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.:Capítulo 7:.

El zorro de las nueve colas


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Karin suspiraba, sus mejillas se habían encendido, mordía su labio inferior, pasaba su dedo índice por esa fotografía que sostenía entre sus manos. Era una de las pocas cosas que solía hacer cuando estaba sola y sin nada que hacer. En el tercer piso, en el cuarto donde se hacían las reuniones de los yakuza.

— ¡Qué hay, Karin! ¿Qué haces?

El gritillo de Naruto casi hizo que a la pelirroja se le detuviera el corazón, casi tira la fotografía; se las arreglo para guardarla a velocidad luz, antes de que el rubio descubriera lo que ella observaba con tanto afán. Pero pareciese que eso no iba a ser problema, ya que Naruto había entrado jugando con una navaja, lazándola con la mano y atrapándola con la misma.

— ¡Iidota, toca antes de entrar! —amonestó duramente la mujer. Naruto se encogió de hombros.

—Vamos, no es para tanto, tranquilízate un poco…Ya parece que estás en tus días, de veras. Si sigues así, te saldrán arrugas.

— ¡Serás idiota, estúpido, retardado…!— la chica continuó descargando un montón de insultos, los primeros que se le venían a la mente los escupía. Y cuando las ideas se le agotaron, más notando que Naruto desde el insulto "idiota" no le prestaba interés, además de que, seguía perdido con su navaja. Se acomodó los lentes y más tranquila repuso—: ¿Qué es lo quieres?

Naruto paro los labios, miró el filo de la hoja de su pequeña arma blanca, tocó sutilmente la punta con la yema de su dedo índice.

— Solamente te venía a preguntar si había novedades sobre el clan Hyūga o Hiashi.

Karin tamborileo con los dedos.

— No, todavía nada. Llevamos haciendo guardia desde hace semanas y los chicos no me han informado nada anormal por el boquitoqui— la mujer levantó el aparato de comunicación— En cuanto a mensajes, el último y único que recibimos fue el del fax. De allí en fuera, he estado investigando y Hiashi a estado actuando normalmente por el medio. Nada fuera de lo común. ¿Por qué preguntas?

Naruto guardó la navaja en un sutil y rápido movimiento. Sonrió.

— Ya veo… ¡Entonces, eso significa que ya podemos dejar libre a Hinata!

La pelirroja quedó estupefacta, entrecerró los ojos. Como amaba ese hombre hacerle gastar la garganta, en serio que sí.

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Siempre se había tomado la vida con calma; inventado y creando rimas, escuchando música rap, haciéndose cargo de los trabajos que le encargaban. Podía ser a veces intimidante, orgulloso, obstinado y tener el aspecto de todo un matón, pero Bee, era alguien alegre y decidido, que no dudaba en tenderle una mano amiga a los que más lo necesitaban. Así había hecho con Karui, Omoi, Naruto…Este último, había sido especialmente dejado a cargo de Uzumaki Kushina. Su lazo con ella había sido uno de los mejores y más especiales que el hombre pudo tener en la vida, no sólo fue su anterior jefe, sino que también, una especie de hermana mayor.

Claro, a Naruto ya lo había tratado, era un buen chico. Con el tiempo igualmente se formo un vínculo fuerte entre ambos. Apreciaba bastante a ese muchacho, sabía su vida mejor que nadie, le conocía desde que el chico estaba en pañales. Por eso, siempre le ayudaba en todo; sin importar que, lo apoyaba.

Por eso, ahora mismo llevaba comida para aquella pequeña Hyūga. No sólo Naruto podía verlo, él también. Ella era una buena persona y, desde semanas atrás, el hombre se planteaba que igualmente podría ser justo lo que por años estuvo buscando para el hiperactivo cabeza hueca del Uzumaki. Tal vez, en un futuro podría ser: una buena amiga, aliada, compañera…Quien sabe, podría sacar provecho a todo eso.

Bee canturreaba mientras se dirigía al cuarto de las chicas, pasando por el tercer piso, donde Karui y Omoi le vieron pasar.

— ¿Y ahora qué le pasará al señor Bee? — le preguntó el hombre a su compañera pelirroja —. Parece que se lleva muy bien con la tal Hinata, a pesar de que es una Hyūga… ¿Crees que esta se lo sedujera? ¿Y qué tal si ahora mismo se va hacer guarradas con ella y al rato el señor Bee nos traiciona yéndose con esa chica?

Karui le dio un zape duro por la nuca, la cabeza del muchacho se fue brusca hacia adelante, haciéndole casi escupir su paleta de tan duro impacto.

— ¡Deja de decir estupideces! Es obvio que eso no es.

— De acuerdo, digamos que tienes razón. ¿Qué sugieres entonces tú, que le pasa al maestro?

— Sencillo, al señor Bee solamente le cae bien, al igual que al jefe. El mismo me lo ha dicho…O algo así. Pero de todos modos, piénsalo, tú lo has visto, esa Hyūga para el maestro, es como si fuéramos tú o yo. Se comporta igual que con nosotros.

Omoi se llevó la mano a la barbilla, pensativo. Analizando las palabras de la mujer.

— Creo…Que se a lo que te refieres.

Karui le miró recelosa.

— Lo dudo. Seguro sigues pensando que lo sedujo.

Rio burlón.

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Bee entró despreocupado al cuarto de las mujeres, donde estaba Hinata. Notó como esta daba un respingo de sorpresa.

— ¡Hey, yo! ¿A caso te he asustado?

Hinata sonrió temerosa y nerviosa.

— N-no…Lo que pasa es que me has tomado por sorpresa…Creí que eras otra persona.

— ¿Naruto?

Hinata se le subió el color hasta las orejas. Negó rápido con las manos.

— ¡N-no, no, te equivocas!

El hombre sonrió sagaz. Se dejó caer sobre el piso, cruzándose de piernas y brazos. Abrió la bolsa que cargaba consigo, sacando un par de recipientes con tapa, palillos y dos botellas de Pocari Sweat*. Abrió los recipientes cuyo contenido era de arroz blanco y una ensalada con marisco; el arroz desprendía ese usual vaporcito dando a entender que estaba a una buena temperatura. Tendió una a la mujer y la otra se la quedó él. Hinata agradeció por llevarle la comida, de nuevo.

— ¿Y cómo vas con esas rimas que te enseñe, chica? Tú tienes el potencial de una buena discípula— le dijo el hombre con ritmo, haciendo un ademán de cuernos con la mano.

La mujer trago su bocado. Sí, Bee tampoco había perdido oportunidad de mostrarle y enseñarle el "buen camino del rap". Aparte de eso, decía que era un buen ejercicio para que dejara de tartamudear tanto y que hablara y se expresara con más claridad. Hinata no se opuso a ello, de hecho, creía todo lo que el hombre le decía, así de ingenua era.

— P-pues muy bien, creo…

— ¡Excelente, pronto podrás estar a mi nivel! Y no sólo a mí nivel léxico, en cuanto las cosas se calmen, podremos mejorar también tu fuerza física. Así que para cuando te tengas que enfrentar a rivales como mi querida alumna Karui, no te sorprendan con la guardia baja.

Eso también le había estado comentando desde días atrás, a lo cual Hinata se entusiasmó. Ahora mismo, deseaba volver a retomar sus entrenamientos, volverse más fuerte en todos los aspectos; esa visita al parque del otra vez, ver a Naruto pelear con Rock Lee, le había motivado aún más para alcanzar sus objetivos.

