¡Lo siento mucho, mucho, mucho! Me he retrasado más de la cuenta con esta historia, pero digamos que mi inspiración ahorita está rondándole a otra que tengo en mente :S No tengo excusas, así que solo puedo asegurarles que actualizará tan pronto como me lo permitan mis deberes y mi mentecita que se ha puesto lenta a la hora de crear ideas :/

FenixFATA23: Calma, que cuando se entere hay cosas que deben pasar *-* Pero no adelanto nada, para no perder el efecto de la anticipación :P Lo que sí diré es que el baile de navidad está cerca y las chicas ya pronto se comprometerán oficialmente ante la sociedad mágica :) Por cierto, gracias por tu review :D

Romaaa: Gracias :D Mi presentación fue un éxito por cierto *-* ese día fueron seis horas y media de puras exposiciones y descansos de diez minutos mientras estructurabams preguntas para los expositores, fue agotador pero valió la pena :D Jajajajajaja yo también quería que HErms lo hiciera xD La cosa es que ella no actuaría así, al menos yo no lo creo, porque eso podría ir contra sus tablas morales :P Aquí hay un poquito más de Ginny y Blaise xD Luna aparece otro pelín aquí. De Astoria pues tuve que dejarlo para otro momento porque en este cap anda un poco ocupada con su chico jaja xD Y pues, la fusión de anillos, a mí me pareció linda (cabe destacar que aunque generalmente soy ruda, escribiendo decanto mi lado más cursi :$) Muchas gracias por dejarme tu opinión, me animé mucho al leerla :)

hina230: Gracias! De echo me está yendo bien :D ya en enero inscribo prácticas profesionales (o sea pasantías) *-* Jajaja La verdad por fin le hice justicia a Herms, aunque todavía le falta un paso más para que se recupere (digo, su carácter pues) del todo, pero eso ya se viene en el cap 26 :D No creas, para mí fue difícil escribir a una Hermione así de cambiante y endeble, este tipo de actitudes son agotadoras, pero ya finalmente descansaré de eso y la escribiré con más estilo *-* Gracias por el apoyo, por cierto, me anima mucho :)

Mari: Muchas gracias por leer :3 Es bonito saber que te ha gustado y que esperas saber qué pasará después :D Me anima saber eso! Y como ya había mencionado en la respuesta que le di a hina230 ¡Escribir personajes así de endebles es agotador! o.o Me siento aliviada de haber hecho este cambio con Hermione porque ya voy a escribirla más como ella. La cosa era que todo tenía su explicación y ahora si la saben xD Jajajaja a veces quería simplemente adelantarles la explicación de todo pero si lo hacía me quedaba sin trama para la historia, así que me aguanto los detalles para encajarlos en los caps adecuados :P

Muchas gracias a todos por leer, es realmente satisfactorio compertir con ustedes :D

Disclaimer: Todo lo perteneciente al munto Potteriano es propiedad de JK Rowling! :)

Ahora sí ¡A leer! :3


Chapter 25: Hongmeade.

Caminaba por Hongsmeade dividida entre sus amigos y el pequeño grupo que conformaban ahora Draco, Astoria y Theodore, quien no se separaba de Luna y estaba demasiado entretenido en complacerla en todo lo que pudiera. De vez en cuando se iba con Harry y Ron, o se quedaba charlando con Ginny mientras discutían el tan temido día.

Se acercaba el baile de navidad, en el que oficialmente serían presentados con sus parejas, cuando eso sucediera ya no habría vuelta atrás, aunque realmente para ella había dejado de haberla desde hacía un buen tiempo.

—Lo sé, Herms- contestó mientras amarraba sus cabellos rojizos en una coleta alta —No es necesario que lo digas, este baile es algo importante, si lo ves desde otra perspectiva, no es más que una fiesta de compromiso, pero siguen nombrándolo como si fuera cualquier cosa menos eso- suspiró con cansancio y tomó a su amiga del brazo mientras continuaba caminando tras Harry y Ron.

—Al menos tú ya tienes a alguien- musitó, sacándole una mueca a Hermione que continuaba escuchándola atentamente –Tendré que esperar al día siguiente al baile y atenerme a lo que encuentre en el camino a menos que halle un prospecto en la semana que nos queda- espetó con creciente irritación.

—Vamos Ginny, podrás hacerlo, además, eres hija de Molly- sonrió un poco ladina con un brillo travieso que a la menor le pareció muy parecido al de Malfoy –Si el chico se porta mal, ya sabrás meterlo en cintura ¿O no?- agregó explicándose ante la expresión de desconcierto de su amiga.

—Si bueno- sonrió un poco —Eso es cierto, además, el mocomurciélago no me ha fallado nunca así que confiaré en que funcione- dijo. Ambas se miraron momentáneamente y rieron ante la imagen mental de un desconocido lleno de mocos y chillando como cerdito.

Los chicos voltearon a verlas interrogativos, pero ellas les ignoraron concienzudamente. Necesitaban relajarse y ellos últimamente no ayudaban mucho.


Cuando llegaron a Las Tres Escobas, los ánimos de Ginny habían mejorado considerablemente, por lo que eso le ayudó a sentirse mejor también, así que cuando Luna se les unió, estaba más que dispuesta a pasar el poco rato que les quedaba con sus amigas antes de regresar al castillo.

Theodore había llegado al lado de la Ravenclaw luego de unos cinco minutos, con Astoria y Dean, que comenzaba a adaptarse al entorno compartido entre serpientes y leones, sin embargo, Hermione no pudo evitar preguntarse por Draco aun cuando estaba bastante entretenida con el variopinto grupo que ahora la rodeaba.

—Astoria- le llamó por lo bajo, la rubia le miró con cautela al escuchar su tono de voz – ¿Sabes dónde está Draco?- inquirió. Ella le miró sonriente y se encogió de hombros en respuesta.

La leona realmente sentía curiosidad, había acordado con el rubio que ambos disfrutarían de su día con sus amigos, sin embargo, ella misma había pasado algunos que otros ratos con él y el resto de los Slytherins que lo acompañaban porque realmente estar con Luna y Astoria le resultaba relajante.

Los últimos días se habían estado llevando considerablemente mejor, había quedado claro a todo el alumnado, aunque a muchos no les había gustado, que ellos estaban juntos. Cuando se había hecho público que Draco Malfoy y Hermione Granger habían firmado la endemoniada lista de emparejamientos tantas veces maldecida en el corto lapso de tiempo que llevaban de año escolar, los rumores y cuchicheos no habían tardado en llegar, sin embargo, el rey de las serpientes había pasado estoicamente de ellos, mientras que ella se había hecho de su orgullo para ignorar los fastidiosos chismorreos que se formaban en torno a ambos.

