¡Disfruta de la lectura!


.:Capítulo 8:.

El clan Uchiha: Metamorfosis


.

Esperaban afuera de la habitación donde yacía Naruto, Sasuke y otros miembros de ambos clanes, conversando. Hinata permanecía quieta, mirando sus puños sobre las rodillas, estando sentada a un lado de Tenten, aguardando. El silencio era abrumador. Nadie se dirigía la palabra, tan sólo estaban allí y ya.

Habían un par del clan Uzumaki que no le quitaban la vista a la Hyūga. Hinata podía sentir las penetrantes y duras miradas de aquellos. No estaba en una situación bastante cómoda. Vaya, tener que lidiar con ese visto, otra vez. No era agradable. Pero sabía que algo así pasaría, al fin y al cabo, no podía deshacer u ocultar su pasado, lo que ella era y de donde venía. En parte, la chica se sentía culpable por lo ocurrido; el peso caía sobre sus hombros y esos hombres que la divisaban con desprecio solamente le provocaban estar peor.

A estas alturas, la mujer estaba perdida, no sabía qué hacer, decir o siquiera pensar. En primer lugar, ya no tenía a donde ir, oficialmente se había convertido en una traidora para su clan. Y ahora, ahora se había ganado el odio de otra gente.

Contrajo los labios y aspiró moco que le molestaba en la nariz. Sí, estaba completamente desorientada. Ningún lugar al cual pertenecer.

"¿Y ahora…Qué haré?"

De repente, uno de los chicos Uzumaki se puso de pie abruptamente. Todos le giraron a ver. Tenía el ceño fruncido, nada alegre. Hinata se encogió un poco al saber que aquella antipatía iba dirigido a ella.

— No lo aguanto más ¿Qué hace esta todavía aquí? ¡Esa maldita Hyūga!

.

.

—La situación es grave. El problema se ha vuelto todo un caos. La policía los busca y en las noticias no paran de pasar lo ocurrido al edificio Uzumaki. Habrá represarías tanto para ustedes como para los Hyūga —decía Izuna Uchiha, cruzado de brazos y sentando con bastante compostura.

— Sí, pero el cabrón de Hiashi siempre ha sabido cómo lidiar con ello. La policía se la sudan a él—agregó el albino el cual había presentado a los Uchiha, seguía teniendo esa sonrisa ladina.

—Tú, por otro lado…Es otra historia—dijo Sasuke refiriéndose a Naruto.

—Gracias por recordármelo.

—Agradece que Karin se quedara, ella dará más tiempo para que podamos actuar—mencionó Sasuke serio.

—Mi prima, la tengo que sacar de allí—afirmó el rubio solemne.

—Y todo a su tiempo. Primero tenemos que hacer que los deje de buscar la policía de Osaka. Luego, tenemos que solucionar problemas jurídicos. No te preocupes mucho respecto a eso, con nosotros de tu lado, podemos hacer que las cosas se vuelvan más contraproducentes para los Hyūga y benefactoras para ti —aseguró Kakashi Uchiha. Uno de los pocos cuyo cabello no era negro. Era de un tono grisáceo, sin mencionar el cubre bocas que siempre usaba. Además de eso, una singular cicatriz en uno de sus ojos.

—No, el clan Hyūga déjenmelo a mí. Solamente quiero que nos ayuden con los malditos federales y todos esos estúpidos procesos. Necesito sacar a Karin y al resto—reafirmó el Uzumaki.

—Pero por lo mientras necesitaran un refugio. Este edificio no es favorable ni mucho menos seguro. La policía no tardara en dar aquí para interrogar —continuó el mismo Kakashi.

—Será más difícil y pesado para movernos, pero no hay de otra. Tienes que venir a Tokio con nosotros, allí es donde procederemos—volvió a hablar Izuna.

—Lo sé.

—La idea no será de tu agrado, pero es lo mejor.

—Ya dije que lo sé—repitió el rubio hastiado—.Pero de una vez dejemos en claro algo. Esto no es un favor, todo lo que están haciendo se los pagaré, cada centavo que pongan…No me gusta deberle a nadie.

—Y nadie te dice lo contrario. Así que, haz lo que quieras, por nosotros no hay problema—confirmó Izuna.

—Bien, entonces ¿Cuándo nos vamos? —inquirió Lee, en un tipo cuchicheo hacia su jefe.

—Dentro de unas horas más. Mis hombres necesitan descansar un rato, después de todo, un viaje de Tokio a Osaka es bastante pesado —replicó Sasuke, alcanzando a oír a Lee.

—Entonces pueden usar las habitaciones que gusten…—dijo Naruto.

— ¿Y es todo? ¿No habrá compañía? Digo, después de todo te estamos ayudando—reprochó Suigetsu convenenciero.

—Diablos. No abusen. Pero está bien, si mis chicas están de acuerdo, no habrá inconveniente. Chicos avisen a los demás. Por ahora es todo, ustedes dicen cuando nos vamos—otorgó el rubio con gesto algo serio.

Se escucharon un par de gritos fuera de la habitación.

— ¡Genial! ¿Y ahora qué? —recriminó Suigetsu fastidiado.

—Una pelea, parece ser—le contesto un grandote que acompañaba los Uchiha, cabello teñido de naranja, despeinado puntiagudo.

—No me digas —dijo el mismo albino sarcástico.

—Cállate y mejor hay que ver—fue Kakashi el que le reprimió.

