Lamento la tardanza, este cap está algo cortito, pero es porque estoy preparando algo así como la entrada al tema central que ha hecho que Draco y Hermione se vean unidos, es decir, la leyenda que rodea a la familia de Draco (Según mi retorcida mentecia obviamente xD) Aún así, ojalá les guste :p

tsuki-shiori: ¡Abrazo recibido! Jeje te mando uno de vuelta con mucho cariño, gracias por el apoyo :D

FenixFATA23: Oh, en eso estoy de acuerdo, Hermione con eso de compartir torre con Draco no tiene nada de pobrecita *-* Qué no daría yo por poder hacerlo :$ Y estoy segura de que no somos las únicas :P

Slytherin's Malfoy: Ugh, la verdad es halagador tu comentario y pues sí tengo que aprender a separar mejor cada parte de la historia, la verdad aun se me hace un poco confuso, pero creo que sobre la marcha esas cosas van mejorando :) Muchas gracias por el apoyo :D Me ha animado muchísimo :D

Disclaimer: Todo lo referente directamente al mundo Potteriano es propiedad de J.K. Rowling (A excepción de algunos Ooc y otros factores que agrege para dar sentido a la historia)

Ahora si, gentesita bella ¡A leer! :D


*Advertencia 1: LEMMON! Si no les gusta, creo que es mejor que a partir de donde comience la escena en sí, se salten más o menos desde la mitad del cap hasta donde ya crea adecuado (igual no es muy larga) para evitarse disgustos.

*Advertencia 2: Es primera vez que escribo alguna escena lemmos así que no sé qué tan bien haya quedado, por lo que apreciaré muchísimo que en sus opiniones sobre el cao, si pueden hacer alguna crítica constructiva, me la haga, mi deseo es enteramente el de entretener y mejorar en el proceso *-*

Chapter 21: El poema de Claddagh.

Las pisadas de Minerva se detuvieron frente a un cuadro que no estaban muy seguros de haber visto alguna vez, el paisaje de una gran cordillera nevada, ventosa y solitaria no parecía conocido a ojos de ninguno, aunque el rubio tenía la vaga impresión de haber estado allí alguna vez.

– ¿Wicklow?- inquirió un extrañado Draco pensando en voz alta, la palabra le había llegado a la mente y no había podido evitar cuestionársela.

– ¿Por qué Irlanda?- inquirió a su profesora al obtener una interna certeza de que conocía la locación del lugar, la pregunta del Slytherin había dejado tensa a Minerva por un mínimo instante, un nimio segundo que había advertido a Hermione que algo había de especial en ello.

–La figura que cuidará su torre es amante de esas tierras, solía vagar por esos territorios durante días para meditar- contestó volviendo a su postura segura e impenetrable.

– ¿Y dónde está?- le cuestionó Hermione sintiendo en su pecho una ligera opresión que le decía que era mejor no preguntar, observó el cuadro con atención al escuchar el sonido de nieve siendo revuelta por un trote disparejo, se quedó estupefacta al observar como una figura se divisaba en el horizonte y a medida que esta se acercaba, un corcel blanco que se difuminaba con el ambiente transportaba a alguien a galope, el alma le cayó a los pies al notar que quien montaba no era otra más que Skuld.

– Saludos jóvenes- expresó solemne, se apeó de un salto y aterrizó lentamente, como si el aire le amortiguara.

–Mi nombre es Skuld, seré la guardiana de su torre, Minerva me ha permitido una ligera adivinanza para permitirles la entrada- se presentó con absoluta maestría, Hermione sentía que de un momento a otro iba a desvanecerse, dio un paso hacia atrás instintivamente y su piel se tornó pálida y verdosa, el estómago revuelto y la reciente sensación de mareo le advertía que pronto iba a darse de bruces con el suelo, retrocedió otro paso y chocó con algo, o alguien.

– ¿Qué sucede, Granger?-inquirió sintiéndose repentinamente preocupado, ella se veía extremadamente pálida, enfermiza y aunque estuviera molesto con ella, no podía dejar de preocuparse, hacerlo ya simplemente era tan natural para él como respirar, dormir o comer; ella volteó a verlo, su expresión de malestar y de miedo le hizo sentirse angustiado ¿Pero qué era lo que le pasaba a esa mujer? La tomó de los hombros y le obligó a darse vuelta, Minerva iba a interferir, pero la mujer en el cuadro negó lentamente, indicándole que no lo hiciera.

– ¿Qué te pasa?- volvió a preguntarle, acercándosele más sin darse cuenta.

–Yo…- inhaló profundamente como si hubiera estado ahogándose y trató de alejarse de él, Draco no se lo permitió, pero ello no le impidió recuperar el talante.

–No pasa nada Malfoy, ahora suéltame, la profesora McGonagall nos espera- se zafó de su agarre y giró sobre sus propios pies para observar alerta y con nerviosismo a la mujer del cuadro y luego con recelo a la animaga, Minerva cayó en cuenta de que estaba casi paralizada y apartó la vista de su alumna predilecta, volviéndose hacia el cuadro.

–Skuld, por favor muéstreles a estos jóvenes en qué consiste su "adivinanza"- indicó y remarcó con comillas aquella última palabra de su frase.

–Bien…- se acercó otro poco al borde del cuadro, acentuando con la cercanía la gran imponencia de su porte y el brillo místico de sus ojos de amatista.

–Esto no es exactamente una adivinanza, es más bien un poco poético, he decidido hacerlo en pos de sus grandes capacidades intelectuales- hizo una pausa y continuó.

–Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío… Deben conseguir la frase que sigue, solo deben detallar mi cuadro para saber- fue interrumpida.

–Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- Hermione completó de inmediato la frase, lo conocía a la perfección, era uno de los favoritos de su abuela paterna.

–Es el poema de Claddagh- aclaró al notar que Draco la miraba interrogativo –Proviene de una leyenda muggle- agregó con tacto previendo alguna mueca por parte de él, sintiéndose repentinamente violenta, estúpida e incómoda, joder, odiaba ese estado alterado de sus emociones.

