¡Lo siento! De verdad lamento la demora, he estado hiper llena de cosas por hacer con esto de la universidad, hacer cursos, servicio comunitario... Esta vez no responderé reviews, solo les agradeceré por ellos, me divierte y alegra la vida leerlos ¡Muchísimo! :D Así que en otra ocasión si los responderé como debe ser :)

Disclaimer: Solo la trama de esta historia me pertenece, los personajes (Exceptuando a algunos OoC) y locaciones reconocibles del mundo Potteriano pertenecen a J.K. Rowling.

Ahora sí ¡A leer! :3


Chapter 23: El acuerdo de una misión.

Caminaban presurosas tratando de seguirle el paso a Hermione, Merlín se apiadara de quien se atravesara en su camino, era terrible, cuando se decidía a hacer algo, no había poder en el universo, mágico o no mágico, que pudiera detenerla.


Draco se veía serio, perturbado, estaba como en las nubes, incluso había ido a darse una ducha hacía una media hora y parecía no haberse dado cuenta de que no se había llevado toda la ropa que necesitaría, había dejado su camisa, y ni hablar de su corbata que había tenido que recoger del suelo por él; la sala común de esa torre era extrañamente acogedora, diferente a la que tenía en las mazmorras, esta poseía una chimenea que crepitaba fulgurante y sonoramente calentando de verdad la estanca sin dejar una sensación de gélida tensión en contraste a pesar de sus habitantes, aun así había algo extraño en el lugar, no entendía bien qué era, pero el aire se sentía viciado de un ligero olor almizclado y lleno de cierta aura de incitación que realmente no era capaz de definir con precisión, casi como si la estancia estuviera ideada para invitar a sus moradores, pero no sabía exactamente a qué, no comprendía la mística de ese sitio, aunque era obvio para ella que sí a había, tan espesa y voluble, como si manara energías que manipularan a quienes se quedaban, para que desearan cosas que no alcanzaba a imaginar, por más que lo pensaba, no lograba dar con una respuesta aceptable o medianamente decente para lo que consideraba acertado a su juicio.


Caminó rumbo a la sala común de la torre que ahora Draco ocuparía, debía llegar antes que Granger y sus amigas, se apresuró mientras que con una mano que movía disimuladamente, evocaba un pequeño montículo de polvillo añil, parecía hecho de escarcha, tan brillante como una estrella, sopló al hallarse en un pasillo solitario, las corrientes de aire que bailaban por todo el castillo parecieron desaparecer, los alumnos y profesores dejaron de moverse, los rayos de luz fría que se expandían por todo el ambiente de forma tímida se paralizaron en vilo, sabía que así nadie la interrumpiría, llegaría a tiempo, se movió con calma disfrutando del lugar, las frías lozas en que el suelo estaba construido dejaban escuchar solo el eco de sus pasos acompasados por todos los rincones del pasillo, salió de allí a otro más, un perfecto pasadero cundido de gente petrificada, como un jardín lleno de estatuas, le llevó casi quince minutos llegar, pero al fin lo logró, finalmente la tenía frente a sí, montada sobre su blanco corcel, con su túnica púrpura y sus cabellos del color de la pulpa de la avellana revolviéndose por la ventisca nevosa que azotaba en el interior del gran cuadro, su elegante postura mientras la observaba le hubiera dado calosfríos a cualquiera, ese aire omnipotente y solemne era en sí un aura inmaculada de poder invencible, los ojos amatista de la amazona posados en su persona, la dama se apeó del caballo blanquecino que casi se camuflaba por completo en la nieve espesa del retrato mágico.

–Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío…- habló solemne el ente del cuadro, la joven frente a ella le sonrió con sorna.

– ¿Es enserio? Debes estar bromeando Skuld ¿Wicklow y el poema de Claddagh? Pensé que lo habías superado ya…- le contestó burlonamente mientras se cruzaba de brazos.

–Apuremos esto, no es bueno detener el tiempo por periodos demasiado extendidos y lo sabes, puede volver idiotas a todos los que están bajo sus efectos- le habló nuevamente luego de que la mujer del cuadro se negara a responderle, la brisa que recorría el lienzo pareció salir libre y tempestuosa del mismo, era lo único en todo Hogwarts que no había caído víctima de la magia del polvillo, la dama de ojos amatista caminó hacia el frente, hasta que sus manos salieron al mundo, apoyándose firmemente del marco dorado para salir al exterior.

–No puede ser de otra forma, si no contestas, no puedo permitirte el paso, es mi sagrado deber proteger estos aposentos- habló impersonalmente, su expresión vacía la hacía lucir tétricamente amenazante.

–Haz el favor de dejarme libre el paso sin necesidad de alguna adivinanza, conoces de sobra mi propósito, no puedes negármelo, además, Skuld, no soy peligrosa para ellos, por el contrario, trato de ayudarlos, bien lo sabes- contestó tajante, el silencio aplastante las envolvió, la muchacha se contuvo de bufar y miró a la mujer frente a sus ojos fijamente, alzó una ceja sintiendo que su sien comenzaba a palpitar por la irritación.

–Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- espetó secamente de forma reprochadora, mirando hacia un costado, Skuld dejó salir el atisbo de una sonrisa y le miró complacida, se metió en el retrato sin dejar de verla.

–Luces bien con el cabello azabache, aunque extraño verte con tu antigua cabellera de oro líquido… Era más llamativa, más parecida a ti…- le dijo antes de entrar en el cuadro nuevamente.

–Mejor no digas nada, no quiero tener que recordar constantemente lo que he tenido que hacer para llegar hasta este punto…- le contestó con tono dolorido pero firme.

–Veo que tus viajes por el mundo han cambiado tu comportamiento, me temo que no en buen término... Te dejaré pasar, pero… Debes decirles quién eres en verdad ¿Ha quedado claro?- demandó apacible y digna.

–Tú no eres nada como para decirme qué hacer, Skuld- le espetó con irritación por su comentario anterior, la castaña sonrió con obviedad.

–Si fuera nada, tal y como dices, no sería capaz de ayudarte, por lo que debes admitir que esta vez, has errado el término que buscas, soy mayor que tú, así que además de todo, mi edad me hace merecedora de tu respeto… O cuando menos, de tu consideración…- le contestó con una sonrisa dulce, la azabache sonrió apesadumbrada soltando un suspiro de resignación.

–Está bien, he de hacerlo… Pero si no colaboran, tendré que tomar medidas drásticas…- dijo en tono de advertencia, Skuld volvió a montar su caballo.

–Lo harán, saben que es necesario… Sobre todo la niña Hermione, no es tonta y si en algo ama su propia vida, tendrá que colaborar…- le contestó, para luego dejarle acceso al interior de la nueva sala común del rubio con la leona.

