Lo sientooooooooo! De verdad no hay excusas, he tenido problemas con el internet, epenas ayer pude utilizarlo para inscribir mi nuevo semestre, oficialmente este lunes comienzo el 7mo *¬* No pude actualizar debido a eso mismo, pero acá les traigo este que es un pequeño abre-bocas a lo que se viene, porque ahora va llegando el momento de que se enteren de por qué Hermione ha estado tan quedada durante el fic 3:) muajaja xD

Por ahora solo les pido disculpas, porque sé que les ha estado molestando esto de que Herms tenga que ser siempre la víctima, la que llora y la que de todo, oh, pero eso sí, en poco obtendrán la explicación, que será para el cap de viene, sino me equivoco :D

Por cierto, feliz navidad, año nuevo,día de reyes, cumpleaños a los que cumplieron en diciembre y a los que cumplen en ereno :P En fin, felicidades por ser ustedes, son los mejores y los adoro por ese simple hecho :)

Disclaimer: Los personajes y todo lo relacionado al mundo Potteriano no me pertenece, es propiedad de la asombrosa Rowling, yo solo tomo esto prestado para entretenimiento propio y ajeno, sin fines de lucro ni nada de eso xD

Ahora sí ¡A leer! :D


Chapter 19: Lo que la noche y el despertar pueden hacer.

– ¿Malfoy…?- se escuchó el susurro de una voz femenina, la ahora-pelirroja-Hermione se apoyaba en Ginny, había decidido ir a verlo al notar como Luna se acercaba hasta allí, luego de que simplemente dijera que el rubio ya había despertado, el príncipe de Slytherin frunció el ceño con desconfianza.

– ¿Quién eres tú?- espetó con aspereza, la Gryffindor sintió que algo se rompía muy dentro, él no la reconocía, así como para sus padres no existía, para él tampoco lo hacía, su rostro demudó en tristeza y reprimió el impulso de agachar la cabeza, volvió a mostrar una expresión neutral compuesta en sus finas facciones, en lo más hondo, se había acostumbrado a la idea de que Malfoy estaría allí, ya fuera para molestarla por hobby o cuidar de ella por obligación.

–Contéstame- la voz del muchacho la sacó de su ensoñación, parpadeó con fuerza y lo miró con semblante ensombrecido, el ceño fruncido y los ojos brillantes mientras respiraba con calma para que no se cristalizaran.

–Eso no es muy importante- dijo secamente –Pero si realmente quieres saber, yo soy Hermione Granger…- contestó con aplomo, bien erguida a pesar de no poder mantenerse en pie sola tan fácilmente, el silencio se hizo, el corazón de Draco dio un vuelco, detestaba a las pelirrojas, pero esa chica era diferente aunque aun no supiera por qué, sonrió sin saberlo al sentir que el vacío en su pecho se llenaba de a poco con el calor refulgente de su mirada de oro líquido.

–Pues, mucho gusto señorita, soy Draco Malfoy- dijo con algo de su siempre presente autosuficiencia, decidiéndose a seguirles la corriente por un rato, todavía no muy seguro de cómo más reaccionar y hasta tanto, pensando que actuar un poco haciéndose el engañado no estaría mal, porque eso era una broma ¿No?

–Malfoy…- susurró la Gryffindor –Sé que no les crees y tampoco a mí, está bien… Solo usa el pensadero o un poco de 'veritaserum', con eso te librarás de dudas- su voz sonaba extraña a sus oídos, certera y convencida, incluso retadora, pero muy en el fondo también adolorida, sonrió con pesar, pero la firmeza que usualmente la caracterizaba pareció volver mientras hablaba, comenzaba a sentirse extraña, como… Más fuerte.

–Por ahora no me reconoces, pero… Es lo de menos, no eres el único que no me recuerda… Pero eso hasta hacía unas setenta y dos horas atrás ya lo sabías…- observó al resto de los presentes sin dar tiempo a nadie a decir nada.

–Déjenme hablar a solas con él, por favor…- pidió tratando de no sonar demasiado seca, aunque no lo logró del todo, parecía que la Hermione mandona luchaba por volver, ellos asintieron y marcharon al otro lado del recinto, la leona miró de nuevo a Draco.

–Supiste que mis padres me habían olvidado a través de tu capacidad innata para la legeremancia- musitó con entereza, el rubio quiso decir algo en respuesta, nadie sabía de eso, solo Theodore, Minerva y su madre.

–No es necesario que digas nada- espetó –Por ahora es mejor que ambos nos recuperemos, ya en algún momento podremos resolver esto- hizo un gesto para señalar la cabeza de Draco –Y sobre tu secreto… No te preocupes, aunque no lo recuerdes, yo lo guardo para ti a cambio de que tú no cuentes a nadie el mío ¿Sabes? No eres el único que está solo, pero… En cierta forma, estos últimos días habías sido una buena compañía…- afirmó, su voz se rompió un poco en sus últimas palabras, una lágrima se escurrió por su mejilla sin que pudiera detenerla, Draco quiso atajarla antes que se fuera, pero no pudo, ella ya se había dado vuelta y había comenzado a alejarse, rumbo a su propia cama.

¿Ahora que debía hacer? ¿Creer? La certeza de que podía entregarle hasta su propia alma para que la cuidara se instalaba en su pecho conforme los minutos pasaban y no había nada que pudiera evitarlo ¿Sería cierto, o solo eran inventos tontos para joderle la paciencia? Más les valía a todos que fuera lo primero o en verdad iban a saber por qué un Malfoy podía llegar a ser peligroso; a ratos la admiró en silencio en la distancia sin poder evitarlo, pero con disimulo para que nadie lo notara, hubo un punto en que sin lógica alguna juró para sí mismo tratar de confiar en la chica y en que sus amigos le decían la verdad, porque aunque fuera mentira, necesitaba tener a alguien a su lado que mermara la oscuridad en su corazón y ella… Ella era simplemente la indicada para la labor, lo sabía.


Allí estaba de nuevo, esperando a que Hermione despertara otra vez luego de que Madame Pomfrey la pusiera a dormir con una poción, la enfermería parecía diez veces más pequeña, sentía que su cuerpo se oprimía por el espeso aire que circulaba en la estancia, Malfoy también descansaba y no podía evitar quedarse embelesada mirando a un cierto moreno que yacía en la cama frente a la da su mejor amiga, todavía no podía olvidar el incidente de hacía días, aunque sabía que el chico no lo recordaría, era extraño, se suponía que lo odiaba, pero al verlo allí no podía evitar querer acercarse y asegurarse de que en realidad estuviera bien y recuperándose, luego de casi veinte minutos continuos de contemplación ya no pudo resistirlo, vió hacia los lados, no había nadie más, al menos no que estuviera consciente, caminó hacia la camilla del Slytherin y cuando estuvo a su lado pudo notar que su frente estaba perlada en un sudor que comenzaba a secarse, producto de una fiebre que hacía poco había cedido, su pijama desabrochada en el primer y segundo botón dejaba a la vista su clavícula y más abajo, sobre los pectorales, se denotaban vendas que cruzaban su pecho, en un incontrolable impulso colocó apenas la punta de sus dedos sobre el cuello canela y descendió por este hasta casi llegar a las vendas, para subir de nuevo y dirigir su exploración al rostro del joven, su piel era suave pero no exageradamente delicada, su cuerpo se sentía cálido y era evidente que no era porque tuviera fiebre, esa era su temperatura corporal, abrazadora y ardiente, retiró su mano como si el cuerpo del Slytherin quemara, se asustó al notar lo que hacía, con quién y en dónde estaba y lo cerca que se encontraba del muchacho, no sabía en qué momento se había adelantado tanto, colocó su mano en su pecho y se alejó hasta enderezarse, observó con horror como los ojos del moreno comenzaban a abrirse y se dio vuelta empezando a caminar con paso apretado, tan rápido como pudo sin llegar a correr, hasta llegar al lado de su amiga, suspiró con alivio, eso había estado cerca.

