Aclaraciones & advertencias: En este capítulo, tambiénOoC y un poco de vocabulario soez. Nada más a resaltar. 3,500 palabras, aproximadamente.
Editado: 27/07/15
.
2
Inconveniente
.
-O-
Si con un interrogatorio se refería a estar viendo el béisbol y comiendo como loco frituras con un montón de hombres a su alrededor, haciendo exactamente lo mismo que él… Entonces sí, estaba haciéndolo perfectamente.
— ¡Vamos, hombre! ¡Batea mejor! —Chilló Naruto al televisor. En la habitación se escuchaba el crujido de las frituras siendo masticadas por la bolita allí reunida, riendo y gritando con "varoniles" voces.
Para Hinata, era sumamente incómodo estar rodeada de aquellas personas, las cuales sólo comían y bebían cual cerdos. Se mantenía inmóvil en el sofá, reduciéndose a un pequeño espacio, siendo aprisionada por el rubio y un chico de cejas pobladas.
Si la chica hubiera tenido cinco años, seguro se orinaba allí mismo. Peor fue cuando Tenten abandonó la habitación, dejándola a su suerte con aquella bola de hombres. Apretó los puños, ferviente; intentando con todas sus fuerzas aguantar estar en la misma posición por más de una hora seguida.
— ¿No te gustan las papas?
Hinata tuvo que girar un poco la cabeza para ver al propietario de dicha pregunta. Era aquel chico con ojos de mirada extraña y corte de "casquito".
—Es cierto, ahora que lo noto, no has comido absolutamente nada desde que inició el partido— terció Naruto que estaba al otro lado de la chica. Hinata negó levemente con la cabeza.
— No…Es sólo que…N-no p-puedo moverme con facilidad… Y es incómodo—soltó la chica finalmente esperando que los hombres no se enojaran con tan atrevido comentario.
— Oh, ya veo, con qué era eso. ¡Lo hubieras dicho antes, mujer! — Sonrió Naruto para empujar al otro joven que tenía a su lado, haciendo que a su vez, éste empujara al siguiente y por ende se callera al suelo.
— ¡Ay! ¿Pero por qué ha hecho eso, jefe? —Se quejó el hombre que había caído al suelo, ahora sobándose parte de la nalga.
— Era necesario, acá ya estábamos muy amontonados— respondió el rubio sin más. Para después meterse otro par de frituras por la boca. El joven que estaba aún en el piso le dedicó una miradita con cierto desdén. Se tuvo que conformar y quedarse sentado allí con los demás.
Volvieron a reacomodarse en aquel sillón, ahora ya había más espacio y Hinata destensó un par de músculos entumidos.
— Vamos, toma—volvió a ofrecer Lee. Hinata, tímida, tomó una fritura y la comió, masticando lentamente. No tenía de otra, tenía que hacer lo que le pidieran, sin con ello la dejarían libre, entonces estaba dispuesta a hacer lo que sea…Aunque si lo pensaba con más claridad, aquel lugar no era tan malo, hasta el momento no le habían dicho o hecho nada terrible, es más, eran amables.
— ¡Naruto! ¡Se supone que estarías interrogando al rehén, no haciéndote el idiota con esta otra bola de idiotas! —Era Karin la que gritó furiosa, entrando y marcando sus pasos colérica. Naruto bebió de su cerveza un tanto espantado, mirando como la pelirroja se acercaba a ellos.
— ¡Sabía qué harías algo así!
Ahora estaba frente al rubio, regañándole como una madre. Entre tanto, los demás chicos miraban la escena con atención, sin dejar de comer su tan preciada chatarra. Naruto parecía no ponerle esa atención que los demás le disponían, seguía mirando campante el partido. A Karin se le marcó una vena en la frente… ¡Suficiente! Tomó a la Hyūga de un brazo levantándola del sofá bruscamente, sacó una llave de su pequeño short y abrió el candado que mantenía presa a la pelinegra. Hinata tembló ante los movimientos tan bruscos y poco delicados hacia su persona. Retiró lo de "amables".