La muchacha pasó rápidamente y se acercó a la puerta de la habitación de la joven pelirroja obviando la presencia de Astoria en el lugar, abrió y se internó en la recámara mientras el cuadro volvía a su posición original, la joven sacó otro puñado de polvillos añiles y los sopló delicadamente para esparcirlos por el estático ambiente, entonces las corrientes de aire volvieron y los movimientos se reanudaron sin que nadie se diera cuenta de su pequeña cruzada a través de Hogwarts.


Llegaron presurosas a la entrada de su nueva torre, el cuadro de Skuld estaba vacío, Hermione supuso, que tal y como hacía unas horas, la mujer cabalgaba por las mediaciones que el panorama oleoso de Wicklow le ofrecía entre sus extensiones blanquecinas y encantadas.

–Skuld, por favor venga, tenemos cosas de qué hablar- dijo solemne una agitada Hermione que comenzaba a sentirse ansiosa, frunciendo el ceño en el empecinamiento de no reflejar su temor de forma visible, segundos más tarde, el caballo de Skuld emitía los sonidos de su galope entre las nieves y relinchaba cada vez de forma más nítida, la muestra única de presencia que le permitía saber que se acercaba, poco a poco y sin que esto le impresionara, la silueta del corcel y su jinete se hicieron cada vez más visibles, Ginny y Luna vieron aquello con admiración y curiosidad, pero sobre todo, con precaución.

–Niña Hermione, veo que has traído a tus amigas, es bueno ver que seguiste mi consejo… Si tu cometido es hablar conmigo, habrás de responderme primero… Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío…- dijo con una tranquilidad mortificante, la leona frunció más el ceño, con determinación.

–Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- espetó sin poder evitar sonrojarse un poco y esforzarse por no apartar sus ojos de las penetrantes y abismales irises violáceas de Skuld, costándole buena parte de la dureza de su temple sostenerle la mirada a la dama del retrato al recordar su pequeño incidente con el poema, la Norna sonrió con comprensión, la chica era de carácter, le recordaba a su hermana más querida, su fierecilla, la pequeña Verdandi.

Hermione miró inconscientemente el anillo que Draco le había colocado a fuerza aquella vez en que había salido de la enfermería, luego de su incidente con el sauce boxeador, la imagen de un rubio de mirada gélida e intensa llegó rauda a su mente y sacudió la cabeza con disimulo tratando de alejarlo de sus pensamientos, escuchó una risilla elegante y apacible de Skuld y le miró de sopetón, indignada.

–Oh, me disculpo, he sido maleducada al reírme de esta manera, pero no puedo evitarlo, me recuerdas a una de mis hermanas, tiene ese mismo carácter orgulloso e impetuoso que tú posees…- le dijo mientras su sonrisa se desvanecía lentamente y su miraba se tornaba nostálgica, Luna le observaba sin perder detalle.

– ¿Puede decirnos quién es esa hermana suya a la que ama tanto, señora?- inquirió la rubia con tono inocente, como solo ella podía hacerlo sin que la pregunta sonara inadecuada o desubicada, tenía algo en mente, pero aun no era tiempo de dar a conocer sus conjeturas.

–Claro jovencita, su nombre es Verdandi…- contestó con presteza, el semblante sorprendido de Ginevra era evidente, el rostro de Hermione se tornó tan pálido, que se veía repentinamente enferma, un mazazo doloroso había golpeado su pecho a través de un latido con la sola mención de aquel nombre, un pozo de incertidumbre se presentaba ante ella y por lo que veía, estaba danzando con el viento alrededor de la orilla.

–Pasen, por favor, les alcanzaré en la alcoba de la señorita Granger en unos minutos, así hablaré con ustedes cómodamente- les dijo al notar que la única que todavía podía moverse con fluidez era la extraña muchacha rubia, la cual sentía que le era de sumo agrado a pesar de no conocerla, con ello las tres obedecieron, dos de ellas todavía asimilando el cómo la verdad acaecía y los libros leídos parecían querer tragárselas.*

Al fin el muy idiota se dignaba a salir de ese estúpido baño, ya no sabía ni cuánto tiempo había esperado, se puso de pie como impulsada por un resorte, Draco salía a medio vestir, con el pantalón puesto y la correa sin sujetar correctamente, secándose el cabello con una toalla y media varita de regaliz sobresaliendo de su boca ¡Pero qué mal habito el suyo de comer dulces al mismo tiempo que secaba su cabello! Ella le tendió la camisa con el ceño fruncido, no le molestaba verlo así, realmente no es que él fuera muy pudoroso, tampoco que fuera feo, porque para nada lo era, pero ese chico no podía despertarle ni un solo mal pensamiento desde que ella pasara, más o menos, a quinto año.

–Ten, supongo que ahora si ya puedes vestirte ¿No?- le espetó haciéndose la enfadada en tono de madre regañora, el rubio extendió su mano, y en el momento justo en que sujetaba la camisa, el cuadro dejó pasar a tres personas, más específicamente, a Granger y sus amiguitas.

–Hola Draco- le saludó una jovial Luna que no otorgaba realmente mucho significado al hecho de que el chico estuviera medio desnudo y con Astoria allí mismo, el rubio no sabía qué decir, estaba paralizado, lo viera como lo viera, eso no pintaba nada bien, Astoria fue la primera en moverse de ambos Slytherins, soltando la camisa de su amigo y volteando a ver a Hermione con la mueca de una sonrisa casual, como si nada pasara.

–Hermione, es un gusto verte de nuevo- le dijo con tranquilidad pensando claramente una cosa, eso no lucía muy alentador, pero no era más que solo en apariencia, porque no habían hecho absolutamente nada malo, así que su perfecto orgullo estaba intacto.

–Lo mismo digo Astoria- le dijo con tono monocorde, manteniéndose diplomáticamente cortés, sin dignarse a mirar a Draco, este solo se movió lo suficiente para encarar a las tres chicas al tiempo que colocaba la camisa en uno de sus hombros.

–Hola Luna, rojita- habló finalmente devolviendo el saludo a la rubia y mirando después a la chica Weasley, no podía evitar notar que la mirada de la leoncita bailaba entre la sorpresa y algo que no sabía distinguir bien, pero se sentía claramente sometido bajo su escrutinio, probablemente eso otro en su expresión fuera el enojo naciendo al creer que él estaba haciéndole algún tipo de trampa a su amiga.

Hermione posó su mirada en él en ese instante, directo a sus ojos, el rostro de la chica estaba tranquilo, pero su mirada fulguraba en un brillo amenazante que no sabía que ella pudiera albergar, repentinamente quiso sonreír aunque se contuvo de hacerlo, la muy tonta estaba celosa, o eso parecía, y le encantaba por alguna razón estúpida y retorcidamente incomprensible.

