Lo prometido es deuda, he aquí un cap seguidito de otro para que no se aburran con el anterior que sirve solo para un poco de relleno xD

Disclaimer: Todo lo enteramente reconocible del mundo Potteriano es obra y pertenencia de J.K. Rowling.

¡A leer! :D


Chapter 17: Felix felicis.

Caminaba por el pasillo con prisa, rumbo a su sala común, maldita su suerte por olvidarse de su libro de transformaciones, la situación no era nada sencilla y los tres días que habían pasado desde que se había peleado con su amiga no habían aliviado en nada la ira de la Slytherin, necesitaba hallar a Theodore en cuanto llegara al salón y pedirle que le quitara a Astoria su bufanda, el cuello de su camisa no era suficiente para ocultar esa estúpida cosa y su túnica no era tampoco de mucha ayuda, el estómago le dio un vuelco al verla en el pasillo, su expresión se mostraba indiferente.

–Astoria- le tomó del brazo para evitar que siguiera caminando, ella lo miró con desprecio.

–Malfoy, desaparece de mi visa- el rubio frunció el ceño, ya había tenido suficiente, si no quería hablarle y aclarar las cosas, que se fuera a la mierda.

–Quiero mi bufanda de vuelta, Greengrass- exigió y le soltó del brazo, instintivamente, la chica dio un pequeño paso hacia atrás ¿Greengrass? Él nunca la había llamado así, nunca, desde que se habían hecho amigos, buscó con desespero en su bolso encantado hasta que dio con el objeto, lo sacó y se lo tendió con brusquedad.

–Aquí lo tienes, Malfoy, ahora desaparece- espetó secamente y continuó con su camino, él se colocó la bufanda sin mucho cuidado.


La sensación de desazón que lo perseguía comúnmente a causa de todos los errores que había cometido y de todas las horribles cosas que había tenido que pasar ya se había vuelto una costumbre, al igual que su consciencia, atosigándolo constantemente durante las noches, pero desde que había cometido el grave error de acostarse con Daphne Greengrass todo se había hecho aun peor, a penas habían pasado tres días y sentía que ya necesitaba morirse, las últimas setenta y dos horas no habían sido fáciles, sin su hermana pasaban de grises a negras por no tener a una de las pocas personas que apreciaba cerca, aunque jamás lo admitiría, aunque nunca lo confesaría y eternamente lo negaría, amaba enormemente a Astoria, a su hermana, y se odiaba profundamente a sí mismo por haberse dejado llevar tan fácilmente por un momento de debilidad, porque eso había sido, de no haberse sentido tan confundido por culpa de lo que le ocurría con Granger, jamás habría sucumbido, suspiró llevando las manos a los bolsillos y se quedó allí unos minutos divagando, atravesó el pasillo mientras se acomodaba la bufanda con un nudo llano, permitiendo que cayera suelta hacia los lados a la vez que cubría su cuello, ya se la acomodaría de manera adecuada cuando se viera en el espejo, entró a las mazmorras agradeciéndole a Merlín porque estuvieran a poco de entrar en la época de invierno, al llegar a su sala común se encontró con alguien que no esperaba ver, no es que no supiera que podía encontrársela, porque siendo de la misma casa eventualmente debía topársela, pero llevaba días sin hablarle, frunció el ceño cuando la vió sonreírle.

– ¿Qué quieres?- espetó secamente, ella no se inmutó, así que decidió continuar con su camino, entró a su habitación, dejando la puerta medio abierta por la prisa, esta se cerró a sus espaldas pocos segundos después de que entrara.

–Deberías saber que quiero, Draco- se escuchó una voz femenina tras él, el rubio se dio vuelta después de hallar lo que buscaba, con el libro en la mano.

–No lo sé, de lo contrario no estaría preguntándote nada, Parkinson- musitó con frialdad ¿Qué esa estúpida no tenía nada mejor que hacer que fastidiarlo tan temprano en la mañana? Se contuvo de voltear los ojos al no obtener respuesta, de nuevo, Pansy se mantenía sonriente.

–Es simple, pensé que ya te habrías dado cuenta- dijo insinuosa, acercándose unos cuantos pasos mientras hablaba, pero guardando cierta distancia.

–Habla de una vez, no tengo todo tu tiempo- exigió.

El rostro de Pansy se volvió en una mueca que fingía un puchero inocente, recordándole vagamente a Bellatrix, ella se acercó hasta quedar a solo un paso del Slytherin, entonces lo vió, aquel legendario anillo tatuado en su piel, gritando a los cuatro vientos que solo podía pertenecer a una única bruja y que esa única bruja no era ella, mantuvo su expresión fingiendo no haberse enterado de nada, ya encontraría a la muy zorra para borrarla del mapa y problema resuelto.

–Pero yo quiero divertirme un rato- acabó con la poca distancia que los separaba y llevó sus manos al pecho masculino, donde las paseó por los pectorales y el abdomen del rubio, Draco la miró fríamente sin mostrar ningún tipo de reacción, dejando ver que le era indiferente, la chila lo abrazó del cuello y llevó los labios a la línea su mandíbula.

–Yo puedo ofrecerte cosas más interesantes que cualquiera, lo sabes bien ¿No?- musitó con voz sensual.

–No- respondió llanamente y la apartó de sí, tratando de contener el enfado que le hacía sentir tenerla cerca después de lo que le había tratado de hacer a Hermione, con la mano libre acomodó su bufanda buscando inconscientemente cubrirse y la arregló con gracia a pesar de no poder verse en ningún espejo.

– ¿Qué es lo que no tengo, Draco? ¿Por qué es que no soy suficiente para ti?- inquirió con enojo.

Se sentía frustrada, ¿Por qué no podía tenerlo? No era un crimen lo que deseaba, el rubio sonrió ladino, con superioridad, de haberlo creído útil le habría aplicado legeremancia, pero la consideraba tan simple que no deseaba perder energías en ello, qué equivocado estaba, haberlo hecho quizá le habría ayudado a plantearse lo que en un futuro muy cercano ocurriría.

–Parkinson, la respuesta es muy simple- llevó una mano al bolsillo del pantalón –No me interesas y no tiene nada que ver con lo que puedas o no tener- volvió a su expresión indiferente.

–Ahora apártate de mi camino- espetó con suma tranquilidad, sabiendo que tenía cosas más importantes en qué pensar que en ella, todavía debía resolver algunos asuntos con respecto a los negocios de la familia y encontrar algún hechizo que desapareciera la estúpida marca que llevaba al cuello como si la hubieran tallado con un 'flagrate', como la odiaba, para más inri estaba eso de hallarse una novia para comprometerse, aun no podía entender en qué podían haber estado pensado los retrasados del Ministerio cuando concibieron una idea tan espantosa como aquella de casar a adolescentes que a penas estaban por graduarse, se encaminó a la puerta de su habitación y se dio vuelta.