–Exactamente- aseguró la mujer del cuadro, el rubio casi no prestaba atención al resto de lo que sucedía a su alrededor, solo pocas cosas captaban su atención, no podía evitar tratar de hacer memoria, estaba seguro de haber visto a esa mujer en algún sitio, de haber escuchado su nombre alguna vez.

–Joven, deberías tratar de prestar atención, esta muchacha acaba de darte la llave para entrar a tu dormitorio y no le has escuchado- recitó profundamente y con voz melodiosa, Draco parpadeó un par de veces y rescató de su memoria las últimas palabras que aquella mujer en oleos mágicos le había dedicado.

–Sé bien cómo continúa ese poema- espetó con prepotencia y un ligero toque de arrogancia que casi hizo a Skuld sonreír, Minerva y Hermione le dedicaron miradas de inquietud, el Slytherin frunció el ceño a la defensiva.

–Narcissa siempre fue amante de la literatura y esas absurdas leyendas románticas y pasadas de miel, es era uno de sus poemas favoritos- aclaró bruscamente y apartando la mirada de ambas mujeres, fijó sus ojos de hielo en los de piedra preciosa de la dama del cuadro.

– ¿Ya me dejas pasar?- preguntó con insipiente mal humor –Quiero conocer mi habitación- espetó sin molestarse en ser cortés, Skuld sonrió con parsimonia.

–Deberías recitar tú también la frase que he pedido- mencionó y antes de que él reclamara algo se dispuso a ser todavía más estricta, no por nada se había decidido a ayudar a la chica Gryffindor; el príncipe del Slytherin la miró con aire ofendido y al notar que ella no cedería bufó descaradamente y con fastidio.

–Ahora deberás recitar las tres frases que componen el principio del poema, quizá así comprendas que debes ser más educado con las damas…- sonrió con triunfo al ver como el ceño de Draco se fruncía más profundamente como finalmente este exhalaba y rendía sus hombros, comprendiendo que si quería dormir en su cama tendría que hacerlo.

–Perfecto… simplemente perfecto…- masculló entre dientes y se dispuso a mirarla para comenzar su recital, Skuld le hizo seña de que se detuviera – ¿Ahora qué?- espetó de mala gana.

–No a mí, yo estoy encerrada en un cuadro, así que recitarlo para mí sería absurdo- arguyó.

–Es tu jodida contraseña, recitar una estúpida frase ¿Cómo demonios es que ahora te das cuenta de lo absurdo del asunto?- musitó irritado, Minerva se aproximó a él con expresión dura.

–Joven Malfoy, sino obedece no entrará, así que deje de comportarse como un niño y cuide su vocabulario, ahora obedezca y deje de hacernos perder el tiempo a las tres- habló con dureza y un tono de indignada frustración que trataba de ocultar un dejo de nerviosismo que solo Skuld pudo notar.

–Hay dos damas frente a ti, escoge una y hazlo, joven Malfoy- sonrió con una chispa sibilina bailando en sus pupilas y sonrió delicadamente.

Draco rubio se contuvo de bufar y después de unos segundos, se acercó a Hermione, tomó su mano con el ceño medio fruncido y cerró los ojos al tiempo que tomaba aire y lo soltaba sonoramente dándose por vencido, los abrió de nuevo y en cuanto la observó, pudo notar que ella lo veía reticente y un poco cohibida, el ligero rubor en sus mejillas la delataba, se sintió tremendamente poderoso al notar que podía causar algún efecto sobre ella.

–Mis pensamientos son tan felices como la mañana- se acercó otro poco y el color en las mejillas de la leona incrementó proporcionalmente a su avance, no pudo evitar sentir que entraba en una especie de trance al contemplar sus ojos ámbar derretirse en sus cuencas con un brillo tan cándido que creía que podía fundirse en ellos.

–Mi corazón es tan ligero como el rocío- acercó la mano que tenía atrapada en la suya hacia su pecho, una ligera sonrisa se apostilló en su rostro cuando notó que en la expresión de Hermione brotaba cierta emoción que no sabía como definir, pero que le llenaba el pecho de una sensación increíblemente placentera.

Cuando su mano fue llevada por la del rubio hasta su pecho, y sintió aquel corazón ajeno latir aceleradamente contra su palma, olvidó todo lo que había en el mundo, a sus amigos que tanto se habían preocupado por ella, a Minerva que estaba solo a unos pasos, a Skuld que presenciaba todo con regocijo y satisfacción, Hogwarts, la magia, Gran Bretaña y todo lo que no fueran sus ojos, fijos en sí misma, contemplándola con algo que debía ser idolatría, en un matiz ardiente que derretía los icebergs apostados en sus irises de plata, lleno de tantas y tantas emociones que sentía que iba a ahogarse en ellos si seguía mirándolos tan de cerca, pero aunque una vocecilla le advirtiera del riesgo que corría, no era capaz de apartarse, porque deseaba seguir escuchado su voz casi susurrante, sentir su aliento mentolado chocar levemente contra su rostro, necesitaba sentir su cercanía impunemente, y quizá nunca tuviera la oportunidad de hacerlo de nuevo, posó delicadamente su mano libre en el hombro derecho del Slytherin.

–Y con este anillo- acarició con su pulgar el dedo en que Hermione llevaba puesto el elegante anillo de oro que él mismo le había obligado a ponerse.