–Astoria… ¿Nos acompañas? Queremos platicar algunas cosas que hemos descubierto y… Creo que te interesará algo que tengo para contarle a Luna, a Ginny ya le adelanté los hechos- dijo al tiempo que volteaba a ver a la rubia de las serpientes con un aura oscura que imaginariamente manaba a su alrededor por el enojo interno, pero mostrándose con expresión apacible, la chica asintió sabiendo que sino lo hacía, quizá solo la haría molestar más, porque le gustase o no, estaba enojada, rabiosa, y eso solo era por un motivo: Celos. Y realmente deseaba llevar las cosas en paz.


Las cuatro entraron a la habitación de la pelirroja en total silencio, cerrando la puerta a sus espaldas, dejando a un pasmado Draco en plena sala común, que después de la impresión inicial, se encerró en su habitación y terminó de vestirse por cuestiones de no pescar un resfriado, sin saber que ya era tarde como para evitar enfermarse; Ginny pegó un gritito asustado al notar una quinta figura allí mientras todas rápidamente sacaban sus varitas en reacción.

Parada de espaldas a ellas, encapuchada, viendo quizá por la ventana, como si el lugar le perteneciera, se hallaba ella, las demás miraron rápidamente en su dirección y en menos de tres segundos, cuatro varitas apuntaban en dirección a la persona preparadas para lanzarle hechizos neutralizadores, a juzgar por la línea delicada y elegante de la ropa, era una chica adinerada, a Hermione se le hizo conocida, pero no atinaba a saber de donde aunque albergaba una sospecha, en un solo movimiento, la invitada sorpresa se giró para encararles, mientras las veía con superioridad y sorna, alzó sus manos en señal de rendición y de un momento a otro chasqueó los dedos, la habitación quedó perfectamente insonorizada y con un amago las jóvenes fueron desarmadas sin poder defenderse, una brisa fría y llena de copos de nieve comenzó a atravesar por la ventana cerrada formando un pequeño remolino que se materializaba lentamente atravesando los cristales que se suponía, impedían que las ventiscas invernales entraran a la habitación, mostrando una silueta que la las leonas ya conocían bien.

–Skuld…- balbuceó una atónita Astoria que miraba a la mujer con veneración, Hermione se puso a la cabeza mirando a la chica al lado de la mujer de ojos amatistas.

– ¿Cómo entraste aquí? No deberías estar en este lugar- le espetó retadora y con ese tono suyo que siempre utilizaba al corregir conductas inadecuadas con respecto al reglamento del castillo, pero la risa burlona de ella solo le hizo dudar seriamente de que estuviera haciendo bien en mostrarse así de confiada cuando no contaba con su varita y su contrincante aparentemente podía ejecutar hechizos sin necesidad de una, la muchacha pasó coquetamente sus manos por su cabello azabache y relajó su postura al tiempo que miraba a Skuld.

– ¿Lo ves? Te dije que debías estar tranquila, nadie podría sospechar nada, es decir… ¿Cómo?- le dijo con obviedad, la aludida frunció el ceño con irritación, pero la azabache pasó de ella y se acercó a las demás que inmóviles observaban a ambas mujeres con detenimiento.

–Ya es suficiente, compórtate, no te dejé entrar para que hicieras lo que se te viniera en gana- demandó Skuld con irritación y exigencia, perdiendo por segundos su siempre pacífico porte.

Las cuatro jovencitas miraban a ambas mujeres como si fueran escorbutos de cola explosiva a punto de devorarlas, la azabache suspiró resignada, alzó una de sus manos al aire y cerró los ojos, una pelotita de luz esmeralda salió de su mano e impactó en el techo alto de piedra, el ambiente se inundó de un aroma como de hierba buena mezclado con jengibre, pequeñas ramas de diminutas hojas tiernas en forma de corazón comenzaron a brotar de la piedra, a medida que crecían y se engrosaban, les salían espinos dorados y las hojas se iban haciendo marrones y más grandes, como si fuera otoño, las muchachas retrocedieron para evitar ser lastimadas por las ramas, y repentinamente, una especialmente puntiaguda atravesó el pecho de la chica, que abrió los ojos con gesto grácil, como si no doliera y más bien fuere una caricia, luego se vio oculta por las muchas terminaciones vegetales que parecían querer devorarla, mientras as chicas se colocaban en guardia, tensas.

Las plantas pasaron a introducirse en el pétreo suelo de forma violenta después de unos segundos, dejando ver a dos personas, una azabache desmayada y tendida en el suelo, y otra que le llegaba a mitad del cuello a Skuld, de túnicas verdes como esmeraldas, cabellos de un rubio refulgente como el oro líquido y rizados de forma delicada y salvaje hasta justo antes de llegar al muslo, sus enigmáticos ojos verdes como el color de una manzana lista para comerse, a Hermione le pareció estar viendo la misma mirada llena de hermético secretismo de Draco.

–Señoritas… Les presento a una de mis hermanas… Verdandi- dijo la dama de ojos amatistas con tono solemne.

Astoria cayó arrodillada por la impresión cubriéndose la boca con las manos, no podía ser cierto, dos de las Nornas principales, ante ella, allí mismo, boqueaba incesantemente al igual que las demás tratando de decir algo, pero no sabía qué, un chasquido de Skuld la hizo volver en sí, edredones y cojines por todo el suelo adornaban ahora la habitación, con tonos marrones, avellana y arena, dorados y rojos.

–Es mejor que se sienten niñas- habló Verdandi con un tono tan místico y autoritario, que ninguna se opuso.

Luna y Ginny vieron el cuerpo de Maribel Nightingale posado en el suelo también, acomodado y abrigado entre más edredones y cojines, pero estos variaban en tonos de azules, muy adecuados para una perfecta señorita de Beauxbatons; Hermione observaba a ambas mujeres frente a ella, no sabía por qué, pero ahora que tenía frente a sí a la hermana de Skuld, sentía que quería reclamarle por haberla engañado, y al mismo tiempo, quería gritar, pero de frustración ¡Cada vez comprendía menos y detestaba eso!

–Explíquennos ahora ¿Qué clase de truco están tratando de hacer? Porque esto no es divertido- espetó con cautela una reacia Hermione que acaba de notar que su varita y las de las demás volvían a sus manos en un parpadeo.

–Yo… Estoy de acuerdo con Mione… Es necesario que se expliquen- les habló una nerviosa Ginny que temía que la manera en que la leona mayor se tomara las cosas, se convirtiera en un problema más adelante.

Verdandi sonrió con satisfacción al ver cohibidas a las tres chiquillas que acompañaban a la que debía ser, a como diera lugar, la nueva señora Malfoy, sintió que repentinamente la chica le comenzaba a agradar, ella no le mostraba temor a pesar de que podía sentirlo vibrar en su aura, eso sí era bueno para mostrar su valía, una verdadera guerrera jamás se dejaba vencer por el miedo a lo desconocido, enfrentaba todo con coraje y sin remordimientos, una diminuta chispa de orgullo nació en su pecho, quizá Granger no era tan inútil después de todo.

