Lo sé, lo sé, me he tardado un montón, por eso no voy a excusarme, siento que si lo hago solo voy a fastidiarlos u_u

La buena noticia (para mi, claro, porque sé que ustedes lo que quieren es que actualice más rápido :P) es que ya estoy terminando este semestre ¡En dos semanas más comienzo mi 8vo semestre, para enero estará inscribiendo pasantías y ya en diciembre oficialmente seré una profesional! ¡Oh es muy emocionante saber que finalmente mis trasnochos y días de casi llegar al borde del llanto por el estrés rendirán frutos! :'D

Pero bueno, mejor no me extiendo, no quiero aburrirlos :$ Este cap va con cariño y ganitas de vengarme un poquito de esta Pansy (ojo, de la de este fic, porque Pansy me parece en realidad un personaje muy interesante :P) y además, ya es hora de poner a una Herms más decidida a reclamar lo suyo *-* Muajajajaja :)

Disclaimer: Todo lo reconocible del mundo Potteriano es propiedad de J.K. Rowling! :)

Ahora sin más ¡A leer! :D


Chapter 24: El territorio de una leona.

Cerró la puerta con algo más de dureza de la que había deseado y encendió la luz de su varita con un 'lumos' no verbal, encontrando un panorama que no se esperaba, Malfoy, dormido en el sofá con un libro sobre el regazo. Vio el bolso de Astoria a los pies del mueble en que el rubio reposaba, tirado de cualquier manera en el piso, caminó hasta allí y lo tomó, el sonido de un objeto al chocar contra el pétreo suelo de estrépito la hizo respingar, vio rápidamente en dirección del Slytherin, se había movido dormido dejando caer su libro, volvió a respirar con tranquilidad al asegurarse de que solo había sido eso, tomó el objeto que le interesaba y se detuvo frente al chico, frunciendo el ceño extrañada al notar el brillo de diminutas gotas en la frente del muchacho.

¿Por qué el Slytherin estaba sudando si estaban a unos cómodos veintidós grados, veinticuatro como máximo? Es decir, era una temperatura confortable, no tenía sentido, llevó su mano lentamente a la frente del rey de las serpientes y rápidamente la apartó, como si le hubiera quemado, porque en realidad, casi lo hacía.

Hizo una floritura rápida para encender las luces de la sala, con otra levitó el cuerpo de Draco hasta su habitación, abrió la puerta que rezaba el nombre del chico y lo depositó en su cama, estaba acomodándolo entre las sábanas, cuando un fuerte tirón le hizo tensarse y tratar de resistirse a pesar de lo repentino de la situación, en estado de alerta. Lo siguiente que supo era que unos febriles ojos grises le miraban sin verla. Ella estaba ahora en la cama también, y el muchacho estaba sobre ella, en el proceso había dejado caer la varita y el bolso de Astoria, estaba algo conmocionada todavía pero comenzaba a enojarse profundamente con el rubio, tantas cosas que le habían pasado le habían dejado secuelas, la imagen de Fenrir llegó a su mente y un escalofrío le recorrió, pero en menos de un segundo ello desapareció, después de todo, Draco no era como ese degenerado. Escuchó pasos, las chicas emitieron sendas exclamaciones de sorpresa, pero no hicieron nada para ayudarla a salir de su embrollo.

–Lo siento, no queríamos interrumpir- se disculpó Luna y las demás solo asintieron aunque ella no pudo ver sus gestos, iba a pedirles que no se fueran pero sus labios fueron atrapados por los ardientes de Draco, que evidentemente era dominado por la fiebre. Las chicas se marcharon al no escuchar réplicas de la castaña más que sonidos de protesta que se quedaban ahogados en la boca de él, entre risitas y un inocente júbilo de saber que quizá el plan sí tuviera esperanzas de avanzar rápidamente, pero también sabiendo que seguramente ella se enojaría con ellas y que a pesar de todo, valía la pena.

Trataba de liberarse del agarre posesivo de él, que la sujetaba de las muñecas mientras sus manos eran inmovilizadas a cada lado de su cabeza, y sus labios eran dominados con exigencia y cierto salvajismo mezclado con una necesidad que no lograba realmente comprender, abrió la boca para quejarse en cuanto sintió una feroz mordida en el labio inferior, pero la lengua del rubio le jugó una mala pasada, invadiendo su boca profundamente, y pronto la tramposa actitud, pasó a ser una incitante broma, y progresivamente un acto correspondido.

Cuando momentos después se separaron y se miraron a los ojos, Hermione decidió que debía salir de allí, pero pareció que el chico le leyó los pensamientos, porque la sujetó con más firmeza, movió las manos de ella hasta acomodarlas contra el pecho femenino, y en un rápido movimiento, se echó casi por completo encima del cuerpo de la leona, aprisionándola con su peso, ella quiso gritarle, por Merlín que sí, pero cuanto volteó a verle a cara, con la tenue luz que se filtraba a través de la ventana, pudo notar el semblante triste y derrotado del Slytherin, sus ojos escarchados, entonces él escondió el rostro en el cuello de ella, temblando muy sutilmente, cosa que Hermione no pudo notar hasta ese momento, sintiéndose desfallecer en cuanto la envolvió posesivamente entre sus brazos, no podía enojarse con un Draco Malfoy voluble y vulnerable, tampoco podía ignorar que aunque lo detestara se sentía bien estar allí.

En momentos así, apreciaba el carácter frío e impenetrable del chico.

–No quiero estar solo…- musitó con tono agonizante, sintió algo cálido y húmedo deslizarse por su cuello, cualquiera habría pensado en primera instancia que era quizá una lagrima seguida de otras más, pero ella no, supo enseguida, justamente en pos de su experiencia anterior, que él estaba tomando posesión de su cuello con ahínco, lenta y tortuosamente, contuvo un gemido e hizo fuerza, decidida a liberarse.

Para cuando pudo zafar sus brazos del rubio, sus pensamientos fueron otros. Sus manos se fueron como por voluntad propia a los cabellos del chico y movió su cuello de manera que le permitiera alcanzar mejor esa zona sensible que él intentaba hallar con sus labios, sus dientes y su lengua; se permitió disfrutar en secreto, con la oscuridad como testigo, ya después le explicaría a las demás, ese momento era solo para sí misma y deseaba disfrutarlo aunque fuera cortamente.

Finalmente se detuvo y ella se halló luchando consigo misma por no dejarse envolver en aquellas sensaciones suaves y cálidas que luchaban contra su consciencia, hasta que toda idea desapareció al notar que él se había quedado dormido, no supo si molestarse o no, pero al sentirlo acurrucarse más contra su cuerpo, simplemente decidió que no podía enfadarse con alguien enfermo, así que se dispuso a marcharse, pero no pudo. El muy desconsiderado se había quedado dormido, pero no había aflojado ni un poquito el agarre. Forcejeó, forcejeó, forcejeó… Y nada, lo único que consiguió fue gastar las energías que le quedaban y que sin razón aparente, Morfeo la conquistara antes de que pudiera preverlo.

Skuld sonrió desde la oscuridad de la sala común de sus tórtolos, al otro lado de la puerta que la separaba de la habitación de Draco, mientras en sus manos sostenía una brillante hebra de oro que con un soplido se alzaba en el aire atrayendo desde el otro lado de la gruesa madera, otras dos más idénticas.

–Buenas noches…- murmuró con voz queda mientras enroscaba las tres hebras en su muñeca derecha y desaparecía con una sonrisa de satisfacción en el rostro.


