He vuelto luego de bastante tiempo :) la batalla por sobrevivir a este semestre está siendo dura y agotadora :/
No responderé esta vez a los reviews pero sepan que se los agradezco n_n 3
Disclaimer: Aquello perteneciente al mundo Potteriano es propiedad de J.K. Rowling
Ahora si ¡A leer! :)
Chapter 22: Relatos.
Atravesó el umbral y se halló sola en el dormitorio que había estado ocupando con sus compañeras de casa ese año escolar, se adentró despacio, como si de un momento a otro alguien fuera a saltar sobre ella para tratar de estrangularla.
Halló la puerta entreabierta y pensó que era extraño porque Parvati y Lavender se encontraban en la sala común con algunos otros más de sus compañeros de casa, y estaba segura de que nadie había subido allí, entró sigilosamente, tensa, sacando su varita con movimientos fluidos que solo una guerra y constantes enfrentamientos contra magos oscuros cargados de muerte pueden dejar en una persona, alzó una ceja con expresión de clara sorpresa y extrañeza al notar quién estaba allí, de pie, dándole la espalda, su varita casi se deslizó de entre sus dedos cuando aflojó casi por completo el agarre.
– ¿Hermione…?- inquirió en voz baja, dudosa, la chica respingó y se dio vuelta al instante al reconocer su voz.
– ¡Ginny!- exclamó a media voz con emoción contenida y no pudo más que sonreír aliviada, la menor guardó su varita en el bolsillo de su túnica y se acercó a donde ella estaba.
– ¿Dónde estabas Mione?- le inquirió con el alivio flotando en su voz.
–Estábamos preocupados por ti, fuimos a buscarte en la enfermería y no estabas allí, después de un rato encontramos a McGonagall y ella nos dijo que estabas bien, pero no dónde- le explicó animosa, la mayor le sonrió con pesadumbre y Ginny entendió que era momento de tener una charla privada, sacó momentáneamente su varita y con un gesto cerró la puerta y la selló con un colloportus, con otro más insonorizó la habitación, y entonces la guardó de nuevo.
–Ven… Creo que tienes mucho que contarme ¿No es así?- la aludida asintió tratando de contenerse ante las enormes ganas de echarse a llorar que sentía, ambas se sentaron en la cama que Hermione solía ocupar.
–Ginny… McGonagall nos hizo cambiar de habitaciones…- anunció con voz lúgubre.
– ¿Nos? ¿A ti y a quién más?- preguntó con la leve sospecha de saber de qué otra persona hablaba.
–A Malfoy- balbuceó apenas en un hilo de voz –Y ha sido horrible…- acotó en un chillido irritado y lleno de reproche.
– ¿Pero qué sucedió Herms? ¿Te hizo algo malo? Quizá si me cuentas pueda ayudarte a hallar una solución- le contestó sin siquiera pensar, comenzando a sentirse nerviosa por cómo su amiga temblaba casi imperceptiblemente.
–Yo…- comenzó, tomó aire sonoramente tratando de infundirse valor –No sé exactamente qué sucedió…- trató de explicarse, Ginny boqueó varias veces tratando de transmitirle un poco más de seguridad, pero decidió quedarse callada al no hallar nada que pudiera ayudarla.
–McGonagall nos envió a Malfoy y a mí a la cabaña de Hagrid esta mañana, luego de decirnos que si no aceptábamos el cambio de habitaciones tendríamos que irnos de Hogwarts- le expresión de Ginny pasó a ser de concentración a indignación en un parpadeo y su rostro se tornó tan rojo como su cabello por el puro enojo.
– ¡Eso no es justo!- exclamó airada al tiempo que golpeaba el colchón con la mano.
–Lo sé… Pero como ya comprenderás, tuvimos que obedecer- la menor asintió con rostro serio y tenso, dispuesta a despotricar luego contra su adorada directora, pero sin decir nada, con la esperanza de que Hermione continuara con su relato y le diera noticias mejores que compensaran las pésimas que acababa de escuchar.
–Ginny… Cuando íbamos camino a la cabaña, sentí que mi mano se quemaba, como si el anillo estuviera al rojo vivo- le mostró su mano indicándole la joya con un breve gesto que le había parecido tan delicado y esbelto que dudó por un segundo de que la persona con quien hablaba fuera realmente su mejor amiga, la misma Hermione Granger de diario.
–La piedra se había vuelto aguamarina- continuó su relato, ignorando las ideas que comenzaban a flotar por la mente de Ginny.
