Disclaimer: Hetalia, personalidades y marcas aquí mencionadas no le pertenecen ni a RutLance-CrystalFairy ni a DarkLady-Iria, tampoco ganan dinero haciendo esto; el fanfic presentado se hace sin fines de lucro pero con la esperanza de brindarles un muy buen momento y compartirles una de las medicinas más efectivas del mundo: el humor. Se pide una disculpa anticipada a las personas que resulten ofendidas con lo que aquí les presentamos. Cualquier parecido con alguna anécdota de la vida real es méndiga coincidencia.
¡Y aquí nos tienen de nueva cuenta! :3 Y en esta ocasión, Chema es el protagonista. ¡Yeah! :D
Por alguna extraña razón, y en los últimos fanfics publicados, he puesto a Chema con vestido, aunque no creo que la sotana cuente como uno. x3 Aunque a él no le guste.
:I Cualquier coincidencia con alguna historia de princesas, como ya lo hemos dicho antes, ha sido a propósito con alevosía y ventaja. x3
Pasemos al review:
~*~Yukikitsune: x3 Bueeeno, es que sólo fueron las circunstancias del destino, tan gacho para unos y pa' otros, pos peor. :3 Pero como bien dijiste, terminó bien, aunque no sabemos qué tal les fue a las dos familias. Y sí, pobres lechugas, al menos hubieran dejado para una ensaladita. ;D Gracias por el review.
Y ahora, disfruten el siguiente capítulo. ;D
30 historias disparatadas.
Capítulo 3: El Baile de los Príncipes.
José María Itzae era un campesino humilde, cuyos padres le habían inculcado que el ser honrado y trabajar arduamente le traería la felicidad que sólo muy pocos podrían conseguir. Por lo que se esmeraba día con día laborando con ahínco...
- ¡Oh, Misifús!- Le hablaba a su gatito calico, que era blanco con manchas de distintos colores.- Con la cosecha de este año podré tener para comprar una carreta. Faltará el caballo, pero con la carreta podré transportar más cosas y así trabajar aún más.- Le tocó la nariz al minino.- Y así podremos comprar un terreno más grande para vivir mejor.-
- Miau.- Ronroneó el felino y le lamió los dedos.- Purr, purr.-
Tras que cenaran ambos una comida sencilla, Chema se puso a regar un par de plantitas que tenía apostadas en la ventana, y miró el cielo nocturno...
- ¡Ah, qué bonitas están las estrellas esta noche!- Suspiró dejando caer el agua.- Ojalá hubiera una estrella fugaz para pedirle un deseo.-
Se volteó distraídamente al escuchar a Misifús sisear...
- ¡SANTA CACHUCHA!- Gritó llevándose las manos al pecho al descubrir a una mujer dentro de su casa, vestida de una forma extravagante, con una misteriosa vara pequeña que asemejaba una escoba.- ¿QUIÉN ES USTED?-
- Es un placer conocerle, Princesa.- Al oírla, José María se volteó a todas partes, buscando a la aludida.- Soy el Hada Fujoshi, y vengo a cumplir todos sus deseos.-
- ¿Qué? ¿QUÉ? ¿¡QUÉ!?- Exclamó confundido el moreno.
- Así que empecemos.- Iba a agitar su varita, pero el hombre la detuvo.
- Momento, señorita. Creo que hay un malentendido aquí. Para empezar, no hay ninguna princesa en esta casa.- Y tras reflexionarlo.- De hecho, usted es la única mujer que hay aquí.-
- Y sé que te mueres por ir al Baile de los Príncipes, que darán esta noche en el palacio.- Dijo sin prestarle atención alguna.