— ¿D-de verdad, crees que eso…sea posible?

— ¿Pero con quién crees que hablas, niña? ¡Estás hablando con la bestia Killer Bee de ocho colas, ho!

— Pero… ¿Está bien? — killer Bee la giró a ver atento, a lo cual Hinata dio un saltito un tanto espantada, puesto que volvía a insistir con la misma pregunta—. Digo, a qué me tomes como alumna siendo una Hyūga y siendo un rehén.

— Chica…De una vez te digo que yo no le enseñó a cualquiera. No me importa tú origen o tu estatus. Importa la persona que eres, tus deseos, sueños y valores…con eso basta. Lo he visto, he visto en ti algo que me agrada. Una meta de superación, por eso que no importa lo que los demás piensen, digan o hagan; debes seguir y luchar, así de sencillo, yo sé, ho.

Hinata agacho la cabeza, contuvo sus ropas entre sus dedos, asintió. Verdaderamente estaba contendiendo la emoción de aquellas palabras. Sonrió y por un momento ese mal presentimiento que había tenido minutos atrás, se difuminó.

— Muchas gracias, señor Bee.

— Además, a este paso no falta mucho para que dejes de ser un rehén, tu viejo parece no vendrá y la pelirroja de Karin se cansará y tú, libre albedrío tendrás.

Hinata sonrió afable. Pensó que tendría que esforzarse más para alcanzar las rimas de Killer Bee.

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El hombre dejó a la Hyūga en el cuarto, bajo las escaleras con un peculiar salto. Se topó con unos cuantos de los suyos y preguntó por Naruto, los hombres le señalaron un cuarto y no tardo más en ir hacia allá. Cuando abrió, no le asombró encontrar a Karin y al rubio en uno de sus tantos duelos verbales.

— ¿Pero por qué no? ¡Vamos, que el cabrón de Hiashi no se presentará! ¿De qué te sirve tener a Hinata encerrada?

— ¡Que no mierda, que no! ¡Razona con esa cabezota tuya que tienes! ¡Ahora todavía no es buen momento, entiende!

Naruto hiso un puchero inconforme.

— ¿Olvidas quién es el jefe aquí? No me interesa si es buena idea o no, pero si en tres días no vine nadie por la chica, yo la dejo ir, he dicho.

El rubio se cruzó de brazos dando más autoridad y seriedad a su pose, aunque de contraste su expresión parecía más el de un niño emberrinchado. Karin farfulló un par de cosas entre dientes y apretó los puños.

— ¡Bien, como quieras! Pero cuando algo salga mal, te acordaras de mí.

— ¡Ba! — escupió Naruto despreocupado—. Mejor preocúpate de otras cosas, no estaría mal que hiciéramos cuentas de las ganancias de esta semana ¿Y qué hay con las armas de contrabando que consiguió Sai? ¿Y ese gordinflón político, que hay de él, hay negocio? Nos ha ido bastante bien últimamente, ha este paso podremos estar de nuevo a la altura de los grandes clanes como el Hyūga o el U…

— ¡Pues sí, deberíamos estar más al pendiente de aquello que si liberamos o no a esa Hyūga! — interrumpió la pelirroja, para luego jalarse de los cabellos de los nerviosy exasperación. no soportaba cuando Naruto le cambiaba el tema tan abruptamente.

— Rojita, vamos, relájate. El chico tiene razón con insistir con la liberación de la mujer. Al fin y al cabo ya no es de temer p…

— ¡Cállate, Bee! Bien sabes que lo hago por seguridad.

Naruto resopló.

— No te ofendas, prima. Pero a veces exageras un poco, de veras.

Karin fue directo al cuello del Uzumaki, lo zangoloteó brusca y desmedidamente, el hombre apenas pudo hacer nada para defenderse. Bee comenzaba divertirle la escena, pero se medito las palabras de la pelirroja: "por seguridad"

De cierto modo, Karin no estaba tan mal…No importaba en qué momento, pero era mejor siempre estar alerta. Posiblemente los Hyūga no vendrían, tal vez no a rescatar a Hinata, pero de la misma forma, siempre estuvo las peleas por asuntos de territorio, en eso si estaba de acuerdo que debían tomarse más medidas de seguridad. Quién sabe, no estaba de más.

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Se estacionaron unas cuantas cuadras antes de llegar al edificio Uzumaki.

— Ya saben lo que hay que hacer. El ataque tiene que ser directo y rápido. El grupo A entrara primero en la delantera y asegurara perímetro, el grupo B secundara al A, nos abrirá paso a la señorita Hanabi y a mí. Mi deber y su deber además también es protegerla a ella. En cuanto la Señorita Hanabi baje con la señorita Hinata, el grupo C, que irá en retaguardia, será su beber también comenzar el incendio al edificio. Tenemos un tiempo límite en que debemos realizar todo y ningún sobreviviente, como lo ha dicho el jefe.

— ¿Qué hay de Naruto Uzumaki?

Neji miró al hombre de la pregunta:

— No creo que sea gran problema…Pero en todo caso, déjenmelo a mí— dijo confiado y seguro de sí —, ¡Andando!

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La noche era tan tranquila, serena…A pesar de vivir en una ciudad donde el movimiento y el ruido eran constantes. Extrañamente, esa noche estaba apacible. Algunos hombres, en el primer piso, estaban trabajando, platicando, haciendo lo que comúnmente hacían. Afuera, a unos metros lejos, suficientes como para confundirlo con cualquier auto que se había estacionado por allí, tres hombres montaban guardia dentro de este.

Dentro del vehículo, dos de los tres individuos conversaban. El que permanecía callado, parecía estar dibujando en una libreta a pincel.

— Que estupidez, aquí no pasa nada. No entiendo el porqué hacer guardia todas las noches, está claro que ningún Hyūga nos atacara ¿No crees, Sai?

El hombre paro sus bocetos, mirándolo de soslayo.

— No, no estoy de acuerdo.

El muchacho que le cuestionó, frunció el ceño.

— Si que eres raro. Como sea, igual me voy a dar una siesta, me dicen si sucede algo, lo cual dudo, así que…

El tipo se recargó en el respaldo colocando sus manos tras su cabeza como apoyo extra, cerró los ojos. El otro acompañante, lo observó con cierta envidia. Suspiro.

— ¡Ah, estoy harto! Llevamos aquí desde medio día, está claro que hoy tampoco va a pasar nada. Me largo a descansar también.

El sujeto se recostó en el asiento trasero, Sai ignoró a ambos y siguió lo suyo. Podría que ese par tuviera razón y no pasará nada, pero ordenes son ordenes, además amaba dibujar. Si por él fuera lo haría toda la noche y hacer guardia, le daba esa oportunidad.

Pasaron cinco, diez, quince minutos. Tuvo que parar, tenía que orinar. Y claro que tenía ganas, en todo el día no había hecho nada. Salió del auto, pensó unos minutos; no podía ir al edificio, estaba algo retirado, además si lo veían fuera de su puesto, seguro lo echarían de cabeza. Así que tuvo que ir al callejón más cercano; ser hombre tenía sus ventajas y facilidades. Todo iba bastante bien, sería cuestión de unos minutos para que regresara a su posición. Dirigió la vista al oscuro cielo. Nada, ni estrellas, luna…Sólo negra, fría y tranquila noche.

Un disparo.