–Traté de quitármelo, pero no pude, llamé a Malfoy, pero no respondía, cuando volteé me di cuenta de que estaba unos metros detrás de mí, agachado y con las manos sobre su cabeza, me asusté, me acerqué y traté de hablarle, pero no reaccionaba, no supe qué hacer, comencé a llorar como mandrágora, a llamar a Hagrid y poco después él llegó con Fang, incluso Kenina se había escapado del anillo de Draco y trataba de hacerlo moverse, hablar, lo que fuera, pero no podía…- el temblor en sus manos era ya notorio a esas alturas, el rostro de Ginny mostraba su sorpresa y su concentración al escuchar el relato y ver cómo su amiga parecía verdaderamente afectada con la idea de un Draco Malfoy en peligro.
– ¿Qué pasó después?- inquirió para alentarla a continuar, Hermione se sorbió la nariz conteniendo el llanto que pujaba por salir, con orgullo.
–No entiendo muy bien qué sucedió, pero fue como si el tiempo se detuviera cuando esa mujer apareció montando sobre un caballo- Ginny alzó una ceja severamente confundida, pero se quedó callada asumiendo que era mejor dejarla continuar con su relato.
–Las únicas que podíamos movernos además de esa extraña, éramos Kenina y yo- musitó ignorando la clara duda en los brillantes ojos de su amiga.
–Me dijo que Hela trataba de convencerlo de acabar con su vida por voluntad propia, porque quería llevarse su alma al inframundo para devorarla…- su semblante se volvió sombrío y palideció hasta verse como una enferma en estado terminal, Ginny se sorprendió todavía más, sin comprender mucho de lo que Hermione le contaba.
–Dijo que no podría hacerlo reaccionar si solo lo llamaba de esa manera y que ella podía ayudarme, pero que había un precio que pagar…- un escalofrío la hizo estremecerse y la menor de los Weasley sintió miedo por su amiga, tomó sus manos en señal de apoyo, pero no se atrevió a interrumpirla.
–Tomó mis manos, ambas nos arrodillamos y ella recitó algunas cosas, no sé exactamente qué, pero él empezó a liberarse de su trance después de unos segundos, y me sentí muy aliviada, hasta que me dijo que el precio…- hizo una pequeña pausa y tomó aire profundamente afectada agachando el rostro y luego volvió a alzarlo para ver a Ginny directo a los ojos.
–Debo hacer que él se enamore de mí, y que lo reconozca tanto para mí como para mis padres- un par de traicioneras lágrimas resbalaron por sus mejillas, hipó y su pecho se convulsionó tratando de buscar aire para sus pulmones luego de aguantar tanto el llanto.
–Si no lo logro… Dijo que si no lo hago, Hela se llevará mi alma en lugar de la de él…- no pudo más y dejó que el llanto fluyera.
– ¡Tengo miedo Ginny, estoy aterrada!- gritó tan desgarradoramente que a la menor se le erizaron los bellos de la nuca.
–Pensé que había sido una alucinación, lo pensé y me sentí mejor, pero en la cara de Draco habían dibujos de ramas muy finas de árbol, tan extrañas como las del rostro de esa mujer, y se fueron desvaneciendo a medida que el tiempo comenzó a avanzar de nuevo…- Ginevra la abrazó tratando de consolarla.
–No sé qué hacer, quisiera que esto no fuera real, quisiera volver a los tiempos en que Malfoy y yo nos odiábamos estando de malas y nos ignorábamos estando de buenas… Yo no quiero hacerlo, no lo quiero y él no me quiere… Y aún si lo hago… Él no va a caer en eso… Y yo no quiero jugar con los sentimientos de nadie….- balbuceó rápidamente entre inhalaciones profundas, con voz estrangulada y amortiguada por el hombro de Ginny, pero no volvió a llorar.
–Hermione…- le llamó suavemente –Creo que necesitamos ayuda con esto…- trató de convencerla, ella se apartó.
–No… Solo Luna y tú deben saberlo… Ella… Ella fue quien me envió aquí, dijo que hablar con mis amigas sería lo mejor y ustedes son mis únicas amigas- aseveró con voz neutral.
–Está bien- declinó sus palabras suavemente para no incomodarla más, ya después podría insistir en el tema de que al menos Harry debía enterarse también.
