¡Disfruta de la lectura!
.:Capítulo 4:.
Inutilidad
.
Cuando todo el barbullo había parado, dejando a sólo poca gente en el lugar, entre ellas Tenten y Hinata, a la expectativa y mirando a los últimos hombres partir a toda velocidad a la planta baja.
— Muy bien, te llevare al cuarto en donde permanecerás. — dijo la castaña, ya acostumbrada a ver ese tipo de cosas. Hinata salió de sus cavilaciones. Dada que dicha escena le recordaba cosas de su clan, cosas que preferirá ya no rememorarlas. Por qué, solamente la hacían sentir más inútil y débil, de lo que ya se consideraba que era.
Tenten comenzó a caminar, Hinata obediente se limitó a seguirla entre el pasillo de aquel extraño edifico.
Giraron a la izquierda, para con ello toparse con otro pequeño pasillo llegando al fondo de este. Tenten abrió la puerta del cuarto, entrando inmediatamente, quitándose los zapatos; seguida por Hinata, que también se despojo de los suyos. La joven levantó la cara, para mirar el cuarto con más detalle.
Era de mediano tamaño, un rectángulo, para ser exactos; con piso de tatami*. Habían muy pocos muebles, tan sólo tres e igualmente, habían unos futón* guardados y bien doblados a la esquina del cuarto.
Para ser cuarto que compartían tres chicas, era bastante sencillo, y un poco desordenado, pero al menos tenía mejor olor y limpieza que el resto del edificio.
— Te quedaras aquí, de ahora en adelante. Como sabrás, tendrás que compartir cuarto conmigo y con las otras dos pelirrojas que conociste hace un rato. Temo que esta será tu "mazmorra personal" hasta nuevo aviso, por lo que, no podrás salir de aquí sin compañía o que Naruto o Karin lo permitan. ¿Entiendes?
El tono de voz de Tenten no era para nada autoritario, al contrario, estaba siendo lo más tratable posible con Hinata. La pelinegra asintió sin muchos ánimos. Tenten torció la boca, realmente la joven que tenía enfrente no le caía mal, es más, le agradaba. Pensó que a pesar de ser una chica muy insegura, era de esas personas que en cuanto las tratabas tan sólo un poco, sabías que eran buenas personas. Se compadecía de ella, en cierto modo.
— Lo lamento. Pero si todo va bien, te aseguró que pronto volverás a estar en tu hogar sana y salva.
Hinata negó con la cabeza, provocando cierta sorpresa en la castaña.
— Está bien. Al principio tenía mucho miedo, por eso quería irme de aquí y regresar a mi departamento seguro…Pero ahora, no estoy segura, pues viéndolo bien creo que es lo mismo en ambas partes. I-incluso aquí puede que esté mejor, al menos tengo con quien cha-charlar.
Tenten abrió la boca levemente, en un obvio acto reflejo de asombro. ¿Acaso estaba de broma? ¿Cómo que le daba igual quedarse allí como rehén, o de preferir estar su casa? ¿Acaso estaba loca esa mujer? Ya antes había escuchado algo relacionado al asunto, cuando la Hyūga acababa de despertar y Naruto había ido a "Interrogarla".
— Dime, desde que nos conocimos, habías dicho algo respecto a que tu padre no vendría ¿Tiene que ver eso con lo que me acabas de decir?
Hinata apretó los labios, no le gustaba que le recordarán a su padre o a su clan tan seguido. Ese día, en definitiva había sido especial para que se lo recordasen.
— Vamos, necesito que me digas la verdad, Hinata. Tal vez esto podría ayudarte a sobrevivir ¿Sabes?
¿Sobrevivir? En esos instantes, Hinata no sabía si descera eso. Después de todo a nadie le importaba si lo hacía o no, a nadie. Pero claro, también era demasiado asustadiza como para pensar en la muerte.
— N-no, yo no. — balbuceo. Tragó en seco, antes de poder hablar con más claridad— No tengo una buena relación con mi padre. Tal vez sea la primogénita de Hiashi Hyūga, pero yo para él no soy más que un…Un fracaso.
