Nota de autor: Frozen le pertenece a Disney y Cómo entrenar a tu dragón le pertenece a Dreamworks.

En Berk:

El atardecer estaba a punto de irse para llegar la oscuridad de la noche. Los últimos rayos de sol estaban iluminando la isla lo que le daba una calidez que hacía olvidar por un momento el aire frío. Al pie de las escaleras del Gran Salón, el joven jinete castaño estaba muy exhausto por todo lo que había hecho en el día, entre ellas arreglas las típicas peleas de los vikingos: que alguien le debe a alguien, un dragón se metió a la casa de otro y una que otra queja. En días como esos se cuestionaba si no estaba haciendo las cosas mal, sabía que la plática con Astrid lo había animado, pero aún seguía preguntándose cómo ser el guía de su pueblo.

En ese momento llega Valka.

-Hipo...¿que pasa? Y esta vez dime lo que pasa, sabes que puedes confiar en mí-. Al principio él dudaba, pero la mirada tan dulce de su madre sabía que podía contarle lo que sea.

-¿Crees que hago las cosas bien?

-¿De que hablas?

Se levantó y empezó a hablar -De lo de ser jefe, muchas veces es frustrante cuando no sé cómo arreglar las cosas, o que comenten que no tenga idea de lo que hago. ¿Sabes que me llegan cartas de otras aldeas? Y en algunas dicen que Berk pronto se hundirá por mi culpa y me comparan con los antiguos jefes de sus aldeas, pero más con los de Berk...- se había detenido porque en ese momento estaba ya muy enojado- incluso con papá. Y eso me hace sentir..- ya no pudo terminar la oración y se sentó en el suelo.

Su madre lo vio con tristeza, se acercó a él y lo abrazó; sabía que necesitaba amor y consuelo. Lo ayudó a levantarse, tomó su cara gentilmente entre sus manos y lo miró a los ojos.

-Hipo, no dejes que los comentarios te hieran. Tal vez no seas como los anteriores jefes, pero tienes características que te hacen único. Yo sé que harás cosas increíbles por Berk-.

Palabras pueden lastimar,

tu orgullo mostrará.

Escucha bien tu corazón,

pues él te puede guiar.

Lo invitó a ver lo que había a su alrededor.

Las flores giran hacia el Sol,

con gracia singular.

Y aunque cada una es especial

no es más que las demás.

Crece y ten amor,

que el tiempo a ti te enseñe.

Florece y ve hacia

donde el corazón te muestre.

Crece y ve que al fin

de mil colores te han de ver.

Ten fe pues solo así

tus dones van a florecer.

Finalmente el cielo se tiño de morado. Ahora el castaños ya se sentía mejor, eran las palabras justas que necesitaba. En momentos como ese, agradecía a los dioses por haberlo reunido con su madre. Le dio un fuerte abrazo demostrando todo su cariño. -Gracias mamá- se separó de ella y empezó a subir las escaleras.

-¿A dónde vas?- preguntó al ver al joven tan emocionado.

-Al Gran Salón. Tengo una idea para arreglar la corona-.

-Esta bien, pero no te quedes despierto hasta muy tarde-.

-No lo haré- pero ya no se escuchó muy claro lo que dijo por lo apresurado que iba. Antes de subir los últimos peldaños dio un última despedida a su madre, saludó a Chimuelo que ya estaba esperándolo desde hace un rato y ambos entraron.

-Ok amigo, cuida la puerta mientras yo trabajo- mientras su compañero iba a vigilar, el castaño repitió el proceso para sacar la corona de su escondite. Cuando la tuvo en sus manos, fue a una de las mesas, se sentó y sacó una botella de saliva de dragón; hace tiempo que había descubierto que esa asquerosa sustancia tenía la propiedad de quitar el óxido de ciertos metales, esperaba que pudiera funcionar con uno tan viejo. En un trapo unto un poco de baba y frotó con él la tiara, pero en cuanto empezó a hacerlo tuvo que poner mucho esfuerzo por la gran cantidad de herrumbre que había, era más forzado que las armas que había hecho a través de los años. Después de dos fuertes pulidas, vio que apenas había limpiado un pequeño espacio.

-Esta va a ser una larga noche- dijo con frustración.


En Arendelle:

Elsa ya estaba en su habitación preparándose para dormir. Sentada en su escritorio revisaba unos últimos papeles antes de acostarse. Llaman a la puerta.

-Elsa, soy Anna-.

-Pasa- la pelirroja entra y ve como su hermana aún sigue trabajando, se sentía mal por todo el empeño que pone en sus deberes. La reina se voltea a verla.

-¿Qué deseas Anna?-

-Elsa, antes de irme a dormir me puse a pensar en algo-

-¿Sí?

-Sé que ahora estás bastante ocupada arreglando las cosas para el festival y yo quisiera ayudarte-.

-¿Éstas segura?

-Claro que sí, deseo tener más responsabilidades y apoyarte en lo que necesitas. Puedes darme cualquier tarea, la que sea-. La rubia no pudo más que sonreír, le alegraba que su pequeña hermana empezará a madurar y a trabajar por el reino.

-Muy bien-.

-¡Yeihhh!- empezó a dar pequeños saltos- ¿Qué tengo que hacer?.

-Déjame revisar-empezó a revisar sus documentos hasta que encontró algo que podría hacer Anna- encontré algo. Se supone que hay que verificar que el viejo estadio este en buenas condiciones, pero como no se ha usado en mucho tiempo seguramente tiene muchos daños ¿Podrías ir mañana y ver que hace falta arreglar?

-Desde luego ¿Kristoff puede venir conmigo?- le suplica con ojos tiernos.

-De acuerdo- nuevamente la pelirroja empezó a brincar emocionada.

-Gracias, gracias, gracias. Te prometo que no te fallaré- corre y le da un abrazo a su hermana quién le responde con el mismo cariño.

-Sé que no lo harás-.

Acabando con el abrazo, Anna dió un gran bostezo. -Bueno, creo que ya me voy a dormir. Buenas noches Elsa.

-Descansa Anna- cuando sale, la rubia re-ordena sus papeles, los acomoda en un lugar segura y se va a la cama. Con su hermana ayudándola, el Festival de la Osadía en Arendele será perfecta.


La canción se llama Tus dones van a florecer, es de otra película de Dreamworks. Cuando la escuché otra vez, supe que tenía que ponerla en la historia. Le cambie una frase, en "Crece y ten amor" originalmente decía "Crece y cree en Dios", pero como ellos creen en dioses nórdicos supuse no tendría sentido la oración.

Dejen Reviews.

Gracias. Les escribe Loto del hielo.