, abrió los ojos con dificultad, quería mantenerlos cerrados por el dolor, se vio en un pasillo del castillo, frente al despacho de Snape, en cuanto pudo, luego de tratar de llenar correctamente sus pulmones, se puso de pie y entró, allí estaba ella, en el sofá, olfateando un frasco de amortentia, su corazón se disparó cuando los dorados orbes de Hermione se clavaron en los suyos de ceniza, la leona sonrió tranquila y le indicó con una mano que tomara asiento al lado suyo.
–Ten…- ofreció con calma luego de que Draco se sentara a su costado, el Slytherin obedeció sin saber qué decir.
–Olfatéala…- incitó, el rubio hizo lo que le pedía – ¿A qué huele?- preguntó suavemente, era la primera vez desde Halloween que la escuchaba hablarle así, tan tranquila, tan amable, no pudo evitar que un muy leve sonrojo se apoderara de sus mejillas, apartó la vista de la leona.
–Draco…- le llamó, la encaró circunspecto, no estaba acostumbrado a que lo llamara por su nombre, pero le agradaba escucharlo salir de sus labios con tanta naturalidad, le sonrió sin saberlo – ¿Me dirás?- insistió, él volvió a su tarea de olfatear el líquido.
–Burdeos…- susurró –Huele a Burdeos, Granger…- le dijo, omitiendo lo demás, ella dejó escapar una risita divertida, lo miró intensamente, sintió los fuertes golpes de su corazón contra sus costillas, repetidas veces, de forma dolorosa y deliciosa, sí, definitivamente era todo un masoquista.
– ¿Puedo?- la escuchó preguntar, asintió sin entender a qué se refería, la Gryffindor tomó delicadamente el frasco de entre sus manos y se levantó del sofá, sin apartar la vista de él, se le acercó lentamente y se sentó a horcajadas sobre las piernas de Draco, la pelirroja rió por lo bajo al hallarlo tan sorprendido, le hacía gracia que justo él, siendo quién y cómo era, se anonadara con tanta facilidad, se inclinó un poco hacia atrás y volvió a tenderle la poción.
– ¿Me dirás a qué más huele?- el Slytherin tragó grueso, agarró el frasco y lo llevó a su nariz para inhalar de nuevo el aroma, la miró y se dio cuenta de que se le había acercado todavía más, no podía apartar la vista de sus labios, inspiró hondo para tratar de mantenerse tranquilo.
–Ya te dije que huele a vino Burdeos, Granger- iba a apartar la mirada pero Hermione no se lo permitió, el frasco en sus manos desapareció y ella lo abrazó del cuello, por instinto, sus manos fueron a parar a los costados de las caderas de la leona, la pelirroja sonrió con inmensa parsimonia.
–Ha de tener otras esencias…- le susurró casi rosando sus labios con los suyos, viéndolo de manera profunda e hipnótica.
– ¿Podrías decirme cuales son, Draco?- inquirió con voz medio ronca, en tono bajo, Draco apretó las manos sobre sus caderas y luego llevó una de ellas a la espalda femenina, jadeó disimuladamente tratando de contenerse, quería besarla, tenerla lo más cerca que pudiera, ahí y en ese justo momento.
–Por favor…- volvió a insistir todavía más bajo, el Slytherin se estremeció.
–También huele a lluvia…- le susurró, tragó grueso de nuevo, sintiendo que el corazón iba a salírsele del pecho y que quería pegarla todavía más a su cuerpo, la estrechó más para sí mismo, hasta hacerla acomodarse sobre sus caderas.
–Y a ti…- le dijo al oído, con voz ronca, casi sin aliento, se separó un poco de ella y la besó con delicadeza, para luego profundizar el beso, con ansias, con voracidad, con deseo.
–Draco…- escuchó que le susurraban al oído, pero no prestó atención, sintió que le halaban del brazo y trató de alejar a quien estuviera fastidiándolo, no quería dejar de besarla, era su sueño, debía aprovechar que al menos allí sí podía hacerlo.
–Draco- le llamaron con más insistencia y lo jalonearon con un poco más de fuerza, se quedó estático cuando Hermione se separó de él y se desvaneció en el aire.
– ¡Draco!- le gritaron, abrió los ojos aturdido y desubicado, se incorporó de golpe ¿Dónde estaba? Cortinas verdes descendiendo de un dosel, escasos rayos de luz, sabanas verdes ¿Su habitación acaso? Giró el rostro a su derecha, pues sentía que lo sujetaban del brazo, Daphne estaba a su lado, los recuerdos llegaron tan rápido que le hicieron sentir mareado, era cierto, se la había topado luego de salir de la oficina de Snape, habían caminado hasta la sala común y luego a su habitación, Habían tenido sexo allí mismo, se observó el pecho, su camisa descansaba sobre sus hombros, desabrochada, bajó otro poco más la vista, llevaba solo los calzoncillos.