— ¿Fracaso? ¿Por qué?
— No soy buena en nada…Nunca fui buena para las artes marciales, ni en el manejo de armas o de saber negociar y o-otras tantas cosas más que mi padre quería que aprendiera. Incluso mi hermana que es cinco años menor que yo, es mucho mejor…En todos los sentidos. Por eso, es que mi padre me mando lejos de él y del clan…Cree que soy un estorbo…Yo tan sólo, ese día…
Hinata se quedó en silencio, las palabras se le habían ido de los labios. Tenten la miró por unos segundos, con cierta lastima. Pudo imaginarse como habrá sido su vida, ahora comprendía muchas cosas. En especial esa inseguridad que era tan notable. Se dijo así misma que tal vez estaría mintiendo, pero desecho la idea de inmediato, le daría el beneficio de la duda, por ahora.
— Ya veo. Si lo que me dices es verdad, entonces, no creo que retenerte aquí tenga mucho sentido. Pero hay que ver que dice el jefe. Además, no podemos tomarnos muchos riesgos contigo.
— P-puede que mi padre venga—, advirtió Hinata, estupefacta de sus palabras ¿Por qué habría dicho eso? Pero ya era tarde, las palabras seguía fluyendo — Pero no será por mí. El es muy duro y rencoroso, además, se han metido en sus territorios, por lo que cabe la posibilidad de que los ataque. Tiene a muchos hombres y armas de su parte. Así que t-tengan cuidado.
Era la verdad, Hinata sabía lo cruel que podría llegar a ser su padre, no sólo con ella si no con el mundo, en general.
Tenten la observó un par de minutos, para que luego una sutil sonrisa surcara sus labios.
— De acuerdo, gracias por el aviso—, respondió. — Ahora, quédate aquí. Tengo que irme, pero en un rato más regresaré.
Hinata no dijo nada, tan sólo divisó pasar a la castaña a su lado para luego salir de allí, escuchando como cerraba la puerta con seguro.
.
Tenten se quedó un momento parada afuera del portillo, meditando el asunto.
— Hola. — saludó un hombre de piel blanca y cabello negro. La joven se sobresaltó al no advertir su presencia.
— ¡¿Sai?! ¿Qué haces aquí en el pasillo? ¿No deberías a ver ido con los otros?
— No, Karin me pidió que me quedará a hacer guardia, además, casualmente pasaba por aquí y me detuve al escuchar tan interesante conversación.
Tenten entrecerró los ojos con recelo, mirando como el joven sonreía. Que si se le miraba con atención, uno podría advertir que era una sonrisa fingida.
— ¿Qué escuchaste?
— Lo suficiente…Esas declaraciones son significativas ¿Crees que deberíamos decírselas a Naruto o Karin?
Tenten suspiró.
— Supongo que sería lo más prudente.
Después, ambos caminaron juntos hacia la planta baja del edificio.
— ¿Estará diciendo la verdad? Me refiero a lo que me contó Hinata. — inquirió Tenten pasado unos minutos. Quería segundas opiniones, y sabía que Sai era bueno en identificar sí una persona estaba siendo sincera o no.
— No lo sé. Puede que sí y puede que no. Es difícil saberlo con una persona como ella.
— ¿Por qué?
— Bueno, por una parte esta que sea una chica muy insegura. Tal vez podría estar fingiendo, pero lo dudó, la había estado observando de cerca y estoy convencido de que realmente ella es así. Además, ¿No se te hace raro que su padre todavía no hubiera venido por ella? Ni siquiera una llamada o algo por el estilo. Me supongo que esa no sería la reacción de un padre al cual le han robado un hijo o hija…Pero quién sabe, soy el menos indicado para hablar de sentimientos.
Tenten se quedó boquiabierta.
— No, tienes razón…Eso es…Lo más lógico.
Ahora, estaba un poco más convencida en creer en las palabras de la Hyūga.
.