Escuchó un disparo, luego otro seguido del primero. No eran cualquier tipo de disparos, eran disparos con silenciador. Sai maldijo a sus adentros, subió rápidamente su bragueta, corrió hacia donde estaba el vehículo con sus compañeros. Parecía todo normal, como si no hubiera sucedido nada, y aquellos disparos fueran producto de su imaginación. Seencamino hasta el vehículo, quedando a un lado de la ventanilla del copiloto.

Mierda.

Sus compañeros estaban muertos, ambos. El copiloto con una bala en la cabeza, y el otro, igualmente recostado boca arriba, con una herida de bala en el pecho. Segundos después, Sai escuchó vidrios quebrarse y se oyó una lluvia balazos, a lo lejos. El caos había dado inicio.

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La pequeña discusión de ambos no terminaba, Karin no paraba de zangolotear a su pariente. Bee, todavía estaba ensimismado en lo suyo. El boquitoqui permanecía sobre la mesa, abandonado y mudo.

Se escuchó la voz distorsionada de alguien, Bee apenas la pudo percibir por tanto grito, pero lo hiso, alcanzó a distinguir la voz distorsionada proveniente de un radio. ¿Un radio? No, era del boquitoqui.

Si, había escuchado bien, aunque apenas perceptible, logró oír la voz de uno de sus hombres.

— ¡Jefe...Nos atacan!

No hubo más, a continuación la transmisión se cortó. Ni Karin ni Naruto fueron capaces de darse cuenta del mensaje. Killer Bee estaba a punto de gritarles, advertirles del peligro. Demasiado tarde, los tres se alertaron cuando escucharon balazos, gritos y cristal quebrándose.

Segundos después, la puerta del cuarto donde se hallaban se abrió de jalón. Era Lee, tenía expresión horrorizada y exaltada.

— ¡Jefe, nos atacan, nos están atacando…Los Hyūga!

— ¡Rápido las armas! ¡Todos, ya saben que hacer! — bramó Naruto, sacando una pistola de su gabardina, saliendo a toda velocidad por elpasillo, alertando a sus hombres; los cuales, se preparaban igualmente, sacando armas y escondiéndose por detrás de las paredes, esperando al enemigo. Naruto sonrió, una sonrisa llena de arrogancia y decisión —. ¡Ahora verán esos cabrones con que clan se han metido!

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Ella lo sabía, presentía que algo malo iba a ocurrir. Desde el cuarto donde Hinata se hallaba, podía percibir los balazos, los alaridos, los golpes, todo. Entrelazo las manos, las llevó hasta su pecho, contrajo los labios, empezó a rezar, a temblar de ansiedad, de nervios, de miedo ¿Qué iría a pasar? No podía hacer nada en su situación, la puerta estaba con llave…Como siempre, sólo podía esperar. Aunque, en su posición, quizá estuviera mejor así, no tenía ni armas, en primer lugar, ni siquiera sabía utilizar una. Ni pelar y apenas y recordaba defenderse. En todo caso, no sabría qué hacer con exactitud, sería el mismo resultado…Y si fuera su clan, peor aún. No le quedaba de otra, se doblegó a aguardar lo que tuviera que pasar.

Sí tan sólo…Fuera más fuerte.

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Los Hyūga avanzaban diestra y siniestramente por el edificio, ya habían acabado con todos los hombres del primer piso, ahora, corrían hacia el segundo. Apenas y habían tenido poca y ninguna perdida.

En el segundo bloque, Karui y Omoi esperaban a los contrarios dentro de un cuarto que daba directo a las escaleras. Tras un sillón y un par de muebles como improvisado escudo.

— Recuerda, intenta disparar sólo a la cabeza. Tenemos que acabar con el mayor numero de enemigos, así les daremos algo de ventaja a Lee y a los otros para que terminen con el resto — musitó Karui, apuntado conuna ametralladora uzi* en dirección hacia los escalones.

— Si, si…No me lo tienes que repetir, lo sé— remedó Omoi, atentó al blanco. Este igualmente con un arma del mismo tipo que el de su compañera.

Listo, los sujetos subían a paso veloz. Las gotas de sudor resbalaban por los laterales de ambos rostros morenos, apuntaron con más cuidado, sujetaron sus armas firmemente y sus dedos prestos para jalar de los gatillos.

Se veían las primeras cabezas subir por los escalones, fue cuestión de segundos para ver que eran el clan agresor.

— ¿Listo? ¡Fuego!

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— ¡Ten, chaleco antibalas! ¡Rápido póntelo, no nos queda mucho tiempo! — exclamaba Karin, entregándole la prenda a Naruto.

— Es el último, dáselo a Bee, yo estoy bien.

— ¿Qué? ¡No empieces, póntelo!

— La rojita tiene razón, Chico. No te preocupes por mí, la prioridad aquí eres tú—infirió Killer Bee colocándose frente al hombre.

— ¡Ahora no hay tiempo!

— Tienes razón, no hay— atribuyó el gran hombre, tomando a Naruto por los hombros y a la fuerza, colocándole el chaleco contra su voluntad. Karin le ayudó a quitarle la gabardina al rubio mientras de igual forma ayudaba al moreno a colocarle el chaleco.

— ¿Qué creen que están haciendo, Bee, Karin? ¡Bájame ahora mismo, joder, no me hagas darte un buen puñetazo!

— Hijo, mi deber es mantenerte a salvo, se lo prometí a tu madre y eso es lo que hago.

Naruto dejó de patalear y forcejear.

— ¿Pero qué hay de ti?

Bee mostró una hilera de dientes, muy bonachón.

— ¡Estás hablando con el gran Killer Bee, joder! ¡Preocuparte de mí es lo que menos te debería interesar, ya sabes, no me subestimes chico!

El rubio no dijo nada y le dirigió una miradita incierta como un niño mira a un mayor que lo sermonea. Y casi y como por arte de magia, sus dudas se esfumaron, Naruto rió bribón.

— ¡Muy bien, entonces! ¡A acabar con esos mediocres, de veras!

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Las mejillas, bíceps, ante brazos y manos les vibraban a velocidad y fuerza increíbles. Las fuertes descargas de las armas aturdían sus oídos, pero eso no importaba, lo único que importaba en esos instantes, era acabar con todos esos Hyūga. Sus objetivos eran las cabezas, veían como estos subían y al momento retrocedía al recibir el impacto, la sangre salpicaba y se veía volar por doquier.

— ¡Tomen rehenes para cubrirse y si es necesario de los mismos cuerpos de nuestros compatriotas caídos cúbranse! ¡Ya, ahora! — se oyó el fuerte clamor de Neji detrás del grupo de hombres.

Así lo hicieron, con los mismos cadáveres se cubrían de las balas. Entre varios sujetos intentaban sostener a uno de los cuerpos, haciendo una sola fila para no abarcar tanto espacio y así que las probabilidades de ser heridos por las balas disminuyera.

Con aquel método lograron subir hasta el segundo piso.

— ¡Esos bastardos sangre fría! ¿Cómo han podido utilizar a sus propios miembros como escudos? —reclamó Omoi al tiempo en que recargaba su arma nuevamente.

— Calla, eso no importa ahora. ¡Sigue disparando hasta que Lee y los otros entren!

Los Hyūga sacaron sus armas e iniciaron a disparar contra el dúo de morenos. Karui y Omoi se refugiaron tras los muebles que habían colocado como protección.