–Pero quizá haya algo que podamos hacer… Debemos tratar de averiguar con qué nos estamos metiendo… Es imposible todo lo que está sucediendo, y aun así, las cosas cada vez se enredan más, es como si quisieran dejarte en un callejón sin salida y hacer que estés con Malfoy a toda costa… ¿Será posible que él…?- trató de hilar una hipótesis probable, Hermione sonrió con ironía y negó con la cabeza en un gesto lleno de algo que Ginny no quiso interpretar, pero que entendió como amargura y prepotencia.
–No Ginny, no creo que esté haciendo esto- denegó en tono orgulloso.
–Ni siquiera le agrada la idea de tener que compartir torre conmigo, mucho menos quiere hacer algo así, quizá el Malfoy de antes de que Parkinson le hiciera olvidarme sí hubiera podido ser alguien que en algún momento se interesara en mí, pero este no, este apenas recuerda algunas cosas de mí, el único interés que podría haber de su parte por quedarse junto a alguien que no conoce, creo que puede ser tratar de evitar que esta maldición lo mate, yo no le importo de verdad… Solo está tratando de deshacer este enredo, porque sabe que debe cuidar de mí hasta que me case y consume mi matrimonio, pero que si no me caso con él, ambos moriremos… No importa por donde lo veas… Tendrá que cuidar de mí de todas maneras y eso es lo último que pretende hacer, estoy realmente convencida de ello- movió su muñeca izquierda para indicar de qué hablaba.
–Entonces no entiendo nada…- espetó irritada tratando de forzarse a hallar una solución.
–Skuld dijo que me ayudaría, así que supongo que debo tratar de hablar con ella…- pensó en voz alta.
– ¿Skuld…?- inquirió Ginny sintiendo que ese nombre se le hacía familiar.
–Sí… Ella… Me dijo que ese era su nombre…- trató de explicarse.
–Ya lo he escuchado antes, pero no sé en dónde… ¿Y como pretendes hablar con ella de todos modos?- terminó diciendo más para ella que para Hermione.
–Bueno… Está en el retrato de la entrada de mi nueva torre… Y hace poco apareció en mi habitación, sospecho que puede salir del lienzo cuando quiere…- la estupefacción en el rostro de la menor no tenía igual.
– ¿Por qué se apareció en tu habitación?- inquirió suspicaz.
–Bueno…- balbuceó poniéndose colorada de pies a cabeza –Yo… Malfoy y yo… Tuvimos un pequeño incidente y cuando me encerré en mi habitación, ella se apareció allí- trató de explicarse sin detalles.
– ¿Qué clase de incidente?- cuestionó con picardía al notar el súbito cambio en la bruja, olvidándose mecánicamente del tema anterior.
–Fue culpa de ese poema- espetó irritada y avergonzada con un gruñido posterior, tratando de desviar el tema, pero a juzgar por la manera en que Ginny la miraba, no había funcionado, bufó con hastío sabiéndose descubierta.
–Para entrar debíamos responder a las dos primeras líneas de un poema, con la tercera… Malfoy discutió con la Skuld del retrato y ella lo hizo recitarlo entero, pero no para ella, sino para mí…- se sonrojó todavía más si es que cabía.
–Y a medida que recitaba…- hizo una pausa tratando de concentrarse en ser objetiva cuando sintió como su piel comenzaba a arderle con el solo recuerdo de las manos de Draco al tocarle como lo había hecho.
–No sé qué sucedió… Todo comenzó a hacerse borroso… Empezamos a acercarnos más… Para cuando reaccioné…- tragó grueso, Ginny prácticamente contenía la respiración, mirándola con ojos abiertos enormemente por la expectación.
–Estaba semi-desnuda, sobre él, besándolo como si no hubiera un mañana y el muy idiota estaba quitándome el sujetador- se coloró más todavía y frunció profundamente el ceño, dando la impresión de que se desangraría por los poros en cualquier momento y se tapó el rostro con las manos, frustrada.
–Oh, bueno, Merlín… Eso es un poco…- carraspeó tratando de hallar las palabras –Extraño… No es un comportamiento propio de ti, Mione…- trató de explicarse.
– ¿Estás segura de que no recuerdas nada más?- Inquirió expectante, tratando de sacar más información, o por lo menos de cambiar de tema, lo que sucediera primero, porque definitivamente debían ir por partes, con tantas cosas a la vez, se volverían locas antes de resolver la primera.
–Bueno, sí y no…- respondió contradiciéndose.
–No recuerdo exactamente qué nos sucedió, pero sí sé que… En esos momentos sentí que tenía tanta suerte… Ni siquiera sabía que las manos de Draco pudieran ser tan cálidas, o que él pudiera ser tan… Sutil…-dijo con claras muestras de estar recordando algo placentero- 'O que besara como si fuera hijo de Afrodita', pensó, sacudió su cabeza tratando de volver a concentrarse, la menor sonrió con picardía y suspicacia, pero no dijo nada.