Hinata miró su alrededor. No sabía qué hacer en aquel cuarto. Estaba todo cerrado ya que esta vez no había ninguna ventana a la vista. Con lo qué, se sentó en un rincón a esperar… ¿Pero que iba a esperar? ¿A que su padre fuera por ella? Eso no iba a pasar y lo sabía. Escondió su rostro entre las piernas. Por primera vez en meses, volvía a recordar su infancia y parte de la adolescencia.
Allí se veía, de unos ocho o nueve años, entrenando artes marciales.
— Hinata, tienes que hacerte más fuerte, una vez que yo muera tú tienes que hacerte cargo del clan.
Entonces, ella asentía y le dedicaba más tiempo y esfuerzo a su adiestramiento.
— ¡No, aún eres demasiado débil! ¡Tienes que ser más fuerte!
La pequeña volvía a asentir desanimada, entonces, nuevamente practicaba arduamente hasta que su cuerpo le doliera. Pero, por más que entrenara, estudiara o se esforzara, siempre era el mismo resultado. Esa mirada gélida y desaprobatoria.
— Me decepcionas, no eres más que una inútil. Incluso tú hermana es mejor que tú ¡Y es cinco años menor!
Hinata, arrodillada comenzaba a llorar y su padre, bueno, él solamente se limitaba a darle la espalda y dejarla allí sola con su sufrimiento. Por eso la había dejado, por eso la había votado en aquel departamento, limitándose sólo a ir una vez al mes a donde residía su clan para recoger el dinero de su subsidio. Ya ni era merecedora de quedarse con ellos, ya que representaba una carga para su padre y los demás.
Se tapó fuertemente los oídos, en un intento vano por bloquear aquellos recuerdos que para nada deseaba verlos ya. Las lágrimas se resbalaban por sus mejillas.
— Piensa algo bonito…Piensa algo bonito. — se repetía una y otra vez.
Pero al igual que una fuente, los recuerdos fluían y fluían. Las miradas gélidas, las desaprobaciones y reproches, las burlas, los rechazos. Así fue, hasta que finalmente, por el cansancio y la espera, se quedó dormida.
.
.
.
Un fuerte sonido de forcejeo la hizo abrir sus ojos de nuevo. Se encontraba un poco desorientada, pues le tomo un par de minutos acordarse donde se encontraba. No sabía cuánto tiempo se habría quedado dormida, esperó que no hubiera sido mucho.
El sonido se seguía escuchando, dirigió la vista a la puerta, de donde provenía aquel ruido. Forcejaban con el portillo notablemente, queriendo entrar desesperadamente. Hinata se asusto por la brusquedad con la que intentaban pasar, se hizo bolita en el rincón del cuarto.
Al instante, el hombre de cejas pobladas y corte de casquito entró hecho un relámpago, había pasado de ella, yendo directamente a unos de los muebles de la habitación, abriendo los cajones y rebuscando entre ellos impaciente.
Hinata lo miró por detrás, reparo que el hombre estaba sucio y herido en algunas zonas del cuerpo, anquen fueran leves heridas, se lograban distinguir.
— ¡Apresúrate con eso, Lee! — se escuchó un fuerte gritó alejado del lugar.
— ¡Ya voy! — respondió alterado al tiempo en que se llevaba un par de frascos, vendas, algodón y gasas entre los brazos. En su rápido retorno a la salida, un par de vendajes y frascos se le cayeron al suelo, provocando la irritación del muchacho al llevar bastante prisa.
— ¡Oye, podrías ayudarme con eso que se me cayó! — exclamó Lee a la Hyūga quién tardo un poco en reaccionar, pero deprisa recogió lo que al joven se le había caído, para luego seguirlo.
Bajaron hasta el segundo piso, demasiado a prisa. Apenas habían llegado cuando Hinata miró a varios hombre heridos tirados en el suelo, atendiéndose o siendo atendidos para curar sus lesiones.
La mayoría sólo presentaba cortadas y hematomas superficiales, pero otros, parecían estar más graves. Las tres mujeres eran las que se encontraban más ocupadas, pues incluso atendían a dos hombres a la vez.