— ¡Si quieres algo bien hecho, debes hacerlo tú mismo!...Así que, adelante, sigan viendo su partidito — dijo Karin aún con la furia asomándose en su voz y expresiones. Jaló a la Hyūga fuera de la habitación, los demás no objetaron nada y continuaron en lo suyo.
— Vaya, ahora sí que Karin estaba furiosa. ¿Qué va hacer al respecto, jefe? — preguntó Lee preocupado.
— Shhh…— silenció el rubio con el dedo, atento a la pantalla.
O.O.O
La pelirroja arrastró a Hinata hasta otro cuarto, mucho más pequeño, en el cual sólo había una mesa de madera y un par de sillas. Sentó a la Hyūga y cerró la puerta tras sí. Tomó lugar frente a la muchacha asustada.
— Bien…Podemos hacer de esto un interrogatorio tranquilo y cooperador. Este es el caso, yo te hago preguntas y tú sólo te limitaras a contestarlas, con la verdad, de lo contrario…Me temo que te tendrás que despedir de tu perfecta carita — amenazó Karin, cruzándose de brazos.
Hinata se quedó inmóvil, su labio inferior temblaba, una lágrima involuntaria se derramó por su mejilla. Se limitó a asentir levemente con la cabeza, aceptando hacer lo que la pelirroja le proponía.
— Primero que nada, ¿cuándo crees que tu padre venga? — Karin sacó un cigarrillo de su sostén y del mismo extrajo un encendedor.
— Yo…No lo sé…Ta-tal vez no venga.
— ¿Cómo que no lo sabes? ¿Y cómo que no vendrá? — Reprochó la pelirroja algo irritada. Hinata se encogió.
— Pues…Si viene…Será porque se han metido en sus barrios…E-En sus cuarteles, eso le mo-molesta mucho.
Karin sacó una fumarola de humo por la boca, estaba notablemente aburrida—. Ya veo… ¿Con cuántos hombres cuenta el clan Hyūga? ¿Qué armas utilizan? ¿Cuáles son los métodos de ataque de su clan? — Cuestionó de corrido, haciendo pausa en cada pregunta para aspirar de su cigarrillo. Saco todo el humo por la nariz. A Hinata le comenzó a molestar aquel humo de cigarrillo…Odiaba el olor a tabaco, aun así se lo tuvo que aguantar, como siempre lo hacía.
— Yo…No se mucho, pe-pero…Lo más seguro es que, si mi pa-padre esta lo suficiente e-enojado, atacará en unos cuantos días. En…Total cre-creo que somos ciento cincuenta… y armas…Las úsales…supongo.
Karin hizo los labios de lado, fue demasiado fácil a su parecer haberle sacado la información…Mejor dicho, que ella hablara tan fácilmente. Si realmente era la hija de un yakuza debía saber que era mejor morir antes que entregar a su clan. Además, no había pasado por alto los comentarios de la Hyūga que probablemente su padre no fuera, y si lo hacía no sería por ella ¿Qué clase de padre sería Hiashi Hyūga para no interesarse en su propia hija? O tal vez ¿Qué clase de hija sería esa tal Hinata, para que su padre le diera igual su vida? Exhaló humo antes de volverle a preguntar.
— Dime… ¿Tú padre no te quiere o qué?
Hinata levantó un poco la cabeza, dudosa. No quería responder a esa pregunta. Su garganta era un enrome nudo. Ese nudo se hizo más grande y doloroso cuando Karin le cuestionó sobre su progenitor.
— ¿Qué no piensas contestarme? — Reprobó la de lentes harta del silencio de la chica.
— M-mi…Padre…Y-yo…Soy un fracaso para él…— respondió finalmente a duras penas.