–No es un truco…- dijo llanamente mirándolas a todas y observando de soslayo como Maribel parecía comenzar a reaccionar.

–Mi fata me ha cedido el control de su cuerpo para una posesión voluntaria- les dijo con tranquilidad mientras se ponía de pie e iba al lado de la azabache que comenzaba a sentarse lentamente y con movimientos trémulos, tomó en brazos a la muchacha y la cargó como si fuera una pluma, yendo hasta su lugar de nuevo, nadie se movió ni dijo nada al respecto cuando la dama de ojos verdes como las manzanas colocó a la joven a su lado izquierdo y la acomodó en su regazo con delicadeza, acariciándole los cabellos largos y suaves para que saliera de su estupor lentamente, después de todo, si tomaban en cuenta l recién ocurrido, esto ya no era raro.

–Me era necesario acudir a este lugar para poder ver por mí misma que mi Draco no falleciera por culpa de esa desquiciada que trató de envenenarlo con esa maldita poción- espetó con una creciente rabia que era notoria en el brillo feroz de su mirada, Skuld colocó una mano en su hombro y ella se calmó rápidamente, consecuencia de esa extraña habilidad suya de inducir estados anímicos en otros.

–Mi hermana, como ya lo dijo, vino aquí, pero por obvias razones, así como yo, no debe dejarse ver ante el mundo… Son ustedes, señoritas elegidas, quienes pueden vernos en estos momentos, porque es realmente necesario…- les explicó una apacible e inexpresiva Skuld que miraba hacia el vacío en algún punto incierto de la habitación.

– ¿Por qué están haciendo todo esto?- intervino una inquieta Hermione, tenía tantos deseos de gritar, romper cosas, acabar con todo y a la vez quería solo quedarse allí sentada sin hacer nada, solo dejando pasar el tiempo para poder meditar todo con calma.

¡Estaba allí! ¡Frente a ella! ¡La primera señora Malfoy en persona, espíritu, o como fuera! ¡Hablándoles como si fuera común! ¡Diciéndoles tan tranquila que había poseído el cuerpo de alguien más! ¡Incluso les había contado en resumidas cuentas, su propia historia en la biblioteca! ¿Pero en qué clase de mundo había sido encerrada? Se sentía sobrepasada por las emociones del momento, temblaba ligeramente, no sabía si de terror, de rabia, o de expectación, probablemente las tres.

–Porque el destino de ambos, tanto de Draco como tuyo, fue sellado antes incluso de que nacieran… Y ahora que ha llegado el tiempo y están unidos a fuerza, es necesario que estemos aquí para asegurarnos de que ninguno de ustedes muera…- le dijo una repentinamente seria Verdandi, Maribel se sentó correctamente con pereza y miró a todas con la sorpresa tallada en sus facciones delicadas.

–Oh, Merlín…- balbuceó la azabache pensando que había fallado en su tarea, la mano de Verdandi sobre su antebrazo derecho le hizo saber que todo estaba bien, miró un poco más allá y vio a Skuld, a quien le presentó sus respetos con una leve inclinación, para luego desviar sus ojos de ónix, ahora más brillantes y llenos de vida, hacia las demás jóvenes presentes.

–Nuestra hermana Hela, desde tiempos antiguos, ha tratado de evitar que estas cosas sucedan… Ha deseado que el linaje de los Malfoy se extinga por completo, porque para ella, es como un recuerdo constante de su derrota en el intento de conseguir quedarse con el amor de Nilgohor… Por ello le hizo a Draco lo que le hizo, ha sido ella quien ha puesto odio en los corazones de sus antepasados también, tratando de hacer que ellos acabaran muertos a manos de enemigos forjados por sus actitudes avaras, prepotentes y decadentes…- les contó con tono gélido y dolido ¿Y cómo no? Si era algo tan difícil retratar la historia de su progenie afectada por la sed de venganza de una de sus propias hermanas.

–Draco es el último eslabón de los Malfoy, sobre él y todos sus antepasados ha pesado una maldición olvidada hace siglos, una que fue convertida en leyenda… No podemos contarla ahora, porque solo los miembros de la familia han de conocerla… Pero sí podemos asegurarles, que si no logramos nuestro cometido, no solo la línea descendientes morirá… Tú también lo harás, niña Hermione…- completó con seriedad apabullante Skuld, que miraba fijamente a la leona, esta tragó grueso, necesitaba más, deseaba respuestas, y una salida a todo eso.

– ¿Y qué tengo que ver yo en todo esto? ¿Por qué me engañaron para hacer que aceptara ser parte de lo que sea que planeen?- inquirió con ansiedad y reto palpable en su voz, a pesar de que sus ademanes eran perfectamente controlados.

–Eso… Ha sido solo una medida para asegurarnos de tu cooperación… Sin embargo, no ha sido un engaño, ella realmente le atacó con la intensión de llevarse su alma consigo, está desesperada por evitar que mi designio se cumpla- contestó Skuld, Verdandi frunció el ceño y miró directo a los ojos de Hermione.

–Creo que es mejor dejar todo en claro- espetó la Norna menor, con un movimiento de su mano, tomó recuerdos de la mente de Hermione y los hizo revelarse como si fueran películas en una de las paredes, todas las presentes observaron atentas lo ocurrido con Draco ese día en que la habían mandado junto con él a la cabaña de Hagrid, y su primer encentro con Skuld.

Astoria estaba pálida al igual que Maribel, Luna observaba impresionada visiblemente y Ginny trataba de no dejarse sobrepasar por la visión de una Skuld en el pleno de un ritual extraño, repentinamente las imágenes se desvanecieron y la leona se dio cuenta de una cosa, eso no había dolido, así que no podía haber sido legeremancia ¿O sí?

–Cuando ocurrió el incidente con mi heredero, mi hermana no mintió, solo se adelantó a los hechos y buscó la manera de crear un compromiso a largo plazo que le dejara algo por sentado, un seguro… Pero no fue con intenciones de estafarte, engañarte o sobornarte… Tú aceptaste, ahora lo quieras o no es tu misión- le dijo con voz oscura.

Hermione sentía la desesperación aflorando en su pecho cada vez con más fuerza ¿Qué significaba todo aquello? ¿Es que tendría que morir acaso para poder ser libre? Estaba consternada, y antes de darse cuenta, estaba negando con la cabeza mientras hacía esfuerzos por no salir corriendo de ahí, presa de la confusión y la idea de verse a sí misma fallecida por no haber aceptado cumplir con su palabra; Ginny la abrazó con fuerza y Luna hizo lo propio acariciando sus cabellos mientras Astoria la veía compungida; Maribel observaba con pena ajena, un destino forzado no podía ser fácil de aceptar para nadie, incluso su matrimonio arreglado sonaba dulce en comparación de lo que la chica estaba pasando.