–Sal de una vez, no pienso dejarte quedar aquí dentro- ordenó, la azabache obedeció conteniendo el enojo, bien, si no era por las buenas, sería por las malas, suspiró teatralmente, actuando en su convincente papel de derrotada.

–Bien Draco, creo que ya hice todo lo que estaba a mi alcance para que me pusieras atención, no puedo seguir mancillando mi orgullo de esta manera, supongo que tendré que buscar a alguien mejor, que sí sepa apreciar lo que valgo- dijo fingiéndose resignada, necesitaba que el rubio bajara la guardia, Draco sonrió de lado con sorna, bien, había caído, nada mejor que pinchar un poco su ego para hacerlo confiarse, sonrió interiormente, salió de la habitación con el rubio pisándole los talones.

–Me parece bien que busques a alguien más, aunque te equivocas al pensar que encontrarás a alguien mejor que yo, porque nadie tiene la más mínima oportunidad de serlo- se alejó de ella dejándola sola en la sala común de las serpientes.


Las clases con Flitwick no podían ser más aburridas, ese odioso enano, con su odiosa voz melosa y su odiosa tendencia pacifista, lo detestaba.

Quería terminar de una vez ese estúpido año escolar y largarse de allí, ser totalmente libre, aunque no podía olvidar tampoco que pronto tendría que presentarse ante el tal Ragnarok como correspondía según su sentencia, bufó exasperado ante tal recuerdo y apuró el paso metiéndose al gran comedor para almorzar, sin molestarse en buscar a Theodore, se sentó a la cabeza de la larga mesa de los Slytherins y se dispuso a servirse una buena ración de comida que fácilmente podía equiparar a las que Ron llevaba a su plato, solo que él sí las degustaba, por demás con elegancia; comió sin hablar con nadie y con una mirada que invitaba a todos a alejarse, vió como la chiquilla que le había entregado aquella carta llena de 'amor' hacía días llegaba hablando con sus amigas y se sentaba a la mesa, con las mejillas sonrojadas y sonriendo tímidamente, sus miradas se encontraron y la menor apartó la sus ojos de los suyos casi de inmediato, él lo hizo luego sin hacer mucho caso a las miradas que algunas otras chicas le dedicaban, esperó pacientemente los postres y comió tarta de manzana hasta hartarse, se fue de allí con paso seguro decidido a caminar por los pasillos del gran castillo para distraerse.

– ¡Malfoy!- esa voz la conocía bien, eran demasiados años odiándola, se dio vuelta y alzó una ceja con indiferencia.

–Potter- dijo llanamente como toda respuesta, a son de saludo.

–Quiero hablar contigo- espetó –Vayamos al campo de Quidditch, allí no habrá nadie que nos interrumpa- musitó con sequedad, el rubio asintió conteniéndose de insultarle, imaginando cuál sería el tema de conversación, ambos se encaminaron al lugar, 'esto debía suceder eventualmente', se dijo el Slytherin a sí mismo.

–Bien Potter, ya estamos aquí ¿Qué es lo que quieres?- inquirió con dureza, necesitaba buscar algunas cosas antes de tener que ir a clases, tenía que aclararse ciertas dudas sobre todo el enredo que estaba ocasionando el encantamiento de las Banshees y por mucho que quisiera, no podía contar con Astoria, que conocía bastante más que él sobre el tema.

–Quiero que me digas ¿Qué es lo que está sucediendo?- preguntó sin delicadeza, necesitaba saber, necesitaba poder ayudar a Hermione, su ansiedad por ello era tan grande que no podía ser más cortés, o cuando menos civilizado, deseaba entenderla y entender todo.

Draco se dio vuelta y comenzó a caminar hacia una de las gradas, se sentó en uno de los bancos mientras acomodaba mejor su bufanda, pues la brisa fría la agitaba con brusquedad, Harry lo siguió, entendiendo que sería un tema bastante delicado de tratar.

–Sé más específico Potter- musitó rompiendo el silencio, el aludido se quedó sin decir nada por unos momentos, sin saber exactamente qué preguntar, eran tantas cosas que no sabía ni por donde empezar, exhaló sonoramente, tratando de poner en orden sus ideas.

–Quiero que me expliques como funciona eso de las Banshees, ¿De qué va todo el asunto? ¿Por qué a ella? ¿Qué es lo que realmente se esconde tras toda esa basura mítica?- dijo finalmente, el semblante de Draco se endureció y se volvió inexpresivo.

–Es simple, ellas son las veladoras de las antiguas familias de casta pura, así que generación tras generación van en busca del heredero de su descendencia ancestral, para otorgarles su toque, es una especie de tributo que ronden al nuevo patriarca, o en su defecto al familiar más cercano, así que una vez lo hacen, no tardan mucho en retirarse y aparecer de nuevo solo cuando la muerte se aproxime, de eso se trata…- explicó.

–Aunque asumo que eso no es lo que realmente quieres saber y que el hecho de que esté diciéndote todo esto sin insultarte, discutir contigo o lanzarte un maleficio te extraña más que cualquier cosa que pueda contarte ¿No es así?- agregó sonriendo con ironía, era demasiado predecible, incluso si no leía sus pensamientos, su rostro ya de por sí era todo un poema, aunque una oda era un concepto más adecuado.

–De hecho… Estás en lo correcto Malfoy, y es por eso que prefiero que me expliques lo que quiero, sabes que esto se trata de Hermione, así que ahorrémonos los comentarios irónicos e inútiles y vayamos al grano ¿En qué la afecta esto? ¿Qué fue exactamente lo que sucedió en tu casa y qué sucedió antes de eso?- espetó duramente y sin contemplaciones, pasó una mano por su cabello tratando de apartarlo de los ojos, Draco se cruzó de Brazos y recostó su espalda sobre el descanso del banco, mirando a Harry con recelo.

–Lo que pasó no es algo que yo deba contarte, pregúntale a Granger, ella sabrá qué tan detalladamente describirte los hechos, si yo lo hago puede que lo malinterpretes todo y no voy a exponerme- sonrió con altivez momentáneamente y volvió a su expresión indiferente, Harry no respondió, cediéndole el turno para que continuara hablando.

–En este caso, tu amiga se ve afectada por las consecuencias de lo que entre familias antiguas se conoce como el 'encantamiento de Fátum', no puedo decirte exactamente cómo se da, ni en qué consiste específicamente, pero es una de las consecuencias directas de que las Banshees entren en contacto con gente… Diferente…- hizo una pequeña pausa.

–El toque de una de esas cosas a alguien con su estatus sanguíneo primordial, la lleva a ser adoptada por la criatura como recipiente de su lealtad, pero ello significa que su poder también surte sus propios efectos, comenzando el proceso de purificación de su sangre y por tanto, de su herencia mágica, también crea un lazo temporal entre las emociones propias y las del heredero original- se señaló así mismo momentáneamente al tiempo que alzaba una ceja y luego se acomodaba de nuevo con elegancia.