— ¡Lee, apresúrate y atiende a Ryu! — demandó Karin, quién limpiaba la cortada de un hombre en el hombro. El joven asintió y fue directo hasta otro muchacho el cual yacía manteniendo presión en su pierna a fin de no perder más sangre.
Hinata se quedó parada sin saber qué hacer, con los frascos, vendas y gazas aún sosteniendo. Por el tumulto que había, apenas y unos cuantos notaban sus presencia, si no es que nadie lo hacía.
Fue cuando desvió la mirada hacia un hombre, que más bien parecía un adolescente, sentado y recargado sobre una pared, manteniendo las manos sobre sus cotillas. Tenía una expresión sumamente adolorida y al parecer nadie se había percatado de él, ya que todos se encontraban bastante ocupados. El hombre parecía estarce aguantando el dolor, pero Hinata pudo distinguir que perdía sangre.
Antes, cuando ella solía estar dentro de su clan, igualmente solían llegar los hombres de su padre con heridas de esa índole, ella veía como los curaban los médicos que Hiashi contrataba. Miró lo que tenía en los brazos, tenía las herramientas para ayudar a ese joven.
Si, podría ser una cobarde y débil, pero también era una persona solidaria, sensible y amable. Oprimió los labios con fuerza y tomando todo el valor que pudo, se encaminó hasta donde se encontraba el muchacho herido. Cuando se paró frente a él, este la observó con duda y desconfianza. Al momento Hinata se agacho, quedando a su altura.
— Y-yo vengo…Estas herido y… ¿P-puedo?— tartamudeaba por los nervios que la envolvían. El joven siguió observándola con desconfianza, pero igualmente las muecas de dolor se asomaban; también se había dado cuenta de que Hinata traía consigo medicinas y vendas, por lo que se levantó la camisa, mostrando una herida abierta cerca de las costillas. Por ella se podía ver el interior al extremo rojo y sangraba constantemente.
Hinata intentó actuar lo más rápido posible. Miró uno de los frascos y leyó "Tintura de yodo", lo abrió velozmente derramando un poco en un pedazo de algodón, para luego pasarlo por la herida. Supuso que sería un corte por arma blanca, así que tenía que desinfectarla; revisó si la herida no tenía residuos en el interior para continuar desinfectando.
Hubiera deseado tener un poco de agua caliente o tibia, pero en esos momentos no había nada parecido, así que tuvo que continuar sin ella. Una vez que termino con el Yodo, aplicó agua oxigenada, para luego cubrir la herida con una gaza.
— H-Haz presión aquí, en lo que intentó ponerte la venda.
El joven tomo la gaza, pero no pudo despegarse de la pared para que Hinata la colocara.
— Lo lamento, no puedo más. —notificó el chico apenado y aún adolorido. Hinata lo miró angustiada sosteniendo a la venda que comenzaba a extender.
— Tranquilo, yo te ayudo…
La mujer se sobresalto al notar la inesperada aparición de Naruto, el cual ayudaba al hombre herido a despegarse de la pared, para que Hinata le rodeara con el vendaje. La chica se quedó pasmada un par de segundos, antes de negar con la cabeza y empezar a vendar al muchacho. Una vez terminada la labor, Naruto volvió a recargar con cuidado al joven.
— Gracias, jefe.
— No me lo agradezcas a mí, agradéceselo a ella. — apuntó Naruto con una sonrisa a Hinata. Un pequeño rubor apareció en la mejillas de la Hyūga provocando que desviara la mirada.
— Gracias, no tenías por qué —dijo el rubio, adelantándose al joven que Hinata había ayudado, quién miraba a la mujer igualmente agradecido.
La chica no dijo nada, era bastante tímida como para responder algo, además, no se le venía nada a la mente. Poco a poco volvía a dirigir la vista al par de hombres. Reparó en el antebrazo de Naruto, el cual sangraba, también había sido herido, sólo que su lesión era de menos gravedad.
— E-esto… ¡T-toma! — extendió Hinata el frasco de Yodo frente a Naruto.
— ¿Ah? — profirió el rubio confundido.
