Nota de autor: Frozen le pertenece a Disney y Cómo entrenar a tu dragón le pertenece Dreamworks.

Esto pasa después de lo acontecido en Frozen Fever.


En Arendelle:

Elsa se sentía feliz, ¿y cómo no estarlo? Después de dar el gran anuncio al pueblo, todo el mundo se alegro, ya que sería un evento de gran magnitud en el reino: habrá muchos días de celebración y de competencia amistosa. Sin duda, todos dejarían de creer que ella es una bruja malvada y se olvidarían del apodo que le han puesto desde hace un año: "La Reina de las Nieves". Elsa sonrió al pensar en todo lo bueno que vendrá después.

Mientras tanto Anna estaba sentada en el sofá de la biblioteca acompañada por Kristoff. Después del aviso, ambos decidieron irse a un lugar más tranquilo. Ella saltaba de la alegría y la emoción cuando Olaf entra, ve a Anna tan feliz y le pregunta:

-!Hey, Anna! ¿Por qué ahora todo el mundo está tan alegre? ¿Va a haber otro cumpleaños?- Había pasado una semana de la fiesta de la princesa y el muñeco de nieve ya esperaba otra celebración tan divertida como esa.

-No exactamente Olaf- respondió la princesa con amabilidad -Si será una fiesta, pero no de alguien en especial. Se llama el Festival de la Osadía.

Olaf, al oírlo, también se lleno de emoción por dentro. -Guau, ¿y por qué se llama así?

-Pues verás...- Anna empezó a relatarle la historia de cómo los antiguos reinos se unieron con los vikingos para acabar con la amenaza de dragones; se sabía cada detalle del relato porque era su favorito desde que era una niña: le pedía a sus padres que se lo contaran cada noche, y después de que ellos fallecieran, leerlo y recordarlo le ayudaba a calmar el dolor que sentía, era su escape temporal a su sufrimiento. Pero ahora todo eso se había acabado.

-¡Whooo! -Olaf se había quedado con los ojos abiertos después de acabada la historia- es increíble ¿En verdad pasó todo eso?

-Sí.

-¿Existieron los dragones?

-Eso dicen- .

-¿Aún queda alguno por aquí?-

-No Olaf, nadie ha visto alguno en siglos- contesta Kristoff formando parte de la conversación.

Esto decepciono un poco al muñeco, pero rápidamente pensó en un deseo.

-No sería increíble si todavía hubiera. ¿Qué tal si están por ahí escondidos?

-Tal vez Olaf- aunque solo le seguía la corriente, ella debía admitir que también se había hecho la misma pregunta. ¿Qué tal si todavía quedará al menos una sola de esas bestias vivas? Pero esa reflexión quedó interrumpida por otra pregunta de su amigo.

-¿Y también es cierto lo de los cristales?

-Claro.

-¿Está escondido por aquí?- Inocentemente, empezó a inspeccionar los rincones de la biblioteca. Esto hizo que tanto Anna como Kristoff soltaran una pequeña risa, la inocencia de Olaf daba mucha ternura. -Me gustaría poder verlo.

-Sí, sería interesante saber cómo es- comenta Kristoff recostándose en el sillón..

Entonces a la princesa se le ocurrió una brillante idea, -Oh por dios, ¡¿cómo no se me pudo haber ocurrido antes!?. Tomó al montañés del brazo y lo llevaba lejos de la biblioteca.

-¡Anna! ¿A dónde vamos!- preguntaba su novio sorprendido al ser sacado de la habitación.

-¡A ver a Elsa! Es hora de que veas el cristal- decía muy emocionada.

-No lo sé Anna- decía él con un rastro de duda-, ¿crees que sea buena idea?

-Claro que sí, tú eres alguien de confianza- ella decía con seguridad

-¿Yo también puedo ir?- preguntaba Olaf tratando de alcanzarlos.

-Claro que sí Olaf- con esta respuesta el muñeco de nieve corría muy feliz tras de ellos.

Elsa estaba trabajando con el papeleo en su oficina cuando oyó que tocaban la puerta.

-¿Elsa? - preguntaba Anna, -soy yo, estoy con Kristoff y Olaf, ¿podemos pasar?