Verla tendida en aquella cama solo le hacía recordar como en segundo año había sido petrificada y había pasado días allí mismo, definitivamente eso no era bueno ni para él ni para Harry, adoraba a Hermione, le parecía una chica preciosa, buena y muy inteligente, aunque a veces fuera mandona y le encantara sobreexplotarse a base de estudios, bien poco que le importaba que lo arrastrara con ella a esas arduas tardes de quemarse las pestañas entre enormes libros aburridos, simplemente así era la chica y así la quería, aunque recientemente había descubierto que lo que sentía por la leona era un gran cariño fraternal y cierta atracción innegable e irrevocable, nada podía evitar que tuviera un lugar muy grande y bien reservado en su corazón, así que poder notar aquella venda que rodeaba su muñeca y que lucía medio ensangrentada le partía el alma ¡Y todo porque en un momento de consciencia había acordado con un cansado Malfoy no llevar a cabo aquel compromiso! Apenas lo habían hablado y estaban comunicándoselo a Snape, McGonagall y a sus amigos, cuando de sopetón una gran recaída los había sumergido en aquel catastrófico estado del que se habían comenzado a desprender hacía tan poco, ese hecho les hizo decidir que una vez recuperados, lo más correcto y lógico sería que los chicos formalizaran, aunque no les agradara la idea, si con ello podían mantenerse con vida, él y sus amigos lo aceptarían sin hacer comentarios al respecto. Sentía que deseaba matar a ese hurón infernal y así acabar con el problema, pero había algunos detalles: No quería ser un verdadero asesino, si lo hacía iría a Azkaban, tanto sus amigos como los del Slytherin lo odiarían, y además, esa criatura del demonio se mantenía vigilando el lecho de su dueño cuando estaba presente, así que si lo intentaba lo devoraría antes de que lograra su cometido; todo ello lo hacía imposible y eso era terrible, sobre todo porque entendía que no era la mejor solución, pues si alguna serpiente tratara de acabar con su ambarina amiga, él los mataría a ellos, los odiaría eternamente y probablemente escupiría en sus tumbas, y todavía no conseguiría dejar de desear venganza, así que no, no lo pensaría siquiera.


Madame Pomfrey atravesó la estancia con paso decidido hasta la cama de Blaise, ya le tocaba su poción, se sorprendió de hallarlo despierto, pero no era de extrañarse, solo Theodore y Astoria estaban allí turnándose entre cuidar a Draco y al muchacho, incluso el rubio lo había llegado a visitar antes, solo que sin compañía y cuando creía que nadie lo estaba mirando, igual que la pequeña pelirroja hermana del despistado amigo de Potter, sin embargo, eran las visitas de la chiquilla las que la inquietaban, pero no era su problema, siempre y cuando obedeciera el horario establecido para ello, todo estaba en orden, además no era hora de que hubiera nadie allí, así que de igual forma era imposible, se recordó a sí misma en aquel momento, a veces, en sus guardias nocturnas, era capaz de perder el hilo del tiempo y cuando veía la hora, repentinamente era más tarde o más temprano de lo debido, lo bueno era que nunca fallaba al administrar un tratamiento, era como si tuviera un reloj interno inmune a sus desvaríos por la falta de sueño, Merlín sabría cuánto tiempo llevaba el moreno despierto.

–Señor Zabini, es bueno verlo despierto- musitó, procedió a ayudarlo a sentarse, el chico a pesar de su color lucía pálido y sus labios estaban resecos y descoloridos –Tome esto- le dio a beber, el Slytherin tosió un poco pero finalmente terminó de ingerir todo el amargo contenido.

–Se está recuperando rápidamente, quizá mañana pueda salir de aquí- mencionó –Así que asegúrese de descansar bien- recomendó para luego pasar a ver a Hermione.

Todavía estaba dormida, con su varita hechizó el cuerpo de la leona para hacerla sentar, le abrió la boca y le dio a beber una poción de un rojo casi negro que le recordaba a la sangre coagulada, la expresión medio dolida de la muchacha se suavizó un poco, pero todavía no era suficiente, parecía que las pociones para el dolor no hacían efecto en su totalidad, siempre era el mismo cansancio el que los mantenía dormidos, sin embargo, en aquellas expresiones del chico Malfoy y la chica Granger el dolor no se extinguía, no había más que pudiera hacer y todavía se preguntaba ¿Para qué mantenerlos en Hogwarts si en San Mungo estarían mejor? "Moverlos demasiado ahora sería más riesgoso que dejarlos aquí" escuchó la voz de McGonagall entre sus pensamientos como si estuviera contestándole, negó con la cabeza resignada, aprovechó la posición de su paciente y le revisó el pulso, estaba bien, eso ya era algo, la acomodó de nuevo y se concentró en la fina muñeca de la que a principios de año había sido castaña, cambió cuidadosamente sus vendajes, de vez en cuando la herida sangraba un poco y no había manera que conociera para impedirlo, fuera por pócimas, o ungüentos, o encantamientos, no lograba hacer cesar los sangrados, dejó a Hermione para moverse hasta la cama de Draco.

Su semblante era más pálido de lo común, se le veía un tanto demacrado, pues a diferencia de la Gryffindor, él casi no había probado bocado desde que le habían llevado de emergencia a la enfermería, sus aristocráticas facciones lucían más angulosas de lo común, su rostro estaba desfigurado en una mueca de horror-dolor-odio que le era inexplicable, todavía no podía olvidar del todo el pasado que perseguía al muchacho, pero eso no le impedía atenderlo con todo lo que su alborotado sentido maternal le permitía, repitió el mismo procedimiento con el rubio para hacerle sentarse y le dio a beber la misma poción que ha Hermione pero en mayor cantidad, pues su cuerpo era más grande y por ende necesitaba más, mantuvo el encantamiento para cambiar las vendas del cuello del joven Slytherin y lo acostó de nuevo; otra vez manchadas de sangre ¿Qué era lo que tenía que hacer para que ese efecto secundario desapareciera? ¿Con qué vencer el efecto colateral de una maldición legendaria, temida hasta por los magos más oscuros de la historia mágica y que no se había presentado en más de cuatrocientos ochenta y seis años? Ya no se le ocurría nada más.