.

.

— ¡Satoshi, por dios, cálmate ya! —exclamó Tenten, sin moverse de su lugar.

— ¡No me digas que hacer, porque no pienso callarme la inconformidad! Vuelvo a preguntar, ¿Qué hace esa todavía aquí con nosotros? ¡Su mierda de clan fue el que nos ha dejado así como estamos! ¡Por su culpa es que perdimos a más de la mitad de los nuestros! ¡Por su culpa hemos perdidos nuestro hogar, nuestras cosas! ¡Todo! ¡Absolutamente todo! ¿Y esta, todavía sigue aquí como si nada?

El hombre estaba punto de tomar a Hinata por el cuello de su blusa, por otro lado, la mujer ponía su antebrazo cómo defensa completamente horrorizada; pero una fuerte mano interceptó la agresión, deteniéndolo por la muñeca. El muchacho giró a ver quién lo había parado. Abrió los ojos como plato.

— ¡Jefe! ¿Pero…Cuando usted ha…?

Naruto arrugaba el ceño y mostraba la dentadura en un ademán de estar sumamente cabreado.

— ¡Ella no tiene la culpa de nada! ¡Si quieres echarle la culpa a alguien, échamela a mí! ¡Cabrón!

— ¡Pero, pero jefe! ¿Cómo dice eso? ¿Es que acaso no le duele la muerte de nuestros camaradas? ¿Por qué es tan indulgente con esta Hyūga?

— ¡Cierra el pico, no digas estupideces! ¿Qué si no me duele? ¿Pero qué demonios dices? ¡Claro que me duele! ¡Estoy consciente de las pérdidas que hemos tenido! Y… ¡Por supuesto que no vamos a dejar esto así! Se las vamos a devolver a esos bastardos, la muerte de los nuestros no será en vano. Vamos a vengarnos, de eso no hay duda siquiera—hiso una breve pausa para soltar la muñeca del sujeto. Se calmó un poco más antes de continuar —. Pero…No quieras desquitarte con esta mujer, en lo que a mí respecta, Hinata no ha tenido la culpa de nada. El que ha decidido su secuestro he sido yo, por lo tanto, estábamos al tanto en donde nos metíamos. Y, por si no te has dado cuenta, tarado, ¡Su propio clan la ha abandonado! He escuchado a esos bastardos. A ese soquete de Hiashi le importó un cacahuate su hija…Así que, si quieres echarle la culpa a alguien o golpear a alguien, anda la bronca conmigo.

El hombre agachó la cara y mirada cual niño regañado y resignado.

— Yo…Lo siento mucho, jefe.

—Ya, sólo no me causen más problemas—sentenció el hombre laxándose cada vez un poco más a cada palabra y movimiento—.Pasando a otro asunto…Les avisó que dada nuestra situación, el clan Uzumaki se refugiara en Tokio. No sé cuánto tiempo estaremos allí, pero les aseguro que no alargaremos la estadía, tenemos que resolver muchos problemas y primero salir de esta antes de hacer nada con los imbéciles que nos hicieron esto.

— ¿Y que pasara con este negocio? —soltó Omoi. Naruto miró a sus integrantes en general.

—Tú, tú y tú—señaló el rubio con el dedo al par de hombres que arremetieron contra Hinata, e igualmente apuntó a Sai, el cual permanecía erguido de pie en un rincón de la habitación—, se encargarán del negocio. Necesito que algunos se encarguen de ello y ustedes son perfectos para el trabajo. No tenemos nada más, esto es lo único que nos queda y deberán mantenerlo así llegue la policía con una orden de cateo.

—Aunque bueno, eso no será mucho problema, hemos mantenido este lugar por varios años y hemos evadido a la perfección a la policía. Además, si tenemos apoyo de los Uchiha, no será mucho lío todo esto—aseguró Sai, dando más puntos a favor.

—Eso es verdad. Y por eso es que te dejo a ti principalmente este trabajo, confío en ti, Sai. De este lugar dependemos mayoritariamente para salir adelante, así que, no hay que fallar—decretó Naruto, haciendo un movimiento rápido con la mano, como quién quita algo que obstaculice la vista.

— ¡Si, señor! —dijeron los tres al unisonó.

—Ahora bien, todos los demás—continuó el rubio, ahora dirigiéndose al resto de su clan—; partiremos en un par de horas. Mientras tanto, hay que atender bien al clan Uchiha y a este idiota—indicó Naruto con la cabeza a Sasuke, que por lo visto, dicho comentario no le agrado en absoluto. No le replico nada, ya tendrían tiempo de charlar más a gusto con ese patán.

— ¡Traigan a las chicas! —exclamó Suigetsu con aires más entusiastas.

—Sí, eso—secundó Naruto frotándose la nariz con el índice, mirando hacia el techo. Tener que hacer trabajar a sus chicas sin recibir el nada de paga ni ganancia, no era muy motivador. Sus chicas no les pagarían esas "horas" y siempre había una que otra inconforme que se quejaba. Bueno, tendría que atenerse a las consecuencias, Los Uchiha los iban a apoyar, lo demás ya lo solucionaría más tarde.

No pasó mucho para que unas cuantas mujeres hicieran presencia. Eran realmente mujeres "exóticas". Vestían desde inocentes mini vestidos coloridos y llenos de holanes, hasta lencería muy provocativa. Las chicas fueron con risitas y juguetonas hasta los clientes, guiadas por Omoi.

