Nota de autor: Frozen le pertenece a Disney y Cómo entrenar a tu dragón le pertenece a Dreamworks.

En Berk:

Ya era casi medianoche y el jefe Hipo todavía seguía despierto, habían pasado varias horas desde que empezó a lustrar la corona. Se había esforzado mucho para sacarle brillo a esa antigüedad, el sueño estaba a punto de vencerlo, pero quería terminar con su tarea. Finalmente, dio una última frotada, vio como la tiara relucía no tan brillante pero perfecta. Sonrió de felicidad y el sueño por fin lo venció y se quedó profundamente dormido.

Ya era muy noche, toda la aldea de Berk estaba en total silencio, solo se oía el murmullo del viento. En el Gran Salón, tanto el jinete como su dragón estaban en una profunda inconsciencia; ninguno se dio cuenta que la entrada había quedado entre-abierta. Justo ahí, entró una figura encapuchada, aprovechando la oscuridad se movió con sigilo para no despertar a la enorme bestia que se encontraba muy cerca. Se acercó a la mesa donde estaba el castaño, con mucho cuidado retiró los dedos del joven de la corona y se lo quito para rápidamente cambiarla por otra similar.

Lentamente fue retrocediendo para salir; pero cuando estaba a punto de irse, el dragón movió su cola haciendo que la figura tropezara y soltara el objeto. Este reboto por las escaleras mientras el ladrón trataba de alcanzarlo. Pero ya era demasiado tarde, el tronido hizo que Chimuelo despertará, vio hacia afuera y enojado lanzó un rugido.

El chico despertó y dijo: -¿Qué pasa Chimuelo?- cuando recuperó la conciencia se dio cuenta que esa no era la corona -Espera, ¿pero qué...?- Fue corriendo a las puertas y vio una persona disfrazada huir. Estaba impactado por lo que estaba viendo.

-¡ALTO, SE LLEVA LA CORONA!- sin dudarlo montó en el lagarto y comenzó a seguirlo.

Esto hizo que cada habitante en la aldea se despertará y comenzará a buscar al ladrón. Los jinetes de dragón ya estaban en el cielo para buscarlo.

-Separense y encuentrenló, no deben dejar que escapé.

-¡Ese ladrón va a pagar por haberme despertado!- gritó Patán.

-¡Y a mí!- exclamó Brutacio.

-¡También a mí!- respondió su hermana gemela Brutilda -¡¿Saben lo difícil que es dormir con sus ronquidos?!-

-¡Tus ronquidos hacen temblar la isla!- le contestó su hermano.

-¡¿Así?! Pues...-

-¡AHORA NO! TENEMOS A ALGUIEN A QUIÉN ATRAPAR!- gritó Hipo.

-¡Ok!- respondieron al unísono. Cuando su líder se fue, el vikingo le susurro a su hermana -Tu eres la que ronca.

Todos ellos se fueron por diferentes direcciones, tenían que apresurarse porque aunque el sujeto no podría irse de la isla tenían que atraparlo para interrogarlo y saber sus intenciones.

Astrid bucaba entre los árboles y finalmente lo encontró.

-¡Aquí está!- sin pensarlo le dio la orden a su dragón -¡Tormenta dispara!- la Nadder lanzó una de las puás de su cola y logró anclar la capa del sujeto en un árbol.

-¡Sí!- pero el sujeto había logrado arrancar gran parte de ella y siguió corriendo.

-¡No!- divisó a lo lejos a donde se dirigía el ladrón, rápidamente fue a alertar a sus compañeros: -¡Rápido! ¡Se va a las montañas!.

-¡Ahí lo atraparemos!- exclamó Hipo. En esas montañas no había salida, solo una grieta que daba a las cuevas subterráneas que daban al mar; pero era muy arriesgado salir por ahí, sino morías por la altura o las rocas, las fuertes olas se encargarían de eso.

Volaron a toda velocidad y descendieron de los reptiles debido a lo pequeña que era la entrada. Pero al llegar todos se sorprendieron que esta había sido bloqueada por ¿hielo?; eso era imposible, no era invierno para que eso pasara, pero ahora no había tiempo de preguntarse eso. Sin dudarlo Hipo le dio la orden al reptil negro.

-¡Chimuelo, dispara!- el Furia Nocturna lanzó una bola de plasma que deshizo el helado obstáculo. Todos entraron a la cueva y efectivamente ahí estaba el sujeto encapuchado.

-¡DETENTE! ¡DEVUELVE ESO!- el castaño corrió lo más rápido que pudo, sentía que el corazón se le salía del pecho. Tanto él como sus amigos estaban tratando de esquivar las rocas y las estalagmitas; estaban a punto de llegar al final del camino. Finalmente pudo estar lo suficiente cerca para darse un impulso y sujetarlo por las piernas haciendo que ambos tropezaran. Al caer, el sujeto soltó la corona, esta reboto rodó por el suelo hasta caer en la grieta.

Todos se detuvieron en ese momento pasmados sin poder hacer nada. Hipo se quedó en el suelo con el fugitivo quién con la capa abajo finalmente quedó al descubierto y se volteo para ver al castaño. Era alto, fornido, con el cabello pelirrojo, ojos verdes intimidantes, patiñas que tenía a los lados de la cabeza y una piel blanca. Usaba un atuendo extraño, Hipo jamás había visto algo similar en otras islas del archipiélago. El extraño lo veía con una sonrisa descarada.

-¿Quién eres tú?- preguntó Hipo con miedo y enojo.

-Lamentó que haya tenido que ser así...jefe-. Con una patada logró que lo soltara y antes de que alguien más pudiera hacer algo el sujeto se despidió con un además de mano y saltó a la grieta. El jóven líder intentó seguirlo pero Astrid se lo impidió.

-¡Hipo, no! Es muy peligroso- a él le molestaba pero tenía razón. Se agachó para ver la a través de la salida para ver si el ladrón o la tiara seguían ahí. En la oscuridad vio algo indefinible en el agua: el tipo había sobrevivido y con él se llevaba un valioso tesoro. Ese extraño había conseguido lo imposible, algo que nadie en quinientos años pudo lograr: robar la corona de la fundación de Berk.


O_ O ¿Qué pasó? ¿Quién suponen que hay sido el misterioso ladrón? Eso lo sabrán próximamente.

Dejé dos capítulos porque me parecía demasiado largo y así lograba un efecto de suspenso.

Para escribir este capítulo busqué música de persecución y al oírla la emoción me invadió y comencé a escribir.

Quisiera avisar que esta historia tenga un opening. Se los explicaré en futuros episodios.

Dejen reviews.

Gracias, les escribe Loto de Hielo.