Aclaraciones & advertencias: En este capítulo, sólo OoC y un poco de vocabulario soez. Nada más a resaltar. 2,300 palabras, aproximadamente.
Editado: 27/07/15
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Retención
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Lo primero que se le venía a la cabeza cuando se imaginaba a la hija de un yakuza, más aún, la hija de uno de los padrinos más influyentes y grandes de Osaka, era una mujer de carácter fuerte, tatuada hasta el ombligo, cara de pocos amigos, posiblemente robusta y machorra… Pero, ¡oh, sorpresa! Cuando descubrió el rostro de aquella chica, era la de alguien común y corriente. Menuda, piel pálida, ningún tatuaje en los brazos o piernas, temblando cual pollito mojado. Nada que ver con lo que el joven hombre se había figurado.
La mujer cerró los ojos fuertemente, creyendo que este le haría algo.
— ¡Bah! ¿Seguros qué no se equivocaron de chica? —Recriminó Naruto a sus hombres. Ellos negaron con la cabeza.
—Claro que no, jefe. Seguimos las instrucciones de Karin al pie de la letra.
El rubio dirigió la vista hacia la pelirroja que estaba sentada plácidamente sobre un pequeño sillón, mirando el espectáculo. Se incorporó rápidamente al sentir la mirada amenazadora del Uzumaki.
— ¡A mí ni me echen la culpa! —Dijo acomodándose los anteojos indignada—. Esa chica de allí es Hinata Hyūga, no tengo duda alguna de ello. Que seas tan bruto como para no creerme es muy tu problema, Naruto. — Señaló Karin, cruzándose de brazos.
El rubio hizo un puchero. De no ser porque Karin era la segunda al mando y, sobre todo, único familiar de sangre cercano con vida, específicamente su prima, seguramente ya la habría corrido.
Giró rápido la cabeza en dirección a la chica atada. Esta aún con la cabeza baja y tiritando. Se colocó de cuclillas frente a ella, agachando la cabeza en un intento por verla a los ojos.
— ¡Bien, pues si realmente eres la hija de Hiashi, quiero que me digas todo lo que sepas de él! ¡Más vale que cooperes, si no, tendré que matarte!
La mujer abrió los ojos lentamente, para toparse con unos desafiantes ojos azules. Se desmayó al instante.
— ¡¿Pero qué…?!—Gritó el rubio desprevenido. Zangoloteó a la chica bruscamente en un intento vano de que reaccionará, nada. La mujer parecía muerta— ¡Pero qué persona tan más rara! — Dijo al tiempo en que se ponía de pie.
— Vamos, jefe. La pobre estaba muy asustada, encuentro normal que se desmayara — abogó un joven de cabello negro con corte de "casquito" y cejas pobladas.
—Lee tiene razón…Es una chica, sea un poco más delicado—ahora era una castaña de chongos la que hablaba. Naruto entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.
— ¡Muy bien, muy bien! Ya entendí el punto —clamó Naruto atosigado — Bee, llévala al cuarto. En cuanto despierte le volveré a preguntar.
Un hombre moreno, alto y musculoso apareció, al parecer se había mantenido en el marco de la puerta, escuchando. Se dirigió hasta donde estaba la chica amarrada, con un singular paso. La levantó como si nada y la echó sobre su espalda.
— ¡Okey! —Soltó con ritmo haciendo "cuernos" con la mano que tenía libre. Para ser un hombre de treinta cinco años, tenía demasiada energía. Naruto asintió al ritmo de aquel hombre.
—Tenten, tú vigílala y avísame en cuanto despierte—ordenó Naruto. La chica afirmó con la cabeza — ¡Vamos a comer ramen, yo invito! —agregó más tarde, rascándose brevemente la barriga. Su gente soltó un grito de alegría.