–No tengo imágenes claras de cómo llegamos a eso, pero… puedo recordar todas las sensaciones que me causó, como si el resto de los sentidos se hubieran ido a paseo mientras eso sucedía…- terminó contando en un murmullo, como si rememorara para sí y no para Ginny, suspiró lenta y largamente, y la menor sonrió más ampliamente, enternecida ante el brillo tan especial que había encontrado en los ojos de Hermione.
–Mione… Sé que no quieres que insista con esto, pero… Él te gusta, enserio te gusta y no puedes escapar de ello… Aunque hayas dicho que sí antes, lo hiciste solo para salir de paso, pero debes ser sincera contigo misma- la miró con comprensión y una sonrisa traviesa y trémula que trataba de disimular, la mayor la miró con el ceño fruncido y suspiró relajándolo suavemente.
–Lo sé…- murmuró con desgano, la menor le miró un poco descolocada por la forma en que su amiga era repentinamente capaz de admitir sus sentimientos, pero se sintió confortada al verla afrontarlos y no ocultarlos más –Ginny… Estoy perdida…- aseguró con un dejo de resignación en mezcolanza con una profunda tristeza.
–Herms…- susurró para llamar su atención.
–Vamos a la biblioteca, puedes adelantar tus trabajos, estudiar y ayudarme a hacer las tareas, al menos eso va a distraerte un poco, también podemos averiguar en los libros quién es Skuld, estoy segura de que tiene más años que Hogwarts- dijo con tono jocoso, Hermione rió un poco y asintió más animada, le hacía falta dedicarse aunque fuera por un rato a ser de nuevo ella misma, la misma Hermione Granger, la gatita-come-libros-insufrible-amiga-de-Potter de la que Malfoy tanto gustaba burlarse.
El panorama subacuático a través del cristal de una de las ventanas de la habitación de Theodore era precioso, le encantaba y le relajaba a partes iguales, y estando a su lado, era muchísimo mejor, pero una idea no dejaba de pasearse por su cabeza, necesitaba aclararla de alguna manera.
–Theodore… ¿Crees que Draco y Hermione estén bien?- le cuestionó fijando sus hermosos ojos azules en él.
–Bueno… No sé como responder a ello- musitó abrazándola un poco más fuerte sin darse cuenta, quizá deseando sentir más su cercanía para estar seguro de que no era un sueño, quizá porque algo primitivo dentro suyo le decía que ahora que la tenía no quería perderla.
–Físicamente están recuperados, pero anímicamente… Creo que ambos, especialmente Draco, están estancados, su terquedad no les permite avanzar, y me preocupa que para cuando se decidan a aceptar estar juntos, aunque sea solo para deshacerse de esa maldición…- su voz mermó progresivamente hasta que se acalló por completo, agachó el rostro sintiéndose afligido, Luna se dio vuelta para encararlo, sin romper el abrazo en que el castaño la envolvía.
–Ellos son un par muy inteligente… Ni todo su orgullo puede con ese hecho… Tarde o temprano los torposoplos tendrán que dejar de confundirlos y ellos harán lo que saben que deben hacer- dijo con monumental calma, Theo sonrió dulcemente en respuesta, preguntándose si alguna vez habría en el mundo algo más perfecto que tenerla a ella, una respuesta rápida llegó a su mente: Sí, tenerla a ella y a sus hijos, como una familia, solo eso sería aun más perfecto.
–Tienes razón princesa… Como siempre- le susurró a medida que se le acercaba, para sellar suavemente sus labios con los de la Ravenclaw.
Libros y libros desperdigados por la mesa, botes de tinta sellados y uno destapado, dos pares de plumas de diferentes colores, Hermione leía y leía a medida que tomaba apuntes sobre diferentes pergaminos que había organizado metódicamente, y por tópicos, dos para pociones, otro para aritmancia, uno más para DCAO, y así sucesivamente, la mano le dolía de tanto escribir, pero su desesperación por sacar de su mente todo aquello que le daba vueltas hasta hacerla desear desaparecer era mucho mayor, estaba felizmente distraída completando sus ensayos, trabajos, informes, y poco le importaba si un troll aparecía de nuevo en los baños de chicas como cuando estaba en primer año, porque no pensaba moverse de allí hasta que la señorita Pince la echara a patadas de la biblioteca.