–Esta conexión tiende a desaparecer con los días y el sangre-pura principal, de nacimiento o como quieras verlo, debe cuidar de la nueva protegida adoptiva de la Banshee, hasta que esta termine su proceso de des-mestizaje, o se case y consume la unión, lo que suceda primero- apretó las mandíbulas, tensándose ligeramente, Harry frunció el ceño tratando de asimilar todo a la vez e indagando en la expresión tensa al hablar sobre el ficticio matrimonio que lo liberaría de su deber como guardián de la leona.

– ¿Y qué sucede con el segundo toque entonces?- inquirió en tono que delataba su consternación.

–Ocurre, Potter, que con este se cierra lo que en la tradición ancestral se aclama como círculo o anillo de Dezthio, este es… Digamos que…- bufó exasperado por no hallar las palabras, tomó aire y lo dejó salir sonoramente.

–Potter, el segundo contacto con esas criaturas, en el caso de alguien como Granger solo tiene una consecuencia: La legítima unión de su destino con el de esa persona con la que está destinada a permanecer, esas cosas no pueden revertirse, aun si ella no lo desea, y si trata de hacerlo… Puede haber otras consecuencias bastante aparatosas…- terminó por decir y se puso de pie, dispuesto a irse, notando que el chico no estaba enterado de quien era la 'pareja' de Hermione.

–Espera Malfoy- Draco se detuvo, manteniéndose de espaldas a Harry – ¿Qué clase de consecuencias?- preguntó comenzando a sentir un gran peso en el estómago.

–No lo sé- respondió con voz lúgubre, volteó a verlo por sobre el hombro –Solo sé que el encantamiento de Fátum es el que conserva el poder guardado en el círculo de Dezthio, es el que hace que este anillo se cierre y se cumpla, y que de no ser respetado, puede transformarse en una maldición muy poderosa, irrompible, de hecho- musitó.

–Es por eso que necesito ir a Malfoy's Mannor, solo hay otro lugar conocido para mí en UK, a demás de mi mansión, en que podría hallar respuestas, pero no puedo ir a ninguno de los dos, no ahora- empuñó las manos, Harry lo notó y guardó ese detalle para analizarlo luego con más calma ¿Sería posible que Draco Malfoy estuviera verdaderamente preocupado por lo que pudiera sucederle a su amiga o sería solo por esa obligación absurda que mágicamente le había sido otorgada?

–Así que si ya acabamos con esta interesantísima conversación, Potter, me retiro, tengo cosas importantes que hacer y no puedo desperdiciar más de mi preciosísimo tiempo contigo- dijo con prepotencia y superioridad, comenzó a bajar las gradas.

– ¡Malfoy!-el rubio se dio vuelta para verlo con clara muestra de fastidio en el rictus de su rostro.

– ¿Cómo se supone que vas a cuidar de Hermione si no están cerca el uno del otro?- exclamó su pregunta, el rubio sonrió con autosuficiencia.

– ¡Eso no es un gran misterio Potter, estoy seguro de que Granger podrá contarte eso también!- exclamó para reanudar su marcha rumbo a su habitación.


El vestíbulo lucía abarrotado de estudiantes que caminaban de un lado a otro sin cesar, andó firmemente entre la masa de personas que se desplazaba presurosa sin fijarse en nada más que en conservar su porte perennemente altivo y sus pasos seguros, mientras esquivaba a cualquiera que se viera a punto de siquiera rozarle la túnica, se encaminaba con prisa sin prestar atención a su entorno, con la idea fija de llegar a su habitación para buscar sus libros antes de su clase de pociones con los 'retrasados', como solía llamar a los de Hufflepuff.

Llegó a las escaleras que daban a la salida de las mazmorras con un libro de la biblioteca privada de la mansión Malfoy en la mano y comenzó a ascender por ellas para largarse de allí, agradeciendo que su bolso le ahorrara el trabajo de llevar los demás libros en brazos, vió a Astoria discutiendo con una chica de su mismo curso, de la cual no podía recordar el nombre, ninguna de las dos habían notado su presencia, los reclamos de una enfurecían más a la otra, le pareció sentir como su corazón se detenía en el mismo instante que aquella Slytherin que no podía identificar empujaba con fuerza a la rubia y esta caía de espaldas por las escaleras, se movió tan rápido como pudo para llegar a ella luego de un segundo de parálisis total, dejando caer el tomo al suelo, la atrapó precariamente entre sus brazos, golpeándose en el pecho con el peso de su amiga, ex-amiga o lo que fuesen ambos, observó con ojos encendidos a la chica de sexto que le devolvía una mirada llena de temor, sus irises fulguraron con aquel brillo de plata que los hacía volverse más claros y peligrosos.

–Lárgate de mi vista estúpida- le espetó en tono gutural, la chica así lo hizo, se alejó a toda velocidad mientras sus cabellos castaños ondeaban al viento y con cada paso sentía que su miedo se traducía en lágrimas que empañaban sus ojos de amatista.

– ¿Estás bien?- preguntó al tiempo que Astoria se erguía y se daba vuelta para encararlo, dedicándole una mirada estoica.

–Lo estoy- musitó simplemente, apartando la mirada, Draco hizo lo mismo con el ceño ligeramente fruncido, detestaba sentirse mal por culpa de Astoria.

–Bien- espetó y se agachó para recoger el antiguo y valioso libro que había logrado sacar de su casa en el funesto día de su última visita al lugar, cuando la pérdida de su amadísima Narcissa le había causado heridas tan hondas, que aunque no lo admitiera, supuraban constantemente como si estuvieran infectadas.

Draco se movió sintiendo la frialdad de aquel pasillo pegarle de lleno en el rostro y se irguió ante la penumbra del lugar, dispuesto a irse, dio dos pasos y se detuvo al sentir que lo halaban de la manga de su túnica.

–Draco…- le llamó, él interceptó su mirada con la suya, entendió qué quería decirle, asintió sin decir nada y se deshizo del agarre sin ningún tipo de prisas.

–Hablaremos después de clases- susurró quedamente para luego irse, dejando que sus labios se curvaran muy ligeramente en una pequeña sonrisa de alivio, que desapareció a penas pisó los pasillos atestados de estudiantes de todas las casas.

–Como tú quieras, Draco…- susurró apenas moviendo los labios, sabiendo que nadie la escuchaba, continuó descendiendo a las mazmorras con una diminuta sonrisa adornando su rostro y un nuevo brillo en sus ojos.


Había salido de clases y no había nada mejor que caminar cerca del lago, quizá por allí pudiera encontrar a los nargles que habían escondido sus tenis favoritos, de nuevo; se quedó parada frente a un gran árbol viendo como estos pendían de una de sus ramas más altas y se acercó sacando su varita para tratar de bajarlos, comenzó con un encantamiento sencillo que los hiciera moverse, pero estos no cedían, las trenzas estaban enredadas en la rama y no podía zafarlas, se tensó al sentir que alguien repentinamente cubría sus ojos y todo se volvía oscuro, liberó el aire contenido en sus pulmones al percibir la calidez conocida de aquel tacto y como el olor del perfume que rondaba el aire penetraba en sus fosas nasales hasta dejarla en un estado aletargado que le hacía sentir débil.