¿Fracaso había dicho? Karin quiso interpretar aquellas palabras. Se notaba a leguas que la chica que tenía frente a ella no tenía pinta ni actitud de yakuza. Débil, sosa, temerosa, tímida…Seguro su padre era de esos señores que tenían ciertas expectativas con sus hijos y que de alguna u otra forma terminaban decepcionados porque son todo lo contario a como uno lo desearía. Sí, no era difícil adivinar el porqué de las palabras de esa Hyūga.
«Que cosas», pensó Karin recargándose sobre la mesa. Que mala suerte el haber nacido ligada a esa mafia o tal vez sería, que mala suerte de ella el haber adoptado aquella personalidad y actitud nada convenientes, o ambas a la , era todo el interrogatorio. Sólo eran unos detalles que Karin necesitó saber sobre el clan Hyūga. Y si quería saber otra cosa más, únicamente volvería a preguntar.
— Es todo. Hemos terminado por ahora — anunció, levantándose de su silla. Hinata seguía pasmada sin decir o hacer nada. Karin casi siente un poco de lástima por ella—… Tenten vendrá por ti en unos minutos…— agregó seca antes de salir por la puerta, echándole candado.
O.O.O
— Hazte cargo de ella — ordenó la pelirroja a Tenten, la cual permanecía esperando afuera de la habitación, asintió acatando la orden.
Karin se encaminó hasta donde se habían reunido hace momentos atrás, con los integrantes del clan. Tenía que planear todo detalladamente, ya que no era sólo un juego eso de secuestrar y entrar en territorios ajenos. Menos si se trataba de un clan tan importante como el Hyūga. Tiró y pisó su cigarrillo antes de llegar. Para su sorpresa, Naruto y aquella bolita de hombres ya estaban allí, platicando y riendo tajantemente.
— ¿Y bien? ¿Cómo te fue en el interrogatorio? — Dijo el rubio cínico, provocando que la pelirroja chirriara los dientes de rabia.
— ¡Serás idiota! ¡Y todavía tienes el descaro de preguntarme!
— Vamos mujer, relájate y disfruta de este atardecer, antes de agriarte, piensa que eso no es interesante — cantó un alto musculoso de piel morena.
— ¡Eh, buena esa, Bee! — Halagó Naruto haciéndole la seña de cuernos con la mano. Bee, sonrió soberbio como respuesta. Por otro lado, a Karin se le ponía la cara roja de enojo.
— En vez de estar rimando y haciéndose tontos viendo partidos de beisbol, deberían estar preocupados y más ocupados con respecto al clan Hyūga— dijo Karin, captando de nuevo la atención de todos.
— Es verdad, jefe. Deberíamos tomarnos con más seriedad este asunto — terció Sai que estaba en un rincón de la habitación. Naruto frunció el ceño, adaptó una posición más mesurada.
— Claro que me estoy tomando esto con toda la seriedad del mundo — sus hombres y Karin lo miraron con incertidumbre —. Está bien que ahora parezca relajado, pero es porque no quiero tensar las cosas más de lo que deberían. Lamento no haber interrogado a la chica…Ya no pasará, prometo ser más responsable con ello, de veras.
La pelirroja se cruzó de brazos, ya un poco más tranquila. Aún así, siguió dudando de las palabras de su primo. Naruto percibió la desconfianza de la chica.
— En serio…Es más, ¿dónde se encuentra ahora? — Profirió Naruto, queriéndose ganar, de nuevo, la tranquilidad de Karin.
— La he dejado en aquel cuarto pequeño…Pero ni te molestes en interrogarla que ya me ha dicho todo lo que quería saber.
— Vaya, pero que rápida eres— dijo Lee sorprendido. Karin alzó la cabeza vanidosa.
— Pues claro…Es de mí, de la que estamos hablando— soltó nada modesta la mujer, ganándose uno que otro abucheo de los hombres, a lo que la pelirroja los calló a todos con un tremendo grito.
— Entonces, si ya le has sacado todo lo que le tenías que sacar… ¿El jefe ya no hará nada más? — Inquirió Sai, Naruto le dedicó una mirada reprobatoria.