Buscaba entre los estantes sin saber por dónde empezar, había pensado en la historia de la magia como un buen punto de partida, pero no tenía ni idea de en qué parte exactamente de esa 'historia' debía ubicarse, se movió otro poco hasta llegar a la sección de mitología, repentinamente iluminada, era obvio que las cosas que venían ocurriéndole a su amiga estaban relacionadas con antiguos relatos que se creían legendarios e irreales, y que habían sido relegados al papel de la literatura épica.
Vió en el lomo de un grueso y avejentado libro de tapa dura forrado en piel violeta, ceremoniosamente adornado con letras doradas que rezaban: "Los hilos del destino", iba a tomarlo, se había parado de puntillas para hacerlo, y cando ya estaba a punto de llegar, una mano grande y oscura lo agarró sin mucho esfuerzo, adelantándosele con suma facilidad, frunció el ceño irritada.
–Oye, yo lo vi primero- reclamó a media voz a medida que se giraba sobre sus talones para encarar al individuo, se quedó de piedra al verlo allí, parado frente a ella, a tan poca distancia.
–Y yo llegué primero, apártate de mi vista, pecosa- respondió sin darle importancia, puso los ojos en blanco y se movió dispuesto a darse vuelta para marcharse, con expresión de indiferencia, aunque por dentro se sentía extasiado por el olor que despedía el cabello de la pelirroja.
–Ese libro es mío- le reclamó halándolo de la túnica antes de que pudiera girar sobre si mismo, él la miró y sonrió ladinamente, con sorna.
–Es propiedad del colegio, Weasley, dudo que tú pidieses permitirte comprar algo así, y yo lo alcancé primero, así que estoy en mi derecho de llevármelo- espetó con suficiencia, se le acercó retadoramente aprovechándose del momento, queriendo sentir el perfume de sus cabellos de fuego con más fuerza y por primera vez, deseó saber qué se sentía pasear sus manos por esa melena rojiza, retrocedió instintivamente al notar que sus pensamientos se desviaban y le tendió el libro con el ceño decididamente fruncido.
–Olvídalo, ya no lo quiero- musitó con clara antipatía y una furia que ella no fue capaz de comprender, casi lo dejó caer para que una estática leona lo atajara en medio de un rictus de estupefacción.
–Pero me debes una… Y ten por seguro que la cobraré cuando quiera- espetó sonriendo maliciosamente antes de marcharse con prisa del lugar, reprendiéndose internamente a crucios imaginarios.
Sus pasos desacompasados y su ceño fruncido dejaban a las claras que no quería ser molestado, entró a las mazmorras furioso, con ella, con él, con todo, e ignorando a todos, se dirigió rápidamente al pasillo que lo llevaría a su dormitorio y se dio vuelta bruscamente en cuanto sintió que alguien lo halaba de la manga de la túnica.
– ¿Qué sucede Blaise?- la voz de Pansy se dejaba sentir en un ronroneo.
–No es tu problema Parkinson ¿Por qué no vas a buscar a quién joderle la paciencia a otro lugar?- espetó descargando una nimia porción de su ira con ella, la Slytherin se hizo la dolida.
–Oh, vaya Blaise, sé que estás enojado, pero yo no te he hecho nada malo y… Está atardeciendo… No quiero tener que abrirme el apetito yo sola…- incitó a medida que se le acercaba más y hacía gestos con los dedos de una de sus manos para indicar a qué se refería, sabiendo cual sería su respuesta, sonrió llena de lujuria y triunfo al ver el brillo salvaje en los ojos negros del moreno.
–Haz como quieras…- musitó y continuó su camino, con una sonrisa ladina llena de malicia, porque sí, ambos sabían que no se querían, que de hecho se llevaban mal nueve y medio de cada diez días, y que el otro tiempo en que no lo hacían, era porque sus instintos, sus cuerpos, les clamaban ser saciados; ambos entraron juntos a la habitación, Pansy lanzó un muffliato descuidadamente, sin preguntar cómo había pasado esos días en que había permanecido capturado, sin cuestionar cómo se sentía, sin preocuparse por su bienestar, y él la recibió con fiereza, sin vergüenza, sin delicadeza y sin sentimiento alguno.
–Harry…- la voz de su mejor amigo se escuchaba extraña, como ahogada en medio de la ruidosa sala común de los leones.
– ¿Qué sucede Ron?- inquirió mientras acomodaba de nuevo sus lentes, que resbalaban cada tanto por el puente de su nariz, ambos estaban enzarzados en un partido de ajedrez, aunque sabían que el pelirrojo llevaba las de ganar desde antes de comenzar.