–Sabes quien soy ¿Verdad?- le habló cerca del oído y sonrió gustoso al notar como su preciosa Luna se estremecía, la joven asintió lentamente, él retiró sus grandes manos del rostro de la rubia con delicadeza y observó como ella suavemente giraba sobre sus pies, con una sonrisa tímida en el rostro y las mejillas sonrosadas.

–Tú eres inconfundible para mí, Theodore- pronunció delicadamente, el castaño le sonrió abiertamente, extasiado ¿Cómo es que era posible que pudiera existir tanta belleza junta? ¿Era normal sentirse así por alguien más? 'Por supuesto que sí', le decía una pequeña vocecilla en su interior, se acercó otro poco.

– Luna…- le nombró con adoración – ¿Estás muy ocupada ahora?- ella negó con la cabeza.

–Solo trato de recuperar mis tenis, creo que los nargles los dejaron mucho tiempo en el árbol y el viento enredó las trenzas en una de sus ramas- explicó.

Theodore alzó una ceja y posó su vista en el gran árbol del que caían hojas secas como gotas de lluvia en pos del viento, frunció un poco el ceño, le irritaba que otros se metieran con ella solo por pensar diferente, pero adoraba que ella fuera tan inocente, era como una niña, pero a su vez su madurez alcanzaba a la de una mujer adulta ¿Podría alguien superarla en perfección? No, eso era un imposible a sus ojos.

– ¿No has podido bajarlos con algún encantamiento?- le preguntó con voz calma, ella negó con expresión curiosa, como la de una niña de cinco años a espera de recibir una explicación que le aclarara un gran misterio.

–Entonces creo que habrá que hacerlo al estilo muggle- sonrió divertido y se separó de Luna para acercarse al imponente árbol, lo escaló con facilidad, Merlín le había beneficiado con una altura que nada tenía que envidiar a la de Draco y con una contextura fuerte que le permitía moverse con agilidad.

–Theodore ¿Qué haces?- preguntó una circunspecta Ravenclaw que observaba como el castaño parecía pelear en silencio con las trenzas de sus zapatos.

–Trato, de zafar, las agujetas, pero, parece, que se resisten- contestó con voz entrecortada por los constantes jaloneos, hasta que por fin logró su cometido.

– ¡Sí! ¡Lo hice!- exclamó para sí mismo aunque ella alcanzó a escucharlo y se rió por lo bajo al notar el lado tierno e infantil del Slytherin más apacible de todo Hogwarts –Ahora bajo- dijo y emprendió el descenso.

–Ten cuidado con ese- muy tarde, el nudo seco de madera fue demasiado rebelde quizá, así que Theo resbaló y perdió el equilibrio, cayendo sin más, gracias a Rowena estaba bastante cerca del suelo en el momento de la caída, corrió asustada hacia él y se arrodilló a su lado.

– ¿Estás bien Theo?- preguntó con voz aguda, claramente angustiada, él la miró con una mueca de dolor que trataba de disimular con una sonrisa.

–Sí linda, no te preocupes- contestó mientras se sentaba dificultosamente, haciendo un fenomenal esfuerzo por no quejarse ante el dolor que profesaba su magullado coxis.

– ¿Linda…?- cuestionó más para sí misma que para su acompañante, que pareció caer en cuenta de cómo le había llamado, no era malo, claro que no, pero si era algo definitivamente nuevo, porque jamás en su no tan larga vida había llamado así a alguna chica, las mejillas del Slytherin se tiñeron ligeramente y la mano con que no sujetaba el par de tenis por las agujetas, fue a dar a su rostro, en un puño flojo posado sobre su boca.

–Lo siento, no fue mi intención, se me escapó Luna, creo que debería tratar de mantener un poco más de distancia- espetó de sopetón –Tú y yo no tenemos ningún tipo de relación, así que debo evitar tomarme ese tipo de libertades contigo, no quiero que pienses que estoy tratando de abusar de tu confianza- continuó hablando, repentinamente nervioso.

–Está bien Theo, no me molesta- le interrumpió en su retahíla, el chico bajó lentamente la mano hasta apoyarla en el suelo, junto a su propio cuerpo.

–Es solo que me tomaste por sorpresa, nunca nadie además de mi padre me había llamado así- explicó despacio, su pretendiente, cortejador o como se llamara, la miró con expresión que asemejaba al asombro, pero con un toque de algo que no supo describir.

–Pero…- soltó en un susurro a penas –Deberías estar acostumbrada a que te llamen así… Porque de verdad lo eres…- murmuró con voz suave, como si con ello pudiera arrullarla o evitar que lo escuchara, la rubia se ruborizó con rapidez ante las palabras que el joven le dedicaba, apartó la mirada al sentir que su corazón parecía desear salir de su pecho para abrazarse eternamente al de Theodore, entonces sintió miedo de la forma en que comenzaba a ver al castaño, no quería encariñarse y luego salir lastimada, porque no tenía experiencia en cosas de amores, y no sabría cómo superar una decepción de aquellas.

– ¿Luna…?- le llamó dudoso, sin saber qué había dicho o hecho para que de repente su adorada musa evitara verle a la cara.

–No deberías perder tu tiempo en gastar palabras como esas conmigo, Theo- susurró tristemente y volteó a verlo con ojos empañados –La gente siempre me considera rara y cree que estoy loca, pero me siento feliz de ver que hay quienes a pesar de eso me tratan bien, así como tú y Hermione- agregó y agachó el rostro.

–Pero si te quedas conmigo, ellos van a darte por desquiciado a ti también y yo seré la culpable- dejó de hablar al notar como su interlocutor abandonaba el par de zapatillas en el suelo, se sacudía las manos y las colocaba en sus mejillas sonrojadas, alzando su cara para obligarla a mirar a los ojos esmeralda de su portador.

–Luna Lovegood- pronunció solemne –Quiero que en este instante olvides todo lo que cualquier persona pueda haberte dicho antes sobre tu sanidad mental, porque aunque a los demás no les guste, estás mucho más cuerda que la mayoría de ellos ¿Bien?- ella lo miraba con sus enormes y sorprendidos ojos azules abnegados en lágrimas, que comenzaban a caer solas, mientras la cálida emoción de sus desbocados latidos la hacía sentir eufórica.

–Yo…- trató de decir, él negó indicándole que todavía no había terminado.

–Escúchame antes que trates de decir algo, por favor- pidió con dulzura, ella asintió –Bien…- le sonrió con todo el cariño que pudo mostrar, tomando en cuenta que no era el ser más emotivo del mundo y que generalmente era muy reservado.