–Niña Hermione, por favor no te desesperes… No hemos de dejarte sola en tu tarea… Tendrás nuestra ayuda y conseguirás el objetivo… Luego de eso, podrás separarte de él y hacer tu vida…- dijo con voz consoladora 'si es que hacia el final deseas abandonar a mi sobrino…' pensó, más se contuvo de decir cosas fuera de lo necesario.

– ¿Cómo quieres que me calme si me estás obligando a estar con alguien a quien no amo?- le inquirió en un tono que mostraba cierto reproche, Verdandi abandonó su puesto y se acercó gateando a la leona, observándola con comprensión.

–Yo mejor que nadie sé qué es estar al lado de alguien a quien no amas… Yo sí sé lo que es ser engañada… Creí que lo había dejado claro con la historia que les conté en la biblioteca… Sin embargo, nada podemos hacer para liberarte, porque incluso sin que apareciéramos, ya estabas condenada a estar a su lado o morir en brazos de alguien más… ¿Olvidas la maldición de Ananké? Te matará si te atreves a estar con otra persona que no sea mi hijo, y si dejas que el tiempo se esfume, también lo hará… Al aceptar aquel acuerdo, pactaste con una dama de la fortuna tu propio destino… Ahora mi hermana y yo podemos ayudarte… Solo si eres capaz de internalizar que para que sobrevivas… Ambos tendrán que casarse…- le dijo en un tono extremadamente maternal.

Hermione dejó salir un par de lágrimas de rabia y las secó rápidamente recomponiéndose, las palabras de Skuld y Verdandi tenían un punto contradictorio entre sí ¿Podía o no entonces separarse de Malfoy después? Sus amigas se apartaron al notar como la dama rubia se acercaba más y la acunaba entre sus brazos, sintiendo su dolor, porque a ella también le habían forzado en vida a tantas cosas, que le era imposible no sentir empatía por ella… Pero estaba segura, porque lo había visto… Esa niña haría a su Draco feliz, y ella igualmente lo sería, solo tenía que hacerle ver.

Largos minutos se mantuvieron en esa posición, Hermione tratando de sobreponerse a todas las emociones que se le iban encima, su desamparo, su desesperación, las delicadas y finas manos de marfil de Verdandi paseaban por sus cabellos borgoña casi con devoción, acariciando sus rizos y sus ondas suavemente, se separó un poco de la mujer todavía con rastros del estado meditabundo en que se encontraba, la dama de ojos verdes le sonrió con dulzura y Hermione se sintió tremendamente reconfortada a pesar de todo lo malo.

–Lamento tener que hacerte esto…- le dijo Verdandi con extrema pesadumbre.

La leona tomó otro poco de distancia sin dejar de apoyar su cabeza sobre el hombro de la Norna, se sentía familiar ese contacto y eso estaba bien, porque le recordaba a la forma en que se comportaba con su madre, tenía tiempo deseando hacer eso, sujetó la mano de Ginny, la certeza de que quería vivir estaba por reventarle los tímpanos de dentro hacia afuera de un momento a otro, no quería morir, no deseaba ese final, no quería conocer el inframundo, mucho menos que su alma fuera devorada, estaba aterrada de una forma descomunal que ni siquiera había llegado a sentir en algún momento de la guerra, porque en ese entonces, era Harry el de la profecía, el que realmente daba la cara al mal, pero ahora, no era su alma la que más peligro corría, era la suya y esa sensación fácilmente egoísta de necesitar vivir a costa de lo que fuera, la impulsaba a elucubrar más rápido de lo sanamente posible, mientras su habitual estado racional le pedía analizar las cosas, tratar de ver algún punto a favor, una ventaja, o en el mejor de los casos… Una salida.

–Yo solo quiero vivir…- balbuceó tan endeblemente que apenas y Verdandi le escuchó.

Sabía que estaba mal, pero quería conservar su vida aunque tuviera que jugar a ser la novia de alguien, desesperadamente necesitaba luchar porque no era de esas personas hechas para quedarse sentadas haciendo nada mientras el mundo seguía girando; la mano de Astoria se posó en su hombro, esta le miraba con entendimiento y apoyo; Luna tomaba su mano libre sonriéndole de manera conciliadora; Maribel observaba sin saber qué hacer, tratando de desvanecerse ahí mismo para no estorbar en un momento tan íntimo; Hermione observó a sus amigas con una tristeza tan honda, con una desolación tan absoluta, y con un miedo tan evidente en su mirar, que ellas solo pudieron devolverle la mirada compungidas, las Nornas miraban a Hermione con compresión, no era fácil, lo sabían, pero estarían allí para ayudarle, para cumplir la profecía de Skuld.

–Yo… No sé cómo hacer esto… Y si lo intento seguramente voy a fallar… No sé prácticamente nada sobre chicos, y Harry y Ron son mis amigos, pero realmente no me ven como a una chica, sino como a una hermana… Y eso no va a servir de nada…- dijo con voz apagada y tono de marisabidilla luego de un rato de silencio, Maribel sonrió muy levemente por primera vez.

–Hermione…- murmuró suavemente, los seis pares de ojos se fijaron en ella, la aludida reparó en el hecho de ser llamada por su nombre de pila pero no dijo nada, la azabache trató de mantener la compostura sin poder evitar que un muy discreto sonrojo se alojara en sus mejillas al ser el centro de atención.

–Creo que aquí tienes buenas amigas que podrán ayudarle…- se acercó un poco a la leona, a gatas –Mi señora Verdandi y la dama Skuld también te ayudarán, ya te lo han dicho… Y si te sirve de algo, yo también quiero hacer todo lo posible por ayudar… Sé que estudio lejos, pero por medio de cartas podría tratar de apoyarles en lo que esté a mi alcance- amplió un poco su sonrisa, Hermione le miró con gratitud mientras le sonreía sinceramente a la azabache, conmovida por sus buenas intenciones.

–Te lo agradecería muchísimo… Maribel…- le contestó con el tono de quien hace una nueva y duradera alianza, y lo celebra internamente.

El ambiente cargado de emotividad era también demasiado pesado, demasiado como para que Skuld, la más primaria de las Nornas, la siempre apacible y la siempre alejada de las emociones Skuld, pudiera resistirse a aparecer con una leve brisa al lado de Verdandi y detrás de la leona, para que su hermana le cediera el puesto, cosa que hizo llena de entendimiento, la dama de ojos amatista envolvió a la Gryffindor en un abrazo cálido con olor a pasto recién cortado, Hermione se sintió muchísimo más relajada todavía.

–La señorita Maribel tiene razón, niña Hermione… No estarás sola, no te dejaremos y te ayudaremos en todo… No habrá nada que pueda detenerte… Sé que no será fácil… Pero verás que todo saldrá bien al final…- dijo y se permitió sonreír brevemente, a pesar de que la ventana estaba cerrada, unas pequeñas y deliciosas corrientes de brisas cálidas y reconfortantes inundaron la habitación, anidándose en el corazón preocupado de la leona, brindándole consuelo, y a las demás, dándoles recién nacidos deseos de presenciar el cumplimiento de su nuevo objetivo.