Volteó con cierto recelo al escuchar abrirse las grandes puertas de la estancia, si era algún alumno, más le valía estar muy enfermo, eran casi las dos de la mañana y no era precisamente una hora adecuada para deambular por los pasillos, observó como entraba la profesora McGonagall seguida de la menor de las Greengrass y otra muchacha de dudosa procedencia, revestida en una túnica gris que solo dejaba ver que era mujer por la forma en que esta enmarcaba las curvas de su fina figura.

–Madame Pomfrey, por favor, venga conmigo en cuanto termine, las señoritas tienen mi permiso para permanecer aquí mientras usted y yo ocupamos el despacho- ordenó Minerva dándose vuelta y saliendo inmediatamente, la encapuchada se acercó a la cama de Draco casi corriendo e ignorando a Poppy por completo, Astoria caminó con paso tranquilo, tratando de aparentar seguridad, la mujer frunció el ceño en desacuerdo soltando un gruñido por lo bajo, pero no dijo nada y abandonó la enfermería junto con Minerva.

Retiró la capucha de su túnica gris permitiendo a sus cabellos caer en cascadas que se ensortijaban en las puntas, luciendo un azabache brillante de reflejos azulados, sus ojos de ónix observaban al convaleciente con tristeza y ternura, se sentó con delicadeza a la orilla de la cama contemplando al joven como si fuera una deidad moribunda.

–Yo…- Astoria llamó la atención de la pálida muchacha, la Slytherin agachó el rostro –No hice nada… No pude… Lo siento…- murmuró quedamente con voz estrangulada.

–No es tu culpa, no has sido iniciada para prevalecer en el camino destinado a tu heredad, sin embargo, hiciste bien al hallar una solución, pero… Esto solo temporal, no pueden mantenerse comprometidos eternamente cuando el encantamiento exige una unión, los efectos de la maldición han comenzado a desencadenarse y solo puede haber dos formas de acabarlos, bien que ellos mueran…- hizo una pausa con expresión dolida y se abrazó a sí misma.

–O que se casen en el templo de Ananké y presenten una ofrenda valiosa y aceptable a Dezthio para no ser arrastrados a los dominios de Hela…- musitó con expresión seria, haciéndose ver mayor de lo que era.

–Pero es que ellos no quieren- detuvo su alegato al observar como la azabache le daba la espalda y se encaminaba al lado de Hermione ignorando su objeción por completo.

– ¿Ella es la portadora del anillo de Fátum?- inquirió en tono receloso y ligeramente despectivo con una ceja alzada, la rubia la miró con expresión sorprendida, esa no era la forma amable, alegre y comprensiva que usualmente mostraba, el rostro pálido se suavizó y la azabache inspiró y suspiró, sonrió ligeramente, entendiendo que su proceder no estaba siendo correcto.

–Lo siento, creo que no debería sorprenderme que actúes de esta manera, puedo ver que lo celas mucho…- murmuró Astoria retirando su mirada de la joven, esta rió suavemente, haciéndola sentir confortada, como si aquella risa hubiere sido bálsamo para su pesar, era realmente mágico.

–Por supuesto que lo soy…- se inclinó hacia Hermione y colocó su mano en la frente de la leona, frunció ligeramente el ceño y borró todo rastro de tensión de sí misma, se enderezó y volteó a ver a la Slytherin.

–Él es un ser muy querido para mí, lo ha sido desde hace demasiado tiempo, por eso quiero que esté con una mujer que lo merezca- dijo con el rastro evidente de la ternura arrastrándose por sus palabras y el brillo de sus ojos se volvió verdoso –Por eso sé que la aceptaré aunque no me agrade, así que espero poder conocerla mejor… Solo ruega a Morgana porque mi opinión sobre esta chica cambie- se encogió de hombros restándole importancia.

–Bueno…- balbuceó sin saber bien qué decir o cómo tomar lo que recién había escuchado.

–Vamos, solo dilo- le incitó regresando a su lado con paso decididamente elegante, casi parecía flotar.

–Creo que tu opinión sobre Hermione podría cambiar- murmuró –La mía ha comenzado a hacerlo, en principio la trataba cortésmente para hacer las cosas más fáciles para Draco, pero veo que es una muy buena persona y… Creo que ella podría ser la indicada para él- la azabache se tensó un poco y frunció el ceño, acentuando su porte altivo y aristocrático.

–Eso espero, Astoria- murmuró con tono seco e hizo una breve pausa –No quiero verlo junto a una estúpida bruja sin talento, encanto e intelecto, eso sería fatal…- agregó en tono jovial, repentinamente relajada, haciéndose ver más común, la rubia boqueó pero cerró la boca de nuevo sin opinar, hasta que se decidió.

–Ella… No sé si tenga mucho encanto porque no suele arreglarse demasiado, pero sí que tiene intelecto y creo que sus talentos son bastantes y buenos…- dijo tratando de mejorar el terreno para lo que sabía que se avecinaba, los ojos de ónix se convertían en esmeraldas brillantes de a poco en alguno que otro momento, cuando intempestivamente se volvían tan negros como petróleo otra vez, pero Astoria no podía verlo, nadie podía, ya ella se había asegurado.

–Eso lo decidiré yo, novata, entonces, y solo entonces, daré todo mi apoyo a esta causa, por ahora solo me aseguraré de mantenerlos juntos para que no mueran…- volteó y con un movimiento de muñeca la camilla en que Draco reposaba se hizo más grande y adquirió una estructura de doseles de los que pendían pesadas telas con bordados dorados sobre un fondo verde botella, giró hacia Hermione y apuntándole con un dedo murmuró una serie de palabras en otro idioma que Astoria no pudo distinguir, el cuerpo de la leona levitó hasta quedar posado junto al del príncipe de las serpientes, sonrió de lado al presentir la estupefacción en la chica que la acompañaba.

– ¿Pero por qué…?- le escuchó balbucear, sonrió de lado y giró sobre sus pies en su dirección.

–No te quedes allí parada, es hora de ir a las mazmorras, debo acomodar mi equipaje, este será un día interesante, lástima que luego deba regresar a mi "hogar"- dijo haciendo comillas al referirse a su propio colegio, chasqueó los dedos y los cuerpos de ambos jóvenes en la que se había transformado en una cama matrimonial se movieron por inercia hasta quedar la leona recostada sobre el bien formado pecho de la serpiente, con los brazos masculinos en torno a ella, ambos se acurrucaron todavía más sin necesidad de hechizo alguno, la azabache volvió a chasquear y las cortinas del dosel se cerraron, ella comenzó a caminar rumbo al dormitorio de Slytherin sin esperar por Astoria, que salió del lugar un minuto después, tratando de sobreponerse a su aturdimiento, sin notar como pegado a las cortinas, un pergamino proclamaba:

Madame, le pido a favor, no separe a los jóvenes Malfoy y Granger, sé que desea tanto como yo que las heridas de estos alumnos se cierren por completo y así cese su dolor, por ello me he atrevido a acomodarlos en esta misma cama sin pedirle que me concediera su permiso.