Los miedos de Naruto en cuanto a sus chicas se desvanecieron cuando vio que las pequeñas bribonas estaban encantadas por los hombres de ese clan. Ni hablar, tenía que admitir que esos cabrones tenían "algo" que atraía como moscas a las mujeres. En especial Sasuke, que se vio de inmediato rodeado de un cuarteto de mujeres que le intentaban hacer la plática, coquetas y sugerentes. Por otro lado, el moreno no reaccionaba ante ellas; en vez de eso, seguía tan serio e indiferente, llegando al punto de ignorarlas.

—Lo siento, pero yo no necesito de sus atenciones. Quizá mis otros subordinados las requieran más que yo—dijo Sasuke fríamente, cortando platica con las mujeres y dirigiéndose hacia Naruto.

—Vaya, no has cambiado en nada…Sigues tan "asexual" como de costumbre—habló el rubio una vez teniéndolo a un lado.

—Hmph, no molestes. Lo que quiero en estos momentos es dormir, no...

— ¿Coger?

Naruto mostró una media sonrisita. Sasuke no dijo nada más.

Ambos salieron de aquella habitación, no sólo ellos, también otros se dirigían con "compañía" hacia otros lares del pequeño edificio. Naruto encaminó a Sasuke a una pequeña habitación, bastante peculiar. La cama tenía forma de corazón y las paredes, muebles y adornos eran de colores rosa y rojo. A pesar de todo, la decoración era pobre y un tanto mediocre. Todo parecía a ver sido comprado en tienda de segunda mano. Naruto se rascó la parte posterior de la cabeza un tanto avergonzado, profirió una pequeña risita tonta.

—Perdona, pero entenderás del porqué de la decoración.

Sasuke se ahorró pasarse la mano por la cara ante el comentario y ante, vamos, el patético cuartito. De cualquier manera, el hombre se arriesgo a pasar unas horas de sueño en dicho lugar.

—Bueno, entonces te dejo…

El rubio se vio interrumpido cuando Sasuke se dio la media vuelta y le encaro serio.

—Dime Naruto… ¿Qué planeas hacer exactamente?

El rubio se mesuro igualmente.

—Me conoces bastante bien, sabes que es lo que voy a hacer.

—Sé que Bee ha muerto y que la mayor parte de tu clan fue exterminado —confesó el Uchiha. Naruto se tensó y contuvo los puños al escuchar el nombre de Bee y su clan fallecido—.Además de eso, también estoy enterado que han secuestrado a la hija de Hiashi Hyūga…Era aquella chica ¿Cierto? La que has defendido.

— ¿Cómo es que siempre estás al tanto de todo?

—No creías que vendría así nada más sin saber a detalle el asunto ¿O sí? Estas hablando con conmigo. No me tomes por tonto. Dime ¿Qué planeas hacer exactamente? ¿Qué vas a hacer con la hija de Hiashi?

— ¿No es obvio? ¡Voy a vengarme de ese cabrón! —clamó el rubio, colérico.

—Y planeas utilizar a la chica ¿No?

Naruto desfrunció el ceño, reguló su respiración, desviando la vista afligido hacia los extremos del cuarto.

—No…Te equivocas…Yo—hiso una breve pausa, analizando lo ocurrido—.Tenía planeado utilizarla en un principio, por eso la habíamos raptado…Pero ahora, ella no tiene nada que ver en esto. Ahora que lo pienso, no sé porque ella sigue aquí, supongo…Que no tiene a donde más ir—vio al techo pensativo, volvió a encararlo—. Como sea, ella es otro caso punto y aparte. Lo que me interesa es porque tanto interés en mis planes.

—Porque te quiero ayudar.

Naruto se quedó callado.

— ¿Ayudar? ¿Con Hiashi? Ya había dejado en claro que de ese cabrón me encargo yo.

—Deja de ser un necio y escucha. El clan Hyūga no sólo es enemigo tuyo, también le ha causado muchos problemas a mi clan. Ambos, al ser grandes clanes, continuamente tenemos roces. Lo he estado pensando y quizá con tú situación podamos sacar algún provecho…además, velo como que te regreso los favores que me has hecho en el pasado.

—Si bueno, esos no fueron en su mayoría favores. Anda admítelo, tratas de hacer esto para enmendar algo de culpa—replicó Naruto levantando la cabeza. Sasuke por el contrario, la inclinó levemente, dándole un toque más austero—…Pero está bien, me la debes, supongo. Después de que me ayudes a resolver todo lo demás, podremos trabajar juntos.

A el rubio se le dibujó una sonrisa confiada y un tanto altanera. En cuanto a Sasuke, sólo una media.

—Y ahora que lo pienso, casi se me olvida preguntarte… ¿Cómo está ella? —cuestionó el Uzumaki, con actitud normal; aunque, sus ojos destellaban cierto brillo y melancolía.

Sasuke supo a quién se refería.

—Ella está bien. Seguro se alegrara cuando te vea.

Naruto rió a lo bajo.

—Sí…Yo también, tengo muchas ganas de verla…Ya ha pasado tiempo desde la última vez, eh.

.

.

¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que ella se había quedado sola en aquella habitación? Incluso Tenten se había retirado, diciéndole que tenía trabajo que hacer.

