¡ANTES! de que empiecen a echar tierra y pestes, las advertencias: Hetalia, personalidades y marcas aquí mencionadas no le pertenecen ni a RutLance-CrystalFairy ni a DarkLady-Iria, tampoco ganan dinero haciendo esto; el fanfic presentado se hace sin fines de lucro pero con la esperanza de brindarles un muy buen momento y compartirles una de las medicinas más efectivas del mundo: el humor. Se pide una disculpa anticipada a las personas que resulten ofendidas con lo que aquí les presentamos. Cualquier parecido con alguna anécdota de la vida real es méndiga coincidencia.

¡Y seguimos en la marcha! Para empezar, la canción "La cama de piedra" de Cuco Sanchéz no la estamos usando con fines de lucro, sino más bien educativos. x3 ¡De verdad!

Pasemos a los reviewses:

~*~Yukikitsune: Prácticamente, ese es el gancho más viable para hacer qué una persona tienda a creer qué es un buen "plan" de pago, y se confíe. ¿Quién dice qué no? Gilbert es simplemente Asombroso, ¿cierto? Y Robertsiltskin es nada más el buen Roberto. :3 Gracias por el review.

~*~Teffy Uzumaki: ¿A quién no le gustaría recibir el desayuno en la cama? x3 No te apures, ése fue apenas el primero de 30 historias disparatadas, una peor qué la otra, ¿ok? ;3 ¡Muchas gracias por el review! :3

Sólo pedimos una disculpa por el vocabulario de José Vicente Infante García, como es el más chico de nuestros OC's, es un poco grosero. :I

¡Disfruten las historias disparatadas! ;D


30 historias disparatadas.

2.- Rizos de Chocolate.
(Por que Ricitos suena muy femenino)

Eran épocas de crisis, y para una familia numerosa, lo importante era racionar todo en lo qué pudieran. Y qué decir de la ropa, los menores debían usar las prendas viejas de los hermanos mayores...

- ¡Pero, mamá!- Se quejó un día José Vicente, o Chente, como le decían de cariño.- ¿Porqué tengo qué usar los vestidos de Finita?-

- Porqué la ropa qué usaba Chema la rompió Pepito al probársela.- Le recordó su mamá.- Ahora estése quieto, que le haré un par de colitas en el cabello, pa' qué combinen con el vestido.-

Y tal era el caso de Chente, quién con la boca torcida, tenía qué obedecer a sus mayores, lo quisiera o no...

- Chente, lava los platos, yo estoy enfermo.- Le dijo de forma dramática Roberto, uno de sus hermanos mayores, fingiendo demencia para escapar de sus deberes.

- ¿¡Y por qué yo!?- Pero nadie le prestaba atención, así que debía lavarlos obligatoriamente a fuerza.

Pero un día...

- José Vicente, ya nos vamos a trabajar. Quédese a cuidar la casa, y no se aleje demasiado porqué se puede perder.- Le ordenó su papá, Don Chente.- ¿Entendió?-

- Sí, apá.- Respondió Chente.

Más no pasó ni un rato que se perdieran de vista sus padres y hermanos, el pequeño Rizos de Chocolate se distrajo con una ardilla, alejándose de la casa...

- ¡No me coman! ¡Mamá!- Gritaba mientras trataba de quitarse de encima a los animalitos.

Con esas prisas, se introdujo en lo más profundo y oscuro del bosque...

- ¡Sáquense! ¡Ni madres que entro!-

Y se fue por una senda misteriosa, parcialmente iluminada, por que si no, no entra...

En la parte profunda e iluminada del bosque, si, allá pa' donde va el Chente, se encontraba una curiosa casita, habitada por una extraña familia, por así decirlo, de gatos güeros...

- ¿Hola?- Tocó a la puerta.- ¿Hay alguien aquí? Me perdí por culpa de unas tontas ardillas, y necesito regresar a mi casa, o me va a regañar mi apá.-

Como nadie respondía, y la puerta se abrió sola al momento de tocar, movido por la curiosidad, Chente se metió...

- ¡Chale, cuánto lujo!- Exclamó al ver muebles, cuadros, y otras cosas de las qué carecía su casa.

Percibiendo el olor a comida las tripas comenzaron a chillarle, y como el hambre es canija, y el Chente es más canijo aún, éste se dirigió directo a la cocina, en donde estaba puesta la mesa, y sobre ella tres platillos distintos...

- ¡Qué hambre tengo, mano!- Se relamió la boca al ver los tres platillos cubiertos.- ¿Qué será esto?-

Y se llevó el susto de su vida al descubrir el primer platillo...