— Es que…T-tú, también estas herido…De-deberías ponerte un poco.
Señaló, haciendo que Naruto dirigiera la vista a su brazo herido, mostró una sonrisa sagaz.
— ¡Que va, esto no es nada!...Pero aún así gracias, Hinata. — dijo para luego tomar el frasco que ella sostenía tímidamente.
— ¡Jefe, ya están aquí! — exclamó Omoi, abriéndose paso por entre la gente e interrumpiendo al trío de jóvenes, llegando justo hasta donde estaba el Uzumaki.
— Bien, eso es bueno—, expresó Naruto volviéndose a incorporar. — Pronto, que todos los heridos de gravedad bajen, incluidos tú, Botan— dictaminó el hombre, refiriéndose al chico que la Hyūga había atendido.
— ¡Rápido, los que no estén graves, ayuden a los demás a bajar hasta donde está la ambulancia! Los tratarán allí mismo. — vociferó Lee, haciendo con su manos su altavoz improvisado.
Todos comenzaron a bajar y a ayudar a los heridos, dejando cada vez menos gente en el piso.
— Que suerte que tengamos amigos en el hospital, jefe, de no ser así, estaríamos perdidos. — comentó un hombre cualquiera. Naruto asintió, ayudando a Botan a levantarse.
— Si, es una suerte.
Hinata por lo mientras, se preguntaba porque no había oído ninguna sirena de ambulancia venir, imaginó que tal vez por el ruido que estarían haciendo en esos momentos. Pero recordó que se trataban de yakuzas, por ende, todo tenía que ser lo más discreto posible.
Después Naruto juntó con otros hombres bajaron al siguiente piso, dejando atrás a poca gente, entre ellos a la Hyūga. Fue entonces cuando Hinata notó que la pelirroja de lentes estaba entre los pocas personas que resguardaban allí y que, además, la pelirroja la miraba de forma amenazadora.
— ¿Qué está haciendo la rehén fuera del cuarto? — rugió Karin, dirigiéndose a los presentes. Hinata que aún permanecía de rodillas, se encogió de hombros. No tardó en sentir una mano pasarse por su hombro, giró un poco la cabeza para toparse con Tenten, la cual le pedía que se pusiera de pie.
— Ha sido Lee el que la ha dejado salir. El subió por más medicinas a su cuarto, supongo que ya no le dio tiempo de cerrar de nuevo la habitación. — explicó Sai, recargado en la pared a un lado de las escaleras.
— Ya veo. Bueno, ya no importa. Tenten, vuélvela a encerrar. — ordenó Karin des entrelazando los brazos. La castaña asintió, tomando con cuidado a Hinata de los laterales y guiándola de nuevo hacia arriba. La pelinegra llevaba gacha la cabeza y no tenía intención de levantarla.
Karin las miró pasar, al igual que Sai. El joven espero a que estuvieran lo suficientemente lejos como para poder dirigirse a la de lentes.
— Karin, tengo que comentarte una cosa que nos ha dicho la rehén. Posiblemente ella no nos sea útil, después de todo.
Karin lo miró de reojo con semblante serio.
— Lo sé. Esperó a Naruto para poder decírselo también.
El chico quedo confundido ante la respuesta de la mujer.
— Pero de aquí a que esperamos, será mejor que me cuentes que sabes tú. — aludió la pelirroja. Sai se acercó un poco más para poder relatarle sobre lo que había escuchado.
.
Pasaron unos quince minutos antes de que el rubio volviera a subir, para toparse con la pelirroja y Sai. Naruto busco con la mirada si no habría otro herido que necesitara ser atendido, al cerciorase de que no había nadie más, fue cuando se percato de la ausencia de Hinata.
— ¿Dónde está?
— ¿Te refieres a la Hyūga? La he mandado a encerrar de nuevo—, contestó Karin de lo más normal, colocándose frente a su primo. Este frunció el entrecejo muy levemente. — Y antes de que me reproches nada, tenemos que hablar de esa Hyūga. Es importante. — continuó la pelirroja levantando el mentón altiva.
— ¿Qué pasa con ella?