Ahora estaba sola, sintiéndose invisible, aislada, perdida, confundida. Tenía un entrecruzamiento de ideas y emociones. Realmente no sabía que hacer o para donde ir. Era evidente que dadas las circunstancias, estar en presencia de los Uzumaki sólo mantendría tensiones y malos ratos. Como momentos atrás.

—Naruto—pensó en voz alta.

Aunque, al menos de una cosa si estaba segura. Él no la culpaba de nada. Su temor de ser odiada por aquel hombre, había sido sustituido por un sentimiento de alivio y calidez. Suspiró. Naruto, de extraña forma, siempre le hacía sentir mejor, con más fuerzas y con másánimos. A pesar de a ver perdido a tanta gente querida para él, de haber perdido tanto y sufrido física y emocionalmente, aún así, él seguía adelante y veía además, de sacar también a los suyos adelante, no sólo él…Le admiraba.

Pero ahora… Ya no la necesitaba, su presencia allí sobraba y era inútil. Lo sensato era irse y comenzar de nuevo. No se mentía así misma, tenía mucho miedo: De no ser lo suficientemente capaz de seguir, de perderse, de morir...

Todavía tenía aquel sueño y anhelo que descubrió estando con los Uzumaki. Ser más fuerte y ser reconocida por los suyos, por su padre…Quería ser algo en la vida, ser útil para alguien. Tenía vanas ilusiones de conseguirlo todo en ese lugar, con ellos…Bee había dicho que la entrenaría, pero el ya no estaba, ya no más.

Fuera de eso, nadie se interesaría por ayudarla. Los Uzumaki estaban más centrados en sus propios asuntos y problemas como para estarse fijando en ella. Lo comprendía. Comprendía todo perfectamente. Por ello, también entendía que tenía que valerse por sí misma. Se arriesgaría.

Bien, no había nada que empacar. Ni cosas, pertenecías o algo por el estilo, sólo lo que vestía en esos instantes y una enorme voluntad. Le hubiera gustado escribir una carta de despedida a Tenten o en todo caso, despedirse de ella en persona..De ella, de ellos, de él.

Paso por afuera de varias habitaciones, escuchó muchas cosas mientras caminaba por los pasillos. Cierto, algunos Uchiha se encontraban con compañía femenina. Gemidos, música, carcajadas, platicas; todo aquello serevolvía, difícil era distinguir de donde provenía que o que.

Se escabulló hasta la salida trasera del edifico. Nadie la había notado, cosa que no le sorprendió y que es más, agradeció.

Afuera, las frías calles de Konohana. En un callejón oscuro y estrecho. Había un contenedor de basura aún lado, el cual desprendía un olor bastante extraño, por no decir olorosamente malo. Había varios anuncios asomándose dentro y fuera del callejón, destellantes, llamativos y neones. Con nombres sugerentes. Claro, aquella era una zona roja. Bares, burdeles, prostitutas, no era el mejor lugar del mundo. Y cables, telarañas de cables estaban por sobre su cabeza cuando intentó mirar el cielo. Sólo había un camino para salir del callejón. Y por la salida del mismo, sólo alcanzaba a distinguir más edificios, más carteles y más anuncios. Comprimió los labios, se abrazó a sí misma, y dispuesta a aventurarse a las nocturnas calles, una voz la detuvo.

—Entonces, te vas…

Hinata se giró para ver de quién se trataba. Se petrificó cuando vio a Naruto, sentado a unos cuantos metros lejos a donde había estadodando la espalda, fumando un cigarrillo.

—Y-yo… —intentó decir la chica cohibida.

—Está bien, si esa es tú decisión, no te detendré.

Hinata le observó pasiva. Jamás se había imaginado al Uzumaki fumando. Tal vez era de lo más normal para un yakuza o mafioso, pero en él…Era extraño.

—Vine aquí por un poco de aire y tranquilidad. Pero creo que ha dado lo mismo, aquí no huele muy bien que digamos y escuchó todo el barullo de las autos y de la gente—comentaba el rubio. Luego, se sacó el cigarrillo de la boca poniéndole gesto indiferente y a la vez de asco. Lo tiró lejos como deshaciéndose de alguna basurilla —. Ba, que tontería, yo no suelo fumar, no sé porque hoy se me dio el hacerlo, de veras.

La chica se quedó a la expectativa. Sinceramente, no sabía que decirle. Pero no fue necesario, porque él fue quién habló.

—Sabes, en momentos como este, lo que más me anima es ir a comer un poco de ramen, ¿Qué dices, vienes conmigo?

Naruto parecía bastante impasible. Hinata dudó en su respuesta.

—Pues...Yo…

—No te preocupes, conozco un lugar muy bueno en donde hacen ramen excelente, no está muy lejos de aquí y como soy cliente habitual me hacen descuento, yo invito.

Tardó unos segundos, pero finalmente la mujer asintió. Naruto sonrió de oreja a oreja.

—Que bien, no quería ir solo, hoy no. Vamos, entonces.

.

Como había dicho, el lugar no estaba muy lejos, un par de cuadras y ya se hallaban en el pequeño puesto de ramen.

Tomaron asiento en un par de bancos y Naruto saludó al dueño y también al mismo tiempo cocinero del lugar.

— ¡Que hay, viejo! Espero que no sea muy tarde para pedir un poco de ramen. Está vez vengo con una amiga —notificó el hombre dedicándole una fugaz miradita a la mujer que a su vez, saludó al dueño con una pequeña inclinación de cabeza.