Draco entró a Las Tres Escobas hablando animadamente con una chica y un chico. Ella iba en medio de ambos, mientras caminaban esquivando gente y empujando a algunas personas para abrirse paso. El rubio escuchó un gritito y el sonido inconfundible de zapatos femeninos entrechocando apresuradamente con la madera y se giró de inmediato, más por reflejo que por otra cosa. Lo siguiente que supo, fue que la tenía atrapada entre sus brazos evitándole la caída. El otro chico llegó a su lado escasos dos segundos luego, cuando algunas personas se detuvieron al notar el pequeño incidente, tapando al muchacho desconocido de la vista de los demás.

Hermione volteó instintivamente en dirección a la barra que estaba al otro lado de la estancia, abarrotada de personas y cerca de la puerta, fue solo un momento, pero con ello bastó ¿Qué carajo hacía Draco con Daphne Greengrass entre sus brazos? Lo único que pudo ver luego fue como él ayudó a la serpiente a erguirse de nuevo y como esta le sonrió con lo que interpretaba como vergüenza.

No es que la escena durara mucho, tampoco que fuera excesivamente comprometedora, sino se contaba con que ellos habían estado juntos, claro. Pudo sentir como la sangre comenzaba a calentarle en las venas de una forma peligrosamente agresiva y salvaje, cómo parecía espesarse y golpear en sus sienes a cada latido de corazón. Sí, le había dicho al rubio que podía hacer lo que quisiera con quien quisiera mientras no fuese con Parkinson y fuese discreto, pero eso no era para nada a lo que se había referido ¿Qué no había sido clara? Sin embargo, ello no le impedía desear en el fondo de su ser golpear a Malfoy y arrastrar por la calle principal de Hongsmeade a la chica.

Lo peor era que sabía, aunque se lo negara, el nombre de aquello que sentía y lo detestaba, y lo odiaba también a él porque no podía evitar sentir celos. Retiró la vista con brusquedad al notar que el joven mago comenzaba a moverse en su dirección para encontrarse con la mirada interrogativa de Ginny y la curiosa de Luna, ambas mirándole de reojo, mientras Astoria se mantenía absorta en darle amor al chico Thomas.

—Hey- saludó con un cabeceo en su dirección mientras sonreía de lado. Su expresión en una mueca entre cansada y divertida, sus cabellos platinados estaban revueltos por el viento que había estado cruzando las calles del pueblo.

Hermione le miró con rostro tenso, sus facciones acomodadas en una demostración de indiferencia, le devolvió el saludo con un gesto y se volteó de nuevo. El Slytherin pudo diferenciar un brillo peculiarmente enfadado en sus ojos ambarinos, eso deshizo su sonrisa de inmediato, pero prefirió no decir nada, no le apetecía comenzar una discusión en público y que los inútiles chismosos a su alrededor se enteraran de lo que fuera que ahora le sucedía a la que en poco tiempo sería su esposa.

Bufó por lo bajo al pensar en la posibilidad de que su relación con Hermione fuera siempre así y se limitó a bromear con sus amigos, decidido a no dejar que el cambio de humor de la leona le perturbaran, aunque sin poder sacarse la sensación incómoda de curiosidad que lo llenaba.

Al menos una hora había pasado y ella seguía sin hacerle caso. Apenas habían cruzado palabras y comenzaba a molestarse realmente. Los últimos días habían descubierto que podían llevarse al menos medianamente bien, podían debatir sin matarse el uno al otro y podían convivir sin terminar recurriendo a la violencia extrema, aunque ello no quitara que de vez en cuando la enfadara solo por el gusto de verla con esa expresión que siempre le mostraba al sacarla de quicio.

Ella le parecía bonita a su manera al arrugar su nariz por el enojo cuando la fastidiaba a propósito y eso ya era un avance, pero en esos momentos, definitivamente no podía entenderla ¿Ahora qué le sucedía? Se acercó a Hermione de nuevo, debía tratar aunque fuera de saber, o definitivamente terminaría por halarla de las greñas alborotadas a las que llamaba cabello hasta que se lo dijera.

—Hermione- le llamó. Ella se tensó, no porque la sorprendiera, no porque la hubiera asustado, porque de hecho lo había visto acercarse de nuevo a su lado, sino porque el tono de su voz había sido cortante, frío.

Sabía que él debía estar molesto por su forma de tratarlo, pero en esos momentos, no le importaba, ella estaba más que enojada con el Slytherin, y por ello estaba también enfadada consigo misma. Además, tenía la impresión de que si se quedaba hablando con él, terminaría por meter la pata con algún comentario fuera de lugar. Luego de haber logrado contener su instinto asesino con Parkinson, el modular su carácter se le había facilitado, pero todavía había momentos en que realmente eso se le iba de las manos. Skuld le había dicho que aquello era cosa de Hella y que con aquel incidente había logrado neutralizar parcialmente el embrujo de la Dama de la muerte, pero que aún no estaba del todo bien.

De verdad estaba tratando de no dejarse llevar, pero la sensación era fuerte y tenía la vaga idea de que probablemente ese tal hechizo solo estuviera amplificando sus propio celos para llevarlos a niveles astronómicos. Oh, Merlín.

Le molestaba aunque realmente no tuviera derecho por mucho que legalmente sí lo tuviera. Sabía que le había dicho a Malfoy que no le interesaba lo que hiciera mientras no fuera con Parkinson, por lo que le había dado absoluta libertad de hacer lo que quisiera. También estaba consciente de que lo que había visto y de que igualmente otras personas lo habían notando.

En esos momentos podía percibir la forma en que la miraban, como si repentinamente generara lástima. Lo odiaba. Odiaba ser tomada como una mujer débil, porque no lo era, detestaba sentirse así, y lo detestaba a él por todas las cosas que provocaba en su interior y a su alrededor, más aun sabiendo que era probable que si se acostaba con la chica Slytherin no habría consecuencias por ser solo una relación carnal. Eso le agriaba el humor y le hacía mascar la bilis. La sola idea de imaginarlo con otra persona la perturbaba y le sacudía al nivel de un estrato primitivo de sí misma que jamás se habría imaginado tener.

Hermione le miró irritada.