-Claro-contestó la reina. Se abre la entrada, entran su hermana y sus dos amigos. -¿Qué se les ofrece?

-Pues... nos preguntábamos...bueno, más bien yo me estaba preguntando; porque Kristoff tuvo la idea pero no se animaba a preguntar, pero yo le dije: "Vamos, anímate", pero él simplemente se negaba y después de insistirle muchas, pero muchas veces finalmente aceptó y...

-Anna -interrumpió amablemente su hermana- solo dimelo.

-Ok. Lo que te quería...queríamos preguntar es que... ¿Podríamos ver el cristal de la historia?

La joven reina quedó sorprendida con la pregunta. -Anna, no...no lo sé. Tú sabes las reglas-.

-Sí, lo sé; pero Kristoff ha probado ser de confianza y Olaf sabría guardar el secreto, ¿verdad Olaf?

-Claro que sí- contesta muy alegre.

Elsa miró a la ventana y se quedo reflexionando: es cierto que sus amigos han probado ser de confianza, ya los considera como una familia y significa mucho para Anna. Finalmente tomó una decisión: -De acuerdo, pero prometen no decírselo a nadie-.

La princesa se emociona y corre a abrazar a su hermana. -GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. No se lo van a contar a nadie, ¿verdad chicos?- dijo volteando a verlos.

-Claro Anna, mi boca se mantendrá cerrada- confirmó el muñeco de nieve con una gran sonrisa.

-Yo solo tengo a Sven, ¿a quién más se lo voy a contar?- declaró el montañés.

-Muy bien, primero cerremos la puerta y las ventanas- dicho esto, las hermanas se apresuraron a bloquear todo acceso a la habitación o cualquier punto donde alguien podría verlos.

-Eh...¿No están exagerando un poco?- preguntó Kristoff.

-Claro que no, lo que voy a mostrarles es un secreto y nadie más debe saber donde está- contestó Elsa. Él levantó las manos en señal de "está bien, no voy a replicar más".

Después de asegurarse de que todo estuviera cerrado, la rubia volteó a ver su hermana y amigos con una mirada, una mezcla de seriedad y preocupación. -Lo que estoy a punto de mostrarles es algo muy secreto y nadie más debe de saberlo, ¿entendieron?-. Todos asintieron con la cabeza.

-Ok, vengan conmigo- todos se acercaron al lugar que les indicaba Elsa: el librero. En el tercer estante a la derecha, ella tomó unos cuantos libros y los apartó, dejando ver una parte de la pared. Aunque se veía un tanto oscuro, se podía distinguir una figura en la pared, era un cajón oculto. La reina agarró la pequeña manija y esta se abrió hacia la izquierda; en su interior había un cajón, Elsa lo saca y todos lo ven detenidamente. La caja tenía los bordes de un metal gris casi negro, cubierto por una fina capa de polvo, al removerla se dispersó por el lugar e hizo que todos tosieran. Ahora sólo faltaba levantar los seguros para revelar lo que había en su interior.

Con una mirada, Elsa inspeccionó a las personas (y muñeco de nieve) que había a su alrededor- ¿Están listos?-.

-Sí- dijeron con un rastro evidente de nerviosismo. Ella levantó lentamente los seguros de la caja...empezó a abrirla con cuidado... y finalmente quedó destapada completamente. -Whoo...- todos se asombraron por lo que veían.

-Hmm... recuerdo que era más pequeño y más brillante- dijo Anna.

-Tal vez perdió su brillo con el paso del tiempo. O nosotras lo recordamos diferente- dijo Elsa reflexionando con lo que dijo su hermana.

-Sí, creo que es cierto.

Trataba de no mostrarlo, pero al verlo, la reina sonrió aunque con tristeza; recordó el momento en que su padre les contó sobre el curioso objeto a ella y a Anna. Era un valioso recuerdo de su familia y ahora la estaba compartiendo con las personas que quiere y que la quieren por igual. Ahora era una nueva memoria que nunca podría olvidar.