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Fue cobrando la conciencia poco a poco. Lo primero que divisó fue a una muchacha castaña, sentada a un lado de la puerta. No sabía en donde estaba, aquel cuarto le era completamente desconocido. Recordó entonces cómo la habían dormido con cloroformo y arrastrado en contra de su voluntad. Luego, aquel rubio invadiendo su espacio personal tan desvergonzadamente y gritándole tan altanero; fue su último recuerdo, antes de caer desmayada por el miedo.
No iba a negarlo, seguía asustada. No sabía qué es lo que le harían. Notó que ya no estaba amarrada de las manos, tan sólo tenía una cadena rodeándole el tobillo, una cadena que estaba pegada en una de las paredes.
Se incorporó, ya que, estaba recostada sobre lo que parecía un "sofá-cama".
— ¿Dó…Dónde…Estoy? —Logró articular con dificultad. La castaña le prestó su atención, sonrió sutilmente.
—Tranquila…Estás en una de las oficinas del clan Uzumaki.
— ¿U…Uzumaki?
—Claro, supongo que has escuchado hablar de nosotros, aunque sea una vez —respondió Tenten extrañada. Hinata negó con la cabeza provocando que la castaña abriera la boca, sorprendida—. Bueno, quizá es porque ahora mismo somos un clan pequeño y no hemos hecho mucho movimiento últimamente —repuso Tenten amable. Hinata agacho la cabeza, retraída.
—Dime… ¿Me van a hacer daño? —Balbuceó. La chica hablaba muy despacio, por lo que la castaña apenas y le logró comprender.
—No…Aunque el jefe a veces hable y actué de forma intimidante, el jamás le haría daño a una mujer…No, a menos que ella lo intentara matar primero—agregó simpática. Hinata no supo si sentirse mejor con aquel comentario.
—Entonces… ¿Qué es lo que, lo que quieren de mí?
—Sabes, para ser la hija de Hyūga Hiashi, pareces desconocer bastantes cosas —respondió Tenten, con expresión insólita.
—Eso es porque…
La pelinegra fue interrumpida al abrirse la puerta de aquel cuarto, dando paso a un rubio que se adentraba de forma autoritaria, cargando consigo lo que parecía una bolsa blanca de plástico.
— ¡Vaya, hasta que despertó! ¿Por qué no me has avisado? —Dijo Naruto, refiriéndose a Tenten. La castaña frunció los labios.
—Eso es porque acaba de despertar. Además…
— ¡Bueno, no importa! —Rió el rubio despreocupado, dejando con la palabra en la boca a la de chongos, cosa que le molestó pero al final suspiró resignada, conociendo ya la personalidad del hombre.
Naruto tomó lugar a un lado de la "rehén", esta se encogió, temerosa. El rubio le extendió la mano, invitando a que tomara la bolsa que traía consigo. Hinata no hizo nada, tan sólo miró la bolsa, confundida.
—Anda, tómalo…Es comida, que mejor que sobrellevar un mal momento que con ramen, de veras…
Sonrió abiertamente, haciendo que la Hyūga tomara un poco de confianza. Tomó la bolsa, tocando accidentalmente los dedos del hombre. El no pareció notarlo y se la entregó. La chica por otro lado, sintió un hormigueo…Y es que, era la primera vez que convivía con un hombre extraño, en aquellas circunstancias, de esa manera.
—Lamento si fui un poco rudo contigo hace un rato…Pero creí que sería más fácil hacerte hablar de esa forma —soltó una risita estúpida. La chica se volvió agachar, esta vez un apenas visible sonrojo se le notaba en las mejillas. La sonrisa de aquel rubio le era reconfortante, bastante amable, cálida…Muy diferente—. Vaya, tú no hablas mucho, ¿eh? —Se quejó Naruto, interrumpiendo las cavilaciones de la mujer.
—Yo…Lo siento…Si lo que quieres es dinero…Mi…Mi pa…Padre…
El rubio negó con la mano, interrumpiendo de nuevo a la chica—. No, no, no. No quiero dinero…Lo que quiero es que tu padre comience a respetarme y que se entere que le clan Uzumaki es igual de poderoso que el Hyūga. Por eso te hemos secuestrado, no lo tomes personal. Tan sólo son negocios. Tú a cambio de respeto y otros beneficios. Comprenderás que estarás retenida aquí, hasta entonces —informó el hombre recargándose descuidado sobre el respaldo del sofá. Hinata mostró una cara triste, cosa que al rubio le dio curiosidad.