–Draco, que bueno que despertaste, no sabía qué más hacer, estabas balbuceando algunas cosas y luego ya no decías nada, pero estabas sudando frío y no estabas respirando bien, parecía que te ahogabas, ha de haber sido una pesadilla horrible- musitó sin entender a su compañero, buscó acariciar su mejilla, pero el rubio atajó su muñeca y la sujetó con firmeza, sin llegar a hacerle daño, profiriéndole una mirada vacía mientras fruncía el ceño.
– ¿No me he comprometido contigo, cierto?- inquirió en tono distante, un poco desubicada por la pregunta, negó con la cabeza, su expresión de circunspección no tenía igual.
–Entonces no me toques de esa forma- espetó con voz monocorde –No dejo que ninguna lo haga, a menos que sea en una relación… Seria… Y bien sabes que yo no tengo ese tipo de tratos con nadie- afirmó con severidad, dejó de atajarle la muñeca, Daphne apartó lentamente la mano.
–Sí… Lo sé, me olvidé de ese detalle, lo siento…- murmuró cabizbaja, eso le había pegado en el orgullo, pero él mismo se lo había advertido y ella lo había aceptado, igual tampoco era de lo más importante del mundo, no lo quería ni nada parecido, solo era atracción física, aunque le habría gustado hacerlo sin tener que dejarse la falda y la camisa, la duda la achacó intempestivamente ¿Cómo demonios había hecho Draco para deshacerse de su ropa interior sin quitarle las demás prendas? No podía recordarlo con exactitud, pero decidió no hacer caso a nada de eso, alzó el rostro y le sonrió pícaramente.
–Creo que será mejor que me vaya a mi habitación, mis compañeras enloquecerán si tardo más… Si necesitas algo… No dudes en pedírmelo…- insinuó, se colocó de rodillas en el colchón y entreabrió las cortinas del dosel, no había nadie, perfecto, salió de allí, abrochó los botones de su blusa y tomó su túnica del suelo, se la colocó y agarró su ropa interior del piso, decidió guardarla en uno de sus bolsillos, salió de la habitación sin mencionar nada más, se encontró con que Theo era el único en su sala común, yacía en un sofá, medio dormido, con un libro en el regazo.
–Theo…- pronunció en un susurro y le sacudió un poco el hombro, el aludido comenzó a moverse y no tardó en desperezarse un poco para alzar el rostro y mirarla, la chica le sonrió con complicidad.
–Ya está despejado… Puedes volver a tu habitación- se sintió un poco mal por el chico al notar que masajeaba su espalda, esa posición al dormir sin dudas lo había molido –Siento causarte incomodidades- se disculpó, pero el castaño le sonrió somnoliento.
–Tranquila Daphne- bostezó –No hay problema…. Buenas noches…- agregó tranquilo y se marchó a su habitación, ella hizo lo mismo, Theo entró descuidadamente, encontrándose con el pantalón de Draco a mitad de camino a su cama, casi tropezó con la pieza de ropa, pero se fue directo a su amado aposento sin mencionar palabra alguna, cuando se acostó, un pensamiento atravesó por su mente, "¿De verdad acaba de hacerlo con la hermana de nuestra mejor amiga…? Astoria va a castrarlo", sonrió divertido al pensar en ello, conteniendo una carcajada, "Bueno… Ya se lo recordaré luego…" pensó por último, antes de sucumbir ante el sueño.