En Berk:

Hipo estaba caminando por la aldea averiguando si había otro problema por resolver y rezaba a los dioses que los gemelos no hubieran vuelto a prender algo en llamas. Ahora iba de camino al Gran Salón porque su madre y Bocón le iban a decir donde estaba escondida la corona que él deberá utilizar en la fiesta. Subió los escalones y en la entrada se encontraban ellos.

-Hola hijo- dijo Valka-¿está todo bien? ¿Cómo estuvo tu paseo?

-Bien, muy tranquilo, sin ningún problema- pronunció el joven vikingo con una ligera sonrisa. En verdad le había servido alejarse un momento de la aldea para reflexionar sobre su vida.

-Bien, bien-interrumpió Bocón- ahora que el jefe regreso de su pequeño viaje, vayamos a lo que vinimos-. Los tres entraron al Gran Salón; pero antes de ir, Hipo se dio la vuelta y le dijo a Chimuelo: -Amigo, ¿podrías vigilar la entrada?- a lo que el dragón respondió con un gruñido como si dijera: "claro que sí" y se posicionó en medio de las puertas. -Gracias- le dijo el jinete y finalmente cerró la puerta.

Ellos caminaron hacia el centro del lugar. Hipo no pudo evitar ver la pintura de él y Estoico que les hicieron hace años. Estuvo a punto romper en lágrimas, pero resistió; sabía que su padre querría que fuera fuerte por él y su aldea, tenía fe en él y no le iba a fallar. Continuo su camino hacia su madre y Bocón.

-Muy bien- empezó a el viejo vikingo, ¿estás listo para ver lo más valioso que hay en estas tierras? ¿ Lo que muchas tribus han intentado robar desde el inicio de Berk? ¿El símbolo de lo que somos y lo que siempre seremos? ¿Lo que...?

-Si Bocón, si lo estoy- respondió el jefe.

-Muy bien, es por aquí- con un hilo de frustración por haberle cortado la inspiración.

Caminaron hacia la chimenea y se acercaron al hogar*. Ahí, el viejo vikingo tomó una piedra del interior que, al parecer estaba un tanto floja. Con esfuerzo, sacó la roca de su lugar; y ahí estaba: un objeto que apenas se distinguía en la oscuridad. Él metió su brazo izquierdo y con ayuda del garfio que tenía por mano, sacó la valiosa posesión. La corona de metal estaba gris y con apenas un poco de brillo por la cantidad de óxido que llevaba, clara muestra de la antigüedad que tenía.

Al observarlo, Hipo se sorprendió, sabía que ahora él debería usarla.

-Bien Hipo, aquí está, lo que hace que Berk sea...Berk.

-Sólo ten cuidado al usarla- le aconsejó su madre- recuerdo que cuando Estoico lo usó le dio mucha picazón por el óxido.

-Si, después de la celebración tuvo una fea comezón en su cara, que después pasó por todo su cuerpo. Tuvo que estar en cama por un buen tiempo.

-De acuerdo- se lo vio por unos segundos más y se le ocurrió una idea -¿Saben? Creo que sé como solucionar el problema del óxido.

-De acuerdo, pero eso será más tarde- le recordó su maestro- ahora tienes más tareas que cumplir.

-Ahhh...-reclamó el jóven jefe con un signo de frustración- ¿En serio?-. No es que no quisiera cumplir con sus obligaciones, pero ya había hecho bastantes en tan solo unas pocas horas y realmente quería arreglar la tiara.

-Sí, en serio. Ahora sal y haz que Berk sea...Berk- le contestó Bocón. Regresó la corona a su lugar y colocó la piedra para esconderla.

Él, Valka e Hipo caminaban de camino a la salida. Pero el jóven volteó donde estaba oculto el tesoro, sonrió y siguió su camino. Ahora que era el jefe, debía resguardar una de las mayores posesiones de Berk y se prometió a sí mismo que lo haría. No iba a permitir que le pasara algo malo.

Pero lo que no sabía era que el destino le tenía preparado otro camino.


Perdón por no haber escrito desde hace tiempo, pero las clases me mantenían ocupada. Pero finalmente aquí está el capítulo.

Gracias por los reviews.

Gracias. Les escribe Loto de hielo.