Sabía que debía apartarse, su siempre analítica mente le decía que no era normal que de un momento a otro se sumieran en aquel extraño trance que los alejaba de todo y todos, pero una parte de ella, quizá egoísta, quizá ilusa, le azotaba con preguntas ¿Por qué debía apartarse de quien estaba destinado para ella? ¿Por qué debía negarse repetidamente que sentía algo, por mínimo que fuera, por Draco? ¿Por qué no podía aprovechar que estaban allí, los dos, sin alguna evidente posibilidad de ser juzgados por nadie? ¿Por qué tenía siempre que pensar tanto y buscar la lógica si había cosas que definitivamente no la tenían? ¿Por qué tenía que estar mal? 'Porque no es lo correcto', contestaba una vocecilla que Hermione percibió con amargura, no, no era justo, si ya ambos habían avanzado en alguna dirección incierta, si ambos estaban destinados, entonces ¿Por qué no podía aprovechar esa ocasión para dejarse llevar un poco y acercarse a la única persona con que con todo derecho podía hacerlo, a aquel muchacho que por toda razón natural del destino le pertenecía?

–Recuerdo tu pasión- miró fugazmente los rojizos y carnosos labios de la leona y fijó de nuevo su vista en los ojos de ella –Y puedo pensar solamente en ti- susurró acercándose más, hasta que su pecho rozaba el de Hermione, alzó con habilidad su diestra, que se había mantenido lánguida a su costado todo el tiempo, y la colocó suavemente en la cintura de la Gryffindor, sintiendo que la tentación de besarla iba en aumento, llevó sus labios cerca del oído de la leona, desesperado por evitar cometer una estupidez, pero demasiado aturdido para evitarla.

Escucharlo solo la hacía interrogarse con más fuerza, mientras que la vocecilla que repetía una y otra vez que todo estaba mal se apagaba lentamente ¿Y qué si estaba mal? ¿No tenía que, si planeaba vivir, permanecer a su lado, enamorarlo? ¿No era bastante sucio ya tener que engatusarlo, como para, de paso, procurar no tener sentimientos hacia él? ¿No era justo de su parte, tratar de enamorarse de Draco al mismo tiempo que intentaba conquistarlo? ¿No era justo que ambos llegasen en dado momento a quererse, con sentimientos iguales, duraderos y sobre todo MUTUOS? ¿No era esa la solución perfecta? ¿Qué ambos, con el tiempo, se enamoraran? ¿No era justo acaso dejarse llevar por aquello que sentía por él, por esa atracción, gusto, cariño, o lo que fuera, mostrárselo para hacerle comprender que entre ambos realmente podía existir algo que les permitiera ser felices aunque las circunstancias no fueran las ideales? En ese momento se descubrió harta, iritada y cansada de decirse siempre que ese era Draco Malfoy y ella era Hermione Granger ¿Y qué? El destino los había unido igual y no tenían forma de escapar, así que lo más sensato era aprender a llevarse bien, a quererse de alguna forma, y por eso, solo por eso, decidió abandonarse al contacto del cálido cuerpo que la sujetaba con cuidado y firmeza, con aplomo, con la mira puesta en su futuro, en su deseo de vivir, de hacerlo plenamente, aunque eso el Slytherin no lo supiera.

Skuld iba a hablar, por Dagda que iba a hacerlo, pero en cuanto notó como se acercaban más y que Minerva volteaba a mirarle un tanto azorada, supo que era mejor no interrumpir, porque cuando la realidad los golpeara, iba a apalearlos y quería darles a ambos en qué pensar, un muy buen motivo para su primer desvelo en su nueva torre, agitó su oleosa mano y el tormentoso viento que atravesaba por el lienzo arreció para lograr salir de este como brisa de verano y detener nuevamente el tiempo, no podía dejar que algún estudiante llegara a interrumpir torpemente algo que estaba predestinado a suceder.

–Tu obsequio de estas horas brillantes y felices- continuó acariciando con extrema mansedumbre el dorso de sus dedos y de su mano, sin ser consciente de lo que Skuld provocaba a su alrededor, hasta que inevitablemente llevó la zurda a la mejilla de la leona con suma lentitud y deslizó sus dedos en un vaivén hipnotizante para ambos.

–Quédate conmigo cada noche y cada día- murmuró con anhelo, en una petición que sin querer o con razón era más real que cualquier cosa, acariciando con su aliento parte de la oreja y el cuello de la Gryffindor, ella tembló contra su cuerpo dejándose llevar por lo que sus terminaciones nerviosas enviaban a su cerebro, y él la aferró otro poco hacia sí.

–Con las manos siempre unidas- continuó, Hermione llevó su diestra hacia el contorno de la mandíbula de Draco, acariciando suavemente durante la extensión del movimiento y el Slytherin la apretó más, lentamente, contra su cuerpo.

–Más de lo que las palabras puedan decir- murmuró con voz ronca, sus ojos aclarándose hasta parecer agua contenida en sus irises, ambos mecidos en un ensueño místico, rozó el cuello femenino con su nariz, inundándose de su aroma a vainilla, canela y manzanas frescas, Hermione alcanzó su cuello con su mano izquierda y la alzó hasta acariciar sus cabellos platinados con deleite.

–Juntos estamos en el arcoíris- continuó acariciando su cuello con su nariz y asiéndola con más empeño hacia sí –El cual resplandece con los colores del amor- susurró dirigiendo su boca a la línea de la mandíbula de la leona y dejando un fugaz beso allí.

–Siempre juntos…- la encaró con movimientos lentos, con cuidado de no despertarla de su ensoñación, porque por alguna razón él era capaz de mantenerse medianamente consciente, rozó muy levemente sus labios con los de ella.

–Unidos por el lazo de nuestro amor…- ambos se sumieron en un beso con sabor a gloria, uno que terminó de alejarlos del mundo, del universo, uno que les hizo sentir la verdadera magia fluyendo por sus cuerpos como llamaradas ardientes y electrizantes en toda la extensión de sus pieles, sus venas, sus nervios, sus huesos, sus órganos y sus crismas que se revolvían inquietos en lo más hondo de su seres como si trataren de hallarse en un espacio infinito y solitario.