— ¿Qué pasa?- espetó cortamente alzando una ceja con expresión retadora. Le sostuvo la mirada con el enojo y un conjunto de emociones que Draco no pudo descifrar de inmediato bailando en sus ojos que parecían adquirir cierto aire gatuno.

El rubio instintivamente se tensó ante ello.

—Eso debo preguntarse yo a ti- musitó con dureza, sin esforzarse en alzar la voz. Lo que menos deseaba era que otros les escucharan. Se acercó hasta el oído de Hermione — ¿Se puede saber qué bicho te picó de repente? Enfadarse de buenas a primeras no es muy normal que digamos- inquirió con severidad.

El aliento del Slytherin hizo cosquillas en parte del cuello y oreja de la leona, pero ella ignoró la sensación y se concentró en sí misma, en cómo se sentía en ese momento. Frunció el ceño y giró el rostro bruscamente para mirarlo. Era la primera vez desde el incidente, que se hallaban tan cerca el uno del otro y quizá de no haber estado tan tensos ambos, habrían notado como a su alrededor parecía alzarse un aura que hacía sentir incómodos a quienes los miraban. Como si estuvieran entrometiéndose en el más íntimo de los actos de una antigua pareja de eternos enamorados enlazados por el gran poder del destino escrito en el libro más antiguo. Tal vez así era.

—Deberías saberlo bien, te lo había dicho antes, no voy a tolerar que me conviertas en el hazmerreír de todo el mundo- le espetó entre dientes. Sus ojos fulguraron peligrosamente con un tono semejante al del oro líquido. Draco frunció el ceño sin comprender.

— ¿Pero qué…?- musitó por lo bajo al ver como ella de inmediato se daba vuelta y se llevaba a Ginny del brazo antes de que pudiera contestar con al menos una palabra, mientras la menor trataba infructuosamente de dar con alguna respuesta a la repentina furia de su amiga. De inmediato su sangre viperina comenzó a bullir por la ira acumulada. Eso había sido humillante.

Nadie podía humillar a un Malfoy. Nadie.


Para cuando llegaron al castillo, Draco se encargó de mantenerse alejado de Hermione y ella no hizo intento de explicarse o parecer al menos más tranquila. Ambos caminaron a través de los pasillos de Hogwarts en un rotundo y asfixiante silencio que parecía formar una muralla de contención entre ellos.

Skuld les recibió con una expresión inescrutable en el rostro y encajó sin decir nada la mirada asesina que Hermione le dedicó como advirtiéndole que no deseaba, bajo ninguna circunstancia, ser molestada.

—Mis pensamientos son tan felices como la mañana, mi corazón es tan ligero como el rocío- pronunció la Norna con solemnidad, ignorando la manera en que el rostro de Draco se tensaba y sus ojos se volvían más gélidos y traslucían un gris muy pálido que parecía combinarse con ligeras tachas azuladas.

Definitivamente el chico no estaba solo enojado, y eso no era nada bueno, considerando que Hermione tampoco estaba de buen humor. Ambos tenían un carácter demasiado fuerte.

—Con este anillo, recuerdo tu pasión y puedo pensar solamente en ti- musitó el rubio entre dientes, casi escupiendo las palabras.

Hermione parecía demasiado furiosa como para hablar y él mismo se había tenido que forzar a responder a la Norna, aunque su breve discursillo había sonado más como un conjunto de ladridos. El cuadro se abrió ante ellos con una pasmosa lentitud que solo podía irritarlos más.

Leona y serpiente entraron a la nueva sala común que ahora compartían y el mágico objeto volvió a su lugar.

Segundos, solo unos pocos y escasos segundos pasaron antes de que ambos se miraran con absoluta ira.

— ¡¿Se puede saber que coño pasa contigo? ¿De qué carajo hablabas, cómo que yo debo saber por qué estás molesta?! ¡Ni siquiera he hecho nada que pueda ni deba enojarte, maldita sea! ¡Y encima de todo tienes el descaro de dejarme hablando solo!- le gritó sin detenerse ¿Furioso? No, era más que eso y dudaba que hubiera palabra en el mundo que lo describiera. Sus facciones estaban contorsionadas en una mueca llena de cólera y violencia contenida.

Hermione le miró profundamente. Primero impresionada porque ni siquiera cuando se odiaban él había llegado a gritarle de esa forma, tan gélida y explosiva a la vez. Parecía que en vez de arrojar esquirlas en llamas, lanzara dagas de hielo y fuego, pero no tardó más de un segundo en volver a fundirse en su propia cólera.

— No me grites, idiota- le espetó de vuelta – ¡Por supuesto que tienes que saber por qué estoy tan molesta contigo Malfoy! ¡Ya te lo había advertido, te lo dije, que no te atrevieras a andar con tus conquistas estúpidas en público, que no me hicieras parecer una imbécil frente a todos, te dije que no soportaría esa clase de humillaciones!- le gritó cada vez más fuerte.

– ¿Pero de qué mierda me hablas?- le reclamó con menos ferocidad que antes. Enserio ¿De qué iba ella? Aun así, no pudo evitar notar que ahora era Malfoy de nuevo. Parecía que repentinamente había dejado de llamarse Draco ¿Así sería cada vez que se pelearan acaso? ¿Si quiera tendrían algún momento de paz algún día, por pequeño que fuera? ¿Su hogar sería un campo de batalla? ¿Se podría llamar hogar siquiera?

—Y para más ahora soy solo Malfoy ¿No?- inquirió y sonrió en una mueca fría, amarga y desdeñosa que ella jamás le había visto.

Los ojos glaciales de Draco parecían aclararse cada vez más. Apenas podía distinguir ya la diferencia entre sus irises y sus escleróticas, pero en esos momentos no estaba para medir la furia del Slytherin, porque no podía medir la suya propia.

—Hablo de ti y tu estúpida escena con Greengrass- gruñó por lo bajo. Eso le hacía ver más salvaje que cuando gritaba. Por alguna razón, sus ojos parecían volverse cada vez más metalizados y amarillentos, hasta un punto en que alcanzaban el color de algún tipo de oro pálido y brillante.

— ¡Te dije que podías hacer lo que quisieras, mientras no me convirtieras en objeto de burlas de todos cuantos me rodean!- reclamó de nuevo, aunque esforzándose por no gritar — ¡Por mí puedes jugar con ella cuanto desees, pero no me hagas quedar como una estúpida!- exclamó con fuerza, más para tratar de convencerse a sí misma de que su molestia era debido a eso y no a que estuviera muriendo de celos.