- ¿De qué baile está hablando?- Preguntó sin entender nada, mas se sacudió la cabeza.- No, mire... ehm, ¿cómo se llama usted?-
- Yo soy el Hada Fujoshi, aunque me llamo Elizabetha, pero me puedes decir Eli.-
- Sí, ehm, señorita Eli.- Se llevó una mano a la nuca.- No quisiera ser descortés, ya que mi mamá me dijo que debía ser amable con las personas pero, yo, yo soy un hombre.-
- ¿Y cuando ha sido eso un problema, eh?- Elizabetha sonrió y alzó su varita.- ¡Soy el Hada Fujoshi, y haré que asistas al baile!-
Agitó la varita-escoba, y el cuarto entero se llenó de humo. El moreno comenzó a toser y mover su mano frente a él para disipar la nube de polvo...
- ¿¡Pero qué...!?- Se asustó al ver que traía un guante puesto.
Y eso no era todo, tras que el humo se disipara, comenzó a revisarse por completo, encontrándose con la sorpresa de que traía puesto un esponjoso vestido celeste con detalles plateados. Tembloroso, se palpó la zona del cuello y las orejas, para descubrir efectivamente un collar y aretes. Incluso, tenía una tiara en la cabeza...
- ¡AAAAAAAH!- Gritó, y a lo lejos, en un loft, un canadiense se volteó al escuchar el grito.
- ¡Sabía que te gustaría, Princesa!- Eli estaba orgullosa de su trabajo.- ¡Ahora, el transporte!-
- ¡Señorita Eli!- Se alzó un poco el vestido para no ensuciarlo, para que no le cobraban la tintorería, y casi se caía a causa de los zapatos de tacón hechos de cristal.- ¡Ouch! ¡Esto...! ¡Esto no está bien!-
- ¡Miau!-
Miró al suelo, hallando a su gatito vestido de manera similar a él, con un montón de moños en las orejas, patas y cola...
- ¡Misifús!- Cargó el gato y lo inspeccionó rápidamente.- ¿Pero qué te han hecho?-
- ¡Vamos, apresúrate!- La Hada Fujoshi lo tomó del brazo y lo sacó de la casa.- ¡O no conocerás a tu Príncipe!-
- ¿Cuál príncipe?- Preguntó confundido.- ¿A donde vamos?-
No le contestó, chifló usando sus dedos y un taxi se estacionó frente a ellos, metiendo a Chema y a Misifús adentro...
- ¡Rumbo al Baile de los Príncipes!- Le ordenó al conductor.- ¡Y no se detenga hasta llegar ahí!-
Media hora después, y tras atropellar una vaca, un puesto de flores y un grupo de manifestantes; llegaron como si nada al castillo donde tenía lugar el baile...
- Usted es de Nueva York, ¿cierto?- Le preguntó al chofer, mas no tuvo tiempo de oír su respuesta al ser jalado fuera del vehículo.- ¡Ah!-
- Muy bien.- Elizabetha le reacomodó el vestido, eliminando cualquier arruga que tuviera el moreno y el calico.- Ahora solo debes entrar y hacer tu jugada.-
- P-Pero, yo no quiero estar aquí, ni quiero usar esto.-
- No discutas.- Lo empujó rumbo a la entrada donde estaba un guardia, a quién Eli le dio un pequeño saco con monedas.- Sólo ve.-
- Señorita, ¿me van a pagar o qué?- Exigió el hombre del taxi, pero él no es importante en este momento.
El lugar estaba a reventar de personas que conformaban parte de los círculos sociales más altos de la región; varias mesas estaban puestas a los costados repletos de numerosos platillos y aperitivos, dejando libre el centro del salón para aquellos que gustaran bailar. Estaba de más decir que José María Itzae se sentía incómodo con estar ahí, en un ambiente al cuál no pertenecía...
- Gatito bonito.- Abrazó más a su gato Misifús.- Mejor no toquemos nada, o nos lo van a cobrar como si fuera nuevo.-
Una mano tocó su hombro, haciendo que un escalofrío le recorriera por toda la espalda, poniéndose totalmente tenso. Cosa que hizo que volteara con lentitud para ver quién estaba detrás de él...
- Con permiso.- Dijo como si nada un hombre rubio de espesas cejas, pasando a un lado de Chema sin prestarle atención.