Skuld sonrió enternecida y satisfecha y permitió que la entrada de la torre fuera revelada, Draco y Hermione se besaban con más ímpetu cada instante, con más pasión, con más sed, con más necesidad el uno del otro, salió del cuadro momentáneamente y con su místico tacto le dio a Draco, literalmente, el ligero empujón que necesitaba para que comenzara a dar pasos torpes al interior de su nueva sala común, para cuando el cuadro se cerró y el tiempo comenzó a avanzar de nuevo, halló a una desubicada Minerva que la miraba asustada y nerviosa a través de su expresión de severidad.

– ¿Dónde…?- trató de inquirir, la amazona de ojos amatista sonrió con comprensión.

–No debes preocuparte, mujer, ellos están conociendo el interior de su nueva torre- contestó con una tranquilidad absoluta que la descolocó momentáneamente, Minerva solo asintió todavía bastante confundida y se retiró caminando presurosamente sin decir palabra.


Se besaban con intensidad, tratando de saciarse el uno del otro, de arrancarse el aliento con sus labios, con sus lenguas; daban tropezones y peleaban con sus propios movimientos desaforados en un intento de sentirse con más intensidad mutuamente, hasta que Hermione tropezó de espaldas con un gran sofá otomano que hubiera sido excelente para amortiguar su caída, sino se hubieran estampado de bruces contra el suelo, pero eso no importó, se había sorprendido gratamente al no sentirse tan magullada, todo porque Draco la había cubierto bien con sus brazos.

Yacía sobre Hermione casi aplastándola, desesperado por sentir el calor de su piel bajo las yemas de sus dedos y bajo todo su cuerpo, se apartó un poco de ella al sentir el impacto contra el suelo y sintió miedo, miedo de que ella hubiera salido de aquel trance en que ambos se habían sumido y que le odiara pensando que se había aprovechado de la situación, pero cuando observó el ámbar de sus ojos brillando de impresión y anhelo, su sentido común terminó de apagarse por completo, supo que aun ese terrorífico momento en que tendría que enfrentarse a la ira de la Gryffindor no había llegado, y sintió alegría y a la vez angustia, porque ello tardaría en acudir a él otro poco más, así que volvió a besarla, con pasión, con deleite, con frenesí, paseando sus manos por su espalda, por sus caderas, por su cintura.

La chimenea estaba encendida, ayudando a que la sala común no estuviera exageradamente fría, aunque el ambiente comenzaba a viciarse y calentarse sin que ellos se dieran cuenta, la alfombra apenas amortiguaba la dureza de la roca, pero qué importaba, si su cuerpo se sentía flotar mágicamente por los aires, tan ligero, tan etéreo, bajo el sutil y seguro roce de sus manos, bajo la sutil presión de sus labios jugando por su cuello. No podía pensar, claro que no podía ¿Cómo si Draco la besaba de esa manera? ¿Cómo con sus manos vagando por su cintura? ¿Cómo cuando las suyas se movían libremente por su espalda y podía tirar suavemente de sus cabellos cuanto le venía en gana? ¿Cómo si una sensación tan cálida, vibrante y placentera la estremecía desde el fondo de su vientre y la hacía arquear la espalda cuando él deslizaba sus manos por debajo de la tela de su blusa? La verdad era que tampoco quería analizar lo que sentía, porque acababa de descubrir que en realidad era más profundo de lo que creía y no sabía cómo resultaría todo, solo sabía que su promesa a Skuld había sido real, y que por extraño que pareciera, había descubierto que no quería enamorarlo por eso, sino por sí misma, porque deseaba que él la miraba solo a ella y a nadie más.

No sabía exactamente en qué momento, pero se había deshecho de su túnica de un tirón al broche que la cerraba sobre sus clavículas y un movimiento fluido con el que se la había retirado sin dejar de besar a la leona, pero eso le traía muy sin cuidado, lo importante era que la tenía entre sus brazos; la abrazó con fuerza y se alzó con ella lo suficiente como para sentarse y que una de sus piernas quedara en medio de las de la Gryffindor, la sujetó de las caderas y la espalda baja cuando notó que se sentaba a horcajadas sobre él, disponiendo sus delicadas manos sobre su pecho y deslizándolas de allí hasta su abdomen en un vaivén caprichosamente incitante y ardeinte, percibiendo cómo todo ese calor se movía al sur de su anatomía mientras se besaban con fulgor.

Sintió que iba a enloquecer en el preciso momento en que Hermione descendió desde su boca hasta su cuello arrojando besos de aquí para allá, mordisqueando, y acariciando con su lengua, la tomó de las caderas y las apretó contra las suyas en un acto reflejo, alzó una de sus manos, despacio, hacia los primeros botones de su camisa y comenzó a desabrocharlos.

Ella parecía seriamente entretenida con su cuello, con su clavícula y con su tortuoso modo de palparlo, decidió que quería jugar también en vez de quedarse como idiota disfrutando del placentero recorrido que la leona hacía por sus clavículas en aquel momento y mordió suavemente el hueco entre su cuello y su hombro, arrancándole un gemido amortiguado contra su hombro que casi lo hizo tumbarla de nuevo al suelo y desnudarla sin contemplaciones para tomarla salvajemente una y otra vez, hasta que ya no pudiera moverse, pero sabía que eso no sucedería, la única idea que pasaba por su mente y se ataba a la poca cordura que le quedaba era que no iba a tomarla, que no iba a hacer algo de lo que ella iba a arrepentirse después aunque él no lo hiciera, porque de resto, su cabeza estaba totalmente en blanco.

Besó, lamió, mordisqueó y humedeció los nuevos espacios recién descubiertos por los botones abiertos de su blusa y por debajo de la capa del uniforme que aun colgaba precariamente de sus hombros lista para deslizarse por sus brazos hasta el suelo en cuanto hubiera oportunidad, entre suspiros de ella y suyos, entre intentonas enormes de no gruñirle al sentirla ronronear mientras devoraba con paciencia su piel, y la Gryffindor sorpresivamente desabotonaba algunos botones de su camisa con un sutil temblor en sus manos, allí momentáneamente se preguntó qué había pasado con su corbata y la de la ella, pero poco le importó conocer la respuesta o volverse metódico, la apretujó con deseo contra su cuerpo, hasta el punto en que tuvo que retenerse a sí mismo por temor a lastimarla.