De la nada, Los Hyūga fueron atacados por sorpresa por Rock Lee, el cual había llegado a desarmarlos junto con otro grupo de hombres, con patadas, puñetazos y básica defensa personal para quitarles las armas. Se armó todo un barbulló, entre despojar pistolas, navajas, disparos, golpes, peleas.

Neji Hyūga se abrió paso entre su gente, sacando una enorme pistola de su saco, disparando a todo aquel ajeno a su clan. Las descargas eran brutales, su puntería perfecta. Aquellos que intentaban desarmarlo eran asesinados antes siquiera tocarlo. Tanto Karui como Omoi quisieron disiparle, descubriendo al instante que él era la cabeza del grupo. No fueron capaces, sabiendo que los suyos también estaban allí, con ellos, las probabilidades de que los tocaran las balas por accidente, eran altas.

Con Neji en acción, los Uzumaki iban cayendo de apoco a poco. Finalmente se topo con Lee, no dudo ni un segundo y apunto a su cabeza. El joven se percató una vez que estaba a punto de jalar el gatillo. Mostró expresión sorprendida y a la vez de pánico.

Llegaron más hombres, bajando a bestial velocidad del tercer piso, de igual manera tiroteando a todos aquellos que no fueran Uzumaki. Entre todos ellos, destacaban un rubio, que no dudó en hacer notar su presencia gritando y parlotenado; y un gran hombre de piel morena quién tampoco se guardaba sus comentarios y aullidos. Avanzaban a paso tremebundo. Neji se distrajó al ver al par de sujetos, perdiendo su objetivo, a lo cual, Lee aprovechó para escapar e integrarse con los de su clan.

Comenzaban a igualarse nuevamente. Neji frunció el entrecejo, notablemente irritado en cuanto notó la fortaleza de aquellos tipos que acababan de aparecer.

— ¡Hey, no se queden allí, tiene que avanzar y encontrar a la señorita Hinata! — ordenó Neji, dirigiéndose directamente a Hanabi y a una bandada de sujetos que la rodeaban—.Yo me encargare de estos.

Hanabi le miró seria, casi indiferente. Desvió la vista hacia las escaleras que conducían al tercer piso.

— Vamos, acabemos con esto de una vez— dijo por primera vez la chica, desde que habían arribado el edificio.

Sus acompañantes asintieron y de inmediato la siguieron a través de la gente, corriendo directamente hacia las escaleras. Killer Bee se percató cuando ellos se dirigían al siguiente bloque.

— ¡Chico! — alertó Bee, qué estrangulaba a un sujeto con el brazo y le despojaba de su pistola.

— ¡Lo sé! ¡Ahora voy por ellos! — contestó Naruto, propinándole un fuerte puñetazo a otro tipo.

El Uzmaki ya iba directo tras el otro grupillo que se había escapado. Neji apunto su arma a la espalda de Naruto, advirtiendo que iba detrás de Hanabi y los otros.

— ¡Oh, no Hombre! ¡Tú tendrás que lidiar conmigo!

Bee tacleó a Neji Hyūga por el lateral. "Mierda" dijo mentalmente el hombre caído, su arma había salido volando dios sabe por dónde. Pero ahora era lo que menos importaba, tenía que batallar con aquel grandote y terminarlo lo antes posible para así seguirle el paso a Hanabi.

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— ¡Señorita, nos siguen!

La muchacha giró el rostro, percibiendo a una cabellera rubia subiendo detrás de ellos velozmente.

— ¡Ustedes tres, encárguense de él! — mandó la chiquilla, prosiguiendo su camino con otros seis.

Y como había dicho, tres hombres esperaron al persecutor en el descanso de las escalerillas. Naruto los divisó de lejos, resoplo soberbio. Esto solamente le retrasaría un par de minutos.

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— ¡Busquen en todos los cuartos! — demandó Hanabi, una vez llegado al siguiente bloque. Los hombres se esparcieron. Hubo unos tiros y muertos caídos cuando revisaban los cuartos, puesto que algunos de los Uzumaki se resguardaban en ellos.

La chica se percató que su hermana tampoco estaba en ese piso, ya que el último cuarto a revisar sólo estaba una pelirroja de lentes, oculta bajo una mesa, hablando por teléfono. Que de inmediatamente volcó la mesa en donde se escondía, sacando unrevolver* y tiroteando sin piedad. Hanabi retrocedió, se lo dejó a sus hombres y continuó hacia lo que parecía la última planta.

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Fue cautelosa al abrir cada puerta, estaba sola, por lo que ya no podía andar campante como minutos atrás. No fue hasta que se topó con un joven. El muy cobarde, ocultándose en uno de los rincones de la habitación. La chica, se las ingenió para sacarle la información sobre la localización de su hermana.

— ¡Está, está en el último cuarto de aquí! ¡Por favor…Por favor, no me mates!

Hanabi observó al tipo con cierta lástima, muy disimulada ante los gestos indolentes de su cuerpo y boca.

— Perdona…Son ordenes de mi padre.

Lo asesinó con un sencillo y rápido balazo en la cabeza. No perdió más tiempo y fue directo a donde le habían dicho. Llegó a la puerta, giró el picaporte.

Cerrado.

Al otro lado de la puerta, Hinata permanecía sentada sobre sus rodillas, casi en el medio de la alcoba. Sumamente atemorizada al oír y ver como habían querido entrar al cuarto. ¿Quién sería? ¿Quién sería? ¿Qué haría? ¿Qué haría? Se repetía a cada segundo, llevándose las manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza.

Más disparos y una patada a la puerta fue lo siguiente que escuchó. Quién fuera o quienes fueran, ya habían logrado entrar.

Hinata alzó la vista para ver de quién se trataba. Se quedó pasmada y con la boca abierta, y con suma dificultad pudo pronunciar su nombre.

— Ha-Hanabi…

La chiquilla no hizo ni dijo nada, de igual forma admiro a su hermana, sólo que con un aire más superior y reservado.

— Andando…Pronto este edificio quedara hecho polvo.

La pelinegra apenas pudo procesar todo.

— ¿Q-qué? ¿Qué has dicho? ¿A qué te refieres? ¿P-padre…ha enviado…por mí?

— Dije, que hay que salir de aquí, este lugar será incendiado— repitió la castaña más lento y fuerte, de igual forma su tono de voz era sosegada— .Padre ha dejado tú rescate como segundo plano, no debería sorprenderte… ¿Entonces, bienes o no?

Los labios le temblaron, Hinata se llevó un puño al pecho. Bien dijo su hermana que ya ni debería extrañarle la actitud de su progenitor. Sabía que de alguna forma eso pasaría. Pero aún con todo, guardaba la pequeña y diminuta esperanza de que a su padre le interesara a aunque sea un poquito. Seguía doliendo. Le dolía que le desdeñara tanto, a tal punto de serle indiferente si vivía o moría. Semanas atrás, seguramente hubiera ido con Hanabi y su clan, aceptando nuevamente esa vida tan patética y vacía que llevaba…Pero ahora, ahora todo era muy diferente. Los había conocido a ellos, a los Uzumaki, a Naruto.

Ya tenía un sueño, una meta…Si volviera con su clan, con su padre, jamás lograría nada. Absolutamente nada. Ya era hora de cambiar y hacer por primera vez algo por ella misma, si, lo haría, aunque tal vez no le durara mucho, pero lo haría.

— No…— dijo si titubear—, no iré con ustedes.