- Sí, disculpe usted.- Contestó nervioso y se retiró, dirigiéndose a la salida.- Deberíamos volver a casa, Misifús, pero no quisiera que me vean con, con, con este ve-vestido.-
- ¿¡A donde crees que vas!?- Elizabetha lo detuvo, sosteniéndolo del cuello del vestido.- ¡No puedes irte antes de las tres de la mañana sin haber atrapado a un príncipe solo para ti!-
- Creo que usted no entiende, o a lo mejor no quiere entender, pero yo soy un hombre. Un HOMBRE.- Recalcó la última palabra.- No soy una princesa, ni nada por el estilo. Además.- Se señaló a sí mismo.- ¿Quién en su sano juicio se vestiría así?-
- ¡AQUÍ ESTOY, PERRAS!- Se anunció así el Príncipe de Polonia, quien abrió las puertas a fuerza de patadas.- ¡Ya llegó el alma de la fiesta!-
- Oh... Dios.- Se le fue el color al verlo.- Esto se pone cada vez más raro.-
El Príncipe de Polonia traía un vestido con todas las tonalidades de rosa habidos y por haber, junto con un gran moño en su cabeza. Saludaba a cada uno de los presentas sin sentir pena alguna, hasta que sus ojos se posaron en el moreno...
- ¡Tipo!- Y José María se escaldó, sin saber qué esperar.- ¡Dímelo! ¡Te exijo que me lo digas!-
- ¿De-Decir qué, qué?- Retrocedió cuando el príncipe rubio de ojos verdes invadió su espacio personal.
- ¿Donde compraste este vestido tan hermoso?- Y le tomó de la falda.- Aunque en rosa se vería mejor, de eso no me queda la menor duda.-
- Pos, por, por ahí, je, je.- Jalaba como podía la tela, deseando no romperla por si el Hada Fujoshi le obligaba a pagarla, para que el príncipe lo soltara.- Disculpe, pero creo que me habla mi mamá.-
Trató de alejarse de todos los presentes, pero la Hada Fujoshi no se la iba a dejar tan fácil si queremos que este capítulo tenga algún sentido, bueno, considerando que lo tenga...
- ¿Y ahora a donde vas?- Se cruzó de brazos una vez que lo tuvo de frente.- ¿Por qué no aprovechas todas las oportunidades que te estoy dando?-
- Disculpe que se lo diga, señorita Eli, pero usted está loca.- Chema quería ponerse a llorar, ganas no le faltaban, y tampoco le molestaba que lo vieran haciéndolo.- ¿Porqué no entiende de una vez que soy un varón, y por lo tanto, no me gustan los hombres?-
La Hada Fujoshi se quedó pensando por un breve instante, y la sorpresa apareció dibujada en su rostro...
- ¡Oh, por Dios!- Se llevó una mano a la boca, asombrada.- ¡Es cierto! ¿Cómo pude no haberme dado cuenta?- Se llevó ambas manos a las sienes.- ¡Qué error tan grave estoy cometiendo!-
El moreno suspiró de alivio, parecía que al fin, al fin, Elizabetha se daba cuenta de lo que estaba pasando...
- Olvidé que eres una Princesa tímida, por lo tanto, no te atreves a dar el primer paso.- Buscó algo dentro de sus extravagantes ropas.- Pero yo arreglaré eso en este instante.-
- ¿Qué?- Y sintió que el estómago se le revolvía a José María.- ¡No! ¡Yo no me refería a eso!-
Cinco personas discutían en círculo, posiblemente príncipes por la vestimenta tan fina que traían puesta, por lo que la Hada Fujoshi se aproximó a ellos y les aventó polvos mágicos encima...
- ¡AAAAAAAH!- Los cinco hombres comenzaron a toser, con los ojos cerrados.