–Hermione…- le habló Ginny casi susurrando pero permitiendo a las demás escuchar, todas menos Skuld que seguía mirando con amabilidad a Hermione y acariciando sus cabellos, voltearon a verla.

–Creo que hay que aprovechar que estamos todas y comenzar a proponer ideas sobre cómo lograr… Bueno… Nuestra misión…- continuó hablándole de forma suave, intentando no perturbarla demasiado, el rostro de la chica se volvió más pálido y una clara expresión de recelo se mostró por unos segundos, pero ella se obligó a sobreponerse, era una Gryffindor, una valiente, y como tal, debía luchar, luchar por su vida de la forma en que pudiera y de paso por la de él, así que si no había otra salida, se armaría de coraje y conquistaría al hurón, costase lo que le costase.

–Sí… Tienes razón…- cedió con expresión seria, todavía en sus ojos detonaban todas aquellas emociones que la apabullaban, sus amigas le miraron con pena por no poder ayudarla a librarse de ello.

–Creo que lo primero es asegurarte un compromiso con Draco, Hermione…- le habló Astoria tratando de no sonar tan desubicada, lo cierto era que se sentía un poco fuera de lugar, la leona le miró con semblante tenso y asintió sin decir nada.

–Solo quiero saber algo- habló la nueva sangre-pura en proceso, observando a las Nornas y a la misma Maribel, tratando de hallar una respuesta a eso que llevaba unos minutos carcomiéndola por la curiosidad.

– ¿Por qué con Parkinson y su poción sucedieron tantas cosas, pero no hubo consecuencias cuando Malfoy estuvo con Daphne?- inquirió tratando de no ver a Astoria, le producía una sensación muy incómoda en el estómago hablar de ello estando la rubia allí presente.

–Bueno, creo que eso se debe a que Ananké siempre fue muy liberal…- trató de explicarse Verdandi –Si no están casados, ella no considera traición intimar con otra persona, pero sí castiga cuando se trata de cosas que ella define como más importantes… Verás, el mezclar sentimientos con alguien más, o adquirir un compromiso serio, en que se deba fidelidad a otro que no sea el compañero que el encantamiento de nuestra madre predice, es razón de castigo… Por ello, cuando Draco dispuso comprometerse con esa muchacha…- habló de Pansy con asco.

–Bueno… Las consecuencias fueron más graves… En cambio cuando él intimó con esta otra chica, solo hubo una reacción, que fue la de la aparición de otro anillo de Dezthio, pero esta vez en su cuerpo y no en el tuyo, sino mal recuerdo, está en su cuello, aunque dudo que lo vieras… Es como un recordatorio para él, que le advierte que no debe preferir a otra por sobre ti de forma más que carnal, porque en eso ninguna de nosotras puede inmiscuirse, las Nornas solo velamos por el balance de la vida y de los corazones humanos, no por lo que hagan con sus cuerpos…- concluyó su explicación con un tono similar al de Hermione cuando intervenía en clases, el silencio acaeció sobre todas, Skuld se aclaró la garganta tratando de romper un poco la tensión.

–Aclarado el tema…- dijo –Creo que es hora de pasar a lo que verdaderamente nos urge…- sugirió refiriéndose al asunto de la 'misión', todas asintieron, repentinamente determinadas.

–Creo… Con todo respeto, que ese compromiso es lo de menos…- intervino Maribel, todas fijaron la vista en ella un poco desubicadas por su comentario.

–Verán… Por un mandato, el Ministerio ha ordenado emparejamientos, pero incluso sobre las leyes de las comunidades mágicas, está la obligación de obedecer a cualquier otro designio superior que provenga de las herencias ancestrales porque es el legado de lo que somos, lo cual es esencia mágica y como tal, derecho y deber primordial para nuestra conservación como "sangre-puras"- hizo comillas con los dedos al final.

–En este caso, aunque no firmasen ese listado, el compromiso entre ustedes ha quedado preestablecido desde el mismo momento en que fueron marcados…- explicó con calma, Verdandi sonrió con suficiencia, no por nada la azabache era su fata más fiel, su protegida, su preciosa elegida, casi como una hija; Skuld asintió con semblante meditabundo, las demás jóvenes contemplaban la idea en sus mentes como algo factible, al menos ahora tenían algo seguro, que obligatoriamente usarían a favor: Ese matrimonio se llevaría a cabo por voluntad o por fuerza.

–Si esto es así, entonces lo que hay que hacer es que Draco y Hermione puedan firmar ese listado sin que sea solo una obligación, hay que tratar de hacer que él realmente vea su boda como algo fructuoso…- razonó Luna con tranquilidad y una mano en la barbilla, lucía tremendamente sabia y profunda, Ginny sonrió ante la obvia solución que acababa de pasarle por la mente, ah pero qué tontas ¡Tendrían que haber comenzado por ahí!

– ¡Aprovechemos la ventaja de Hermione!- todas le miraron sin comprender, excepto Skuld, Verdandi y Luna que comenzaban a hacerse con la misma conjetura.

–Ellos comparten torre, y la idea es que Mione conquiste al hurón ¿No?- dijo con tono misterioso, la primera señora Malfoy frunció el ceño por el apodo aplicado a su Draco, la pelirroja menor la miró con expresión de disculpa antes de volver a concentrarse en lo que estaba diciendo.

–Bueno… De algo debe servir, solo debemos descubrir cómo aprovecharlo a nuestro favor, y lo primero que debemos hacer, es que él la vea como una mujer interesante y deseable- explicó ante las risillas de Luna y Verdandi, y las expresiones un tanto sorprendidas del resto de la audiencia, más la indignación de la aludida.

– ¿Disculpa, qué me estás queriendo decir?- le inquirió una ofendida Hermione que le miraba con el ceño medio fruncido y levemente sonrojada de indignación, Ginny puso cara de circunstancias.

–Bueno… Es que hay que ser sinceras Herms, eres una chica inteligente, bonita y fuerte, valiente, decidida, una maravillosa amiga, leal, que arriesga todo por proteger a sus seres queridos- le explicó, Hermione recordó momentáneamente a sus padres y sus ojos dorados perdieron brillo, pero volvió a prestar completa atención a su amiga de inmediato.

–Pero…- he ahí la estúpida palabra que siempre echaba todo a perder, la nueva sangre-limpia definitivamente la odiaba –Siempre estás metida en tus libros, estudiando, y así no vas a conquistar a Draco Malfoy, tenemos que hacerte más atractiva a sus ojos…- le explicó.