– Luna… No me importa si el mundo entero cree que estoy loco solo por estar a tu lado, prefiero estar demente que ser 'normal' si eso me permite permanecer contigo…- secó los caminos que habían dejado las gotas traviesas que habían surcado por su tersa piel, con la mayor de las delicadezas, dejándole sentir su calidez, la abrazó de improviso, sorprendiéndola y siendo correspondido unos momentos luego.

–Theo…- susurró como toda respuesta se abrazó más fuerte a él.

–Luna…- susurró acariciando con su aliento parte de su cuello, donde había refugiado el rostro, ella se estremeció inevitablemente y el castaño la estrechó más contra su cuerpo, se apartó un poco y colocó su frente en la de ella con parsimonia.

–Quédate conmigo… Hasta que los nargles dejen su extraña adicción a revolotear alrededor del muérdago…- ofreció con voz profunda.

–Pero Theo, es imposible que los nargles dejen de hacer eso, si me quedara contigo por esa cantidad de tiempo sería el resto de nuestras vidas y aún así faltaría mucho…- contestó inocentemente sin darse cuenta en principio del significado de aquello, la sonrisa de Theodore la hizo sentir más expectante.

–Exacto, ese es el punto- dijo risueño, las mejillas de la Ravenclaw, su frente y sus orejas se coloraron hasta alcanzar a hacerla parecer un familiar distante de Ron Weasley al comprender a lo que el castaño estaba refiriéndose.

–No sé que pueda suceder mañana, no soy especialmente creyente de las profecías o supersticiones que pueda contarme cualquier mago o bruja, pero sí creo que aunque no soy especialista en leer bolas de cristal, puedo ver que busco un futuro feliz y tú me haces sentir así, es por eso que quiero compartir este sentimiento contigo y tratar de hacerlo duradero para ambos, incluso después del fin de nuestras vidas, para así algún día conocer a tu madre y contarle lo maravillosa que eres…- proclamó con devoción exorbitante.

Los ojos azules de la joven dejaron correr lágrimas de emoción, mientras su pecho se contraía en un suspiro trémulo, se abalanzó sobre él, haciéndolo caer acostado sobre las hojas secas y el césped frío, cayendo también encima del castaño, sonriendo y llorando al mismo tiempo en un rictus de profundo regocijo.

–Theodore…- susurró su nombre mientras se alzaba sin fijarse en que apoyaba sus manos en el pecho masculino, el castaño la miró esperando a que continuara, con una expresión tan tranquila, que cualquiera juraría que nada podía perturbarlo, aunque lo cierto era que deseaba morder sus uñas para calmar los nervios que sentía atorársele en la boca del estómago, la calidez de unos labios posándose sobre los suyos lo transportó a otro universo, se sintió completo, renovado, realizado, FELIZ, se abrazó al delicado cuerpo que reposaba sobre el suyo y se perdió en aquel beso deseando probar más de ellos por el resto de sus días.


Entró a la enfermería despacio, agradeciendo que la señora Pomfrey estuviera en su despacho, buscó con la mirada una cabellera del mismo color que la suya.

–Ron, aquí está lo que me pediste- el aludido volteó y se dirigió a ella, para recibir una pequeña cajita envuelta en papel de seda rosa, la menor de los Weasley se dio vuelta dispuesta a irse y se quedó estática al ver a uno de los pacientes que yacía allí ¿Cómo era que no lo habían enviado a San Mungo? Cierto, ellos no lo habían dejado trasladar, habían enviado a los medimagos mejor preparados directamente a Hogwarts para evitar que el muchacho pusiera un solo pie en el impoluto recinto que recibía a quienes sufrían leve o gravemente por su salud.

Lo odiaba, tanto como odiaba a Draco Malfoy, aunque al último ya no lo odiaba tanto, pues esa especie de tregua en que se habían sumergido ayudaba a aliviar su constante recelo, pero viéndolo allí, tumbado en esa cama de enfermería, demacrado, indefenso, con una expresión de profundo cansancio y dolor marcada en el rostro, algo dentro de ella se removía, como si sus instintos maternales salieran a flote, permitiéndole olvidarse de todo lo malo que ese muchacho había llegado a ser, de los insultos, de las humillaciones, lo vio removerse un poco en la cama, gemir quedamente en medio de lo que probablemente sería una pesadilla, dio un paso inconscientemente hacia él, tratando de averiguar si estaba bien, si se hallaba realmente dormido o había comenzado a despertar, miró por encima del hombro y notó como su hermano se distraía con algo que no pudo distinguir, decidió acercarse otro poco, hasta llegar a su lado, entonces se asombró con su descubrimiento, una lágrima solitaria se desprendía y vagaba por el rostro del Slytherin, acercó su mano y la limpió con delicadeza, sintiéndose repentinamente atrapada en una especie de limbo nebuloso que la aislaba del resto del mundo y la dejaba sola con el moreno frente a ella, la apartó rápidamente en cuanto observó como el joven postrado comenzaba a pestañear, signo de que estaba saliendo de aquel estado de duermevela en que había estado sumido, se aterró cuando sintió que el moreno la tomaba de la muñeca y trató de alejarse, pero no pudo.

–Lo siento madre…- balbuceó con dificultar –Debí hacerte caso… No debí confiarme…- cayó dormido de nuevo, Ginny apartó su mano y salió de allí con paso apurado sin fijarse si quiera en si su hermano habría visto algo de lo ocurrido, llegó al gran comedor para la cena tratando de aliviarse del susto y de olvidar aquella escena tan perturbadora.*

Caminaba tropezando de vez en cuando con alguno que otro estudiante de primero y segundo, que al voltear a verlo, en vez de reclamarle su descuido, se admiraba de tener tan cerca al héroe del mundo mágico, entonces sonreían maravillados y continuaban con su camino sintiéndose afortunados, pero el no se sentía así, al contrario, se sentía asfixiado, recién había dejado atrás una estela de miedos, violencia, muertes, una querella que solo había servido para causar dolor y tal vez, con suerte, abrir los ojos de algunos a la realidad, pero simplemente no era suficiente, necesitaba paz, tranquilidad, comenzar de nuevo su vida, y ahora en vez de preocuparse y abocarse a ello, estaba tan confundido por las palabras del rubio como cuando Dumbledore hablaba con frases enigmáticas, el Slytherin no le había contado algo realmente diferente de lo que ya sabía, pero había sabido explicar en mejor medida lo que conllevaba para Hermione el entrar en contacto con Banshees, sin embargo, eso no lo aliviaba, tampoco lo sacaba de dudas, porque lo único verdaderamente distinto que Malfoy le había contado, era que ese encantamiento podía ser la perdición para su amiga si se transformaba en una maldición, así que sabiendo que podía perder a su casi hermana ¿Cómo podía estar tranquilo? Simplemente no podía, pensando en ello llegó al gran comedor dispuesto a tratar de hablar con ella después de la cena.