Draco se mantenía despierto, había sido un error acostarse con esa chica, Astoria iba a castrarlo y luego a descuartizarlo y darle sus restos a los thestrals, era hombre muerto, la imagen de Hermione sentada sobre él, en el despacho de Snape, invadió su mente, aquella sensación, Morgana, quería estar cerca de ella, no importaba que no pudiera tocarla, eso era lo de menos, lo que deseaba era que lo mirara como lo había hecho en su sueño, el momento en que halló a Daphne a su lado llegó otra vez a su mente, iban a matarlo, lo sabía, no debió ceder ante sus proposiciones, solo era acostarse con ella y nada más, sin compromisos, sin sentimentalismos baratos, sin promesas de un futuro juntos, sin nada, solo lujuria, solo desahogo, además, ella no era precisamente una nenita virginal, él no había sido el primero, pero eso a su amiga no iba a importarle, se había metido con su hermana y aunque sobreviviera a su ira, quizá nunca iba a perdonarle -Suspiró resignado- Bien, tendría que soportar las recriminaciones de Astoria un largo rato, así que ya se concentraría en eso, dejó a un lado esos pensamientos y las imágenes de su sueño rebobinándose corrieron sueltas por su mente, sentía escalofríos al soñar con Bella, gracias a Salazar esa loca estaba muerta, los gruñidos se quedaban en su garganta el recordar a Greyback, ese maldito, iba a acabarlo lenta y dolorosamente, pero lo de su doble… ¿Qué significaba eso? Primero era ese estúpido perro gigante y luego era él ¿Quería decir que se estaba haciendo daño al querer matarlo? ¡Ja! Imposible, el único que terminaría hecho picadillo era ese apestoso lobo del infierno, tal vez quería decir algo más, algo como que luchar consigo mismo por retenerse solo lo estaba hundiendo -un brusco latido le golpeó en el pecho aturdiéndolo momentáneamente- Sí, eso era, se estaba jodiendo a sí mismo actuando así, lo que últimamente sentía era inevitable y gracias a su estúpido orgullo, ella había decidido que le apetecía más irse con otro, mierda, ya no podría hacer nada, no podía forzarla, un ardor extraño lo sacó de sus pensamientos, llevó la mano derecha a su cuello, a la zona en que le dolía ¡Demonios! No podía estar marcado también, no, no, no, no al menos en un lugar tan visible, por lo menos Granger podía cubrirlo con algún brazalete - chasqueó la lengua con fastidio y bufó al tiempo que ponía los ojos en blanco-suerte que ya estaban de lleno en otoño, a punto de pasar a invierno, la bufanda lo ayudaría al menos por un tiempo, decidió no pensar más, estaba saturado, dedicó un rato a meditar para poner su mente en blanco, quedándose dormido nuevamente.
Las punzadas que travesaban por su cabeza la lastimaban, había llegado a su habitación y había cerrado las cortinas de su dosel, ignorando por completo a Parvati, Lavender y Ginny, que trataban de llamarla sin atreverse a mover las telas que les impedían verla, había aplicado incluso un 'muffliato' para que ninguna pudiera escucharla si se quedaba dormida y comenzaba a gritar por sus pesadillas, se había tumbado sintiéndose confundida, perdida y mareada, necesitaba relajarse, pero no podía, los hechos del día la atormentaban, la sensación de que Greyback la tocaba y el asco que eso le producía, el miedo que sintió cuando por un momento llegó a pensar que no la encontrarían a tiempo, su confusión al darse cuenta, luego de rememorar lo sucedido en la sala de los menesteres, que había clamado por que Malfoy la rescatara, todo, absolutamente todo, le daba dolor de cabeza, no podía entenderlo, mucho menos comprenderse.
¿Por qué quería que justamente la rescatara él? No había podido pensar en Harry o Ron en el momento en que los dedos de ese malnacido se habían hundido en su interior, en ese momento solo el nombre de Draco se atravesaba en su mente, solo podía rogarle a Dios que esa sucia serpiente la rescatara -rió con ironía- Pedir a Dios ser rescatada por una serpiente, definitivamente estaba enferma -se colocó de medio lado, observando la marca en su muñeca- comenzó a pensar en el momento en que el Slytherin apaleó con salvajismo al hombre-lobo y su corazón empezó a latir rápidamente, golpeándola desde el interior de su pecho al recordar el cómo había terminado discutiendo con él en el despacho de Snape y cómo le había descubierto la muñeca y había observado la marca que tanto odiaba, pensó en lo cerca que había estado de ese idiota y en como el muy estúpido era capaz de hacerla sentir tranquila, en cómo alejaba todas esas horribles sensaciones de su sistema nervioso con solo su sencilla cercanía, pero lo que la inquietó fue la 'amortentia', el perfume de Draco estaba en el olor que percibía de la poción -gritó frustrada- ¡Eso no debía ser! Se suponía que se odiaban y solo estaban en una especie de tregua mientras conseguían acabar con aquel disparate en que habían terminado metidos ¡Él no podía importarle! ¡No! Eso era una aberración, no podía ni debía suceder, no podía gustarle porque era evidente que Draco Malfoy jamás llegaría a gustar de ella -cerró los ojos fuertemente- la frustración la iba a matar ¿Ahora qué haría? Debía pensar claramente, analizar las cosas:
Su acuerdo estaba deshecho, así que ya no tenía un último salva vidas en caso de que el plazo se venciera y debiera comprometerse con alguien más, tampoco había nadie que pudiera ser una opción, solo Ron y sin embargo no podía contar con él, su amigo ya estaba saliendo con Lavender, aunque la chica no le cayera bien, joder, no podía dejar que siguieran pasando los días sin tener a alguien, no quería arriesgarse a que le asignaran a algún chico con quien fuera tremendamente desgraciada, no es que con el hurón pudiese ser la mujer más feliz del mundo, pero al menos ya lo conocía ¿Verdad? No, no lo conocía, solo sabía su nombre y había visto su casa, pero no sabía nada de él, no sabía de sus gustos o sus disgustos, de sus miedos o sus metas, mucho menos de sus sueños ¿Ese chico tenía sueños? -batió la cabeza enérgicamente- "¡Rayos Hermione, concéntrate!" se reprendió a sí misma, debía ser objetiva, era una chica inteligente, por Dios, era una Gryffindor, claro que se las arreglaría, solo debía observar a los chicos del séptimo año de Hufflepuff y Ravenclaw, quizá el problema era que estaba concentrada en analizar su compatibilidad con los alumnos de su casa ¡Sí! Eso era, debía buscar otras opciones y dejar de pensar en el príncipe de Slytherin, debía esforzarse o sería su fin, de todas formas, seguro él estaría cerca, así que le hablaría, aunque no quisiera, necesitaba tener algún respaldo y en cierta forma, era justo, pues se suponía que ese era el hombre al que pertenecía, o al menos así lo decía el destino sellado por las malditas criaturas cadavéricas de sus pesadillas, él era el mago con el que debeía estar y no era culpa de ninguno de los dos que así fuera, ya que no habían elegido acabar de esa manera, bien, eso haría al despertar, ya solo le quedaba dormir para relajarse, en ese momento se dio cuenta de algo muy importante, a pesar de lo ocurrido con Fenrir Greyback, no quería llorar, ya no sentía las manos de ese desgraciado sobre su piel, en cambio solo podía sentir el cálido tacto del cuerpo del rubio a través de su cuerpo -suspiró sin darse cuenta- quizá era mejor dejar de pensar y permitir a su mente divagar para que los malos recuerdos no le impidieran dormir, ya después hablaría con ese egocéntrico hurón albino.
– ¡Vamos Ginny, date prisa!- le gritó Hermione a la pelirroja que se había quedado un poco atrás –Llegaremos tarde con Binns- exclamó al notar que le daba alcance.
Su amiga la miraba con el ceño fruncido, tuvieron que sentarse cerca del fondo de la clase al llegar, pues la mayoría de los alumnos ya estaban allí, ocupando sus lugares, solo quedaban dos puestos vacíos a sus espaldas, ese día debían ver clases con los de Slytherin y la mayor de las Gryffindors estaba decidida a llevar un día normal con su casi hermana y luego hablar con el rey de las serpientes, después de todo, no lo creía capaz de dejar de cuidar de ella, aunque fuera por su orgullo, ya que ningún Malfoy dejaba sus trabajos a medias, según palabras que el mismo Draco le había dicho días antes, y que ponía en tela de juicio al pensar en que Draco jamás había cumplido la misión de asesinar a Dumbledore, faltando a su juramento de lealtad.
Las puertas del salón se abrieron antes de que el profesor se colocara frente su escritorio como tenía por costumbre hacerlo, trasluciéndose a otros objetos, Theodore, Draco y Astoria entraron con prisa y la chica parecía no estar al pendiente de que era el centro de atención de todos los presentes en el salón.
–Vamos Draco, préstamela, dejé la mía en mi habitación y ya sabes que enfermo fácilmente si no cubro mi garganta del frío- exclamó sujetando al aludido de la manga de su túnica –Por favor, te la devolveré durante la hora de almuerzo- insistió en el mismo tono, mientras le hacía pucheros.
–No, ahora vete ¿Qué no ves que estás haciendo un alboroto?- espetó de mal humor, rayos, no quería ni tener que verla a la cara, y justo ella debía antojarse de pedirle la bufanda que no solía ponerse, el día en que realmente la necesitaba.
– ¿Sucede algo señorita Greengrass?- preguntó el ectoplásmico hombre del otro lado del escritorio, al fondo del salón, llamando la atención de la rubia, esta le miró con expresión de pena, haciéndose la inocente, Draco observó lo que hacía Astoria, sintiéndose desesperado e impotente, así siempre conseguía lo que quería, Daphne observaba a su hermana, preguntándose cómo había logrado acercarse tanto al príncipe de su casa si no pertenecía a su mismo año, Pansy también miraba a la menor, pero con cara de pocos amigos.
–Sí señor, verá…- comenzó a explicar, colocando expresión de cordero a punto de ser degollado –He dejado mi bufanda en mi habitación y está muy lejos como para ir a buscarla y Draco no quiere dejarme la suya, pero si no lo hace no tendré oportunidad de buscar la mía y llegar a tiempo a clases, de por sí ya estoy retrasada y él difícilmente se enferma, en cambio yo enfermo con facilidad- explicó, como si fuera una niña inocente, el rubio bufó por lo bajo anticipándose a lo que veía venir, Salazar ¿Qué había hecho para merecer aquello? Pues, obviamente, acostarse con la hermana de su mejor amiga.