Si se mantienen unidos, podrán asegurar su bienestar hasta tanto puedan resolver esta encrucijada de la manera más conveniente para ambos, ellos necesitan esto, sobre todo Draco, que por demás, debe recuperar sus recuerdos.

Para el amanecer, deberían estar casi totalmente recuperados, Circe nos ayude a todos.

Por favor, cuando los chicos despierten, ayúdeles a ambos a controlarse, pues pienso que muy probablemente discutirán por la forma en que se encontrarán uno junto al otro.

Semper vives.

V.M.

Aquellas iniciales estaban escritas al lado de algo, un trisquel sellado con tinta cobriza se reflejaba.


Poppy tomó asiento tratando de serenarse para escuchar atentamente las palabras de Minerva, no entendía mucho de lo que fuera que estuviera pasando y deseaba saberlo, Merlín, no solo lo deseaba, lo necesitaba, lo anhelaba, era casi de vida o muerte para sí misma, era justo lo que esperaba que la directora le explicara.

–Madame Pomfrey- comenzó la directora –Si he querido hablar con usted es porque he decidido contarle ciertos aspectos implicados en el trasfondo de los hechos recientes, por lo que necesito que me oiga, retenga lo que le diga, que lo interprete, que lo internalice, y que no me interrumpa, por favor…- espetó bastante rápido, aturdiendo un poco a la cansada mujer que tenía al cerebro procesándole información en cámara lenta, la regordeta enfermera asintió haciendo todo lo posible por concentrarse en las palabras de la envejecida castaña sin perderle el hilo.

–Bien, primero que nada, la señorita que acompañaba a la joven Greengrass, se quedará durante el resto de la madrugada y el día, se marchará con el ocaso, y es de vital importancia que atienda a cualquier sugerencia que ella le haga para que los jóvenes Malfoy y Granger puedan recuperarse de forma absoluta y satisfactoria- musitó con rigidez, sin dar derecho a réplicas, Poppy asintió.

–Lo otro que debo explicarle, me temo, es que debe mantener este caso en secreto, los alumnos saben que algo está pasando, pero no sería bueno comentarlo, ni siquiera con los demás profesores, como ya le había explicado antes, ellos han caído bajo un encantamiento antiguo y poderoso, imposible de romper, por lo que lo mejor que podemos hacer es facilitarles las cosas y no hacer público ningún detalle que pueda presionarlos más- hizo una pausa –Madame Pomfrey… Ellos no tienen elección… Así que, por favor, acepte la guía de nuestra visitante, es muy joven pero sabe lo que hace…- terminó por decir suavemente, abandonando de forma momentánea su habitual postura firme.

–Profesora McGonagall, sabe bien que me gusta manejar los casos que se me presentan de la forma adecuada a mi parecer, pero no es eso lo más importante para mí, me interesa más que los alumnos se recuperen, así que no será problema dejar que esa muchacha tome en sus manos este caso durante las siguientes horas si con ello esto se soluciona todo- dijo conteniéndose de contradecirla en nada, bien, no había recibido una gran explicación, tampoco el nombre de la colaboradora, pero algo era algo, al menos ya se le había aclarado una duda, lo sucedido debía mantenerse en secreto, por tanto, no había nadie más que pudiera contestar a sus preguntas a menos que contara con Snape, pero eso era un imposible absoluto.

–Entonces permítame ir con usted hasta la enfermería, si consigo hablar con ella, le pediré que le ayude durante lo que queda de noche, para que pueda descansar- se puso de pie y la enfermera hizo lo mismo sin chistar, a esas aturas de su agotamiento, podían mandar hasta a un poltergeist a reemplazarla si con ello lograba dormir aunque fuera un rato.

Cuando entraron de nuevo a la enfermería, lo primero que llamó su atención fue que entre las sencillas camillas de impolutas sábanas blancas hubiera una cama grande, matrimonial, de hecho, con un elegante dosel adornado con grabados y pesadas cortinas verdes delicadamente bordadas con estampados dorados de elaboración exquisita, probablemente en hilos de oro, podía ver un extraño símbolo relucir sobre la lujosa tela, enorme, centrado e imponente, parecía una hélice de tres aspas curvas bordeada por un enorme círculo, pero no podía identificarlo; se acercó a paso veloz al notar que el cuerpo de Hermione parecía haber desparecido de su cama, por mero acto intuitivo, se acercó a la cortina verde y distinguió un pergamino, las letras plasmadas en este eran de caligrafía esbelta y delicada, sin dudas de la mano de una joven refinada o un hombre un tanto raro, leyó con atención, esa nota seguramente era de parte de esa extraña encapuchada que recién había llegado, le descolocó un poco ver el mismo símbolo grabado en cortinas y dosel, estampado en tinta de cobre al lado de aquella inicial ¿Quién se suponía que era esa tal VM, para qué dejar solo sus iniciales si se suponía que tenía nombre? 'ha de ser alguien poco convencional', le dijo su sonámbula voz de la razón, se asomó ligeramente entre la tela, la leona estaba allí, en una posición bastante indecorosa para una jovencita de su edad, si le preguntaban por su opinión, pero estaba tranquila, al igual que Draco, ambos se veían verdaderamente aoasibles, con más color, las mejillas ligeramente sonrosadas, lástima que ella no pudiera notar casi nada de eso, solo distinguía sus figuras y que las vendas en el cuello del Slytherin parecían permanecer limpísimas, por lo que las de la chica debían estar iguales, se apartó aliviada, McGonagall le dio alcance a paso lento.

–No es que me gusten los métodos de esta muchacha, pero…- dijo la animaga con severidad, hizo una pausa buscando las palabras correctas –Supongo que el bienestar de estos chicos es más importante que los modos tan poco ortodoxos usados para asegurárselos, así que tendremos que rehuir de ciertos perjuicios sobre los actos… Poco púdicos, que puedan propiciarse en el camino…- le dijo, la mujer solo asintió tratando de hacer que el calor que abandonaba sus mejillas desapareciera, se giró en dirección a la animaga.

–Supongo que sí, pero por ahora, será mejor que se vaya a descansar, yo me haré cargo…- murmuró suavemente, Minerva alzó una ceja captando la indirecta, le estaban echando, perfecto, asintió un tanto indignada, pero dejando pasar aquello y compadeciéndose de Poppy, no debía ser fácil estar en su posición, así como tampoco lo era estar en la suya.

–Está bien, trate usted también de dormir, no creo que tenga que preocuparse mucho por ellos ahora, creo que han de estar mucho mejor para el medio día- inclinó la cabeza a forma de despedida y se retiró luego de dar un vistazo rápido a un moreno que yacía dormido un tanto más al fondo del recinto, dejando sola a Madame Pomfrey.