Esa fuerza que por primera vez hizo a Draco estremecerse ante la explosión de furia de la leona. No era que ella hubiera gritado, pero había encontrado algo en aquella forma de decirlo que lo había hecho sentir como un traidor cuando ni siquiera había hecho nada malo. Eso verdaderamente lo enojó, y mucho.

— ¿Estás loca acaso?- reclamó de vuelta — ¡No tengo absolutamente nada con ella ni con nadie!- espetó a voz de grito y respiró profundamente para calmarse.

—No me interesan ni Daphne, ni nadie, Granger- musitó con fría furia. No iba a continuar gritando, no señor, no iba a dejar sus cuerdas vocales allí por un arrebato mal encausado ¿Qué demonios le pasaba a esa mujer, siempre había estado así de desequilibrada? Lo peor era que así mismo le seguía atrayendo y seguía siendo la única en ocupar sus pensamientos últimamente.

Sintió cómo la cólera crecía otra vez y su rostro se tornaba rojo al notar como ella hacía un gesto que demostraba que no le creía.

—Claro Malfoy- musitó con sarcasmo obviando la punzada dolorosa que momentáneamente cruzó su pecho. Ambos se miraron unos segundos sin decir nada.

—Cree lo que se te venga en gana, Granger, pero deja de joderme la paciencia- le espetó antes de marcharse a su habitación y cerrar con un sonoro portazo.

Ella siguió su ejemplo unos minutos después. Quizá, solo quizá, de haberse fijado atentamente en su entorno, habrían notado como una figura difusa desaparecía lentamente en una esquina cubierta en penumbras y con una macabra sonrisa de satisfacción como un único indicio de tener rostro.

—Niña Hermione- le llamó desde su cuadro apenas la vio entrar. Ella le ignoró concienzudamente. Skuld habría revoleado los ojos de no considerar aquel gesto algo tan inadecuado —Niña Hermione ¿Qué ha sucedido?- inquirió con severidad. La leona le miró de vuelta claramente enervada aun.

— ¿No que eras una Norna? Pensé que podías verlo todo- musitó sin medirse, presa aun de su furia. Ella le sonrió de medio lado con cierta gracia bailando en su mirada.

A Hermione le recordó a la forma que tenía Malfoy de hacer sus muecas de diversión y ello le agrió más el humor.

—Lo sé, pero he de pensar que desahogarte te vendrá bien- contestó sin alterarse. Sus palabras encajaron en la consciencia de Hermione despertando a su aparentemente sepultada y neutralizada razón. Su enojo se enfrió rápidamente ante el pensamiento de que le había contestado tan mal a Skuld y sus mejillas se arrebolaron delicadamente.

—Lo siento, no debí- dijo. Skuld detuvo sus disculpas con una ligera negación y le miró con intensidad, esperando la explicación que deseaba escuchar.

—Se apareció en Las Tres Escobas con la hermana mayor de Astoria, estaban abrazados y ella realmente parecía muy cómoda con él… Malfoy también se veía perfectamente a gusto con ella… No quiero tener que soportar cosas como esa el resto de mi vida- explicó escuetamente sin poder evitar fruncir el ceño cada vez más y volver a inflamarse de enojo, pero se contuvo de decir nada más y se dedicó unos segundos para calmarse. Alterarse así no podía de ninguna manera ser sano.

—Ya veo- dijo llamando su atención —Entonces la niña Hermione piensa que mi sobrino quiere engañarle con Daphne Greengrass- musito meditativa. La leona sintió como si la golpearan al escuchar esas palabras y pudo prácticamente percibir cómo se empequeñecía ante la mujer del cuadro cuando esta sonrió con un extraño brillo en sus ojos.

—Sin embargo, no creo que debas preocuparte por eso, quizá solo estás pensando a través de tu enojo, pero si lo meditas con detenimiento, te darás cuenta de que aun si mi sobrino quisiera, no podría estar con otra persona que no seas tú, porque eso sería provocar una nueva embestida de la maldición de Ananké- explicó con sencillez.

A Hermione se le coloreó más el rostro. Sabía bien eso y sus implicaciones. Lo cierto era que las uniones carnales, aunque solo fueran eso, luego de casados serían imposibles para ambos a menos que deseasen morir. Por ahora Draco podría hacerlo sin consecuencias, aunque la verdad era que lo había llegado a olvidar por algunos momentos. Era perfectamente consciente de que había actuado sin pensar, pero no había podido evitarlo. No deseaba compartirlo con nadie, ni antes ni después de casados.

Aunque deseaba que no fuera así, lo que le había molestado había sido que él estuviera justamente con Daphne, porque había tratado de achacar la culpa de su enojo a los cuchicheos, pero eso era lo que menos le interesaba, lo que le importaba era que egoístamente, deseaba que Draco no se fijara en nadie más, que la viera a ella y no a otra, había aceptado para sí misma sus sentimientos pero sin ponerles nombre. Aún no se sentía capaz de demostrárselos, no cuando parecía que el rubio podía hacer a un lado los suyos sin esfuerzo y que no le importaba lo que pasara con ella.

No, no quería que las cosas fueran así ¿Estaba haciendo mal al desear algo como eso? ¿Era tan malo querer que esa nueva misión de conquistarlo al menos se diera de manera natural y que ambos llegasen aunque fuese a quererse para no verse condenados a ser infelices el resto de sus días?

Se decidió a hablar con Skuld sobre eso. Realmente necesitaba ayuda. Joder ¿Po qué tenía que ser tan inexperta en esas cosas? Tendría que haber dedicado algo de tiempo a aprender sobre esos temas aunque fuera solo escuchando las historias de Parvati y Lavender.


Kenina descansaba sobre su estómago mientras él yacía recostado en su cama mirando hacia el techo con el ceño fruncido. Tal parecía que trataba de darle vida para matarlo con solo el poder de hielo de sus ojos, que se habían vuelto grises de nuevo, pero sin alcanzar más que un muy claro color platino. Podía sentir cómo la cólera le espesaba la sangre y le volvía un amasijo helado los pensamientos y las emociones.

—"¿Amo…?"- le llamaba con su vocecita suave resonando agudamente en las paredes del cráneo del rubio, mientras lo miraba con sus enormes ojos de cachorrita de terrier.