- ¡Listo!- Se sacudió las manos.- Con eso, será suficiente.-
- ¡Pero Señorita Eli!- Chema casi se tropezaba al correr a su lado, a causa de los zapatos.- ¿Pero qué está haciendo? ¿Qué les está aventando?-
- Polvos mágicos.- Y le mostró orgullosa el pequeño saco en qué los contenía.- Para enamorar.-
- ¿Qué?- Se asustó, pero fue cuando vio bien los susodichos polvos mágicos.- Momento.-
Metió un dedo en el polvo, que por alguna extraña razón era de color café, lo olió y le dio una probadita...
- ¿¡Polvos mágicos!?- Sentía que el corazón se le iba a detener de un momento a otro.- ¡Esto es chocolate en polvo!-
- Así es.- Contestó el Hada Fujoshi como si nada.- ¿Qué nunca has oído que el "Chocolate te hace sentir como si estuvieras enamorado"?-
- ¡Pero esto ya es pasarse de la raya!- Y sintió que lo jalaban de un brazo.- ¡Ah!-
- ¿Qué diablos haces en mi fiesta?- Reclamó un príncipe, cuyas cejas resaltaban por su abundancia.
- D-Disculpe, pero yo tampoco quiero estar aquí.- El moreno se quería echar a llorar en el momento.- S-Sólo quiero irme a mi casa, con Misifús.-
- What a lovely cat! AH, HA, HA, HA, HA, HA, HA!- Otro rubio, que usaba lentes, intentaba quitarle el felino a José María.
- ¡Suelta, suelta!- Le daba de patadas para alejarlo.- ¡Misifús, resiste!-
- ¡Miau!- Maullaba lastimeramente el calico.
- Esa no es la forma de tratar a una dama y a su mascota.- Un sujeto rubio, alto, corpulento y con un fuerte acento, trataba de quitarle de encima a los más escandalosos, usando sus brazos protectoramente.- Será un placer para mí escoltarla hasta su casa.-
- ¿Qué?- Y tenía que estirar por completo el cuello para poder verlo a la cara.- ¿¡Acaso está ciego!?-
- ¡Olvídalo, yo la vi primero!- Un cuarto rubio, de ojos azul profundo y cabellos alborotados, trató de empujar a codazos al caballeroso príncipe.- Búscate a otra.-
- ¿Y por qué no invitaron princesas para variar? A menos qué...- Y se puso pálido, tragando aire.- Dios mío, es esta clase de baile.-
- ¡Yo quiero su vestido en rosa!- El príncipe de Polonia se apareció por atrás, tratando de quitarle el vestido.- ¡Si no me dices en donde lo compraste, lo tomaré por la fuerza!-
- ¡No!- Gritó más espantado el moreno.- ¡Auxilio!-
El príncipe más alto de todos, de ojos violetas, al escuchar el grito de ayuda, tomó de la cabeza al extravagante rubio de ojos verdes, sí, el príncipe polaco, y lo hizo a un lado...
- ¿Se encuentra bien, da?- Le sonrió, asustando al resto de los presentes.
- Pos la mera verdad, ya ni sé.-
Y de nueva cuenta, alguien lo tomó del brazo, jalándolo hacia sí...
- ¡Ay, caray!-
- Venga conmigo, y la llevaré a la tierra más feliz del mundo.- Le ofreció el rubio de cabellos alborotados.
- S-Sólo quiero irme a mi casa.-
- STOP!- Todos voltearon a ver al príncipe anfitrión, que no estaba haciendo nada más que ser relleno de este capítulo.- ¡No voy a tolerar escándalos en mi fiesta de cumpleaños!-
- Bien, me la llevaré y asunto arreglado.- Se cruzó de brazos el príncipe polaco.- O sea, he estado en mejores fiestas.-
- I'm coming with you.- Se apuntó el rubio de lentes.- Yo quiero a ese gato.-
- ¿Alguien me puede decir de donde salió esta mujer?- Gritó exasperado el rubio cumpleañero.
Eli, quién ya se cansó de que Chema estuviese perdiendo oportunidad tras oportunidad, decidió jugar sucio...