El sol daba contra sus párpados cerrados, era una sincera molestia, arrugaba sus facciones con fastidio, todavía medio dormida, se sintió enojada, había olvidado correr las estúpidas cortinas del dosel, trató de moverse para evitar la luz, trató, trató… No pudo, abrió un poco los ojos, podía ver un manchón brillante de algo platinado y otro poco de gris, parpadeó unas cuantas veces, aun confusa, hasta que el amasijo de formas borrosas se tornó una figura nítida, de un joven, acomodado y acurrucado, abrazado a su cuerpo de manera posesiva, abrió los ojos alarmada, contuvo el impulso de levantarse de golpe. No serviría de nada, se recordó, respiró profundamente para disminuir su agitación, ese no era momento de ponerse dramática. Comenzó a deslizarse trabajosamente para salir de esa cárcel que le resultaban los brazos de Draco en aquellos momentos, casi cayó de la cama al lograrlo, cuando finalmente estuvo de pie, pudo notar lo sudoroso y pálido que se veía, tocó ligeramente la frente del rubio, parecía que la fiebre había cedido y vuelto al ataque, pero un escalofrío recorriendo su columna vertebral, fue lo que la hizo sentir entre indignada y molesta.

–"Condenado hurón del infierno…"- pensó, llevó su mano a su propio cuello para confirmar sus sospechas, joder, también debía tener fiebre; la dejó caer con cierta derrota interna, se sentía un tanto estúpida por no pensar antes en que podría contagiarse, pero no iba a ponerse a llorar sobre la leche derramada, se fue de inmediato a su habitación.

–Buenos días niña Hermione- la voz del Skuld rompió el silencio de la habitación en cuanto puso un pie en ella, la leona volteó a verla y esta le sonrió con entendimiento, por lo que ella frunció el ceño ante aquel gesto, nada feliz con el hecho de haber cogido gripe también.

–Buenos días- contestó entre dientes, mayor fue su sorpresa al hallar sentada en su cama a Maribel, sonriente.

– ¿Mari…?- la azabache negó-Verdandi…- afirmó, ella asintió.

–Recuerda que todos, a excepción de ti y tus amigas, pensarán que soy Maribel hasta tanto me marche... Vine porque quería saber qué había sucedido, obviamente Draco no estaba bien y tú jamás permitirías que te tocara para luego no recordarlo- afirmó, las mejillas de Hermione se tornaron un poco rojas, pero aun así no contestó.

–Solo quería pedirte que no expliques nada a las niñas…- la leona alzó una ceja inquisidoramente –Ellas han adquirido renovadas esperanzas por lo que han visto ayer, contarles que todo ha sido un malentendido solo las haría empequeñecerse en sus fueros y las necesitamos bien dispuestas- se explicó con gentileza y orgullo.

Hermione sonrió de lado comprendiendo de inmediato, repentinamente se sentía mejor, mucho mejor, pero de ánimos, porque su cuerpo comenzaba a padecer de malestar general.

–Supongo que tienes razón- musitó dejándose llevar por la tranquilidad que ahora la embargaba y se movió a buscar una toalla y la ropa que iba a ponerse sin dejar de sospechar que quizá su calma se debía a la presencia de ambas Nornas.

Verdandi se colocó de pie y caminó hacia el cuadro, donde Skuld esperaba en silencio.

–Te veré luego… Mantente unida a tus amigas, ellas te ayudarán mucho- dijo, la leona se dispuso a salir de la habitación –Y Hermione…- le retuvo en el umbral al llamarla.

–Pase lo que pase… Draco y tú están hechos el uno para el otro, así que no temas reclamar lo que te pertenece- dijo con tono espectral mientras entraba al cuadro, para desaparecer en la ventisca junto con la dama de ojos amatista.


Caminaba con paso seguro y apresurado, el ceño medio fruncido por el esfuerzo de desplazarse en ese estado de pesadumbre que el malestar le provocaba.

–Hermione espera…- le llamaron, ella sabía de quien era aquella voz, sin embargo, conscientemente siguió su camino al tiempo que hacía una seña indicándole que la siguiera.

–Harry necesito ir a la enfermería, debo pedir a Madame Pomfrey algo de su poción para la gripe- explicó con premura, su voz nasal por la congestión, él la miró comprensivo pero consternado.

–Y Ron y yo necesitamos que nos cuentes qué está sucediendo- le increpó el moreno, ella se detuvo en seco y Harry lo hizo apenas notarlo, para luego encararla.

–Sucede que…- dijo, inspiró hondo para infundirse valor, aun no podía creérselo, mucho menos afirmarlo ante otros, pero tendría que hacerlo.

–Malfoy es la persona elegida para mí, así que debo comprometerme con él e impedir lo que aparentemente Parkinson quiere lograr, o ambos moriremos, pero creo que ya todo el mundo se ha dado cuenta de que él y yo estamos juntos, aunque no sepan de qué manera o porqué… Ha sido por ello que nos han mandado a cambiarnos de torre, Harry, McGonagall está tratando de hacer que estemos juntos el mayor tiempo posible porque teme que otro accidente como el de hace unos días atrás acabe con nosotros- explicó con cierto remordimiento, no podía contar nada más.

–Sé que él es el elegido para ti, todos lo saben Mione, quedó claro con ese incidente, pero lo que quiero saber es ¿Qué es lo que está pasando con ustedes, contigo? ¿Cómo te sientes tú, qué sientes tú?- inquirió con sincera preocupación, siempre habían estado juntos pasando por muchas cosas, ahora aparentemente esto debía pasarlo ella sola, al lado de alguien a quien si bien ella no odiaba, tampoco amaba. O eso deseaba pensar.

–Yo…- balbuceó sus ojos se escarcharon pero se contuvo, le miró con el mentón en alto –Estoy tratando de ajustarme a lo que ocurre y eso incluye… Acostumbrarme a estar con Mal-Draco…- aseguró, corrigiéndose en el proceso, debía aprender a ganar un trato más intimo con el rubio o no funcionaría el plan, debía, y por Cirse que lo haría, por su vida y la de él que sí.

–Está bien- aceptó meramente el azabache, luego de unos segundos de brutal silencio, Hermione le miró con extrañeza y él le sonrió, con toda naturalidad, decidido a apoyarla en esa nueva aventura, locura o lo que fuera.

–No me mires así, sabes que te quiero, eres mi hermana y… Si es necesario casarte con una serpiente para verte el resto de mis días, y que seas la madrina de mis hijos… Seguro valdrá la pena, además… Siempre puedo apalear al hurón si te hace algo malo- dijo con el mayor afecto del que fue capaz, sonrió, con más alegría, aunque por dentro no sabía exactamente qué sentir, ni tampoco como más ayudarla, por el momento, aquello era lo único que podía hacer, ella a pesar de todo le sonrió de vuelta, sinceramente conmovida.

–Gracias Harry…- espetó antes de fundirse en un abrazo con su mejor amigo, su hermano y sintió que lo estaba traicionando al no poder contarle nada sobre ningún plan, o sobre la maldición o sobre Skuld y Verdandi, pero debía ser fuerte, orgullosa y valiente, debía seguir siendo una guerrera, aunque esta vez de otro tipo.

Debía ser más poderosa y digna, aprender a ser seductora y coqueta, amorosa y misteriosa, la mujer que deseaba ser y no solo una colegiala ansiosa que un simple apellido la engalanase a ella. Lo haría, no permitiría que una bruja loca de la antigüedad la asesinara, ni que una maldición la consumiera, no, viviría y de paso haría vivir a Draco, lo haría por el bien de ambos. Y definitivamente lo haría con la frente bien en alto.