Él la observó con frialdad, sin embargo, no la rechazó cuando acercó su pequeño hocico a la línea de su mandíbula y le calmó con su poder. Los ojos de Draco recuperaron parcialmente su color, sin embargo seguían demasiado claros para ser normales en su persona y la quiper no lograba superar lo que parecía una barrera contenedora que resguardaba los resabios más oscuros de su furia. El Slytherin le acarició tras las orejas y progresivamente dejó de otearla, volviendo a su tarea de asesinar al techo con la mente.

Analizaba una y otra vez su discusión, sus palabras, las cosas que habían sucedido esa tarde ¿Qué había hecho mal? ¿En qué momento le había dado a entender que quería estar con Daphne y no con ella? Se sobresaltó al pensar en ello ¿Estar con ella? No, no, no. Hermione Granger y él se habían comprometido porque tenían que hacerlo, no por que se gustaran. No, la chica Gryffindor era bonita y todo, pero solo llamaba su atención, el resto de esos sentimientos extraños que comenzaban a surgir en su interior definitivamente eran parte de los efectos del encantamiento de Fátum, tenían que ser solo eso

¡Merlín! Esa bruja no podía haberlo encantado. Se negaba a dejar que le causara algo más que atracción física. La leona no debía gustarle. No, eso jamás, no pensaba caer en una estúpida situación de patético enamoramiento unilateral ni nada por el estilo. Ella no le importaba verdaderamente, era solo cosa de las malditas banshees. Eso tenía que ser.


—Luna- le llamó con un dejo de preocupación en su voz. La rubia volteó a mirar — ¿Crees que hicimos bien en dejar a Hermione sola, no debíamos acompañarla para hablar con ella?- inquirió con angustia. Nunca había visto a su mejor amiga tan furiosa, ni siquiera cuando se había peleado con Ron había llegado a ponerse así tan descontrolada y fuera de sí de una manera tan poco parecida a como era ella. La Ravenclaw le sonrió amablemente.

—No era momento de acompañarla, Ginny, debe enfriar su cabeza. Seguramente se tragó una ciruela de kuvmik y eso la tiene así, pero no te preocupes, cuando se tranquilice la estornudará y volverá a estar bien, así ya no tendrá esos episodios de descontrol, no es tan raro ¿Sabes? Ella siempre se carga de muchas cosas a la vez, eventualmente debía suceder algo así- dijo con tono soñador. La pelirroja sonrió cortamente, su amiga era definitivamente única en su especie. Sabia a su muy particular manera.

—No lo creo, Hermione no va a perdonar a Malfoy por lo que sea que le haya hecho, y definitivamente en cuanto tenga oportunidad voy a patearle el trasero por haberla hecho enfadar de esa manera- espetó un enojado Ron que se mantenía sentado en un sofá junto a Lavender, mientras Harry miraba distraídamente las llamas crepitar en el hogar, pensativo y con el ceño fruncido.

—Oh vamos Ro-Ro, no creo que Draco Malfoy haya hecho nada para molestarla así, me pareció escuchar algo sobre que se trataba de Daphne, pero por lo que sé, creo que lo está malinterpretando todo- trató de razonar con su recientemente convertido en flamante prometido. Su discurso llamó la atención de Harry.

Si alguien tenía información, debía ser la Reina del Chisme.

— ¿A qué te refieres?- preguntó fijando su vista en la chica que tenía en su rostro una expresión triunfante. Sin dudas Lavender estaba feliz de saber algo que ellos no y poder enseñárselos.

El moreno se acomodó mejor en su asiento y las dos chicas aguzaron el oído, mientras el resto de leones y alumnos que visitaban la sala común de Gryffindor se mantenían un poco alejados de ellos.

Luna miró a su alrededor buscando nargles mientras prestaba atención al discurso de Lavender. Podía observar cómo las criaturillas rondaban cerca de algunos Hufflepuffs y uno que otro Gryffindor y Ravenclaw. Le parecía mentira que McGonagall hubiera decidido que como medida para fomentar la interacción entre el alumnado, todos podrían entrar a las salas comunes de los otros compañeros siempre y cuando no subieran a las habitaciones, que habían sido encantadas para rechazar a estudiantes que no pertenecieran al lugar.

Todo por la módica condición de que los visitantes estuvieran de vuelta en sus respectivas salas comunes antes del toque de queda, que sería la hora de sellar las entradas y pasar revista.

En un principio, nadie había dado el primer paso, pero los leones, siempre envalentonados, habían sido los primeros en animarse a visitar a algunos tejones antes que otros lo hicieran, y de allí pareció desatarse un efecto en cadena, porque incluso los Slytherins visitaban otras casas aunque no se mezclaran entre esmeralda y escarlata.

—Bueno, es que aparentemente el incidente en Las Tres Escobas fue el detonante de todo, no sé si tuvieron problemas o no antes de eso, pero cuando Daphne apareció con Draco allí y varios la vieron en sus brazos comenzaron a rumorar cosas y parece que Herms lo vio también y pensó que él estaba tratando de salir con ambas a la vez, pero eso es imposible porque él es un sangre-pura orgulloso- dijo y luego se encogió de hombros.

— ¡Ese desgraciado!- gritó Ron poniéndose de pie violentamente, llamando la atención de todos los presentes. Al darse cuenta se sentó un poco azorado, pero sin cambiar la expresión colérica de su rostro.

—Malfoy es quien trata de engañarla entonces- espetó Harry con un incipiente rastro de enojo que comenzaba a reflejarse en su rostro.

—Eso es imposible- dijo con dureza. Los chicos le miraron con verdadera impresión. Por un momento les pareció ver en su expresión la que Nott hacía en las contadas veces en que se enojaba.

— ¿De que hablas Luna?- murmuró Ginny, queriendo darle pie a hablar. Ella tampoco creía eso de Draco, por muy hurón que fuera.

—Lavender lo dijo, es un sangre-pura orgulloso- musitó. Él se había convertido en algo muy parecido a su hermano mayor. Incluso en el aspecto físico guardaban cierta relación, y no podía obviar lo mucho que le incomodaba que hablaran así de alguien que había demostrado que no era como todos pensaban.

—Además, hay que pensarlo mejor- les habló con más suavidad, más Lovegood que Nott en esos momentos —Los nargles están confundiéndolos, ellos están unidos por un encantamiento poderoso, si Draco hace algo así ahora que están comprometidos, sería como desear morir… Y ellos dos no quieren eso, así que debe haber otra explicación- culminó con tanta franqueza y un tono tan ligero que parecía mentira que estuvieran hablando de algo tan serio como la posibilidad de que su amiga muriese.