Astoria se sentó a la izquierda del asiento de Draco, como de costumbre, pues desde que se había hecho su amiga, y Crabbe y Goyle ya no estaban de su lado, los puestos a derecha e izquierda de la cabecera de la larga y ceremoniosa mesa de las serpientes habían sido ocupados por ella y por Theodore, aunque todavía seguía deseando ocupar el lado de la mano derecha del rubio, para poder evitar mirar de vez en cuando hacia la mesa de Gryffindor, esperó a que el castaño llegara y sonrió pícaramente al notar como la sonrisa de su amigo era inocultable, algo muy bueno debía haber pasado porque eso no era normal en él, pero no dijo nada, lo dejó ser, ya le sacaría la buena nueva después de la cena y de su conversación con el, nuevamente, líder de su casa, al cual vió llegar con aire cansado y un libro forrado de cuero negro con letras doradas e incrustaciones de ónix y obsidiana, muy pequeñas y colocadas cuidadosamente, siendo portado entre sus marmóreas manos anilladas cada una con una joya diferente en sendos anulares, la diestra con una joya de Norna que en nada tenía que ver con su familia, en la surda el anillo que lo identificaba, al igual que el prendedor en su túnica, como nuevo cabeza de la gran familia Malfoy.


Entró al comedor sola, aunque más bien había tenido que rechazar su compañía para poder hacer un buen intento de ocultar su felicidad absoluta, el rubor no abandonaba sus mejillas y los músculos de la cara le dolían de tanto sonreír, acababa de salir del despacho de McGonagall, el pulso todavía lo llevaba acelerado, las manos todavía le temblaban, caminó hasta llegar junto a la mesa de Gryffindor pues el llamado de Hermione la sacó de su ensoñación, se acercó a su amiga y se sentó con ella aprovechando su invitación, necesitaba distraerse o se desmayaría de tanta emoción, no pudo evitar fijar su vista en su mano izquierda, en su anular una nueva adquisición brillaba sutil y delicadamente, con fuerza pero con mucha belleza, así había dicho él que también brillaba ella, se sonrojó más al recordar sus palabras, acarició la joya con la mano contraria, rozando con extremo cuidado el borde de plata que encerraba a una delicada luna de diamante en su centro, sonrió inconscientemente al ver cómo una muy pequeña esmeralda pendía del anillo y cómo al mover su mano esta piedrecilla lo hacía también, como si girara en torno a la luna, salió de su limbo personal al notar que Ginny la sacudía ligeramente y como luego esta soltaba un gritito emocionado al ver la joya que reposaba grácilmente en su mano.

– ¡Luna! ¡Te lo ha propuesto!- soltó en voz alta y Hermione sonrió al notarlo y ver en el rostro de la rubia una sonrisa tímida y emocionada adornándolo para hacer juego con el maravilloso brillo de sus ojos azules.

Harry y el recién llegado Ron, junto con Neville la miraron expectantes, a la espera de una explicación, Lavender se había puesto de pie con Parvati para observar por sobre el hombro de la Ravenclaw, pero solo las dos pelirrojas la abrazaban efusivamente felicitándola.


–Draco…- la voz de Astoria le obligó a contener un respingo, volteó a verla –Yo…- él le tomó de la mano y le sonrió de medio lado, asumiendo lo que venía.

–Mejor no digas nada, sé muy bien que eso de disculparte no va contigo, a demás, también tuve mi parte de culpa, así que estamos a mano- ella lo miró sonriente y sin decir nada se puso de pie y lo abrazó para darle luego un sonoro beso en la mejilla, bajo la mirada ácida de un león celoso y una serpiente carcomida en odio.

–Astoria- le llamó al verla salir del gran comedor, Theodore y Draco siguieron de largo mientras el segundo acababa con la poca paciencia que el primero todavía conservaba, con frases como 'Así que Luna finalmente logró domarte', 'Echaste tu libertad por la borda, ojalá a la chica no le gusten los látigos' y finalmente cosas como 'Espero que la trates bien, la pobre es demasiado ingenua'.

–Dean…- se acercó a él con una sonrisa en el rostro que se fue borrando a medida que sus pasos la guiaban al Gryffindor, algo en la expresión del moreno no le gustaba y la tensión que manaba de él no le ayudaba a sentirse más cómoda – ¿Pasa algo malo?- preguntó cautelosa.

–No lo sé…- espetó –Eso quisiera que me dijeras tú…- agregó en aquel mismo tono que pretendía ser indiferente pero que sonaba dolido e irritado.

– ¿De qué hablas?- inquirió sin entender.

–Astoria…- espiró y exhaló con brusquedad –Por favor, respóndeme algo ¿Quieres a Draco Malfoy?- preguntó.

–Claro que sí, qué clase de pregunta es esa- sonrió sin darse cuenta de que había mal interpretado la pregunta del león, pecando de inocente, sin saber que estaba declarando un tipo de afecto que no estaba destinado a su casi hermano, sino al joven frente a ella.

–Si no fuera así no cuidaría de él como mejor puedo- aseguró solemne y divertida.

–Ya veo…- fue lo que recibió en contestación, el chico, cabizbajo, le miró y sonrió tristemente con aire apesadumbrado.

–Creí por un momento que quizá no era así… Supongo que uno no debe hacerse ilusiones… Si te he causado molestias, si te he estorbado o fastidiado en algo… Mis disculpas, no volverá a suceder… Señorita Greengrass- se dio vuelta y caminó con lentitud, ignorando los llamados de la rubia a sus espaldas.

El corazón de la Slytherin se oprimió al velo marchar sin mirar atrás ¿Tan malo le parecía que quisiera a Draco? ¿Tan poco la apreciaba que con solo saber que lo quería como su hermano de circunstancias que era, no podía estar con ella? ¿Ahora solo por eso dejaba de ser Astoria y pasaba de nuevo a ser la 'señorita Greengrass'? Frunció el ceño y se marchó en dirección contraria, tratando de contener las lágrimas de tristeza y rabia que amenazaban con escapársele.


Rayos, no había podido hablar con Mione, se había tenido que conformar con quedarse hablando con Ron y Ginny a medias porque por esa noche, aunque le urgiera salir de dudas, Luna era en definitiva la homenajeada, el centro de atención, tanto que él mismo le había prestado su túnica a la rubia para que pasara con ellos a la sala común de Gryffindor, y allí estaban, a la vista de todos los de su casa, sabiendo que nadie diría nada sobre a estadía de la Ravenclaw en el lugar, como favor para sí mismo. Harry suspiró rendido, asumiendo que su charla tendría que esperar y terminó de darse por vencido cuando vió a Ginevra, Hermione, Luna, Lavender y Parvati subir pocos minutos luego al cuarto que las leonas compartían, pues ellas deseaban hacer una pijamada y así escuchar la historia con todos los detalles.