Para cuando rompieron el abrazo algunos alumnos le miraban un poco consternados, como siempre, pensando que ese par tenía algún tipo de relación más allá de lo prescrito en la definición de 'amistad', sin embargo, ambos leones continuaron caminando rumbo a la enfermería en un extraño pero cómodo silencio, con Hermione prendada del brazo del niño-que-vivió-y-derrotó-al-que-no-debe-ser-nombrado.


– ¿Ginny…?- cuestionaron Hermione y Harry al hallarla en la enfermería, al lado de una camilla en que un chico de piel oscura reposaba inconsciente, las mejillas de la pelirroja se tornaron tan rojas como su pelo.

–H-Harry… Hermione…- balbuceó apenas, los chicos se acercaron a la menor de los Weasley con idénticas expresiones de desconcierto, cuando estaban a punto de llegar, hizo aparición Madame Pomfrey.

–Señor Potter, señorita Granger ¿A qué se deben sus presencias en mi enfermería?- inquirió con aquel particular tono suyo anti-perturbaciones-a-la-santa-paz-de-su-bella-sala-para-niños-enfermos.

–Es que necesito poción para el resfriado, Madame Pomfrey- dijo de inmediato Hermione con tono falsamente afectado, más teatralizado y dolido, que le hacía ver mucho más enferma, ingenuamente el rostro de la enfermera mudó rápidamente su expresión severa a una maternal ¿Cómo imaginar que la chiquilla del trio de oro estaba fingiendo sentirse peor de lo que realmente estaba? Con una excusa como esa, era perfectamente entendible.

–Oh, pero por supuesto, iré a buscarlo, no creo que necesite quedarse así que lo traeré para que lo tome y vaya a clases- dijo de inmediato, sabiendo lo apegada que era la muchacha a sus estudios.

–Oh, señorita Pomfrey- le atajó con voz suave –Es que necesito el doble de poción- pidió con cierta vergüenza, la regordeta mujer le miró expectante.

–M-Draco… También está enfermo…- explicó por lo bajo, realmente apenada por las ideas que pudiera estar dándole a la enfermera y a sus amigos, pero no quiso aclarar nada, le pareció adecuado comenzar a marcar ciertos indicios de algún tipo de cercanía entre ellos, no tanto porque realmente existiera una relación, sino porque sentía que era una buena forma de hacer que los demás fueran internalizando la idea de que ellos dos estuvieran juntos.

Poppy solo asintió un poco consternada y continuó su camino con más prisa.

– ¿Él también…?- escuchó Hermione como Harry le preguntaba con cierto reproche y suspicacia, ella le encaró esforzándose por mirarle a la cara.

–Sí… Anoche… Discutimos un poco y luego me quedé con él un rato, para asegurarme de que le bajara la fiebre, supongo que me he contagiado- trató de mentir, y aunque vio en los ojos de su mejor amigo que este había podido darse cuenta de ello, el azabache no dijo nada y ella se sintió infinitamente agradecida, por lo que pasó al siguiente punto.

–Ginny ¿Qué haces aquí…? Y con Zabini- inquirió la leona mayor volteándose a mirarla rápidamente, la mini-Weasley le devolvió una mirada entre furiosa y apenada. Harry solo observaba, era el turno de Hermione de hacer que la pelirroja hablara, al menos así podría fingir que no estaba y podría enterarse sin insistir demasiado.

–Yo… Bueno, es que…- trataba de explicarse gesticulando, pero no podía, cogió aire y se dispuso a relatar apoyándose en su enojo.

–Iba de camino a la biblioteca- comenzó su discurso –Cuando me topé con Astoria, ambas comenzamos a hablar y me distraje con el tema de conversación- hizo un rápido gesto dándole a entender que hablaba de la misión, la leona mayor asintió comprendiendo. Harry se percató de que hablaban en clave, y un poco incómodo por ser excluido, prefirió quedarse callado, dispuesto a conformarse con lo poco que pudiera captar. Últimamente sus amigas parecían tener debilidad por el misterio.

–Entonces nos topamos con Parkinson, ella estaba acompañada de Zabini- dijo con cierto retintín en su voz que Hermione no pudo obviar, sonaba molesta por la imagen que seguramente llegaba a su mente al recordar al moreno y la víbora ponzoñosa juntos, un click atrapó sus pensamientos momentáneamente, oh Merlín, eso no podía ser ¿O sí?

–Ella comenzó a insultarnos- espetó sacándola de su ensoñación, Harry frunció un poco el ceño.

–Zabini se apartó de Pansy por eso, lo cual me sorprendió porque pensé que se burlaría también, pero eso es lo de menos… La cosa es que después de eso, no volví a ver a ninguno de ellos, cada quien siguió su camino, yo me quedé con Astoria otro rato más y cuando nos separamos… Continué caminando, quería ir a casa de Hagrid un rato, me pareció ver algo raro cerca de las lindes del bosque prohibido y fui a averiguar… Zabini estaba allí y a su alrededor se veían restos de una batalla… No se me ocurrió otra cosa que traerlo, así que eso hice…- contó con simplicidad pero una pequeña dosis de afectación que Harry asumió como shock y la leona definió como emotividad.

–Lo más tétrico fue hallar otra vez a esa zorra- dijo obviando la expresión de sorpresa de Harry al escucharla hablar así – ¡Lo admitió! ¡Admitió frente a mí que había sido ella, pero no tengo testigos para probarlo!- afirmó con furia e indignación brillando en sus pupilas, claro contraste con la tonalidad rojiza que adornaba sus mejillas y opacaba sus pecas.

Entonces, solo entonces, Hermione tuvo un mal presentimiento y Pomfrey regresó con los dos frascos, sin embargo, no eran la misma poción, pero la leona no estaba dispuesta a averiguar nada sobre los 'medicamentos', ya luego podría hacerlo, se despidió con disculpas y haciendo teatro sobre su malestar, escuchando apenas cual poción era para cada cual por parte de la enfermera y caminó a prisa hacia su nueva torre.

La leona avanzaba más a prisa a cada momento, hasta casi correr, viendo cada tanto el anillo que reposaba en su anular, comenzando a alarmarse a cada paso, la gema empezaba a hacerse verde manzana y poco a poco se veteaba de pintas amarillas y azules eléctricas, mientras el metal precioso comenzaba a calentar y su mano a escocer.


Caminó rauda por los pasillos, confiada en lo que haría, aquello no podía fallar, si no podía enamorar a Draco, tendría que aplicar medidas más drásticas, aunque ello implicara sucios artefactos muggles. Sus pies se movían uno delante del otro con prisa y su ceño fruncido no dejaba dudas de que no quería ser molestada, por un momento pensó en Blaise. Ya luego se vengaría adecuadamente de ese charlatán por defender a esa panda de malditas amantes de los sangre-sucias ¿Cómo se atrevía a desafiarla? Había sido una suerte que su ataque le tomara por sorpresa, pero ello no bastaba, le daría un escarmiento ejemplar.

Se detuvo al llegar al sitio que le interesaba, frente a ella, un enorme cuadro se alzaba desde el piso hasta alcanzar casi dos metros y medio de altura, del paisaje invernal se distinguían apenas unas cuantas figuras difusas, entre ellas, una que cada segundo se hacía más grande; de forma alarmante, podían escucharse pasos a trote, amortiguados por la nieve, pronto una amazona en su corcel miraba a la chica desde toda la altura de su imponente pose.

–Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío- recitó con premura, sin saludos, sin cortesías, para luego apearse de su bestia; la chica acomodó su cabello con soberbia al tiempo que sonreía de lado malignamente.

–Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- contestó con arrogancia, por supuesto que sospechaba de la actitud de esa mujer, no podía ser normal que no tratara de impedirle el paso, sin embargo, su situación era lo suficientemente precaria y desesperada.

Dejó de pensar en ello en cuanto el cuadro abrió el paso para ella. Era perfecto. Se adentró apresuradamente, como temiendo que la amazona declinara su voluntad y ocultara de nuevo la entrada a la torre; apenas puso un pie en esta, pudo sentir el calor recorrer su cuerpo, la chimenea encendida crepitaba de una forma tan armoniosa que la calma que se respiraba en el lugar era simplemente dulce y acogedora, hizo un gesto de asco a ante ello. Demasiado cursi para su gusto. Revoleó los ojos al notar el olor almizclado en el aire, qué basura de truco, o querían darle a entender que entre ellos había asado algo, o había sucedido de verdad, y si era así, tenía que tomar cartas en el asunto urgentemente.

Avanzó hasta llegar lo suficientemente cerca de las tres puertas del fondo de la estancia, distinguió lo que rezaban las dos a los costados y ubicó la que le interesaba, la placa plateada que grabado tenía el nombre de Draco M. parecía invitarla a pasar, la puerta estaba entreabierta, casi se abalanzó a esta en dos zancadas. Abrió con cuidado, allí estaba él, dormido, se veía pálido, más de lo común, sudoroso y desaliñado, sin dudas debía estar enfermo, pero no importaba, debía aprovechar ese momento.

Se acercó al convaleciente Slytherin que aun dormitaba, le movió con todo el cuidado del que fue capaz hasta conseguir juntar sus manos, las mantuvo juntas con una de las suyas mientras que con la otra buscaba su varita.

–'Incarcerous'- susurró con premura. Rápidamente las muñecas de Draco se vieron atadas entre ellas y a su vez a la cabecera de la cama, el movimiento fue en sí algo tan brusco, que alcanzó a despertarlo.

El rubio parpadeó varias veces, rumeando maldiciones por las molestias que aquella posición le causaba, no fue hasta que trató de moverse y no pudo, que espabiló por completo, abriendo los ojos de par en par en estado de alerta a pesar del dolor de cabeza que comenzaba a aquejarlo.

– ¿Pero qué…? ¡Parkinson! ¿Qué carajo es esto? ¡Desátame y lárgate de aquí ahora mismo!- exigió a voz de grito con tono ronco y clara expresión de consternación e ira, ella le sonrió de vuelta.

–Oh pero por supuesto Drake…- dijo, el rubio frunció más aun el ceño de lo que ya lo tenía –En cuanto termine lo que he venido a hacer aquí…- completó con sorna.

La imagen de Kenina apareciendo de la nada y abalanzándosele, no le tomó por sorpresa esta vez, la esquivó y de su túnica, para terror de Draco que comenzaba a aliviarse al ver a su mascota, sacó lo que parecía una pequeña esfera de cristal violeta, que inmediatamente la chica arrojó contra la bestia. La esfera comenzó a corretear a la quiper que planeaba por la habitación entre chillidos en su forma de ardilla voladora, hasta dar con ella y atraparla allí, para después caer al suelo, inerte. Ambos Slytherins observaron aquello, una con placer, el otro con desesperación y pavor, el rubio miró a Pansy de vuelta, entre alarmado, asustado e iracundo.

– ¡¿Qué le hiciste Parkinson?! ¡¿Qué mierda le hiciste?!- gritó a todo pulmón mientras se retorcía tratando de liberarse, la azabache sonrió con gozo y un extraño brillo neurótico en sus ojos, se acercó a la cama, esquivando las furiosas patadas de Draco y como pudo se subió a horcajadas sobre él hasta estar sentada sobre sus caderas, de haber conocido algo sobre muggles, le habría comparado con un toro mecánico en aquellos momentos.

–Tranquilo cariño, no va a pasarle nada a tu sucia mascotita, estará bien, solo me aseguré de que no interrumpiera nada de lo que va a suceder aquí dentro- dijo de forma pícara, el rubio mostró su desconcierto en un leve gesto de pedantería y asco, mientras en sus ojos glaciales brillaban el enojo y la indignación.

Por alguna razón que no tenía nada que ver con que fuera Pansy, a la cual detestaba, quien estuviera sentada sobre él, sentía verdadera repulsión, no podía ni imaginarse algo peor en ese momento, se sentía sucio, como si estuviera haciendo algo malo, era extraño, nunca se había sentido así, y se revolvía allí amarrado como estaba, tratando de zafarse y quitársela de encima con una desesperación que jamás habría creído posible en alguien que tratara de alejar a otra persona, mucho menos tratándose de él alejando a una mujer, pero de algo estaba seguro, eso era nuevo, un evidente efecto por parte de la maldición mezclado con la propia antipatía que sentía por la joven bruja que lo estaba acosando. Un doloroso pinchazo en su antebrazo izquierdo le hizo volver en sí mismo, volteó rápidamente y se quedó helado con lo que vio, esa cosa era un artefacto muggle, y sin duda, Pansy estaba colocando algo en sus venas con la ayuda de la aguja que ese extraño objeto poseía.

– ¿Te gusta?- inquirió, Draco volteó a verla, mientras ella retiraba la aguja de su alabastrina piel, dejando un muy pequeño surco allí donde había perforado. La sonrisa de Pansy de amplió escalofriantemente.

–Los muggles las usan para inyectar medicinas a los enfermos… Yo he hecho algo parecido contigo, Draco, porque debes estarlo si enserio planeas quedarte con esa bastarda sangre-sucia, por eso voy a salvarte de ella y a hacernos un favor a ambos- explicó con la demencia bailando en sus ojos y un tono cantarín como de quien le hablaba a un niño. El rubio frunció el ceño.

– ¿Qué me diste?- inquirió con furia, no recibió respuesta – ¡¿Qué me inyectaste? Maldita sea!- insistió volviendo a batirse incómodo, ella solo aguardó unos segundos. El cuerpo del Slytherin comenzó a sentirse extraño ¿Estaba haciendo calor o eran ideas suyas?

– ¿Sabes? Los muggles son unos ineptos, pero tienen cosas interesantes- aseguró traviesamente.

–Cosas como las que acabo de darte por ejemplo- dijo con desfachatez. Draco dejó salir un gruñido desde el fondo de su garganta, en parte por la rabia, en parte por aquella sensación extraña que comenzaba a invadirlo, pero aquella expresión mutó a un gemido ahogado cuando Pansy se movió de forma sinuosa frotándose contra las caderas del rubio. Ella rio con júbilo ante su reacción.

– ¿Ves? Esos sin magia saben lo que hacen, han aprendido a crear sustancias que ayudan al cuerpo a… Desinhibirse- dijo mientras lentamente acercaba sus labios a los de Draco.

Con el mero roce, el cuerpo del rubio se sintió tenso debajo del suyo y pensó que realmente estaba ganando terreno, esos tales 'afodiacos' o como fuere que se llamaran, estaban surtiendo efecto, a juzgar por como cierta parte privada de la anatomía del Slytherin comenzaba a despertar velozmente con un rítmico golpeteo contra su zona íntima. Soltó un chillido lleno de dolor y apartó su boca de la de él en cuanto la punzada de una violenta mordida la tomó por sorpresa.