— ¡Para nada, Naruto! Por ser cliente frecuente, cerraré un poco más tarde por ti y por tú "amiga" —respondió el señor un tanto insinuante con respecto a Hinata. Naruto parecía despistado en cuanto a la indirecta, por lo que sólo se limitó a sonreír. Hinata que era un poco más perceptiva, se sonrojó apenada, pero no dijo nada.

—Gracias, abuelo.

Para el rubio, cualquier hombre o mujer pasando los treinta ya era "viejo" o "abuelo". Para los señores no era agradable escuchar esa palabra, pero sabían de antemano cuán confianzudo era el chico, así que por más que pidieran que no los llamaran así, definitivamente eso no pasaría. Solamente quedaba la opción de acostumbrarse y eso era lo que casi todos hacían.

— ¡Pero chico! ¿Qué te ha pasado, por qué esos vendajes? ¿Has tenido un accidente o algo así? —preguntó el hombre que había querido saber desde el principio, preocupándose por el muchacho al verlo con vendas, raspones y moretones.

—Ah, no se preocupe viejo. Esto son sólo uno rasguños, no es nada, de veras.

El hombre dudó un poco, pero más no podía hacer.

— ¿Y qué vas a pedir?

—Lo de siempre, ya sabes.

— ¿Y tú amiga?

Naruto se enfocó en la chica.

—No lo sé ¿Qué quieres, Hinata?

—Ah…L-lo mismo.

—Ya está, entonces, que sean dos órdenes—conminó Naruto haciendo un dos con la mano. El señor asintió y comenzó a preparar los pedidos.

—Si quieres otro plato, puedes pedirlo. No hay problema, yo pago—repitió el Uzumaki al tiempo en que miraba a distancia como el dueño preparaba los fideos.

—G-gracias—logró expresar la chica.

Hubo silencio breves momentos. La vivas sonrisa de Naruto fue siendo sustituida por una más pequeña y afligida.

—Cuando era más joven, solía venir aquí casi a diario—empezó a relatar el muchacho, Hinata giró a verlo—. Muchas veces Bee me acompañaba, el era un gran amigo y compañero. Era más grande que yo, pero aún así se comportaba igual que un niño, gran sujeto. Lo veía como mi hermano mayor, incluso tal vez como un padre también. Siempre me motivaba y guiaba con sus palabras. Cuando mi madre murió, cuando mi maestro desapareció, cuando tuve un problema con un amigo, incluso en el amor, el era un gran consejero y también un buen maestro. Aunque siempre hablaba con rimas y eso en ocasiones llegaba a desesperarme, pero…Fueron buenos tiempos.

Sus ojos destellaban cierta tristeza. A Hinata no le molestaba que el Uzumaki hablará de su pasado o del señor Bee, de hecho le era agradable escucharlo.

—Perdona que te suelte todo esto ahora, es sólo que…Estoy algo deprimido por todo lo que ha pasado, necesitaba desahogarme un poco más. Pero bueno, Bee decía que había que mirar hacia adelante y continuar, aunque el camino fuera duro…Sabes, ahora que me acuerdo, a Bee le agradabas. Incluso creo que quería tomarte como su discípula ¿no?

Hinata asintió levemente. Una cándida sonrisita se asomó por los labios del rubio.

—Sí, bueno. La verdad, es que has sorprendido a muchos. No me extraña que a Bee no le simpatizaras. Dime, después de todo esto ¿A dónde pensabas ir?

La mujer giró el cuello para ver un poco mejor al hombre, se desanimó al acordarse que no tenía realmente un lugar al cual regresar o pertenecer.

—No lo sé…

—Ya veo, me lo había imaginado.

Hinata se extraño ante la contestación.

—Es que tú padre es todo un hijo de puta, sin ofender. Cuando te teníamos cautiva y recibimos aquel fax, quería creer que el tipo estaba de broma y sólo era una estrategia para que te liberáramos o algo así. Pero, conforme pasaba el tiempo me di cuenta que realmente estaba hablando en serio. Ese día, el día del incendio, cuando te salve de tu hermana la loca, logre escuchar parte de lo que dijo, eso me lo confirmó todo. Por eso te he defendido.

—Yo…

—Dime, hay algo que también me causa curiosidad ¿Cuáles son tus objetivos? ¿Piensas hacer algo al respecto, con tu padre, tu clan?

La mujer ladeo la cabeza levemente, guardó ambas manos entre sus muslos comprimidos.

—Pues yo…Yo no tengo a donde ir—confesó otra vez, agregó al instante—: E-es cierto…Mi padre me no me quiere y soy rechazada por él y mi clan… Supongo que es a causa de que soy una persona muy débil y carente de algún talento…Por eso, mi meta es convertirme en alguien más fuerte y con ello, s-ser reconocida.

— ¿Reconocida por quién, por tu padre?

—S-si, e-en parte sí…

Naruto quedó sorprendido.

— ¿Es que acaso no lo odias?

—Pues yo…No estoy segura…El no fue siempre así conmigo, alguna vez fue un buen padre, seguía siendo severo, pero igualmente cariñoso y afable. Nunca llegue a entender verdaderamente, del porqué ese cambio tan abrupto en él. Sólo paso. Pero…aún con todo, sigue siendo mi padre y por ello, quiero demostrarle que puedo ser capaz. No, no sólo es por él, también es por mí…Yo quiero poder valerme por mi misma, cambiar. Pero ahora, no estoy segura de qué camino tomar o por donde comenzar…Estoy perdida.