–Señor Malfoy, no es de caballeros comportarse de esa manera, mucho menos con compañeras de su propia casa… Por favor, cédale a la señorita Astoria su bufanda- ordenó fingiendo pedirlo, Draco frunció el ceño, maldiciéndolo mentalmente, estúpido fantasma, lo enviaría al inframundo algún día, se quitó la bufanda y se la dejó a su amiga, se acomodó el cuello de la camisa como pudo, aunque fue muy tarde, ya la rubia lo había visto, le sonrió maliciosamente, indicándole que esperaría a obtener una explicación.
–Gracias por ayudarme profesor Binns, me ha salvado de una posible amigdalitis- dijo sonriendo con fingida ternura –Con permiso- hizo ademán de despedida y se retiró con paso apurado del salón, Draco se dirigió a su asiento, que había tocado justo detrás de Ginny.
–Bien, ahora que ya se ha resuelto el incidente, creo que podemos empezar con la clase de hoy ¿No?- dijo con lo que definía como tono alegre, el poco jovial, lúgubre y muy aburrido profesor.
La clase parecía transcurrir sin dificultades, pero Draco no podía concentrarse, tenía hambre, se había saltado el desayuno por cuestiones de tiempo y lo ocurrido con Daphne todavía le rondaba por la mente ¿Qué iba a hacer si Astoria se enteraba? Quizá era mejor que lo supiera por él mismo y no por nadie más, tal vez eso haría que no lo matara.
–Draco…- Theo lo llamaba en voz baja, tratando de fingir que ponía atención a la explicación de Binn – ¿Qué te pasa?- le preguntó, Ginny, que trataba de escuchar la clase, se dio cuenta de los cuchicheos de ambos Slytherins, quería voltear y mandarlos a callar, pero decidió que era mejor no hacer nada, quizá con eso podía enterarse de alguna cosa que le sirviera para entender a su amiga.
–No sé como es que todavía me preguntas eso, tú la viste, me acosté con ella, por supuesto que me pasa algo y es que Astoria va a asesinarme si se entera- espetó irritado, tratando de que nadie más escuchara, pero la Gryffindor se mantenía atenta, fingiendo escribir, preguntándose ¿De quién hablaba? ¿Hermione sabría de ello? Entonces su mente pareció iluminarse ¡Claro! Se había enterado de que se había acostado con alguna chica mientras supuestamente cuidaba de ella y ahora estaba enojada y trataba de fingir que no pasaba nada.
– ¿Y qué planeas hacer?- Draco alzó una ceja con expresión inquisitiva –Vamos, debes hacerte de algún plan, no fue cualquier chica, fue Daphne, es su hermana mayor y tú no tienes buena fama, si no tratas de hablarlo tú con ella y se entera de alguna otra manera, acabará contigo lanzándote 'cruciatus' hasta darte muerte- le dijo.
Hermione se mantenía mirando al frente, tratando de mantenerse atenta e ignorar que Draco estaba en el asiento tras el suyo, o más bien tras el de su amiga, pero por la distancia que los separaba era casi lo mismo, aunque no podía evitar sentir sus cuchicheos, los cuales la irritaban, pero igual no alcanzaba a distinguirlos, pues se empeñaba en concentrarse en las palabras del traslúcido profesor de Historia de la Magia, en las palabras de Binns.
La clase ya al fin había terminado, gracias a Morgana no tenía más hasta después del almuerzo, eso le daba tiempo para largarse a su habitación y estudiar allí un rato, con eso podría poner su mente a trabajar en vez de dejarla libre para pensar en lo ocurrido con Granger, además, todavía debía planear cómo contarle a Astoria de su aventurilla de una noche con su hermana, iría despacio, no quería parecer desesperado y mucho menos pensaba perder su halo habitual de indiferencia, se pasearía por los pasillos y solo leería los pensamientos de Theodore y estaría al pendiente de los de la rubia serpiente de su casa, por si se acercaba con intensiones de acabar con su existencia.
–Herms, ¿Podemos tomarnos un rato para hablar?- Harry la llamaba con semblante un poco pálido –Por favor- pidió, la leona asintió sin comprender muy bien de qué iba ese interés de su amigo porque hablasen de algo que, a juzgar por el semblante pálido y serio del azabache, era muy importante, lo siguió sin pensarlo, hasta que llegaron a uno de los pasillos alrededor del patio de transformaciones, donde tomaron asiento en uno de los bancos del lugar, el más apartado que consiguieron para no ser interrumpidos por nadie más, Ginny había querido seguirlos, pero Ron lo había impedido y de mala gana se había visto obliga a obedecer.