–Oye, gracias por acudir a mi llamado…- dijo Astoria rompiendo el duro silencio que se imponía en la habitación mientras ayudaba a tender las sábanas de la cama para la visitante, porque la muchacha se había negado a acostarse sobre las otras que habían acomodado los elfos, debido a ciertas quejas sobre la fibra de las telas, la azabache volteó a verla, sonriendo de lado, con su túnica gris cubriendo perfectamente su cuerpo entre las sombras.

–No necesitas agradecer nada, hago lo que debo hacer, Draco es mi amigo, no lo dejaría en una situación tan delicada, eso no estaría bien, por el contrario, yo te agradezco a ti por haberme escrito- respondió con voz suave, cuidando no despertar a las demás chicas del sexto año que se quedaban en la habitación.

–No, enserio, gracias, yo… Circe sabe que yo no soy una verdadera fata, yo solo soy heredera de una tradición abandonada hace décadas…- agachó el rostro, la azabache caminó hasta la rubia sin problemas, se acercó hasta ella y colocó una de sus blanquecinas manos en su hombro.

–No necesitas auto-castigarte por ello, tu familia ha abandonado esta tradición, pero tu puedes recuperarla, lo llevas en la sangre, no te desanimes ¿De acuerdo?- Astoria asintió, observando a la joven en la oscuridad, podía sentir aquella presencia a pesar de no poder verla, lograba distinguir su silueta como un manchón oscuro, sonrió levemente, sintiéndose confortada.

–Gracias…- le susurró, la sonrisa en el rostro de la joven bruja se ensanchó y sus ojos de ónix se encendieron en un brillo enternecido, que se ocultaba en la negrura espesa de la habitación.

–Ya vámonos a la cama, dentro de unas horas amanecerá y creo que será un día bastante largo- la rubia serpiente asintió y ambas se acomodaron en sus camas, la azabache vió hacia la ventana y pudo distinguir las aguas oscurecidas del lago, brillando de tanto en tanto por el reflejo de los rayos de luna que lograban filtrarse hasta las profundidades, sus ojos se tornaron verdosos y en un parpadeo volvieron a ser tan negros como la brea.


Comenzó a abrir los ojos lentamente, se sentía bastante cómodo, recuperado y cálido, la idea de quedarse así todo el día se le hacía tentadora, se movió levemente tratando de estirarse, pero algo le impedía hacerlo, un peso extra posado sobre su pecho y apostillado alrededor de su cintura y de una de sus piernas le dificultaba la tarea.

– ¿Pero qué…?- balbuceó débilmente, la poca luz que se filtraba por las cortinas entreabiertas del dosel le permitió ver una silueta femenina, el brillo rojizo de una cabellera salvaje, ondulada y sedosa llamó su atención, ladeó un poco la cabeza para ver el rostro de la joven, considerando la posibilidad de que lo ocurrido desde el comienzo de año escolar hubiera sido solo un sueño extraño luego de una noche de copas, soltó un jadeo en cuanto vislumbró quién era la chica que dormía en su regazo.

–Jo-der…- masculló entre sorprendido y confundido, notó como la leona empezaba a despertar de a poco y solo atinó a hacerse el dormido, deseando que la chica no le reventara los tímpanos con el grito que seguramente pegaría.

Despertó sintiéndose restituida, enérgica y sobre todo muy cómoda, se estiró un poco para espantar la sensación propia que dejaba el letargo en su cuerpo y pudo percibir ese algo que la mantenía caliente y confortada, se asió más a este y estiró su pierna para colocarla más arriba, consiguiendo más contacto con ese aparente cuerpo que se le hacía particularmente cálido, pudo olisquear un ligero aroma a perfume, no se sentía demasiado fuerte pero igualmente le era hipnotizante, por mucho que detestara admitirlo, olía como a Malfoy y eso le gustaba; reaccionó en cuanto cayó en cuenta del aroma que estaba percibiendo ¿Pero qué carajo hacía ella sintiendo el perfume del hurón cerca suyo? Abrió los ojos rápidamente y se alzó sobre sus antebrazos apoyándose en sus codos, se encontró con el rostro de un aparentemente dormido Draco y de inmediato se sentó echándose hacia atrás, espantada, pudo sentir como la sangre le huía de la cara y terminaba por ponerse tan pálida como la nieve ¿Pero qué había hecho y cómo había llegado allí?

Se le había quitado de encima, gracias a Merlín ya era libre, aunque antes se había abrazado más a su cuerpo y eso lo había desconcertado, esa chica era demasiado rara, abrió lentamente uno de su ojos grises, fingiendo que comenzaba a despertarse y solo pudo ver como Hermione atravesaba una mano sobre su pecho y la otra la usaba para estirar parte de la camisa de su pijama, hacia sus piernas, tan pálida como el papel, se sentó lentamente al notar que ella no decía nada y que parecía haber demudado hasta aislarse en un estado catatónico del que no planeaba sacarla hasta que supiera que no terminaría muerto por sus manos.

– ¿Granger…?- balbuceó decididamente malhumorado, estrujándose los ojos y fingiendo que no la había visto antes.

– ¿Qué haces en mi cama?- inquirió con el ceño medio fruncido y una ceja alzada, ella pareció reaccionar porque se puso tan roja como una grana de la indignación y frunció el ceño visiblemente.

– ¡Eso debería yo preguntarte a ti, sucio hurón pervertido!- exclamó con una voz más chillona de lo que le hubiera gustado, intensamente molesta y confusa.

– ¡Yo no soy ningún pervertido Granger, eres tú quien está en mi cama, aquí la sádica acosadora eres tú!- exclamó en contesta ¿Pero quién se creía? Ah, cómo le sacaba de quicio, era demasiado irritante.

– ¡Esta no es tu cama Malfoy, es la mía, ahora largo de aquí ahora mismo o acabo con tu pútrida existencia antes de que seas capaz de dejar crías en este mundo!- le gritó al tiempo que aprovechaba que Draco se había sentado y se abalanzaba a gatas sobre la almohada para buscar su varita sin tener éxito ¿No la había puesto allí la noche anterior? Creía que sí, el rubio cubrió sus partes nobles con sus manos en un acto reflejo, aquella voz femenina alertó a una encapuchada que entraba en la enfermería tranquilamente, tratando de no hacer ruido, Madame Pomfrey también se hizo presente al percibir el escándalo.

–De hecho, esta sí es la cama de Draco- escucharon ambos mientras la luz que entraba al abrirse las cortinas del dosel los cegaba, la enfermera frunció el ceño al notar que la chica se le había adelantado.

– ¿M- Maribel?- balbuceó todavía aturdido mientras tapaba sus ojos con una mano – ¿Qué haces aquí?- preguntó mientras parpadeaba varias veces para acostumbrarse a la luz, Hermione masajeaba el puente de su nariz con los dedos al tiempo que mantenía cerrados los ojos, era demasiado vergonzoso que la hallaran allí, no era nada decente, se mantenía solo escuchando y deseando poder controlar sus deseos de trapear todo Hogwarts con los cabellos de esa irritante y odiosa muchacha presumida, que inmediatamente le había desagradado, tenía la ligera impresión de sentirse demasiado voluble en aquel momento.