— Muy bien— replicó Hanabi, sin darle la oportunidad a su hermana de justificar su respuesta —, entonces eres traidora. Y padre ha dicho, que extermináramos a todos aquellos traidores. Lo siento, hermana, son órdenes.

Levantó su arma, apunto, colocó su índice en el gatillo. Dudó un segundo, al ver como su única hermana agachaba la cabeza, triste…Derramando una lágrima.

Jaló el gatillo.

Hinata se encogió de hombros al oír la descarga. No sentía nada, nada; y eso era porque la bala no la había alcanzado, al momento oyó unos forcejeos, abrió los ojos rápidamente. Quedó sumamente sorprendida por lo que ahora veía.

Naruto estaba encima de Hanabi, sosteniéndole las muñecas y mirándole con rabia. Había saltado encima de ella, haciendo que Hanabi desviara la bala para el techo.

— ¿Na-naruto?

— ¡Hinata, sal rápido del cuarto!

— ¡P-pero tú!

— ¡No importa, obedece y sal de aquí, yo me encargo de todo! — bramó el hombre un tanto colérico, que seguía sosteniendo a Hanabi con firmeza. Está se resistía intentando a toda costa liberase. Hinata no tardo y paso a un lado de ellos, saliendo del cuarto. Se quedó justó allí, aguardando a que Naruto también le acompañara.

— ¡Suéltame! ¡Imbécil!

— ¡Cállate! ¡La única imbécil aquí eres tú! ¿Cómo has intentando asesinar a tú propia hermana?

— ¡Son ordenes de mi padre matar a los traidores, déjame!

Naruto abrió los ojos. Sostuvo con más fuerza.

— ¿Qué? ¿Pero qué idioteces dices? ¿Y si tu padre de ordena lanzarte desde un acantilado, qué, lo harías?

— ¡Cállate! ¡No sabes nada!

— ¡No, tú eres la que no sabe nada, niña tonta!

La castaña al fin pudo zafar una de su piernas y plantarle un firme rodillazo muy cerca de la entrepierna a Naruto. Este gimió de dolor; Hanabi no desaprovechó la oportunidad de quitárselo de encima y recuperar su arma que no había caído muy lejos.

Ya la tenía en la mano, sólo era cuestión de girarse y jalar del gatillo. Demasiado tarde, una mano le golpeo recio por la nuca. Después, todo oscuro.

Naruto se incorporó y corrió fuera de la habitación, dejando a la chiquilla inconsciente, topándose al instante con Hinata que lo esperaba afuera con la preocupación a flor de piel en su rostro y mirada.

— ¡Vámonos, tenemos que salir de aquí y a ponerte a salvo con los otros! — gritó el Uzumaki— ¡Rápido, ponte esto!

Naruto se quitó su chaleco antibalas tan rápido como sus manos se lopermitieron. Sin esperar a que Hinata le contestará nada, este se locolocó. Hinata no opuso resistencia, estaba tan fuera de sí, que sus reacciones eran lentas y tardías. Luego, Naruto la tomó del ante brazo y la jaló.

— ¡P-pero…E-espera, Na-naruto!… ¿Qué hay de mi hermana? — logró articular la mujer.

El hombre paró en seco.

— ¿Qué?

— ¡M-mi hermana…No podemos dejarla allí!

Confirmado, esa mujer estaba o se había vuelto loca. Sabía que era rara, pero eso ya era el colmo.

— ¿Estás demente, mujer? ¡Ella intentó matarte…Y de paso, intentó matarme a mí también! — recriminó molesto. Hinata se encogió, como quién recibe un fuerte regaño.

— ¡Lo-lo sé!...Pero…Pero… ¡No puedo dejarla allí!..No lo entiendes, ella en realidad no quería…

— ¿Asesinarnos? ¡Si claro, cómo no! ¡Olvídalo y vámonos ya!

El rubio quiso continuar con su camino, jalando a la Hyūga. Pero ya no lo consiguió. Hinata le detuvo, sosteniéndole por el brazo. Naruto giro a verla. Esta tenía los ojos llorosos, suplicantes.

— P-por favor…Naruto…Por favor.

¡Ah! Había olvidado cuan bondadoso era el corazón de esa chica. Aunque esto, lo tomaba más como una locura y una estupidez a la vez. ¿Y a quién engañaba? ¡El también era igual de misericordioso! ¡Qué va! También era un misericordioso, impulsivo y estúpido. Seguro se arrepentiría más adelante, pero ahora y sin más remedio, sucumbiría a las suplicas de aquella mujer de ojos perlados.

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Ya la tenía cargando a sus espaldas, tuvo suerte de que la hermana de Hinata no fuera tan pesada, apenas y sentía estar acarreando otro cuerpo aparte del suyo propio. Hinata seguía el paso de Naruto, teniendo como vista la espalda de su desfallecida consanguínea.

— ¡Vamos, más rápido! Tengo que llevarte con Karin y los otros para que puedan escapar de aquí.

El rubio volvió a coger a la chica por la muñeca, para así hacerla igualar sus largas zancadas. Hinata se delimitó a obedecerle. Ya se escuchaban los golpes y los tiroteos más fuertes y cercanos. La Hyūga cerró los ojos.

— ¡No tengas miedo, Hinata, se fuerte! — la mujer tuvo que volver a desviar los ojos hacia el Uzumaki — ¡Pronto estarás a salvo…Yo te mantendré a salvo!

Hinata no dijo nada. Más sin en cambio, una llama volvía arder en su pecho, la fortaleza volvía a emerger. Asintió.

Luego, humo…Mucho humo apareció y les nublo la vista. Dieron finalmente al tercer piso, otra vez, donde Karin permanecía aguardando la llegada de su primo, sumamente alterada y agitada.

Las fumarolas seguían, y el calor…¡Jamás habían sentido un calor tan infernal! Al fondo de uno de los cuartos, se veían unas incesantes llamas rojas. Fuego. Fue cuando la pelinegra recordó lo que su hermana le había dicho sobre que el edificio sería incendiado, pero ya era demasiado tarde para advertirlo. Se dijo estúpida así misma, no podía ni dar una simple advertencia.

— ¡Naruto, rápido! ¡Un hijo de puta se me ha escapado y ha iniciado un incendio al edificio! — advirtió Karin, cuyo rostro estaba sudoroso y mugriento.

— ¡Maldición! ¡Qué esto no puede estar pasando, joder!...¡Tenemos que salir rápido de aquí! Karin, llévate a Hinata y a su hermana. Sácalas del edificio, yo las cubriré hasta que lleguemos con Bee. De allí, quiero que se adelanten y huyan con todos los del clan— demandó el rubio, soltando a Hinata.

La pelirroja ya no tuvo tiempo ni de protestar, acató las ordenes de su primo al pie de la letra y se apuraron a evacuar hasta el segundo estrato y de allí, fuera del edificio.

Naruto iba pensando en su gente, en su clan. Los caídos y las pérdidas. Maldijo mentalmente. Jamás creyó que esto llegaría a tanto, pensó que podía controlarlo, imaginó que podía vencer, estaba tan seguro. Pero se equivocó. Entonces, no tenía otra cosa en la cabeza, más que salvar a lo que quedaba de su clan, el clan que su madre le había dejado a cargo, a esas personas que le habían acompañado.

— Yo...Tengo… ¡Tengo que protegerlos!