–Sí, quizá sea cierto- comentó racionalizando todo, su semblante aun entristecido por el recuerdo de sus ahora desmemoriados padres –Pero es que…- y he ahí otra vez los malditos peros, casi revoleó los ojos con hastío.

–Yo no quiero hacer algo así, si tengo que casarme con él, hacer que me quiera y todo lo demás… Deseo al menos seguir siendo yo…- musitó al tiempo que elevaba el mentón, la azabache le miró con una pequeña sonrisa, definitivamente era celosa con Draco, pero veía que al menos había caído en buenas manos, esa muchacha era lista, se apreciaba como persona, y como tal deseaba que la apreciaran así mismo, eso era una buena señal.

–En eso tienes razón, creo que lo mejor que puedes hacer es conquistarlo siendo tú misma…- cedió Astoria.

–Pero no puedes dejar descuidados ciertos aspectos que podrían ser mejorados para verte bien incluso cuando hagas lo que normalmente haces…- insistió Ginny, Luna sonrió de forma maternal.

–Hermione…- le llamó –Sabes que te queremos tal cual eres ¿Verdad?- le dijo, mirándola con sus penetrantes y saltones ojos azules extrañamente concentrados en la realidad, en ella, la leona asintió –Entonces escúchame…- le pidió, obtuvo otro asentimiento en respuesta.

– Creo que Ginny tiene razón, lo que tenemos que hacer, es ayudarte a mejorar en aspectos que te hagan lucir atractiva e interesante a ojos de Draco Malfoy, incluso cuando solo estés en la biblioteca leyendo algún libro, o estudiando en la sala común que ahora comparten…- le explicó, Hermione no estaba muy segura de cómo tomárselo.

–Creo que deben ser detalles pequeños, como por ejemplo…- pensó un momento, luego clavó sus ojos de ónix en ella.

–La manera en que luces el uniforme, podrías usar la falda un poco más corta, justo sobre la rodilla en vez de por debajo, nada vulgar pero sí diferente en ti… O acostumbrarte a usar alguna poción alisadora para el cabello, así tus rizos serán más manejables y suaves y se verán como bonitos bucles… O podrías usar algún perfume que no sea el que deja tu jabón en la piel al bañarte… Saludarle con cortesía si te lo encuentras en la torre, en un salón o en donde sea, solo pequeñas sutilezas que llamen su atención…- hizo una pausa para tomar aire.

–Te aseguro que aunque sean detalles muy tontos, él los notará, y tarde o temprano terminará por preguntarte qué ha sucedido contigo, por qué actúas así con él, por qué tus cambios, y será el momento perfecto para decirle 'quería hacerlo… Y si te trato bien, es porque aunque no nos guste, tendremos que soportarnos mucho tiempo a menos que me hagas el favor de dejarme viuda antes de tiempo'- dijo rápidamente, el rostro de Hermione era todo un poema a la incredulidad, se giró a ver a las otras tres chicas que reían por lo bajo por la expresión tan extraña que mostraba, mientras las Nornas miraban a Maribel con comprensión, sabiendo que la chica decía todo aquello con buena intención.

–Creo que todas son muy buenas ideas, pequeñeces que no van a costarte ningún esfuerzo ni a hacer mella en quien eres, niña Hermione…- sugirió Skuld con su hipnotizante voz calma, ella le miró consternada, respiró hondo y comenzó a pensar en cada palabra, hallándose con su propio veredicto, frunció el ceño.

–Bien, creo que puedo hacerlo- aceptó finalmente, todas sonrieron felices.

–Bien, mañana comenzaremos a hacer los cambios necesarios, pero por ahora, es necesario que mi hermana y yo nos marchemos, debemos darles su espacio…- dijo una tranquila y extrañamente cálida Skuld.

–Pero…- trató de intervenir Maribel ¿Qué sucedería con ella ahora?

–No te acongojes querida, tú ya debes volver a Beauxbatons, está atardeciendo, así que deben estar por llegar por ti, yo me quedaré aquí- le habló con tono conciliador Verdandi, la azabache le miró con expresión de cachorro apaleado y después agachó el rostro dócilmente, sin chistar, las demás observaban a cualquier otra dirección, temiendo inmiscuirse y oecar oir su indiscresión.

–Maribel, mírame…- le mandó con voz dulce pero tono firme, ella obedeció.

–Nos volveremos a ver para el día de tu casamiento… Si todo sale bien, en esos momentos ya Draco y Hermione estarán comprometidos y yo iré con ellos sin que mi heredero me vea, no te dejaré sola mi niña…- le dijo consoladoramente; en un gesto impropio de una señorita educada en un colegio tan refinado como Beauxbatons, la heredera de los Nightingale se echó sobre Verdandi abrazándose a ella y ocultando su rostro en el cuello de la mujer, buscando consuelo, dejando salir unas cuantas lágrimas y algunos gemidos lastimeros que se ahogaban en su boca cuando intentaba contenerlos, la dama de penetrantes ojos verdes como manzanas acarició sus cabellos con delicadeza y sumo afecto, sonriéndole maternalmente por unos cuantos minutos.

–Es hora pequeña Maribel…- le susurró suavemente, ella asintió y se separaron despacio, la azabache con los ojos enrojecidos e hipando un poco.

–No te preocupes, te aseguro que aun si para tu boda no hubiéremos logrado nada, mi hermana volverá ese día a tu lado, ella no va a abandonarte, lo sabes…- consoló Skuld ya de pie, acto que imitaron todas las demás a su paso, la dama de ojos amatistas se acercó a su cuadro nevado, seguida de Verdandi que tomaba la mano de Maribel y le indicaba el camino como a una niña pequeña, todas se despidieron de la azabache, incluso Hermione se había tomado la libertad de abrazarla en último momento y desearle un muy buen viaje, allí iba su nueva aliada… Su nueva amiga…

–Tomen este tiempo para quedarse aquí y charlar, relajarse, tratar de olvidar sus penas… Mi hermana y yo volveremos mañana…- se despidió Verdandi antes de entrar al retrato tomada de la mano de su fata, desapareciendo pocos segundos después envuelta en una ventisca.


Se quedaron en silencio por unos segundos, sin saber bien qué hacer o decir, hasta que Ginny, que era la más relajada de las cuatro se sentó dejándose caer al suelo de nuevo, entre mullidos cojines, suspirando largamente, miró a las chicas con una ceja alzada, clara indicación de que estaban siendo muy lentas en decidir sentarse.

– ¿Van a quedarse allí paradas o a aplastar sus traseros contra los cojines? Porque siento que comienza a dolerme el cuello de tener que ver tanto tiempo hacia arriba- inquirió retadora, las chicas rieron por lo bajo e hicieron caso a la "delicada sugerencia" de la chica.