Skuld cabalgaba por los montes nevados de Wicklow en el cuadro, sonriendo bajo la capucha de su túnica púrpura, en sus manos, las riendas de su bestia y dos tiras bicolores que antes adornaban los cuellos de los jóvenes a los que había brindado entrada a su nueva sala común, orgullosa de su trabajo y de su poder de arreglar las cosas a conveniencia, manipular, seguramente aclararía su hermana de estar a su lado, continuó su camino sin preocuparse por nada más.

Había desabrochado la túnica de Hermione, pero no se atrevía a quitársela y que de un momento a otro ella saliera de su estupor, continuaba acariciándola, enloqueciéndola, a medida que ella hacía lo mismo con él, tocaba su piel deleitándose y deseándola cada vez más, a un punto en que había llegado a ser insalubre, terminó de desabrochar su blusa y llevó sus manos a los senos de esa mujer que estaba por hacerle perder el quicio, las deslizó hacia sus hombros y ella no opuso resistencia, sino que dejó ambas manos laxas a sus costados para que las telas cayeran por su cuenta y cuando ello estuvo echo y se halló semi-desnuda, las movió al pecho con el pudor propio de una doncella que por primera vez deja ver sus encantos a un hombre.

Draco le sonrió con tanta adoración, sin exigencias ni pretensiones, que cuando capturó sus manos con las suyas y las apartó del camino, no fue capaz de oponerse y sintió como se derretía entre sus brazos al percibir sus labios sobre las puntas de sus dedos, besándolos, acariciándolos con sus labios, luego sus palmas, sus muñecas, sus antebrazos, sus brazos, sus hombros, a ambos los atendía por igual y no tenía escapatoria, lo sabía, sus últimos resquicios de conciencia habían desaparecido apenas entraron a aquella sala común y ese cuadro selló la salida a sus espaldas.

Besó cada extensión de cálida y aterciopelada piel, hasta llegar de nuevo a sus pechos, mientras ella se dejaba hacer, removiéndose contra sus caderas y provocándolo sin ser consciente de lo que hacía, tocó cada extensión de su suave y ligeramente tostada piel, desde su espalda, hasta su abdomen, sus pechos, sus muslos y su trasero, desabrochó en un ágil movimiento su sujetador y lo retiró lenta, muy lentamente, no queriendo asustarla.

Sintió que él arrastraba lentamente el sujetador que cubría sus senos para retirarlo, sintió sus besos húmedos en su cuello, en su clavícula y se dio cuenta de que estaba tanto o más excitada que él, sintió su dura erección justo debajo de ella, en su ingle y por un momento fue realmente consciente de lo que sucedía, estaba semi-desnuda, sobre Draco Malfoy, ese Draco Malfoy, deseando que continuara acariciando su piel con la suya, con sus dientes, con sus labios, con su lengua, y se aterró, lo hizo porque temía dejar que las cosas continuaran y él solo la botara luego, como había hecho con otras, se aterró porque deseó que continuara y no se detuviera hasta hacerla tocar el cielo con la punta de los dedos en medio de un festín de coloridas sensaciones llenas de pasión, placer y lujuria, lo empujó tan fuerte que en su impulso por apartarse de él cayó de sentón al suelo, cubriéndose los senos con los brazos, respirando agitadamente.


Su expresión de espanto, su postura rígida, como si fuera víctima de un 'petrificus totalus', el mar embravecido de emociones revolviéndose en sus irises de oro líquido, el movimiento de su carótida al tragar grueso, todo eso se lo esperaba, lo supo en cuanto se habían ido de golpazo al suelo en un momento de torpeza, que ella no concluiría tal acto con alguien como él, oh, por supuesto que no, la perfecta Hermione Granger que él conocía no iba a entregársele a alguien de su calaña, y sinceramente no le había importado ni un poco, porque deseó disfrutar el momento, hasta que finalmente acabara, y ese era el fin, estaba escrito en la respiración agitada de la leona, en su cabello revuelto, en sus labios hinchados; ahora le gritaría que lo odiaba, posiblemente lo partiría en dos con su varita, se iría de allí con el mentón apuntando el techo mostrando toda la altivez e indignación posible, y ambos morirían por una maldición que ninguno de ellos había desatado, no apropósito al menos.

Se colocó de pie con toda la dignidad de la que fue capaz, cubriéndose precariamente con los brazos, vió torpemente hacia los lados y se agachó de espaldas al Slytherin para recoger con una mano su ropa, la tomó como mejor pudo y se irguió de nuevo, tapándose a medias con la túnica, colocada sobre sus brazos como si estuviera sosteniéndola para alguien más, volteó lo necesario para poder observarlo y que él la viera de perfil; Draco continuaba en la misma posición sobre el suelo, pero apoyándose en los codos, observando de hito en hito cada uno de sus movimientos, sin decir nada, sin tratar de ocultar, aunque fuera por decencia, el apretado bulto de su entrepierna; Hermione se giró rápidamente al notar en qué clase de detalles estaba fijándose, se sentía tonta, muy tonta, porque se había decidido a dejarse llevar y comprendía que él debía estar seguramente enfadado por lo que acababa de hacer, pero no había podido evitarlo, porque descubrir que realmente quería que él fuera el primero, no era gratificante, al contrario, era un duro golpe al precario control que mantenía sobre sus emociones, porque no estaba segura de nada con él, porque no estaba segura de que deseara que ella fuera la última, y justo ese era el problema, en su mente no cabía la idea de dejar que algo como eso pasara sino estaba completamente afirmado antes, que no sería reemplazada después, aunque sabía que no podría ser cambiada por otra sin que la maldición los matara, pero eso no era lo que deseaba, no, lo que anhelaba era que Draco permaneciera a su lado por voluntad propia, no por una amenaza de muerte, así que caminó con lentitud hasta la puerta de caoba que rezaba su nombre en letras doradas sin mirar atrás, la abrió, entró a su habitación y cerró sin hacer casi ningún ruido.