—No creo que mi padre venga por mí…Mucho menos que negocie… Por alguien como yo.
— ¡Pero qué dices, si eres su hija! ¿O no? ¡Claro que debe venir por ti, si en verdad te quiere! —Exclamó el rubio vehemente. Hinata miró a un rincón.
—Tal vez venga…Pero no será por mí…
Naruto enarcó una ceja, al no saber exactamente a qué se refería la Hyūga. Apunto de preguntarle del por qué decía aquello, un joven de cabello negro y piel extremadamente pálida irrumpió.
—Jefe, Karin dice que vaya. Es sobre los Hyūga.
—Ahora voy, gracias por el aviso, Sai.
El rubio se levantó, dejando a la chica a cargo de la castaña. Una vez que Naruto salió del lugar, Hinata abrió con cuidado la bolsa. No tenía mucho apetito, pero admitía que tenía un excelente olor aquel ramen.
—Anda, come. No será lo más nutritivo del mundo, pero comida es comida —invitó Tenten, observando que la chica no hacía nada. Hinata asintió y sacó el recipiente que contenía los fideos.
— ¿Quién era él? —Cuestionó la chica con voz suave.
—El es Uzumaki Naruto —contestó, recargando su mentón en una de sus manos.
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—Al fin ¿Por qué tardaste tanto? —Preguntó Karin colocando sus manos sobre sus caderas. Miró con más atención, advirtiendo que el rubio tenía un pedazo de fideo en la cara. Quiso darse una palmada en la cara, no tenía ni media hora que habían comido ramen y Naruto ya había vuelto a comer en el camino—. Olvídalo —dijo antes siquiera que el Uzumaki le contestara.
— ¿Qué pasa? ¿Hiashi ha llamado? —Cuestionó Naruto, acomodándose los pantalones.
—No, tan sólo estamos planeando todo, en caso de un posible ataque de los Hyūga. Sabes perfectamente que el hombre posiblemente nos ataque, después de todo tenemos a su hija. Recuerda que si eso pasa, tenemos que agarrarle y sobornarle.
—Me gusta más la palabra "negociar" —corrigió Naruto parando la boca.
— ¡Lo que sea! —Replicó la pelirroja alterada— El caso es que hay que tenerlo todo bien calculado…Es el clan Hyūga al que nos estamos enfrentando, después de todo.
—Lo sé. Sé que tan serio es el asunto, por eso, quiero aprovechar esta oportunidad para demostrarle a ese viejo que tan fuertes podemos ser —respondió serio. Karin se acomodó las gafas, ahora sí, tendrían una junta prudente.
—Bien, nuestra localización nos es útil, nuestra oficina al estar situada en un lugar recurrente de civiles, hace que un ataque de día no sea lo mejor. Es más seguro que sea por la noche, por ende, nos tendremos que turnar para hacer guardia. Tendremos vigilancia continua fuera y dentro de nuestras áreas, cualquier movimiento sospechoso será informado de inmediato. He separado grupos de tres para ello…
La gente escuchó con atención a la pelirroja de lentes, todos reunidos y sentados sobre el suelo o parados atendiendo con cuidado las indicaciones. En total era cincuenta personas, la mayoría hombres, solo tres mujeres en el grupo, contando a la castaña ausente.
—Hay que sacarle información a la rehén…Propongo que alguien se haga cargo de ella, yo…
—Yo me haré cargo —proclamó Naruto con una sonrisa de lado, muy seguro.
—Pero, jefe, no tiene que ser usted forzosamente, solamente encárgueselo a alguien más —comentó Lee, para después ofrecerse para el puesto. El rubio flexionó por un rato.