– ¿Pero qué haces?- exclamó con la más pura expresión de alarma y desconcierto al tiempo en que le miraba con indignación y verdadera sorpresa.

–No vuelvas a besarme, nunca en tu vida Parkinson- le amenazó con un asco y una furia tales, que por un momento, Draco pudo obviar la estruendosa necesidad que comenzaba a sentir su cuerpo por desahogar sus instintos más bajos. La azabache frunció el ceño y luego sonrió malignamente.

–Si tú lo dices…- concedió, para luego con un rápido movimiento colocar sus manos sobre la camisa del pijama y tirar salvajemente de la tela hasta hacer saltar los botones por doquier en un acto que solo podía ser dominado por el demonio de la lujuria.

Draco le miró con consternación en su más puro estado brotando de sus ojos, a pesar de que sus facciones solo lucían tensas y una ceja se alzaba inquisidora como única seña del pánico que comenzaba por alguna razón a estremecer sus fibras, mientras, en su mente solo podía evocar el nombre de cierta leona, una y otra vez y rogar por ser salvado.


Continuaba su camino a la nueva torre serpiente-león en que se veía obligada a hacer vida con Draco, mientras bebía de la poción para la gripe, dejó el frasco vacío en el bolso hechizado que llevaba consigo, y del cual nunca se separaba luego de que terminara la guerra, lo guardó en el bolsillo de su túnica mientras culminaba su carrerilla hasta el cuadro. Skuld estaba allí esperándola, ya apeada de su bestia, aquello no le dio en absoluto buena espina.

–Niña Hermione…- dijo al tiempo que la saludaba con un ligero asentimiento –Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío- recitó con elocuencia, la leona le miró analíticamente.

–Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- replicó apresuradamente.

Skuld le miró como queriendo decir algo, pero no hubo palabra alguna, el cuadro se apartó para ella y sin más ingresó al recinto, ya habría momento para pensar, se dirigió a la entrada de la habitación de Draco, se detuvo en seco al escuchar una risilla femenina seguida de un gemido ahogado que no parecía para nada de dolor, mucho menos aparentaba algún tipo de remordimiento, dio dos pasos más, con lentitud, más sonidos impudorosos resonaban en la habitación y escapaban al exterior, abrió la puerta temiendo lo que encontraría, y aquello fue peor de lo que habría podido imaginar que llegaría a ver jamás:

Draco, en la cama, con Pansy. Ella sobre él, semidesnuda, besando con salvajismo el torso del rubio, mientras este aparentemente solo se dejaba hacer al tiempo que apartaba el rostro. La chica Slytherin escuchó el sonido de la puerta, pero no dejó su labor, demasiado afanada como para parar, temía que de hacerlo, todo fracasara.

El Slytherin pudo percibir un sonido lejano, una puerta al abrirse, pero sentía que ya no podía controlar su cuerpo y que los pensamientos escapaban. Un ligero olor a rosas, vainilla y manzanas invadió sus fosas nasales, la imagen de Hermione cruzó su mente con violencia, sentía que ella estaba cerca, podía olerla con solo tenerla a unos metros de distancia, qué decir de si se hallaban en la misma habitación, una nueva sensación recorriendo su cuerpo de forma salvaje y placentera se apoderó de él por un momento, haciéndole soltar otro gemido, abrió los ojos de par en par, su entrepierna dolía como mil demonios por la excitación, pero poco y nada le importó todo lo que Pansy estaba haciéndole cuando la vio allí parada, observando con una expresión adolorida y llena de ira, le miró con la lujuria mezclada con el remordimiento y una extraña petición de ser rescatado que parecía no encajar con la escena.

Para su fortuna la leona pareció notar aquello en el brillo de sus ojos.

–Oh vaya, muy bien Parkinson- dijo repentinamente, sus ojos parecían perder aquel tono ámbar dulzón y fiero para volverse amenazantes, hambrientos, refulgentes de ira, la mirada de una leona al acecho, una dispuesta a destrozar a cualquier hiena que se atreva a pisar su territorio.

Pansy se retiró momentáneamente para acomodarse y encarar a Hermione, sin dejar de permanecer sobre el rubio, pero no esperaba en absoluto, hallar en la expresión de la Gryffindor, una sonrisa llena de sorna y un indescriptible brillo lleno de poder y algo muy cercano al odio en sus ojos, que habían dejado de ser ámbares para pasar a ser de un dorado brillante y tétrico.

–Es halagador que quieras hacerle una despedida de soltero a Draco, querida, pero olvidaste un detalle…- desapareció su sonrisa –Para esa fiesta no se aceptan zorras…- dijo con un tono tan calmo que resultó más aterrador que si hubiera gritado.

Mientras, fuera de la torre, en su entrada, Skuld cabalgaba en el cuadro con una sonrisa en los labios, la leona definitivamente había despertado, de una forma brutal, a juzgar por lo que podía leer en los copos de nieve.

Hermione caminó con parsimonia hasta donde estaban ambos Slytherins, Pansy, a pesar de no ponerse de pie en ningún momento tendía a reclinar su espalda en un fútil intento de alejarse de la leona, la pelirroja acercó su mano libre rápidamente a su bolsillo y sacó la varita, sin darle tiempo de nada.

–'Levicorpus'- susurró con total serenidad, aunque el agarre de su varita era rígido y sus nudillos estaban bancos de la fuerza con que apretaba el mango. El cuerpo de Pansy flotó hasta quedar fuera de la cama de Draco pero sin alcanzar demasiada altura, poco más de un metro como mucho.

Al mismo tiempo, la serpiente se retorcía tratando de dejar de flotar y alcanzar su varita al mismo tiempo. Hermione se acercó a Draco y colocó el frasco con la poción que Poppy había enviado para él sobre su estómago.

–Sujeta esto un momento- demandó apenas dedicándole un poco de su atención, deshizo el hechizo de forma no verbal echándola al suelo y de inmediato conjuró con un accio el arma de Pansy.

–Creo que hoy no es tu día Parkinson- dijo con un tono profundo y amenazante, parecía que Hermione había aprendido algo muy importante de Draco, ese tono suave y paralizador del que tanto hacía uso al estar enojado.

La azabache se sentía acorralada, sin arma no podía atacar, mucho menos defenderse ¿Qué hacer? Le sorprendió ver como Granger guardaba su varita también, soltó un respingo aterrado cuando la leona se le acercó con pasos decididos y marcados, con aplomo, ante los atónitos ojos de un sorprendido y a su vez, admirado Draco. Lo siguiente que sintió fue como su cuello dolía y quemaba por los violentos tirones a los que era sometida su camisa. Se vio obligada a ponerse de pie buscando instintivamente una posición en que no sintiera tanto dolor.

Ira, era una palabra decididamente muy corta para lo que bullía en su interior en aquellos momentos, la odiaba, la odiaba y odiaba a Draco, pero también se odiaba a sí misma. Tiró más fuerte aún del cuello de la camisa y túnica de Pansy, obligándola a alzar el rostro y contorsionar su espalda, de tal forma que pudiera mirarla hacia abajo, como si la zorra de Slytherin fuera un ser inferior, que a su parecer si lo era.

Poco le importaban los quejidos de esta, en ese momento ni siquiera podía escucharlos. No resistió el impulso de abofetearla con toda la fuerza que su incómoda posición con respecto a la azabache le permitiera, el golpe resonó y rebotó en las paredes con estruendo y una carga increíble y escalofriante de un algo oscuro imposible de definir.