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Neji jadeaba, estaba herido. Un hombro dislocado. Sus hombres caían como moscas, poco a poco, se veían en una situación crítica.

Ese gran hombre, su oponente, el cual se había hecho llamar "Killer Bee, la bestia de ocho colas" era, sin duda alguna, el oponente más fuerte al que se había enfrentado jamás.

El moreno, al contrario de él, podía dar más. Estaba menos lesionado y más vigoroso. Estaba allí, justo allí, frente a él, dando brinquillos de un lado a otro con los puños al frente. Sus hombres no lo podía proteger, pues los de ellos se los impedían. Sintió que esta vez podían perder y no salir con vida… ¡Que patético! Un clan como ellos siendo vencidos por un clan como el Uzumaki. Quizá los habían subestimado más de lo que imaginaron.

Jefe, los hemos subestimado demasiado.

La situación no era favorable, aún con todo, se rehusaba a rendirse. Neji Hyūga tenía por lo mínimo, sacar vivas a las hijas del jefe, aunque eso significará no salir con vida.

— ¡Venga, hombre! ¿A caso ya es todo? ¡Vamos, no me decepciones! ¡Me has mostrado que eres fuerte! ¿Tan rápido me haces cambiar de mente?

Neji gruñó, molesto…Tenía que hacerlo, si, tenía que hacerlo. Pensó y miro a su alrededor, debía haber algo que le proporcionara la victoria.

¡Allí! Justo atrás de aquella bestia, estaba una pistola…¡Justo era la suya!

Ahora, una forma para llegar a ella. Por lo que parecía, su oponente ignoraba el arma. Muy bien, sólo era cuestión de cambiar de posiciones, que este se distrajera un poco y así recoger la pistola y darle. Fácil.

Bien, respiró y exhaló un par de veces, se concentro. ¡Ahora o nunca! Corrió directamente hacia Bee, este lo esquivo y luego sonrió suficiente. Perfecto, ya estaba en el lado donde se hallaba la pistola. Sólo faltaba alcanzarla.

— ¡Fuego, fuego…El edificio se incendia, es la señal, salgamos de aquí!

Era cierto, el humo ya podía llegar hasta donde ellos, bien sabían que no era el humo provocado por la pólvora, era más denso, pesado, asfixiante. Killer Bee finalmente se despistó. Neji, no lo dejo pasar y tomó su arma.

El primer tiro fue al pecho, el segundo…al abdomen. Bee volteó el rostro, para toparse mirada contra mirada con la de Neji. Una mirada luctuosa…Y a un con todo, Bee sonreía con la sangre fluyéndole por la boca. Cayó pesado al suelo.

Neji respiraba por la boca… ¿Qué fue aquello? Por un momento, se sintió conectado con el dolor de ese sujeto, como si conociera o supiera cuáles eran sus emociones en ese efímero minuto.

Todavía…No quería morir.

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Naruto estaba resollando; una vez en la segunda planta, admiraron un piso lleno de cadáveres. Quedaron más petrificados. Todavía había algunos peleando mano con mano.

ordenó a las mujeres bajar y salir de ahí cuanto antes. Las vio alejarse entre los escombros. Ya no veía mucho, pero de repente…Los fuertes alaridos de personas le hicieron alertarse. Eran fuertes lamentos, lamentos cargados de dolor y aflicción. Reconoció las voces, los sollozos.

Corrió para esa dirección. Logró divisar a Lee, Karui y Omoi, rodeando un cuerpo…Quedo en shock.

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Las dos mujeres bajaban como desesperadas las escaleras, Karin sostenía su revólver, si por cualquier caso se topaba con algún enemigo. Entre tanto ajetreo, Hanabi despertó poco a poco de su inconsciencia. Al inicio estaba totalmente confundida, pero luego tomó más claridad en el asunto. Siendo cargada por aquella pelirroja de lentes y su hermana a lado, la cual ni había notado por accidente su despertar, tenía que hallar la forma de escapar.

Fue hasta que Karin se detuvo al llegar a la primera planta, que pegó un salto brusco, resbalándose por la espalda de la pelirroja. No espero nada más y se echo a la fuga.

Las dos mujeres, al principio quedaron confundidas.

— ¡Eh, maldita mocosa ingrata, que te den! —exclamó finalmente Karin.

Hinata había extendido una mano, haber querido detener a su hermana, la volvió a contraer, se resignó…Hanabi huyó.

— ¿Y tú qué? — preguntó Karin a la pelinegra — ¿No vas a escapar también? ¡Anda, aprovecha!

La mujer se pasmó ante el comentario ¿Escapar? ¡Tenía finalmente la oportunidad de irse! Y simple y sencillamente…negó con la cabeza. Karin se acomodo los lentes.

— ¿No? Bueno, entonces ¡Andando!

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Tendido en el suelo, estaba Killer Bee. Con los ojos cerrados, con las heridas de bala destacando. Y la sangre seca de la boca, que había hecho un caminito por sus comisuras.

— ¿Bee? — musitó aún perturbado— ¡¿Qué ha sucedido?! ¡¿Qué ha pasado?!

Los presentes no lograron decir nada, el llanto era más fuerte que su voluntad de hablar y explicar las cosas.

Naruto se tumbo de rodillas. Tomó la mano del hombre fallecido.

— Todos, salgan de aquí…El edificio se incendia…tienen que huir— habló pasivo y tranquilo, sosteniendo la mano de Bee aún.

— ¡P-pero!

— ¡Qué huyan he dicho!

El rostro de Naruto era irreconocible. Los demás no protestaron más, sin dejar de llorar, huyeron del lugar, que poco a poco iba siendo consumido por las feroces llamas. Sostuvo con más fuerza, sintió sus saladas lágrimas recorrerle la cara, las sintió en labios; los mordió. La mano y el cuerpo en general le temblaban

Viejo…Bee… ¿Por qué? Dijiste que estarías bien. No me puedes abandonar, no tú…Ya tuve suficientes perdidas ¡Y ahora tú! No he podido protegerlos, no he podido, soy un inútil...Yo, yo…

…Entonces, una estratosférica furia lo dominó.

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A Neji lo contenían dos hombres, agarrándolo firmemente, puesto que este quería regresar al edificio Uzumaki.

— ¡Debe quedarse aquí! Nosotros nos encargaremos de la señorita Hanabi, iremos por ella. Todavía hay varios de nuestros hombres dentro, así que... ¡Usted debe irse en el auto, ya!

— ¡No me iré de aquí sin ellas! —bramó furibundo.

Neji ya se estaba liberando del agarre de sus hombres e ir nuevamente al bloque de no ser porque, corriendo por la calle, pudo distinguir a Hanabi.

— ¡Es la señorita Hanabi! ¡Ir por ella!

Arrancaron la furgoneta y fueron hasta donde estaba esta. La subieron al vehículo. La chica inhalaba y exhalaba con dificultad, debido al cansancio y vaho aspirado.

— ¿Y la señorita, Hinata, donde? — inquirió Neji inquieto.

— Es una traidora…Vámonos ya de aquí.

Guardaron silencio. Neji permaneció serio.

— Muy bien, entonces hay que escapar de aquí…— anunció Neji.

— ¿Y qué hay de los que todavía están en el edificio? — inquirió uno de los del clan.

— Nada, déjenlos. Necesitamos señuelos si es que queremos tiempo — sentenció Hanabi, recostada.

Huyeron.