Harry asintió confortado por la lógica de Luna. Ella tenía razón y debía buscar la manera de ayudar a su mejor amiga, había que encontrar alguna forma de resolver el embrollo e iba a encontrarla. No iba a dejarla sola en esa clase de aprietos, haría todo lo que pudiera, en eso estaba decidido.

Ron frunció el ceño pues no estaba de acuerdo con sus amigos. Él pensaba que Malfoy en cualquier momento iba a sacar los colmillos y a envenenar a Hermione, no podía confiarse en esa sucia serpiente, sin embargo, en eso Luna había tenido lo suyo de razón, ese idiota no iba a hacer algo que pudiera afectarlo directamente. Por muy traicionero que fuera no era para nada retrasado como para cometer un error tan estúpido, así que asintió a regañadientes.

Ninguno conocía cierta diferenciación sobre la carne y los sentimientos que las Nornas sí.

Cho entró tímidamente a la sala común de los Gryffindors, buscando con la mirada a la persona que ocupaba sus pensamientos. Sus ojos se encontraron con los de Harry y pudo reconocer en ellos el reflejo del brillo de los suyos. Se acercó y se sentó junto a él sin mirar a nadie más, para luego de unos segundos hacer un escueto gesto de saludo en dirección al pequeño grupo congregado y volver a embelesarse en la imagen del niño-que-vivió-y-venció-a-Voldemort.

Ginny revoleó los ojos apenas Cho entró en su campo de visión. La relación que Harry y ella llevaban era ridículamente tímida y melosa. Ahora que podía verlo desde fuera, realmente apreciaba que su enamoramiento se hubiera desvanecido, porque no se veía a sí misma en una relación donde todo fuera color de rosa.

Ella necesitaba a alguien que la hiciera enojar, pensar en respuestas sarcásticas, alguien con quien estuviera bien discutir sabiendo que no sería una pelea, sino mero entretenimiento y este chico definitivamente lo que necesitaba era a alguien que lo llenara de paz y lo aliviara de su vida ajetreada y su pasado tormentoso. El rostro de Blaise pasó por su mente en ese momento y sintió como la sangre descendió de su rostro en un santiamén ¿Por qué había pensado en ese idiota amante de locas asesinas como Parkinson? ¡No! ¡No tenía ni siquiera por qué dedicarle el más mínimo pensamiento! Se sintió espantada ante ello y se puso de pie de inmediato.

—Vengo en un rato, iré a dar una vuelta- espetó a medias y emprendió camino.

—Ya la acompaño yo- dijo Luna atajando a Ron que se disponía a ponerse de pie mientras los demás miraban con extrañeza a la pelirroja.

— ¿Qué le sucede a Ginevra?- inquirió confundida la Ravenclaw de ascendencia asiática. Los demás le miraron sin saber qué responder.

—Quizá sea solo que necesita pensar- habló Lavander en uno de sus pocos momentos de madurez y entendimiento absoluto. Después de todo, si había algo que ella podía comprender, era la naturaleza femenina, más si se debía a los síntomas de enamoramiento, como alejarse de aquello que despertaba sus celos.

Ella misma pensaba que la pelirroja seguía enamorada de Harry aunque lo que no sabía, era que se trataba más bien de un intento de huir de eso mismo, de sus sentimientos, pero por una posible atracción prohibida.******

—Ginny…- susurró – ¡Ginny!- le chilló levantando la voz un poco más de lo normal. La chica reaccionó y le miró de vuelta con una expresión de horror adornando su pecoso rostro pálido.

—Luna…- balbuceó torpemente, se acercó a ella y la tomó de los hombros. En sus facciones estaba tatuada una preocupación desesperada que solo le había llegado a ver cuando había estado enamorada de Harry y este había tenido accidentes jugando al Quidditch.

— ¿Qué sucede?- inquirió suavemente, dejando a sus criaturas para después. Ya luego trataría de atajar a los pumpikers para que dejaran de jugar de esa manera entre ellos. Estaban demasiado inquietos últimamente.

— ¡Es que creo que me gusta alguien que no debería gustarme!- espetó de sopetón mientras la agitaba convulsivamente. La Ravenclaw apenas si pudo entenderle, pero aun así se tomó la libertad de sonreír y esperar a que su amiga dejara de batirla como si se tratara de algún juguete de plukmy.

Luna sabía de quién hablaba, ella misma había escuchado relatar a su amiga el incidente ocurrido con Blaise Zabini. No era tonta, pero por eso mismo no la había presionado y se había desentendido del tema, debía ser la misma Ginny quien se diera cuenta de sus sentimientos. No podía ayudarla a menos que se lo dijera, si no podría ser contraproducente.

— ¿Por qué está mal que gustes de Blaise Zabini?- le inquirió. Ginny abrió los ojos como platos y la arrastró a un recoveco oculto por varias armaduras, para luego hacerle gesto de que se callara. La rubia soltó una risita delicada y comprensiva y asintió demostrando que guardaría silencio.

—No preguntaré como lo sabes, a veces creo que enserio eres adivina- musitó con reticencia, sus mejillas se sonrojaron hasta prácticamente ser del mismo rojo de su cabello —Por supuesto que está mal, él es un Slytherin- vio como su amiga se tensó —Uno malo, Luna, Theodore es un buen chico y el hurón no es tan malo, pero Zabini es…- musitó aclarándose rápidamente, con nerviosismo en su voz.

—Zabini es como…- trató de explicarse, pero no pudo, no consiguió palabras.

— ¿Qué soy según tú, pecosa?- inquirió una voz desde el otro lado de las armaduras. La Gryffindor subió el rostro lentamente sintiendo como su corazón parecía detenerse para luego arremeter con violencia. Joder.

—Creo que deben hablar, Ginny- le susurró Luna antes de mirar a Blaise, sonreírle mientras se despedía con un gesto, y marcharse sin mirar atrás, ignorando el grito ahogado de su amiga.

Ginny miró al moreno con recelo.

—Lo que opine de ti no debería importarte- le espetó mientras salía de su cuasi escondite. Blaise frunció el ceño con irritación.

—No me importa, Weasley pero me concierne, que es diferente- musitó —Ahora responde- le retó con una sonrisa ladeada llena de sorna.