Solo bastó verla entrar por la gran puerta de pesada madera oscura bordeada de serpientes de hierro que permitían la entrada a quienes le daban la contraseña adecuada, para saber que algo le sucedía, algo bastante malo, pero ella no era cualquier chica de Slytherin, ella era la princesa de su casa, la niña consentida por Draco Malfoy y Theodore Nott, los chicos más importantes y con más poder que pisaban las mazmorras ese año escolar, era la protegida del antiguamente desterrado y luego reinstaurado príncipe Slytherin y rey de las serpientes, así que el humor de esa rubia en cuestión, afectaba directamente a su líder e indirectamente a ellos mismos, por eso cuando atravesaba la escalera que bajaba hacia la sala común y luego llegaba a esta, todos le cedían el paso y se marchaban a sus habitaciones o fuera del nido de serpientes para no verse atrapados, aunque no les gustara, ese chico era todavía símbolo de autoridad para ellos, había sido mortífago así que era peligroso, y seguía siendo el hombre de sangre más pura de esa casa, por lo que debían respetarlo o al menos fingir que lo hacían, ya que todavía conservaban su orden jerárquico en dependencia a ello, y si algo podían dar por hecho, era que el o la culpable de que Astoria Greengrass llegara en ese estado, iba a pagarlo muy caro, porque justamente esa rubia en particular, era intocable para el gran Draco Malfoy.

Solo tuvieron que verla llegar mientras los demás le cedían el paso, para que la sonrisa burlona con que el rubio la había esperado desapareciera y para que la gran sonrisa animosa del castaño se borrara, se pusieron de pie y antes que ella misma se echara en algún sillón, Astoria vió aquellos ojos grises que la evaluaban con cuidado y se echó en brazos de Draco y Theo la abrazó por la espalda, el ceño rubio arenoso, ese que hacía juego con una cabellera platinada, se frunció fuertemente, haciendo relucir ante el fuego de la chimenea el fulgor de esas orbes que brillaban ambiciosas por su recién nacida sed de venganza, la soltó al notar como Theodore la halaba un poco y la guiaba a su habitación, caminó tras ellos para entrar al recinto, entonces, una vez solos los tres, la joven dejó salir aquellas lágrimas que picaban en sus hermosos ojos de esmeralda, Morgana librara a quien la hubiera hecho llorar, porque no tendría piedad, haría miserable la existencia de quien fuera con tal y enseñarles a todos allí que nadie podía meterse con él y por ende, tampoco con sus seres más cercanos.

La vio salir cabizbaja de su habitación, solo él y Draco quedaban, comenzaba a sentirse dividido, estaba feliz, como nunca antes, pero estaba preocupado por su amiga, la quería mucho, aunque quizá no tanto como la quería su hermano, después de todo, aunque pareciera extraño, ella era su consentida desde que eran pequeños, pero aun así, no había sido sino en medio de la guerra que el rubio había aprendido a confiar verdaderamente en ella y a cuidarla no solo por ser 'la hija de la amiga de mamá', así que no le sorprendió verlo golpear uno de los postes del dosel de su cama en un vano intento de controlar sus ímpetus, pero sí se sorprendió al verlo salir luego como bólido y caminar ajetreado en dirección a la entrada de la sala común de los leones, se alarmó cuando vió como este atajaba a un chiquillo de primero del cuello de la túnica y lo obligaba a nombrar la contraseña a la dama gorda para que esta cediera el paso sin tener otra opción, y finalmente sintió que le caía el alma a los pies cuando lo vió entrar tras el menor, así que entró también tratando de detenerlo, sintiendo pavor de lo que pudieran hacerles a ambos sus enemigos naturales.

–Potter vas a decirme ahora mismo ¿Dónde está el bastardo de Tomas?- exclamó sin importarle nada, mientras el cachorro de león corría escaleras arriba a la habitación de los varones de primero.

– ¿Malfoy qué haces aquí?- inquirió un sorprendido Harry parándose como un resorte de su sofá favorito, Ron también lo hiso y de inmediato sacó la varita para apuntarle.

–bájala, esto no puede resolverse así- solicitó a su amigo, este obedeció a regañadientes y observo a su alrededor, sus compañeros de casa presentes los rodeaban, a la espera de que su líder hiciera algo, mientras más leones salían de sus dormitorios e imitaban al resto.

–Te dije que quiero que me digas dónde carajo está Tomas, ahora-ordenó, los presentes le miraron iracundos ¿Cómo se atrevía a colarse en su sala común y a dar órdenes allí? Ese idiota iba a pagarlas muy caro si no medía sus palabras –Cuando esté frente a mí, ambos saldremos afuera y allí me encargaré de él- espetó como si escupiera veneno.

– ¿Qué tienes en su contra?- preguntó Ron, responder con la verdad o no, ese era el dilema.

–Se atrevió a faltar al respeto a uno de los míos de forma imperdonable- dijo seriamente.

–Entonces que él venga y lo resuelva- escuchó que alguien más decía de entre los presentes, Harry volteó a ver e hizo seña a todos de que se callaran.

–Si la ofensa ha sido a alguien más como tú dices, ese chico debería ser quien venga, no tú Malfoy, además, esta es nuestra sala común y no pueden estar aquí- respondió el azabache tratando de mediar.

–Harry…- intervino Theo por primera vez desde que había entrado al lugar, colocándose frente a Draco – ¿Tú aprecias a tus amigos?- un asentimiento como respuesta – Entonces ¿Si alguien hiciera llorar a Hermione te molestaría cierto?- otro asentimiento –Bien, más o menos en nuestro caso es eso mismo, Dean Tomas tiene algo pendiente con nosotros, así que queremos resolverlo de una vez…- explicó sin entrar en detalles.

– ¿Qué cosa tengo pendiente con ustedes?- preguntó alguien a espaldas de Harry, este le cedió paso al distinguir al moreno, Draco frunció el ceño lleno de ira apenas contenida, mientras Theodore alzaba un poco el brazo para detenerlo, pronosticando el futuro arranque de locura del chico.

–Tú, maldito imbécil, vienes con nosotros- vociferó con tono amenazante a espaldas del castaño –Kenina…- llamó con un gruñido.

El animal apareció en forma de un minotauro que tomó a Dean del cuello de la camisa y lo arrastró con ellos fuera del recinto de los leones, mientras unos trataban de detener el avance, sin éxito; Hermione, Ginny, Luna, Lavender y Parvati bajaron asustadas por el escándalo y salieron con Harry y Ron a ver qué sucedía, se espantaron al ver como la valiosa mascota del hurón mantenía a todos a raya transformada en una quimera, nadie se atrevía a hablar por miedo a ser atacados, los que trataban de escabullirse para avisar a algún profesor eran detenidos rápidamente por la cola del animal, algunos alumnos entraron arrastrando consigo a los de primero para mantenerlos a salvo.