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La ira era inmensa, la ira quemaba, la ira consumía. Naruto le disparaba a todo lo que tuviera movimiento. La sangre salpicaba, manchaba las paredes, manchaba la ropa, manchaba la piel. Las llamas tomaban todo a su paso. El calor era insufrible, tanto como para cegar, para hacer sudar hasta el más mínimo poro del cuerpo, para quedarse sin aire, el olor que emanaban los cadáveres incinerados, el vaho, el humo…a estas alturas, el debería haber salido ya del infernal edificio. Pero no lo hizo, seguía disparando, seguía peleando, seguía llorando. Se desgarró la camisa, solamente le estorbaba y le hacía más pesada la labor.

Corrió derecho y sin titubear, a una velocidad brutal hacia sus oponentes, ellos se intimidaban con sólo ver aquella silueta rabiosa entre el humo y el fuego. Comenzaron a huir. El uzumaki no lo iba a permitir, que se largaran así como si nada. La cara de Bee, muerto, yerto, sangrando se apoderaba de su mente…Definitivamente no iban a escapar.

Naruto se abalanzó contra un Hyūga, lo golpeo dura y firmemente en la cara, el rostro del hombre se comenzaba desfigurar, le había roto la nariz. Escuchó entonces el ruido de un arma cargar; parando de zurrar a aquel Hyūga levantó la vista, llegando a visualizar a otro del clan contrario apuntarle con una pistola. El Uzumaki apretó los dientes, rápido, utilizó al hombre que tenía debajo como escudo. Los balazos alcanzaron al ya moribundo hombre por la espalda. Naruto aprovecho su improvisado escudo humano para acercarse corriendo al que le descargaba el arma.

Fue tarde cuando el agresor quiso escapar, queriendo echarse a correr huyendo por la puerta principal que tenía detrás; porque el Uzumaki había saltado contra él. La fuerza del impacto había sido lo suficientemente fuerte como para sacar a ambos fuera del despojó al hombre de su arma, y para su suerte, todavía contaba con una bala. Estando en aquel estado, ya no era consciente de sus actos. No dudo y disparó en la frente de su adversario. Se escuchó el gritó ahogado del sujeto y el fuerte sonido de la descarga; la cabeza del tipo rebotar contra el asfalto,…la sangre esparcirse por el pavimento.

Hinata, juntó con los yakuza sobrevivientes, miraban la escena a los lejos, con pavor, dolor, tristeza.

El rubio se puso de pie, dando la espalda a sus compatriotas y mirando el edificio arder. Apretó los puños, tan duramente que inclusive los nudillos se le tornaron blancos, bajo esa capa de suciedad y sangre. Las lágrimas seguían derramándose por sus mejillas, temblaba de dolor y enojo.

La pelinegra no paraba de llorar, ante la escena que contemplaba. De espaldas y con el dorso desnudo, Hinata pudo apreciar tatuada en toda la espalda del Uzumaki, a una enorme bestia. Era un zorro, con nueve colas, nueve colas abarcando y disipándose por todo el lomo del hombre. Rojo cual carmín; lucía tan amenazante, mostrando los colmillos blancos, gruñendo; con mirada blanqueada y sombreada a los alrededores de los mismos, a la defensiva. Todo era tan irreal.

Naruto respiraba con intensidad, sus hombros subían y bajaban del cansancio. Comprimía los dientes con fuerza, el sudor le resbalaba por todo el cuerpo, combinándose con la sangre, la suciedad, las heridas…Su imagen era irreconocible.

Viendo como todo ardía, como todo se perdía…Pegó un rugido, gritó a todo pulmón…Nada. Empezó a ver doble, borroso y luego, escuchó el golpe de su propia caída.

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Las voces le despertaron. Intentó abrir los ojos, se preguntó qué era lo que estaba pasando. Lo primero que alcanzó a distinguir, fue una silueta de la cara de una mujer, estaba medio oscuro, así que no podía saber de quién se trataba. Pero de algo sí que estaba convencido, no era ni Karin, ni Tenten o Karui. Luego pensó:

— ¿Hinata?

La silueta pareció dar un leve respingo.

— ¿Na-naruto? ¡Has despertado, me alegro!.. Esto… ¡Tenten!

La voz de Hinata era tan suave y apacible, extrañamente le hiso sentir más tranquilo. No le duró mucho, porque de inmediato recordó todo lo que había ocurrido con él y con su clan, el clan Hyūga, el edificio, Killer Bee…Abrió los ojos como plato, su corazón latió más fuerte.

— ¡Viejo! —gritó al mismo tiempo que levantaba el dorso del futon a toda velocidad—. ¡¿Dónde está, que ha ocurrido, donde estamos?!

Al momento otra persona pareció entrar al cuarto donde se hallaban, esta vez era Tenten.

— Por favor, tranquilícese jefe. No está bien que se altere estando en esa condición— calmó la castaña, encendiendo la luz de la habitación, provocando que lastimara a los todavía adormecidos ojos de Naruto.

— ¡No! ¡Nada de tranquilizarme! ¿Qué ha ocurrido, donde estamos? ¡Exijo que me respondas ahora!

Tenten trató de apaciguarlo una vez más, posando sus manos sobre el pecho vendado del hombre, para con ello, este no se intentará levantar.

— Estamos en nuestro negocio. En el centro de Konohana, lleva inconsciente desde ayer— Tenten calló, agachó la vista, mostrando una terrible aflicción—…Después del ataque de los Hyūga y el incendio, usted quedó inconsciente. Karin ordenó entonces traerlo aquí, a usted y los que sobrevivieron…

Naruto se aferró fuertemente a las sabanas, apretó la dentadura…Cerró tan fuertemente los ojos, que tanto frente, ceño y ojos se arrugaron profundamente.

— Eso quiere decir…Que Bee y los otros… —derramó más lágrimas, salían sin control de sus azules ojos cerrados.

— Perdón, si tan sólo ese día yo no hubiera estado fuera, habría podido hacer algo más útil.

La voz de la castaña se fue debilitando, quebrando. Naruto abrió los ojos de golpe.

— ¡¿Y qué ha pasado con Karin?! ¡¿Cuántos hemos sobrevivido?! ¡¿Y qué hay de esos bastardos, escaparon?!

Naruto había tomado a Tenten por los laterales de su brazos, la chica desvió el rostro, en un intento de no llorar.

— Han escapado…Apenas y hemos sobrevivido menos de la mitad del clan— profirió con dificultad— Después de traerlo aquí junto con algunos de los que sobrevivimos…La policía, las ambulancias y los bomberos comenzaron a llegar. Karin se quedó allí…

— ¡¿Qué, que dijiste?! ¡¿Qué ha hecho qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué lo hizo?! — interrumpió bruscamente el rubio, apretando más su agarre contra la castaña.

Tenten mordió su labio inferior.

— ¡Ha sido por su bien y por el del clan! ¡Ella ha dicho que se haría cargo de todo, dijo que alguien se tenía que hacer responsable del asunto, sino la policía comenzaría a buscarnos, así nos dará más tiempo!

Naruto soltó a la chica duramente, y al momento se puso de pie, encaminándose a toda velocidad hacia la puerta.

— ¡Jefe, jefe! ¡¿A dónde va?! ¡No se vaya, tiene que quedarse!