–Estoy preocupado por Hermione… La vi pasar con Ginny hace un buen rato, dijo que iban a la biblioteca, que estaba bien y que no había de qué preocuparse, pero no le creo…- casi vomitó sus palabras de lo rápido que habló, movió una pieza.
–Lo sé, está tratando de ocultarnos algo y aparentemente Ginny, y quizá Luna, son las únicas que lo saben…- contestó con desánimo y comenzó a devanarse los sesos midiendo su siguiente jugada.
– ¿Y si tratamos de averiguarlo?- se atrevió a aventurarse, pero la respuesta era un rotundo no, lo supo cuando se dio cuenta de la mirada llena de censura que el 'Niño que vivió' le había dedicado.
–Sabes que no podemos hacer eso…- espetó con dureza –Nos matará si nos descubre…- agregó con pesadez, movió un arfil, Ron pareció complacido al notarlo, pero miró de nuevo a su amigo antes de hacer nada.
–Vamos Harry, enfrentaste a Voldemort y le ganaste, hemos visto arañas gigantes- un escalofrío recorrió su columna al recordar a Aragog –Gigantes, hombres lobo, mortífagos, un troll, te has topado con dragones, sentauros… ¿Y le temes a Hermione?- espetó tratando de convencerlo, movió una torre con una rápida orden y esta aplastó al arfil del azabache hasta dejarlo reducido a escombros en miniatura.
–Pues… Si lo pones así…- su amigo lo miró esperanzado –Sí, le temo muchísimo más a la ira de Mione que a todo eso junto…- contestó, acabando con la pequeña dosis de euforia que se había apostillado en Ron, el chico Weasley frunció el ceño.
–Pero no es justo, ella le cuenta todo a Ginny y a Luna, nosotros somos sus mejores amigos- reclamó levantándose del sillón en un reproche infantil.
–Nosotros solo nos hemos enterado porque las cosas han ocurrido de tal forma que se ha visto obligada a decirnos un ridículo fragmento de la información solamente, incluso podría apostar a que ellas sí saben con quién se supone que Mione debe casarse, pero a nosotros no ha querido decirnos nada ¡Somos casi hermanos! ¡Por Merlín!- rezongó caprichosamente, Harry suspiró tratando de armarse de paciencia.
–Ron, no podemos obligarla- trató de razonar con él –Debemos dejar que ella misma se decida a contarnos… Ya lo verás, pronto lo hará, créeme, lo presiento…- arguyó sin mucho convencimiento pero dispuesto a decir lo que fuera necesario para calmar a su mejor amigo, el pelirrojo se echó al sillón resignado, de nuevo, tratando de confiar en las palabras de Harry, que movió con el entrecejo fruncido a su caballo en una medida desesperada por salvar al Rey.
–Bien… Tú ganas…- masculló entre dientes, aunque solo hablaba de la conversación, porque de inmediato movió a su reina y Harry se vio vencido, mientras Ron sonreía victorioso.
Se sentó de nuevo a la mesa, junto a Hermione, que no había volteado a verla, todavía un poco aturdida y pensando en Zabini, colocó el pesado libro sobre la madera y lo abrió en una página al azar, tratando de concentrarse en su contenido, buscando algo que le llamara la atención y que le ayudara a conseguir respuestas, sumiéndose en un silencio igual al de su amiga, hasta que algo le hizo releer una línea que había pasado de largo entre las páginas que revolvía cancinamente.
–Herms, Herms- le llamó insistentemente dando toques en su hombro, la leona volteó a verla con el ceño medio fruncido dispuesta a reclamarle que le había movido, provocando que hiciera un horrible tachón sobre su pulcro pergamino, pero se contuvo al observar su expresión extasiada.
– ¿Qué sucede Ginny?- apuró la pelirroja mayor.
–Mira, aquí- colocó su dedo índice sobre una línea en específico, Hermione obedeció con ansiedad y una curiosidad aplastante.
–"El futuro predicho, lo que debe ser, está bajo el dominio de la dama de la fortuna, Skuld, una de las hijas de Dezthio, o Deztoy, conocido por ser el regente del destino y siervo privilegiado de Dagda, El Padre Bueno, llamado Dios por muchos muggles a partir de esta época, que es el inicio de la cristiandad"- leyó en voz baja, con Ginny pegada a ella tratando de leer también.