Pasmado, así estaba, totalmente pasmado y adolorido, jodidamente adolorido porque esa maldita erección no bajaría con solo una ducha fría, pero poco y nada le importaba, estaba demasiado aturdido como para pensar en ello, de hecho ni siquiera podía pensar, se irguió como autómata y sin saber cómo, llegó hasta la puerta de Hermione, alzó la mano para tocar, dispuesto a tirarla a golpes de ser necesario, pero se arrepintió cuando su puño estaba a solo un centímetro de la pesada madera oscura, suspiró frustrado al oír un jadeo y el sonido del lo que interpretó como un llanto que pretendía ser ahogado, sin más, se dio vuelta para meterse a su habitación, dando un sonoro portazo, para hacerle saber que no habían moros en la costa por si deseaba salir de allí, se echó en su cama y ocultó la cara en su almohada, gritándole a esta y ahogándose con ella hasta que necesitó apartarse para respirar, lo hizo una y otra vez hasta alivianar un poco su propia frustración.


Ni siquiera se había movido en más de unos veinte minutos, jadeaba cada tanto aunque ya estaba más calmada, no había llorado, no había gritado ni pataleado, ni siquiera se había molestado, parecía estar perdida, en shock por sus descubrimientos y por su pobre actuación, el portazo que había escuchado solo le había servido para asegurarse de que Draco estaba realmente enojado, pero estaba convencida de que había hecho lo mejor, no podía solo hacerlo con cualquiera así como así, se sonrojaba al recordar la locura que habían estado a punto de cometer y pensaba de nuevo, siempre llegaba a la misma conclusión, no le molestaba que fuera él, no había nada que le dijera ya que estaba mal, salvo la vocecilla que le exigía controlar sus hormonas y asegurarse de ser la única antes de echarse la soga al cuello de esa manera.

Seguía semi-desnuda sobre su cama, abrazándose en posición fetal a su almohada, mientras Crookshanks le mirama percibiendo que no era buen momento para acercarse, ella se mantenía torturándose sin cesar con sus recuerdos ¿Cómo era que había llegado a ese punto? Tendría que hacer escuchado a su razón en lugar de haberse rendido a sus deseos, su dignidad era importante, su orgullo, su integridad ¿Qué había pasado con eso, se había ido al traste? Sabía que en dado momento, aunque se lo negara, forzosamente tendrían que unirse, pero ese no era el momento ¿En qué había estado pensando? Oh, claro, eso era, no había pensado, solo había actuado y nada más, y Merlín la ayudara, porque jamás se había sentido tan bien, tan plena, tan importante, y muy a su pesar, no podía huir de la realidad, era por él que se sentía así, no había nadie más.

Recordaba claramente a Malfoy recitando el poema de Claddagh, las primeras dos palabras, la tercera con dificultad, el resto se volvía cada vez más y más borroso en la laguna llena de fango que era su caja de recuerdos, luego solo sabía que de un momento a otro, estaba sobre él, besándolo, mordisqueándolo, tocándolo y dejándose tocar, sintiéndolo, una sacudida convulsionada en su vientre le hizo ahogar un gemido al pensar en ello ¿Pero qué era lo que le estaba pasando?

–Niña, ha de convenirte que te vistas- aquella voz le hizo dar un respingo, se sentó rápidamente tapándose con su almohada, en absoluta tensión, la castaña abanicó con su mano y el cuarto se insonorizó, Hermione lo notó al sentir la magia fluir por la habitación, otro movimiento idéntico y ya estaba vestida, peinada y sin la almohada entre los brazos.

–No es necesario que trates de entender- habló con voz suave –El encantamiento de Fátum tiene estos efectos, sus cuerpos reaccionan a lo que desean, pero sus mentes no, por ello han llegado a este punto sin que sucediera nada más- explicó con dolorosa parsimonia.

–Yo…- balbuceó sin ser capaz de hablar coherentemente, miraba a Skuld con entereza, con el brillo del desafío naciendo en sus ojos.

–Calma pequeña… Sé bien que no es fácil, por ahora trata de descansar tu mente y no te tortures más, tarde o temprano deberás topártelo y encararlo, pero no debe ser ahora, en su lugar puedes ir allí- apuntó con su dedo a una puerta idéntica a la de su dormitorio en la torre de Gryffindor.

–Quizá estar con tus amigas pueda ayudarte a entender otro poco- le murmuró y se desvaneció, la leona hizo según Skuld le había sugerido sin siquiera pensárselo, deseaba estar en compañía, Luna y Ginny le ayudarían a no pensar, sí, necesitaba enfriar su mente o no podría procesar nada.


Un baño, su habitación no tenía un estúpido baño, lo que quería decir que debía compartirlo con Granger, se levantó dispuesto a salir de la recámara con paso decidido, al carajo si se la encontraba o no, si lo hacía la ignoraría o fingiría que no había pasado nada, lo que le viniera primero hacer, estaba por tomar el picaporte cuando notó una puerta bastante conocida para él, demasiado, era idéntica a la de su habitación en las mazmorras, la abrió con recelo y una enorme curiosidad aflorando en su interior, atravesó el portal, quedó estupefacto con lo que halló del otro lado.

– ¡Draco!- la voz de Theodore llamándolo entre alarmado, sorprendido y feliz le hizo saber que estaba en su dormitorio, aparentemente esa puerta le permitía acceder a este, se sorprendió al ver a su mejor amigo recostado cómodamente en su cama, con Luna entre sus piernas, ambos en la supuesta tarea de leer una revista.

– ¿Qué hace Luna aquí?- inquirió sonriendo de medio lado, con sorna, recuperándose rápidamente de la sorpresa inicial.