– ¿No te alegras de verme acaso, Drake?- hizo un pucherito corto y sonrió de lado –Estoy aquí porque Astoria me escribió, vine apenas pude, de hecho llegué durante la madrugada y fui yo quien los acomodó juntos en esta cama- musitó cantarinamente, la leona abrió los ojos y dejó de masajearse el puente de la nariz, fijando su vista en la azabache con una expresión que rayaba entre la indignación, la furia y la sorpresa, frunció el ceño en cuestión de milisegundos, Draco solo pudo mostrarse sorprendido medio segundo antes de volver a ser el mismo de siempre.

– Puede que seas amiga de Malfoy, pero eso no te justifica ¿Por qué tenías que hacer algo tan desmedido? Esto es sin dudas una aberración- reclamó con irritación una iracunda chica Granger que se debatía internamente entre sus deseos de lanzarle un avada o matarla lentamente a punta de crucios aunque tuviera que ir a Azkaban por ello después.

–Porque aunque no me agrades, estando juntos es como se pueden asegurar de no morir- le espetó mirándola con una ceja alzada y expresión de desagrado en el rostro.

–Bueno, creo que tu idea funcionó porque me siento mucho mejor, y creo que Granger también, si tomamos en cuenta que está quejándose como desquiciada casi inmediatamente después de haber despertado- concedió riendo ladino en una mueca llena de sorna y superioridad.

–Pero al menos debiste avisarnos, no es nada grato despertar con alguien con quien no sabías que estabas durmiendo, sobre todo si ese alguien quiere acabar con tu valiosísima existencia- dijo con tono divertido, lo cierto era que llevaba dentro de sí una sensación de tranquilidad y algo muy parecido a júbilo, que no podía negar luego de aquel extraño despertar y que ni siquiera esa chica había logrado arruinar con sus reclamos.

– ¿Y lo dices tan tranquilo?- exclamó volteando a verlo, tan rápidamente que sintió que se lastimó el cuello, pero ignoró el dolor – ¡Nos acostó juntos en la misma cama, con las cortinas del dosel cerradas, eso es algo impropio Malfoy! ¿Dónde dejaste tu decencia?- espetó con severidad, indignada, se puso de pie de un salto.

–Señorita Granger, debe tener cuidado, no debe exaltarse, está usted todavía convaleciente- habló por primera vez Madame Pomfrey, la leona la miró suavizando su semblante y asintió, tan obediente como con cualquier profesor.

–No exageres, lo dices como si planeara violarte o algo parecido, como si eso fuera a suceder ¡Ja!- espetó un ya fastidiado Draco que trataba de no perder su extraño buen humor, Hermione le devolvió la mirada con absoluta ira.

–Exacto, así que mejor cálmate y deja de lloriquear, deberías estar agradecida por el favor que te he concedido, sino fuera porque las circunstancias lo ameritan, no te permitiría acercarte a mi Draqui- reclamó en tono caprichoso, el rubio frunció el ceño.

–Te he dicho que no me llames así- le reclamó.

– ¿Favor? ¡Ja! No me hagas reír- musitó al tiempo que Draco hablaba, ambos se miraron con rabia, pero no se dijeron nada.

–Claro que lo es- replicó ganándose una mirada irritada de Hermione, pudo ver como Draco ponía los ojos en blanco –Mi Drake es demasiado bueno como para dejar que esté con alguna chica cualquiera, y para ser franca, tú no me agradas, creo que ya lo había dicho antes- terminó de decir ácidamente mientras le devolvía la mirada a una furiosa ambarina.

–Ya es suficiente- ordenó la enfermera –Señorita, si no va a ser de ayuda, será mejor que regrese a Beauxbatons, y usted señorita Granger, controle su temperamento, señor Malfoy, le agradecería que se contuviera de ablar a menos que está dispuesto a hacerlo de manera adecuada- la leona agachó la mirada avergonzada por actuar tan tontamente, no comprendía por qué estaba tan inestable aquella mañana, Maribel miró a Pomfrey directo a los ojos con el ceño fruncido.

Hermione estaba realmente confundida, llevaba tiempo sintiéndose rara, demasiado vulnerable, ni siquiera se sentía como ella misma, y aunque quería pensar que quizá la guerra le hubiera hecho cambiar, o la hubiera agotado mucho emocionalmente y por eso quisiera darse un descanso de su actitud combativa, estaba segura de que había algo malo con ella, porque había estado comportándose como una de esas chiquillas tontas y volubles, en cierta forma su ímpetu estaba reducido, había sido extremadamente cambiante y berrinchuda, había llorado más veces en ese año de las que se atrevía a contar, había sido víctima tantas veces en ese año que se sentía estúpida e inútil, se había vuelto dependiente y de alguna manera estaba como aletargada, parecía que una parte de sí misma estaba dormida y se negaba a despertar, robándole fuerzas y ya suponer que se debía a algún trauma post querella no parecía una opción, porque la gente bajo esa condición psicológica ni siquiera lo notaba, pero ella sí, y lo había leído, muchas veces en sus investigaciones, los pacientes no eran capaces de reconocer un problema en ellos mismos, pero sí en otros, y definitivamente ese no era su caso, comenzaba a pareserle alarmante, sobre todo porque ahora aparte de todo, se sentía agresiva y explosiva y no lograba controlar su temperamento, se sentía a la defensiva y odiaba ver a Maribel tomándose esas confianzas con Malfoy ¿Pero qué carajo tenía que importarle si al hurón se le daba la gana de sonreírle a esa desagradable chica, o si le hablaba con tanta tranquilidad, o si la muy estúpida lo trataba con tanta confianza? Eso no era asunto suyo y no le interesaba, entonces ¿Por qué...?

–He hecho más con un solo par de chasquidos que usted en días, y ello es lo que les ha llevado a este par a estar totalmente recuperados- le echó en cara, sacando a la leona de su inopia, Poppy frunció el ceño, ocultando lo hondo que le habían calado esas palabras a su orgullo, Draco se mantuvo decididamente callado, esa parecía una de esas peleas de mujeres en que un hombre no debía meterse.

–Señorita Nightingale- se escuchó un llamado –He permitido que permanezca aquí durante la noche y que haga lo que le parezca correcto para solventar esta situación, pero eso no le da derecho a hablarle así a ninguna de las personas de este lugar- Minerva se aceró al pequeño grupo de personas congregadas en la estancia, la chica recuperó la postura de inmediato.

–Tiene razón profesora, no es mi derecho, pero no pienso permitir que alguien a quien no conozco me hable de esa manera como si fuera mi madre, eso no es parte del trato que debo recibir como visitante que soy- aclaró.