– "Sus designios son irrevocables, sirve a su padre inequívocamente desde el principio de los tiempos en los que fue engendrada por Fátum, guardiana de los designios de Dagda y del tiempo."- leyó Hermione palideciendo sin darse cuenta.
–"Se presentaba en los campos de batalla junto con las valquirias para decidir quién habría de morir, hilaba el destino de los vivos junto con sus hermanas, a los pies del árbol de la vida, hasta que su hermana menor, Verdandi, fue condenada al destierro al tratar de huir con Nilgohor"- continuó Ginny la lectura.
– "Entonces su ira en contra del señor del destino fue tan grande, que juró que al llegar su tiempo, derrocaría el poder de Dezthio y se haría con su trono, que haría volver a su hermana y libraría a la descendencia de Verdandi de su condena"- terció de nuevo Hermione.
–"Su palabra llena de sentimientos de amor hacia su hermana y rencor contra su padre, se convirtió en designio y su poder selló su propio destino"- se escuchó una voz tras ambas, que las hizo saltar en sus asientos, Hermione dobló la espalda hacia un costado para observar airada a Maribel.
– ¿Qué haces aquí?- espetó irritada y con recelo.
–Pasaba por aquí y me llamó la atención tu lectura, nunca pensé que Draco te interesara lo suficiente como para querer averiguar sobre sus más antiguos antepasados- pronunció con malicia, echándole en cara que sabía más sobre él, que ella.
– ¿Sus antepasados?- inquirió Ginny previniendo que Hermione tratara de echarla, cuanta más información mejor.
–Sí…- contestó con finura y tono de obviedad.
–Las primeras brujas, no fueron precisamente las de Zugarramurdi o las de Salem… Las antepasadas de las brujas y magos de la actualidad, fueron las Nornas, eran muchas, y servían a los ciervos de Dagda, varias servían a Dezthio repartiendo su voluntad, que no era más que la voluntad del Padre de Todo, a excepción de Ananké, Hela, Urd, Skuld y Verdandi, que eran sus hijas; las demás solo eran seres espirituales que obedecían sin refutar, estas que vagaban a placer se enamoraron de los hombres, poseyeron cuerpos de mujeres para obtener identidades corpóreas y tuvieron hijos, humanos cargados de magia…- relató, y ambas la miraban sin verla, en una especie de ensoñación en que imaginaban lo que ella relataba.
– ¿Y qué tiene que ver entonces eso con Malfoy?- preguntó la chica Weasley al notar que Hermione quería hacerlo pero no se aventuraba, quizá por orgullo, quizá por nervios, o un poco de ambos.
–Las hijas de Dezthio tenían prohibido hacerlo, y una de ellas, Verdandi, fue forzada a casarse con el hijo mayor de otro de los ciervos de Dagda, un día en que su esposo había salido de viaje por las tierras vecinas de su nuevo hogar, decidió dar un paseo, llegó al bosque, que era custodiado a sol y sombra por Nilgohor, hijo del enorme dragón Niddogh con una humana de descendencia veela, cuando se encontró con él, y este le ofreció el cofre que contenía la mitad de su corazón, despertó del encantamiento al que había sido sometida, y lo reconoció, reconoció en ese muchacho mitad dragón con forma humana, al hombre del que estaba enamorada y lloró hasta caer a sus pies, él la consoló y ellos se unieron en la espesura del bosque consumando su amor- hizo una pausa, tratando de concentrarse en lo que decía, se notaba que le costaba hablar sin sumirse en recuerdos que ellas interpretaban como el encanto que le producía la trágica historia.
–Para cuando ella tuvo que regresar, Nilgohor la acompañó, decidido a dejar todo en su lugar para llevarla consigo, y apenas entraron y vieron al esposo de Verdandi allí, el hijo del gran Niddogh fue incapaz de contenerse y le cortó la cabeza de un solo tajo, con una de sus manos transformadas en garras, Dezthio se enteró de lo ocurrido a través de Hela, quien había ido allí con el fin de beber vino con su hermana y así darle a probar más de la poción que la mantenía hechizada; y su ira y la del padre del difunto esposo de su hija fue tan grande, que ni con los ruegos de Fátum, Verdandi fue librada del destierro, ni tampoco Nilgohor de la muerte, entonces ella tuvo que irse; pero con ese único encuentro, quedó en cinta y al enterarse su padre, la maldijo lleno de odio, maldijo los corazones de su descendencia llenándolos con su propio veneno y los llamó traidores… Como ella se refugió en tierras francesas bajo la protección de Niddogh, que lleno de dolor por la muerte de su hijo único la acogió, la frase 'mal foî', se acuñó a ella y a su prole, con lo que pasaron a llevar el nombre Malfoî, que ahora se ha transformado en el actual apellido Malfoy…- completó su relato y se movió al otro lado de la mesa, tomó asiento sin esperar a que la invitaran, ello las sacó del trance momentáneo.