Naruto se quedó reflexivo. Hiso la boca a un lado.

—…Oye si no tienes a donde ir, puedes quedarte con nosotros el tiempo que desees. Tal vez, no será lo que imaginabas, pero podría ser un lugar por donde comenzar. Tanto tú como yo queremos ser más fuertes y ser reconocidos, tú por los tuyos y yo por los clanes de todo Japón. Entonces… ¿Por qué no lo intentamos juntos?

— ¿Juntos? —la mujer estaba pasmada. A pesar de todo, no se esperaba aquello.

—Sí, algo así como camaradas o socios. ¿Qué dices, Hinata?

—… No estoy segura ¿Q-qué hay de tu clan? En estos instantes, no soy muy bienvenida por ellos… Me odian por lo que ha sucedido.

— Eso es mentira. Ellos no te odian, bien saben que no ha sido tu culpa, yo lo he dejado en claro. Lo que sucede es que están abatidos, dolidos, llenos de furia, tristeza, impotencia…Es normal que muchos reaccionen de esa forma, queriendo culpar a los demás. Pero no te acomplejes, con el tiempo ellos comprenderán.

Hinata no dijo nada, por lo que su respuesta inquietaba más al rubio.

—Entonces, ¿Aceptas o no?

La mujer se infundio un poco de coraje para verle a los ojos. Asintió con la cabeza, accediendo a dicha propuesta. Naruto pareció alegrarse.

— ¡Genial! entonces será como un nuevo comienzo para los dos. Ya verás, estoy seguro de que lograremos nuestros objetivos ¡De veras!

Un leve rubor manchaba el rostro pálido de la mujer. Estaba más que feliz, ahora finalmente podría partir de un lugar. Tenía una meta la cual cumplir y teniendo como ejemplo y espalda de aquel hombre, sentía que sería capaz de alcanzar sus sueños. Sí, eso era. La metamorfosis había iniciado.

"Gracias, Naruto, gracias"

.

Comieron o más bien cenaron sus fideos. Lo hicieron en silencio sin decir o agregar más. Disfrutando de aquel caliente y humeante plato. Naruto comió dos platos más, Hinata era demasiado tímida además de considerada como para pedir otro, por lo que sólo comió uno a pesar de que el Uzumaki le insistió. Aunque de ser por ella y si fuera su dinero, hubiera pedido incluso también otro par de tazones.

Terminaron y el hombre pagó la cuenta como había dicho. Se despidieron del dueño y se encaminaron de nuevo al edificio.

.

—Nos iremos a Tokio seguramente en unos momentos más. Será mejor que busques a Tenten y te quedes con ella, les avisaré en cuanto partamos—dijo Naruto al instante en que se desviaba hacia dirección contraria.

—Ah… ¡N-Naruto!

El rubio se detuvo a escucharla.

—…Gracias.

— ¿De qué? No es nada…Tal vez luego me lo regreses invitándome tú el ramen.

El Uzumaki sonrió afable y luego marchó.

Hinata se preguntó si él sabía a lo que ella se refería realmente con aquel agradecimiento. Bueno, ya no importaba mucho, de cualquier forma, era seguro que la próxima vez, ella invitaría.

.

No le fue mucho trabajo encontrar a la castaña, una vez localizada le decidió contar lo que había pasado. Tenten pareció tomárselo bastante bien:

—Así que eso paso. Pues no te miento, la verdad me alegra que te nos unas por un tiempo. Temía que te fueras de la nada sin despedirte, además, me tenía preocupada a donde irías en caso de que te hubieras marchado…Ya sabes, por todo lo que ha sucedido y me han contado. Pero, al fin y al cabo era tú decisión—decía la castaña, posando una mano sobre el hombro de la Hyūga—.Pues bien, vámonos de una vez. A partir de ahora, tendremos mucho trabajo.

Hinata volvió a asentir.

Una vez llegando a la puerta principal del edificio, Hinata prestó más atención al establecimiento. Era una recepción pequeña, ateniendo tras un pequeño mueble uno de los hombres Uzumaki; Había una pared en particular, donde se colgaba un gran marco de madera cuyo interior tenía fotografías de mujeres muy bonitas.

—Son las chicas que trabajan aquí—esclareció Tenten al notara la Hyūga mirarlo con curiosidad. Pareció que Hinata estaba más confundida al respecto, o más que confundida, curiosa—Si ¿No sabes cómo funciona?

La mujer negó con la cabeza.

—N-no…

—Oh, con razón…En ese caso, te explico rápido. Aquel marco es como un catálogo, cuando un cliente llega, es así como escoge a la chica con la que le hará compañía. Hay más cosas, pero esa es la función principal.

Hinata sintió algo de aprensión al saber aquello. Bueno, no podía hacer nada al respecto, así eran las cosas.

—Y… ¿La gente de verdad viene a estos lugares?

—Sí, todo el tiempo. La verdad que no nos va muy mal en esto. Allá afuera hay muchos personasdesesperadas que buscan la compañía, ya sea para liberar sus fatigas o tensiones o simplemente por mero gusto…Bueno la gente es bastante extraña, pero ¿Quién soy yo para juzgar?

Mientras las chicas conversaban, los Uchiha y los Uzumaki llegaban a la recepción, esperando a que se juntaran todos para poder partir.

Omoi se había acercado a Karui.