Reafirmó el agarre pero esta vez de la parte trasera del cuello del uniforme de la serpiente, halando mechones de cabello sin darse cuenta. La arrastró así mismo, de vez en cuando evitando los intentos de golpe y escape de parte de su cautiva, otras haciéndola trastabillar accidentalmente, pero siempre conteniéndose de darle una paliza que se merecía, porque no quería caer en su mismo terreno, no se portaría como una loca que apaleaba sin más a una cualquiera, porque simplemente era una leona, la reina de la selva, y no iba a conformarse con actuar como menos.

Para cuando el retrato se abrió, dejando el hermoso marco tallado del umbral de la entrada a su nueva sala común al descubierto, ya Parkinson parecía no poder pelear más, la empujó tan fuerte como pudo a las afueras del perennemente solitario pasillo, el aterrizaje de la serpiente sonó como un fardo cayendo al suelo, pero lo ignoró, en otro momento podría reír por ello o lamentarse por la violencia innecesaria, lo que le saliera hacer primero. Volvió a sacar su varita y la amenazó con ella para evitar que se moviera, salió y encaró a Skuld.

–Nunca, jamás, vuelvas a permitirle entrar, ni a ella, ni a cualquier otra zorra que si quiera sea capaz de atreverse a imaginar que puede poner sus sucias manos sobre lo que me pertenece- exigió dominada por su ira, al carajo las Nornas, Dagda y lo que fuera, ella no iba a dejar que siguieran haciendo las cosas como les pareciera.

Skuld asintió con una sonrisa en los labios, más que ofendida, complacida, finalmente había logrado romper el encantamiento de Hela, el espíritu de la leona había abandonado su letargo en gran parte, eso ya era un avance. Solo faltaba despertarla por completo.

–Y tú…- dijo volviendo su atención a Pansy, que le miraba como si entendiera lo que pasaba por la mente de la dama del cuadro, como con ira. Medio impresionada, medio pensativa.

–Búscate una muerte natural, Parkinson…- le amenazó con rudeza.

La Slytherin pudo ver cierta actitud de Draco en ella, carajo, había caído redondita en una trampa, tendría que haberlo supuesto. El sonido del cuadro cerrándose y el bajo de la túnica de Hermione desapareciendo tras este, le hizo notar que ahora se hallaba sola, y no solo eso, estaba sin camisa, corbata, ni brasier, y peor aun, había fallado. Notó que su varita yacía a su lado en el suelo, transfiguró uno de sus aretes en la ropa interior faltante y el otro en una camisa, se colocó ambas prendas y se marchó de allí echando chispas.


Cuando la vio entrar de nuevo en la habitación, se sintió primero aliviado, pero al distinguir su ceño fruncido y sus ojos brillantes de furia, supo que estaba en problemas.

–'Finite incantatem'- le escuchó murmurar apenas, las sogas le liberaron y no pudo evitar dejar salir un suspiro de alivio, se sentó de apoco, con cuidado, atajando el frasco con poción que Hermione había distraídamente colocado sobre su estómago, sin apartar la mirada de ella. Esperó a que hablara.

–Granger, yo…- trató de romper el silencio al notar que ella no deseaba hacerlo, pero el gesto de la leona le calló sin piedad.

–Ahórratelo- espetó bruscamente –No me importa con quién te acuestes siempre y cuando nos sea esa zorra ¡Trató de matarme y hace poco casi nos mata a ambos! ¡Por Morgana, Malfoy!- le reclamó con coraje y exasperación, se sumieron en un silencio tenso por unos segundos más.

–Puedes hacerlo con quien quieras, siempre que no sea Parkinson, y donde sea mientras no sea en esta torre- dijo con tono irritado, severo, pero más calmado, frunció el ceño al terminar su frase, clara muestra de que no aceptaría negativas.

–Al menos respeta eso ¿Quieres? No te cuesta nada- musitó, algo dentro de ella se sentía henchido de forma dolorosa, pero poco le importaba, su orgullo era más importante en aquellos momentos. No iba a dejarle saber cuánto le había afectado lo que acababa de ver.

Draco frunció el ceño también, adolorido por la dura erección que azotaba a su ropa interior. Irritado por la estupidez de Hermione al pensar que había hecho algo de aquello voluntariamente, destapó el frasco y bebió sin decir nada, pero sin cortar el contacto visual, se puso de pié arrojando el objeto frágil contra una pared al otro lado de la habitación haciéndolo estallar en pedazos y se le acercó unos pasos, pero la leona no retrocedió, decidida a no dejarse amedrentar.

Él con total expresión de enojo y desvergüenza ante su propia semi-desnudez; la pelirroja, aunque no daba su brazo a torcer, no podía evitar notar la obvia protuberancia que provenía de la entrepierna del rubio, a pesar de que procuraba no mirarla.

–Esto no ha sido por voluntad propia, tu lo viste, estaba atado, Granger, inmovilizado, y eso ya de por sí es bastante malo- se dio vuelta y dio unos cuantos pasos hasta llegar a su mesita de noche y tomar su varita, para después deshacer el camino hecho.

–Y ni siquiera puedes imaginar lo horrible que se ha sentido que con una ajuga me inyectaran una sustancia de dudosa procedencia…- hizo una floritura rápida que desató la túnica de Hermione, esta frunció más el ceño dispuesta a reclamar, sin embargo fue atrapada en los brazos del rubio, por lo que forcejeó con él entre gruñidos y roces demasiado comprometedores para su gusto.

–Si sigues moviéndote así, Hermione… Te desvirgo aquí mismo- le susurró al oído con voz gutural, ronca por el deseo, ella dejó de moverse de inmediato, conteniéndose de gritar escandalizada y alzó la mirada altamente desafiante.

–Tú vas a soltarme, Malfoy, amenos que quieras morir antes de siquiera llegar con vida al baile de navidad- espetó por lo bajo, intentando separarse más de él, pero le era inútil.

–Si tantos deseos tienes de revolcarte con alguien, solo ve a buscarte a alguna idiota por ahí y deja de joderme la existencia- le rezongó entre los reanudados forcejeos.

Draco dejó de moverse y simplemente la apretó más contra sí mismo, hasta casi impedirle respirar, le hizo darse vuelta con brusquedad y caminar de espaldas hasta lograr tumbarse en la cama sobre ella. Allí la verdadera batalla entre golpes, batidas, intentos de patadas y demás, se desató con violencia, sin embargo, el rubio no respondía a los ataques, y dejaba que ella se agotara con esfuerzos infructuosos, hasta que finalmente pudo sujetarle las muñecas para inmovilizarla, en la medida de lo posible, porque ella todavía se le resistía fieramente. Oro y plata se encontraron, sus miradas se retaban mutuamente, pero el Slytherin parecía haber ganado algo, que definitivamente Hermione no estaba dispuesta a aceptar.

–Pero qué ternura, Hermione…- dijo con tono ronco y divertido a su vez, con picardía.

–No sabía que fueras una chica celosa… Ya sabía yo que lo de ser una leoncita no podía ser solo para formar parte del séquito de Potter- agregó con aquel mismo tono, la leona no supo que la había ofendido más, que se metiera con su amigo, o que hubiera insinuado una conducta celosa por su parte.

–No, Malfoy, te equivocas- contestó todavía tratando de liberarse para alcanzar su varita.

–No estoy celosa, solo no quiero que te revuelques con la maldita perra que ha tratado de matarme ¿Comprendes?- espetó con violencia.