— Nada, él le tiene que ayudar a Tenten a cuidar del rehén. Después de todo "es la hija de tu enemigo" ¿O me equivoco? — Se burló Karin provocando la irritación del rubio.
— Mierda, ¡ya entendí! — Chilló Naruto al tiempo en que se ponía de pie, demasiado dispuesto a ir a ver a la Hyūga, si eso haría callar a Karin por unos momentos, entonces estaba dispuesto a sacrificar algo de su tiempo de ocio.
O.O.O
— Cálmate…Todo estará bien — intentó aliviar Tenten a la mujer, la cual estaba en un estado bastante agitado —, ¿Hinata? — Volvió a llamar la castaña. No estaba muy segura de llamarla por su nombre, apenas y la conocía, tan sólo sabía generalidades como su nombre al estarla vigilando desde hace un mes atrás, aun así, le pareció que eso era lo de menos.
Hinata reaccionó al escuchar su nombre. Miró a Tenten y sus ojos se le humedecieron. Como niña chiquita se encogió y cubrió su rostro con sus brazos, le daba tanta vergüenza que la miraran estando de aquella manera…Como una cobarde, llorona y debilucha. Siempre así.
Tenten depositó su mano en la espalda de la chica y le sobó suavemente, tratando que no comenzara a llorar y de alguna forma brindarle un poco de calor para hacerla sentir mejor.
— Lo lamento mucho…Yo fui la culpable de que Karin fuera por ti, pero te vi tan incómoda con los chicos que decidí avisarle sobre el asunto…De haber sabido que se pondría así, no le hubiera dicho nada — explicó la castaña sin dejar de mover la mano sobre el dorso de Hinata —. Vamos, tranquila…No fue para tanto.
La Hyūga inhaló fuertemente, con la finalidad de calmarse aunque fuera sólo un poco.
— P-perdón…— dijo débilmente —, y-yo siempre he sido así…De débil…No es, no es mi intención llorar a cada rato…E-es sólo que, es sólo que…
— Ya, no digas más, entiendo — interrumpió la castaña al percatarse que la chica tartamudeaba más y su voz iba quebrándose también —. Mira…No te prometo nada, pero si todo sale bien, te aseguro que te dejaremos ir pronto— quiso consolar Tenten. Hinata no dijo nada, en vez de eso asintió, aún con el rostro cubierto por sus brazos.
Fue entonces cuando la puerta de la pequeña habitación se abrió. De nuevo era Naruto. Se detuvo al observar a las dos chicas. Tenten de cuclillas a un lado de aquella Hyūga, y ésta, todavía cubriéndose el rostro. Se rascó la cabeza al no entender a qué se debía aquella escena.
— Jefe, ¿qué hace aquí? — Preguntó la castaña volviéndose a levantar.
— Pues qué más…A hacerme cargo de esta mujer— respondió, acercándose a ambas.
— Ya veo…Está bien jefe, tengo todo bajo control por aquí — dijo Tenten, apartándose un poco al ver que Naruto iba hacia ellas.
Se había percatado de Hinata, la cual no quitaba sus brazos por nada del mundo. Ahora era él quien se ponía de cuclillas para quedar al mismo perfil que el de ella.
— ¿Te duele algo? — Cuestionó el rubio de lo más tratable. Hinata no le respondió, en vez de eso, se cubrió con más fuerza. Naruto colocó una mueca extrañada — ¡Oye, te estoy hablando! — Volvió a insistir. La chica volvió a hacer lo mismo, provocando que Naruto se desesperara. Tomó los brazos de la Hyūga, obligándola a quitárselos de la cara, forcejeó sólo un poco para lograr con éxito descubrir el rostro de la chica. Hinata cerró los ojos y agachó el cuello.
— ¡Vamos, que no te pienso hacer nada malo! ¡Pensé que ya te habías acostumbrado! — Exclamó Naruto, refiriéndose al partido de beisbol.
—No…y-yo.