— ¡Nah! No te preocupes, cejotas, después de todo es la hija de mi jodido enemigo. Yo seré quien le saque la información—articuló mostrando una hilera de dientes.
—Oh, está bien, como quiera—dijo pestañeando rápido.
— Decidido, entonces — anunció Karin. En sus lentes se reflejaron la luz, ocultando sus ojos por el brillo.
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—Ya veo…Con que él es su oyabu—dijo la chica con voz tenue.
—Sí…No será el más listo, pero le tenemos mucho aprecio.
Ambas guardaron silencio. Hinata pudo sentirse mejor platicando con aquella mujer castaña; de hecho, su miedo casi se había desvanecido, pues hasta el momento no la habían tratado mal. Miró con más cuidado a la chica con la que platicaba, parecía tener su edad, más o menos unos veinte años.
Traía puesto un pantalón negro, una blusita de tirantes blanca con encaje en la parte superior del busto. Pero eso era lo de menos, lo que en realidad contempló la Hyūga, fueron los tatuajes de la castaña, sus brazos estaban tapizados hasta las muñecas, los diseños eran impresionantes y bien detallados al más puro arte y estilo japonés.
— ¿Te gustan? —Dijo Tenten, sorprendiendo a Hinata verle sus tatuajes. La chica se alteró y agachó la cabeza avergonzada—. Descuida, ya estoy acostumbrada…Puede que no se vean bien en una mujer, pero me los he hecho para mostrar lo que soy. Es una marca que siempre vivirá conmigo, un recordatorio de mi pasado —explicó, tocando uno de sus brazos con las yemas de los dedos.
—Puedo… ¿Puedo preguntarte cómo es que terminaste aquí? —inquirió tímida. La chica se turbó ante su pregunta, aun así decidió contestarle.
—Mi historia del cómo llegué aquí es larga, por lo que sólo te diré que para unirte a los yakuza, lo más común es esto: Ser un indigente muerto de hambre; créeme, muchos están aquí por esa razón, o ligarte o hacer negocios con uno de ellos, deberles algo o ser un familiar muy cercano...En mi caso, es la primera.
Su conversación se vio interrumpida. Por la puerta entró Uzumaki Naruto, cargando lo que era una televisión de mediano tamaño en un brazo y en la otra mano, sostenía una bolsa repleta de comida chatarra.
— ¡Bien, comencemos con el interrogatorio, de veras! —Vociferó el rubio asustando a ambas chicas ante tan repentina aparición.
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Hiashi arrugó con enjundia la nota que el clan Uzumaki les había dejado.
— ¿Y bien? ¿Cómo fue que un clan tan patético y pobre como el Uzumaki logró infiltrarse en nuestros territorios, dejar a cinco de nuestros hombres heridos y dos muertos? —Preguntó notablemente furioso a un grupo de hombres, los cuales apretaron las mandíbulas con fuerza ante el miedo que les inculcaba.
—Lo sentimos, señor. Pero nos cayeron de sorpresa.
— ¡Esa no es excusa! —Bramó colérico, haciendo que sus hombres se encogieran de pavor— ¡Nuestra reputación puede verse afectada por ese simple error!...Esto no se quedará así, les enseñaremos a ese mugriento clan quien es el que manda. ¡Los mataremos a todos y cada uno de ellos! —Sentenció el hombre a gritos.
— ¿Y qué hay de su hija, señor? —Cuestionó con cierto grima uno de sus hombres. Hiashi le fulminó con la mirada.
—Ella es una inútil…Su rescate queda en segundo plano —anunció con cierta arrogancia —. Neji, si puedes, rescátala; si no, no importa, que ella se las arregle como pueda.
Un hombre de cabello castaño, igualmente largo y ojos grisáceos, asintió sin hacer protesta alguna ante las órdenes de su señor.
—Si Uzumaki Naruto quiere mi respeto, tendrá que hacer algo más grande que querer sobornarme secuestrando a una de mis hijas…Lo lamento por él y su gente.
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