— Puede que nada.
— ¿Nada? ¿Cómo que nada? — repitió Naruto desorientado.
— Si, nada. Hace rato, cuando ustedes aún estaban fuera peleando con los del clan Kaguya, nos ha llegado un fax del mismísimo Hyūga Hiashi, nos dice que su hija la trae sin cuidado y que no piensa hacer ninguna negociación contigo por ella.
Naruto comprimió los puños fuertemente, provocando que los nudillos se le tornaran blancos, tenso los dientes y frunció el ceño.
— ¡¿Cómo que no vendrá por su hija?! ¡Ese bastardo! ¡Es su hija, joder! — bramó el hombre de lo más cabreado. — ¡Ese Hiashi, ya sabía que era un cabrón!...Pero abandonar a su propia hija…
Naruto comprimía más la dentadura. No estaba molesto por el hecho de que Hiashi no cayera en sus manipulaciones, si no, el hecho de que, por más yakuza o mafioso que fuese, era capaz de abandonar a su propia sangre, como si se tratara de cualquier cosa.
— Tranquilo, Naruto. También cabe la posibilidad que sea una trampa…Aunque tengo mis dudas. — agregó Karin, llevándose su dedo pulgar a la boca, muy reflexiva.
— ¿Por qué lo dudas? — preguntó Naruto, todavía airado.
— La rehén ya había dicho que su padre no vendría y si lo hiciera no sería precisamente por ella. Además, volvió a decir algo parecido con Tenten, sobre que no tenía una buena relación con su padre, lo cual respalda lo primero que me contó a mí y sobre la veracidad del fax. — esclareció Karin muy segura. — …Aun con todo, todavía hay un mínimo porcentaje que todo lo que ella nos ha relatado sea mentira y que lo del fax sea planeado.
Naruto se quedó en silencio, parecía que se había calmado, pensándose las cosas con más claridad.
— No. Ella no está fingiendo — dijo el rubio indudable ante sus palabras, recordando la ayuda que Hinata le había brindado a uno de sus hombres y de aquella timidez e inseguridad que la rodeaban. Podría ser un idiota o despistado, pero sabía perfectamente cuando una persona era bondadosa y honesta, y Hinata, era una de ellas.
— ¿Cómo lo sabes?
—Lo sé, ella no está fingiendo.
Karin frunció los labios.
— Entonces… ¿Qué propones que hagamos con ella? Es obvio que ya no nos es útil para nada…Tendríamos que matarla.
— No. No podemos hacer eso. — protestó Naruto al instante. Karin soltó un chasquido con la boca, molesta.
— ¡¿Qué quieres hacer entonces?! ¡¿Liberarla?! ¡No podemos tomarnos esos riesgos y lo sabes, Naruto!
El hombre no dijo nada, agachando la cabeza, ensombreciendo su rostro. Si, estaba en un dilema. Por un lado estaba la seguridad de su clan, lo cual era lo más importante que tenía en la vida y por otro, el ser un hombre sumamente compasivo y amable con las personas como Hinata.
— Que se gane su libertad. — interfirió Sai, que llevaba rato queriendo opinar. Se ganó la atención de todos. — Creo que eso sería lo más justo ¿No les parece?
Los presentes callaron, meditándoselo unos momentos. Ya que, ganarse la libertad allí, de la forma en que acostumbraban, no era precisamente la manera más tranquila y pasiva de hacerse.
— Muy bien, eso me parece mejor idea. Sirve, que hasta podría confirmarnos si ella está actuando o no— dijo Karin, para luego dirigirse a su primo, esperando su respuesta. Naruto suspiró profundamente, oprimiendo de nuevo los puños.
— De acuerdo, que sea así. — aceptó, aunque su tono poseía ciertos toques de desaprobación. — Sólo, que esta vez pondré una condición…
.
.
.
Ya había pasado una hora aproximadamente, desde que estaban en aquel cuarto:
Hinata tenía bastante sueño, pero con ello no podía pegar ni un ojo. Tenten ordenaba los cajones que hace unos momentos Lee había desacomodado para llevar la medicina. Tenten lucía cansada, con ojeras y su mover era bastante lento.