–Estamos viendo algunos lugares que nos gustaría visitar para ir de luna de miel- contestó alegre y apacible una soñadora Ravenclaw que se colocaba de pie delicadamente.

– ¿Qué ha sido de ti todo este día?- Theodore preguntó con suspicacia –Fuimos a verte- dijo refiriéndose a Astoria también –Pero Madame Pomfrey dijo que habías sido dado de alta desde temprano en la mañana, y hasta ahora te dignas a aparecer-arguyó olisqueándose la posible respuesta que recibiría del príncipe de Slytherin.

–Hermione tampoco estaba, Theodore, así que seguramente estaban juntos, charlando, paseando, o haciendo cualquier cosa, quizá dándose una ducha- mencionó la Ravenclaw con inocencia y el castaño no pudo más que reírse por lo bajo al notar la expresión de retrasado que se había instalado en el rostro de Draco.

–Olvídalo, me voy de aquí- dijo a la defensiva decidiendo que estaba demasiado cansado para discutir y revolviendo su cabello al tiempo que giraba sobre sus propios pies para salir, se abrochó rápidamente la camisa verde botella de manga largo que vestía y salió de allí escuchando con irritación las risas de Theodore las risillas amortiguadas de Luna.

–Mierda…- balbuceó al darse cuenta de que a atravesar el umbral se había echado por voluntad propia al pasillo de los dormitorios de las serpientes, por alguna razón había creído que iría a dar de nuevo a su habitación, ahora tendría que subir hasta el sexto piso, eso no podía empeorar, al menos eso pensó hasta que llegó a su sala común y lo halaron por la manga de su camisa para llamar su atención, el ceño fruncido de Astoria no tenía igual.

– ¿Se puede saber dónde estuviste?- le inquirió por lo bajo, cosa que Draco agradeció internamente, no estaba dispuesto a soportarle una escenita vulgar de celos irracionales, por muy su hermana que fuera – ¿Y dónde dejaste tu bufanda?- se palpó el cuello por puro instinto y supo que había sido descuidado, Astoria se quitó la suya y se la tendió.

–Ten, creo que va a servirte más a ti que a mí- le miró suspicaz y le sonrió con malicia.

– ¿De qué hablas?- preguntó sospechando qué podría ser.

–Bueno, parece que te enfrentaste a una vampiresa, tu cuello tiene un lindo chupetón justo sobre el anillo de Dezthio que llevas marcado- dijo con un retintín que le recordó a la irritante forma de Granger de responder con altivez en las clases, algunos de sus compañeros de casa les miraban atentos, sin atreverse a interrumpir la conversación de la realeza Slytheriana, alguien se paró a las espaldas de Draco, olfateando sonoramente.

–Agh, hueles a zorra barata- la voz de Parkinson le chirrió en los oídos, se dio vuelta cuidando que nada en sus facciones delatara sus deseos de matarla lenta y dolorosamente, en cambio sonrió de lado, pretencioso, Astoria se colocó a su costado mirándola con odio.

–Posiblemente estás olisqueando el perfume que usas, no sé si lo notas pero es tan concentrado que podrías dejar inconsciente a medio Londres con él- sonrió con gusto al ver como la expresión de Pansy se agriaba.

–Pensé que eso podía pasar si dejaban que Granger abriera la boca, aunque supongo que más bien debe suceder sus abre sus piernas ¿No?- contraatacó con saña, Draco se tensó lleno de ira y frustración al recordar lo que casi había sucedido en su torre, pero no permitió que se reflejara nada en su rostro, apartó los recuerdos de inmediato de su mente.

–Oh sí, olvidaba que debía explicarte paso a paso las cosas para que tu mono-neurona pueda comprender lo que digo- siseó suavemente, con elegancia, sonrió, sus nudillos tensos y blanquecinos, volvió a relajarse inmediatamente.

–Ella podría hacerlo, sí, pero no necesita abrir su boca, mucho menos sus piernas para impresionar a nadie, ese es tu trabajo Parkinson, el de ella es ser superior a ti o a cualquiera que quiera tratar de superarla- aclaró con displicencia, hizo un gesto decididamente pensativo.

La odiaba, la muy perra se atrevía a darse aires y a atacarla a ella, aunque estuviera enfadado, no podía evitarlo, necesitaba poner a Parkinson en su lugar, la estaba ofendiendo, insultando a sus espaldas, lo estaba insultando a él; nadie, absolutamente nadie, podía hacerlo, nadie tenía ese derecho, él era un Malfoy, no iba a dejarse poner en ridículo por una estúpida basura sin valor como Pansy, mucho menos iba a permitir que insultaran a Granger, que venía a ser casi de la familia, oh no, eso sí que no; pudo sentir como el veneno corroía sus venas, la sangre se le hacía espesa, y sus sienes se abultaban y comenzaban a doler, furioso era poco para describir lo que bullía en su interior, aunque en el exterior se mantuviera inexpresivo y a lo sumo, cruel.

Nadie podía meterse, ni por error, con lo que era suyo, Draco Lucius Malfoy no era el chico bueno, no señor, él era la serpiente, el ser elegante y poderoso capaz de lanzar una mortal descarga de veneno con una mordida, y si a alguno de los malditos Slytherins presentes les cabía alguna duda todavía, definitivamente iba a plantearse seriamente aquella idea que alguna vez había tenido e iba marcar su territorio, ellos podían odiar a los sangre-sucia todavía, creer en el elitismo, pero él no, a él le valía mierda siempre y cuando lo dejaran en paz, y parte de eso, estaba en no meterse con ella.