–Bien…- dijo Astoria de repente, removiéndose casi imperceptiblemente en su sitio, llena de incomodidad, tomó aire y reunió todo su orgullo –Hermione ¿Se supone que este es mi momento para irme o piensas que puedo quedarme?- le preguntó de sopetón, sin anestesia, la leona le miró claramente sorprendida y confundida.

–Bueno, cuando me viste con Draco al llegar estoy segura de que te enojaste, así que debo saber si soy bienvenida o no a este lugar- se explicó mejor al notar que todas le miraban como debatiéndose entre tomarle la temperatura pensando que se había enfermado, o enviarla a San Mungo porque había enloquecido.

–Creo que es obvio que eres bienvenida Astoria, no tienes ni que preguntarlo- le contestó, la chica Slytherin sonrió.

–Me alegra, temía que tu arranque de posesividad te hiciera odiarme…- atacó con un poco de sorna, Hermione enrojeció levemente, y las otras dos chicas rieron con ganas.

–Es cierto, no puedes culparla por pensar que estabas enfadada Herms… Si las miradas mataran, seguramente ya estaríamos preparándole el funeral e inventándote una buena defensa para tu futuro juicio en el Wizengamot- le puyó Ginny, pillando la intención de Astoria, la leona solo enrojeció más y frunció el ceño muy profundamente.

– ¡Yo no estaba celosa…!- espetó en un rugido bajo que les sonó increíblemente falso a todas, incluyendo a ella misma, por culpa de su costumbre de mostrarse enojada para tratar de no mostrar verguenza, Luna le miró con su expresión inocente, pero suspicaz.

–Astoria nunca dijo nada de celos, Mione- le dijo con brutal franqueza e inocencia la Ravenclaw, mientras la serpiente y la leona rompían en carcajadas llenas de sorna y Hermione enrojecía hasta lo imposible y se contenía de hechizarlas con el famoso mocomurciélago de Ginny, alzaba el mentón y se abrazaba a sí misma en una muestra de auto-apoyo.

–Vamos Hermione, no es algo malo, creo que es normal, recuerda que ambos son víctimas de un encantamiento destinado a unirlos, si él te viera salir con otro chico, o simplemente escuchara a otro decirte cumplidos o hacerte proposiciones de citas o cualquier otra cosa menos decente, seguro reventaría de celos, porque debes tener en cuenta una cosa, es imposible que bajo ese hechizo no se vuelvan mutuamente posesivos- trató de consolar la menor de las hermanas Greengrass, al tiempo que se contenía de reír por la graciosa expresión de reticencia, falso enojo y vergüenza de Hermione.

–Claro, y además, hay que reconocerlo, por mucho que duela el hurón tiene lo suyo, así que debes cuidarlo porque sino no faltará chica loca (entiéndase que hablo de Parkinson) que trate de amarrarlo a él y a su fortuna… Ve el lado positivo, al menos cuando llegue el momento de tener hijos, serán muy lindos e inteligentes- le dijo Ginny, medio en broma, medio en serio, ella empalideció ante eso último y a su mente llegaron imágenes de bebés rubios de ojos grises preciosos, creciendo para convertirse en unos mini-tiranos-egocéntricos, muy a su pesar, extremadamente adorables.

–Hermione, no te preocupes, cuando eso pase, ellos no serán como Lucius Malfoy, ni cometerán los errores de Draco, porque tú estarás allí para ayudarlos a ser magos o brujas nobles y de bien- le consoló Luna colocando una mano en su hombro.

La leona sonrió débilmente y asintió después, no es que tener hijos bonitos fuera malo, lo malo era imaginarse entregándose a alguien a quien no amaba y concibiendo vástagos de alguien con quien no compartía sentimientos puros, ni dulces, ni siquiera amistosos; su corazón dio un vuelco al recordar lo que casi había sucedido en plena sala hacía unas horas, Morgana, eso… Batió un poco su cabeza, azorada, con los colores subiéndole por cantidades industriales al rostro, las chicas rieron por ello.


Hablaron durante horas, dejando pasar el tiempo de la cena, por suerte Skuld les había conseguido comida, aunque desconocían cómo, se las había dejado en la habitación de la leona y luego se había marchado de nuevo, Hermione les había prestado pijamas a todas, a Ginny le quedaban bien de largo, pero no tanto de ancho, porque tenía un poco menos de caderas, pero no daba problemas, a Luna le sentaban bien y de hecho llenaba la ropa de dormir mejor que Hermione, pues tenía un poco más de dotes, y Astoria se hallaba en las mismas aunque de largo si le faltaba estirarse un poco, y la leona engalanaba un camisón vaporoso que le llegaba a mitad de muslo, de un color rosa muy pálido, mientras la rubia serpiente lucía el verde manzana, la Ravenclaw violeta y su compañera de casa el marfil; los hechizos insonorizadores habían sido rotos, y cuando ya se iban a dormir, una de ellas se antojó de pedir a su forzada anfitriona que buscara algo fuera del recinto.

–Hermione ¿Podrías buscar mi bolso? lo dejé afuera, allí tengo algunos dulces y chocolates que podríamos comer, pero no quiero salir, si Draco me ve así- se señaló el pijama –Ya ni aunque muera dará descanso a mi alma…- pidió poniendo un adorable puchero patentado de la Astoria's Company, su efectiva arma de manipulación, pero la leona, tan racional, no era fácil de convencer.

– ¿Y por qué yo? ¿Sabes qué puede pasar si él me ve así?- se señaló a sí misma –También se burlaría de mí y además, no sabemos si está ahí afuera…- razonó elocuentemente volteando a otra dirección incapaz de seguir soportando esos gestos departe de su colaboradora y amiga, cosa que la serpiente aprovechó para pedir ayuda a las otras dos aliadas, que tácitamente dieron una respuesta afirmativa.

–Oh vamos, pronto se casarán, así que tarde o temprano tendrán que acostumbrarse a verse en pijamas, ropa interior, paños menores…- sonrió con picardía y se acercó otro poco a su amiga.

–Y hasta desnudos…- insinuó, Hermione se sonrojó violentamente, sin siquiera dirigirle la mirada, Luna aprovechó y en un movimiento limpio empuñó su varita e hizo desaparecer la bata de la leona, que no la hallaba por ningún lado a pesar de buscar como desquiciada con la vista, la pelirroja mayor bufó y se puso de pie.

–Bien, iré, pero Ginevra, no se te ocurra volver a mencionar algo así, porque no quiero ni tener que imaginar cosas tan horribles…- dijo orgullosamente para salir casi huyendo de la habitación, y sin bata, al fin y al cabo.


Pfff... Como decimos en mi carrera, ya estoy cero voltios, pase a zona de corte =_=zZ Es decir, que ya me fundí... Espero les guste, la verdad este pequeño proceso era necesario para el cap que viene, solo les adelanto algo, las que odien a Pansy (hablo de la de este fic en especial, que conste), pues van a gozar con el cap que viene 3:)

Hasta Lueguito! ;3