— Dime ¿No tienes sueño? De ser así, puedes decirme y te sacó un futón para que te acuestes un rato— ofreció la castaña con una sonrisa.
— A-ah…No, muchas gracias— respondió la mujer suavemente. —…Creo que tú deberías dormir un poco…T-te ves cansada.
Tenten emitió una pequeña risa.
— Si, supongo que si…Llevo dos días sin haber podido dormir, un poco de sueño no me vendría mal. Pero por ahora, creo que eso será imposible.
Hinata contrajo sus piernas más hacia su pecho, sonrojándose levemente. Había pasado un tiempo desde que tuvo una amiga… Era raro, pero consideraba a Tenten como una o al menos, algo parecido.
— Pero si tú tienes sueño, puedes decirme, al fin y al cabo, son como las tres y media de la mañana.
La pelinegra entreabrió la boca un tanto sorprendida ¿Tan noche era ya? ¿Cuándo paso el tiempo tan rápido, que ni cuenta se dio de ello? Después de esa pequeña conversación, hubo mucho silencio. Así pasaron el rato unos instantes más, hasta que la puerta del cuarto donde estaban se abrió de golpe, captando la inmediata atención de las dos mujeres.
— Tenten, trae al rehén al pasillo. — era Omoi, portando una postura mesurada. Luego se dirigió a la misma Hinata con expresión sombría. — Prepárate, porque te vas a ganar tu libertad, Hyūga.
A Tenten se le abrieron los ojos de par en par y rápidamente miró a Hinata con expresión aterrorizada y a la vez lastimera. Y Hinata, Hinata no comprendía nada, pero ese sentimiento de temor volvía a surgir e invadirla de pieza a cabeza.
.
En cuanto Hinata puso un pie fuera de la habitación, de inmediato notó a la multitud de gente que estaba reunida fuera del cuarto, más o menos calcularía unas veinticinco personas; entre ellas, Karin la cual tenía una mano en la cintura muy autoritaria; la otra pelirroja de nombre Karui, Lee, Killer bee y Naruto. Este último parecía no prestar atención en nada en particular, tan sólo mantenía gesto taciturno.
— Muy bien, no alarguemos esto y vayamos al grano. Tú ya no pareces servirnos de nada, Hyūga. Lo más sensato sería matarte, no nos costaría nada, pero estas de suerte, hoy te toco ser secuestrada por el clan Uzumaki, por lo que te daremos una oportunidad de ganarte tu libertad— manifestó Karin, siendo bastante directa con Hinata. La pelinegra seguía sin comprender del todo su situación, pero estaba más que segura que no era algo precisamente bueno. — ¿Cómo te vas a ganar tu libertad? Fácil, tienes que pelear a muerte con uno de nuestros hombres. Si tú ganas, podrás irte de aquí sin ningún problema, nadie te estorbara el paso…Pero si pierdes, bueno, no pasará nada en particular, sólo perderás la vida.
Karin sonrió ladina, algunos le siguieron la corriente con su tono burlesco, mientras que otros permanecían serios.
Las lagrimas estaban a punto de desbordarse por sus ojos perlados. Ahora estaba más que segura que moriría, ni siquiera pensaba en otra cosa, más que en su fin.
.
.
.
Futón*: es la palabra japonesa referente al estilo de cama tradicional japonesa consistente en un colchón y una funda unidas y suficientemente plegables como para poder ser almacenado durante el día y permitir otros usos en la habitación, además de como dormitorio.
Los futones japoneses son bajos, de unos 5 cm. de altura y tienen una funda exterior con rellenos como algodón o material sintético.
Tatami*: son un elemento tradicional muy característico de las casas japonesas. Tradicionalmente se hacían con tejido de paja, y se embalaban con ese mismo material. En la actualidad pueden también elaborarse con poliestireno expandido aunque, al menos en Japón, no es lo más habitual. El borde de cada estera se recubre con un brocado, o simplemente con tela verde oscura.