–Harry ¿Estás bien?- le preguntó con un ligero tinte de preocupación que empañaba su voz.
–Te noto algo pálido- agregó, el chico sonrió de medio lado, con sinceridad pero sin mucho brillo en la mirada.
–Yo lo estoy Mione, pero me preocupas tú- respondió –Eres mi amiga, más que eso, eres mi mejor amiga, lo más cercano a una hermana para mí- le dijo, Hermione sonrió tranquila, sintiéndose aliviada, así que era eso, Harry solo estaba preocupado por ella.
–Hermione, Ron y yo estamos preocupados por lo que pueda suceder contigo- la leona alzó una ceja.
– ¿De que hablas Harry?- le cuestionó –Yo estoy bien y no he hecho, ni planeo hacer, nada malo ¿Qué se supone que pase conmigo?- inquirió sonriendo a medio lado con cierto pesar, el azabache no sabía exactamente como decirlo y comenzó a balbucear, hasta que respiró profundamente para armarse de valor y tratar de explicar claramente su punto de vista.
–Eres muy lista Hermione- musitó –También muy fuerte, pero, creo que hay algo que no anda bien, desde que volviste de la casa de Malfoy, ya no has sido la misma y no hablo solo de tu nuevo color de cabello- suspiró con cansancio.
–Él no es alguien de confianza y hemos dejado que permanezca cerca porque McGonagall y Snape dijeron que no podíamos hacer nada, pero a demás de estar allí, se ha ido inmiscuyendo en nuestro grupo, incluso ahora Ginny habla con él aunque sea a medias y no digo que eso sea malo, pero no puedo confiar en que esto esté bien- arguyó y tomó una de las manos de Hermione entre las suyas.
–No quiero que te haga daño- ella quiso hablar pero Harry no la dejó –Sé que no lo ha hecho y que de hecho te ha cuidado bastante bien, pero… Eso ha sido solo por obligación y te veo muy relajada dejando pasar el tiempo ¿Qué va a pasar si el día de la víspera del baile de navidad llega y no tienes a nadie? Él no va a salvarte de esa y sé que estos días no han sido los más fáciles del mundo, pero… Creo que deberías pensar en eso en vez de pasar tanto tiempo con él…- terminó por decirle, la leona dejó salir una risita divertida.
–Oh Harry- le dijo –Eso lo sé- sonrió –Pero él no va a hacerme daño, mírame, ahora que se supone que estoy pasando a ser sangre-pura no puede hacer nada en mi contra, sobre todo porque no le conviene si quiere evitar pisar Azkaban- comenzó a explicar.
–Además… Eso ya lo he pensado antes, por eso ayer después de hablar con la profesora McGonagall, le dije que no quería que siguiera cuidando de mí, aunque sé que debe hacerlo, no puede escapar de esa obligación, pero sí le pedí que fuera por su camino porque yo quiero ir por el mío- su mirada perdió brillo y adquirió expresión dubitante.
–Dudo mucho que quiera mantenerse cerca ahora, supongo que solo lo hará de vez en cuando para asegurarse de que esté bien- sonrió con amargura, el Gryffindor no pudo evitar notar como la voz de su amiga se apagaba con pesar, un pesar que no tenía fundamentos a su forma de ver las cosas, la idea de que algo en Hermione estaba cambiando demasiado profundamente como para poder verse a simple vista llegó a su mente como una certeza fría y preocupante, pero no dijo nada y trató de no demostrar algún atisbo de descubrimiento en su expresión facial.
–Harry…- susurró, él la miró preocupado –No hay nadie con quien pueda casarme- miró al suelo –No hay nadie con quien pueda ser capaz de pasar toda mi vida, no estoy preparada- lo miró otra vez –Y creo que arruiné las cosas…- musitó.
– ¿De qué hablas?- le preguntó sintiendo que se estaba perdiendo de algo directamente relacionado con la nueva Hermione que estaba comenzando a surgir de la antigua.
–Yo…- balbuceó con nerviosismo, no le había contado nada, pero quizá su amigo podría ayudarla, le miró con ansiedad.
–Se supone que con lo que sucedió en Malfoy's Mannor, he sido marcada, ya hay alguien a quien pertenezco, pero…- hizo puños con sus manos –No sé que hacer…- no quería contarle de quién se trataba, si se lo decía, Ron se enteraría y a ambos les daría un infarto y saldrían de sus tumbas a llevarse a Draco al infierno y luego con seguridad irían a por ella.
– ¿Cómo? No entiendo- inquirió dudando de lo que escuchaba ¿De qué iba todo eso? No podía o tal vez no quería comprender cómo habían pasado esa clase de cosas, la leona suspiró armándose de paciencia.