–En eso debo cederle razón, solo espero que este tipo de altercados no se repitan de nuevo- contestó inflexiblemente, Pomfrey y Maribel asintieron –Bien…- volteó a ver a Draco y a Hermione –Señor Malfoy, señorita Granger… Si están tan bien como para armar escándalo apenas despertar, espero que en media hora asistan a mi despacho, tengo algunas cosas que informarles- musitó con rigidez, para luego retirarse sin dar tiempo a ninguno de los presentes a replicar algo.

–En vez de discutir ahora, deberían tratar de ponerse de acuerdo al respecto del qué harán- Draco y Hermione voltearon a verla sin comprender del todo a qué se refería la regordeta mujer que les miraba ceñuda.

–A lo que la enfermera aquí presente se refiere, es a que deben decidir qué medida tomarán, ya que como podrán notar, estar juntos los mantiene a salvo, pero esto no será eterno, ya han provocado los primeros síntomas de la maldición de Ananké, la única manera de salir bien librados de ella que existe es la unión de las partes involucradas- les señaló a ambos paseando su dedo índice hacia el rubio y luego hacia la pelirroja, Madame Pomfrey asintió con el ceño todavía fruncido otorgando razón a la muchacha de cabellos tan negros como el manto nocturno.

– ¿Cómo sabes tú eso?- preguntó una defensiva leona, la sola idea de que la chica tuviera razón la irritaba y la dejaba sin aliento, no deseaba admitir que ella supiera más del tema y tampoco se veía siendo obligada a casarse con un chico que ni siquiera la recordaba y al que aparentemente le desagradaba, ella misma no estaba del todo segura de lo que Malfoy le hacía sentir en aquellos momentos, la chica de ojos de ónix sonrió de lado con altivez.

–Mi familia proviene de una larga línea de siervos del destino, pertenezco a una antiquísima descendencia de magos y brujas que han vivido durante siglos ayudando a sus elegidos a hallar el camino que Dezthio ha deparado para ellos… Así que como comprenderás, sé bien de lo que hablo…- explicó con orgullo y cierta prepotencia que Draco identificó como su muestra de celos por no ser quien llevara aquella marca, insinuando la obviedad de su postura, como si ella debiera saberlo o al menos suponerlo, la Gryffindor frunció el ceño y la miró con más irritación de la que ya dejaba ver.

–Entonces creo que deberías dejarnos hablar esto solos, a Malfoy y a mí no nos hace falta tener a una chaperona con nosotros para entablar una conversación decente ¿No crees Nightingale?- inquirió ácidamente todavía reprendiéndose por no poder controlar su arranque de explosividad, la joven visitante observó a la bruja que todavía permanecía de pie al lado de la cama, con postura digna y la espalda bien erguida, sosteniéndole la mirada sin dejarse amedrentar, junto a Draco, la detestaba por el simple hecho de que no habría ninguna mujer lo suficientemente buena para su precioso rubio, eso jamás, pero aunque no le gustara, esa actitud le era adecuada, mostraba el orgullo que una perfecta Malfoy debía portar, quizá la chica pudiera al menos ser útil, sonrió sibilinamente.

–Como quieras, querida, me retiraré entonces- su semblante se hizo serio –Pero si le haces tan siquiera un rasguño, pagarás caro las consecuencias…- advirtió con tono siniestro, miró a Draco y le sonrió dulcemente –Te veré luego Drake- le guiñó el ojo y se dio vuelta para fijar su vista en Poppy –Madame ¿Podríamos hablar en su despacho unos segundos por favor?- preguntó con tanta condescendencia que resultó recordarles un poco a Umbridge, la mujer asintió.

–Por supuesto señorita, haga el favor y sígame- ambas se encaminaron a la oficina de la mujer.

– ¿Qué se supone que haremos entonces?- inquirió Draco, rompiendo el silencio que se había formado entre ellos al quedarse solos, la leona volteó hacia él.

–Yo… No lo se…- respondió, perdiendo fuerza en su voz hasta que esta solo se hizo en un murmullo cansado, odiaba no tener respuestas, ni ideas, ni planes, ni siquiera toda su inteligencia lograba sacarla del aprieto.

–Escuchaste a Maribel, por lo visto solo tenemos dos opciones, estar juntos o morir, y aunque no se cuál sea peor para ti, yo no deseo acabar con mi vida sin dejar descendencia, eso sería el fin de los Malfoy…- comento sencillamente, con aquel tono prepotente que hacía rabiar a la leona, Hermione frunció el ceño con el rostro tenso, cómo detestaba no saber qué hacer.

– ¿Cómo estás seguro de que tu querida Maribel está en lo correcto, Malfoy? No sé tú, pero yo no puedo confiar en ella- dejó de hablar al notar como el rubio trataba de contener un bufido.

–Oye, por supuesto que confío en su palabra, ya no tiene razones para retenerme así que no le importa con quien esté, siempre me ha celado con mucho ahínco, así que sería muy estúpido de su parte lanzarme a los brazos de una chica que claramente no le agrada amenos que deba hacerlo ¿Qué más quieres que te diga? Es bastante simple en realidad- sonrió con sorna al notar la expresión irritada de la leona.

–Pues confía tú si quieres, pero yo no voy a hacerlo, esa chica esconde algo, lo sé, y sé que debe haber otra alternativa, esa no puede ser nuestra única opción, me niego- Draco se puso de pie en un movimiento brusco, abandonando la cama y dejando ver la camisa de su pijama desabrochada y su abdomen reluciendo ante los cálidos rayos de sol, Hermione se dio cuenta por primera vez, desde que había despertado, de aquel detalle, sus mejillas se tiñeron y sus ojos ámbar con esfuerzo desviaron su vista a otro lado, lejos del rubio, que sonrió con superioridad al notar su gesto avergonzado.

–Granger, deberías aprender a ser más discreta cuando miras de forma pervertida a los chicos, o ser lo suficientemente valiente de dejar a un lado tu mojigatería y simplemente mirar lo que desees mirar sin arrepentimientos, ser tan evidente te hace ver como idiota- la aludida le miró iracunda.

–Vas a morir muy joven si sigues hablándome así, Malfoy- advirtió, el rubio atinó a poner los ojos en blanco.

–Solo decide qué quieres hacer de una jodida vez Granger, no tengo todo tu tiempo y McGonagall debe estar esperándonos- espetó.

–No lo sé ¿Tú qué pretendes que haga, que acepte esa barbaridad que pretenden obligarme a cometer?- una rápida punzada atravesó el pecho de la serpiente al escucharla, su rostro se tornó en una expresión hierática, algo en su crisma se revolvió causándole un ligero mareo, la miró tratando de mantener sus ojos fijos en ella.

–Entonces consigue otra solución y avísame cuando la halles- habló con voz profunda y peligrosa, se dio vuelta para tomar su varita de la mesita de noche que reposaba junto a su, ahora, enorme cama y con un par de hechizos no verbales simples sus pijamas se volvieron un impecable uniforme de Slytherin y su cabello estaba húmedo como si acabara de bañarse, su camisa, como antes había estado la de su pijama, desabotonada y su corbata sobre su cuello sin anudar.

–Yo iré a ver a Minerva, tú haz como prefieras- musitó mientras terminaba de arreglarse.