Draco le miró sorprendido por su muestra de agresividad, se veía más amenazante que cuando lo había golpeado en tercero, y aunque sonara retorcido, ver su lado fiero le parecía increíblemente sexy, odiaba a las mujeres sin carácter. El rubio, para enfado de la pelirroja, sonrió de lado.

–No voy a revolcarme con ninguna maldita zorra, Hermione…- aseguró con simpleza, se pegó otro poco más a ella, aunque cuidaba no aplastarla bajo su peso, no quería enviudar antes de tiempo, ella se sonrojó un poco al sentir la dureza de cierta parte del rubio encajarse en su vientre.

–Sé bien que la odias- dijo tornándose serio, pero buscando el mayor contacto posible entre sus cuerpos, resistiendo el impulso de cumplir su amenaza anterior sobre arrebatar cierta pureza muy valiosa en ella –Y básicamente puede decirse que también yo lo hago, así que estamos de acuerdo en eso… Y sinceramente siento asco de solo pensar en tener algo que ver con ella- afirmó, y aquella venita egoísta y egocéntrica en la leona palpitó llena de euforia, comenzando a hincharse.

–Más te vale que así sea Malfoy, porque créeme que podrías ser castrado sin magia ni anestesia si llegas a tener algo que ver con ella… Con quien sea, Malfoy, menos con esa víbora, te lo digo enserio- dijo y volvió a insistir en ello al notar como el sonreía de lado otra vez. Se tensó cuando Draco acercó su rostro al de ella.

–Por supuesto Hermione, pero… Yo soy más posesivo que eso, lo admito, soy malditamente egoísta, y si llego a enterarme de que tienes algo con alguien más- su sonrisa cedió un poco, sus ojos se vetearon ligeramente de un azul-grisáceo que resaltaba en el fulgor de plata que despertaba en sus irises.

–Acabo con el bastardo que se atreva a tratar de retarme… Y tú… tendrás que olvidarte de poder hacer una vida en Gran Bretaña- completó en un susurró más oscuro y mortal que cualquier tipo de grito que hubiera podido proferir. Hermione vio en el brillo de aquellos ojos la misma bestialidad que había en los suyos, y no pudo más que sentirse extrañamente feliz con el trato, una parte de ella alegando que jamás sería posesión de nadie, otra que aceptaba sin reparos siempre y cuando lo que era suyo fuese respetado.

– ¿Y quién te ha dicho que puedes tratarme como si fuera un juguete?- le retó con obstinación, por el puro gusto de discutir, la necesidad de llevarle la contraria y entrar en un campo en que ninguno cediera, en vez de ese en que Draco le otorgaba así como así lo que quería, porque eso no le parecía suficiente.

Repentinamente pudo oler mejor el aroma de la piel del rubio mezclado con ese caro perfume que solía usar y que aparentemente no se desvanecía con nada, más una suave esencia almizclada que lo acompañaba, entonces supo que la cercanía de ambos en ese preciso sitio, era lo que los enloquecía, que Skuld y verdandi se encargaban de hacerlo así, de tal manera que resultara una tentación imposible de sortear, aquel bulto en su vientre le alarmó lo suficiente como para saber que tenía que salir de ahí, se removió hasta hacerse un espacio por el que poder comenzar a deslizarse fuera de los brazos del Slytherin, y este, a pesar de que no deseaba dejarla escapar, se lo permitió sin ayudarla ni oponer resistencia, sabiendo que también debía salir de allí, o enserio se convertiría en un violador de Hermiones antes de finalizar la mañana.

Ambos de pie, se miraban mutuamente, ella sin saber qué decir antes de irse para no evidenciar su nerviosismo, él para lograr que se quedara un poco más, hasta que una idea sacudió su cerebro sin dejarle medir las consecuencias. La haló bruscamente y la besó con rudeza y salvajismo, posesivamente, la leona se le resistió intentando liberarse y maldiciéndolo mentalmente, hasta que luego de casi dos minutos de pelea, cedió con la clara determinación de obtener venganza, correspondió al acto apasionadamente, disfrutando y tratando de impedir que las ideas escaparan de su mente, se estremeció cuando Draco en un arranque de renovado atrevimiento profundizó el beso, y por poco olvidó la finalidad de dejarse 'dominar' en cuando sus lenguas se tocaron, pero se esforzó por no caer, y en cuanto lo tuvo lo suficientemente distraído e inspirado, mordió con fuerza su labio, haciéndole proferir un sonoro aullido. El chico se apartó con premura y le dedicó una mirada desconcertada.

–Te dije que no soy tu juguete Malfoy, así que deja tus perversiones para quien las quiera ¿Bien?- espetó orgullosamente, él sonrió.

–No importa lo que digas, Her-mio-ne… Ha valido la pena- contestó con sorna, mientras degustaba la sangre que comenzaba a brotar de su labio sin dejar de sonreír en una mueca un tanto extraña.

–Y ya que estamos en pleno viernes y dentro de unas horas tendremos el almuerzo… Creo que iré a adecentarme- dijo, insinuando también el 'pequeño problemita' que urgía en su entrepierna, la leona frunció un poco el ceño optando por no decir nada.

–Y si te parece bien, luego podremos ir y firmar esa estúpida lista- culminó y procedió a reunir su toalla, el frasco con su perfume y los demás implementos necesarios para su aseo.

Hermione tuvo que morderse la lengua para frenar las irresistibles ganas de protestar que la invadieron, cuando rápidamente la palabra misión llegó a su cabeza, no debía discutir ese tema con él, debía ceder esta vez y ser paciente, el punto de toda esta calma aparente, muy a pesar de querer matar a Draco y Pansy, probablemente bajo ejecución persa o empalamiento, era justamente llegar al objetivo del nuevo plan, no era posible que ese idiota se enamorara si se negaba a dar el gran paso y aceptaba que, con o sin deseos de ello, no tenía más elección que ser la nueva Señora Malfoy. Así que al menos por esa vez, tendría que tragarse esa rabia que se negaba a admitir como celos.*

Llevaba ya esperando cerca de una hora por ese estúpido hurón albino ¿Qué demonios estaba haciendo como para tardarse tanto? Sí, entendía que debía resolver ese problema, pero no podía tardar tanto ¿O sí? La puerta del baño se abrió sorpresivamente y suspiró aliviada, finalmente ya podían salir de allí, pero su alivio solo duró unos segundos, ya que de inmediato, Draco atravesó el camino que lo separaba de su habitación como un bólido y se encerró ahí con expresión tensa ¡Diablos! Pero si ya estaba vestido y calzado ¿Qué era lo que quería ahora? ¿No podían solo irse de una vez? En menos de cinco minutos el rubio salió de allí y se frenó en seco al verla parada, esperando.

–Lamento la tardanza- cedió él, contra todo pronóstico, pero Draco no le dio mucha importancia, ahora que finalmente Hermione había aceptado firmar la jodida lista quería mantenerla del mejor humor posible, para asegurar que no se arrepintiera, además, estaba dispuesto a mostrarle los beneficios de haber sido bien educado en medio de la aristocracia mágica, se encargaría de convencerla de que había hecho la mejor elección al dejar de resistirse a lo inevitable. Al menos si llegaban a alguna especie de tregua podrían sobrevivirse el resto de sus días con relativa paz.

–Otro poco e iba a empezar a pensar que tienes algún tipo de complejo Malfoy- le atacó, pero el rubio solo alzó una ceja, con expresión de obviedad.