–Escúchame Bien, Tomas, porque no voy a repetirlo- comenzó Draco, ignorando a todos los demás –Astoria es una chica muy valiosa y tú claramente no me gustas para ella porque no creo que te la merezcas, pero ella parece quererte, así que la he apoyado a pesar de mi propia opinión, te di el beneficio de la duda ¿Y a cambio qué recibo? Que la hagas llorar… Prácticamente le diste a entender que para estar contigo no puede estar conmigo, eso es tratar de chantajearla para que deje a su hermano por una basura como tú- dijo con tono áspero, ladrándole cada palabra.

Dean dio un paso atrás, estaba consternado por las palabras de Draco, ¿Hermano? El jamás se metería con un hermano de Astoria, menos con Daphne, que según sabía era su única hermana, evaluó la situación, estaba desarmado, nadie podía acercarse y ellos eran dos: total desventaja.

– ¿Sabes Dean…?- dijo Theo a espaldas del moreno –Hacía diez minutos atrás todavía me caías bien, pero ahora… No puedo decir lo mismo… Astoria es muy importante para nosotros, es nuestra hermana de circunstancias, es una persona muy buena y por eso nos encargamos de cuidarla, así nadie se aprovecha de ello- Luna observaba a su ahora prometido muy sorprendida, nunca lo había visto tan molesto, con una expresión tan dura y un aura asesina rodeándolo tan peligrosamente.

–Tú la has lastimado y no solo eso, has herido su orgullo también… ¿Sabes lo que pasa cuando se hiere a una serpiente, Dean?- inquirió retórico, más continuó sin esperar respuesta.

–Solo te queda rogar porque no te mate con su veneno al contraatacar- dejo con tono mortífero, como Luna nunca lo había visto, no sabía si sentirse temerosa o admirada.

–Ahora mismo vas con nosotros a las mazmorras y arreglas esto con nuestra querida princesa de Slytherin, porque si no, Slytherin será quien se vengue de ti… ¿Entiendes…?- terminó con frialdad y su vista fue a dar inconscientemente a donde ella estaba, relajó su expresión y le sonrió, pasó al lado de Kenina sin problemas y llegó hasta ella.

– ¿Quieres venir y ver que no matemos al chico Luna?- le tendió la mano, ella aceptó sin pensar, se sentía como hipnotizada por aquella mirada tan intensa que le hacía olvidar que ese mismo joven era capaz de llegar a ser mortífero si se le pisaba la cola, como buena serpiente que era.

–Hermione, también deberías venir con nosotros, prometo traértelas de vuelta Potter- la aludida asintió, quería asegurarse de que nada sucediera ni con Dean, ni con Luna y no pensaba en echarse para atrás solo por verse rodeada de reptiles llenos de ponzoña.

–Ya escuchaste Tomas- espetó Draco –Ahora camina- ordenó y los cinco partieron rumbo al nido de las serpientes.


Había costado hacer que Astoria saliera de su habitación, sin mencionar la odisea que había representado hacer entrar a Luna y sobre todo a Hermione en las mazmorras.

Draco había tenido que aplicar un encantamiento a la cerradura, se había metido y había sacado a Astoria de allí cargándola sobre su hombro, la había llevado entre gritos y golpes, todos recibidos por él, hasta su habitación, dejándola posteriormente sobre su cama, encerrándolos a Dean y a ella allí hasta que hablaran y el muy idiota se disculpara por su ofensa, había mandado a los pocos alumnos presentes a no decir nada sobre lo sucedido y a despejar el área, también se las había arreglado para abrir un compartimiento en el gran librero de la pequeña biblioteca de la sala común y de allí había sacado una botella de whisky de fuego, sirviéndose y sirviéndole a Theo, mientras hacían tiempo hasta que finalmente ambos pudieron acompañar a los leones y la Ravenclaw de nuevo a la torre de los discípulos de Godric.

Finalmente podía entrar a su habitación para descansar, le importaba una mierda que Hermione estuviera molesta por haber hecho aquel escándalo, Astoria ya estaba feliz y eso era más de lo que necesitaba en esos momentos, se acercó a su cama y se echó allí, notando que en su mesita de noche había una caja transparente llena de ranas de chocolate y varitas de regaliz, la tomó entre sus manos y la examinó, leyó una pequeña nota que rezaba:

No me atreví a darte esto en persona, pero quiero que lo disfrutes tanto como yo disfruto de verte aunque sea en la distancia, pues sé que estás fuera de mi alcance, más que por otra cosa, por nuestra diferencia de edad…

Abrió el paquete con curiosidad y cierta emoción que le causaba la idea de comer sus dulces favoritos, sin considerar ningún detalle en absoluto sobre la remitente.

–Vaya ¿Qué tenemos para el postre?- ironizó un cansado Theo que había recién atravesado el umbral de la habitación.

–Parece ser un regalo de alguna chica de nuestra casa- dijo con tono de obviedad.

–Ten cuidado con meterte en problemas con Hermione, recuerda que ahora eres de su propiedad- atacó burlesco, Draco frunció el ceño orgullosamente.

–No soy ni de ella ni de nadie, así que deja de decir estupideces si quieres que comparta contigo- advirtió.

–Oh si, como el amo Malfoy diga…- bufó sarcástico imitando al elfo Eriol, se acercó y ambos comenzaron a comer de los dulces, unos segundos luego cayeron en un profundo sueño.

–Así que es a Granger a quien debo eliminar…- murmuró para sí mientras salía de debajo de la cama del rubio, sacó del bolsillo de su túnica un pequeño frasco y tomó su contenido de un trago –Bien, más vale que esta cosa funcione- guardo el frasquito, esperó unos segundos para asegurarse de que la poción hiciera lo suyo.

–Ya debe haber surtido efecto, eso espero al menos- dijo para sí, sacó su varita –Ahora, olvidarás a Hermione Granger y todo lo que tenga que ver con ella… 'Obliviate'- pronunció con dureza.

En la mente de Draco todas aquellas imágenes de la leona comenzaron a quebrarse y a desvanecerse, incluso la conversación que había tenido con Harry aquel mismo día se había borrado, todo en lo que habían mencionado a la leona estaba desapareciendo y modificándose con nuevos recuerdos en que ella no existía, el cuerpo de Draco se vió alzado hasta hacerlo sentar, de la túnica sacó otra botella y se la hizo beber, tal y como esperaba, el chico no se había ahogado y había consumido todo el líquido con facilidad, la 'felix felicis' había obrado bien en su favor, bendita fuera; lo dejó sobre su cama, no se atrevió a mover a Theodore, para que no fuese obvia su presencia en el lugar, salió de allí sin que nadie le pillara, sintiéndose verdaderamente feliz, solo unas horas más y vería los frutos de su arriesgado plan, ya lo de acabar con la sangre-sucia tendría que esperar al menos al día siguiente, todo era perfecto, todo, excepto por un detalle que no había tomado en cuenta, porque simplemente lo desconocía:

'Con pociones se puede burlar cualquier cosa, menos los designios de Dezthio, el gran guardián del destino'.


Mi esperará con ansias sus comentarios! Mi morir por saber sus opiniones! :D (Mi haber visto tarzán hace un rato :$)