–Debes estar definitivamente idiota por la pérdida de sangre que sufriste antes- murmuró en voz baja, aunque el ojigris le escuchó con claridad.

La leona se le acercó al notar como él giraba sobre sus propios pies, y en un acto que ninguno de los dos supo como interpretar, Hermione llevó sus manos al cuello de Draco y arregló su mal ajustada corbata, hasta dejar un nudo perfectamente elaborado reemplazando el que había hecho el chico Malfoy con movimientos bruscos por la rabia, fue justo ese momento en el que la leona pudo ver como un anillo bicolor claramente se dibujaba en el cuello del muchacho, llevó su diestra al círculo que le marcaba inconfundiblemente como su futuro y una corriente eléctrica recorrió desde su mano hasta el largo de su brazo y su columna vertebral para posarse en su vientre; el príncipe de Slytherin evitaba su miraba, en sus mejillas de denotaba muy levemente cierto rubor, que combinado con su ceño evidentemente fruncido, le hacía ver increíblemente bien, y por primera ven en su vida deseó besar a Draco Malfoy, retrocedió al darse cuenta de la clase de cursos que estaban tomando sus pensamientos.

–Buscaré mi varita para cambiarme de ropa- espetó para deshacerse de la incómoda situación.

El joven Malfoy asintió sin decir nada y solo fijó su mirada en Hermione cuando esta ya iba caminando hacia su propia cama, notó entonces cómo el contonear de sus caderas lo embelesaban, cómo su cintura lucía delgada y deseaba tomarla entre sus manos solo para asegurarse de que se sintiera bien tocarla y cómo sus rizos enmarañados le invitaban a tomarlos entre sus dedos para percibir su suavidad, deseó estar de nuevo acostado con ella, acariciando su piel de crema y pasar horas besándola, y eso le asustó lo suficiente como para ir directo a su cama y sentarse allí, una imagen extraña llegó a su mente junto con punzadas en su cabeza, la leona y él, abrazados y sobre el gran sillón que antes ocupara Lucius, en el que ahora era su despacho. La pelirroja era castaña en esa especie de visión y gimoteaba visiblemente ¿Qué era eso? Llevó una mano a su sien para masajearla y tratar de alejar el dolor, una mano en su hombro le hizo alzar el rostro en que llevaba una mueca que mostraba a las claras cómo se sentía, su vista estaba borrosa, lo único que le permitía saber quién estaba frente a él era esa silueta morena que ya conocía de memoria.

–Zabini…- balbuceó antes de irse de espaldas hacia el colchón, Hermione llegó a su lado unos momentos después, al notar quién estaba cerca del rubio; la reacción de la leona fue la que tendría que haber sido en tantas otras ocasiones, alzó su varita diestramente apuntando al moreno mientras se acercaba con cautela, lista para batallar, en ese instante se preguntó ¿Por qué había estado siendo tan débil todo ese tiempo, si siempre había sido una guerrera fuerte, centrada y madura? Decidió dejar eso para después.

– ¿Qué le hiciste a Malfoy, Zabini?- inquirió en tono amenázate, el moreno se giró a verla un poco desestabilizado.

–Yo…- carraspeó para aclararse la garganta –Yo no le he hecho nada, sangre-sucia…- espetó con voz rasposa –Se desmayó y no sé por qué, ahora se útil y llama a Madame Pomfrey- ordenó, la leona obedeció no sin antes advertirle las posibles consecuencias de cualquier intento de hacerle daño al rey de las serpientes, dejando a un estupefacto Blaise solo con el rubio, después de todo, debía tomar en cuenta que el villano había sido Fenrir en su piel y no él.

La vorágine de imágenes que atacaban su mente lo mantenían inmóvil, veía todo suceder a su alrededor sin poder hacer nada al respecto, se veía a sí mismo con Crabbe y Goyle molestando a Potter y Weasley en primer año, con ellos estaba una castaña de dientes grandes y cabellos desastrosamente acomodados en una mata de nidos repartidos sin ton ni son por aquel cráneo, luego se veía en las inmediaciones del castillo siendo golpeado por una castaña un poco mayor, en su tercer año, la cual asumía que era la misma de la que se burlaba de niño, observaba también a la misma joven bajar de las grandes escaleras rumbo al gran salón, con un vestido y un peinado bastante delicados, que le hacían ver como a un ángel, y algo dentro de sí ardía al verla tomar el brazo de Víktor Krum, así que eso debía ser el torneo de los tres magos, y esa muchacha debía ser Granger, a juzgar por las facciones de su rostro, solo que con cabellos almendra, se veía preciosa, pero también en la actualidad lo era, de hecho pelirroja se veía aun mejor, aunque no le gustaran las chicas con cabellos de zanahoria, así como los de la mini-Weasley.

–Oh, señor Zabini, que bueno que ha despertado- dijo una gozosa Pomfrey que se acercaba a atender a Draco –Deje que atienda al joven Malfoy primero y luego lo chequearé a usted- agregó, el moreno negó.

–Ya estoy bien, usted dijo que si para hoy lo estaba me dejaría ir- comentó demandante, Madame parecía no escucharlo, se concentraba en mover el cuerpo del rubio bajo la intensa mirada escrutadora de Hermione que la vigilaba como un halcón a su presa, le hizo beber al joven de ojos de plata el contenido de un pequeño frasco, la poción surtió efecto casi de inmediato y el muchacho comenzó a despertar, la leona se sentó a su lado sin perder ni un segundo y ella solo se puso de pie para obligar al joven Zabini al dejarse chequear, con el satisfactorio resultado de que por fin estaba totalmente recuperado.

–Parece que Morgana ha escuchado mis plegarias y ya puedo largarme, se ha hecho justicia…- musitó en voz baja, una pelirroja pecosa entró a la enfermería con pasos rápidos.

–Hermione, La directora los llama, dice que han tardado demasiado y no puede esperarlos más- iba diciendo al tiempo que se acercaba, por un momento sus miradas se cruzaron y creyó ver un leve toque de rubor en las mejillas de la leona menor ¿Pero qué rayos? No pudo evitar observarla todo el tiempo que estuvo allí, percibió un muy débil olor a flores salvajes mientras caminaba hasta la puerta para finalmente salir de la estancia, lo había sentido el día anterior al despertar, así que era su perfume, Merlín, eso no podía ser ¿Cómo había llegado a él si ella jamás se le acercaría? ¿O sí…? Continuó su camino sin mirar atrás, dejando que Draco fuera atendido por Hermione, tal y como la enfermera le había pedido que hiciera, ahora tenía un nuevo tema en su lista de asuntos sin resolver.


Bueno, hasta aquí queridos míos les dejo este cap, trataré de actualizar el lunes o martes en la noche, una vez más, siento el retraso, ojalá aun tenga lectores luego de haber tardado tanto :/ Recurden dejar sus opiniones allá abajito :) Son muy importantes para saber si la llevo bien y estoy siendo explícita con la historia :P Hasta la semana que viene! Los adoro :)