–Puedes pensar como desees, pero no es complejo, como único Malfoy con vida, debo representar lo que soy, además, sería penoso caminar junto a alguien que no ponga tu nombre en alto ¿No crees?- contraatacó al tiempo que le ofrecía su brazo, Hermione, todavía reacia y un poco sorprendida por la reacción tan pacífica del rubio, lo tomó y emprendieron la marcha a la oficina de McGonagall.

Era innegablemente extraño para todo el mundo verlos a ambos caminar juntos por los pasillos, se sentía como la anunciación del fin del mundo ¡Merlín los salvara, porque parecía que se acercaba una nueva época de holocausto! Sin embargo, ni a serpiente ni a leona les importaba. Draco caminaba erguido y con su habitual porte de confianza, Hermione se movía recia y decidida, sus ojos brillaban con la sensación de poderío que comenzaba a brotar de su pecho, porque yendo del brazo del rubio, no cabía dudas de que de alguna forma, decía a todas luces que él era suyo y marcar su territorio se sentía infinitamente bien por muy extraño que pareciera de parte suya el pensar de esa forma.

Para cuando llegaron a la oficina de la directora, esta les recibió con una expresión de claro desconcierto ¿Qué no hacía apenas unos dos días ambos se odiaban y ni se dirigían la palabra a menos que fuera necesario? Efectivamente, aunque se podía decir que algo había cambiado, en su alumna favorita podía sentirse una fuerza que no había visto en ella desde que la guerra había terminado y sus ojos brillaban con aquel toque anhelante y predador que siempre le había visto y que por alguna razón parecía haberse quedado en algún lugar ese año escolar, así que podía decir a ciencia cierta, que aquello, aunque bizarro, era algo bueno y eso, sabía que de una forma u otra, se lo debía al Señor Malfoy.

–Buenos días profesora- saludó una decidida y firme Hermione, Draco hizo un asentimiento en su dirección, no queriendo abrir la boca a menos que fuera necesario y aun preguntándose, aunque quería evitarlo, el por qué del cambio en la leona, desde su esencia, hasta su decisión de firmar aquella endemoniada lista.

–Buenos días, Señorita Granger, Señor Malfoy- correspondió al saludo con la formalidad habitual – ¿Qué se les ofrece?- inquirió, aunque a juzgar por la forma en que Hermione tomaba posesivamente a Draco del brazo y este se dejaba hacer, creía adivinar la respuesta.

–Hemos venido a firmar la lista del Ministerio- contestó el rubio con tono explicativo pero de obviedad, la pelirroja asintió con solemnidad, McGonagall tomó una bocanada de aire guardándose un comentario para sí misma.

–Bien, acérquense entonces- dijo y, sentada en su asiento como estaba, y con los retratos de los antiguos directores de Hogwarts sirviendo de testigos, buscó en un cajón del escritorio el tan odiado pergamino y lo sacó para que ellos lo vieran.

El susodicho inmediatamente se mostró majestuoso ante sus vistas, ornatos en cada esquina y los bordes perfectamente delineados de forma imaginativa y preciosa, en el membrete se leía la identificación pertinente del Ministerio de Magia, más otras especificaciones que para ellos, no eran ni remotamente importantes, ya al menos cuarenta pares de firmas estaban estampadas en un orden específico, las de los futuros esposos, estaban a la izquierda, la de sus futuras mujeres estaban a la derecha.

Draco y Hermione firmaron sin pensar con una pluma que mágicamente había aparecido sobre el pergamino y que, aparentemente, no necesitaba tinta, luego de esto, apareció escrito así como en los demás casos:

Yo: Draco Lucius Malfoy, me comprometo el día de hoy, con: Hermione Jane Granger, por consenso bilateral, en conformidad con lo dictado por el Ministerio de Magia, en apoyo a la intención y necesidad de restitución de la sociedad de mi país, Inglaterra…

El texto continuaba como si se tratase de un contrato de comercio, por ello Hermione decidió no terminar de leerlo, le resultaba ofensivo que algo tan importante fuera tratado de aquella manera.

Ambos salieron de allí con un nudo en la garganta y una mezcla extraña entre emoción, euforia y pavor, sin saber qué esperar del futuro que les aguardaba, ahora juntos hasta el final. Draco detuvo el andar y Hermione lo emuló unos metros más adelante, se acercaron con la mirada fija en uno en el otro, tensos.

–Hay algo más Hermione- le dijo, ella se tensó aun más pero asintió a la espera de que continuara.

–Esto…- tomó su mano izquierda y le colocó con cuidado un hermoso anillo de plata que portaba un diamante en forma de corazón custodiado por un dragón enroscado a su alrededor.

De alguna manera, el que ella tuviera ahora los dos puestos, provocó que la joya de Norna en la mano contraria de Hermione, se fusionara con el de plata, quedando una increíble pieza, en que un dragón pequeño y finamente tallado, rodeaba protectora y posesivamente un rubí en forma de corazón, que poseía la cara de un león en su interior, el metal precioso brillaba en un tono oro pálido que contrastaba elegantemente con la plata del anillo familiar que Draco portaba en una de sus manos y la gema de la joya que ya guardaba dentro de sí a Kenina de nuevo, brilló con intensidad, reconociendo el anillo que ahora Hermione portaba con impresión. Ambos chicos agradecían que la quiper ligrara salir de esa esfera a penas Draco había entrado a su habitación luego de su largo baño, y ambos igualmente se sentían apenados con ella, porque la habían olvidado por unos momentos, aunque eso a la bella mascota no parecía importarle en absoluto.

–Esto es…- balbuceó la leona, todavía tratando de analizar, Draco negó.

–No sé qué es, nunca había visto algo así- sonrió con tranquilidad –Pero creo que está bien, porque esas joyas siempre habían estado separadas… Hermione Granger, acabas de unir dos extremos de una misma línea… El anillo que acabo de colocarte es tradicionalmente entregado a la prometida del primogénito Malfoy y la joya de Norna es muy antigua en la familia también… Ambas pertenecieron a la primera Malfoy, representan el antes y el después de su vida… Este es un caso único- dijo, dejando entendido que si lo era, solo podía ser porque era exactamente como ella.

La leona sintió una punzada de culpa recorrer su cráneo y parte de su pecho al tener que mentirle de cara, pero se obligó a sonreír, tenía que hacerlo, estaba avanzando, no podía echar para atrás, por ambos, pensar en eso la tranquilizó un poco y entonces pudo realmente sentirse halagada.

–Gracias…- susurró sinceramente antes de que retomaran su caminata, con la nueva promesa en su interior, de que se salvaría, y lo salvaría. Costase lo que costase.


Bien, luego de un tiempo sin escribir, esto fue algo que se ocurrió para esta historia. Ahora que ya han leído todo el cap, la verdad les digo que lo suavicé, porque me habría gustado que Hermione sacara a Pansy halándola del cabello xD pero ella es demasiado digna como para hacer algo así, aunque claro que eso no quiere decir que sea un manso corderito ;)

A mí francamente me ha gustado, me divertí escribiendo esto, y me siento feliz, finalmente esos dos se comprometirton wuju! :P

Disculpen que no conteste reviews hoy, pero ando apurada, mañana tengo que entregar un informe y debo hacerlo, prepararme para una exposición y preparar mi presentación en PowerPoint, así que ando algo corta de tiempo :S

Esperaré sus opiniones :D Ojalá les haya gustado! Besos y abrazos para todos y mil gracias por leer :3 3