–Ese día fui tras Malfoy como si fuera una loca, pero ya antes había sido tocada por una Banshee, la Banshee de la familia Malfoy para ser exacta, cuando llegué allí y logré encontrarlo, otra me tocó también, completando el sello que ya había comenzado la primera- suspiró decantando su irritación al ver la cara de confusión del Gryffindor.
–Eso significa que ahora hay una persona a la que de alguna manera me ata el destino, y se supone que debo estar con él, pero yo no quiero porque terminaremos por matarnos antes de llevar un día juntos y…- miró a Harry con angustia, su amigo lucía pálido y asustado al enterarse.
–No lo amo Harry… Sé que no puedo hacerlo- susurró con pesar.
–Pero Mione, tú…- dijo sin saber bien cómo expresarse –Eso no es justo, ellas escogieron por ti y te amarraron a alguien más…- logró agregar con tono irritado, apesadumbrado e indignado.
–Lo sé Harry, pero lo que me asusta es que esas cosas no pueden atar a nadie al azar, solo enlazan los destinos de las personas que ven que estarán juntas en un futuro, asegurando que nada pueda romper esa unión… Eso significa que esa persona de alguna forma u otra es la indicada para mí, pero yo no lo quiero- habló con voz temblorosa.
–Bueno…- musitó pensativo, tratando de mantener su mente abierta a las posibilidades, y habló después de unos segundos que a la leona se le hicieron eternos.
–Quizá solo sea cuestión de conocer al sujeto y ver cómo funcionarían las cosas entre ambos, porque tú ya lo dijiste, ellas unen a quienes ven juntos en un futuro, lo que quiere decir que ese chico, sea quien sea, está destinado a estar junto a ti…- trató de alentarla, aunque él mismo no estaba de acuerdo con lo que trataba de decirle, todavía le costaba entender cómo es que se suponía que unas criaturas tan extrañas podían tener tal poder como para unir vidas de ese modo, todo era extraño, suspiró desganado, parecía que nunca iba a tener una vida normal, se sorprendió al sentir el abrazo de Hermione.
–Gracias Harry…- le susurró –Estoy segura de que se me ocurrirá algo, ya verás…- le sonrió con pesadumbre, después de unos minutos ambos se irguieron y continuaron su camino hacia las afueras del castillo, donde Ron, Ginny, Neville y Luna esperaban.
– ¡Hermione!- exclamó un animado y sonriente Ron, que se aproximó a ella para pasarle un brazo sobre los hombros y acercarla al resto del grupo.
– ¿Cómo te sientes Hermione?- preguntó una sonriente Luna, Neville le sonrió indicando que también quería saberlo.
–Estoy bien chicos…- forzó una sonrisa, extrañamente había parecido creíble, vaya, estar cerca de la serpiente quizá tenía sus ventajas.
–Muchas gracias por haberme rescatado ayer…- musitó la leona con emoción remarcada en su voz, que se escuchaba quebradiza.
–Es lo que hacen los amigos Hermione, no dudes en que iríamos a buscarte de nuevo- espetó Neville, Luna se acercó a la leona y la abrazó, apartando al pelirrojo.
–Deberías agradecerle a Draco, Mione, él fue quien te encontró- le susurró al oído, la Gryffindor se sonrojó violentamente.
Iban de vuelta al castillo, las palabras de Harry todavía resonaban en su mente, se mantenía un poco rezagada, metida en sus pensamientos, hasta que sintió que tropezaban con ella y la atajaban para que no cayera al suelo, tuvo que ahogar un grito a causa del impacto y el susto que se había llevado, los chicos voltearon a verla.
–Lo siento- le espetó en disculpa la persona con que había tropezado, se sorprendió al ver que se trataba de Malfoy.
– ¡Draco Lucius Malfoy Black!- se escuchó que lo llamaban a todo pulmón, con rabia, eso no podía ser bueno, los Gryffindors y la Ravenclaw giraron la vista para hallarse con una mortalmente rabiosa Astoria, que casi corría en dirección al rubio, ignorándolos por completo y pasando junto a ellos como un bólido.
– ¡Más te vale que te quedes quieto mientras te hago picadillo maldito bribón!- le gruñó con voz ronca, reteniendo los gritos en su garganta.
–Astoria, por Salazar, ya te dije que eso no significó nada, ella tampoco está mal por eso, de hecho se ha portado como siempre- trató de argumentar, soltó a Hermione que se mantenía inmóvil, expectante, entre sus brazos.
– ¡A mí eso me importa un carajo!- le gritó, suerte que el pasillo y sus cercanías estaban desiertas, dio un paso al frente, haciéndolo retroceder – ¡Voy a matarte por traidor!- le gritó de nuevo, el rubio bufó hastiado.