–Como ves… La información que estás consultando, es referente a la hermana mayor de Verdandi, que es la primera antepasada de Draco, y aunque es claro que no me agradas, y que yo no soy tu persona favorita, estoy dispuesta a ayudarte… Existe solo un par de libros muy importantes en la mansión Malfoy que son esenciales en tu búsqueda, uno habla del origen de la familia de mi Drake- Hermione hizo una mueca de desagrado que Maribel ignoró.
–Y el otro, es quizá el que puede darte las respuestas que necesitas, quizá la leyenda que allí se relata, es la que se ajusta a tu caso- hizo un gesto pensativo –Estoy totalmente segura… Como también puedo asegurarte que no te dejará acceder a ellos… Solo la familia puede tocarlos sin que estos maldigan a quien trate de obtenerlos sin pertenecer a la estirpe de los Malfoy, pero supongo que cuando se casen deberá permitirte hacerlo- se encogió de hombros con indiferencia.
–No pienso casarme con Malfoy- masculló entre dientes, furiosa, el sonido de Madame Pince mandándola a callar le hizo encogerse levemente, pero no cambió su expresión.
–Oh, claro que lo harás- aseveró sonriendo maliciosamente –Ambos aman demasiado sus vidas como para renunciar a ellas- aseguró, se puso de pie elegantemente y acomodó su túnica, alzó el rostro como si perteneciera a la realeza.
–Y dile a Skuld que si quiere ayudar, será mejor que comience a hablar… No creo que sirva de mucho que trate de mantenerse en el anonimato… Tampoco va a servirte de nada que tus amigos no lo sepan, ellos podrían serte de ayuda…- musitó antes de comenzar a caminar en dirección a las enormes puertas de la biblioteca, Hermione se puso de pie de inmediato, como si hubiera salido disparada a fuerza de una docena de resortes.
– ¿La conoces?- increpó alterada, Maribel miró por encima de su hombro, permitiéndole ver su perfil.
–Por supuesto…- murmuró y continuó con su camino sin volver a mirar atrás, Ginny y Hermione se sumieron en un incómodo silencio lleno de la apremiante necesidad de hacer algo, aunque no supieran qué.
–Vamos Ginny- espetó Hermione al tiempo que tomaba sus pergaminos, plumas, tinteros, y cualquier otra cosa que fuera de su pertenencia y las echaba sin cuidado dentro de su bolso, gracias a Morgana estaba encantado, con un movimiento de varita la menor mandó a volar a los libros a sus respectivos puestos.
– ¿A dónde vamos?- inquirió siguiendo el apretado paso de su amiga.
–A ver a Skuld…- balbuceó apenas.
Caminaban desaforadas por el pasillo, las veía acercarse rápidamente, y eso la preocupó en verdad porque lo entendía de Ginny, que era de carácter explosivo, pero no de Hermione que siempre era tan correcta y contenida, tiró suavemente del brazo de Theodore y se acercaron a ellas, aunque no dieron demasiados pasos a lo largo del camino, ese par hacía el trabajo por ellos sin ninguna dificultad aparente.
–Chicas, que bueno que las encuentro- dijo Luna con su más sincero tono soñador y les sonrió; Hermione llevaba el ceño medio fruncido y lo relajó un poco al escucharla.
–Luna, ven con nosotras- le espetó y luego miró a Theodore –Y tú, si quieres enterarte, dile a tu amigo que te cuente…- aseveró adelantándose a la curiosa expresión del chico, el castaño dejó libre el brazo de Luna.
–No creo que necesite preguntarle nada, pero supongo que lo haré ya que lo dices…- murmuró ignorando el semblante serio y la mirada asesina de Hermione, Ginny solo lo observaba con gesto de disculpa.
–Bien… Te veré luego Theodore- se paró en puntillas y sonrojada le dio un fugaz beso en la mejilla, para acto seguido ser arrastrada por Hermione por el resto del pasillo y doblar en un recodo con prisa, mientras la chica Weasley les seguía el paso con expresión de resignación.
Pff hasta aquí lo dejo por hoy, así que si tienen algún comentario ya saben qué hacer xD ¡Dejen reviews! :)