Nuevamente Naruto tuvo que prestarle mucha atención, de no ser así, apenas y podía entender lo que decía la Hyūga con tanto tartamudeo y esa voz tan bajita.
—Jefe, vamos, no sea tan brusco con la pobre Hinata—interceptó Tenten, ganándose la atención del hombre, el cual soltó a la chica de su agarre.
— ¿Eh?...Pero si no estoy siendo brusco, tan sólo quería saber si le dolía algo—explicó el hombre de lo más normal. Hinata, por otro lado, dirigió poco a poco la vista hacia el rubio el cual seguía parloteando. A simple vista le pareció alguien muy temerario con aquella pose y ropajes, sin mencionar los tatuajes que tenía en los brazos, igual que Tenten y muchos de allí y su clan, estaba tapizado de aquellos dibujos al estilo japonés.
Observó con atención los tatuajes del brazo del Uzumaki. En uno de ellos distinguió la figura de un dragón muy colorido, el cual escupía lo que parecía una bola de fuego, o más bien, un sol con forma de espiral. Aquel diseño le pareció de lo más "bonito". Paulatinamente subió la mirada hasta toparse con el perfil del hombre, que no paraba de hablar.
La luz de la habitación hacia que el rostro del Uzumaki se iluminara, incluso su cabello rubio parecía estar emanado luz propia. En lo que lo estudiaba, se dio cuenta de la sonrisa de éste…Era muy contagiosa y le hacía sentir de alguna extraña manera una enorme seguridad. Dejó sus cavilaciones atrás cuando de la nada, Naruto giró la mirada hacía su dirección topándose frente a frente. La Hyūga al instante apartó la vista, un poco avergonzada de que él se hubiera percatado que lo estaba mirando.
— ¿Hinata, cierto? —Dijo Naruto en tono amable. Hinata asintió levemente.
—S-sí… —contestó sutilmente.
—Muy bien, Hinata. De ahora en adelante tendrás que pasarla conmigo. Eso hasta que el viejo de tu padre se atreva a dar la cara por aquí. No te preocupes, si obedeces a todo lo que te digamos, te aseguro que regresaras sana y salva a tu casa —condicionó Naruto sin quitar aquella sonrisa tan amistosa. Hinata tragó en seco, antes de tomar todo el valor que pudo para cerciorarse que así sería.
— ¿Lo…Lo pro-promete?
Naruto se desconcertó un poco ante el cuestionamiento de la mujer. En seguida, le mostró una tenue, pero sincera sonrisa—. Te lo prometo —replicó muy sereno.
Hinata levantó un poco la cara para ver a la cara al Uzumaki. No pareció que estuviera mintiendo, por aquella expresión facial, la chica sintió que podía confiar en su palabra. De nuevo debió girar la cara para otro lugar, como solía acostumbrar. Nunca podía mantener contacto visual con las personas, por más que lo intentará, de alguna u otra forma, siempre terminaba fracasando, una de las tantas cosas que odiaba de sí misma.
—Jefe, entonces, ¿qué haremos ahora con ella?... ¿Piensa dejarla aquí o…? — Cuestionó la castaña que había permanecido callada. Naruto se rascó la parte trasera de la cabeza.
Ahora que Tenten lo mencionaba, no sabía en donde situar a la Hyūga. Le parecía algo desagradable dejarla en ese cuartito tan pequeño, incluso él se sentía incómodo de pasar tanto tiempo en ese lugar. Recordó la otra habitación donde estaba la primera vez, igual no sería mala idea dejarla de nuevo allí, pensó el rubio con la mano en la barbilla.
Dejó de razonar cuando le llegó un olor extraño. Olfateó antes de darse cuenta de donde provenía aquel olor tan singular. Hinata estaba apretando las piernas, moviéndolas de un lado a otro de manera un tanto disimulada. Naruto enarcó una ceja y arrugó la nariz.
—Ah, ¿y ahora qué te pasa?
Hinata se ruborizó, no queriendo contestar a la pregunta, pues le era embarazoso tener que decirlo.