–Bueno ya basta ¿Vas a matarme? Hazlo- espetó, la Slytherin se molestó todavía más, Theodore llegó corriendo, tirando de la muñeca de Daphne, ambos se interpusieron entre los dos rubios que se veían de forma retadora y Hermione tuvo que hacerse a un lado, Harry tiró del brazo de Ron y Neville para que se fueran, comenzaron a caminar sin darse cuenta de que las chicas se quedaban atrás, mientras ellos trataban de alejarse del lugar.
–Theo ¿Qué sucede?- alcanzó a preguntar Luna, el aludido se giró hacia ella sonriendo nerviosamente.
–Nada importante Luna, creo que es mejor que se vayan, no quieren quedarse sin tímpanos, te veré en un rato, si te parece bien- respondió, ella asintió y tomó a Ginny del brazo.
–Vamos Mione- le apremió la Ravenclaw, la leona asintió, iba a marcharse hasta que Astoria comenzó a gritar de nuevo, girándose hacia su hermana.
– ¿Y tú cómo pudiste?- le inquirió en un grito –Si madre supiera- pero Daphne la interrumpió.
–Ya cálmate ¿Quieres?- espetó –Por Circe, hablas como si hubiera matado a alguien, eres mi hermana y te adoro, pero estás siendo irracional, no es como si por esto fuera a acabar con mi vida- suspiró, parecía que ninguno de los Slytherins prestaban atención a Hermione, Ginny o Luna.
–Me acosté con Draco, sí, pero eso no quiere decir que lo quiera o que él me quiera a mí, no tiene nada de malo tampoco, así que ¿Cuál es el problema?- se cruzó de brazos, Hermione sintió como le caía un balde de agua helada sobre la cabeza y el corazón se le oprimía en el pecho ¿De verdad lo había hecho? Frunció el ceño con irritación ¡Bien! Eso no era su problema, arrugó el entrecejo otro poco, molesta, sus amigas la esperaban, ella no fue a su lado, las miró y les hizo seña de que se fueran, ellas lo hicieron dudando sobre la decisión de la Gryffindor de permanecer en medio de un lío de reptiles.
–Bien Daphne, si eso es lo que piensas, haz lo que quieras entonces- se dio vuelta –Y tú- lo señaló con el dedo.
–Vete al Diablo, Malfoy- Draco se tensó, demonios, estaba verdaderamente molesta, ella nunca lo llamaba así a menos que realmente quisiera matarlo, la rubia se fue de allí dando pisotones, pasándole por un lado al rubio, Daphne y Theo fueron tras ella, tratando de calmarla.*
– ¿Lo hiciste?- preguntó la leona a la serpiente una vez solos, el rubio dio un respingo y se dio vuelta mirándola estoicamente.
–Eso no es tu problema Granger, no te metas- dio unos pasos en su dirección, buscando atravesar el pasillo, ella lo detuvo tomándolo de la manga de su túnica.
–Solo dime algo, Malfoy ¿Si yo hubiera decidido mantener el trato que había aceptado antes, habría tenido que soportar ese tipo de humillaciones a diario?- le soltó la manga y rio amargamente, hasta que su expresión se volvió inescrutable, a Draco le pasó un escalofrío por la columna, ella nunca lo había mirado de esa manera, ni en todos sus años de constantes ataques, peleas, humillaciones e insultos.
–Debo suponer que he tenido suerte de acabar con eso antes que empezara, al menos así pude ahorrarme los malos tragos- espetó, el rubio frunció el ceño.
–Estás en lo cierto Granger, así habría sido hasta que te decidieras y llegáramos a comprometernos, si es que las circunstancias se daban… De haber mantenido nuestro acuerdo, habría estado con quien quisiese hasta verme comprometido y tú habrías podido hacer lo mismo- dijo con sequedad.
– ¿Y qué habría pasado después, cuando estuviésemos comprometidos, te habrías acostado con ellas a escondidas acaso?- preguntó en respuesta con palpable indignación e ironía en su voz.
–Habría cambiado todo y me habría dedicado a tratar de llevarme bien contigo, habría dejado mis andadas con otras chicas y me habría asegurado de que tú tampoco anduvieras con nadie más, por mucho que tuvieras otros pretendientes- sonrió de lado con ironía.
–Pero a veces, hasta el destino puede equivocarse, Granger- musitó y se fue de allí, dejándola completamente sola, sin saber que de haberse quedado unos segundos más, la habría visto derramar una silenciosa lágrima de frustración y de ira ciega, que se escurría por su mejilla, mientras ella se dedicaba a sacar su pañuelo del bolsillo, para secarse, apretarlo en su puño cerrado y guardarlo mientras emprendía la marcha con pasos derrotados.
¡Esperaré con ansias a saber sus opiniones! :D