Suplicó la mujer estando en el suelo. Naruto la ignoró abriendo la puerta corrediza de golpe. Hinata, que sólo se había limitado a observar, quiso levantarse y detenerlo, estaba a punto pero, no había ni dado un paso, cuando vio como un trío de hombres tomaban por los brazos a Naruto y lo empujaban nuevamente dentro.

— ¡¿Qué están haciendo?! ¡Suéltenme! ¡No dejaré a Karin sola, no me puedo permitir perder a alguien más de mi familia, de mis amigos! ¡Suéltenme!

Sai, Rock Lee y Omoi apenas y fueron capaces de detenerlo.

— ¡Siéntate y estate quieto, Naruto! ¡No hagas alguna tontería, por dios! —exclamó Karui, entrando segundos después.

— ¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡¿Cómo quieres que me quede aquí, sin hacer nada, mientras pierdo a más de mis camaradas, a más de mi familia?!

Karui tembló de rabia y dolor, oprimió duramente los labios y pidió a los cielos, a su maestro y a Naruto mismo, que la perdonaran por lo que estaba a punto de hacer.

Fue un puñetazo tan poderoso, el cual causó que el rubio girara la cara violentamente y que gotas de sangre salpicaran el suelo de madera. Hinata se llevo las manos a la boca, verdaderamente ya no quería ver más. Los otros, de igual forma desviaban la mirada acongojados

— ¡Por eso mismo! ¡Por eso mismo debes quedarte aquí! ¡No dejaré que los sacrificios de el maestro Bee, de Karin y de los otros por mantenerte a salvo fracasen! — aulló la pelirroja colérica, de igual manera, por sus mejillas resbalaban lágrimas—¡Entiéndelo, hazlo por ellos, por nosotros el clan, por ti! ¡Tienes y tenemos que mantenernos a salvo!...

Naruto guardo silencio, sus músculos y cuerpo en general se relajaron. Por fin el trío que lo contenía le soltaron. Naruto no levantó la cabeza.

— Y entonces ¿Qué se supone que haga? ¿Qué los deje solos? — susurró cabizbajo.

— No…Claro que no…

— Karin nos dio y me dio instrucciones antes de quedarse en el edifico — interrumpió Sai a Karui, captando la atención del rubio—.Aguardaremos aquí en el negocio, hasta que el contacto de Karin, ese tal Suigetsu, venga a darnos el mensaje que le pidió que enviara al clan…

— ¡¿Qué?! ¿Pero por qué pedirles ayuda justamente a ellos? — protestó Naruto, sabiendo justamente a quienes se referían.

— Karin supuso que dirías algo así, pero también dijo que dejarás de ser tan idiota y orgulloso. Dijo que era necesaria su ayuda si es que queremos recuperarnos de esto y sacarla a ella y a los otros de prisión.

Naruto no dijo nada, se cruzó de brazos meditándose el asunto.

— Vamos, jefe…¿Qué tiene de malo ser amparados temporalmente por otro clan? Al fin y al cabo somos aliados, viejos amigos y conocidos— animó Lee.

— Eso no importa, no se te olvide que también somos rivales. Además, me sabe mal tener que estar mendigando a otras personas.

— A mí tampoco me gusta mendigar, pero está vez tenemos que dejar aún lado el orgullo si es que queremos sobrevivir y sacar a los otros de la cárcel. Tenemos que recuperarnos— replicó Lee, posando su mano en el hombro de Naruto.

— Tenemos que vengarnos — está vez fue Omoi quién hablo. Todos quedaron callados, la mayoría cabizbajos, recordando lo que había pasado con sumo dolor y pesadumbre.

— Sí, tenemos que hacerlo— secundó Karui, comprimiendo los puños.

— Lo haremos— terció Sai.

— Definitivamente— continuó Lee.

— Absolutamente— dijo Tenten.

Hinata, seguía tan callada. Ella no podía decir nada. Claro que, estaba igual de dolida y afectada por las perdidas…Por la muerte del señor Bee. Pero, sencillamente no tuvo el valor para decir nada. Además, tomar venganza no era lo que precisamente tenía en mente. Tan sólo aguardo la respuesta de Naruto, a la expectativa e insegura.

— Tengan por seguro que, así será. Nos vengaremos de esos bastardos, nos cueste lo que nos cueste.

Había proclamado Naruto, con suma seguridad y rabia en su mirada. Hinata miro al suelo…Bueno, No importaba, ellos estaban en todo su derecho de querer venganza. Pero ahora ¿Qué sería de ella? ¿A caso les seguiría o tomaría su propio camino?

— Vaya, y pensar que ya no eres el único que se obsesiona con la venganza.

Todos, absolutamente todos los presentes, giraron en dirección de quién había soltado tal comentario. Eran dos hombres de traje negro; uno albino, que reía sardónico el cual parecía ser el responsable de anterior comentario. Algo en lo que se fijo la Hyūga, fue en su dentadura inusualmente afilada, como la de un tiburón. El otro desconocido, parecía tener la edad de Naruto, alto y de cabellos negros despeinados por detrás. Sus ojos eran de igual color que su cabello, un negro profundo y penetrantes.

Hinata sintió un escalofrío, era como si esos ojos vieran atreves de todo. Y esa pose y aspecto serio, le daban un toque más autoritario, más poderoso, más capaz.

— Hmph…Veo, que no te ha ido muy bien. ¿O si, tarado? — habló finalmente el moreno. Una voz tan varonil e igual de intimidante como su apariencia.

— Pero mira a quién tenemos aquí, si es el cabrón de Uchiha Sasuke— contestó Naruto, para después mostrar una sonrisa de lado. Los ojos del rubio tenían tantos y varios sentimientos mezclados, que apenas y se podía saber cuáles eran… ¿Nostalgia? ¿Felicidad? ¿Tristeza? ¿Enemistad? ¿Amistad?

El hombre que respondía al nombre de Sasuke, bajo levemente el rostro, sonriendo de igual manera.

Al momento, llegaron más hombres a las espaldas de los dos primeros. Otros que compartían ciertas similitudes en aspecto con Sasuke. Cabello y ojos negros, rasgos serios…Hinata se acercó un poco a Tenten, que no estaba muy lejos de ella.

¿Q-quiénes son ellos?se dijo Hinata a sus adentros. Y como por telepatía, el hombre albino de dientes afilados, respondió a la pregunta.

— He aquí el clan Uchiha, de Tokio.

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Pocari Swea*: es una popular gaseosa y bebida isotónica japonesa, producida por Otsuka Pharmaceutical Co., lanzada en 1980 y ahora esta disponible en Asia Oriental, Sureste Asiático, y Medio Oriente.

Es de un sabor suave, dulce, ligero y sin gas. Es publicitada como una "bebida ionizante".

Ametralladora uzi*: es un subfusil de origen israelí, diseñado y fabricado inicialmente por Israel Military Industries (IMI). Pertenece a la familia de armas de fuego que empezaron a compactar y aligerar el peso de los subfusiles. Las versiones más pequeñas y las más novedosas son consideradas como pistolas automáticas. El Uzi fue una de las primeras armas en emplear un cerrojo telescópico, que permite insertar el cargador en el pistolete y acortar su longitud, un diseño que no había sido visto desde la pistola ametralladora Tipo 2 japonesa.

Revolver*: es un tipo de arma corta que se caracteriza por llevar la munición dispuesta en un barrilete (o "tambor"). Normalmente se utiliza el término pistola para designar a las armas de fuego cortas semiautomáticas, que suelen llevar la munición alojada en un cargador.