—Eres un arrogante, idiota, cabeza hueca, estúpido, elitista, narcisista y prepotente riquillo que cree que es mejor que todos- le ladró sin detenerse a respirar. "Y así me gustas", pensó. Sus mejillas se arrebolaron más, pero por su expresión, Blaise pensó que se debía a que estaba enojada.

—Y olvidaste algo más- le completó Zabini acercándose rápidamente y halándola con brusquedad hasta que ambos estuvieron en el extremo opuesto de recoveco en que antes ella había estado con Luna. La pegó a la pared mientras sonreía con sorna.

—Tengo buen oído- espetó alzando una ceja. Ginny se sintió desfallecer mientras sus mejillas parecieron a punto de reventar por el sonrojo. La sonrisa del moreno se ensanchó más mientras se acercaba a su oído.

—Y me encantan pelirrojas, pecosas y peleonas- susurró con voz cargada y ronca. La leona sintió como su corazón se desbocaba. Lo siguiente que supo fue que unos ardientes labios apresaban los suyos de manera hambrienta y dominante.


Tres días habían pasado, tres en que no se habían hablado. Hermione decidida a mantenerse en su orgullosa posición, mientras Draco era un caso diferente.

Realmente ella no podía definir qué sentía él, era como una muralla infranqueable. Por momentos deseaba ir y decirle que lamentaba haberse comportado así, que se había sentido realmente celosa y que le creía, luego recordaba que no era justo que él hiciera lo que quisiera solo porque ella misma le había dicho que podía hacerlo sólo para lucir indiferente, y volvía a enfadarse.

Sí, sabía que Draco probablemente jamás trataría de comprometerse con otra chica, porque no era nada idiota, pero ya se había acostado con Daphne y la maldición no les había atacado por ello. Skuld lo había dicho, las relaciones meramente carnales no eran reconocidas como pecado para las Nornas, ya que ellos dos no estaban casados aún. Era fácil pensar que él quería aprovechar su tiempo restante de libertad para hacer lo que quisiera, y aunque le quemaba por dentro, ella ya no podía hacer nada para evitarlo luego de haber dicho algo tan estúpido como que no le importaba siempre y cuando nadie lo supiese, porque no deseaba faltar a su palabra.

Le remordía la consciencia por lo que había dicho, había sido un absoluto error. En cambio el Slytherin había sido más astuto y no se había molestado en ser discreto, se había permitido dejar en claro que no la quería con nadie más, pero ella no lo dijo a tiempo, embargada por su orgullo e indispuesta a dejar siquiera entre ver que algo de ello le importase.

Y ahora se encontraba así, expectante y meditando para hallar una solución, con Luna caminando a su lado mientras ambas iban rumbo a la nueva sala común de la leona, esperando a que Ginny se desocupara para que las alcanzara allí.


Entró fácilmente a la sala que ahora pertenecía al líder de su casa. Habría esperado que la mujer del cuadro se le resistiera un poco más, pero no se quejó por ello. Se adentró lo suficiente como para poder hallar la habitación del único Malfoy con vida y abrió sin tocar, hallándole sentado al borde de su cama, devolviéndole la mirada con una ceja alzada y los ojos brillantes de curiosidad.

— ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas con Luna- espetó secamente. Su humor no había mejorado desde que había llegado de Hongsmeade, y parecía no tener intenciones de hacerlo tampoco.

—Vengo a hablar contigo, obviamente estoy en el deber de guiarte a las sendas de la paz, hijo mío- dijo con tranquilidad y ese jodido tono falsamente paternal que al rubio tanto le irritaba. Un extraño y especulador silencio se estableció y como buen padre postizo se dispuso a romperlo.

—Debes hablar con ella, Draco y no me digas que no vas a hacerlo, lo mejor que puedes hacer ahora es aclarar las cosas- musitó con severidad. El rubio le devolvió una expresión tensa e iracunda, pero no cedió ante ello.

—No, Theodore, es ella quien debe venir, yo traté de resolver las cosas, de explicarme, pero no me creyó, pensó que sólo jugaba, no me tomó enserio, ahora que vea qué se le hace mejor, porque no voy a mover un dedo por esta estúpida causa- contestó con extrema frialdad, destilando veneno. Su amigo suspiró con cansancio.

—Realmente ambos son demasiado cabezas duras- espetó con desgana y sonrió de medio lado momentáneamente para volverse serio en un segundo — ¿No tienes nada con Daphne entonces?- inquirió con absoluta solemnidad. Draco frunció el ceño.

—Por supuesto que no, ella tiene a su prometido, ese día sólo se cayó y tuve la mala suerte de ser quien estaba más cerca para atajarla, eso fue todo, ya me lo habías preguntado antes ¿Puedes al menos fingir que me crees?- musitó con una ira fría. Cada vez se volvía menos expresivo conforme pasaban los días y su amargura se volvía más tóxica y erosiva.

—Y te creo Draco, pero trato de confirmar algo- dijo, sonrió de lado discretamente. El rubio le miró con recelo y curiosidad. Cuando Theodore Nott sonreía así, era porque sabía algo que él no. No le gustaba que su amigo llevara la delantera, generalmente ese tipo de circunstancias resultaban problemáticas.


Entraron a la sala común de la leona en medio de un silencio que hablaba por sí solo. Los intentos de Luna de convencer a Hermione de hablar con Draco parecían inútiles. Notó la puerta entreabierta del cuarto del que ahora consideraba su casi hermano y decidió que si el rubio estaba allí, deseaba hablar con él. La leona la siguió iconscientemente, con la clara duda pintada en el rostro, pero la Ravenclaw apenas le hizo señas de que no hiciera ruido y continuó la labor sin prestarle verdadera atención de nuevo.

Realmente no serías capaz de estar con otra chica aun si tuvieras la oportunidad ¿No es así?- la voz que se escuchaba era la de Theo. A Luna le pareció curioso cómo ambos parecían pensar lo mismo sobre Draco y cómo los dos habían decidido hablar con el rubio sin acordarlo. Se sintió bien saber eso.

No- la contesta de la serpiente había tardado unos segundos en llegar y cuando finalmente lo hizo fue brutalmente fría. Hermione no pudo evitar estremecerse al escucharlo tan severo y cortante, peligroso de algún modo inexplicable. La cuestión era que ese tono a pesar de todo, le resultaba atractivo en él y no una fuente de incomodidad como habría sido común.

¿Por qué?- se escuchó un bufido —No me mires así, no es que quiera que lo hagas, pero no me explico porqué no quieres hacerlo si están comprometidos sólo por obligación- la reflexión de Theo a Hermione le supo a hiel, y sin saberlo, a Draco también.