- ¡CARACOLES!- Gritó al ver a los animalitos rastreros siendo cocinados al vapor, aunque algunos seguían moviéndose.- ¡GUÁCALA!-

Tomó el plato y volteando a todas partes, vio una ventana y los aventó por ella cayendo sobre un pequeño huerto de lechugas...

- ¡Corran!- Gritaba Rizos de Chocolate sacudiendo el plato para que se despegaran los caracoles.- ¡Sean libres!-

Nuevamente se acercó a la mesa, y con un poco de temor, destapó el segundo plato...

- ¡Pastelillos!- Sin pensarlo, tomó uno y lo mordió, llevándose una gran desazón.- ¡Qué feo saben!-

Y no es que estuvieran mal hechos, hasta eso, lo que pasa es que a Chente no le gustan las pasas...

- ¡Puag!- Se limpió la lengua con el borde del mantel.- Esta gente no sabe comer.- Y regresó el pastelillo mordido al plato.

Ya no quería destapar el tercer plato, pero pudo más la curiosidad y el hambre. Así que despacito, y asomándose, destapó el último...

- ¡Hamburguesas!- Se alegró al verlas, junto con papas fritas. Por lo que se puso a comerlas.- ¡Mmm!-

Luego le sacó la lechuga y el tomate, para seguir comiéndoselas como si nada. Y se acabó la malteada que estaba a un lado, después de probarla para saber qué era...

- ¡Dios!- Eructó tras terminarse todo.- ¡Jamás había comido así en mi vida!-

Se alejó de la cocina, y se encaminó a donde estaban las escaleras qué conducían al segundo piso. Llegó a la primera habitación, y comenzó a husmearla...

- ¡Qué cama tan grandota!- Se echó un brinco, arrepintiéndose por lo dura qué era.- Bien lo decía Cuco Sanchéz, "de piedra ha de ser la cama." Ouch.-

Decidió pasar a la siguiente habitación, donde también había una cama enorme a la vez que un ropero lujoso y un peinador...

- ¡Chispas!- Dijo al ver el decorado de rosas.- Debe ser el cuarto de una mujer.- Checó el ropero a ver que contenía en su interior, y sacó un vestido.- Sí, debe de ser de una vieja.-

Pero no pudo aguantar la tentación, y se aventó a la cama, la cuál comenzó a moverse como si fuera de gelatina...

- ¡Auxilio!- Gritó Chente al sentir que la cama se movía.- ¡Mamá!-

Intentó bajarse de la misma, y en uno de los intentos, la cama se rompió, escurriéndose toda el agua sobre el piso...

- ¡En la madre!- Se asustó más Rizos de Chocolate.- ¡Ya se despanzurró esta cosa!-

Como pudo, se salió de la segunda habitación, y entró a la tercera un poco temeroso de que alguien lo viera. Cosa que se le olvidó al ver el interior...

- ¡Wow! ¡Caballos!- Se emocionó al ver una de las paredes con dibujos de caballos.- ¡Juguetes!-

De inmediato agarró tanto los caballitos, como los soldaditos y demás, empezando a jugar con ellos, aventándose a la cama...

- ¡Pum, pum!- Se movía de un lado a otro, imaginando la estampida.- ¡Cuidado, marcianos!-

Justo en ese entonces, en lo que Rizos de Chocolate se entretenía jugando, llegaron tres gatos güeros a la casa. Uno de ellos rodeó la casa y vio el huerto que estaba siendo destrozado por los caracoles, cuyo apetito voraz los hacía comer más rápido de lo normal...

- BLOODY HELL!- Gritó uno de los gatos güeros, de ojos verdes y espesas cejas, a los caracoles.- STOP!-

Éstos se detuvieron para voltear a verlo, mas siguieron comiéndose las hortalizas...

*CRUNCH, CRUNCH, CRUNCH*

- Mon ami.- Un gato güero barbón, vestido de manera pomposa, le echó los brazos encima a otro gato bastante cejón, quien se tensó al sentir la rasposa barbilla contra sus rellenitas mejillas.- Acepta que tus lechugas no tienen futuro y ven a comer, la comida está servida.-

- Yes!- Pegó un brinco el tercer gato güero, de ojos azules y con lentes.- I'm starving!-

Se dirigieron a la cocina, pero su desazón fue grande al descubrir no sólo que alguien más tuvo la misma idea, sino que aparte tiraron los caracoles de Francis, mordieron un sólo muffin de Arthur (y lo dejó ahí el muy sinvergüenza), y se comieron la comida feliz de Alfred...