—Dime ¿Cómo ves este asunto? Parece ser que la Hyūga no se irá.

Karui que estaba cruzada de brazos, le miró de soslayo.

—No veo ni siento nada. Ahora que oficialmente es una mujer libre, puede hacer lo que le plazca.

—Pero… ¿No te preocupa? Es una Hyūga y no cualquiera, sino la hija del jefe mismo, no crees que, tu sabes…

—Guarda silencio, idiota. En lo que a mí respecta, el maestro Bee le simpatizaba la chica, así que, no tengo nada en contra de ella. Deja de andar divagando y ser tan pesimista.

Omoi alejó el rostro un tanto extrañado. Se pasó la paleta al otro lado del cachete.

—Me sorprende tu actitud, normalmente eres más impulsiva, por no decir agresiva.

Karui le dio un codazo en el estómago. Y no dijo más.

—De acuerdo, entendí el punto—articuló adolorido—, por otra parte ¿crees que salgamos de esta? La veo difícil, seguro y el clan se termina por desintegrar.

— ¡Dije que silencio, Omoi! ¡O tomare una liga y te la atare a la trompa! No quiero que se me contagie tu pesimismo—advirtió la mujer tomando la cabeza de su acompañante con la palma de su mano y doblegándolo a que se agachara—. No se te olvide, que tú y yo tenemos que vengar al maestro Bee. Así que nos cueste lo que nos cueste, tenemos que salir de esta.

Omoi gacho le giro a ver, una sonrisa apareció.

—Cierto.

Llegaron finalmente Naruto y Sasuke, y con ello, el gran grupo salió a las calles, subiéndose a los autos y camionetas que los Uchiha habían traído consigo. No perdieron más tiempo y subieron respectivamente. Hinata no se había separado de Tenten, fue con ella hacia una camioneta, quedándose sentada en medio de ella y aquel enérgico muchacho llamado Rock Lee.

—Si, tal vez perdimos está vez, pero nos volveremos a levantar más fuertes y vigorosos que nunca —se jactaba el muchacho, hablando en voz alta, sumamente decidido.

Hinata tenía la boca semi abierta, admitía que ese joven le caía bastante bien, transmitía mucha buena vibra. Con Tenten era un caso diferente, está lo miraba con cierto tedio.

—Lee está es la tercera vez en el día que lo dices, vuelves decirlo otra vez ¡y te juró que…!

— ¡Eso Ten, esa es la actitud!

La castaña entrecerró los ojos y bajo el puño que ya tenía como amenaza para con el muchacho.

—Tonto.

La Hyūga río levemente.

.

—Sai, te encargo el negocio. Estate en contacto conmigo, yo volveré lo más pronto posible, seguramente y venga aquí una que otra vez—decía el rubio a su subordinado ya estando dentro de uno de los autos, hablándole por una ventanilla.

—Descuide, jefe. Todo saldrá bien. Por favor, tenga cuidado.

Naruto asintió firme y sin más, arrancaron los vehículos. El rubio observó cómo Sai se alejaba más y más, quedando después de un tiempo en un pequeño punto que se perdió a la vista.

—Así que permitirás que esa chica se quede con ustedes, eh.

El Uzumaki volteó a ver a Sasuke.

— ¿Te refieres a Hinata? —se atrevió a especular el hombre.

—Pues claro, idiota ¿Quién más?

Naruto le saco la lengua con apatía.

—Si ¿Algún problema?

El Uchiha le miró de reojo.

—No realmente. Sólo quería saber por qué has permitido eso…

Naruto se fijó de nuevo por la ventanilla y recargo su mentón en una de sus manos, divisando las calles y edificios pasar. Las luces y la vida nocturna del barrio.

—Pues porque…Que demonios, no preguntes, sólo lo hice y ya.

Sasuke le dedicó una miradita recelosa.

—Tsk, no importa el hecho de que seas el jefe de un clan yakuza, no has cambiado nada en todo este tiempo, sigues siendo un enclenque blando y humanitario.

Naruto resopló.

.

Hinata se mantenía retraída observando por la ventana trasera del auto, mirando a los autos detrás suyo y como cada vez se alejaban más de Konohana.

— ¿En qué piensas? —quiso saber Lee al notar a la chica tan perdida. Hinata volvió a erguirse.

—N-nada en especial…Es solamente que, estoy un poco inquieta…Es la primera vez en muchos años que salgo de Osaka. Siendo honesta, estoy un poco asustada.

Lee le mostró una cálida sonrisa. Le dio un par de palmadas en el hombro.

—Ya, no tienes que temer. La vida son experiencias en sí, experiencias y retos que hay que afrontar. Tienes que ser valiente, pelear y dar la cara, sólo así sabrás lo que realmente es vivir.

Hinata sonrió un poco avergonzada, pero eso no la detuvo para afirmar doble vez con la cabeza.

Valor, mucho valor y fuerza. Ahora, su verdadero camino del cambio había iniciado. No sé echaría para atrás, claro que no.

.

.

Hiashi contemplaba a su hija menor dormir tranquilamente en su cama. La joven había estado en reposo desde el día del ataque. Para su suerte, tuvo que agradecer no fuera nada realmente grave.

La castaña abrió los ojos y se topó con la figura autoritaria de su progenitor.

—Lo lamento, padre. Hemos fallado. Dime… ¿Sigues molesto? —habló suavemente, con tono bastante sosegado.