—E…Es que…T-tengo…que ir…—farfulló débilmente, sin hacer ningún contacto directo. Naruto quedó igual o más confundido.
— ¿Ir? ¿A qué te refieres con eso?
—No será que… ¿Necesitas ir al baño? —Reaccionó Tenten, evidentemente más rápido que el joven rubio. Hinata asintió apenada. Naruto comprendió al instante, poniéndose alegre, como si hubiera resuelto el problema matemático más difícil.
— ¡Ya, con qué era eso! —Chasqueó. Tenten tuvo que darle un pequeño toque en el hombro, para que éste se decidera a hacer algo con Hinata, pues a juzgar por la cara de la Hyūga, no aguantaría mucho tiempo más. Naruto se alarmó, no supo qué hacer en el momento, tuvo que pensárselo por un segundo antes de tomar a la chica por la muñeca y salir corriendo con ella fuera de la habitación, la castaña se apartó rápidamente, dejándola con semblante preocupado.
Recorrieron un par de pasillos y habitaciones, antes de llegar a una puertita que estaba al fondo de lo que parecía un piso de edificio, al menos, eso fue lo poco que Hinata llegó a captar.
El rubio tomó el picaporte y la giró de inmediato...Cerrado. Naruto soltó un chillido desesperado comenzando a golpear la puerta con fuerza.
— ¡Joder, quien se atoró en el baño! ¡Sal ahora mismo, es una emergencia!
— ¡Chico, yo aquí ando muy ocupado, ve y anda al baño de allá abajo!
Naruto hizo cara de asco. Reconocía esa voz…Más bien, esas rimas. Tuvo que resignarse a bajar al otro baño, pues tratándose de Killer Bee, era más que seguro que no saldría de allí ni a patadas.
Ni modo, jaló de nuevo a la chica de manera muy poco sutil. Aún corriendo, Naruto se dirigió a unas escaleras, bajaron apresurados, en el camino se toparon con varios de sus hombres, los cuales los miraban muy confundidos.
Al fin, llegaron hacia otra puerta que estaba, igualmente, en el fondo de un pasillo— ¡Por favor, que este no esté ocupado! —Suplicó el rubio antes de girar de nuevo el picaporte, por suerte, éste si abrió. Naruto rió triunfante — ¡Listo, haz lo que tengas que hacer! —Dijo, para después empujar a la chica dentro y cerrar de un portazo.
Hinata se quedó atónita por lo que acababa de ocurrir, pero sus ganas de hacer sus necesidades provocaran que se olvidara de ello. El cuarto de baño era demasiado estrecho, tan sólo era un pequeño cuadrado, con una taza y un lavabo, que por cierto, no estaban del todo limpios. Pero, le dio igual la poca higiene que tenía, porque ya le urgía; se bajó el pescador y los calzones a toda prisa.
Sintió un alivio enorme. Sus mejillas estaban algo coloradas por haber corrido y, además por estarce aguantando desde hace un largo rato. Una vez que había terminado, tuvo la mente más despejada.
No estaba segura que haría de allí en adelante, cómo serían las cosas o cómo se sentiría. Tomó su propia muñeca, allí donde aquel hombre le había sujetado. Era extraño, pues ella no solía confiar en nadie, ni siquiera confiaba en ella misma, mucho menos podía confiar en alguien más…Pero, él, tenía algo que provocaba que ella se tranquilizara, supuso que tal vez era aquella enorme sonrisa contagiosa, era la primera vez que veía sonreír a alguien de aquel modo. Tan enrome, burlona, amistosa y natural sonrisa.
Exhaló, confundida de qué es lo que debería pensar o hacer. Fue entonces, que notó el brillo del sol caer sobre ella. Tuvo que levantar la vista para descubrir de dónde venía aquel cálido brillo de sol. Allí, arriba del lavabo, había nada más y nada menos que una ventana entre abierta.
Abrió la boca… ¿Una oportunidad, tal vez, para escapar?
-O-