- ¡Esto no es justo!- El gato güero Francis mordía una servilleta mientras lloraba.- ¡Mis escargots!-

- ¿Quién pudo hacer esto?-

- Hey, guys.- Oyeron a Alfred llamarles.- The stairs are leaking.-

- The stairs are leaking?-

Corrieron los dos para verificar lo dicho por Alfred, de la escalera caía agua...

- The floor!-

- ¡Mi cama!- Gritó Francis, y tropezando un par de veces, llegó a su habitación.- ¡Alguien malvado rompió mi cama!-

El gato cejón corrió rumbo a su cuarto, y Alfred le echó un vistazo a su pieza, encontrando a Rizos de Chocolate leyendo uno de sus cómics...

- ¿Qué onda?- Saludó Chente al verlo.

- Hi!- Le respondió el gato güero, y estuvo a punto de irse, cuando notó algo raro.- Who are you?-

Chente no supo contestar, en primera porqué no quería que pensaran que era un rarito por estar usando un vestido; y en segunda porqué no quería que lo regañaran por lo que hizo con la comida y la cama...

- Alfred!- Se aproximaron los otros dos corriendo.- Debe ser a punk el que causó todos esos destrozos.-

- Oui, mon ami!- Dijo Francis, y se fijó en la persona que estaba dentro de la habitación de Alfred.- ¡Oh, con qué tenemos compañía!-

Apartó a Arthur pegándole en el rostro, y sonriente, se encaminó hacía Chente...

- ¿Eres una amiga de Alfred, mon cher petit?-

- ¿Eh?- Preguntó confundido Chente, mientras se rascaba.- ¿Qué dijo?-

- It's a boy!- Lo señaló Arthur.- ¿Qué haces en nuestra casa, y con ese vestido?-

- Es el vestido de mi hermana Finita, como mis apás no tienen dinero, tengo qué usar la ropa de ella.- Les explicó.- Además, me perdí, y pos, encontré su casa, y me chillaban las tripas...-

- Enough!- Gritó enfurecido el gato cejón.- ¿Crees que te vamos a creer todas esas tonterías? ¡Tendría que ser muy estúpido para hacerlo!-

- ¡Pobre chico!-

- Y-Yeah! Poor boy!-

- ¿No me digan que ustedes le creen a este mocoso?-

- Mon ami, recuerda que en esta historia no todos tienen una buena situación económica.- Comentó Francis.- Hay qué ser generosos con aquellos que viven dificultades.-

- That's right!- Secundó emocionado Alfred.- Tengo ropa vieja que ya debe quedarme muy reducida, ¿qué dices?-

- Mientras no sea ropa de vieja, 'toy bien.-

- ¡Hon, hon, hon, hon, hon!- Se echó a reír el gato barbón.- No se dice "vieja", sino de mujer.-

- Hey!- Agarró de las orejas a los dos, y se los llevó aparte.- ¿Van a creerle a este, este, mocoso? ¡De seguro está diciendo mentiras! ¡No nos ha dicho como se llama, ni tampoco de donde viene?-

- Iggy, ¿cómo puedes pensar así, mon ami?-

- Francis is right. How dare you?-

- Pos yo sólo tengo una preguntota.- Se voltearon a ver a Chente.- ¿Cómo es que los tres viven solos en esta casota?-

- Es que vivimos juntos.- Le contestó Arthur.

- ¿Son hermanos?-

- No.-

- ¡Chale!- Se asustó el morenito y se comenzó a alejar de ellos.- ¿A poco... a poco son de... de... "esos"?-

- ¿Esos?- Y más tardó el gato cejón en pronunciarlo, que entender a qué se refería.- How dare you?-

- ¡Hon, hon, hon, hon, hon!- Francis se echó a reír, mientras abrazaba a Iggy.- ¡Pues a decir verdad, tú me gusta mucho, mon ami!-

- WHAT...!?-

En lo que Francis y Arthur se ponían a discutir, y Alfred a reírse de ellos, Rizos de Chocolate pensó que sería un buen momento para poner los pies en polvorosa...

- Pos yo ya me voy.- Dijo Chente, llevándose un sombrero vaquero.- ¡A'í nos vidrios!- Y se fue corriendo antes de qué pudieran hacerle algo.

- Wait! The hat is mine!- Y corrió detrás de él, hasta qué se cansó y se bofeó.

Sin embargo, más adelante se encontró con un príncipe islandés, qué se hallaba perdido en el bosque, y se enamoró profundamente de Rizos de Chocolate...

- ¿¡QUÉ!?-

Y se lo llevó, junto con su disfuncional familia, a vivir en el castillo, donde viviera su disfuncional familia nórdica. Y vivieron muy felices, discutiendo para siempre.

Fin de Rizos de Chocolate.


¡Nos vemos! ;D