Sabes que no puedo hacerlo, estamos comprometidos, es casi lo mismo para cualquier hombre de mi familia que estar casados... Un Malfoy jamás se rebajaría a dañar a la familia, en este caso, a mi prometida, es indigno y ella es lo más cercano que tengo a un familiar, no sé si te has dado cuenta, pero ella es la única, aparte de mí, que llevará mi apellido- espetó duramente con lo que a ambas muchachas les pareció amargura.

No creí que eso te importara, nunca dijiste que quisieras respetar los parámetros de los Malfoy en ese aspecto, de hecho siempre te pareció tonto ¿Y por qué habría ella de ser la única? ¿No planean tener hijos acaso?- inquirió y sonrió se lado con un secreto brillo de malicia que ninguna de las muchachas podría captar. Sabía quiénes estaban al otro lado de la puerta.

Dudo que ella quiera tenerlos conmigo, es un poco estúpido que suponga que sí cuando ni siquiera nos hablamos- musitó con cierto rencor doloroso. A Hermione se le subieron los colores al rostro. Luna se contuvo de comentar nada. Lo siguiente que escucharon fue una risotada de Theodore.

Ya... Ya veo, a ti... A ti enserio te importa Granger...- musitó con resabios de risa en su voz. Ambas amigas se miraron momentáneamente y volvieron su atención a la puerta y lo que se escuchaba a través de ella. El corazón de Hermione se aceleró por la expectación.

No es así- se le oyó en un murmullo suave de Draco. Se escuchó el frufru de un movimiento de tela sobre el suelo y ambas jóvenes asumieron, por alguna razón, que Theodore se había movido.

¿Dónde dejaste tu seguridad, Draco? ¿Por qué no lo admites? Te gusta y no quieres a nadie más a tu lado, mucho menos portando tu apellido- espetó con sorna. La leona se tensó ante ello, pero no se despegó de la puerta.

No conozco a otra bruja que pueda hacer honor al apellido Malfoy, eso lo admito, pero no quieras que diga cosas sin sentido como que me guste- le oyeron decir luego de unos segundos. Probablemente su amigo le había mirado con absoluta certeza de que no decía la verdad.

Se dispuso a marcharse, ya había escuchado suficiente, oírlo decir aquello último había sido doloroso, sobre todo en su orgullo y amor propio. Luna la detuvo y le rogó con la mirada que se quedará un poco más. Hermione lo hizo, sólo porque ya no podía ser peor y porque enserio no quería discutir con la Ravenclaw. Se escuchó un resignado suspiro manar de la habitación y llenar el silencio.

Me atrae, que es diferente- musitó finalmente a regañadientes. La leona no pudo evitar sonrojarse y que su corazón diera un salto de alegría en su pecho. Luna sonrió triunfante.

Bien- fue lo único que dijo. Enseguida se escucharon pasos y se abrió la puerta. Theo las miró con una traviesa sonrisa y tomó a Luna de la mano.

—Ven princesa, ellos deben hablar ahora- dijo certeramente antes de arrastrar a su prometida fuera de allí dejando a la forzosa pareja a solas para encararse.


El silencio parecía tapiarlos de forma casi asesina. Ambos se miraban fijamente sin moverse. Draco aún estaba sentado al borde de la cama, con una expresión de sorpresa que desencajaba sus facciones angulosas. Hermione le devolvía una mirada alarmada y llena de algo parecido a la vergüenza desde su posición al otro lado del umbral.

—Yo... Supongo que entonces no debo preocuparme por Greengrass ¿O sí?- inquirió tratando de romper el silencio. Se reprendió mentalmente ¿No podía escoger palabras mejores acaso? Joder.

Draco asintió como única respuesta, recuperándose de la sorpresa. La leona dejó salir aire de sus pulmones y sus mejillas se tornaron rojizas.

—Siento no haberte creído- musitó a regañadientes, pero con absoluta sinceridad. El Slytherin le miró con dureza, ya recuperado.

—Te dije que puedes creer lo que quieras, Granger- espetó. Quería negarlo a toda costa, pero aún se sentía... Herido. Por cómo ella le había tratado, por cómo había dudado de él.

A Hermione nunca le había dolido tanto ser llamada por su apellido.

—Draco- trato de llamarle. Él se puso de pie y se acercó a ella. La leona no retrocedió, dispuesta a darle la cara.

—A veces, desearía dejarte calva para que nunca más quieras salir de tu maldita habitación, así podría ahorrarme toda esta mierda de soportar tus arranques- soltó con sorna de un modo frío, burlón y sibilino.

—Pero si lo hago, ya no habrá alguien con el suficiente ingenio como para debatir conmigo- completo con más suavidad. Cualquiera habría jurado que estaba como nuevo, pero no ella, porque sabía que en el brillo de sus ojos se ocultaba algo amargo. Draco siguió de largo dispuesto a salir de la habitación.

—Espera- espetó con rapidez al tiempo que lo sujetaba del brazo. Draco le miró aguardando a que hablara. Hermione le hizo darse vuelta para que se vieran de frente.

—Lo siento- murmuró a por lo bajo con las mejillas arreboladas y sus grandes ojos ambarinos fijos en los suyos, el ceño a medio fruncir.

Joder, cómo costaba hacer eso. Ella era siempre tan correcta, que rara vez se equivocaba, mucho menos en algo tan tonto, pero ahí estaba, admitiendo su error sin decir más que dos palabras, dos que la irritaban profundamente.

Draco jamás la había visto tan hermosa y tierna en su vida, sin embargo, lo que le sorprendió fue que su propio cuerpo reaccionara por instinto acercándose y estrechándola como si no hubiese mañana aunque en su mente juraba que ella le mataría, sin embargo, casi se ahogó con su respiración al sentir como ella se apoyaba en sus hombros para afianzar sus brazos alrededor de su cuello. No pudo evitar esconder su rostro entre el hueco que formaban su cuello y su hombro para aspirar su aroma. En ese momento supo que Theodore tenía toda la razón, Hermione Granger le gustaba. No, no, mejor aun.

Le encantaba con rabietas incluidas.


Bueno, hasta aquí por hoy :S Lamento si es muy corto, pero esto se me ocurrió como un previo al baile luego de hablar con una de mis mejores amigas sobre temas sentimentales :$ Para el cap que viene sí que tengo una pequeña idea que quiero expandir, así que tomará un poco de tiempo :P