El hombre no respondió y en vez de hacerlo, medio frunció el ceño.

—Sí, lo estás—se contestó ella misma. Espero un poco para su siguiente pregunta—. ¿Qué es lo que harás ahora, padre? Naruto Uzumaki sigue con vida, no acabamos con todo su clan, perdimos a muchos de los nuestros…Y mi hermana…

—Calla—ordenó el señor—, ya me he calmado un poco después de todo este escándalo. Ya se los había dicho…Después de esto, las cosas aún no han terminado. He subestimado a ese tal Uzumaki Naruto y su clan, me confié demasiado…Pero ya no pasará, está vez las cosas irán en serio.

Hanabi sabía que su padre nunca bromeaba, siempre serio y directo. Aunque había algo que todavía le hacía despertar su curiosidad y a la vez cierta aflicción.

—Y, ¿Qué hay de Hinata?...La he dejado con vida, perdí mi oportunidad cuando quise dispararle. Aún así, padre, yo no quiero…

—Ella ya ha escogido. Para mí no es más que una traidora, igual que lo fue la zorra de su madre…Si ella ha decidido estar con los Uzumaki, pues bien, igual será eliminada junto con ellos. No hay nada más que hacer.

La joven no dijo nada más, giró la cabeza en dirección contraria a la de su padre y cerró los ojos de nueva cuenta. La conversación había finalizado, Hiashi salió del cuarto. Afuera, Neji le esperaba.

—Y bien ¿Qué has investigado? —cuestionó el Jefe. Neji agachó sutilmente la cabeza para dirigirse a él.

—Al parecer se nos ha notificado que posiblemente hayan hecho una alianza con los Uchiha.

Una pequeña curva se posó en los labios del hombre.

—Vaya, vaya, así que con ese clan, otro dolor de cabeza. Pues bien, ellos no son los únicos con aliados fuertes. Esperemos un poco, primero tengo que resolver varias cosas, antes de hacer cualquier otro movimiento con esos sujetos…

—Sí, señor.

Hiashi comenzó a alejarse, Neji le contempló hacerlo y mientras lo hacía, contuvo sutilmente los puños. Dirigió la vista al cuarto de Hanabi. Cerró los ojos y respiró profundamente.

.

.

Era la primera vez, seguramente en mucho tiempo, que admiraba el amanecer. El cielo esclarecerse, los rayos de sol rasgando los cielos y colocándose imponente por detrás de los grandes rascacielos.

Hinata podía ver la ciudad de Tokio, tan grande, tan inmensa, tan colosal en todo sentido. Con cientos de personas transitar las calles y cientos, quizás miles de autos. Tanto ajetreo, tanto movimiento. Se sentía como una pequeña gota de agua en el inmenso océano.

Atravesaron la cuidad, pasando por varios barrios, hasta finalmente llegar al lugar en donde se refugiarían.

Cuando salieron de los vehículos, lo primero que hicieron fue estirarse. Era un viaje largo, después de todo. Fue bastante placentero estirar los músculos luego de viajar cinco horas seguidas. La Hyūga persiguió a Tenten y al resto que se dirigían a una enorme casa, una con fachada bastante tradicional por lo que se alcanzaba a ver de afuera.

—Aquí es donde nos quedaremos por un tiempo—informó Naruto que había adelantado un par de pasos—, no se acostumbren…

Algunos Uchiha iban tanto por delante como por detrás de los Uzumaki. Sasuke iba junto al rubio. La Hyūga admiraba las calles y el exterior de la casa, y una vez que entraron, también contempló el interior. Realmente era una casa grande, al menos lo suficiente como para que varias personas se establecieran allí. La atención de Hinata se desvió al instante, hacia una mujer que se hallaba parada en la puerta principal, corrediza, de la vivienda. Estaba a lo lejos, así que no podía apreciarla de mejor forma, pero por lo que divisaba, parecía ser una joven muy bonita.

Se sorprendió cuando Naruto fue directo hacia a ella a saludarle, tan emocionado y alegre. Se veía que la mujer le correspondía de igual manera. Una vez que se acercaron lo suficiente, Hinata logró escuchar de lo que ambos hablaban.

— ¡Vaya, sigues igual a como te recordaba! ¡No has envejecido nada!

La pelinegra finalmente pudo ver bien a dicha mujer. Piel blanca, ni alta ni baja; complexión delgada, incluso tal vez algo atlética por los finos músculos que se le marcaban en los brazos; ojos de un hermoso verde, uno claro, y su cabello, largo y de un color bastante llamativo: rosa.

Hinata quedó maravillada con aquella chica, que igualmente parecía de la edad del rubio.

—Aunque bueno ahora que te veo con más atención—agregó Naruto frotándose la barbilla con un par de dedos, mirando a más detalle a la mujer, exactamente quedando a la altura del abdomen de la chica—, tal vez estés un poquito más gordita…

Todos se exaltaron en cuanto la joven mujer levantó un puño y se lo asestó fuertemente en la cabeza del rubio.

— ¡Shaaaaa! ¡Sigues siendo un tonto, Naruto!

El rubio se sobaba la cabeza con ahínco y quejándose a lo bajo.

—Ya, incluso creo que cada vez golpeas más fuerte, Sakura…

¿Sakura? Hinata conocía aquel nombre, estaba segura que ya lo había escuchado. Abrió los ojos de par en par al recordarlo...

—Así que ella…Es Sakura—musitó.

.

.

.