- Ella es su regalo de cumpleaños.- Le susurró al oído, y le aventó más polvo de chocolate.- Y yo que usted aprovechaba.- Agregó maliciosa.
- ¿¡QUÉ!?- Y le dio un escalofrío cuando alguien le rodeó la cintura con un brazo.
- Es suficiente, han bebido de más, y están incomodando a esta dama.-
- ¡Por última vez, soy un hombre!-
- Da. Eso no es un problema.- Y le dio una significativa sonrisa.- Y le partiré la cabeza a aquellos que se atrevan a molestarle.-
Chema se liberó como pudo de su captor, y retrocedió con lentitud...
- ¡Charros, charros!- Y no le agradó para nada la mirada que le dirigían aquellos hombres.- ¡Patitas pa' que las quiero!- Y se echó a correr.
Los príncipes corrieron a su vez tras José María, quién tropezó con los zapatos, pero se levantó de volada para que no lo atraparan, dejando uno de ellos en el suelo...
- ¿Porqué nos pasa esto, gatito bonito?- Le preguntó a su gato.
En las afueras del palacio, en el patio trasero, un hombre rubio de ojos azules y con barba llegaba montado en una bicicleta. Se bajó de ella y la apostó en una columna...
- ¡Al fin!- Decía limpiándose el sudor de la frente.- Estando aquí, ya no tendré que lidiar con esas personas del Frente Revolucionario por una Francia Libre e Igualitaria.-
No obstante, escuchó el barullo que provenía del castillo, y al voltearse, por poco choca con una mujer, o alguien con vestido y su mascota...
- ¡TENGA!- Le dio al recién llegado el zapato de cristal, y se ocultó tras un arbusto, sin soltar a su gato.
- ¿Mademoiselle?- Observó el zapato por un instante, y lo alzó con el brazo, agitándolo.- ¡Espere, dejó su...!-
- ¡Ahí está!- Y el rubio de ojos azules se giró en su sitio para ver la horda de hombres que corría a su dirección, en especial un rubio de espesas cejas, que gritó.- ¡Ella es toda mía!-
Aprovechando la confusión, el moreno tomó la bicicleta del Príncipe de Francia, que por alguna razón no había sido invitado, y acomodó a su mascota dentro de la canastilla delantera...
- ¡Ni locos nos quedamos aquí, gatito bonito!- Y comenzó a pedalear, sin importarle estar descalzo.- ¡Agárrate bien, Misifús!-
- ¡Miau!- Ni siquiera tenía qué decírselo dos veces, el minino entendía mejor de lo que parecía.
Y con la bicicleta, Chema ya no tuvo necesidad de comprar un caballo, ya que haciéndole unos ajustes con la carreta, la cuál compró con el dinero de la cosecha, pudo crear el primer servicio de carruajes rápidos en el país...
- ¿A donde lo llevo, señor?- Dijo al divisar a una persona con prisa acercarse a su transporte.
Sin embargo, se quedó helado al ver qué era el Príncipe de Inglaterra, y no sabía porqué estaba ahí...
- Lo más lejos que pueda llevarme de ese francés pervertido.- Dijo, mas de contuvo de agregar alguna otra cosa tras mirarlo bien, cosa que hizo que Chema sudara frío.- Disculpe, ¿no nos hemos visto antes?-
- ¡N-No, pa-para n-na, nada!- Y tragó saliva con dificultad.- Nunca antes nos vemos visto. Mire, parece que ése es el francés pervertido del qué habla.-
Y sin escuchar su respuesta, comenzó a pedalear con ahínco, dejando atrás a Francis.
- ¡Regresa a mis amorosos brazos, mon amour Iggy!- Exclamó el francés, encamarándose de un salto al improvisado carruaje.
- Bloody Hell, never!- Gritó Arthur mientras se defendía a punta de puñetazos.
- ¿Porqué a mí?- Lloriqueaba el moreno mientras seguía pedaleando.
Fin de El Baile de los Príncipes.
¡Nos vemos! ;D