–Oh, no, espera, no necesita esforzarse para lograrlo, creo que su talento es ser naturalmente perfecta… Su trabajo vendría a ser algo así como ignorar a personas que, como tú, no valen la pena, querida Pansy- musitó con veneno en cada palabra, sonrió con satisfacción al notar como Pansy le miraba ardida y pareció caer de bruces a la realidad al darse cuenta de cómo sus compañeros de casa lo miraban estupefactos, joder, había hablado de más y ya era tarde para echarse hacia atrás, de todas formas estaba lo suficientemente enardecido como para querer hacerlo, salió de allí con Astoria del brazo.

Sabía que su hermano estaba furioso, bastaba con verlo a los ojos, pero una parte de ella, estaba feliz, endemoniadamente satisfecha, porque él estuviera comenzando a sentir algo por Granger, conocía bien al chico, y Draco Malfoy no era de enamorarse, pero si por algún punto se podía empezar, era justamente por ese que él acababa de mostrar, su sentido de pertenencia; casi tropezó cuando el rubio se detuvo en seco a unos pasos de la entrada de la sala común.

–Ni una palabra de esto a nadie ¿Entiendes?- le miró con censura y un toque de amenaza que después de años, ya no le amilanaba.

–Claro Draco, pero te guste o no, aunque yo no abra mi boca, todo Hogwarts va a enterarse- le contestó en tono conciliador.

–Sí, y yo podré decir que solo lo hice para fastidiar a Parkinson- se defendió con empeño, la menor de las hermanas Greengrass puso los ojos en blanco y después le miró con clara expresión de que estaba creyéndose un cuento absurdo.

–Como tú digas Draco, ahora muéstrame tu nueva habitación y no hagas preguntas, Minerva le dijo a Maribel que el cambio estaba hecho y ella me lo contó a mí- espetó, el rubio bufó y procedió a caminar con ella hasta su nuevo destino.


Entraron sumidos en el cómodo silencio que siempre los rodeaba cuando deseaban ahorrarse palabras necias, Astoria, que bien no era una experta, pudo sentir el cambio entre la energía del castillo y la estancia que era la sala común en la que acababa de ingresar, el cuadro se cerró a sus espaldas pero no hizo mucho caso, eso era lo de menos, había algo que no sabía identificar, como si la magia que fluía allí, fuera diferente, y la reconociera dándole una leve advertencia de que se cuidara de tratar de hacer algo, aunque no comprendía qué.

– ¡Astoria!- le gritó Draco con impaciencia, ella le miró con el ceño fruncido irritada luego de haber dado un ridículo saltito en su lugar –Joder, podrías tratar de fingir que te interesa lo que te estoy diciendo- espetó y la chica bufó en respuesta.

–Repite lo que me estabas diciendo- ordenó con tono caprichoso, Draco revoleó los ojos y luego de unos segundos, fijó sus ojos de plata en los de ella con intensidad.

–Te digo que quiero saber quién es Skuld- musitó con fastidio –Creo que conozco ese nombre de algún lugar, pero no puedo recordarlo- agregó con displicencia; Astoria le miró un poco sorprendida, pero no dijo nada de inmediato meditó qué palabras usar exactamente.

–Skuld es el nombre de una de las cinco Nornas principales de Dezthio ¿Por qué tanta curiosidad al respecto?- inquirió con indiferencia, aunque sospechaba que se trataba de cierto cuadro a las afueras de la torre en que se hallaba, el rubio frunció el ceño.

–Eso no te interesa, solo dime lo que sepas- ordenó con voz grave, la chica frunció el ceño irritada y ofendida y se le acercó con expresión amenazante.

–Escúchame bien, Draco Malfoy, porque no voy a repetirlo- le apuntó con el dedo acusador y le golpeó levemente con él –Vuelve a tratarme así, y puedes irte olvidando de tu oportunidad de tener pequeños herederos con nombres de estrellitas ¿Entiendes?- musitó, el rubio, aunque no estaba intimidado, no evitó hacer un gesto de auto-protección-de-sus-partes-nobles y bufó irritado.

–Sí, sí- espetó apremiándola –Ya dime de una jodida vez Astoria- le urgió, ella le lanzó otra mirada airada, pero fue a sentarse en uno de los sofás.

–Es la regente del destino futuro- musitó –Se dice que algún día, cobrará una afrenta muy grave que su padre le hizo y lo despojará del trono a justa ley, por lo que sé, el momento que augura su venida a nuestro plano, se verá dado cuando un heredero de su linaje nazca como la reencarnación del dragón asesinado injustamente por Dezthio, y a partir de allí, actuará por libre hasta obtener lo que desea- murmuró recordando algunas cosas, y sintiendo como la energía del lugar apretaba su garganta, claramente no debía dejar que Draco supiera, por lo que una insipiente sospecha se apostilló en su pecho y en su mente de manera inamovible.

–Bien, creo que eso es suficiente- musitó, Astoria le miró conteniendo un tosido y él, aunque suspicaz, no dijo nada, tenía la sensación de que algo se le escapaba de las manos y eso no le gustaba.

–Draco…-murmuró.

–Iré a darme un baño- espetó y la cortó en seco, le dio la espalda y fue con paso rápido a su habitación, poco tiempo después le vio pasar a una puerta en medio de las que resguardaban las dos únicas recámaras de la torre y no tuvo tiempo de advertirle que había dejado caer su camisa antes de que este le cerrara la puerta en las narices, por lo que le bufó a la nada y se cruzó de brazos.

–Algún día te patearé el trasero para que aprendas a comportarte, Draco Lucius Malfoy- musitó gruñendo al vacío, una ligera risa femenina retumbó en sus oídos y luego se esfumó, un escalofrío atravesó su columna vertebral y miró a todos lados, incluso se asomó a la habitación de Granger y luego a la del rubio, nada, el presentimiento solo se hizo más fuerte.


Pff... Hasta aquí llego por hoy, no es demasiado largo (Como dije allá arriba) pero ha sido lo que e ha salido escribir, mi musa tenía días pidiéndome hacerlo, sobre todo la escena de la discusión entre Draco y Pansy jajaja xD (Enserio la detesto en mi fic, quiero golpearla O.O)